Camino hacia el firmamento

Ciudad imperial, morada del Hantei, la ciudad más grande e importante del imperio esmeralda.<br>Aqui se narran los hechos dentro de los distritos exteriores y los distritos interiores.
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Miya Nadesiko
Shisha sonriente
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Camino hacia el firmamento

Mensaje por Miya Nadesiko » Lun Jun 14, 2010 2:15 pm

OUT
El pequeño relato que podréis leer a continuación es de desconocimiento total para los Pjs, sin embargo, y ya que tendrá relevancia en partida y tengo ganas de escribir algo así, aquí lo dejo para que los jugadores sí que puendan leerlo.
IN




Residencia de Soshi Satomi. Madrugada del Día 2º

La ténue luz de la vela apenas alumbraba el papiro en el que estaban siendo perfilados unos kanjis con una caligrafía digna de un artista, de trazos delicados y a la vez decididos.

La sonrisa del autor se ensanchó al recordar los sucesos que le motivaban a escribir aquella carta y el consiguiente resultado mientras su mirada se perdía en la nada.

Cuando estuvo terminada, con el sello lacado cerrado chorreando aún la cera roja con el emblema del Tigre Blanco en él, este se levantó despacio, hacia la ventana y la abrió. Alzó la mirada y emitió un silbido que cruzó la noche silenciosa y apenas había pasado un segundo desde esta señal que un halcón de alas negras bajó silbando desde el cielo hasta posarse en su brazo.

"Mi buen Inazuma..."

Dijo Seto mientras acariciaba las plumas de aquel magestuoso pájaro que su mejor amiga, Shosuro Masu, había tenido a bien regalarselo hace ya varios años.

Colocó en su pata, en un envoltorio la misiva y miró el pájaro a los ojos, tras lo cual dijo:

"Que nada te detenga hasta llegar a los brazos de Soujiro-kun......."

Tras lo cual, el halcón, con un brillo de compresión en su mirada, alzó el vuelo y desapareció en el silencio de la noche, un segundo antes que Soshi Seto, el Tigre Blanco cerrara la ventana de sus aposentos y por fin.... conciliara el sueño...


Ryoko Owari Toshi... esa misma noche...

Un joven anodino, de aspecto femenino y sonrisa imborrable estaba sentado en el tejado de una casa mientras contemplaba la enorme luna llena tras los tejados.

Una figura se movió entre las sombras a una velocidad endiablada hasta que se posó en el mismo tejado, unos pasos tras de él. La figura era de una niña, que apenas llegaría a los 15 años, vestida con un kimono blanco, su pelo largo y negro impoluto arrastrado por la brisa nocturna, portando una enorme guadaña.

Ninguno de los dos dijo nada por unos largos minutos mientras la pequeña y frágil, pero a la vez mortal de la chica se movía hasta quedar a la altura del chico, con la guadaña aún goteando de sangre.

Ella despacio se sentó a su lado, dejó el arma a su derecha y contempló la luna.

"Sensei ha escrito."

Por fin dijo el chico con tono angelical mientras sonreía amablemente sin mirar aún a la chica, la cual asintió sin decir nada.

"Dice que ha encontrado nuevos pastos...... lleno de nuevas presas..... prosiguió con aquella tranquila voz mientras cada vez sus palabras se tornaban más siniestras Partimos mañana al alba..."

"Hai" Pareció susurrar la chica, aunque apenas se la oyó. Asintió despacio y tras levantarse de un salto bajó al patio de la residencia que se encontraba en silencio.

El joven aún sobre el tejado miró hacia sus manos, que estaban apolladas en sus piernas cruzadas y contempló una misiva arrugada entre ellas.

"La hora de cazar ha llegado..."

Susurró para sí...


Senderos Imperiales. Día 3º

El carromato avanzaba a gran velocidad, mucho más de lo que se esperaba de dos caballos, aunque fueran grandes y potentes, sobretodo por lo grande que éste era.

Dos personas estaba sentadas en la parte delantera, donde el cochero. Eran dos jovenes que apenas parecían haber pasado el gempukku ese mismo año, y que miraban hacia delante con tranquilidad y parsimonia.

Basyuhi Soujiro llevaba las riendas y con una amigable sonrisa disfrutaba del aire que le daba en la cara.

"Con este conjuro llegaremos mucho antes... sensei se alegrará..."

Pareció decir más a sí mismo que a su interlocutora, la misma chica de aspecto de muñeca de porcelana de la noche anterior, sólo que ahora esta no estaba manchada de sangre y parecía una diosa de la muerte. La chica, Shosuro Akane, miraba distraidamente hacia un lado, mientras veía a su alrededor una mariposa volar.

"Hai...."

Respondió con voz dulce pero neutra en aquella postura.

Mientras tanto, en el interior del carromato...

El enorme brazo de Shosuro Rokumaru pasó por encima del escualido y nudoso muchacho que apenas tendría la edad de su compañera, y le hizo una presa por la parte del cuello mientras lo atraía hacia si. El joven nervioso soltó lo que tenía entre las manos, dando este un sonoro chasquido cuando topó con la madera del suelo del carromato en donde estaba sentados.

"Maldita sea Puki! Contente o vas a incendiar este maldito carro"

Dijo la voz grave y sonora de Rokumaro al ver que el yesquero caía al suelo. El joven apodado "puki" asintió nervioso todo lo que pudo entre la mole de músculos del Shosuro con un "hai hai" inaudible casi por la presión de este en su cuello, mientras el enorme hitokiri suspiraba...

Y suspiraba no por el incordio del joven hiperactivo y pirómano, sino por el resto de situaciones dentro del mismo carromato.

Justo enfrente suya, una Soshi Nueno casi desvestida, con el obi desabrochado, traba de desnudar contra su voluntad a Bayushi Ryotaro, el cual, al principio había dejado que se le acercara la sacerdotisa ronroneando, pero ahora le había hecho una presa a sus manos para que estuviera quieta.

El bushi, mirándo a la desvergonzada mujer muy seriamente dijo:

"¿No deberías estar pendiente de que el conjuro no se acabara, Nueno-san?"

La mujer se rió mientras curvaba su espalda haciendo que su cuerpo avanzara hacia el Bayushi y dejara caer aún más su kimono por la parte de sus hombros y mirándo a los ojos a Ryotaro respondió con sorna:

"Tengo control suficiente para tenerlo activado y para relajarte a ti de paso un poco... ¿No estás muy tenso Ryotaro-kun?"

El hombre chasqueó la lengua molesto mientras alejaba como podía el cuerpo de la mujer mientras esta se resistía y le terció:

"¿Y tu no deberías tener un poco de pudor ante tantos hombres?"

La mujer rió ante eso con lascivia y mientras se mordía el labio y le miraba directamente replicó:

"Por mi que se apunten a nuestra pequeña fiesta... Que yo sepa... contando contigo y quitando a mi hermano (Y a Soujiro-san que está ocupado conduciendo el carro).... sois cuatro, y yo puedo hasta con cinco...."

Ryotaro bufó enfadado mientras la soltaba de golpe empujándola lo más lejos posible de él.

"Deberías concentrarte en pensar en tu querido Seto."

"Juju... y eso hago, cariño... me caliento para él... para cuando lleguemos."

Mientras esto pasaba, Soshi Kurei que había estado dormitando la mayor parte del camino, con tanto alboroto se despertó en la parte más trasera del carromato. Aún somnoliento contempló las escenas que transcurrían en su interior, mirando hacia la parte delantera del carro cuando de pronto se dio cuenta que no sabía nada de Sagara.

En un segundo que le fue eterno buscó en el carromato a ese psicópata del que tenía que hacerse cargo (psicópata siempre que "ese" Sagara estuviera "fuera", que era por desgracia las veces que más) y lo encontró casi a su lado, al otro lado del que miraba, con los pies colgando del carromato, mirando hacia la parte de atrás mientras tallaba en madera con su cuchillo una figurita que parecía deforme.

Kurei comenzó a preparar su pipa para fumar cuando notó la boca seca, pastosa.

"Eh! Sagara... ¿Dónde está la campesina esa que contratamos en el camino para que nos hiciera de comer, nos sirviera y esas cosas?"

Preguntó mientras inspecionaba el carromato. No. Ni rastro de ella... Que raro...

Sagara volvió lentamente su rostro, marcado con una malicia extrema y Kurei supo que era de nuevo "ese" puto Sagara.

"Joder Soshi! que es como siempre le llamaba, por su apellido ¿Y yo qué coño sé de que me hablas?"

"Porque es contigo con quien la vi la uktima vez que paramos."

Sagara pareció meditar aquello y un brillo de entendimiento pasó por sus ojos en un segundo.

"Aaaaaaaaaaaahhhh.... ya me acueeeeeerdoooo..... Dijo con voz arrastrada y pastosa, ronca y profunda como la de un adicto al opio, aunque no lo fuera Tu te refieres a "esa" chica...."

"Claro, maldita sea, ¿con cuantos criados crees que viajamos?"

Preguntó molesto el Soshi. Sagara asintió él sólo a sus pensamientos mientras chasqueaba la lengua varias veces, como apenado por algo y prosiguió con aquel tono demente:

"Pobre chica, pobre pobre chica... pero poooobre perros... tenían taaaaaanta hambreeeee.... que no puede evitar dársela a ellosss...."

Kurei se llevó la mano a la cara en casi un manotazo, mientras pensaba en aquella escena... la chica siendo deborada por perros salvajes mientras aquel Sagara sonriente y chasqueó la lengua con enfado.

En fin... No había mucho más que hacer, lo hecho, hecho estaba... Así que le dio una larga calada a su pipa mientras miraba a la nada en aquel carromato y se preguntó en voz alta...

"¿Cuánto faltará para la capital?"
"Oye mi voz, pues es la del Emperador"


"El arte de la guerra es la manera de conservar la paz"

Miya Nadesiko, heralda del Imperio Esmeralda

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