Preludio - La serpiente y la campana

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Isawa_Mitsuomi
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Preludio - La serpiente y la campana

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Lun Mar 14, 2011 10:43 pm

El Abad había dejado claro que ninguna mujer podía tomar parte en aquella ceremonia, pero ella había conseguido entrar en el recinto del templo.

"Mi pecado tendría que desaparecer". Proclamó con solemnidad. "Mi pecado debe desaparecer. Iré a observar el rito del alzamiento de la campana."

Pero un sirviente se apresuró a acercarse a ella para indicarle que su presencia estaba prohibida durante el rito. Sin embargo, ella es muy persuasiva y engatusa al joven acólito con una danza ejecutada mientras ella misma acompaña sus movimientos con los ritmos de un tambor que cuelga de su hombro.

Durante un largo rato, la danza de la mujer se convirtió en el centro del mundo. Todos los demás actores se mantenían en un oscuro segundo plano y ningún instrumento sonaba, tan sólo el pequeño tambor que tocaba la mujer.

Habías visto en otras ocasiones aquella danza, al fin y al cabo Dojôji era una obra de Noh muy popular, pero siempre te impresionaba, igual que al restro de los espectadores. Sabías perfectamente lo que sucedería a continuación: el shite, la mujer del tambor, continuaría su danza hasta situarse justo debajo de la gran campana que colgaba suspendida sobre el centro del escenario; la campana caería sobre ella y entonces aparecería el Abad, acompañado por otros monjes del templo. El Abad narraría la historia de la antigua mujer despechada que se había convertido en un demonio con forma de gran serpiente y que había jurado vengarse de aquel templo pues había servido de refugio a su cruel amante. El demonio había vuelto para llevar a cabo su venganza mancillando aquella campana, igual que hiciera con la antigua, motivo por el cual el Abad había prohibido la presencia de las mujeres durante el ritual, tratando de evitar inutilmente lo que precisamente acababa de suceder.

La recta final de la obra estaba constituida por el exorcismo practicado por el Abad y los otros monjes.

"Respetuosamente imploramos al Dragón Azul, la santidad, en el este.
Respetuosamente imploramos al Dragón Blanco, el blanco emperador, en el oeste.
Respetuosamente imploramos al Dragón Amarillo, el emperador amarillo, en el centro.

Imploramos respetuosamente a todos los dragones coronados del mundo. Por favor, otorgadnos vuestra misericordia y escuchad nuestras plegarias. Por favor, no le concedais lugar a la monstruosa serpiente para vivir sobre la tierra."

Y el demonio, derrotado por las plegarias de los sacerdotes, se consumía en la agonía de su propio aliento llameante.

El mensaje de la obra era múltiple y no estaba exento de cierta misoginia, pero no podías evitar darle la razón al menos en parte al autor del drama. Existían muchos demonios disfrazados de mujer.

Te volviste con discrección (pero no demasiada) para mirar a otra de las espectadoras que ocupaban la platea de aquel teatro al aire libre.

Mirumoto Manago lucía un exquisito kimono de seda amarilla y verde ( qué apropiados parecían en aquel momento aquellos colores) sobre la que caían flores de peral bordadas en púrpura claro. La belleza de la mujer era evidente incluso bajo la escasa luz de las antorchas. No era una doncella, pero su madurez no hacia más que dotar a sus rasgos de una serenidad no exenta de firmeza que la hacía aún más fascinante.

Lo que nadie solía recordar era su antiguo apellido, que perdiera al casarse con el señor de aquel Kyuden menor de tierras Dragón. Daidoji Manago había dejado de existir hacía ya cinco años, pero los lazos familiares no se podían romper con un simple cambio de nombre.

La boda entre Manago y su señor esposo había sido un enlace de conveniencia, como tantos otros, destinado a garantizar una fuente de información fiable sobre las actividades de aquel samurai Mirumoto del que los Daidoji sospechaban mantenía extraños tratos con los Shosuro que bien podían resultar para los intereses de la Grulla.

Manago había informado de que iba a tener una importante celebración con motivo del cumpleaños del señor del Kyuden. Los invitados iban a ser numerosos y de todos los clanes, pero a Manago le había sorprendido la presencia de tres ronins escoltando a uno de los invitados Bayushi. Sospechaba que podría tratarse de escorpiones camuflados para poder moverse libremente por el palacio, aunque desconocía los motivos que podrían estar detrás de aquella simulación, si bien había informado de que su esposo había estado muy nervioso durante los meses anteriores a la efeméride, mucho más que otros años anteriores por las mismas fechas.

Ante tales sospechas, la delegación Grulla había incluido a sus propios Daidoji camuflados, si bien no tras kimonos marrones sino bajo la apariencia de guardaespaldas de los dignatarios Doji y Kakita invitados al evento. Tú eras uno de ellos, encargado de servir de enlace entre Manago y la delegación Grulla para todos aquellos asuntos que debían permanecer en secreto.

Cualquier encuentro privado entre Manago y los Grulla hubiera resultado sospechoso, por lo que se había decidido que la mejor forma de llevar a cabo encuentros secretos era fingir una aventura entre Mirumoto Manago y Daidoji Hayabusha. Por muchos era sabido que el matrimonio no se guardaba un gran amor y que el señor se complacía en la compañía de las geishas de las ciudades que visitaba, por lo que a nadie le resultaría extraño que la señora de la casa se entretuviera en privado con un apuesto samurai mientras su marido hacía lo propio con esa encantadora jovencita Doji que cantaba como si hubiera sido vendecida por el kami de los ruiseñores. ¿Y acaso no resultaría sospechoso que ambos señores hubiera sido tentados por amantes Grulla? En absoluto, lo normal sería pensar que los Doji buscaban encandilar o bien al señor o a su esposa y mientras lograban alcanzar la intimidad de uno, entretenían al otro de forma semejante. Y nadie sabría nunca de que hablaban en la intimidad Mirumoto Manago y Daidoji Hayabusa.

Por ello, desde que habías llegado, no habían faltado las miradas furtivas y los roces "casuales" entre ambos, que culminaban en aquella mirada durante la obra de Noh. Aquella noche te esperaba una larga conversación a la luz de la pequeña lámpara de las habitaciones privadas de Manago.

Ella, al percibir tu mirada, se giró con gracia y te sonrió, pero cualquier observador interesado o lo suficientemente perspicaz (y había varios de ambos tipos reunidos allí) hubiera percibido claramente el brillo tan particular de los ojos de la dama y de la forma tan curioso que adoptaba su sonrisa, rápidamente tapada por un abanico de sándalo. Manago se volvió rápidamente y su atención retornó al escenario, aunque se apresuró a susurrarle algo a la dama de compañía que se sentaba a su derecha.

Te tocaba sonreír con satisfacción y así lo hiciste.

Cuando la obra terminó, los invitados fueron conducidos a un jardín adyacente para disfrutar de un concierto de música ligera y poder contemplar la belleza de la luna llena que iluminaba las flores de los espléndidos parterres.

Alguien se te acercó por detrás. Una voz femenina que reconociste como la de la joven dama de compañía de Manago te sururró a la oreja.

La señora no se disgustaría si os acercarais a ella en estos momentos.

Tras decir aquello, la joven se alejó. Al seguirla con la vista viste que se dirigía hacia un pequeño grupo en el que se encontraba Mirumoto Manago, departiendo sonriente con una joven de la que sólo veías la espalda y su kimono rojo con un estampado de granadas. La conocías de algo, pero no sabías de qué.

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Daidoji Hayabusa
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Mensaje por Daidoji Hayabusa » Mar Mar 15, 2011 6:28 pm

Apuesto a que no.
Escuché la voz a mi espalda sin prestarle en apariencia demasiada atención, aunque el hecho de saber que existía una cierta partida de ajedrez fría en aquella sala me mantenía más alerta de lo que cualquiera hubiera vislumbrado.
Tampoco es que fuera tan extraño, uno de los guardaespaldas es algo más precavido que los demás, bien.

Me fijé en el grupo mientras me dirigía despacio hacia él. Rojo solía significar escorpión; no importaba, mejor no adelantar. Cuando llegué me dirigí a la anfitriona como si buscara felicitarla por la magnífica actuación con la que nos habían agasajado.
Carraspeé un poco para que la mujer que me daba la espalda se girase instintivamente para detectar la fuente del sonido, y acto seguido me tomé aquel gesto como una cesión cortés de la palabra a un recién llegado al grupo. Atrevido como mucho, pero siempre muy educado, eso por supuesto.

-Permítame la oportunidad de felicitarla por esta maravillosa interpretación teatral, Mirumoto Manago-sama.
La celebración de su señor esposo está siendo un acontecimiento exquisito, como no podría esperarse de otra manera, dado su conocido buen gusto
-añadí permitiéndome esbozar una fina sonrisa.

-Oh discúlpeme, me temo que no nos han presentado -dije ahora dirigiéndome por cortesía a la mujer de rojo que resultaba imprecisamente conocida -Mi nombre es Daidoji Hayabusa, guardaespaldas y humilde aficionado a las más altas manifestaciones artísticas -recité mientras me preparabapara realizar una elegante inclinación reverencial cuando me dijeran su nombre.
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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mar Mar 15, 2011 10:44 pm

Manago te recibió en su pequeño círculo con una sonrisa. La acompañaban un hombre ataviado con un kimono de color ocre que identificaste rápidamente como Akodo Tadamasa, hermano de un gobernador provincial de las tierras León, y un hombre alto enmascarado que te había sido presentado como Bayushi Hirohiko. Junto a los tres estaba la joven vestida con granadas. Al fijarte en ella mientras te presentabas pudiste percibir claramente su fealdad, incluso a la luz ténue de los farolillos. Su rostro era excesivamente anguloso y delgado, su cuerpo desgarbado parecía el de un espantapájaros al que de ninguna manera podía quedar bien ni siquiera el más bello de los kimonos; no lucía mon alguno en la ropa.

Cuando le ofreciste tu nombre y tu atención, la muchacha se sonrojó de tal manera que su rubor fue claramente visible. Agachó la cabeza y empezó a titubear, como si no supiera como corresponder a tu cortesía.

Karagoromo
Kitsutsu narenishi
Tsuma shi areba
Barubaru kinuru
Tabi wo shi zo omou.


("Dejé a mi esposa atrás, en la capital, y he recorrido un largo camino. Como cómodas ropas, nos hemos acomodado el uno al otro. La soledad viene hasta mi casa.")

Recitó de pronto el Bayushi con un tono divertido, muy lejos de la tristeza que expresaba el poema. Lo conocías bien, igual que cualquier persona minimamente culta del Imperio. Había sido escrito siglos atras por un afamado poeta Grulla, Kakita Narihira.

Dejad que la muchacha se presente por sí misma -dijo con acritud el Akodo.

¿Por qué me reprendeis, Tadamasa-san? -preguntó el Escorpión, fingiendose compungido-. ¿Acaso no os resultan evidentes mis intenciones de honrar a nuestro amigo Daidoji con una referencia al arte de su Clan que una simple presentación no hubiera permitido? Sé que los León despreciaban el Tao, pero no pensé que hicieran lo mismo con la poesía.

El Akodo decidió ignorar la provocación del Escorpión, probablemente porque sabía que nunca podría vencerle en un duelo de agudezas y podría perfectamente salir muy mal parado.

Afortunadamente, Manago acudió al rescate.

Hirohiko-san, os recuerdo que no estamos en Otosan-Uchi -dijo con una sonrisa que pese a parecer divertida ocultaba una profunda firmeza-, no tenéis por qué tratar de ser el gallo del corral en todo momento. Vamos, vamos, dejad que ella se presente a su modo. Ánimo, querida, no seais tan tímida.

Os ruego me disculpeis, Manago-sama -dijo el Escorpión con tono contrito-. Para demostrar mi arrepentimiento iré a buscar una botella de sake para compartirla con Tadamasa-san. De seguro que estando borrachos podremos recitar grandes poemas juntos.

El Bayushi abandonó el grupo dando saltitos. El Akodo murmuro algo visiblemente molesto y Manago rió ligeramente.

No le hagais caso, Tadamasa-san -dijo Manago con afabilidad-. Hirohiko-san solo puede molestaros en la medida en que vos se lo permitais. No reaccioneis a sus provocaciones y se aburrirá pronto de vos.

Eso tenía intención de hacer, mi señora -repuso el León con el ceño fruncido.

Kakitsubata -dijo de pronto la muchacha fea, tan bajo que apenas pudiste oírlo.

Habla más alto, querida -la animó Manago-. Me temo que Hayabusa-san no ha podido oírte.

Mi nombre es Kakitsubata, encantada de conocerle -dijo la joven en un tono algo más elevado pero pronunciando las palabras muy rápido. Su profunda reverencia fue estropeada por el evidente nerviosismo que la sacudía.

Entendiste entonces lo que había hecho el Bayushi. Si tomabas la primera sílaba de cada uno de los versos del poema, aparecía la palabra KA-KI-TSU-BA-SA, osea "lírio acuático". El Escorpión había intentado una presentación tan pedante como original.

Kaki-chan -dijo Manago con afecto- ha sido la actriz principal del drama que acabamos de ver.

Y entonces comprendiste por qué te resultaba vagamente familiar.

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Daidoji Hayabusa
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Mensaje por Daidoji Hayabusa » Jue Mar 17, 2011 4:41 pm

Por cierto, me has ignorado en el subforo ^^U
In

Tampoco Bayushi le concedió mucho peso al Tao de Shinsei
, pensé, pero me ahorré decirlo, porque para un Daidoji como yo siempre resultaba reconfortante ver discutir a un escorpión y a un león desde fuera, y atraer sus iras gratuitamente era una estupidez digna de cualquier Kakita.

Si no reaccionara a las provocaciones no sería un Akodo, o sería un nuevo y mejorado tipo de Akodo y el resto del Imperio estaría perdido. Tampoco dije eso en voz alta, claro, aunque habría tenido su gracia, según consideré.
Un estilo de humor un poco zafio, eso si.

Cuando se habla demasiado pueden pasar muchas cosas, pero la mayoría malas.

-Encantado de conocerla Kakitsubasa-san
-contesté realizando la reverencia que ya había pensado -Una artista de vuestro talento demostrado se merece todos los honores, si me permiten la opinión -dije a todo el grupo en general, mostrándo expresamente una versión de mi mismo galante por naturaleza.
En todo caso, me había gustado la escena, sobre todo la danza, así que el halago era merecido.

No era muy agraciada, quizás por eso tenía que conformarse con un kyuden menor pese a tener cierto talento. No era una variable que me resultara de interés en aquel momento sin embargo.

-¿Cuantas exquisiteces más nos tiene preparadas su señor esposo, Manago-sama? Espero que haya recitales de poesía. Me encanta, podría pasarme horas escuchando poesía... resulta inspirador para casi cualquier empresa ¿no están de acuerdo? -pregunté como forma de iniciar algún tipo de conversación que aburriera al Akodo.
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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Jue Mar 17, 2011 10:39 pm

Al prodigarle más halagos, Kakitsubata abrió los ojos como platos y percibiste claramente el enorme esfuerzo que hizo para no mover la cabeza a un lado y a otro en busca de una manera de escapar de tu presencia. ¿Una joven tan tímida podía ser una actriz tan buena?

Señor... yo... yo... -balbució-. No merezco vuestras palabras, mi señor. Tan sólo soy una pobre actriz... Alguien de tan baja consideración como yo no merece vuestras amables palabras...

La muchacha bajó la cabeza avergonzada tal vez por su propia elocuencia. Manago se apresuró a acercarse a ella armada con una cálida sonrisa.

Kaki-chan es muy humilde -dijo-. Demasiado. Es cierto que no pertence a ningún clan, pero su talento rivaliza con el de las mejores actrices de la Grulla y no sólo lo digo yo. De hecho, actualmente forma parte como actriz principal de la compañía de Kakita Fumie y no es una patrona precisamente fácil. Se cuenta de ella que una prometedora artista Doji se suicidó tras escuchar una dura crítica a su trabajo por boca de Fumie-san, así que si ella considera a Kakitsubata tan buena será por algo.

Un trabajo impresionante, desde luego -afirmó el Akodo, aunque notaste cierta reticencia en su voz, como si le costará admitir semejante talento en una simple heimin.

Y no os preocupéis, Hayabusa-san -dijo Manago dirigiéndote una sonrisa que cualquier espectador casual (y cualquiera no casual) hubieran considerado un poco atrevida-, estos días habrá placeres para todos, os lo aseguro.

Y de pronto, viste claramente como Manago le daba un ligero empujó con la mano derecha a Kakitsubata. Fue un movimiento tan rápido y preciso que si hubiera estado mirándola a ella directamente no lo hubieras percibido. Desde luego, Tadamasa no se dio cuenta, nervioso como estaba pensando en el retorno del Bayushi con una botella de sake.

La muchacha tropezó a causa del leve empujón aunque no llegó a caer, pero a punto estuvo y por la expresión de terror en su cara casi hubiera sido preferible que se cayera.

Vaya -mascuyó el Akodo con desagrado por lo que parecía no sólo una torpeza sino una falta de compostura por parte de una heimin rodeada de samurai.

¿Te sucede algo, Kaki-chan? -preguntó Manago con cara de preocupación-. La representación habrá sido agotadora. Tal vez sería bueno que tomaras algo de beber. ¿Sake? ¿Un té? ¿Agua? Tadamasa-san, ¿podríais hacerme el favor de acercaros a la pérgola donde se encuentran las bebidas y traer algo para nuestra tímida actriz? Bueno, esperad, os acompañaré, ¿qué clase de anfitriona le pide a uno de sus invitados que cumpla con sus tareas?

Lo que no se te escapó es que a pesar de aquella última pregunta no había eximido al Akodo de ir a por la bebida para una heimin. Tadamasa pareció desarmado ante la encantadora sonrisa de Manago y aceptó con un rapidó movimiento de cabeza, para, acto seguido, ser conducido por la Mirumoto lejos de la extraña pareja que formabais tú y la joven heimin.

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Daidoji Hayabusa
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Mensaje por Daidoji Hayabusa » Dom Mar 20, 2011 10:25 pm

OUT: Creo que es la primera vez en l5a que me encuentro una mujer especificadamente fea, jejeje. Desde luego en Otosan Uchi seguro.
in

Pensé que quizás por ser tan buena actriz es por lo que era "tan" tímida, pues viviendo constantemente entre samurais había aprendido que parecer extremadamente frágil era más saludable que orgullosa y firme.

-No entiendo la relación -dije encogiéndome de hombros -Mis palabras, que más que amables son ciertas, no son a causa de vuestra condición sino de vuestro talento, así que no tiene mucho que ver una cosa con la otra.

¿Acaso se trata de que por ser heimin no puede usted ser felicitada o que yo debo serlo en culquier caso por ser samurai? No Kakitsubata-san, afortunadamente el mundo no se ha vuelto tan esperpéntico, aún
-reí, no sin cierta elegancia de etiqueta.

En seguida el Akodo abrió la boca, algo que ninguno de los suyos solía poder evitar, para demostrar que el Bayushi estaba en lo cierto al considerarlo imbécil.
Pero ahí estaba, desgraciadamente no había ido a esa fiesta a hacer enemigos pues lo tendría muy fácil, así que continué con la fina sonrisa cortés, sin demostrar nada hacia nadie en especial, más que la sutil complicidad con la Mirumoto, a la que devolví la sonrisa más o menos atrevida.

Me sorprendió la maniobra de Manago dejándome a solas con la actriz. Quizás ella tuviera algún mensaje de su parte para mi, porque era obvio que lo había hecho adrede. Ya se vería... ¿otra Daidoji encubierta quizás?
-Creo que no le ha caido usted en gracia a nuestro amigo Akodo. Pero no se preocupe, por lo general a los leones no les cae bien nadie, así que cuando se vuelva a encontrar con ese escorpión se olvidará de su persona.

Sin embargo ser heimin tiene sus ventajas... Por ejemplo nunca se verá en la necesidad de cometer jigai por la mala crítica de una dama samurai.


Reflexioné con una sonrisa maliciosa, girándome de nuevo hacia ella. Ya estábamos solos, así que si algo había preparado Manago para orquestar esa curiosa escena del empujón, se vería ahora.
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mié Abr 06, 2011 7:17 pm

La actriz se removió nerviosa, aparentemente abrumada por tus palabras y no supiera que decir. Parecía que en aquel momento prefiriera estar en cualquier parte menos allí ante tí.

Me alabáis en demasía, Hayabusa-sama -dijo con un hilillo de voz-. Yo tan sólo intento esforzarme para hacerlo lo mejor que pueda y no defraudar ni a Fumie-sama ni a los espectadores.

Comprendo muy bien la reacción de Tadamasa-sama. El Noh es un arte tan noble que a veces pienso que lo estoy mancillando al atreverme a actuar siendo de tan baja condición. El arte es sagrado, Hayabusa-sama, y yo temo estar cometiendo un sacrilegio.


El tono de Kakitsubata se había vuelto muy apasionado. Su forma de hablar era completamente diferente de la segundos antes. Pero seguía con la vista gacha.

Tras una representación, cuando todos los espectadores se han ido y todo está vacío, me gusta quedarme a solas en la Sala del Espejo. En esos momentos pienso en muchas cosas, sobre la manera en la que he actuado, sobre mis errores y cómo debo mejorarlos... A veces desearía no estar sola en esos momentos y tener a alguien a mi lado que me consolara, que me abrazara y me susurrara al oído cosas agradables...

Oh, pero, ¿qué estoy diciendo? -la Kakitsubata tímida y avergonzada había reaparecido-. Disculpadme, disculpadme, por favor, me dejé llevar por vuestra amabilidad y he hablado como una tonta. Alguien como yo nunca os diría semejantes cosas. Manago-sama se disgustará conmigo si se entera de que no he actuado del modo correcto con vos. Os ruego me disculpéis, Hayabusa-sama.



OUT

La Sala del Espejo es una habitación anexa a todos los escenarios Noh que conecta con el escenario a través de un pasillo cubierto. Es la habitación donde se cambia el actor principal y desde donde hace sus apariciones.

Bueno, ¿lo has pillado? XD

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Mensaje por Daidoji Hayabusa » Lun Abr 11, 2011 11:41 am

Si algo era obvio para cualquiera es que las reacciones aparentes de una actriz no eran fiables precisamente por su naturaleza. Así que seguía sin saber con quien estaba hablando, pero ya se vería.

-Le aseguro que si su esfuerzo le lleva a no defraudar a Fumie-sama, mis alabanzas no son excesivas en absoluto. Es un hecho objetivo.

¿Mancillar?
-repetí encarcando una ceja. Aquel concepto resultaba completamente vacío para mi -Me temo que ahora debo contrariarle, pero así verá que mis halagos de antes eran justos. Lo que acaba de decir es un sinsentido, Kakitsubasa-san; dejaré para los expertos la definición de "sagrado" pero en cualquier caso dudo que su participación en él pueda ser considerado mancillante por nadie honesto una vez visto el resultado, pues sólo estos importan.
Además cualquier Akodo considerará la guerra más "sagrada" que el arte, y nunca les he visto poner reparos a utilizar levas de ashigarus entre sus filas...
-argumenté encogiéndome de hombros.

-No se preocupe, todos tenemos momentos de debilidad -respondí desviando la vista cortésmente, aunque no especifiqué si el suyo había sido decirme aquello o simplemente sentirse sola y necesitar compañía.

Hice un gesto despreocupado, dando a entender que el asunto estaba olvidado -Manago-sama no debería tener queja de usted esta noche -añadí sonriendo amablemente.

OUT: creo que me ha citado allí, aunque puede que haya sido demasiado sutil para un Daidoji jejeje
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Lun Abr 11, 2011 9:42 pm

OUT
¿Desde cuando la sutileza es algo ajeno a los Daidoji? XDDe todas formas lo has entendido bien, aunque... Te falta un dato por comprender.


Sois muy amable, Hayabusa-sama -te dijo Kakitsubata bajando la cabeza para ocultar una amplia sonrisa complacida-. ¿Me disculpa si le dejo solo? Como Manago-sama me ha solicitado tan amablemente que acudiera a esta recepción no he podido dejar de venir y por ello he dejado sin guardar ciertas prendas y otros pertrechos. Debo dejarlo todo bien preparado para que no haya problemas cuando empiece la siguiente representación.

Aquellas últimas palabras no fueron pronunciadas de forma muy distinta a las anteriores, pero percibiste una crispación en las facciones de la joven que las cargaron de un significado especial. Habías deducido que se te había propuesto un encuentro clandestino aquella misma noche en la Sala del Espejo, así pues, no sería raro que Kakitsubata fuera a preparar algunas cosas al respecto.

Cuando la dejaste ir, la joven y poco agraciada actriz se marchó con pasitos rápidos, como una doncella que ha conocido al amor de su vida.



OUT
Dime si quieres hablar con alguien o hacer algo en concreto antes de que yo pase a la cita nocturna XD

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Mensaje por Daidoji Hayabusa » Mar Abr 12, 2011 2:58 pm

-Oh, por supuesto, vaya usted; nada más lejos de mi intención distraerla de su talentosa ocupación, Kakitsubata-san -dije despidiéndome con una sonrisa poco disimulada pues había concluido que todo aquello formaba parte del telón que Manago había diseñado para crear un engaño dentro de otro engaño; que la señora samurai usaba un fingido romance de la actriz para concertar una cita con un caballero a la que en el último momento, y libre de sospechas, acudiría ella y no la heimin, lo que encajaba con todos los detalles necesarios para ocultar una aventura si alguien, una nariz escorpión tal vez, husmeaba. Una falsa realidad de humo muy creíble que distraía de la verdadera finalidad de tal encuentro.

O eso o tanto Kakitsubata como yo nos íbamos a llevar un chasco ante el espejo, porque si al menos fuera más agraciada a mi me valdría la pena el viaje, pero desafortunadamente mi listón estaba demasiado alto para ella.

Me di media vuelta distraido y busqué alguna conversación vacía y entretenida en la que dejar pasar el tiempo...

OUT: No, no se me ocurre nada, así que adelante... grita ¡devastación!... o no XD
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mar Abr 12, 2011 9:59 pm

El evento continuaba. Manago no volvió a acercarse a ti, aunque de vez en cuando cruzaste tu mirada con ella y percibiste claramente una chispa pícara en sus ojos, la misma picardía fingida que habíais decidido utilizar como máscara.

Poco a poco los presentes se fueron retirando a sus habitaciones designadas dentro del Kyuden a medida que se iba acercando la madrugada. Algunos parecían querer prolongar la fiesta todo lo que pudieran, como aquel Escorpión, Hirohiko, que parecía empeñado en hacerse amigo a la fuerza de Akodo Tadamasa y si no lo lograba, estaba claro que su siguiente objetivo sería la amistad de todas las botellas de sake que se pusieran a su alcance.

Manago se retiró también tras dar órdenes a los criados de que no impideran que los invitados festejaran hasta la hora que quisieran. Aunque pasó muy cerca tuyo, ni siquiera te dedicó una mirada cuando retornó al edificio.

Tú hiciste lo mismo en su momento, dirigiéndote hacia la habitación que ocupabas en el pabellón de invitados, ligeramente apartado del palacio principal.

OUT
Aquí es para ti para que describas como esperas a que la cosa se calme y tal para salir hacia tu cita. Como sales y eso.

IN

El Kyuden entero parecía sumido en el silencio. Un grillo lejano se dejaba oír de vez en cuando, pero de forma tímida, como si no quisiera turbar la quietud de la noche. Por contra, la luna era espléndida, casi demasiado grande.

El teatro iluminado por la luz plateada del astro nocturno había cobrado un aspecto fantasmal. Las fusamas que daban acceso a la Sala del Espejo parecían estar hechas de alabastro en vez de papel. Al acercarte percibiste claramente una luz ténue tras ellas.

Pasa -escuchaste que alguien te susurraba desde el otro lado de las fusamas. Conocías perfectamente aquella voz femenina.

Manago te esperaba sentada dentro de la Sala del Espejo. Una pequeña vela iluminaba la estancia.

¿Qué corazón viene a robar el amante nocturno que como un ladrón camina en la penumbra? -preguntó con una sonrisa al verte.


OUT

Si deseas ubicarte mejor y hacer una idea más clara de todo, pon en la sección de imágenes del google: escenario teatro noh y verás imagánes planos de todo el complejo del escenario.

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Mensaje por Daidoji Hayabusa » Mié Abr 13, 2011 3:17 pm

La dama Manago continuaba interpretando su papel, dejando miguitas a los pájaros que estuvieran pendientes de ese tipo de sutilezas. Alguno podría pensar en sacar partido de su supuesto romance extraoficial, pero siendo que su señor marido también estaba siendo rondado no parecía una estrategia que pudiese llegar muy lejos.
Fintas dentro de fintas, mostrando sus cartas pretendía ocultar sus intenciones.

Como espectador, era el tipo de obra de la que más disfrutaba. No tenía la adrenalina de un combate nocturno, pero como pieza de arte ésta tenía más matices que paladear.

En la habitación no pude evitar sentir el aburrimiento de los intermedios; habría salido de buena gana a practicar con el arco, pero no disponía de tanto tiempo, así que me entretuve con el mantenimiento ritual de las armas samurai. Limpié, afilé y aceité la hoja de la katana y del wakizashi y, como era costumbre personal, hice algo parecido con el arco, repasando las fibras de la cuerda, la estructura de madera y aplicando un aceite protector para conservar su elasticidad intacta.

Luego me bañé, se suponía que iba a una cita y cualquiera con quien me topara tendría que "creérselo", y me vestí para la ocasión.
Sonreí mientras me acicalaba con esmero, pensando que un buen guerrero debía cuidar todas sus armas y el aspecto era una tan efectiva para los grullas como la que más.

Y así llegué al escenario del teatro, ahora vacío. Miré el puente y los tradicionales árboles que lo flanqueaban. Nunca había entendido ese gusto por tomarse las tradiciones como ley escrita que sentían los artistas, pero ahora me daba un poco igual. En lugar de dirigirme a la sala del espejo directamente crucé el escenario y entré al camerino, y llegué finalmente al mismo sitio a través del corredor, a medias para asegurarme de que no había nadie más allí y para curiosear por lo ajeno.

-Aquel que al fondo del espejo se ilumina, habiendo dejado hace tiempo la sala familiar sombría. Aquel de la querida hermana, que en la juventud perdida de su antigua vida, vimos partir hacia una tierra lejana -contesté con la misma sonrisa cómplice.
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