Preludio (Primera Parte) "Sueños entrelazados"

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Nov 13, 2010 3:37 pm

Atravesaste el jardín lentamente, con el corazón inquieto por el inminente encuentro con tu madre. Algunas abejas zumbaron a tu alrededor en su incesante trajín por conseguir el polen de un macizo de azaleas. El gorjeo de un gorrión te saludó al pasar, aunque no pudiste distinguir al pájaro.

Entonces lo percibiste: el aroma del melocotón, brillante y dulzón como la propia fruta. La fragancia llenaba no sólo el aire, sino el propio espacio, pero sin hacerse pesado. Una conquista serena imposible en primavera, pues el melocotón es una fruta de verano.

Seguiste avanzando hacia el origen de aquel maravilloso perfume y por fin viste a tu madre. Asahina Kiyomi se encontraba junto a un magnífico melocotonero en flor, vestida con un kimono azul y blanco con un estampado de flores de melocotonero cayendo o suspendidas en el aire.

Igual que el olor, aquel árbol era una anomalía, pero sus flores de un suave color rosado eran magníficas y todas estaban abiertas de par en par, con sus pétalos desplegados, dejando que la luz de la mañana inundara sus corolas.

Bajo ellas, tu madre parecía una exquisita estátua. Tenía los ojos cerrados y en su mano derecha sostenía con delicadeza una flor de melocotonero.

La mañana -dijo Kiyomi sin abrir los ojos. Su voz, ligeramente grave, sonaba distante, pero al mismo tiempo poderosa y profunda, como el eco de un huracán antiguo-. La flor es el alba, cuando el sol aun está oculto, pero cuya luz empieza a teñir el mundo. El fruto es el mediodía, de carne radiante. El tiempo madura ese sol y lo envuelve poco a poco en un naranja más oscuro. El crepúsculo se cierne sobre la fruta, empujándola irremediablemente hacia la noche del gusano o la garganta. Y, entonces, en el estómago, surgen las estrellas.

Al terminar de decir aquello, Kiyomi abrió sus duros ojos azules, brillantes como cristales de nieve y te miró directamente.

Bienvenida, Doji Yume-hime, mi hija.

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Doji Yume-hime
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Mensaje por Doji Yume-hime » Dom Nov 14, 2010 4:10 pm

El melocotón era una fruta que siempre me había atraido y a la vez dado la sensación de repudiarlo... decían que mi abuela usaba un perfume con aquel olor, era como yo olía cuando estaba en los sueños con ellas, era el mismo perfume que parecía casi naturalmente que mi cuerpo desprendía... El olor de un fruta sagrada que estaba íntimamente ligada con lo sobrenatural, con los demás reinos, con los akayashis, con lo premonitorio.....

Y a la vez.... con mi madre...

Ella adoraba de la misma manera aquella fragancia... pero en ella me era casi desagradable... Aunque no sabía explicar el porqué me parecía al olerlo en su cuerpo casi una burla a lo que era importante para mi y a la vez una invasión a posta por su parte de una manera.............. intimidatoria....

Madre nunca había poseido el "don de las luciérnagas", nunca me había culpado por que yo lo tuviera.... pero era en aquel tipo de momentos, bajo el melocotonero, cuando era consciente que en cierta parte de ella, en su interior... todo su trato para conmigo cobraba sentido por la falta de aquel don...

Y a la vez no podía odiarla, pues no estaba en mi constitución... en mi alma... y a la vez hasta una sensación de tristeza me abatía...

¿Qué sería de mi vida sin aquel don? ¿Sin ver a la abuela?

Es cierto que me había arrebatado muchas cosas y que me había dado fama realmente extraña... desde que pensaran que tenía un leve retraso al quedarme extasiado mirando a la nada, en lo que en realidad eran ensoñaciones premonitorias, hasta tener pocos amigos al hablar de pequeña de ver a mi propia y fallecida abuela cerca mía...

Pero también me había dado mucho, y el rencor a aquel extraño don hacía mucho tiempo que se había vuelto agradecimiento... Y la tristeza que sentía por mi madre se había vuelto compasión...

Aunque aún perduraba cierto.... miedo...

Cuando pronunció mi nombre no pude evitar un pinchazo en mi alma. Era el nombre que la abuela había querido para mi, era el nombre que más adoraba en este mundo, fuera sólo como "yume" o mi nombre compleyo "Yumehime" era un regalo de una de las personas más importantes de mi vida... Y en su boca casi sonaba a amenaza...

Siempre me era extraño... esa sensación entre el mido, la compasión, la ira, la vergüenza....

Me incliné con profundidad, cortesía, lentitud y gracilidad a las palabras de madre y espeté un simple:

"Vos me llamáis y yo acudo..."

Estaba segura que lo que iba a escuchar no iba a ser tan cálido ni iba a ser un momento tan tranquilizador como estando al lado de padre.... pero aún así debía afrontarlo con valentía...

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Jue Nov 18, 2010 9:03 pm

Por supuesto -dijo Kiyomi con un tono neutro-. Es algo natural, que deben hacer las hijas: obedecer a sus padres. Y sin embargo...

Viste claramente como los ojos de tu madre se abrían entonces por la sorpresa, como si acabara de comprender algo. Se levantó un poco de viento y la flor de melocotonero que había en su mano salió volando en la brisa.

No, vuelve -dijo tu madre casi con desesperación. Entonces, el viento pareció retorcerse sobre sí mismo y con un par de giros, la flor rosada estuvo de nuevo en sus manos.

Kiyomi se volvió de nuevo hacia ti. En su rostro había una expresión casi de temor, aunque para ti no era evidente qué podía haberla causado. El jardín que os envolvía era bellísimo y placído y no se escuchaba ningún sonido más que el gorjeo de algún pájaro o el rumor de las copas de los árboles movidas por el viento.

Kiyomi vacilaba. Todo su cuerpo estabe en tensión como si cada músculo que había en él tirase en direcciones diferentes. Finalmente, antes de que pudieras decir o hacer algo, ella empezó a andar lentmente hacia ti.

Al llegar frente a ti, tu madre tomó la flor y con un gesto sencillo, pero lleno de gracia, te la colocó en el pelo. Se detuvo a mirarte entonces como si te estuviera evaluando. El temor y el asombro habían desaparecido de su rostro y el semblante frío y majestuoso de la Asahina Kiyomi que tan bien conocias había vuelto.

Y, entonces, de repente, extendió sus brazos y te atrajó de golpe hacia ti, abrazándote la cabeza, de manera que tu rostro quedara junto a su pecho. Las manos de tu madre se enredaron entre tu pelo como la hiedra en torno al tronco de un árbol.

Qué vanal -la escuchaste decir con voz abstraida-, qué innecesario tanto orgullo, tanto rencor contra nadie dentro del corazón. Mi hija, mi querida niña. Ahora cumples con tu obligación y te marchas. Y te marchas...

La voz de Kiyomi se quebró y el silenció se alzo como un candoroso velo entre vosotras, no separándoos sino envolviéndoos. Notaste como algo pequeño caía sobre tu pelo. Una vez. Otra vez. Y supiste que eran lágrimas. Hiciste amago de levantar la cabeza, pero tu madre te apreto más fuertemente contra su pecho, deteniendo tu movimiento.

Sabemos que sólo echamos en falta algo cuando lo perdemos y aún sabiéndolo no nos preocupamos por las cosas verdaderamente importantes. Vanidad. Orgullo. Qué ciega he estado y qué hermosa estás ahora, Yume-chan. Mi hija...

Y esta vez no había amenaza alguna en el tono de tu madre. ¿Qué estaría sucediendo en su corazón?

Recibe mi bendición hija mía, te cases o no con ese Otomo. Yo había venido a despedirte con un simple "adiós" y a hablarte un poco de Asahina Gihei y mírame, llorando como una tonta, como lo que he sido durante tantos y tantos años...

Y el abrazo se mantuvo.

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Doji Yume-hime
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Mensaje por Doji Yume-hime » Vie Nov 19, 2010 11:32 am

Si algo me caracterizaba era porque jamás en la vida podría ser una bushi, mi corazón era demasiado frágil, demasiado lleno de amor y de perdon para pensar que el camino de la muerte podría hacerme feliz o llegar a la iluminación. No despreciaba, ni mucho menos, a quien lo seguían, pero no era mi camino.

No tan siquiera contra mi madre, a la cual no odiaba pero no podía tenerle más que miedo por su trato hacia mi, podía tener otro sentimiento que no fuera el ansiar todo lo que me había negado hasta aquel momento... que me quisiera.

Y de pronto, de una manera tan utópica que casi me pareció irreal, ver y sentir todo aquello, aunque parte de mi me dijera "aún sigues soñando" el resto de mi ser simple y llanamente... le respondió "¡¿Y qué si lo es?!"

Era todo cuanto había ansiado en mi vida....

Me abracé a ella con fuerza y lloré yo más si cabía, casi como si un manantial se hubiera roto, desbordado, sin importarme la educación, la etiqueta, si era innecesario o demasiado visceral para lo que se debiera.

¿Y qué maás daba? Si era un sueño o sino, si era real o si era sólo una mala broma. Yo era eso lo único que quería.

Si al llegar a Mikan Mura era la llegada a mi nueva familia... aquella despedida era lo máximo que mi corazón ansiaba.

Ahora sí que podía ir con la cabeza clara hacia allá, y decidir por mi misma, y que fuera lo que fuera... no me arrepentiría.

Cuando ambas estuvimos algo más calmada dije:

"Domo... arigatou... gozaimasu... okaa-san... por preocuparos tanto por mi........ y quererme contar... todo lo que sepáis de nuestro pariente..."

No diría nada de las lágrimas. Sino las había visto no tenían por qué existir. Si ese era el único regalo de despedida que podía yo hacerle a cambio a mi madre, es lo que le daría, le dejaría su alta dignidad intacta... nadie nunca podría decir que Asahina, no, Doji Kiyomi había derramado una sola lágrima al ver partir a su hija pequeña. Nadie más que ella podría encarnar por y para siempre la suprema etiqueta y dignidad.

Era insuficiente para lo que ella me había dado... pero era todo lo que tenía para ella... todo mi ser dandole así las gracias, porque fuera o no aquello un lapsus una irrealidad en mi mundo... era algo que siempre atesoraría.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Lun Nov 22, 2010 4:47 pm

Mientras llorabas, tu madre mantuvo su abrazo. No dijo nada, limitándose a apretarte dulcemente contra su pecho, justo encima de ese bordando donde un grulla sostiene con el pico una flor de melocotonero, el mon Asahina.

No importaba lo breve que fuese aquel momento, duraría para siempre. Era el deshielo al inicio de la primavera, revelando las plantas dormidas bajo la nieve, llenando el bosque adormilado que despierta con el tintineo de los nuevos arroyos. Habías esperado aquella primavera durante años y ahora que había llegado, tan sólo podías llorar, llorar de alegría y quien sabe si también de alivio.

Tu llanto fue cesando poco a poco hasta que las lágrimas dejaron de brotar. Tenías las mejillas calientes. Las manos de tu madre, frescas pero no frías, te levantaron ligeramente la cabeza y viste su sonrisa, ahí en su rostro, como un sol inesperado que llegara de pronto a un cielo que siempre habías creído cubierto por nubes de tormenta.

Ven, mi niña, ven -dijo Kiyomi con suavidad, llevándote bajo el melocotonero. Te indicó que te sentaras en la hierba, sobre la cual aún quedaban restos de rocío.

Asahina Gihei... -dijo tu madre. Era evidente que no iba a hablar de lo sucedido, igual que tú tampoco pensabas hacerlo. Aquel momento quedaría como un secreto entre vosotras dos, pero un secreto luminoso, nunca vergonzante o amargo, una luz para los momentos oscuros que pudiera traerte el futuro-. Es un pariente lejano, ya lo sabes. Ni siquiera yo sé realmente cual es el parentesco que nos une. Lo que sí conozco de sobras es su reputación. Es un shugenja, como todos los miembros de nuestra familia, pero su poder y habilidad son ínfimos, nunca le llegaría ni a la suela de los zapatos a un tensai Isawa, ni siquiera era capaz de crear buenos fetiches, pero posee otros talentos y estos sí que son magníficos.

Estoy convencida de que es el mejor jardinero del Imperio. Nuestra familia siempre se ha distinguido en esa disciplina, rivalizando con los Dragón en la perfección y gracia de los jardines. Gihei-san no sólo ha estudiado en Shinden Asahina, sino también con los Dragón y sé que siempre terminó superando a sus maestros.

Pero la belleza de sus obras no ha ido acorde con su vida. Se casó tarde, pero era lógico, estaba tan entregado a su arte que nunca se planteó la cuestión de arreglar un matrimonio para él, pues su esposa sería totalmente abandonada en favor de las azucenas o los lirios. Sin embargo, Gihei-san se enamoró de una joven Togashi, algo menor que él e igualmente dedicada al arte de la jardinería.

Fue un matrimonio por amor
-dijo Kiyomi con un tono cargado de esperanza, como si quisiera decirte que tal milagro es posible y que a ti podía llegarte también-. Tuvieron una hija al año de estar casados y al parecer, gracias a ella, Gihei-san conoció otra pasión distinta a la jardinería.

Pero cuando la niña tenía cuatro años, se produjo un incendio en su casa, producido al parecer por la caída de una vela sobre los libros de ilustraciones de la niña. La casa fue pasto de las llamas en pocos segundos. Los dos padres habían dejado a la niña con su nodriza y cuando se enteraron de la funesta noticia descubrieron con horror que ambas habían perecido en el incendio.

La madre cayó en una profunda depresión que le llevó a cometer jigai un par de semanas despues. En su carta de despedida le rogaba a su esposo que limpiara la vergüenza de su debilidad teniendo la fuerza para vivir que ella no había tenido.

Y Gihei-san ha cumplido la última petición de su esposa. Ahora tiene 80 años. Esa es la historia del hombre que habrás de conocer en Mikan Mura
.

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Doji Yume-hime
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Mensaje por Doji Yume-hime » Lun Nov 22, 2010 5:54 pm

Me separé despacio, varios centímetros, recogiendo con un sutil y elegante gesto de mi manga las lágrimas que quedaban aún empapando mis mejillas, y escuché con atención aquella terrible historia.

"Que triste...."

Susurré al oir la historia. Sin embargo no podía evitar que cierta parte de mi le pareciera muy... "literario", a veces odiaba esa parte de mi que podía llegar a cubrirlo todo con un velo de novela. Sin duda eso era fruto de que en mi vida nada realmente malo me había pasado, era consciente de ello, por eso a veces me daba miedo mis propias ideas fantasiosas.

Por lo cual, me concenté en aquella desgracia y borré de mi mente toda posible idealización. La pérdida de un ser amado en la realidad no es nada agradable, no se acaba cuando se cierra el libro, ni se deja a un lado cuando se aparta la lectura, es algo que se lleva por siempre... Y si a mi me pasara eso con padre, con Souta-niisan, con Kaouru-niisan... incluso con madre... no sabría lo que hacer...

"Da igual madre, da igual la familia que compartamos, seguimos siéndolo, así que me ocuparé, cuando vaya, de hacerle ver que no está solo, aunque seamos parientes lejanos hay que ayudarnos entre nosotros, después de todo somos familia ¿no?"

Dije con una amplia sonrisa. Si, no iba a dejar a un octogenario consumido por la pena entre bellas flores...

"¿Crees que le gustara Ginzou-san?"

Pregunté con un tono risueño y algo en broma preguntando sobre mi libro. Puede que eso ayudara un poco, después de todo, ambos teníamos una profesión que nos evadía de la realidad...

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mar Nov 23, 2010 9:10 pm

Más que Ginzou -dijo Kiyomi con una leve sonrisa-, la que le gustaras serás tú, hija. Pero debes tener cuidado. Después de lo que ha perdido, tal vez podría dejarse llevar demasiado por tu encanto natural y creer que ha recuperado algo de lo que perdió. Desde hace años viaja por todo el Imperio, sin detenerse demasiado en ningún lugar. Ha visitado las tierras de todos los Clanes, quedánse el tiempo justo en cada sitio para crear una nueva obra maestra y volver a ponerse en camino de nuevo. Sé como tu eres, Yume, pero si ves algún indicio de que se acerca demasiado a ti, como si pudieras tú ocupar el lugar de su esposa o de su hija... aléjate, sin ofenderlo, pero aléjate. Es ya muy anciano, le queda poco tiempo en este mundo, de seguro que tu presencia a su lado llenará de luz su desgraciada existencia, aunque tan sólo sea por unos días, pero si cree haber encontrado lo que lleva tantas décadas buscando y luego se lo arrebatas... el golpe sería terrible.

Pero igual me equivoco. Insisto: compórtate en Mikan Mura como tú eres, ni más ni menos y siéntete completamente libre de tomar las decisiones que consideres oportunas, las que nazcan de tu corazón o de tu cabeza, pero siempre tómalas pensando en tu futuro, en tu felicidad, aunque nunca descuides lo que dicta el deber, tenlo siempre presente, como el horizonte que allá en la lejanía pone coto al infinito cielo.

Creo que entiendes la magnitud del regalo que te ha hecho tu padre.

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Mensaje por Doji Yume-hime » Mié Nov 24, 2010 11:52 am

"Claro madre...... trataré de no ser un problema sino la solución a alguno de ellos.... no me gustaría afligir innecesariamente a nuestro pariente... es sólo que.... bueno.... es ya muy mayor... seguro que sólo necesita que alguien le de un poco de cariño para que pase sus últimos tiempos tranquilo y contento....."

Dije mientras entrelazaba mis dedos y jugueteaba con cierto nerviosismo con la manga de mi kimono, después de todo, y aunque no hubiera sido reprendida, me sentía un poco como si hubeira actuado locamente sin pensar en los demás.

Luego levanté la cabeza con los ojos bien abiertos y brillantes.

"¡Hai oka-san! Sé todo lo que padre está haciendo por mi.... y sé que no me lo merezco, por eso lo haré todo lo mejor que puda en Mikan Mura ¡estoy preparada! Aunque no tenga la voluntad y la presencia de Souta-nii ni la elegancia y el don de gentes que Kaoru-nii lo haré lo mejor que pueda para que nadie nunca pueda hablar mal de la educación que mis padresme han dado."

Dije con energía. De pronto se me ocurrió algo y bajé la cabeza ciertamente ruborizada y pregunté:

"Ahm... oka-san...... ¿quién irá a Mikan Mura?..... me refiero.... iré con Satoko-san yo sola...... y.... ¿Hiro-kun irá el solo?"

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mié Nov 24, 2010 8:51 pm

Satoko-san no te acompañará -dijo Kiyomi-. Actualmente se encuentra ligeramente... "indispuesta"

El rostro de tu madre se había afeado momentamenteamente con una pequeña mueca de desagrado al decir aquello. Tú conocías los hábitos de la casamentera Doji y te podrías imaginar sin dificultad qué podría haberla dejado indispuesta.

Os alcanzará más adelante -siguió diciendo la Asahina-, pero a la ciudad te acompañará Tesshu-san. Será una misión de gran importancia para él. Otomo Hirokazu-san no irá solo, pues le acompañará su hermana mayor, Otomo Arashi. No la conozco, pero he oído hablar de ella. Al parecer es una mujer bellísima y se dice que su belleza es muy superior a la de la augusta madre del Emperador, aunque ambas tienen una relación muy buena. La joven Otomo no es una de sus damas de compañía, pero dicen que se las ve hablando juntas muy a menudo por los jardines de la Ciudad Prohibida. No sé si decirte que te acerques a ella o que te mantengas alejada. Es una figura que me preocupa.

¿Sigues deseando ir a esa ciudad, a Mikan Mura?
-preguntó de improviso, mirándote directamente a la cara con una expresión muy seria-. Le he preguntado al Aire. Los vientos están inquietos sobre la Ciudad de la Mandarina. Se ha vuelto un lugar demasiado inquietante. No debería dejarte ir.

Casi fue palpable su esperanza de que le dijeras que te quedarías, junto a ella.

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Doji Yume-hime
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Mensaje por Doji Yume-hime » Jue Nov 25, 2010 3:59 pm

OUT:
No me jodas Mario con eso que arashi es más bella que Yukiro o te la mato en mi partida y a Mitsuomi de paso ¬¬ que hay demasiado por medio como para decir eso tan ligeramente con un Pnj que me gusta tanto.... eres un poco imprudente.... sabiendo lo visceral que puedo llegar a ser...... :-_-:
IN


"Oh... espero que se mejore entonces...."

Susurré.

"¿Arashi-neesan? Oh! Yo no la he visto por muchos años, pero la recuerdo de cuando era pequeña, ya era muy hermosa entonces... Además... ella me ha estado escribiendo desde hace casi dos años, desde que vos misma, madre, me recomendasteis tener un carteo más fluido con Hirokazu-kun por mi futuro enlace..."

Expliqué. La verdad es que era muy emocionante también poderme encontrar con Ari-nee ya que habíamos hablado mucho por carta... me preguntaba... ¿Cómo sonaría su voz?

"Parece un lugar interesante..."

Respondí a su pregunta de qué pensaba de la ciudad. Obviamente no podía decir que la abuela, en sueños, me había hablado de ella y de que parte de mi destino estaba ligado, ineludiblemente a ello. De qué serviría ponerla más nerviosa, sería mejor que la tranquilizara, aunque fuera ocultando la verdad... Pues en aquel momento en mi mente se mezclaba la imagen nítida de aquel golpe en el ensueño...

"No os preocupéis madre, estaré bien, Tesshu-san viene conmigo ¿verdad?

Además... los kamis de aire os aman mucho madre, estoy segura que por la conexión que tenéis con ellos ese mismo nerviosismo no es más que un reflejo de vos misma... lo cual es lógico... sois mi madre...."


Dije suavemente.

"Si os sirve de consuelo os prometo que no haré ninguna locura, y en cuanto me haya decidido me vendré enseguida, sea como sea la resolución volveré a casa von ustedes...

Sino me caso, para seguir con vosotros.
Si decido casarme vendré de igual modo porque pienso celebrar mi boda aquí... así que..."


Sonreí con calma... con toda la que quería transmitirle... con toda la que yo no tenía...

Primero oba-san y sus sueños...
Ahora los kamis de aire...

Algo estaba pasando en Mikan Mura, seguro... y cierta parte temeraria mía dijo "y yo quiero estar allí para verlo"... No sólo Ginzou-san iba a tener grandes aventuras en su vida.

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Nov 28, 2010 4:30 pm

Kiyomi suspiró. Su mirada se perdió por un momento en algún punto invisible más allá de los macizos de flores que teníais frente a vosotras.

Harás lo que debas -dijo sin dejar de mirar a la distancia-. Tan sólo espero que todo lo que obtengas compense con creces el precio pagado.

La mujer se volvió hacia ti. La ternura había sustiuido a la tristeza en sus ojos.

Rezaré por ti -dijo con una pasión en su voz que contradecía la serenidad de su rostro. Espero que el amor de una madre sea suficiente para conmover a los dioses.

Kiyomi intentó una sonisa de confianza que se quedó a medias, pero, probablemente, porque no estaba acostumbrada a sonreír ante ti de aquella manera, tan llena de fe, de confianza, pero el gesto bastaba, pues percibiste claramente la intención de tu madre.

Ahora parte, mi niña -dijo-, parte, que tienes muchas cosas que preparar. Nos volveremos a ver, bajo este mísmo árbol. Y entonces me contarás todas las cosas nuevas que has visto y todo lo que has aprendido y yo me sentiré orgullosa de la gran mujer en la que te habrás convertido.



OUT
Va tocando despedida, me temo ^^

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Doji Yume-hime
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Mensaje por Doji Yume-hime » Lun Nov 29, 2010 12:05 pm

Y así comienza mi viaje hacia la Ciudad de la Mandarina... donde no sólo en sueños una sombra la cubre... donde quizás me espere más que una nueva historia que escribri, un matrimonio que acordar..... una aventura que vivir....





OUT: por mi le damos fin si quieres ya ^^

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