Preludio.- ¿Todo fue........ un sueño?.- Hiruma Eitaro

Ciudad imperial, morada del Hantei, la ciudad más grande e importante del imperio esmeralda.<br>Aqui se narran los hechos dentro de los distritos exteriores y los distritos interiores.
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Isawa_Hiromi
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Preludio.- ¿Todo fue........ un sueño?.- Hiruma Eitaro

Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue Nov 29, 2012 12:24 pm

PRELUDIO: ¿Todo fue.... un sueño?
Hiruma Eitaro




Fortaleza de la Luz del Día
Media noche


Sueños... Sueños en donde nunca terminan las guardias, que las Tierras Sombrías hubieran estado anormalmente tranquilas a nadie tranquilizaba, era mejor el fragor de la batalla continua, cuando sabías que todo al menos era como debía ser, a esos suspenses tan largos que siempre precedía a muerte y más muerte...

Aquella noche tampoco podías dormir, te debatías entre sueños que casi te tragaban y el desvelo, las sábanas incluso sudadas por un calor que en aquella primavera temprana no existía.

Algo no iba bien, desde hacía mucho tiempo tenías en tu cabeza que algo no iba bien, pero igual que el acordarte de un sueño en mitad del día todas las piezas, que en la noche las veías claras y seguras, ahora estaban difuminadas... y no sólo por tu mente...

Sora....

Sora... ni tan siquiera lograbas acordarte bien de su rostro...

Era castaña, eso lo sabías, de ojos castaño claros, casi verdosos, aceitunados... ¿miel?

No... ¿Cómo era?... ¿Cómo os conocíais? ¿Cómo lo hicisteis?
Mientras más lo pensabas más bloqueado te quedabas, incluso paralizado...

Pasastes los dedos por la suave piedra ambarina que colgaba del cuero marrón, el colgante de tu madre, la única cosa que por alguna extraña razón te hacía tranquilizarte y lentamente fuistes cayendo en un sueño profundo.

Más y más negro... más y más abajo...

Hasta que de pronto oistes unas voces a lo lejos, como cuando alguien habla en otra habitación. Abristes los ojos despacio y no estabas en tu habitación, ni en tu futón, estabas en medio de un camino, sentado en un banco de piedra. Vaya, esto era un sueño... ¿Y qué se hace en los sueños? Muchas veces seguirlos...

Oías unas voces que cada vez venían de más cerca... ¿De dónde? Como en todos los sueños el paisaje se pintaba cuando te fijabas, ya no estabas en cualquier camino, sino en uno de piedra que parecía ascender en una escalera hacia un templo, pues veías el arco torii desde tu posición, arriba había luces y voces, y no eran pocas, de hecho había hasta música.

Te levantaste y andastes escaleras arriba, la música de una flauta sonaba y del tambor, parecía música de fiesta... y al subir... Si, era un... festival de templo. Lleno de puestos de comida, para jugar a cazar peces, de máscaras decorativas,... y estaba abarrotado...

Te adentrastes un poco en aquel lugar y vistes como niños jugaban a cazar peces o a derribar boles con bolas de arroz rellenas y blandas. había un comerciante con una máscara de demonio aterradora que vendía máscaras de todas clases, de kappas, de kitsunes, de onis...

La luz era clara e iluminaba con potencia aún al ser un festival "nocturno" y la música era alegre.

De pronto alguien se chocó con tu hombro. Te distes la vuelta y era... un hombre, o una mujer, no lo tenías claro por su forma anodina de vestir con un traje con cuello mao y pantalones bombachos de blanco, que tenía el pelo totalmente blanco recogido en una cola alta y una máscara del mismo color que le tapaba el rostro con un papel colgado en esta, era una invocación de templo para alejar los malos espíritus... que raro.

"¿Qué haces aquí?"

Te dijo de pronto sorprendiéndote por la forma tan ruda e inquisidora que te lo dijo.

"Los que sois "como tu" no deberíais estar aquí... ha debido de haber.... un vórtice."

¿Un qué?
No te había dado tiempo de nada cuando la mujer te tomó del brazo y te hizo que la siguieras con una fuerza que no te esperabas hasta el puesto con las máscaras y le dijo al vendedor.

"Una de Bakemono."

El hombre se la tendió y le dijo:

"¿Qué me das a cambio? Esa máscara es especialmente buena..."

"No mientas, maldito bastardo, he visto perfectamente de qué esta hecha y ni tan siquiera la has bañado en los siete lagos, así que no merece más que un par de piedras, con suerte."

El comerciante pareció toser algo intimidado y pareció que iba a decir algo más, pero la mujer se lo impidió, sacó algo de su bolsillo y dijo:

"10 gramos de arroz de Inari, y puedes darte más que por satisfecho."

El vendedor cogió el saquito y asintió.

"Sois dura de pelar, ¿neh?"

"No sabéis cuánto."

Respondió esta mientras te ponía la máscara y de nuevo te arrastraba tirando de tu manga hasta fuera del camino principal del templo en donde estaban colocadas todos los puestos.

"Ahora te repetiré la pregunta... ¿Qué haces aquí? No sabes lo peligroso que es esto, así que trata de recordar... ¿Antes de estar aquí donde estabas?"
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Hiruma Eitaro
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Mensaje por Hiruma Eitaro » Jue Nov 29, 2012 7:10 pm

Mientras la misteriosa mujer le llevaba de un lado para otro, Eitaro se sentía despierto. Llevaba tanto tiempo sin poder dormir bien, que nunca se sentía totalmente descansado. Pero podría decirse que estaba como nuevo. Disfrutando a pesar de lo rápido que iba todo.

Aquel conjunto de músicas, voces y luces lo fascinaban. Aquella sensación le retrotraía hasta su infancia. Cuando las fiestas brillaban con luz verdadera, la alegría se compartía y se era feliz de verdad. Cuando los colores tenían toda su fuerza. Como pasaba en aquella fiesta.
No importaba que la niebla de los sueños bordeara su visión con su marco inconfundible. Estaba contento.

Cuando se pararon a comprar la máscara, Eitaro pensó que su fiel amigo lo estaría disfrutando como él.
Pero Rui no estaba allí.

Faltaba su compañero.

Por un momento, pensó que el bullicio de la fiesta habría asustado al águila imperial. Cuando había mucha gente, solía pasar.

Rui, su alma gemela, se asustaba, sobrevolaba el lugar y luego se posaba en el brazo, o junto a él, cuando no había tanta gente.

Pero no lo veía. El cielo estaba oscuro en la noche y su compañero debía haberse alejado o, si no, algo malo pasaba.
El Cangrejo se puso tenso por aquella tontería.
Un alud de ideas le golpearon súbitamente, al mismo tiempo que su compañera le ponía una máscara.

"¿Será un sueño?

¿Estaré delirando?

¿Habré sucumbido a la locura de las Tierras Sombrías?

¿Me habré convertido en una sombra de lo que fui?

¿Un monstruo errante que ya no ve el mundo con sus ojos sino que sueña eternamente mientras vaga sin rumbo?"


Acabar como los Perdidos era una pesadilla recurrente para muchos Cangrejo. Y Eitaro no era diferente. No se podía fiar de aquello. No después de todo lo que se contaba en sus tierras.

Un escalofrío recorrió su piel.
La sensación de agradable fiesta y calor se desvaneció por su propia testarudez.

Por no dejarse llevar.

Por no disfrutar del momento.

Era montaña.
Y la montaña no baila.
No se distrae.
No mientras el enemigo aceche al Imperio.
Y entonces algo se rompió dentro de su cabeza.

No me engañas.

Dijo sin responder a la pregunta que la misteriosa mujer enmascarada acababa de repetirle.

No me engañas. Eres un sueño. Y acabarás mal. Todos mis sueños lo hacen.

No pienses que voy a disfrutarte, sueño.

No creas que me fiaré de tí para que luego el golpe sea peor.

No pienses que tratas con alguien nuevo en esto.


Con la testarudez del Cangrejo, se llevó instintivamente la mano al costado.

¿Realmente quieres saber de dónde vengo?

Bien.

Pues te lo diré, pesadilla latente.

Y así espero que así me dejes descansar. O despertar en paz.

Vengo de Hiruma, en donde no deberías dormirte ni bajar la guardia porque la muerte podría darte caza.

¿Esperas más?

¿Quieres que te diga cómo he llegado hasta aquí mismo?

Pues bien también.

Yo...


Titubeó y calló por un instante.

Yo...

No...

No lo sé. No juegues conmigo.
Déjame descansar.


Eitaro se tocó suavemente la máscara y, por costumbre de las innumerables guardias en el castillo Hiruma, se llevó la mano al brazalete de jade con el Mon de su familia.

El colgante de ámbar de su cuello le colgaba por fuera de la armadura.

"No lo sé. Y no tengo porqué decírtelo. Despiértame."
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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Vie Nov 30, 2012 12:29 pm

¿Aquella máscara te estaba sonriendo o eran sólo delirios de tu mente? Jurarías que al decirle que era un sueño y que no te engañaría te sonrió de vuelta la máscara blanca impoluta. Pero no era posible ¿o si?

"¿Soy un sueño?"

Preguntó con cierto sarcasmo en su voz, una voz susurrada, gutural, profunda y rasposa como una cantante de enka (*canto folkloriko popular) de canciones dramáticas.

"Quizás el sueño seas tu."

Añadió, y si, era sarcasmo lo que había en su voz calmada.

"Eres muy susceptible para ser un Cangrejo.... Creía que estábais mejor preparados para estas cosas... pero claro... en realidad nadie lo está..."

Meditó esta como si hablara sola mirando hacia un cielo tan oscuro que no se veían ni luna ni estrellas.

El brazalete no mostraba nada, no se calentaba ni emitía leves ondas ni se ennegrecía, no era mancha. Pero... cuando Tocastes el colgante...

La mano de la mujer tomó la tuya y tiró de ella haciendo que el colgante saliera de tu vestimenta y ella lo mirara.

"Ahm..."

Casi sonó como un quejido de disgusto.

"Con que ha sido eso... Mal día para invocar los espíritus del Reino de las Travesuras, buscador Hiruma, no sabéis lo que habéis hecho... las lindes están más borrosas que nunca y todo porque Yume-dono (*Yume como sueño y dono de señor, es decir, el Señor Sueño)sufre de melancolía de amor por la pérdida de su querida amada...

No están los senderos para viajar de manera descuidada y más cuando veo que no sabéis lo que estáis haciendo."


Dijo mientras te miraba con los brazos puestos en jarras, apoyados en la cintura como una madre que reprende a un crío.

De pronto un sonido como del crujido de unas ramas vino tras la mujer, y os alertó, esta, con una rapidez que te sorprendió te empujó contra algo que habías tras de ti, parecía un árbol o lo que sería eso en la realidad y metió el colgante en tu kimono mientras se pegaba a ti y siseaba para que te callaras.

"¿Por qué huele a "humano"?

Dijo una voz tras ella, pudiste mirar a través de su hombro y vistes a un par de hombres, muy delgados, demasiado, con cuellos largos y piel blanquecina, que tenían puestas máscaras de kappas en la cara, a medio poner, mostrando unas enormes sonrisa ladinas y peligrosas. Se movían de una manera extraña, imposible de describir, tambaleándose de una manera controlada, más bien como si su cuerpo sufriera pequeñas contracciones que hicieran ondas en su propia carne.

"¿Qué queréis?"

Dijo de pronto aquella extraña mujer mientras se volvía hacia ellos con un tono duro y agresivo.

Los dos hombres se detuvieron al verla y parecieron quedar paralizados, sus sonrisas se desvanecieron.

"Hemos olido a humano y..."

"¿Cómo podéis ser tan lerdos? ¿No es acaso esto un "ningen festival" (*ningen=humano)? ¿Cómo pensáis que va a oler?"

Los dos hombres se quedaron sin saber que decir y miraron hacia donde tu estabas.

"¿Qué estabais haciendo...?"

Preguntó uno al final con más valentía de lo que pensabas. La mujer finalmente se apartó de ti un paso y se puso entre ellos y tu y con una voz sonora, siseada, pero fuerte y poderosa les replicó:

"No deberíais meteros en lo que no os incumbe..."

Luego pareció hacer un gesto, algo que no vistes porque su cuerpo lo tapaba pero a continuación los dos hombres se descompusieron y no tardaron ni un segundo en salir, literalmente corriendo.

La mujer se dio la vuelta mientras resoplaba y te dijo:

"Apestas a humano, si quiero sacarte de aquí voy a tener que eliminar ese olor."

Tras lo cual sacó de su obi una larga pipa mashikanshiha y la encendió. Olía a zandalo, no a tabaco, tras lo cual dio un par de caladas y dejó que saliera humo. Una vez que esta estaba ya totalmente activada te la tendió.

"Da un par de caldas y hechate el humo encima. Ahora.

¿No quieres estar aquí, verdad? Entonces será mejor que colabores, porque no tenemos demasiado tiempo y me estás haciendo llegar tarde a mi cita, y si me retraso demasiado eso no va a ser nada bueno."
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Hiruma Eitaro
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Mensaje por Hiruma Eitaro » Vie Nov 30, 2012 3:00 pm

Como un cachorrillo de zorro que se acerca a comer la uva que le ofrece un humano, Eitaro se aproximó a la mujer.

Habréis de disculparme.

Dijo al fin.

Como si fuera un pájaro vivo, firme para que no se escapara, pero suave para no matarlo, Eitaro cogió la pipa que se le ofrecía.

Si estoy aquí es, sin duda, por accidente.

Pero entiendo lo qué acabáis de hacer por mí.


Relajando la postura, Eitaro observó un instante la pipa, y a la que se lo había ofrecido.

En aquel momento, su miedo y sus preocupaciones se habían evaporado como el humo que salía de la pipa.

No sé quién sois pero, evidentemente, habéis hecho algo bueno por mí.

Eitaro probó la pipa. El olor a sándalo y humo le llenó de sabor la boca.
Cerró los ojos para saborear el instante.

Mis maneras no han sido las adecuadas. Os lo agradezco, os llaméis como os llaméis. Y os pido disculpas.

La segunda calada fue tan intensa que le lloraron los ojos por un momento. El sabor de la pipa y una extraña sensación lo inundaron por completo. En cierto modo, se sentía diferente. Tosió un poco.

Mi nombre es Hiruma Eitaro, aunque creo que eso ya lo sabéis o, por lo menos, conocéis nuestros apellidos. Creo estar aquí por haber tenido el ámbar en mi mano al dormirme. Por eso os confundí con pesadillas.

Con gesto casi ceremonial, Eitaro se bañó la cara con el humo blanco que salía de la pipa.

Antes, cuando habéis hecho huir a esos seres, pensaban atacarme ¿Verdad? ¿Eran antropófagos?

Eitaro devolvió la pipa a la dueña tras lo que él consideró seguir a rajatabla las instrucciones que le habían dado. Lo que Eitaro no se atrevió a preguntar es si los agresores habían huido porque ella se había quitado la máscara o porque hubiera algo más que no le había mostrado a él. La estudió con atención. Incluso, tal vez Yume-dono estaba melancólico por su falta. En cualquier caso, no tenía derecho a preguntar nada de eso. Ni siquiera a estar allí. Demasiado había hecho esa extraña por un desconocido. O tal vez ella ya le conocía a él. Aquello era demasiado extraño y no se podía, como había dicho ella, andar sin saber lo que se hace. Debería ser más precavido con todo aquello. Con razón nunca le gustó lo que se escapaba de su conocimiento. Ojalá alguien le hubiera instruido en esos conocimientos... Instintivamente, era como si algo lo moviera a averiguar más de aquello. Como si hubiera algo más que se le escapaba.
Última edición por Hiruma Eitaro el Vie Nov 30, 2012 3:58 pm, editado 3 veces en total.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Vie Nov 30, 2012 3:49 pm

La mujer se cruzó de brazos mientras te veía fumar y asintió despacio, esta vez parecía más complacida por tu actitud y el aura que reflejaba o esa extraña no expresión-expresión que tenía aquella máscara lisa y blanca pareció reflejar satisfacción ante tu reacción.

"Si... estáis aquí por equivocación, y habéis tenido....... suerte.... te que me haya topado con vos... aunque... quizás no sea suerte..."

Dijo mientras sacaba de su obi algo que parecía una brújula de feng Sui, el arte ancestral de canalizar las energías "chi". Pareció observarla por un segundo y dijo al fin.

"Vaya... me esperaba otra cosa, pero quizás seáis vos el "águila"...."

Luego cerró la tapa con un brusco movimiento de la mano y tendió su blanquisima mano hacia ti pidiéndote la pipa al ver que ya la habías fumado.

"Hiruma Eitaro-san, hoy habéis sobrevivido para contarlo, sin duda tenéis una buena estrella, quizás seáis mi amuleto de la buena suerte en este viaje que he emprendido..."

Tomo la pipa y la apagó con cuidado.

"No eran antropófagos... ¿Os lo parecían? No, eran "hebis" (*serpientes) eran cambiaformas hebis, pero para ti, para el caso, son igual de peligrosos, pues son unos youkais (*espíritus cambiaformas) peligrosos. Suerte que fueron unas "culebras" de nada y son miedicas ante un poco de poder... si llegan a ser otra clase de serpientes hubieramos tenido más problemas, y yo no quiero llamar la atención."

Recalcó eso último.

"Puedes llamarme "Ningen sensei" (sensei humano) aquí, pues no es bueno que se oiga mi verdadero nombre. Y tu no deberías volver a usar el tuyo, si lo oyen podrían usarlo en tu contra, los nombres, Hiruma-san, son muy poderosos... Así que... elegir un nombre nuevo para este viaje..."

Te advirtió mientras miraba en derredor que seguíais solos.

"Ningen sensei" escuchó tu nueva elección de nombre (Fuera de Interpretación o OUT: te dejo que intercales que nombre le digas ahora en tu post) y asintió.

"Debería llevarte ya a tu casa, pero no puedo llegar tarde a mi cita, deberéis venir conmigo, y siendo como ha sido nuestro "fortuito" encuentro, creo pensar que es así como los designios lo quieren."

Suspiró como si todo aquello fuera un problema y te dijo muy seriamente.

"Sigue mis reglas a raja tabla ¿entiendes?
La primera regla es que POR NINGUNA CIRCUNSTANCIAS te quites la máscara que te he dado, o se romperá el hechizo y sabrán qué eres. Entonces, no sé si podré salvarte.

La segunda es que nunca hables primero a menos que yo te lo permita.

Y la tercera es que te pida lo que te pida me hagas caso, aunque te parezca una locura.

Creo que ya te has dado cuenta que no estás en casa, y no sabes cuánta razón tienes.

Si me preguntaras si estás durmiendo te diría que si, en respuesta corta, es un si con un pero en la larga..

Y si me preguntas si puedes morir en este sueño, mi respuesta no sólo es sí, sino que morirías en la realidad. Así que sé cauto, recuerda tu sigilo y adiestramiento para oler el peligro, Cangrejo, y todo saldrá bien...

Porque vas a contemplar una de las cosas que jamás nadie sabrá tan siquiera que existe, así que ni pueden soñarlo... Vas a entrar conmigo en un festival de seres sobrenaturales, algunos amistosos y muchos otros peligrosos...

Así que será mejor que tengas un ojo siempre en tu retaguardia y estés atentos, el mundo de los youkais no es como el nuestro
el nuestro dijo, como si ella señalara que también era humana es un mundo cruel y animalizado, de reglas básicas de supervivencia del más fuerte... Y por nada del mundo queremos mostrarnos débiles... ¿verdad?"

Nigen sensei se dio la vuelta como para comenzar a andar y te espetó:

"Y ahora vamos, tengo alguien con quien reunirme.
No te separes de mi."
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Mensaje por Hiruma Eitaro » Vie Nov 30, 2012 4:53 pm

Ningen sensei-domo, había oído del poder de los nombres.

Pero creí justo que supierais del mío
.


Dije mientras seguía los pasos de tan extraña mujer.

Mi nombre aquí, si no resulta demasiado peligroso, será Rui.

Rui era mi difunto padre y Rui es también el nombre de mi más fiel y querido amigo. Siempre va conmigo.

¿Está bien? ¿O me pone en peligro portar un nombre tan cercano?

Si Rui es demasiado cercano, podéis llamarme Yamato.

Yamato: Suprema armonía.

Nada me vincula con ése nombre.

Así, además, recordaré cómo debo actuar para no delatarme.

Deberé poseer suprema armonía y meditar muy bien cuanto haga.

Y sí. Haré lo que me pidáis.

Sí.

Pero si me pedís algo que contradiga seriamente el código del Bushido, habréis de tener presente que tal vez no pueda mantener mi promesa.

Y si no estáis a mi lado para indicarme cómo actuar haré como mejor crea.

Observaré bien cómo os relacionáis para no fallaros.


Mi cabeza ardía para que esto fuera verdad en éste mundo. Nunca me habían llamado la atención por educación en Hiruma. Pero claro, allí es allí y aquí es otra cosa diferente.

Intentaré ser abierto a vuestras costumbres y "locuras".

Dije sintiendo cómo mi alma Cangrejo se removía por siquiera pensar en aceptar algo tan diametralmente opuesto a mi seria, estoica y disciplinada educación Cangrejo.

Creedme. He visto cosas horribles en mi pasado.
No sé hasta qué punto me sorprenderéis.

Pero lo que me incomoda ahora es la base filosófica de todo código como el que me acabáis de dar:

No quitarme la máscara, No hablar antes sin permiso y hacer lo que digáis.


Dije para memorizarlas.

¿Y si se da un punto en el que tengo que hacer una o la otra pero no se pueden ambas?

Es el claro dilema de obedecer a tu señor y proteger al débil.
Hasta que el señor ordena matar al débil.

Además de cumplir en lo razonable el Bushido, no causaré daño a plebeyos ni al ambiente. No puedo hacer eso. Lo siento.


En mi frente perlaba el sudor por tener que poner peros ante la mujer que acababa de salvarme la vida, pero eran demasiadas emociones.

Verme inmerso en un mundo extraño y peligroso desataba la parte brusca y cerrada del Cangrejo. Podía parecer brusco y cerrado. Pero era mejor eso que estar muerto.

Una cantidad ingente de problemas se me venían encima pero, en el fondo, todo estro me atraía y me empujaba de una forma maravillosa que no sabía muy bien cómo controlar.

Era como encontrar la esencia que llevas buscando toda la vida. El impacto inicial es tan fuerte que a te deja paralizado.

Temía, por otro lado, hacer un movimiento que resultara un insulto, decir una frase que desatara una guerra, que lo que a mí me parecía normal fuera un crimen o viceversa. Temía, además, no estar en posición para realizar aquellas exigencias.

Pero yo era así. Sabía que no podría hacer de otra forma y avisar de ello era más justo y menos peligroso que podía hacer.

Eso sí: no tenía miedo.
Nunca lo había tenido y éste no era el momento de empezar a tenerlo.
Estaba ilusionado.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Vie Nov 30, 2012 5:43 pm

La mujer pareció meditar acerca de tu nombre y al final dijo:

"Rui esta bien, la mayoría de estos no recordaran tu nombre, es sólo... por si acaso. Además, si es un nombre de personas tan cercanas y queridas o traerá suerte."

Concluyó al fin.
La mujer se dio la vuelta y te encaró cuando hablaste del bushi y te dijo muy seriamente.

"No te voy a pedir nada que vaya en contra de tu honor, Cangrejo, pero recuerda que no eres un León ni una Grulla, y que esto no es exactamente el Imperio Esmeralda, no te enfrentas contra humanos y no sirven las normas que conoces, así que no te dejes matar tontamente por un tecnicismo de honor.

Si tienes que elegir, elige vivir, siempre."


Dijo esto muy despacio, como si tratara de implantártelo en la mente.

"No sabéis nada, Rui-san, na-da... habéis vivido sólo mirando hacia las criaturas corruptas y habéis dado la espalda a toodo lo demás que os rodea, y que es igualmente de importante, así que creedme cuando os digo que os va a sorprender..."

Dijo con cierto toque divertido en su voz, en pura ironía por todo lo que pasaba, que ya de por si era lo más raro que jamás te había pasado.

"Por los Diez Mil Kamis Benditos de las Montañas Dragón! Mis reglas son para manteneros a salvo, creedme, aquí vos sois el débil y el campesino. Así que descuidar, que no se van a solapar estas en pro del mal de otros, si acaso del vuestro.

¿Entendéis? Aquí no soy na-die. No sois más que comida, quiero que eso os quede muy claro, todos los que están ahí fuera, de una manera u otra podrían mataros, con o sin razón, con o sin crueldad, y lo que no debéis tener ahora mismo en la cabeza es que eres tu el que podrías decidir entre la vida y la muerte de otros.

Necesito que pienses claro. Tu eres su cena. ¿Lo entiendes? No tienes armas
algo de lo que hasta ahora no te habías percatado y aunque la tuvieras no tendrías nada con lo que hacerles daño, así que deja esa arrogancia de samurai a un lado y sigue mis reglas si quieres volver a casa, en donde el honor te puede ser un problema y en donde puedes tener dilemas morales acerca de tu superioridad.

Porque, Rui-san, te aseguro que ahora mismo no estas en esa situación."


Sensei habló muy claro, remarcando bien ciertas palabras y con un tono no amenazante pero si amenazador acerca de lo que había "allá".

Sin embargo de nuevo aquella máscara te mostró una media sonrisa, como si ella supiera lo que anhelabas, tu falta de miedo y hasta tu ilusión. Asintió a algún pensamiento mental y te hizo una seña para que la siguieras...


Cuando "salisteis" de aquel trozo de oscuridad, de aquel sendero fuera del templo el festival parecía más lleno de personas que cuando llegastes, y más lleno de personas.... extrañas. Habían niños que corrían y tenían colas de animales, pasó a tu lado un hombre enorme con una máscara de tengo y al estar justo a tu lado te distes cuenta que No era una máscara de tengu, una anciana flotaba encima de una nube amarillenta de vapor de color translúcido y los farolillos que alumbraban el festival... no eran tales, eran fuegos fatuos...

Tantas visiones extrañas a la vez casi hizo que te pararas de golpe, entonces sentistes una pequeña pero fuerte, fría pero cálida a la vez mano que te jaló. Ningen te dio un tirón y te ordenó que la siguieras hacia el final del festival, pasando por al lado de enormes hombres vestidos con túnicas informes negras y máscaras blancas y puestos de comida que... parecían de todo menos comida...

Todo era parecido a un festival de templo de "tu mundo" pero... retorcido, retocado, como la visión de un extranjero extraño de lo que tu veías... o mejor dicho, la visión de un youkai de lo que ustedes teníais...

Al final del camino del suponible templo había realmente una enorme mansión custodiada por dos enormes perros a la entrada.

Ningen no se paró ni tan siquiera cuando estos sacaron los dientes, sólo hizo un gesto con la mano y enseñó un amuleto de plata, algo que no vistes bien pero que de nuevo hizo que los animales retrocedieran.

¿Sería lo que vieron esos "hebis" que tanto miedo les causó?

Apenas habíais andado un poco dentro del patio de aquella mansión cuando salió a vuestro encuentro una mujer, parecía una criada, con una máscara de zorro.

"Oh! Sensei, la estábamos esperando con impaciencia."

"Perdonar el retraso, unos hebis impertinentes me impidieron hacerlo antes..."

La mujer con la máscara de zorro te miró con ojos curiosos tras las cuentas oscuras, no tuvo que hablar cuando Ningen dijo:

"Viene conmigo."

"Oh si... claro..."

Replicó la mujer mientras se inclinaba y os hacía pasar por unos pasillos hasta una preciosa sala abierta en medio de un patio central lleno de cerezos en flor florecidos, en mitad de la noche, en donde había un viejecito, muy arrugado, sentado bajo el más grande de estos, sobre una piedra blanca. A su lado había un hombre de pie, era alto y robusto y portaba también una de esas máscara de festival de zorro.

Ningen anduvo hasta estar a unos quince pasos y se inclinó profundamente no sin antes hacerte una señal para que la imitases.

"Oh... que bueno veros por aquí, Ningen sensei..."

Dijo con voz quebrada el anciano.

"Espero que no os haya costado llegar...."

Ningen se levantó despacio y anduvo unos pocos pasos más, hasta un cojín a unos diez pasos en donde se sentó y te indicó que lo hicieras a su lado.

"Mentiría si os dijera que ha sido el viaje más sencillo que he hecho, pero no ha sido nada... Simplemente, ya sabemos todos cómo están las cosas... últimamente... por los "caminos"...."

El anciano asintió mientras el hombre robusto se doblaba y le decía algo al oído. El anciano asintió y dijo:

"Y veo que habéis venido acompañada... qué raro en vos."ç

"No tanto. dijo esta con sequedad y convicción Para poder viajar hoy tenía que hacerlo con un águila, y él es mi águila."

El anciano dejó un "aahh" en su boca y dijo:

"No sabía que "despierta" supierais de cetrería..."

"Claro respondió esta sin dudarlo es básico, ya sabéis que no sois los únicos... animales... con los que hablo."

Ante aquellas palabras el hombre robusto pareció tensar su cuerpo, pero el anciano le tocó con la punta de sus dedos mientras se reía y le pedía que se calmara.

"Veo que seguís con el mismo humor jocoso que siempre, sensei, eso es bueno, nunca hay que perder el humor...

Siento que aquí mi hijo no esté actualmente en condiciones de comprenderlo..."


Ningen asintió despacio.

"Siento yo no haber tenido tacto, si le ha ofendido... Sé que están pasando unos momentos duros..."

El anciano asintió.

"¿Y bien? ¿Sabéis algo?"

Ningen asintió despacio.

"Si, he encontrado nuevas pistas.... pero... antes, ya sabéis cómo van estas cosas, viejo zorro."

El anciano dejó una risilla en el aire y asintió.

"Esta bien, está bien... es lo justo."

"Es lo pactado."

Añadió esta haciendo que el anciano volviera a sonreir. Le hizo este una seña al hombre robusto de su lado que parecía ser su hijo y este sacó de detrás de la piedra una bolsa de terciopelo negro grande que se lo acercó despacio.

Ningen cogió la bolsa, la abrió, vistes algo relucir dentro, inspeccionó por encima algo, tocó dentro, sonó un ruido y asintió por fin mientras cerraba la bolsa.

"Sólo por rutina..."

Se "disculpó" por comprobar el trato.

"No, no... lo entiendo, entiendo que sabéis con quién tratáis..."

Dijo el anciano con una sonrisa sibilina.

"Y yo entiendo que ustedes sabéis que no se me miente..."

La máscara de Ningen pareció sonreír con arrogancia...
Un largo silencio se hizo y al final habló.

"Tengo una buena y una mala noticia... ¿Cuál quieren primero?"

El anciano miró a su hijo y cuchichearon.

"La buena."

"El Clan Hebi no ha sido el culpable del secuentro de su nieta, viejo zorro."

El anciano suspiró.

"No tendrán que ir a la guerra."

Añadió Ningen.

"¿Y la mala?"

Ningen se lo pensó, pareció costarle arrancar y al final dijo:

"Me temo que todo esto es mucho mayor de lo que habíamos creído, han secuestrado a otras chicas como vuestra nieta en otros Clanes, todos los... "melocotones" han ido desapareciendo uno tras otro....

Me temo que su Sora fue la primera de una larga lista... pero sólo la punta del iceberg."



¿Sora? De pronto vino a tu mente el zorro herido, y más tarde una Sora, tu Sora, con claridad y una imagen detallada, herida en el mismo costado. Ella aquel día te lo había descubierto... ¿Por qué lo habías olvidado? Ella era... ¿Un Kitsune? ¿un Kitsune no de clan sino de verdad?

¿Qué te hizo olvidarla? ¿Por qué te dolía tanto la cabeza¿ De pronto parecía que iba a explotar...

Entonces.... lo recordaste, aquella masa informe "devorándola" y sólo dos palabras en su boca "Otosan Uchi"
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
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Hiruma Eitaro
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Mensaje por Hiruma Eitaro » Lun Dic 03, 2012 10:59 am

En la feria un sudor frío que surge en las situaciones difíciles hizo mella en mí.

Ya había ocurrido.

No acababa de llegar y ya había cometido el primer error.
Sensei se había molestado.

Con razón.

Debía admitir que mis respuestas no habían sido cuidadosamente elegidas.

Pero, tras la incómoda situación (y a pesar de que la tendencia normal me movía hacia la testaruda postura del Cangrejo y trataba de hacerme ver que todo aquello no era un error y que siguiera en mi puesto), me dejé llevar.

Sensei me guiaba entre la multitud de la fiesta.

Aquello era, efectivamente, inenarrable. La magia y la fantasía me rodeaban por todas partes. Mis cinco sentidos se saturaban de olores, colores, sensaciones y experiencias nuevas. Nunca había visto nada parecido y, ciertamente, casi nadie podrá decir haberlo hecho desde entonces.

Estaba en el lugar al que miles de personas quieren ir pero no pueden y otras miles temen acabar.

Debo admitir que, hasta ese momento, yo era de los que temían venir. Tanto tiempo viviendo en la frontera con la oscuridad, había llegado a pensar, en la ceguera del hombre acostumbrado a la rutina, que todo lo diferente era malo.

Cuán equivocado estaba. Allí estaba, empezando a descubrir y disfrutar de un mundo nuevo: magia moviéndose con total naturalidad, una anciana levitando, seres mitológicos, peligros insospechados...

Así que todos aquellos seres existían. Yo los creía propios de cuentos infantiles y antiguos rituales.

Pero no. Allí estaba descubriéndolos yo. Fijándome con atención para recordarlo todo.

Por suerte para mí, llevaba el nombre de mi padre. Eso me guió y protegió. Mis ancestros me acompañaban incluso allí o, quién sabe, precisamente más allí que en cualquier otra parte.

Era el águila. Llevaba el nombre de mi compañero infatigable de aventuras, así que aquello aún me intrigaba más. De los dos nombres que le propuse a Sensei eligió el del águila sin saber, tal vez, siquiera que existía el animal realmente. Eso debía ser el karma. O el chi. No sabía qué era pero me gustaba. Estaba dispuesto a averiguar qué significaba.

Sin duda. Rui tendría que sentirse orgulloso de mi actuación. Eso por descontado. Descubrí que yo debía ser, para éste mundo, como Rui para el nuestro. Tenía algo diferente a los demás y Sensei era mi cetrera. Eso me ayudó a comprenderlo todo perfectamente.

Como un niño que ve el mundo desde unos ojos no moldeados por la costumbre, empecé a vislumbrar los seres que me rodeaban. Era maravilloso. Hipnotizante. Personas que, en apariencia eran humanas
pero algo las hacía diferentes, seres parecidos a peces, o a tortugas que disfrutaban de la fiesta como uno más...

Era como estar en una fiesta humana pero con todo lo que a una fiesta le gustaría tener hecho realidad.

Pero las emociones acababan de empezar.

Los mastines de la entrada del palacio me sobrecogieron. Pensé si serían capaces, pese a mi ritual, de leer mi humanidad. Pero, salvo gruñir y asustarse de Ningen (ésta mujer tenía algo que era demasiado peligroso para mi comprensión), no causaron más molestia.

Creía comprender que Ningen, gracias a algún poder mágico de un amuleto o, a través de su propia esencia, tenía cierto poder sobre animales o seres íntimamente unidos a animales, como los hebis. Seguro que con el tiempo descubría más. Tenía cierto sentido aquello entonces.

Cuando salió a recibirnos la criada con la máscara de zorro pensé si sería una Kitsune de verdad. Los conocía. Había oído hablar de ellos. Conocía algo de su clan y poco de su origen real.

De pronto, pensé si los seres de aquél lugar llevarían hoy una máscara de lo que les representaba. Si aquella Kitsune llevaba una máscara de zorro... ¿Qué significaría la de Sensei?

Me quedé muy quieto y firme cual estatua cuando me miró la criada. Parecía más convencida que los mastines sobre dejarme pasar. También sabía que los Kitsu no eran tan suspicaces como otros animales, así que era probable llegar a acuerdos con seres que se semejaran. Me gustaba de ellos su práctica inteligencia y su rápida toma de decisiones. Basadas, probablemente, en una inteligencia inspirada por su instinto.

Los cerezos en flor del patio nocturno me asombraron y me recordaron el Dojo Hiruma. Aquél palacio fantástico era incomparablemente más hermoso, claro, pero el olor y los colores me trajeron a la mente mis ejercicios, siempre que podía hacerlos, entre los cerezos de nuestro seco y marcial Dojo.

Pensé que iba vestido bastante acorde para la ocasión. El haber llegado aquí cuando no llevaba mi armadura había hecho que no pareciera lo que era. No era que llevar la armadura fuera descortés, claro. Sobre todo si llevaba "La Luz de Hiruma" puesta. Pero el no llevarla me ayudaba a sentirme más desapercibido. Me hacía más apto para tratar temas en un palacio.

Me sentía mucho más cómodo, allí, yendo como iba.

Imagen

Me senté con ellos cuando me lo indicó Sensei.

Me encontraba por dentro, exactamente, como debe sentirse Rui en mi mano cuando vamos de caza.

Cuando Sensei dijo: "Para poder viajar hoy tenía que hacerlo con un águila, y él es mi águila." Hice una pequeña reverencia formal. Efectivamente, todo cuadraba.

En el momento del pago me puse algo tenso, al no saber si la negociación iba por buen camino. El anciano era encantador. Su hijo no tanto.

Y de pronto:

Sora...

Ése nombre tronó en mi interior y removió todo mi cuerpo.

Sora.

Ese nombre me trajo tanto a la memoria que no podía quedarme quieto.

Resistí con todas mis fuerzas gritarlo a los cuatro vientos. Pero, por dentro, el nombre se repetía y amplificaba como un grito eterno.
Logré mantener la compostura. Aunque mi alma pudiera haberlo gritado tan alto que el cielo lo habría oído.

Sora existía. No sólo era aquella imagen borrosa de lo que yo recordaba en una infancia feliz y un montón de recuerdos bloqueados de mi pasado.

Recordé el momento en el que un zorro me salvó la vida ante el ataque de un Bakemono en mi Gempukku...

Instintivamente acaricié la máscara que llevaba puesto y me sobrecogí. Maldita era la gracia de aquella ironía...

Sora. Sora existía. No sólo era una niña curiosa y feliz que se había refugiado en nuestro clan (y casi siempre en nuestra casa) durante los años de mi infancia. No sólo era el espíritu de la alegría y las travesuras.

¡Podía ser un Kitsune de verdad! Dios mío, aquello era...

Pero no. Tenía que aguantarme. Después Sensei tenía que saberlo. Por supuesto. Pero ahora debía permanecer callado. No sabía si esa nueva información cambiaría lo que estaban tratando. Además, no había sido preguntado.

¡Cómo pude olvirlarla! Y ¡¿Porqué no me había acordado apenas de ella hasta entonces?! ¡Había jurado encontrarla! Cielos.

Hasta eso había olvidado.

Dios mío. Recordé la masa informe llevándosela de mi lado. Herida. En la oscuridad. El día que murió mi familia y se quemó mi casa. El peor día de mi vida.

Y sólo Otosan Uchi.

Sensei debía saberlo. ¡Pero no debía hablar! Esperaría. Cuando estuvieran a solas debía saberlo.

Otosan Uchi. Debía descubrir, si había sido secuestrada, con qué fin.

Debía salvarla.

Hoy había tenido suerte.

Sí.

La suerte del que puede volver a empezar lo que debía haber hecho.

Recuperaría su memoria.

Y cumpliría su juramento. Aunque fuera lo último que hiciera.
Para que el mal triunfe basta con que los buenos hombres no hagan nada.

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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Lun Dic 03, 2012 12:52 pm

Metido en tus propios pensamientos no te distes cuenta que la mano de Ningen pasó por tu pierna, como si te dijera "tranquilo..." y una sensación de calma te recorrió de pronto, tus palabras y las imágenes estaban acorraladas en tu cabeza, podías verla, pero de pronto era como si estuvieran bajo llave, bajo control.

"Sólo la punta del problema decís...."

Musitó el anciano.

"¿Se me permite una recomendación?"

Dijo de pronto la sensei haciendo que el anciano asintiera despacio, aunque el otro hombre, su hijo, parecía ofendido con esa forma de hablar de la mujer.

"Recomendaría que hiciérais un cónclave con el resto de los hengeyoukais, sería más rápido si yo pudiera tener toda la información de golpe sin tener que estar "de un lado para otro"... Esta claro que este problema trasciende de un Reino, y me necesitáis."

"¿Qué os necesitamo?"

Dijo por fin el hijo del anciano zorro, su voz era poderosa, resonaba en todo el patio y parecía llena de ira y frustración. Pero Ningen no tenía miedo, ni se movió.

"Si."

Dijo tal cual, sin importarle lo que pasara o la ira que pudiera traer, con tanta sinceridad que dejó al enorme hombre helado.

El anciano asintió despacio y le dio un toque con su mano a su hijo para que se calmara.

"Tenéis razón... Sensei... os necesitamos... nadie es una Caminante de Reinos como vos... nadie puede estar en todos los lugares que necesitamos.... Sin tener los enemigos que todos tenemos..."

Ningen asintió.

"Pero... ¿Dónde nos reuniremos? Los Clanes están muy enfrentados...."

Meditó este.

"No os preocupéis, señor, yo misma pondré el Plano, yo me ocuparé del lugar neutral, lo que necesito es que todos asistan, porque me temo que el problema que nos encontramos podría ser muy peligroso, y no hablo sólo para el Reino del Chikushudo (* Chikushudo reino en el que habitan los cambiaformas animales como los Kitsunes).... empiezo a temer que puede extenderse a otros...."

El anciano asintió despacio.

"Es muy amable por su parte..."

"Demasiado. Dijo de pronto el otro ¿Por qué debemos fiarnos de ti? ¿Qué sacas tu en todo esto?"

Ningen negó despacio con la cabeza y dijo:

"¿Yo? Nada y todo... No se trata "de mí" y no se trata "de vosotros" se trata de la equidad y del restablecimiento de las energías...

Yo soy la Shisho (*maestra) de los Reinos, yo soy la Doctora de ellos, y es mi deber proteger el orden."


El anciano zorro asintió despacio y dijo:

"Que así sea... Convocaré a los líderes de los otros Clanes y te haremos saber cuándo nos reuniremos."

"Que sea pronto... no tenemos tiempo que perder."

Añadió esta mientras se levantaba.

"Gracias por su hospitalidad."

Dijo esta mientras se inclinaba para marcharos.

"Una cosa... sensei..."

Llamó la atención el anciano antes de irnos. La mujer se volvió.

"¿Para qué queríais el espejo?"

La máscara de la mujer pareció sonreir.

"Para una diosa que lleva muchos años llorando por él... creo que merece estar en paz al fin..."

Respondió esta mientras se daba la vuelta y con un gesto de la mano te ordenaba que la siguieras, mientras de fondo se oyó una fina risa del anciano, tal y como había dicho, nada era para ella. Era como si el anciano hubiera querido comprobarlo, y era la verdad.

Ningen no te habló hasta que salisteis de la enorme mansión, en cuyo momento te hizo que la siguieras por las lindes de esta, pero no por la parte que habíais llegado la primera vez, sino por un lateral, evitando el festival. Cuando estuvisteis a unos cien metros de todo aquello, en lo que parecía un claro del bosque se paró en seco, se volvió y te dijo:

"¿Qué era eso? ¿Qué vistes? ¿Qué sabes? Y lo que es más importante...¿Por qué vi a Sora en tu cabeza?"
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Hiruma Eitaro
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Mensaje por Hiruma Eitaro » Lun Dic 03, 2012 10:44 pm

Cuando Ningen Sensei indicó que la siguiera, me levanté con calma y crucé una mirada respetuosa de despedida con los interlocutores.

El anciano se despidió con la sonrisa aún en la boca.
Por el asunto del espejo.

Su hijo...

Bueno, su hijo era con el anciano lo que yo con Ningen.

O más bien no.

Yo era el águila de Sensei y él era el mastín de guerra del anciano.
Son seres muy diferentes.

Y, precisamente aquí, eso marca una diferencia muy grande.

Sí. El hijo podría ser un Kitsune. Pero actuaba como un mastín.

Como los que había en la puerta al entrar.

Bueno. Al menos yo estaba por encima del mastín.
Las águilas vuelan. Jajajaja.

Estaba contento.
El hecho de que la reunión no hubiera sido tan diferente a la que hubiera podido tener con un dignatario de Rokugán me tranquilizó.

Los Cangrejos tenemos fama de bruscos y poco cortesanos.
Pero yo no me consideraba como el resto de mi clan en ese aspecto.

Podría haber tenido un inicio difícil con Sensei.
Pero eso en mi clan lo hubieran visto como un inicio extraordinariamente perfecto.
Cosa que dice bastante de mi clan. Pero es normal.

Sin embargo, me picaba la curiosidad por saber más de lo que se esperaba de mi.

No. Era más que curiosidad. Necesitaba saberlo.

Cuando nos quedamos a solas estaba feliz.
Como (acababa de recordarlo), le pasaba a Sora después de una travesura.
Bueno. Y porqué no: como yo mismo era feliz cuando la conocía.
Añoraba sentirme así.

Sora.

No se me había quitado de la cabeza ni un momento desde que la recordé.

Entonces llegamos al claro maravilloso junto a la mansión.

Tenía (como todo allí) algo mágico.

Imagen

- ¿Sensei...?

¿Cómo has leído...?

Mmmm... No se te escapa nada. ¿Mmmmh?

No sé si decir que uno es libre de pensar lo que quiera y esclavo de lo que dice.

Así que no me responsabilizo de lo que puedas leer ahí dentro.


Sólo por si acaso, durante un breve suspiro, me imaginé a mi mismo sacándole la lengua a Sensei. Por si acaso. Sin que se notara por fuera.

Como mensaje a los que miran donde no deben. A ver si podía leerlo.

- No sé muy bien qué ha pasado cuando hablabas con ese anciano.

Además, me ha intrigado mucho lo que ha dicho de que cuando "estás despierta" eres cetrera.

Creo entender qué eres si no sueles estar despierta.
Pero no entiendo cuál es mi función en todo esto, y qué significa ser un águila. Espero que me ilumines para poder ayudarte mejor.

En cualquier caso, ha roto algo que frenaba mi cabeza.

Sí. Conocí a Sora.

Lo era todo y, después de perderla, olvidé casi todo de ella casi por arte de magia.

Pero ahora he empezado a recordar cosas.

Era como mi hermana.
Era... Bueno, creo que era mi alma gemela.

Cuando la habéis nombrado casi me da un vuelco el corazón.
Ella supone la alegría en mi vida. Ella significa la felicidad.

Era...

Bueno.

Mis recuerdos son terriblemente borrosos desde que desapareció.
Pero supongo que si alguien te puede hablar de ella soy yo.

Tal vez mi padre o mi madre hubieran podido contarte más cosas. Pero ahora es imposible.

Cuando la nombrasteis, decenas de recuerdos azotaron mi mente.

Recuerdo cómo desapareció, en la mil veces maldita noche de las Tierras Sombrías.

Fue arrastrada por una masa sin forma que, prácticamente, me la arrancó de las manos.

Horas antes, lo último que me había dado, como ironía del destino, era un bol de arroz.
Luego entenderás porqué.
Le había dicho que ni se le ocurriera seguirme en mi Gempukku, que era muy peligroso.

Pero no me hizo caso.
Yo mismo medio la invité, aunque no quería que se hiciera daño.
Recuerdo haber sufrido mucho por creer que aquello le pasó por mi culpa.

Sabía que si no la invitaba no vendría. Pero no fui tajante.

Perdona. Aquello...


Por un momento callé.

Empecé a sentir la angustia de los que recuerdan traumas que les afectan.

Notaba los golpes de mis lágrimas intentando salir a borbotones.
Pero resistía cual Muralla Kaiu.
Empleé todas mis fuerzas y me calmé.
Otra cosa tal vez no. Pero era tan duro como la montaña.

- Pero también he recordado otros trazos maravillosos.
Son pinceladas de un lienzo enorme pero del que puedo ir uniendo historias.

Recuerdo el día en que la conocí: Era un niño muy pequeño. Pero me acuerdo.


Recuperé la compostura.

- Caminaba con mi padre por la parte interior de las tierras Cangrejo.

Lejos de casa.

Cerca del Shinomen.

Recuerdo que nos juntamos con una caravana que venía de dentro del bosque. Varios refugiados o emigrantes salían de allí. No sé porqué. Era muy niño y aquellas cosas aún me parecían asuntos de mayores.

Y la vi.

Bueno.

Más bien...

No la vi.

Me vio ella primero.

Mi padre me acababa de regalar un bol de cerámica.
Se lo había comprado a los de la caravana.

Yo estaba muy contento porque era mi cumpleaños y era un bonito regalo.

En cuanto me lo dio, me giré para agradecérselo y mi bol había desaparecido.

Estaba a unos 10 pasos de donde lo había dejado.

Lo volvía coger y, en el siguiente despiste, volvió a aparecer a 10 pasos en otro sitio.
Así una y otra vez fue desapareciéndome y apareciendo a 10 pasos.

Enfurruñado como sólo un Cangrejo sabe, lo agarré con todas mis fuerzas y, mirando para todos los lados, intenté ver de dónde venía la magia de aquello.

Pero el bol me desapareció de las manos.
¡Me lo había cambiado por una rama y no me di cuenta en un buen rato!

Estaba tan atento de ver quién se acercaba que ni me di cuenta de que me lo había cambiado.

Entonces ella apareció con el bol en las manos.
Estaba riéndose a carcajadas la maldita. Yo me enfadé pero ella supo calmarme y hacerme ver que sólo había sido una broma.
Me propuso recuperarlo.

No sé cómo lo hizo, pues no se movió mientras estaba hablando con ella, pero había subido el bol a un árbol pequeño.
No puedo explicarme cómo lo logró.

Me dijo que era mío. Que lo cogiera.

Me desafió a cogerlo.
Estaba furioso, así que me lancé corriendo.
Subí y, como no podía ser de otra forma, me caí, con el bol, del árbol.

No era un árbol muy alto, pero el bol se rompió, mi padre se enfadó y yo me hice un moratón que me duró varios días.

Un Cangrejo diría que fue un mal comienzo.
Un Kitsune, que fue maravilloso.

Yo entonces lo entendí como Cangrejo.
Ahora siempre como Zorro.

Verás, entiendo que tienes un asunto que puede afectar a varios planos espirituales.
Sé que desconozco cómo actuar y que puedo suponer incluso un problema.
Pero me gustaría ayudarte.
Necesito hacer algo por recordarla. Por encontrarla.

Juré encontrar a Sora y, sin duda, creo que eres la única persona que puede ayudarme.

Espera...
Recuerdo que me dijo algo más el día que desapareció.
Ahhh... Está borroso.
No recuerdo. No...

No sé. Dijo cosas muy importantes.

Pero aquella es especialmente importante.
Maldición, creo que la he recordado antes, en la reunión.

¡Sí!

Otosan Uchi. Lo último que dijo Sora fue Otosan Uchi.


Ahí sí. A pesar de haber intentado evitarlo recordando la historia de cómo conocí a Sora, al recordar el momento tan horrible de su desaparición (como su muerte para mí) rompí a llorar.

No lo había hecho nunca. Ni el día del Gempukku ni después en la madurez.

Pero aquellas eran demasiadas emociones para un día.
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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar Dic 04, 2012 11:41 am

OUT
Todos los recuerdos, que conste, no se te han desbloqueado, sólo los que yo te voy diciendo
IN


"Por favor... deja el pavoneo para otros mundos en los que puedas realmente hacer algo...."

te dijo de pronto Ningen por la escena que habías montado en tu mente.

"Mi "yo" de Chikushudo no tiene la misma paciencia que mi yo de otros mundos."

Añadió con tono hasta jocoso.

"No le des demasiadas vueltas a lo que no entiendes, pues no entiendes nada...

Lo que me intriga es lo que yo no entiendo... Como por ejemplo por qué en la predicción de antes de venir me salió el águila y cómo es que tu has llegado hasta aquí, o lo que es más cómo es que conocías a Sora..."


Luego quedó callada mientras oía tu relato e incluso al final, cuando las lágrimas brotaron se cruzó de brazos y miró al cielo nocturno estrellado.

"Sora...... Sora.....

¿Por qué la has conocido? Por qué ella se fijó en ti... y por qué estas aquí... Esta claro que nada es casual...

Y sobretodo... "Eso".... si... si "eso" se la llevó... entonces es más grave incluso de lo que pensaba... puede que tenga que tomar ciertas medidas que no pensaba y hay que empezar ya...

Y sin duda tu debes estar en esto...."


Meditó en voz alta. Buscó algo en su obi y sacó un pañuelo y te lo tendió:

"Enjuga tus lágrimas "Rui-san" porque Sora no está muerta, sólo desaparecida, y vamos a encontrarla, a ella y a las demás. Y el destino te ha colocado en mi camino porque está claro que desea que seas parte de esto...

Así que te diré una cosa. Si, a Otosan Uchi debes ir, porque allí es donde yo estoy dormida soñando este sueño."
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Mensaje por Hiruma Eitaro » Vie Dic 07, 2012 10:02 pm

Al principio rechacé el pañuelo, pero finalmente lo cogí y me sequé las lágrimas con él.

- ¿Sólo desaparecida? ¿De verdad? ¿Qué le ha pasado?


Dije mientras devolvía el pañuelo a su dueña.

- ¿Cómo sabes que están vivas? Necesito esa luz de esperanza que me muestras.

Por un momento, la luz volvió a los ojos de Eitaro, haciéndole parecer más joven.

- Cuando nos juntemos en Otonuchi San comprenderás porqué me llaman Águila. Iré acompañado de Rui, mi águila imperial. Mi fiel amiga. Dime: ¿Cómo y dónde debo buscarte? ¿Cómo sabré que te he encontrado? ¿Puedo hacer algo por ayudar en tu búsqueda mientras vuelvo? Son demasiadas preguntas las que guardo en mi interior...

Y así, sin darse cuenta de lo cambiado que estaba con respecto al yo de fuera, me sentí como si en esos mundos fuera, ciertamente, otro. Como lo que había dicho Sensei acerca de poseer diferentes comportamientos en los diferentes planos. Aquél plano me cambiaba por dentro. En cualquier otro lugar no hubiera roto a llorar como me acababa de pasar.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar Dic 11, 2012 11:13 am

"Sólo desaparecida......

Por ahora."


Dijo Sensei Ningen muy despacio, y aquellas últimas dos palabras casi tan flojo que no las oístes.

"Estan vivas, lo sé, porque... lo que las tiene las necesita con vida, aún...."

"Lo que las necesita" no "Quien".... Cada vez se ponía esto más raro pero a la vez más intrigante.

Ningen no parecía querer decir más, se cruzó de brazos y miró hacia el cielo nocturno.

Luego te miró a ti directamente y se acercó a ti mientras alzaba un dedo y lo ponía en tu frente.

"Cuando nos encontremos en Otosan Uchi, la capital, te explicaré muchas cosas, aunque siempre habrán más preguntas que respuestas...

Tranquilo, me encontrarás...

Y ahora....

VE!"


De pronto sentistes como una enorme presión en la cabeza, un enorme mareo tal como si sintieras que te caías hacia trás y cuando te distes cuenta....

Estabas en tu futón, te habías despertado de golpe, con el corazón a mil, sudando y con una cosa clara.

Miya Nisio.

Sensei Ningen te había dejado sólo ese nombre para encontrarla en la capital....




OUT
Puedes si quieres poner un último post en plan pensamientos o lo que quieras pero con esto queda cerrado el preludio, espero que te haya gustado. Ahora te he abierto otro tema justo a continuación. Búscalo con tu nombre como "Día 5. Mañana. Hiruma Eitaro"
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Mensaje por Hiruma Eitaro » Mar Dic 11, 2012 3:36 pm

Era noche cerrada.

Los hombres y mujeres del castillo Hiruma dormían plácidamente. Sin embargo, yo acababa de despertar, literalmente, a una nueva forma de ver el mundo.
Con paciencia, me concentré y medité siguiendo los ejercicios que me habían enseñado a hacer cada mañana. Como si de un día normal se tratara, seguí todas mis costumbres pese a ser prácticamente media noche.
Cuando terminé, junté todos mis bienes. Me puse la Luz de Hiruma, la armadura que era el orgullo de la familia, y me dirigí a mi Daimyo. Debía pedir permiso para marchar a Otosan Uchi. Habían terminado los días de inactividad en el Castillo. Era el momento de cumplir las promesas hechas.

No me sería negado mi deseo.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue Dic 13, 2012 10:51 am

OUT
Preludio finalizado.
Buen trabajo =^^=
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