Día 5º.- Tarde.- El comienzo de la ola

Ciudad imperial, morada del Hantei, la ciudad más grande e importante del imperio esmeralda.<br>Aqui se narran los hechos dentro de los distritos exteriores y los distritos interiores.
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Miya Nadesiko
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Día 5º.- Tarde.- El comienzo de la ola

Mensaje por Miya Nadesiko » Lun Oct 20, 2014 6:58 pm

** Los sucesos narrados a continuación son de carácter público debido a dónde se producen y la cantidad de personas que están cerca.
Lo que NO es de carácter público como tal son las palabras textuales, todos los personajes que aparecen ni todos los detalles, debido a que esta escena esta tomada desde muchos puntos de vista y algunas pasan en privado. Sin embargo, como creo que todos tenemos cabeza y somos mayorcitos, creo que queda bastante claro qué es lo que será de carácter público y que no.
Si hay dudas para eso estoy, pero quería hacer algo así desde hacía tiempo, y así me recreo jaja **





Ciudad Prohibida.
Durante el seminario de Esgrima de Kakita Notatsu



Otomo Hisemasa, el puño, había salido aceleradamente del seminario de esgrima, algo totalmente impropio de él, pero el mensaje que le había llegado de un Seppun era demasiado importante para que no tuviera que ser atendido personalmente.

Ikesu debía de saberlo, incluso antes que él, pues desde hacía rato no estaba en la bancada de los altos cortesanos. De hecho, Otomo Ikesu "el juez" le esperaba en el patio tras la bancada de los cortesanos, ya con rostro de circunstancia.

"¡¿Cómo ha pasado?!"

Rugió Hisemasa al llegar a su lado, pero incluso con aquel porte tan enorme y fiero no despeinó ni hizo mostrar ningún síntoma en el ánimo del juez, era una de las cosas que enervaban a Hisemasa, podía estar extremadamente tranquilo hasta en momentos de estrés, pero era implacable siempre... como la calma antes de la tormenta.

"Cómo quieres que lo sepa si acabo de enterarme, iba a ir ahora mismo hacia allí, pero te he visto moverte y he supuesto que uno de tus hombres te había avisado..."

Casi parecía desganadamente molesto de tener que estar allí perdiendo el tiempo con él.

"Quiero la cabeza del que lo ha hecho. Y quiero que sea de NUESTRA competencia ¿entiendes?"

Cualquiera se echaría a temblar ante la ira de Hisemasa, que parecía crecer con esta, pero no Ikesu, este rió de golpe, haciendo que el humor del otro se tornara aún peor.

"¿Eso es una orden?"

Hisemasa se mordió la lengua, no podía ordenarle nada a un igual.

"No."

Masculló. Ikesu sonrió de forma sibilina y le dijo entonces:

"Debe haber sido una pérdida dura para tu juego ¿verdad? Ahora que por fin tenías colocado al peón justo donde querías..."

Pareció divertido, a punto de reir, pero no lo hizo. Hisemasa apretó los puños.

"Si me dejas darte un consejo aunque este no le dejaba no deberías meterte en juegos que no sabes controlar."

Hisemasa estuvo realmente a punto de golpear a su igual allí mismo, pero se detuvo ante la sonrisa calculadora de Ikesu que parecía decirle "venga, hazlo" con tanta calma que algo iba mal.

"Yo NO juego."

Dijo claramente.

"Justamente por eso estas bajo en forma. Pero bueno, tu misión es otra, no lo necesitas... murmuró este, Hisemasa estaba al borde del ataque de furia así que este se relajó y añadió Traeré conmigo esa jurisdicción."

Hisemasa pareció respirar un poco más despacio.

"Más te vale."

Ikesu sonrió como si le divirtiera el hecho que pudiera dudar de él.

"Bueno, no me entretengo más, aunque haya mandando una avanzadilla, aún tengo que hacer "mi gran aparición"..."

Hisemasa, con su rostro ensombrecido dijo despacio:

"Te agradecería que te tomaras este asunto MUY en serio."

Ikesu se dio la vuelta mientras sonreía y le respondió antes de irse:

"Querido "amigo" yo siempre me tomo la justicia MUY en serio."






Distrito Hiro.
En el muelle del distrito, cerca del barrio rojo.
Minutos más tarde de la conversación e la Ciudad Prohibida





"Esto es malo...... muy malo.... ¿verdad Sanjuro-san?"

Dijo la voz temblorosa de Isawa Hiro, el Gobernador del Distrito, mientras este se frotaba la cabeza como si tuviera un enorme dolor, Hiro parecía pequeño y escuálido al lado de Bayushi Sanjuro, aunque pocas personas parecían altas a su lado, no por su altura real, sino por el aire que tenía, imponía desde la distancia.

Sanjuro, con los brazos cruzados, veía cómo los eta estaban envolviendo, en medio de la tarima de uno de los muelles del distrito, un cadáver y no dijo nada.

[Bayushi Sanjuro]
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"¿Tu que crees Hiro-san?"

Se digno a decir tras una larga pausa entre los parloteos incesantes de Hiro, el cual cada vez sudaba más y más.

"Es malo... muy malo... vendrá Feng, todos saben que Feng no es de fiar..."

Si hubiera podido verle, Hiro hubiera visto como este sonreía con ironía. Agasha Feng era el Magistrado Esmeralda que vivía en aquel distrito exterior y era de todo menos "una persona NO de fiar", de hecho, era tan de fiar que justamente por eso Hiro estaba poniéndose histérico, porque hacía su trabajo demasiado bien.

Aunque por supuesto que Sanjuro tenía sus diferencias con el Agasha, siempre molestándole con sus investigaciones y metiendo las narices donde no le llamaban, le caía bien, las personas que hacían bien su trabajo, fuera la apariencia que fuera, le caían bien, a su modo... Aunque claro, a su modo también no dudaría en mandarle a matar si interfería demasiado en sus asuntos... Pero Feng era un tipo peculiar, muy listo y escurridizo, que sabía qué batallas luchar y cuales no...

"Aunque venga Feng empezó a decir para que Hiro se calmara tenemos a Kanade-san ¿recuerdas? Mi chica siempre lucha por tus intereses ¿No es así Hiro-san?"

Hiro pareció un poco más tranquilo al saber aquello. Shosuro Kanade era la líder de los Magistrados del distrito Hiro, y era una piedra siempre en la getta de Feng, porque los problemas diplámaticos y administrativos sobre als competencias de los distritos, de si era competente un Magistrado de Distrito o uno Esmeralda en cierta clase de casos de zonas grises hacían maravillas a la hora de que se perdieran pruebas, expedientes...

Kanade servía bien los intereses del Distrito Hiro, aunque no fuera el propio Hiro su dueño, pero... mientras él se mantuviera a salvo... ¿Qué más daba?

Hiro sacó un pañuelo de seda y secó su sudor.

"Deberías irte."

Le dijo Sanjuro.

"Pronto llegarán las autoridades..."

"Pe... pero... ¡cómo voy a irme! soy... soy el Gobernador"

Sanjuro miró a Hiro a través de los agujeros de su máscara completa y negó con la cabeza.

"Pero sois un Gobernador que está "indispuesto"."

Sudaba a chorros, síntoma claro que el cuerpo le pedía más opio al adicto del Gobernador, que estaba total y absolutamente controlado por su adicción al dragón.

"Pero como gustéis... yo sólo os daba un consejo de amigo..."

Añadió Sanjuro, como si le molestara que pensaran mal de él. Hiro se secó la frente empapada y asintió.

"Ti... tienes razón... Todo el mundo me ha visto ya aquí, todo el mundo puede decir que he estado... pero... pero no me encuentro bien..."

Sanjuro le puso la mano en el hombro a "su amigo" y le dijo:

"Déjalo todo en mis manos.. en unas horas te lo contaré todo... además... así te libras de la presencia tan inoportuna de Feng."

Hiro asintió con rapidez, cómo odiaba a aquel dragón que tenía por costumbre humillarlo públicamente... Y se disculpó para marcharse en el palanquín ostentoso en el que había venido.


Sanjuro lo vio marcharse cruzado de brazos mientras sonreía bajo su máscara.

"Mi señor..."

Dijo una voz a unos pasos suyos, dejándose notar. Sanjuro se dio la vuelta y vio a la bella Kaneda que ya había llegado, rauda como sólo ella era.

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"La función va a empezar... querida, estate atenta, porque va a ser movido..."

Kaneda se acercó despacio y miró el cuerpo que ya estaba tapado.

"¿Es uno de nuestros "clientes"?"

Preguntó. A sanjuro le dieron ganas de reirse, pero sólo negó.

"No, me temo que es un problema que ha venido nadando boca abajo por el río..."

Kaneda asintió. No sería la primera ni la segunda vez que encontraran un cadáver flotando en la bahía del Sol, y menos en una ciudad tan poblada y con tantos problemas como la capital. Riánse de ello, pero "no tenían nada que envidiar" a Ryoko Owari en esa clase de sucesos.

Kaneda se acercó al cuerpo y mandó a que lo destaparan para verle y entonces...

"Santo cielo!"

Exclamó mientras se tapaba la boca con horror. Se dio la vuelta para buscar la mascara de Sanjuro y se encontró de frente a otra persona. Agasha Feng, que con su habitual apariencia descuidada y perfectamente estudiada de dejadez y hastío, la miraba con interés mientras fumaba tranquilamente. Kaneda muchas veces había pensando que habría servido para ninja, nunca se le oía llegar, aunque a corta distancia dejaba ruido, era a veces como un fantasma, una característica más distintiva del extraño dragón que tanto le molestaba.

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Feng no le hizo mucho caso, miró a través de un lado de esta y dio un silbido.

"Vaya vaya... mira lo que tenemos aquí... se lleva la palma en los "problemas que nunca me gustaría tener" al menos.... de esta semana."

Dijo con sarcasmo, dejando bien claro que ni tan siquiera era lo peor que había combatido en el mes, aunque todos los presentes sabían que si que era para preocuparse y mucho.

"Tu suerte es que no vas atener que ocuparte de ello"

Le dijo Kaneda mientras se encaraba a este.

"Oh, claro que, desafortunadamente, es mi problema."

"No lo es, está muerto, es cierto y es un cadáver relevante, te doy la razón, pero vino flotando rio abajo, y si acaso, el problema del entierro sería mío."

"Del entierro claro..."

Replicó Feng con una sonrisa divertida, haciendo denotar que claro, eso era lo que le importaba a esta, no el hecho de por qué estaba muerto.

Feng se volvió hacia atrás, cada vez había más y más gente congregada al rededor del muelle para ver qué pasaba, pero aún así la intimidante figura de Sanjuro y el hecho que todos sabían quién era, era más efectivo para mantenerlos a ralla que los guardias del distrito que Kaneda había traído.

"¿No ha venido el señor Hiro, Sajuro-san?"

Le preguntó este mientras iba hacia él.

"Acaba de marcharse, estaba muy indispuesto... ¿No se lo ha cruzado al venir?"

Respondió con parsimonia este.

"No. Que va. Vaya, que conveniente ¿no?"

Sanjuro reprimió una sonrisa hasta detrás de la máscara, aquel Agasha a veces era como si pudiera ver a através de ella.

"Puedes preguntar a cualquiera... había mucha gente desde incluso antes que llegarais."

"No, no, si os creo... siempre pasa todo JUSTO tal y como lo contáis vos... siempre."

Recalcó este.
Feng se volvió y fue hacia el cuerpo para examinarlo en una primera visual.

"Feo... feo..."

Dijo mientras los etas le enseñaban el cadáver.

"Tan feo que tenéis suerte que no tenga que ver nada con vos."

Dijo una voz que venía justo de detrás de Sanjuro, una mujer, de aspecto muy recargado, salía de un palanquín. Era uno de los árbitros imperiales la famosa Otomo Nazoko, hermana de Asano "los ojos".

"Siento" contradecirla, pero no creo que aquí, el de cuerpo presente, tenga ninguna disputa ya que saldar para necesitarla."

Le contestó feng con descaro, algo que hizo que la Otomo crispara levemente el gesto con un movimiento sorprendido de cejas.

"Aunque me hiciera gracia esa borma que no lo hacía me temo que vengo en representación de Otomo Ikesu, no como árbitro imperial."

El nombre del juez calló a los presentes.

"Esta muerte, obviamente, rebasa vuestras competencias. Es un asunto.... Imperial, está claro."

"Ya... está claro..."

Dijo este mientras se cruzaba de brazos, Feng sabía que tenía pocas opciones de actuar en aquel momento, pocas cartas y si había algo tenía que jugarlo ahora.

"Pero realmente vos no tenéis competencia para pedir algo así, aunque vengáis de parte "del juez", antes debe ser planteado por la persona realmente interesada, y no me refiero sólo al muerto...

Por lo que veo...
dijo mientras se daba la vuelta y miraba al cadáver que tenía un símbolo que resaltaba entre todos en su kimono de gran calidad el primero de los afectados debería ser su capitán... ya que el fallecido es un Guardia de la Rosa."

"Suerte entonces que haya venido expresamente."

Dijo una voz tras Nazoko, bajando del palanquín estaba Bayushi Dansan. Feng chasqueó la lengua un segundo, las opciones se le acababan y estaba claro que aquí había algo muy gordo... y si esa gente se lo llevaban... estaba claro que tratarían de enterrarlo una segunda vez mejor que lo hicieron la primera vez, fuera quien fuera quien acalló la voz del cadáver...

Dansan anduvo hasta el lado de feng y miró el cadáver mientras negaba con la cabeza "disgustado".

"Testifico y verifico el fallecimiento de Otomo Kabe, Guardia de la Rosa bajo mi mando..."

Feng negó despacio mientras miraba el cadáver. Cielos, un Otomo muerto y flotando en la bahía del sol, sin duda iban a empezar a pasar cosas, muchas cosas y se olía que esto era el inicio, y dejar escapar esto... era ir luego con retraso, no podría anticiparse a los acontecimientos...

Nazoko ordenó a los etas que lo cargaran en un carro y lo enviaran a la Ciudad Prohibida para un ritual de purificación y una quema adecuada a su rango y pareció dispuesta a marcharse ya.

Dansan pareció que quería quedarse, se quedó observando al cadáver con rostro pétreo.

"Parece una chapuza ¿verdad?"

Le dijo Feng tratando de picarle a ver qué sacaba de aquel estado tan cerrado de expresión.

"Yo creo que es todo lo contrario...

Nueve puñalada en la espalda, cuatro en el pecho y todo eso tras haberle degollado por la espalda...

Esto suena a mandar un mensaje clarito..."


Respondió con tanta sequedad y parquedad que a Feng le pilló por sorpresa, así que este era el famoso Bayushi Dansan, el más despiadado de los despiadados amantes de la Ama... toda una prenda...

"¿Y qué mensaje crees que manda?... Quizás un... "No te acerques a la misma mujer que yo"..."

A Feng le gustaba jugar duro, pero la reacción de Dansan le dejó tibio, este le miró con una sonrisa tan tranquila que le erizó la piel y dijo:

"Puede, si es así "me quitó el honor" de hacerlo..."

Todos sabían en la ciudad aunque nunca hubiera nada confirmado que la Ama cambiaba de amante como de kimono, que tenía ciertos preferidos, pero que se pirraba por hombres jóvenes y bellos como había sido Kabe en vida, la Guardia de la Rosa muchas veces era considerado el harem personal de la Ama, un lugar en el que tenía cabida el carisma y esfuerzo propio, cierto, pero también esa clase de cosas...

Que Dansan hablara tan directamente le confundió, ahora entendía aquello que decían de él, que a veces era complicado saber cuándo decía la verdad o bromeaba. Ambas cosas le parecieron terribles.

El Bayushi al final dejó una especie de sonrisa que decía "es broma" aunque lo dudaba realmente enormemente.

Dansan se dio la vuelta y pareció marcharse.

"¿Entonces ya está?"

Dansan se dio la vuelta y asintió.

"Un problema menos para los habitantes de este hermoso distrito."

Y miró hacia sanjuro y Kaneda.

"Deberíais sentiros afortunados por quitaros una responsabilidad así..."

Tras lo cual se montó de nuevo en el palanquín de Nazoko con el que venía y este se empezó a mover.

Sanjuro y Kaneda también se retiraron, mientras Feng aún veía cómo los etas preparaban el cadáver para llevárselo.

Otomo Kabe muerto... esto era el primer paso de algo grande...
Kabe era Guardia de la Rosa.
Era amante de la ama.
Era un conocido "anti-imperialista".
Y era sobrino de Otomo Hisemasa, el puño, uno de los hombres más poderosos de la ciudad.
Y ahora había quedado como un surtidor abierto en canal el cuello y apuñalado con rabia hasta después de muerto...

Sin duda, fuera lo que fuera... iba a descargar con furia sobre la ciudad...




...


Desde detrás de la tela de una cortina, en una casa aledaña al puerto, justo en el muelle donde todo aquello se había producido, una mano recolocó aquella tela para tapar la visión de lo que acababa de ver. En la misma sala había un hombre de mediana-alta edad, que fumaba tranquilamente enfundado en un kimono gris con un lobo aullando a la luna.

"¿Todo bien, Mizumi-sama"

Bayushi Mizumi, la primera de las Damas de la Emperatriz asintió.

"Gracias, querido, por este palco tan escondido y apropiado..."

"Estamos para cumplir sus deseos, mi señora, y los del Clan que nos acoje."

Mizumi asintió.

"Me gusta oír eso..."

Mizumi anduvo hasta la puerta y se paró en seco.

"Querido... es obvio que nunca he estado aquí..."

"Es obvio."

repitió este mientras veía a la madura escprión, taimada como el agua de un estanque salir lentamente de la habitación.

"Mizumi-sama. la llamó haciendo que esta se parara en medio del pasillo sé que no tengo por qué preguntarlo ni vos por qué responder pero... ¿sabe quién ha hecho esto?"

Mizumi, con el perfil de medio lado dejó una misteriosa sonrisa en sus labios.

"Lo que debes saber, querido, es que no interferirá en tu vida ni en la de tu "familia" ni en nuestros negocios... eso es más que suficiente..."

El Oyabun asintió mientras veía a aquella mujer marcharse y se preguntó... a qué clase de juegos habían empezado a jugar los habitantes más altos de aquella ciudad...
"Oye mi voz, pues es la del Emperador"


"El arte de la guerra es la manera de conservar la paz"

Miya Nadesiko, heralda del Imperio Esmeralda

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