Día 5. Noche. Ikoma Goroku. D.Gatto. Rest. Luz del Cielo

Ciudad imperial, morada del Hantei, la ciudad más grande e importante del imperio esmeralda.<br>Aqui se narran los hechos dentro de los distritos exteriores y los distritos interiores.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar May 03, 2016 6:24 pm

Día 5º.- Noche. Ikoma Goroku
Distrito Gatto
Restaurante Luz del Cielo.
Última edición por Isawa_Hiromi el Mar May 03, 2016 6:27 pm, editado 1 vez en total.
"Nací con el mar
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar May 03, 2016 6:27 pm

OUT
Que fastidio cuando el maldito foro no sé porqué me hace eso en los mensajes ahora.... tssss estoy en ello para solventarlo
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar May 03, 2016 6:34 pm

El Restaurante Luz del Cielo era uno de los más famosos de la ciudad y del Distrito debido a su singularidad. Su primera planta estaba compuesta casi como una taberna para tomar algo rápido, para beber algo y comer de día, con algunas mesas puestas en los extremos y una decoración con muchas plantas y una sensación de amplitud en toda la planta de manera abierta que pudiera verse todo el espacio.

Pero lo realmente impresionante era lo que había escaleras arriba, una segunda planta de techo transparente y abierto que dejaba ver las estrellas y el cielo nocturno. Las mesas estaban repartidas de forma que había espacio entre ellas, y amplios pasillos ya que aquel sitio no se trataba de ir en masa sino de disfrutar de la calma, por eso era muy importante a veces reservar.

Aquella segunda planta estaba llena de arreglos en azulado, flores nocturnas que se abrían con el techo de cristal y espejos que daban la sensación que las estrellas se difuminaban por toda la sala.

Estaba iluminada por tenues velas por las mesas y en candelabros en las paredes de forma que el ambiente era recogido y muy íntimo.

Las mesas estaban separadas por pequeños separadores de papel de shoji no muy altos, lo suficiente para tapar la figura de alguien que estaba sentado comiendo, de colores azules oscuros con estrellas dibujadas.

Cuando la camarera os preguntó si estabais en lista o alguien os esperaba, al decir el nombre de Matsuhiro en seguida os llevó a la segunda planta en donde pudisteis disfrutar de aquel espectáculo.

En una mesa en una de las esquinas, apartada e íntima estaba el maestro escritor bebiendo tranquilamente mientras miraba al cielo con una libreta abierta y un carboncillo con el cual había garabateado frases en esta.

Al veros Matsuhiro se levantó para saludaros y os pidió que tomaseis asiento a su lado.

"Os estaba esperando... espero que os guste el local... Es una delicia venir aquí en los días de cielo claro, y más en estas fiestas que se lanzan farolillos al aire y se puede ver como avanzan por el cielo nocturno despejado."
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Mensaje por Ikoma Goroku » Mié May 04, 2016 11:45 am

El camino hasta la Luz del Cielo le pareció más largo de lo que seguramente fue. Ambos caminaban juntos, en silencio, sumidos en sus pensamientos. Seguramente pensando en lo mismo, pero de distintas maneras.

Ambos habían perdido mucho en sus caminos, caminos paralelos hasta hace sólo un día, donde se habían encontrado. El del viejo más largo, el de la niña más corto. Pero ambos caminos duros que les habían llevado al mismo punto.

La muerte de Hachiko les había traído inmenso dolor a ambos. Probablemente una herida que nunca cicatrizaría. Ella había perdido una madre. Él… ¿qué había sido ella realmente? Una amiga, un amor perdido, un fuego en verano o el viento en primavera. Ya nunca volvería a sentir aquello.

Pero como enseña el Tao, la muerte es sólo un paso más en la vida. Y es la propia muerte la que trae la vida. Y en este caso, algo tan trágico como la pérdida de Hachiko había hecho que se juntasen. Una niña y un viejo, solos contra el mundo.

No. No estaban solos. Hachiko y Gado les acompañaban. Amigos, padres, compañeros. También su esposa, siempre entrañable, siempre apoyándole.

Cuando un Samurai dice que sus ancestros le acompañan no lo dice en sentido figurado. Algunos pueden hablar con ellos, recibir su guía y sus consejos. Otros no tenían esa suerte, pero tampoco lo necesitaban. Ya habían recibido esas palabras en vida y sabían entender su significado. Saber que sus ancestros les acompañaban ayudaba a no desviarse del camino, a encontrar fuerzas donde otros sólo encontraban la derrota.



En esos pensamientos estaban cuando llegaron a la Luz del Cielo. Cuando lo vieron entendieron que el nombre le encajaba como anillo al dedo. No se trataba de algo elegido a la ligera, como nada en aquel local.

La decoración, el mobiliario, la disposición de las mesas. Todo se había dispuesto con esmero y con un fin claro: hacer que el comensal se sintiese cómodo.

El sitio le recordaba a Matsuhiro. Un sitio clásico y con encanto, un sitio donde la gente más refinada le gustaba acudir y relajarse. Seguramente tenía una mesa reservada a su nombre para cada noche.

Eso le llevó a una reflexión. Tal vez se nos pudiese definir por dónde comemos. Al fin y al cabo, es donde nos sentimos cómodos, donde podemos ser algo más nosotros mismos. Él se había pasado toda su vida de un campo de batalla a otro, moviéndose sin parar, sin poder echar raíces. Aquello le había pasado factura…

Sí que había tenido un lugar así cuando estuvo unos meses destinado en el castillo de su Señor, cerca de la frontera sur. Era una taberna sencilla, limpia y hogareña. Tenía una zona reservada, en una esquina, espalda contra la pared y con la puerta a la vista. Igual que en batalla, necesitaba controlar el terreno. Seguramente aquello decía mucho de él.


Mientras entraba en el local, iba mirando todo, analizándolo todo. Revisando posibles amenazas, entradas y salidas, lugares ocultos… No desconfiaba ni de su anfitrión ni de los responsables del honorable local. Pero eran muchos años de batalla y los viejos hábitos nunca mueren.

Según les iban conduciendo a la mesa de Matsuhiro fue recordando mentalmente las lecciones de Lady Rokujo, fue poniendo su espalda recta, pero no rígida, su cabeza alta, pero no desafiante, sus pisadas firmes pero no pesadas. Intentaba hacerlo con la mayor claridad, sentando ejemplo para Tetsu.

Cuando llegaron ante Matsuhiro calló en un detalle. ¿Deberían haberse cambiado de ropas antes de venir? Nunca había usado dos kimonos en el mismo día, salvo cuando volvía de la batalla o había alguna gran recepción y su esposa le preparaba las ropas-buenas-de-los-días-especiales, como ella las llamaba. Esperaba que no fuese una ruptura grabe de etiqueta. Había sido un día de mucho ajetreo y no había reparado en ello. Y, al fin y al cabo, las ropas seguían limpias salvo los bajos de la hakama, donde asomaba alguna pequeña manchita de barro…

Intentó no pensar mucho en ello pero notó un ligero rubor en sus mejillas. ¿Goroku avergonzado pero sus vestimentas? Tan sólo quería ser el mejor ejemplo ante Tetsu…

Hizo una sencilla pero sentida reverencia ante Matsuhiro.

-Es un honor para nosotros acompañarle en esta velada, Matsuhiro-sama.

Acto seguido la pequeña hizo la reverencia, parándose a la distancia que le habían enseñado, mostrando sus mejores modales…
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue May 05, 2016 9:45 am

Matsuhiro iba vestido con otro kimono, tan recargado como los que solían ponerse en la corte de hantei Genji, pero a la vez de colores simples, era más que nada las capas de tela de alta calidad y el ambiente que expresaba entre la melancolía y la elegancia.

Pero que él estuviera cambiado seguía sin significar que te hubieras equivocado, ya que aquel hombre se veía de los que se cambiaba al día tanto como las mujeres...

Matsuhiro os indicó que tomaseis asiento con una amable sonrisa y así lo hicisteis.

"¿Os gusta el local?"

Dijo mientras cerraba su libreta y la ponía en el asiento de al lado. Tetsu miró al techo y asintió no boquiabierta, porque hasta ahora jamás le habías visto una expresión semejante, pero si impresionada.

"Es uno de mis restaurantes preferidos en la ciudad, y un lugar excelente para inspirarme cuando tengo desvelo por las noches..."

Os explicó.

"No se puede negar, por mucho que nos cueste, que la Grulla sabe hacer ciertas cosas... a otro nivel..."

Una camarera se acercó y os tomó nota de la bebida.

"Si queréis pediré yo por todos os dijo Matsuhiro así me dejáis que os enseñe las especialidades de la casa, tienen un udon espcialmente bueno, que en noches así un poco frías como hoy va estupendo, y tienen unos okonomiyakis deliciosos."

Os dijo mientras hacía que la camarera lo anotara todo.

"además el jugo de cerezas que te he pedido, Tetsu-chan, está de muerte, no me avergüenza decir que lo tomo yo muy a menudo juju Si no fuera porque el sake que sirven tiene tan buena calidad me pasaba a las bebidas sin alcohol juju"

La camarera pronto trajo un pequeño barreño con dos botellas de sake dentro, la madera tenía una franja roja como un anillo de cristal. Cuando te ofreciste a servir a Matsuhiro te distes cuenta que las botellas de sake estaban caliente y que del barreño salía calor.

"Grullas sonrió este como digo están a otro nivel... este restaurante utiliza pequeños fetiches Asahinas para cosas como estas, mantener caliente las botellas de sake de las mesas para sus comensales. O frias en verano, depende del color de la franja del barreño."

Matsuhiro tomó un primer sorbo al sake y asintió complacido por la calidad, luego os miró a los dos y os dijo:

"Primera lección para atraer la atención de alguien como su Majestad Imperial... datos curiosos que él jamás haya visto ni comprobado, pero a la vez tener la suficiente inocencia en nuestra mente como para disfrutar de eso mismo como si cada día lo descubriéramos...

Los cortesanos mayores son aburridos cuando todo deja de sorprenderles..."
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Mensaje por Ikoma Goroku » Jue May 05, 2016 4:53 pm

Cuando se sentaron notó todo el cansancio que llevaba acumulado. Llevaba horas caminando, haciendo extraños ejercicios y en una tensión constante. Toda su vida había soportado largas jornadas de marcha, noches en vela realizando guardias, batallas que duraban de sol a sol... Y aún ahora su diligencia estoica pagaba sus frutos.

El mayor problema eran las rodillas. Después de tantos años creía que aquel dolor sería algo pasajero, una molestia que en lugar de desaparecer parecía ir a más. Los achaques de un viejo, se dijo a sí mismo.

Así que sentarse fue un gran alivio.

El local, refinado en extremo podía resultar algo recargado para sus sencillos gustos, pero había que reconocer que cada dtalle estaba cuidado para satisfacer al paladar más exigente. Incluso se permitían utilizar elementos mágicos para mantener el sake caliente. En su tierra, el sake se calentaba en unos pequeños braseros y, los escasos útiles despertados de los que disponían se destinaban a un uso más... práctico. Normalmente a costa de las vidas de muchos de sus enemigos.


Como no quería parecer descortés, hizo una reverencia cuando se lo trajeron y sirvió sus copas, ofreciendo sus servicios a su anfitrión.

-Matsuhiro-sama. Permítame alabar su buen gusto al elegir este local. Incluso alguien tan sencillo como un servidor es capaz de apreciar la finura de un lugar como este.

El joven poeta agradeció sus palabras. Parecía sincero en sus actos y discursos pero, ¿acaso no lo parecen todos los cortesanos?

Se le veía desenvolverse cómodamente en los actos de aquella clase y eso le vendría muy bien a Tetsu. Cómo manejaba los tiempos, las palabras, la elección de la comida y sus gestos. Fuesen sinceros o no, eran una gran lección para la joven.

Tetsu, que al principio parecía algo abrumada por la calidad del local fue recuperando la compostura. Sin dejar de asombrarse ante cada novedad pero haciendo gala de una elegancia impropia en su edad.

Ciertamente era alguien que podría encajar en un lugar como aquel, con tan sólo un poco de esfuerzo y aprendizaje. Por fortuna, disponían de los mejores maestros...

"Primera lección para atraer la atención de alguien como su Majestad Imperial... datos curiosos que él jamás haya visto ni comprobado, pero a la vez tener la suficiente inocencia en nuestra mente como para disfrutar de eso mismo como si cada día lo descubriéramos...

Los cortesanos mayores son aburridos cuando todo deja de sorprenderles..
."

La joven asintió con la cabeza. Goroku casi podía ver como anotaba una nueva entrada en su cuaderno mental, donde estaba seguro ya no se le olvidaría. Además, y por lo que había ya comprobado, ella era ideal para un consejo como aquel. Tetsu era sin duda alguien muy inocente, por su juventud y su honorable ascendencia león. A pesar de lo que había sufrido, todavía conservaba el espíritu honesto de un niño. Y, en cuanto a datos curiosos, se había pasado su vida en las calles de Otosan-uchi, donde había aprendido cosas que un niño, incluso siendo el futuro Emperador, podría encontrar fascinantes.

Mientras esperaban a la comida, la conversación fue fluyendo tranquilamente. Estaba claro que Matsuhiro era todo un experto en conducir los debates involucrando a todos por igual, haciendo que se sintiesen cómodos y valorados. Otra cualidad más que Tetsu debería aprender.

En cierto momento, Goroku hizo una señal a la joven, indicándole sutilmente el paquete que habían traido.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Vie May 06, 2016 10:33 am

Tetsu dio un leve respingo al acordarse del presente y lo tomó con cuidado.

"Debido al tiempo que nos ha brindado, Goroku-sensei y yo le hemos traido una pequeña muestra de agradecimiento."

Dijo enseñándolo y ofreciendoselo con una genuflexión de cabeza.

"Oh... pero por el bueno de Ikoma, no hacía falta en absoluto que os molestáseis."

Rechazó el regalo una primera vez Matsuhiro.

"Aún así ambos entendemos que en una ciudad llena de tantos quehaceres y con una agenda tan apretada su tiempo es muy valioso."

Lo ofreció una segunda vez Tetsu.

"Si puedo ayudar al Clan y a una joven promesa, para mi eso es más que recompensa."

Lo rechazó una segunda vez Matsuhiro con palabras más que corteses, sinceras.

"Aún así creo que estamos, tanto Goroku-sensei como yo, en deuda con vos por ser tan generoso con nosotros, así que insisto."

Tras las tres veces de cortesía, Matsuhiro tomó el paquete con cuidado, hizo una reverencia y lo dejó a su lado.

"Veo el símbolo de Yum Yum Mochi en la caja bajo el papel de seda, así que estoy seguro que podremos darle luego buena cuenta, juntos."

Sonrió.

Luego tomó un leve sorbo de sake y dijo:

"Me ha gustado mucho como me habéis ofrecido el paquete, Tetsu-chan, las normas de etiqueta en la Corte Imperial son muy importantes, y tener en cuenta toda clase de pequeños detalles están muy bien vistos. Además, utilizar frases no sólo formalistas sino expresar tus verdaderos deseos y anhelos, así como tus impresiones, con las personas correctas es una forma acertada de proceder.

Pero recordar que la sinceridad es un bien muy preciado que debemos cuidar y vigilar...

Siempre hay que parecer ser sincero, pero debemos guardarnos las mayores pinceladas de sinceridad para las personas que más lo merecen, de ese modo podremos hacer grandes aliados en la corte, si sabemos movernos entre esas sutilezas."


Os explicó a los dos.

"Y sobretodo, no podemos nunca olvidar que ser sincero no sólo implica serlo, sino aparentarlo... vivimos en una ciudad donde las apariencias son muy importantes.

Puedes ser un gran bushi pero si vas desaliñado no serás mejor visto que un mendigo.
La sinceridad es igual que la vestimenta en la corte."
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Mensaje por Ikoma Goroku » Lun May 09, 2016 10:23 am

Goroku fue asintiendo ligeramente la cabeza con cada respuesta de la niña, como un maestro comprobando los aciertos de un alumno ante un examen. Cuando terminó, sintió una sensación de orgullo. La joven demostraba una vez más ser una alumna excelente, con una preparación muy adelantada a la de cualquier estudiante de su edad.

También Matushiro supo apreciar las dotes de la joven y así se lo hizo saber. Sus halagos sonaban sinceros y, más importante aún, justos. A Goroku nunca le habían gustado los cumplidos vacíos pues sólo servían para ahondar más en los propios defectos. La perfección se consigue puliendo los defectos, no cubriéndolos para que nadie los encuentre. Matsuhiro parecía opinar de igual modo, y cada frase suya era toda una lección que merecía ser estudiada cuidadosamente.

Justamente sus siguientes palabras hablaban de la sinceridad. Él siempre había visto cómo los cortesanos se adulaban unos a otros en una sinceridad fingida que llegaba a producirle náuseas. Es cierto que un buen samurái debe aparentar siempre sinceridad, incluso cuando las palabras no terminasen de ajustarse del todo a la realidad. Pero en eso consistía el On, una de las virtudes del Bushido. Tal vez una de las más complejas y difíciles de seguir.

Él siempre se había regido por una máxima: si no puedes decir algo sinceramente, mejor no decir nada en absoluto. Si no podías decir palabras agradables a un superior, era mejor no decir nada, bajar la cabeza y aceptar que el Karma seguirá su curso, como ha hecho durante milenios.

Por eso no terminaba de estar de acuerdo con la última aseveración. A él nunca le había importado mucho las apariencias. Sí, es cierto que uno debe aparentar honradez y dignidad y no sólo tenerla. Pero en el campo de batalla, las apariencias solían caer ante el primer cruce de espadas. El fanfarrón huía, el presumido terminaba orinándose encima. Sólo quienes habían sido honestos consigo mismos podían enfrentarse a la muerte de forma honorable.

Pero todo eso cambiaba en la corte. Las plumas de brillantes colores podían atraer la atención que una persona más humilde jamás lograría, y con ello obtener una posición ventajosa en la corte.

Aparentar sinceridad y no únicamente tenerla. Hacer gala de unas vestimentas algo más recargadas de las que estaba acostumbrado pero que tampoco entraban en conflicto con su forma de ser. Únicamente se trataba de dejar ver lo que siempre había llevado dentro. Sí, podría hacer eso.

-Matsuhiro-sama, cada una de vuestras palabras son una lección en si mismas y esperamos ser capaces de aprovecharlas en la medida que se merecen. Si sólo pudiésemos aprender una décima parte de lo que sois capaz de enseñarnos seríamos unos dignos samuráis de esta gran Corte.

Sus palabras resonaron con gran sinceridad.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar May 10, 2016 3:05 pm

Matsuhiro te sonrió y asintió en un cabeceo como si dijera que tu halago no era necesario ni que él era merecedor y mientras los primeros platos de comida llegaban a la mesa os dijo:

"En la corte cada persona y cada clan tiene su función y su forma de moverse, yo, como León, creo fielmente en el camino de la rectitud y de la verdad, de demostrar con nuestra vida y hechos que nuestras palabras pesan de la misma forma...

Pero algo que nunca debemos olvidar es que ese es NUESTRO juego..."


Matsuhiro probó una pieza de sushi que parecía deliciosa y prosiguió:

"Un fallo clásico de quien llega a esta ciudad y quiere "jugar en la corte" es pensar que todos jugarán con sus reglas...

Al no ser así esto provoca muchas discusiones y caidas, por eso tenemos que ser listos... debemos saber a qué clase de juego juegan los demás y a la vez respetar el nuestro...

Si no tratamos de copiar a otros, si no tratamos de jugar con las reglas de otros con las que de por seguro este se siente más a gusto que nosotros... entonces estaremos "más a salvo" de lo ellos mismos se piensan...

Un León en la corte debe saber cuando hablar y cuando callarse, debe saber que cuando habla va a ser oído justamente por eso, y ahi está el valor que poseemos, nuestro movimiento "secreto"...

Hacernos una fama de alguien a quien escuchar y usar el tiempo que hablamos para calar hondo, esa es la forma para movernos más adecuada a nuestra forma de vida."


Luego os miró a los dos y añadió:

"parece una premisa tonta ¿verdad?

Pues espero que se tan tonta que se os grabe pronto, porque os aseguro que lo primero que tratarán de hacer es que la olvidéis."
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Mensaje por Ikoma Goroku » Mar May 10, 2016 3:45 pm

Cada vez le gustaba más ese joven. A pesar de su corta edad se veía alguien muy experimentado y, aún más importante, alguien recto y honorable. Eso, junto a sus formas pausadas, palabras justas y medidas hacían que pareciese alguien de mucha más edad, más maduro. Justo como Tetsu.

Si alguien así podía moverse con facilidad por la corte, desvelando sus misterios y sin caer en las múltiples trampas de sus enemigos, Testu también podría aprenderlo.

Ser parco en palabras era algo que siempre había identificado a Goroku. Nunca había sido amigo de discursos grandilocuentes, de largas disertaciones ni de palabras huecas. Le hastiaban esas personas a las que les gusta escucharse, que se regodean en sus propias palabras hasta el punto de perderse.

Mientras los Grullas se engalanaban con brillantes vestidos, mientras los Escorpiones se escondían entre sonrisas pintadas, mientras los Fénix se perdían entre el significado metafísico de las palabras, la sencillez era su juego. Y mientras todos los Clanes lo veían como algo simplón, torpe y basto, era esta su mayor virtud.

Al menos así lo veía Matsuhiro y también Goroku. Alguien que dice dos buenas palabras vale más que quien dice cinco triviales. Y también se escucha más a quien habla poco. Como su mujer decía, el perfume siempre se aplica en breves dosis, es el veneno el que no tiene medida.

-Tenéis mucha razón, Matsuhiro-sama. Deberemos aprovechar las pocas oportunidades que se nos presenten para hablar con seguridad, mejorar nuestra “voz de mando” como bien nos ha enseñado Lady Rokujo.

OUT: Tirada de percepción a ver si detecto alguna reacción. Seguramente sea la que él quiera que vea, pero tengo curiosidad por ver si hay algo entre estos dos… /OUT

-Creo que Tetus tiene un talento innato para esta técnica. A pesar de su juventud, es alguien que no derrocha palabras huecas y sus aportaciones siempre son útiles e interesantes.

La joven hizo una breve reverencia, como agradecimiento ante el cumplido.

-Como se decía en la academia, ninguna lección es demasiado sencilla ni demasiado valiosa. En la mayoría de ocasiones, las más sencillas son también las más valiosas.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue May 12, 2016 10:48 am

"Las palabras son muy poderosas... por eso sobretodo las que se dicen en el momento, sin poderlas cavilar adecuadamente suelen llevar siempre a la destrucción..."

Dijo este mientras asentía a tu cumplido.

Luego, mencionaste a posta a lady Rokujo, tratando de ver alguna reacción.
Debido a los pequeños paneles de shoji entre las mesas no pudiste ver demasiado sin embargo si que notaste que justo a tus espaldas, la mesa que estaba al otro lado, de los comensales, algunos parecieron callarse al oir aquel nombre, como si tratasen de agudizar el oído un poco, dejando de oirse la marabunta de nombres que había al otro lado.

"Por eso yo recomiendo la escritura o la poesía cuando queremos hablar más prolongádamente... Yo por ejemplo soy un humilde escritor en esta ciudad llena de talentos el resto del tiempo que me queda en mis quehaceres cotidianos..."

Os explicó Matsuhiro, aunque te sonaba haber oído que de humilde tenía poco porque en la ciudad era bien conocida su obra, pero sus palabras sonaban sinceras, una vez más el hecho de decirlo pensandolo o que lo pareciera era una lección en si.

"Yo también creo que vuestra joven pupila tiene lo que a su corta edad nadie suele tener... un temple endemoniado."

Sonrió amablemente.

"En... en realidad... mi padre siempre decía que si no tienes nada interesante que aportar es mejor callar y escuchar que parecer un loro de compañía."

Dijo con cautela Tetsu primero con una voz algo liviana y luego un poco más clara.
Al oir aquello Matsuhiro no pudo evitar reirse y asintió.

"A eso me refiero jaja Querida, yo a tu edad era peor que esas pajarracos de compañía que tan de moda se pusieron hace unos años aquí jujuju

Como decía, el temple nos viene con la edad, salvo que venga con la condición de la persona ¿no le parece Goroku-sensei?

¿Usted también era como yo de joven o se parecía más a Tetsu-chan?"
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Mensaje por Ikoma Goroku » Lun May 16, 2016 9:01 am

Aquella ciudad tenía oídos en cada pared. Él, como buen samurái, había sido educado para cerrar sus oídos ante conversaciones ajenas. Consideraba, como enseña el código de conducta más básico, que escuchar a escondidas es algo, no sólo indecoroso sino muy poco honorable. Estaba claro que el honor no guiaba a todos los samuráis por igual, así que debería andar con cuidado con qué decía, cómo lo decía y a quién se lo decía.

Sí, efectivamente las palabras son muy poderosas. Habría que medir cada paso, cada palabra, cada gesto.

"En... en realidad... mi padre siempre decía que si no tienes nada interesante que aportar es mejor callar y escuchar que parecer un loro de compañía."

Tanto Matsuhiro como él rieron ante el comentario. Matsuhiro de forma alegre y elegante, Goroku de forma más basta, sincera. Hacía tiempo que no reía así.

La joven se ruborizó ante la reacción que había provocado, entendiendo que tal vez sus palabras no hubieran sido las más adecuadas, pero la contestación de Matsuhiro consiguió aliviarla. No cabía duda que en cada momento hacía esfuerzos conscientes por encajar, por no romper el protocolo, por ser una adulta más en la mesa. Por eso veía como una “derrota” comportarse como una niña.

Pero a Goroku era esos momentos los que más le complacían. Cuando dejaba ver lo que había bajo esa armadura. Cada momento que la llevaba puesta le recordaba a Gado. Serio, firme, decidido. Cuando asomaba su interior podía ver a Hachiko. Amable, tierna y dulce.

Sin duda era hija de sus padres.


"¿Usted también era como yo de joven o se parecía más a Tetsu-chan?"

¿Cómo había sido él de joven? Era como preguntarle cómo había sido hacía cien vidas, cien reencarnaciones. Desde que él había sido joven había cambiado mucho, a fuerza de golpes, de heridas, de pérdida y tragedia. Había luchado por el Clan, sólo para ver como sus victorias resultaban fútiles, había amado intensamente, sólo para ver como sus esperanzas se perdían entre sus manos. Había ascendido por la cadena de mando, sólo para verse desterrado, privándole de una muerte en batalla. Había perdido a todos los amigos que había tenido, entre barro y sangre. Esas pérdidas eran en quién se había convertido. Esos vacíos eran quien era él ahora.

¿Cómo había sido antes de aquellos momentos? Resultaba difícil recomponer aquella imagen. Igual que es difícil imaginar un castillo a partir de unas ruinas.

Había sido más alegre, más despreocupado, más… vivo. Había ido de taberna en taberna hasta el amanecer, había marchado orgulloso con el blasón del Clan, había amado intensamente. Todos esos momentos perdidos, quemados en el fuego de la batalla.

Aquellas imágenes pasaron ante sus ojos. A pesar de los años, seguían doliendo como el primer día. Igualmente, intentó mantener la compostura, pero ¿cómo contestar a aquella pregunta?

-Yo no fui joven, Matsuhiro-sama. Aquella fue otra persona. Más despreocupada, más ajena al dolor de esta vida. Tetsu ha aprendido algo demasiado pronto que yo aprendí mucho más tarde. Algo que esta ciudad parece olvidar. Que la vida del samurái, del que sirve, es una vida de dolor y pérdida.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Lun May 16, 2016 3:02 pm

Matsuhiro al oir tu respuesta dejó un leve "oh ya veo" no en su boca sino en sus ojos y sonrió de pronto, despacio, como alguien que sabe un secreto que nadie más conoce.

"Ah.... debe ser por eso, sin duda... que sois tan buena compañía el uno para el otro..."

Dijo mientras os observaba a los dos y hacía que ustedes por un momento también lo hicierais.

"Cada uno tiene lo que al otro le falta y quizás eso os ayude a recordarlo a ambos...

En esta ciudad se tiende a encontrar lo que no se buscaba pero se necesitaba con más facilidad de lo que la mayoría creen."


Dijo mientras probaba un bocado de uno de los sushis variados que había.

"Hay quien en su interior alberga un sentimiento de autodestrucción y aqui encuentra su final...

Los hay que nunca supieron que la gloria estaba predestinada para ellos, y sin embargo era algo que estaba en su interior...

También los hay que se pensaban bushis y terminan siendo artistas... como por ejemplo esa poetisa de la Grulla, daidoji Nozomi o el ejemplo más claro es la nueva Rosa Dorada de su Alteza Imperial, el pintor y duelista Kakita Koji..."


Comentó con tono suave.

"Como digo.... es parte de su magia...."

Sonrió despacio.

"así que os daré, a ambos, un consejo... ser fuerte como la roca es una virtud muy león, ser inamovibles... pero a veces olvidamos que el agua también es fuerte en su forma de serpentear y de arrastrarlo todo con él...

Debemos ser todos un poco más de rio y menos de saliente rocoso que se erosiona por el agua...

Al menos en una ciudad como esta...

No digo de perder lo que somos, sino de saber nadar con ello."


Apostilló al final.

"Por ejemplo dijo de pronto como si se le hubiese ocurrido algo seguro que, aunque se os ha explicado el motivo por el que estáis con Lady Rokujo en cierta parte de vuestra cabeza no conseguís comprender para qué unas maneras demasiado refinadas al más estilo Grulla pueden ayudaros ¿no es cierto? ¿No es verdad que habéis pensado de la extrañeza de la compañía?"

Sonrió.

"Respondedme entonces a una pregunta...

¿Cuándo es más sencillo de realizar el movimiento de un golpe tras una finta?"
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y profundidad."


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Ikoma Goroku
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Mensaje por Ikoma Goroku » Lun May 16, 2016 3:49 pm

Aquella mirada hizo que Goroku se sintiese intranquilo por un momento, como si su interlocutor pudiese mirar dentro de su alma. Cierto que sabía que los más hábiles cortesanos eran capaces de desentrañar los mayores misterios del alma humana con tan sólo una charla aparentemente intrascendental. Pero sentirlo en su propio cuerpo era algo diferente. Debería andar con mucho cuidado cuando tratase con cortesanos de Clanes no tan honorables como el suyo.

Por suerte la sensación desapareció con igual rapidez a como había llegado y Matsuhiro siguió conduciendo la conversación por otros caminos.

Mientras la conversación fluía fue degustando la comida que les iban sirviendo. El sushi, de primera calidad, era excelente. Cada nigiri tenía un toque especial, algo muy sutil, pero que lo hacía único, una obra de arte en cada bocado. Sin duda, gustaban de satisfacer no sólo el estómago sino el paladar de sus invitados.

La extraña pareja. Así se veía con Tetsu y, seguramente, ella pensase de forma similar. Un anciano y una niña. Dos extremos del camino de la vida. Dos puntos que se compensan y tal vez logren el equilibro. El Tao de Sinsei enseñaba algo similar, el punto donde los opuestos se juntan, se mezclan y se completan. Las fortunas gustan de jugar con los destinos de los hombres buscando estas paradojas.

Paradojas como poetas guerreros y pintores duelistas. Claro que los Grulla siempre han gustado de las artes e, incluso sus más destacados bushis habían practicado las artes. Es cierto que todo Samurai, como bien había dicho en su tiempo Hachiko debía buscar un equilibrio interior entre el guerrero y el noble que eran. Pero, sin duda, los descendientes de la Dama Doji eran quienes mejor representaban ese dogma.

Debería tomar nota de los nombres que Matsuhiro señalaba, Daidoji Nozomi y Kakita Koji. Al fin y al cabo, eran buenos ejemplos de una de las múltiples facetas que deberían dominar si querían lograr sus objetivos. “Aprende siempre de los mejores y evita a los maestros mediocres” le decía siempre su Sensei. Y esto no hacía distinción de Clanes. Siempre que fuese honorable aprendería de quien fuese capaz de enseñarle. Usar las técnicas de sus rivales en su contra o, como mínimo, conocerlas para anticiparse a ellas.

Matsuhiro siguió con la clase magistral, disfrazada de alegre conversación. Sabía muy bien lo que hacía y cómo hacerlo, logrando captar tanto la atención del anciano como la de la joven. “Ser agua”. Esa era de nuevo una lección que ya habían escuchado pero que nunca era demasiado repetida.

En sus largos años en el ejército León había aprendido dos cosas. Que la flexibilidad puede ganar batallas y que la rigidez de un superior es peor que una carga por la retaguardia. Adaptarse, ser flexible, variar en las técnicas. Como dijo el gran genera Sun Tao: “cuando no puedas avanzar, cambia.” Esa era su lección final, algo que repetían en la escuela de oficiales y sólo los más experimentados lograban comprender e interiorizar. En un Clan de tradiciones tan rígidas como podía ser el León, podía resultar contradictorio buscar el cambio, pero sólo en él se encontraba la victoria.

Por eso necesitaban ayuda. Sólo conociendo distintos puntos de vista podían encontrar las variantes, sólo viendo los movimientos de sus distintos enemigos podían aprender a esquivarlos y sólo con fuertes aliados podrían sobrevivir.

Lady Rokujo, Matsuhiro, Toushi-sama. Sólo con su ayuda podrían logar sobrevivir a las olas que llegaban, a los vientos que soplaban al fuego que se avivaba a la tierra que se abría bajo sus pies.

¿Qué las lecciones de Lady Rokujo podían resultar extravagantes, demasiado refinadas? No, Goroku no lo creía así. Sólo conociendo las extravagancias que funcionaban en la Corte, las fintas y celadas que conseguían mover los resortes ocultos de la Ciudad Prohibida, podrían tener una oportunidad en esta batalla.

¿Cuándo es más sencillo de realizar el movimiento de un golpe tras una finta?

-Una finta es sólo útil cuando el enemigo no la espera. Cuando un León se viste de seda y encajes. Cuando somos agua. Es entonces cuando se debe escuchar nuestro rugido, cuando la roca debe romper la ola.
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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Mié May 18, 2016 11:15 am

Matsuhiro asintió despacio con aquella calmada sonrisa en sus labios mientras miraba a Tetsu un segundo como si le dijera: toma nota.

"En la práctica en el dôjo tendría incluso una respuesta más simple... "Cuando sepas dominar la finta". Obviamente, cuando sabes dominar la finta puedes luego golpear mejor, ya que esto es lo primero que se enseña y se presupone que se sabe antes de pasar a algo más complicado..."

Sonrió de medio lado.

"En la corte es igual.
Pasito a pasito.
Primero se aprende a golpear.
Luego a fintar.
Y luego puedes golpear tras una finta.

Y os aseguro que en la corte pocas veces se puede detener un golpe tras una finta de un León, porque como nos cuesta aprender a fluir nadie se lo espera y por eso nuestras fintas son las mejores..."


Se rio como si se acordara de algo.

"De hecho, prejuzgar a un oponente es el primer fallo de la corte no sólo de un combate, los cortesanos se pasan años puliendo su capacidad para juzgar a los demás basándose en lo que ven, oyen y saben... pero prejuzgar sin esa información es un fallo mortal."

"Os pondré un ejemplo...

De toda esta ciudad es bien conocido que una de las Damas de Compañía de su Alteza Imperial la Madre de los Cielos, Hida Kuronuma es una de las mujeres de corte que pueden detrozarte con menos palabras por frase.

Todo el mundo presupone de ella, pocos son capaces de ver más allá.
Ya no, claro, pero el llegar hasta este punto les ha costado a más de uno y de dos su cabeza en la corte.

Si una Hida, una Cangrejo de piedra ha sido capaz de fluir en el agua de la gran corte...."


Matsuhiro miró a Tetsu con la sonrisa de un hermano mayor y añadió:

"Querida... todo el mundo puede.

Y no porque la Dama Kuronuma, a la que conozco en persona y respeto, sea poco brillante sino por el hecho que ella es la demostración factible y real que hasta una roca puede flotar..."


"Después de todo... las piedras pómez son piedras y flotan ¿verdad?"

Sonrió.

"Así que había pensado que quizás os interesase, a los dos, conocer a dicha Dama, porque creo que podríais hacerle preguntas muy interesantes y obtener respuestas más directas y claras de lo que quizás otro cortesano podría daros."
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Mensaje por Ikoma Goroku » Mié May 18, 2016 12:07 pm

Somos piedras que flotan
Somos aire que golpea
Somos Leones en la Corte


Las palabras tomaron forma en su mente. Goroku no era muy aficionado a la poesía, pero incluso él era capaz de ver la hermosura de esa idea. Ser un castillo flotante, un baluarte de agua. La fuerza de una legión en la movilidad de un pelotón. Tenía todo el sentido.

Ahora sólo quedaba un paso, pero el más difícil. Aprender y dominar aquella nueva técnica. Igual que en el ejército, había que practicar, jornada tras jornada, bajo el duro sol, con lluvia y nieve, en las peores condiciones. Hasta que las maniobras saliesen por instinto, sin dar tiempo a la duda, sin permitir ninguna vacilación. En la batalla, la duda es la muerte, y así también en la corte.

Práctica y más práctica. Con los mejores maestros. Con Rokujo y Matsuhiro. Y también con Kuronuma-sama.

Una mujer como aquella, íntima en el círculo de la Emperatriz regente, sería un gran ejemplo para Tetsu. Un Cangrejo, primos suyos, que con valor y honor defienden la muralla mientras Clanes más sutiles se divierten en fiestas y cortejos. Alguien de esa dureza, que haya sido capaz de brillar con estilo propio en la corte, podría ser un gran modelo.

-Vuestra oferta es imposible de rechazar Matsuhiro-sama. No por nosotros, sino por el Clan. Un ejemplo como Dama Kuronuma ayudaría mucho en los planes que nuestros superiores tienen para nosotros y, al fin y al cabo, nosotros sólo servimos. Aceptar ayuda para realizar mejor este servicio, no es sólo necesario sino el único camino honorable. Fallar por no hacerlo es un crimen de amor propio que mancilla nuestro honor y el de nuestra familia. Por ello os doy las gracias y el Clan está en deuda con vos.

A Goroku nunca le había gustado pedir favores, y nunca lo había hecho por algo personal. Ahora, si es el Clan quien lo necesita, entonces no hay duda que es lo único que se puede, que se debe hacer. Además, tampoco quería quedar en deuda con nadie. Todo lo que lograsen sería por sus propios medios, sus propios esfuerzos. Este sería un favor de Matsuhiro al Clan; o, al menos, así lo veía él.

-¿Qué opináis al respecto, Tetsu-san? Tanto Matsuhiro-sama como yo mismo vemos que es posible ser un bushi en la corte, una roca que flota. ¿Creéis que seréis capaz?
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Vie May 20, 2016 9:51 am

"Aprender de los mejores y tenerlos a todos ellos reunidos en una misma ciudad es un lujo que sólo se da en esta ciudad."

Asintió Matsuhiro mientras os sonreía.
Tetsu te observó tras tu pregunta y miró su regazo, pensativa.

".... No voy a saber qué clase de roca soy si no me lanzo al agua ¿verdad?"

preguntó entonces mirándoos a los dos a los ojos. Matsuhiro de pronto se rió ante aquello y asintió.

"Me encanta vuestra forma de pensar, Tetsu-chan, una vez más el Embajador ha demostrado tener una visión más allá de los común para saber elegir a una candidata como vos para el séquito del Emperador."

La elogió. Luego puso un tono un poco más formal y os advirtió:

"No digo que vaya a ser sencillo, no digo que vaya a ser un camino de rosas ni que vais a tener, ambos, que enfrentaros a muchas cosas que jamás hubierais supuesto... pero si alguien del León a día de hoy puede no sólo entrar en el séquito sino impactar, que es lo que queremos, esa eres tu, Tetsu-chan."

Asintió a sus propias palabras.

"Es un gran peso y un gran honor, lo sé, pero tratemos de no pensar en eso, aunque sea complicado ¿de acuerdo? Todo viaje lo empieza un simple paso, y eso lo que vamos a hacer...

El Clan está muy interesado, es cierto.
Y yo mismo ahora que os conozco, pero tenéis que pensar que el valor que todos vemos es verdadero y ya reside, ahora sólo hay que pulir la pieza y para eso hace falta disciplina, tesón y control.

Por suerte tenéis el mejor aliado posible, a Goroku-sensei, el cual tiene esas cualidades desde hace muuuchos años, juntos estáis preparados para iniciar este viaje."


Sonrió.

Luego sirvió un poco más de sake y miró hacia un lateral como si reconociera a alguien.

"Ah! Pues mira, que bien que hayáis aceptado porque creo que este es el mejor momento para empezar... si miráis hacia las escaleras están subiendo las dos Damas de la Emperatriz más famosas por ir siempre en tandem, la Dama Kuronuma y la Dama Kotoko..."

Matsuhiro les hizo un gesto de la mano para que le vieran y les indicó que se acercasen.

La Dama Kuronuma, Hida Kuronuma era alta como un roble y de cuerpo entrenado, atlético, fuerte, marcado aún incluso con su kimono de corte masculino de colores en un gris pálido y una hakama negra. Ambas llevaban no sólo el mon de su casa sino el mon personal de la Rosa, que era el emblema personal de la Emperatriz, una rosa entre laureles.
La Dama Kotoko, por contra, era más pequeña, delgada, de aspecto grácil y de movimientos casi de duende, tenía unos ojos llenos de vida y aviesos, una sonrisa que auguraba un enorme sarcasmo y unos ropajes grullas azules extremadamente recargados, tal y como a ellos les gustaba.

"Buenas noches, Matsuhiro-san, no sabíamos que íba a estar por el barrio."

Matsuhiro, ante el saludo asintió por la cabeza y dijo:

"me surgió una agradable cena con unos amigos y este era el mejor lugar sin duda y más en la festividad del distrito."

Ambas asintieron como si aquello fuera una verdad universal.

"Sé que ya tendréis vuestra mesa habitual pero... ¿Puedo ofreceros cenar con nosotros? Siempre es muy grata la compañía de las damas de la Emperatriz."

La Grulla sacó su abanico y ocultó su sonrisa mientras decía:

"Vaya vaya y yo que pensaba que siempre érais así de amables porque estábais en el club y era necesario para vuestras "clientas"...."

Luego os miró a vostros dos, de nuevo a Matsuhiro y añadió con sorna:

"¿O es que aún estamos en esa clase de tratos de favores?"

Matsuhiro comenzó a reirse.

"Es imposible que la Dama Kotoko no sepa algo en esta ciudad."

Kotoko sonrió como si dijera "es mi trabajo".

"Aunque, si os soy maleducadamente sincero, y espero que me perdonéis, en realidad mi interés versa sobretodo en vuestra doble cabeza."

Miró hacia Kuronuma, la cual, en todo momento había mantenido una expresión neutra, parsimoniosa, parecía estar al tanto no sólo de lo que pasaba en vuestra mesa sino en toda la sala, como aquel bushi que siempre, esté donde esté esta en el campo de batalla.

Kotoko, ante estas palabras rió con ganas y dijo:

"Pues entonces si que nos quedamos! jaja "

Matsuhiro sonrió de medio lado, y os miró levemente como si dijera "va todo bien", y tanto, de hecho de pasar a poder haber sido burlón había conseguido que la que parecía llevar la voz cantante decidiera quedarsea motu propio en la mesa.

"Por favor sentaros a mi lado y dejad que os presente.

Ikoma Goroku-sensei, general retirado de las fuerzas del León y su pupila Tetsu-chan, os presento a las Damas de compañía Kakita Kotoko e Hida Kuronuma."


Ambas mujeres hicieron una reverencia y al ver que les ofrecían sitio tomaron asiento.

"Así que disfrutando del festival ¿eh?"

Dijo la Grulla mientras tomaban asiento.

"Goroku-sensei es nuevo en la ciudad y creí que era una de las mejores noches para enseñarles el restaurante y este barrio."

"Sin duda, sin duda..."

Mientras Kotoko y matsuhiro hablaban de banalidades la Dama Kuronuma se sentó despacio, te miró detenidamente, hizo una pequeña inclinación y luego miró a Tetsu, e hizo lo mismo.

Te distes cuenta de una cosa, al contrario que muchas personas que os miraban en los ojos de Kuronuma no había la etiqueta "es demasiado viejo" o "demasiado joven", os estaba analizando como haría con cualquier persona, rival o no, dandoos la misma importancia que le daría a un escorpión o incluso a un Daimyo. Lo supiste porque se tomó su tiempo en observar vuestra ropa, peinado, modales, cuando hablasteis y en los silencios.

Estabas pensando en aquello cuando de pronto la Dama Kotoko dijo:

"Si los miras tanto los vas a desgastar."

A lo cual esta misma se rió de su comentario. Entonces, la dama de Piedra dijo:

"Lo siento, estaba preveyendo el golpe de Matsuhiro-san tras su finta."

Matsuhiro comenzó a reirse y os miró mientras decía:

"¿Veis lo que os decía de ella? Nadie mejor que la Dama Kuronuma para enseñar a ver a través de los velos de la corte y focalizaros en lo importante. A veces puede parecer rudo, descortés pero siempre es efectivo."

La Hida entonces miró a Matsuhiro y a vosotros y dijo:

"Me tiene en demasiada estima... aunque sigo interesada por el giro que tomarán las cosas de "improvisto" y "de forma natural" de un momento a otro."
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Ikoma Goroku
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Mensaje por Ikoma Goroku » Vie May 20, 2016 11:56 am

Se encontraba en la cima de una colina, montado en Koruto. Armadura completa, estandartes al viento. El cielo, gris, pesado, plomizo auguraba lluvia. Eso dificultaría la marcha de las tropas y su velocidad de reacción.

El grueso del ejército ya había entrado en contacto con el enemigo. La falange Matsu en el centro, técnica estándar, golpeaba el corazón del enemigo. Poco a poco las líneas se empezarían a romper. Sólo necesitaban un poco más de presión.

El enemigo comenzaba a reaccionar. Del bosque empezaron a salir hostigadores, golpeando el flanco León. Esa era su sorpresa, su jugada, su finta. Pero Goroku ya la había leído. Antes de dar un golpe los músculos se tensan, la mirada se desvía, los pies se asientan en el suelo. Lo mismo ocurría con los movimientos en la batalla.

Las tropas del centro habían retrocedido demasiado pronto. Incluso ante un ataque Matsu deberían haber aguantado unos minutos más. Eso les había delatado. Si sus Leonas seguían avanzando a ese ritmo el orden de batalla se rompería, dejando los flancos desprotegidos, y serían fácilmente derrotadas al reducirlas a pequeños grupos.

Sus ayudantes se empezaron a poner nerviosos. La tensión se podía cortar con un tanto en la cima de la colina.

Justo cuando caía la primera gota de agua, dio la orden. Las grandes señales que servían para trasladar las órdenes a los diferentes capitanes ondeaban desde la colina. La caballería León, agrupada detrás del cerro, avanzaba con rapidez.

Unos minutos después cargaban con furia contra el flanco enemigo, arrasando con sus hostigadores y con las tropas que llevaban horas combatiendo. Finalmente, las líneas enemigas terminaron de romperse, sus tropas huyendo despavoridas. La lluvia caía con fuerza. El León rugía triunfante.

--------------------------------------------------------------------------


Saber leer los movimientos de sus enemigos era la diferencia entre la victoria y la derrota. En batalla campal o en la corte. Eso nunca cambiaba.

Matsuhiro era un excelente estratega. Sólo había que ver cómo se desenvolvía, como manejaba las conversaciones y los tiempos. Con personas así no existían las casualidades. Que justo en aquel momento apareciese Kuronuma acompañada de Kakita Kotoko era una gran jugada, una finta. Goroku debería aprender a leerlas si quería sobrevivir en la corte.

Así pues, la pregunta que se le planteaba, era: ¿Qué tramaba Matsuhiro con sus movimientos? Movimientos tan medidos, jugadas tan precisas, siempre tenían alguna finalidad. Debía averiguar cuál era, ver si se alineaba a sus objetivos o si ponían en peligro sus metas. Los jugadores más avezados eran los mejores aliados… o los peores enemigos.


Las presentaciones fueron cordiales, el tono alegre. Se intercambiaron comentarios de tono sarcástico, pero alegremente aceptados. Mientras tanto Kuronuma estudiaba a sus interlocutores. Justo como hacía Goroku.

Tomó buena nota de sus ropas. Qué tipo de gettas usaban, de los conjuntos, de los colores, del grado de finura de las telas del uso que habían tenido durante el día. Si estaban demasiado limpias o se notaba su uso, si el mon lo llevaban en un lado del kimono o en el otro, de sus peinados, de sus poses, de sus pequeños gestos, de dónde se desviaban sus miradas. De sus palabras y de su forma de hablar.

En batalla era capaz de distinguir la función que desempeñaba una unidad con un simple vistazo, de la veteranía de un individuo por su postura al ponerse firme. Esto era algo muy útil en batalla. Igual en corte.

Cuando sus ojos se cruzaron con los de Kuronuma ambos se miraron fijamente durante justo dos segundos. El “límite” de lo que era considerado educado, lo máximo que permitía la etiqueta. Ambos, de forma casi simétrica, apartaron la mirada en una reverencia. Educada pero firme, marcial pero con cierta elegancia.

-Es un honor conocer a alguien con su reputación Kuronuma-sama. Su reputación le precede.

Pocas palabras, pero sentidas. Con tono firme pero respetuoso. Buscando su voz interior como Lady Rokujo le había recordado que debía hacer.

Entonces, como dándose cuenta de la presencia de la otra cortesana se dirigió a ella:

-Disculpadme Dama Kotoko. Es siempre un placer conocer a alguien que ha alcanzado el honorable puesto de Dama de compañía de la Emperatriz.

Reverencia.

Matsuhiro siguió manejando la conversación, moviendo los hilos. Pero ahora había más jugadores en el tablero. Debía aprender cómo se movían las fichas. En el go, como en la vida, todas las piezas aparentan tener el mismo valor, pero la posición de cada una influye en el poder que esta tiene sobre el tablero.

Kotoko llevaba la voz cantante de las Damas de la Emperatriz. Su estilo, muy de la Grulla, se hacía notar. Nadie en todo el local había pasado por alto su presencia. Brillaba con luz propia. Eso ayudaba mucho a Kuronuma. Más silenciosa, le permitía quedarse en un segundo plano, analizando la batalla desde su colina, moviendo sus tropas y poniéndose en posición.

Los comentarios cargados de doble sentido, de doble intención volaban entre Matsuhiro y Kotoko, mientras Kuronuma analizaba cada frase, cada pose y Goroku tomaba notas. Aprende viejo, aprende deprisa si no quieres perder la partida.

Para cualquiera podía parecer que Goroku no estaba en la conversación, calmado, asintiendo, aportando pocas frases, de tono neutro y pausado. Una posición defensiva, mientras su cabeza trabajaba a toda velocidad. Analizando cada palabra y cada pausa, buscando las ondulaciones debajo de cada ola.

Y Tetsu, pequeña, casi agazapada en la sombra de los mayores, veía todo con ojos ávidos, aprendiendo lo que podía, tomando notas mentales de cada nueva finta de cada nuevo movimiento en el tablero.



"Me tiene en demasiada estima... aunque sigo interesada por el giro que tomarán las cosas de "improvisto" y "de forma natural" de un momento a otro."

Goroku no pudo dejar escapar una leve sonrisa. Casi imperceptible, pero que de buen seguro no pasó desapercibida a Kuronuma.

-Nosotros también esperamos ansiosos ver dónde nos llevarán las aguas.


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OUT: ¿Tienes imagen de estas chicas?
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Mensaje por Ikoma Goroku » Vie May 20, 2016 3:08 pm

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OUT: Ya he visto las imágenes en la galería de Los rostros. Que agradables parecen, CASI inofensivas...
¿Estoy a tiempo de huir de la ciudad? No se que me da mas miedo, si la gente chunga con pinta chunga o la gente chunga con pinta agradable...
Y ahora me dirás que hay gente NO chunga.... ¡Ja!
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Mensaje por Miya Nadesiko » Vie May 20, 2016 4:15 pm

OUT
pero si mi Hidra es amor!!! jijiji
son bien majas, nadie quiere llevarse mal con ellas no sé por quééé... pero son bien majas!!
IN


Lo que te quedaba claro de aquellas dos mujeres es que se movían como un solo ser. Kotoko en la cabecera, resplandecía como un sol a medio día, su mirada era astuta, sus palabras afiladas, sus gestos refinados. Llamaba la atención desde en su elaborado recogido como en las telas que portaba tan hermosas y de gran calidad.
Kuronuma siempre parecía ir un paso tras ella, como una sombra o un árbol que de cobijo. Discreta, silenciosa, si no fuera tan alta e imponente casi ni se la vería aparecer. Sus ojos eran inteligentes, de estratega, los reconociste al instante, pero su forma de moverse te recordaba a una pantera agazapada siempre lista para saltar.
Mientras Kotoko deslumbraba Kuronuma se movía al son de una música que sólo las dos parecían oir y que mediante miradas se iban avisando de quien estaba en aquel rincón de la sala, quién había susurrado algo que puede que no hubiera oído, o qué detalle portaba quien acababa de salir de su campo de visión.

De pronto te diste cuenta de algo, que quizás Matsuhiro no sólo quería que aprendierais de Kuronuma, sino que los dos, Tetsu y tu, aprendierais de ellas dos en conjunto a la vez.

Estaba claro que ambas por separados eran mujeres imponentes, pero juntas aún eran más efectivas. La pequeña y ladina Grulla y la parca Cangrejo. Nunca sabrías por dónde te venía el golpe hasta que fuera demasiado tarde.

Kuronuma, ya cuando estabais sentados a la mesa, cogió el sake y lo sirvió no sólo a Kotoko sino a Matsuhiro y a ti mismo, mientras los cortesanos parecían comentar algo de la tarde. Una vez que te sirvió te miró directamente y te dijo:

"Os pido perdón por adelantado por lo que parece a todas luces una encerrona... al igual que miró muy fijamente a Matsuhiro alguien debería pedirmelo a mi."

Matsuhiro se rió.

"Perdona, querida, pero toparnos en el festival en el restaurante favorito de vuestra amiga no es una encerrona, todo el mundo sabe que soléis venir al menos una vez a la semana, y que en estas fechas si no venís casi a diario raro es."

Así uno se movía entre los deseos y las necesidades.
Kuronuma no pareció molestarle, puso media sonrisa en la boca y miró a su amiga mientras decía:

"¿Entiendes por qué digo que la rutina en esta ciudad es tan peligrosa?"

Kotoko se rió ante aquel comentario y replicó:

"Pero si yo creía que el peligro eramos nosotras! Y que avisar de por dónde nos movíamos era una diligencia que ofrecíamos a los demás como cortesía."

"Entonces digamos que los hay muy poco diligentes."

Miró esta a Matsuhiro mientras este no despintaba su sonrisa cortés.

"Hay que ver lo animada que siempre estáis en el club y lo que os cuesta en otras ocasiones, querida...."

Kotoko se rió ante eso y terció:

"No se lo tengas en cuenta, tenemos un día movido, en realidad siempre nos gusta pasar tiempo con vos ¿verdad Kuro-chan?"

La Hida se encogió de hombros mientras bebía despacio.

"Lo que no pienso negar es lo perfecto de la situación para mi, claro, sería una tontería negarlo y además una falta de respeto innecesaria ya que no voy a ocultar mi deseo de veros esta noche a ambas."

Dijo aquello con un tono tan galán que podría haber hecho desmallar a una damisela. Pero las dos mujeres parecieron estatuas, la Grulla sonrió de medio lado casi como si viera a donde iba y la Hida sólo bebió.

"Estaba cenando con mis amigos justamente conversando acerca de la forma en la que una chica con el talento de Tetsu-chan debería usar en su formación...

No sé si lo sabéis pero ha sido aceptada en las clases de etiqueta de lady Rokujo."


las dos parecieron entonces sorprendidas e interesadas.

"Pobre niña dijo la grullaya habréis notado que mi querida compañera de Clan es un poco neurótica con el tema de las clases jiji espero que podáis sobrellevarla y entender que no todos somos así en el clan juju"

"Es verdad, sois peores."

Anotó la otra haciendo que la Grulla se riera.

"Pero bueno.... dijo la Hida de prontoeso empieza a explicar muchas cosas..."

Kuronuma puso sus dos manos sobre la mesa, con las muñecas apoyadas en el filo de esta, cruzadas, os miró y dijo:

"Así que vos sois general. te dijo a ti, luego miró a Tetsuvos estáis aprendiendo de la mejor las artes de la corte más alta... y vos... miró a Matsuhiro siempre estáis metido en los líos de corte más complicados de vuestro clan...

Teniendo en cuenta quienes somos nosotras... eso sin duda deja bastante reducido el motivo de nuestro "encuentro fortuito"."


Matushiro sonrió como si dijera "adelante, continuad con vuestra deducción".

"Goroku-sensei podría despistar a primera vista, es lógico pensar que el asunto debería versar sobre un adulto y más si es un general condecorado...

La mayoría obviaría los pequeños detalles...
como Tetsu en sí pero debido que justamente hoy su Alteza Imperial nos ha nombrado a la Dama Kotoko y a mi como parte del comité de asesoramiento a su Majestad Imperial el Hijo de los Cielos sobre su futuro séquito... y viendo la edad que tiene Tetsu, y que es Ikoma Toushi el que está eligiendo los participantes de su apuesta...

Diría que estamos ante la apuesta fuerte del León para el séquito, que vos, Goroku-sama, sois seguramente su tutor o guardián... que Toushi-sama ha encargado a Matsuhiro-san que sea su cicerone en la corte y que todo esto en realidad no es más que una puesta a punto...

¿Me equivoco?"


Matsuhiro comenzó a reirse entonces.

"¿Veis lo que os digo? Un diamante."

La elogió.

"Pero no habéis acertado del todo... aunque bien es cierto que en lo que os habéis equivocado no lo habéis exteriorizado porque en realidad es sólo una neblina que tiene vuestra mente y que no sabe si apostar por ello o no...

Queréis creer que no soy tan ladino como para hacer algo así, y me honra que no lo hayáis dicho porque ahí es donde os habríais equivocado..."


"le cuesta confiar a veces en los hombres."

Dijo de pronto la Grulla entre sorbo y sorbo del sake como si todo aquello le pareciera una banalidad.

"En realidad está más que claro el motivo final de todo esto, pero siempre me han encantado las comedias."

Dijo con tono pizpireto.

"Vos nunca buscaríais un atajo, Matsuhiro-san, no estáis aquí para buscar un trato de favor... estáis aquí como maestro, os pierde vuestra condición como tal..."

Kuronuma miró de reojo a su amiga.

2Es por ti, querida, por ti y por ella."

Le dijo la Grulla mientras la señalaba con el abanico a ella y a Tetsu.

"Por la Dama Doji... sólo tienes que verla un momento... quizás tu no te acuerdes pero, querida Kuro-chan, aquella pequeña tiene tu mirada cuando llegaste a la ciudad, tu mirada y tu mismo alo... esta claro que ella es otro... "diamante" como le gusta llamarte Matsuhiro, y no hay forma mejor de tallar uno que con otro de referencia."

Esta sonrió como si todo aquello le pareciera una obviedad enorme y te miró a ti y a Tetsu entonces.

"Entonces... ¿qué tal si nos contáis algo divertido, o algo personal, o algo interesante... o... algo... antes que Kuro-chan de su veredicto sobre si ayudaros o no?

A mi me encantan las historias y a ella seguramente le vendrá bien un poco más de información para tomar una decisión jiji"
"Oye mi voz, pues es la del Emperador"


"El arte de la guerra es la manera de conservar la paz"

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Ikoma Goroku
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Mensaje por Ikoma Goroku » Mar May 24, 2016 10:25 am

Moverse como uno solo. Ese era el secreto de una formación en batalla. Que mientras el grueso de las tropas aguantaba la embestida del enemigo, la caballería golpeaba por el flanco. Las tropas pesadas resisten, las ligeras hostigan. Pero siempre en el mismo compás, con armonía, como en un haiku.

Así se movían Kuronuma y Kotoko. Como un solo ser. Una dura, resistente; como un castillo en medio de la batalla. Otra grácil, sutil, dando cien golpes ligeros pero que sumados, golpean como un tetsubo. Una combinación imparable. O no.

Toda formación tiene su opuesto. Ante una defensa férrea, ataque por los flancos, ante un enemigo numeroso, hostigamiento y retirada, ante enemigos inamovibles, flexibilidad y rapidez. Ninguna formación es invencible en batalla. Tampoco en corte.

Matsuhiro ya había dado con la respuesta. Ser piedras que flotan. Ser una finta humana. Que viesen a un viejo y a una niña. Mientras tanto, el aguantaría los golpes y Tetsu tendría más libertad para maravillar a sus oponentes.

Goroku, tal vez por la deformación que le habían producido años de estrategia y batalla, solía mirar en dirección contraria a donde se supone que debería. Le gustaba ver a los tramoyistas en el teatro y, en cierta ocasión, viendo un espectáculo de juegos de manos no dejaba de adivinar el resultado, simplemente mirando donde debía, en lugar de donde se suponía.

Quizás por ello le llamaba tanto la atención la dama Kuronuma. Mientras Kotoko era extrovertida y acaparaba todas las miradas, mientras ella gestionaba la conversación a su alrededor, haciendo que discurriese por donde ella quería, Kuronuma se mantenía atrás, con pocas palabras pero siempre elocuentes, con una mirada inteligente que evaluaba todo y a todos…

Tomaron sake y brindaron. Kanpai. Por el Imperio Esmeralda y todos los que vivimos bajo la protección de la Dama Emperatriz y del Hijo del Cielo.

La rutina es peligrosa. Y en más de una forma. La rutina alerta a tus enemigos, les previene y te hace previsible. Pero también es una excelente forma de preparar una emboscada. Si has realizado algo cien veces nadie se esperará que cambies en la ciento uno. También la rutina es lo que permite reaccionar rápido y es la diferencia entre la vida y la muerte.

Goroku también recordaba una de las lecciones que había aprendido de joven, tal vez palabras del Pequeño Maestro: “Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en palabras. Cuida tus palabras, pues se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos, cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino.”

Nosotros forjamos nuestro propio destino. Incluso el más humilde de los hombres puede obligar a las fortunas ante su voluntad. O eso decía Sinsei.


Mientras tanto, la conversación fluía. Fintas y estocadas. Si el Emperador en persona iba a acudir a un seminario de esgrima, aquel que estaban disfrutando no le iba a la zaga. De hecho Goroku se preguntó si siempre serían así las reuniones sociales entre ellos o si se estaban luciendo para que, tanto él como Goroku pudiesen tomar notas de aquella brillante batalla dialéctica. Toma de posiciones, ataques y fintas.

De nuevo, un avance de las tropas Cangrejo. De forma brillante había deducido toda la situación por un leve comentario de Matsuhiro. Algo que, de forma segura, este habría anticipado. En ocasiones es mejor que el interlocutor llegase a sus propias conclusiones en lugar de presentarle los resultados de forma directa.

Ante aquella muestra de lectura de la situación, Goroku no pudo dejar escapar una breve sonrisa. Siempre había respetado a los rivales que mostraban su valía y honor en la batalla. Podría ser una gran aliada o una temible enemiga. Lo que seguro era es un gran ejemplo para Tetsu, y también para el propio Goroku. Tenía mucho que aprender si quería manejarse en la corte igual que se había manejado en los campos de batalla.

La revelación de que ambas mujeres estarían en el comité para la formación del séquito no sorprendió a Goroku. Empezaba a ver las jugadas de Matsuhiro, no a anticiparse a ellas, pero sí a ver su “forma de jugar” de cómo movía las piezas, poniéndolas en posición para realizar su jugada.

Y su jugada era aquella. Una entrevista más casual antes de enfrentarse a la prueba final. Unas maniobras antes de la batalla. Calibrar las armas, preparar los caballos, disponer las tácticas para el enfrentamiento.

"Entonces... ¿qué tal si nos contáis algo divertido, o algo personal, o algo interesante... o... algo... antes que Kuro-chan de su veredicto sobre si ayudaros o no?

A mi me encantan las historias y a ella seguramente le vendrá bien un poco más de información para tomar una decisión jiji
"

¿Qué contar? Goroku no era un hombre dado a la simple conversación y ciertamente no guardaba anécdotas “divertidas”.

-Sí así lo queréis, os contaré esto. Mis hermanos Ikoma son reconocidos entre los mejores bardos del Imperio. Me disculpo por no estar a la altura de tan honorable tradición. Como bien decís, sólo soy un viejo general.

-Y como general, he visto más barro, sangre y muerte de la que podrían llenar cien vidas. Os puedo contar historias de valor más allá de lo que exige el honor. Os podría contar sacrificios de hombres y mujeres que han salvado centenares de vidas y que, aun así, caerán en el olvido cuando al último de nosotros le llegue su hora. Esas son mis historias. Historias de sufrimiento y tragedia. Historias que quedan lejos de este ambiente festivo que nos rodea.

Poco a poco su voz fue cogiendo firmeza, su voz de mando.

-Supongo que la etiqueta dicta que esas no son las historias más apropiadas para una noche como esta, que son historias para olvidar. Pero yo no lo creo. Recordemos, recordemos por un momento todo lo que hemos perdido, todo lo que hemos sacrificado por estar aquí. Recordemos que en el Muro, nuestros primos, vuestros hermanos, siguen luchando cada día, que en un campo lejano siguen luchando Leones y Grullas, Unicornios y Fénix. Recordemos por qué luchan. Por Honor.

Cada vez la pasión se notaba más en su voz. Su sangre Ikoma guiaba sus palabras. Honestidad y Honor.

-Sin ese Honor, sin todo ese sacrificio no tendríamos esta Ciudad, este Imperio. A quienes dicen que recordar la sangre derramada en campos de batalla no es lo apropiado para una cena festiva les digo que se equivocan. Que una luz brilla más cuando nos acordamos de las tinieblas.

-Tetsu también ha visto esas tinieblas. Ha perdido mucho en muy poco tiempo. Y no pide compasión. Sólo Honor. El Honor de luchar por lo que creemos, el de defender a nuestro Clan y al Imperio. El de hacer que la luz brille con más intensidad porque conoce la oscuridad.

Tomó aliento. El silencio rodeaba la mesa. Parecía que el propio local estuviese sumido en un profundo pensamiento, asimilando sus palabras.

-Recordemos, por un momento, por qué luchamos.
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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar May 24, 2016 4:43 pm

La dama Kotoko apoyó su delicada cabecita en su mano mientras te escuchaba empezar aquella historia e hizo un leve mohín, que no sabías muy bien qué significaba, cuando empezaste a hablar de historias de guerra.

Kuronuma por contrario escuchó atentamente y no porque su clan y su labor fueran mencionados, había algo más, algo más de estratega que hacía que su mente tratase de ir hacia la dirección que apuntabas pero más allá.

"No quería todo esto."

Dijo de pronto Tetsu haciendo que ambas damas la miraran cuando acabaste de hablar. La chica, como si tomara aliento o fuerzas repitió:

"No quería que padre muriera. Ni madre. Ni mucho menos tener que vivir sola en la ciudad..."

Dijo despacio.

"No quería hacer otra cosa que no fuera luchar...."

Te miró de reojo como si sintiera y en cierto modo reconociera que cuando peleó la otra vez antes de entrar en el dòjo con el muchacho en cierta manera es lo que deseaba, desfogarse.

"No quería ir a clases de etiqueta...."

Añadió en voz baja pero muy clara, casi como si el pensamiento lo estuvierais leyendo en su mente y no en sus labios.
Entonces levantó los ojo y miró a las dos damas directamente.

"Pero nunca se trató de lo que yo quisiera.
Porque para empezar... ni yo puedo saber a ciencia cierta lo que quiero. Puedo creer que, debido a la vida que he llevado, en mi caso corta, creo saber lo que quiero, lo que deseo...

Pero que lo crea no implica que lleve razón, o que sea mi destino."


La Dama Kotoko pintó una comedida sonrisa en sus labios.

"Todo eso no lo he entendido hasta hoy...
Han pasado muchas cosas.
he hecho muchas otras...
He odiado algunas en silencio.
Otras me han gustado, también en silencio.
pero en general me he dado cuenta que nada es como yo pensaba, ni tan siquiera lo que amaba y odiaba."


Kuronuma alzó una ceja.

"Hoy, con Goroku-sensei... y todo lo que hemos hecho... y al estar aquí con Matsuhiro-sama... y oir todo lo que tenía que decirnos... incluso con el tema de la posibilidad de pertenecer a los seleccionados por el clan para el asunto del séquito del Emperador...

Aunque todo eso pensara que no me gustase, o que si, o que me quedase grande, o que era muy joven o....

Por mucho que yo pensara todo aquello no podría saberlo si no abría mi mente..."


Tetsu miró a Matsuhiro un segundo y luego dijo:

"Las piedras pueden flotar.
Yo no sólo quiero hacerlo, quiero ver a dónde me lleva la corriente, quiero saber cuál es mi destino, entenderlo y decidir mi lucha en él."


Entonces Tetsu se inclinó mucho ante ambas damas y terminó diciendo:

"Sólo les pido que me dejen ir rio abajo.
Sé que puedo flotar aunque nunca me "haya metido en el agua"...
Sólo deseo que me dejen intentarlo...

Porque esta es de la primera vez que siento que, amando o no las consecuencias... es el camino que debo tomar."


El silencio se extendió un segundo en la mesa justo antes que la Grulla comenzara a reirse con una risa limpia y cristalina mientras se tapaba con el abanico.

"Por la Dama Doji... es como verte con diez años Kuro-chan!"

Tras lo cual volvió a reirse. La Hida, que había mantenido sus ojos negros muy centrados en la chica, al final, con la risa de la otra terminó dejando una media sonrisa en la comisura de los labios mientras se rascaba la nuca y decía:

"Bueno, te aseguro que yo a su edad era más bien un peligro público... "

"Oh! La joven Kuronuma una macarrilla de Shiro Hida, no puedo ni imaginarmelo."

Volvió a reirse.
Kuronuma os miró entonces a los dos tras aquella chanza y os dijo:

"Estoy segura que la Dama Kotoko no esperaba exactamente esto cuando os pidió que contarais algo... pero..."

"Es mejor."

La interrumpió esta.

"De verdad que tengo una mezcla de sentimientos contrapuestos ahora mismo, entre estar medio enamorada de vuestra discípula, Goroku-sensei y estar altamente disgustada con mi Clan por no tener claro si pueden ofrecernos al séquito algo semejante pero..."

La Grulla sonrió.

"Como dice Matsuhiro-san tenemos un diamante negro aquí, justo delante..."

Kotoko le dio con el abanico en el hombro a Kuronuma y esta asintió.

"Deberíais traerla algún día... a ambos."

Le dijo a Matsuhiro.

"Fuera del ámbito de la competición... nosotras siempre tenemos tiempo para algún aperitivo o para un té en el Loto y el Pétalo."

A lo cual Kotoko asintió.
No habían dicho nada más cuando un camarero llegó aprisa hasta vuestra mesa y les tendió una misiva a las damas. Las dos la ojearon rápidamente y de pronto a ambas les cambió el gesto a uno petrificado. Se miraron las dos y de nuevo en un segundo les cambio la cara a como si no hubieran visto nada.

"Me temo que tenemos que excusarnos, un asunto urgente nos llama..."

Dijo Kotoko mientras Kuronuma se levantaba primero.

"Pero os reiteramos la propuesta.... Matsuhiro-san sabe cómo ponerse en contacto con nosotras..."

"Ha sido un corto placer."

Asintió la Hida mientras os hacía sendos cabeceos como despedida.
Las dos damas se despidieron y salieron del local bien rápido, lo cual os intrigaba qué es lo que habrían recibido.

Matsuhiro, que debía estar pensando en aquello os dijo:

"Tranquilos, sea lo que sea, si es tan importante mañana mismo toda la ciudad lo sabrá, si tenéis curiosidad...

Pero por otro lado...
sonrió de oreja a oreja ha ido maravillosamente bien."

Dijo totalmente encantado.

"Está claro que hay una conexión entre ambos que es perfecta para el desarrollo de Tetsu-chan, porque, pequeña, lo que has dicho las ha dejado heladas, está claro que no esperaban la clase de material que tenemos contigo juju

Tanto como para que os inviten a tomar el té en su sala privada del Loto y el Pétalo, que es el local de té más exclusivo de la ciudad."
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Mensaje por Ikoma Goroku » Mié May 25, 2016 9:10 am

Cuando Tetsu empezó a hablar su fuerza fue creciendo, como una riada en primavera. Poco a poco fue cogiendo fuerza, ímpetu, hasta tener una energía arrolladora. Ya había ocurrido antes, pero esto no dejaba de sorprenderle.

Era casi hipnótico ver como las presas que ella misma se había impuesto iban cediendo al ímpetu de su pasión. Como todo aquello que retenía dentro iba manando a borbotones, de forma tan potente y tan pura.

Como una niña tan pequeña, tan frágil en apariencia, podía tener tanta fuerza en su interior. Como debajo de aquella piel tan fina se encontraba el alma de una auténtica León.

Era, sin duda, hija de su madre. Ella también había tenido aquella fuerza interior, aquella alma desgarradora, aquel ímpetu de furia controlada. Creía que nunca volvería a oírla, sus discursos apasionados su fuerza arrebatadora. Pero Hachiko seguía viva, seguía viva en el espíritu de su hija.


Goroku no era el único que había quedado cautivado con su apasionado discurso. Ambas damas, que de buen seguro escuchaban día tras día a los mejores oradores del Imperio, tampoco se mostraron inmunes a los encantos de la joven.

Pero lo que Goroku experimentaba era algo aún más complejo. Una mezcla de orgullo por la joven, de rabia por la pérdida de Hachiko, de esperanza por el futuro del Clan, de miedo por el futuro de Tetsu… Sensaciones que creía no volvería a sentir. Tras la muerte de su esposa y de Hachiko, tras su licenciamiento sin honores del ejército, tras todo lo que había perdido. Se había sentido muerto por dentro, sin futuro al que aferrarse.

Pero ahí estaba Tetsu, salvándole de su propia amargura, de su hastío de vivir.

-Gracias… Tetsu-san.

Por un momento había estado a punto de llamarle como a su madre.

Maldita sea viejo. Vuelve al presente. Aún queda lucha por delante, deja a los fantasmas en el pasado.

Por suerte la risa de Kotoko pareció aligerar el ambiente. Y los fantasmas volvieron a su caja.


La charla continuó amena, dirigida por ambas mujeres. Goroku lanzó una breve mirada a Tetsu, pequeña, en una esquina. Se le veía serena, más de lo que había estado desde que la había conocido. Toda la tensión que había visto en sus músculos, siempre preparada para atacar, como un animal salvaje en peligro, había desaparecido. Parecía irradiar luz, calma. Igual que su madre aquella noche en el claro del bosque…. “No. No vuelvas a caer en el vacío.


Cuando, al cabo de pocos minutos, las damas debieron retirarse, Goroku se sintió apenado. Había aprendido mucho de ellas en los breves momentos que habían compartido y, lo que era más importante, habían liberado a Tetsu de un enorme peso, aligerando la carga que siempre llevaba.

-El placer ha sido todo nuestro. Permítame agradecerles el momento que nos han brindado. Si podemos servirles en algo, pueden contar con la buena voluntad de estos dos Leones.

Dijo dirigiéndose a ambas mujeres, señalándose a sí mismo y a Testu, poniéndose ambos al mismo nivel.

-Dama Kuronuma, es un honor conocer a alguien en quien Tetsu-san pueda fijarse como ejemplo de Bushi, de Samurai y de mujer.

Añadió con una reverencia, breve pero sentida.

¿Tendría algo que ver su repentina llamada con la que había recibido Lady Rokujo pocas horas antes? Goroku no llevaba suficiente tiempo en la ciudad para saber si aquello era algo habitual o algo más extraordinario –y peligroso- estaba pasando.

De todos modos, como había dicho Matsuhiro, si era algo importante, mañana todos lo sabrían. Para bien o para mal. Y, lo que estaba claro, es que ambas mujeres sabían defenderse sin ayuda.


Cuando se quedaron de nuevo a solas los tres, comenzaron a traer los postres.

-Disculpe, Matsuhiro-sama, ¿nos tenéis preparada alguna otra emboscada esta noche u os podemos invitar a la actuación de las nietas de Kakita Togue en la plaza central del distrito?
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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue May 26, 2016 10:53 am

Cuando las dos Damas de Compañía se fueron, Matsuhiro se recostó un poco en su postura, bebió despacio un poco de té de cerezas caliente que os habrían traido con los postres y te sonrió ante tu pregunta.

"No... ya no habrá ninguna sorpresa más...
Siento de hecho esta pero... es que oportunidades así pocas veces se pueden desperdiciar...

Tras hablar con el Embajador y saber el tema de que hubiesen sido elegidas como consejeras para la tarea del séquito, y siendo la Dama Kuronuma creo que un modelo a seguir perfecto para la pequeña Tetsu...

Sólo tenía que "apostar" a si esa costumbre suya me daría una mano afortunada o no esta noche..."


Sonrió.

"Una finta para un golpe..."

Bebió despacio.

"Pero quiero dejar bien claro mis buenas intenciones desde el primer momento... mi intención era antes que toda la maquinaria de la corte empezara a moverse poder colocarnos de forma que cuando todo empiece no nos pille a tras pies...

Os aseguro que sólo quiero lo mejor para Tetsu-chan y para el Clan...."


Terminó diciendo de forma muy solemne aunque con un tono ligero para no hacerlo demasiado serio.

"Además como se expuso en la misma conversación no trato de ganar favores ni de adelantar piezas indebidamente, sólo buscar un lugar en donde Tetsu-chan pueda encajar y pueda decidir por ella misma."

Luego la miró y sonrió:

"Y habéis hablado, y decidido, maravillosamente todo sea dicho.. juju

Os puedo asegurar que la Grulla va a pasarlo muy mal este año juju

En el buen sentido, claro, porque al final todo sea en pos del Emperador y del bien del Imperio, el León, ahora que por fin hemos recuperado la Mano Derecha debe asegurarse que su Alteza Imperial está siempre asesorado de los mejores y no de los mejores lameorejas."


Dijo esto último entre la sorna y la seriedad.

"Así que espero que mañana me saquen un tiempo para poder ir a media mañana a tomarnos algo con las encantadoras damas... sin que eso os dificulte ir a ver a las nietas de O-Togue-sensei, por supuesto...."

Sonrió de medio lado y añadió:

"Que por cierto... una excelente compañía la que habéis elegido, todas son rosas preciosas y artistas muy versadas."
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Mensaje por Ikoma Goroku » Jue May 26, 2016 11:34 am

Goroku apuró su baso de sake. Encontraba aquel te de cerezas más dulce d lo que a él le gustaba y no quería parecer descortés pidiendo otra cosa, así que se centró en el seco sabor del sake.

A pesar de todo la cena había resultado excelente. Platos cuidados al detalle sin olvidar el sabor ni la calidad de los productos. Había disfrutado comiendo como no recordaba haberlo hecho nunca.

Pero claro, la comida sólo era una excusa. Una excusa para juntarse los tres, los cinco, en torno a una mesa e ir disponiendo las fichas en el tablero de aquella intrincada partida. Matsuhiro, hábil estratega en la corte, les había enseñado los movimientos básicos mientras que él, se dedicaba a ir dos pasos por delante.

Así que, cuando él decía que no deseaba que les cogiesen a contrapié, seguramente quería señalar que su intención era adelantarse a los acontecimientos, a sus enemigos y lograr las mejores posiciones en el tablero. Como un general que dispone a los arqueros en una colina o a sus mejores tropas en una posición ventajosa. “Un soldado vale tanto como el terreno que ocupa”, decía un viejo proverbio castrense. También un cortesano.

Mientras sus objetivos fuesen tan nobles como parecían, Matsuhiro sería un gran aliado. E, independientemente de ello, alguien de quien se podía aprender mucho.


Así que al día siguiente tenían una nueva reunión con Kuronuma y Kotoko. Aquella era una gran victoria para el León, pero también una nueva prueba, para la cual esperaba estuviesen preparados. Si querían llegar al Consejo del Emperador, deberían enfrentarse a muchas como aquella y debían salir victoriosos de todas ellas. No basta con ganar una batalla, hay que ganar una guerra.

Como bien había sabido señalar Matsuhiro, todos sus esfuerzos no lo hacían por ellos mismos, ni siquiera por su Clan, sino por el propio Imperio. Goroku había visto a Daymios y grandes señores derrotados por culpa de consejeros, más preocupados en su propio bienestar que en asesorar correctamente a su señor. Y esto es algo que el Hijo del Cielo no podría permitirse. Un buen consejo, sincero, honorable, vale más que mil palabras halagadoras. Ese era el camino León, el camino del Samurai.



"Que por cierto... una excelente compañía la que habéis elegido, todas son rosas preciosas y artistas muy versadas."

-Por supuesto entendemos que sois un hombre ocupado, pero si tuvieseis tiempo, estáis más que invitado a acompañarnos, Matsuhiro-sama. –Dijo Goroku amablemente. –Si sus obligaciones no se lo impiden sería una forma de agradecerle su tiempo con nosotros.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Vie May 27, 2016 4:11 pm

"Os acompañaré hacia donde están y luego... veremos si el tiempo me permite quedarme... suelo escribir por las noches y últimamente mi inspiración está en auge... pero ya veremos..."

Te contestó con una cálida sonrisa.

Luego te sirvió un poco de sake al ver que el té que habías probado no parecía del todo de tu agrado, aunque lo habías tratado de ocultar lo máximo posible.

"Este sake es un poco dulce, viene de las praderas del territorio del Campeón Esmeralda, suele ser perfecto para acompañar a los dulces de después de la cena.."

Te dijo mientras lo servía caliente.

"Bueno... para mañana... os informó a los dos quedaremos en el Loto y en el Pétalo unos quince minutos antes de las 11, nunca hay que hacer esperar a las damas...

Con respecto a la etiqueta de vestuario el lugar es muy exclusivo pero no requiere grandes galas, aunque si obviamente cierta calidad de tejidos...

Como habréis podido comprobar, espero, ambos, la Dama Kuronuma refleja perfectamente el estándar que todo León en la corte debería llevar, parco pero de calidad. Que hable de su calidad por los conocimientos del que mira, no por lo ostentoso del que lo porta.

Es otra lección más que quiero que aprendáis de ella.
En la Alta Corte los tejidos fastuosos como los de la Dama Kotoko son habituales, muchas veces sirven para distraer, como ellos desean, por motivos diferentes, pero ese no es nuestro juego...

Las distracciones que nosotros provocamos siempre vienen más del ojo que nos mira que de nosotros mismos, un león en la corte siempre debe ser estandarte de sinceridad en todo lo que hace, y por supuesto como viste. Son los demás los que tienden a malinterpretarnos, no nosotros a provocar dicho trance... ¿entendéis?"
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Mensaje por Ikoma Goroku » Mar May 31, 2016 10:38 am

De nuevo, cuando parecía que habían avanzado en su aprendizaje, veían que les quedaba mucho por aprender. Podría resultar frustrante, que cada vez que das un paso hacia adelante faltan dos más para llegar. Pero había sido un soldado toda su vida. Sabía que tras una larga jornada de marcha al día siguiente habría otra más extenuante. O peor aún, una dura batalla contra algún enemigo.

Así que ahora deberían empezar a cuidar no sólo su interior, sino también su exterior. Un envoltorio bonito para un excelente regalo o algo así. Aunque pudiese parecer algo banal y superfluo, Goroku veía claramente las ventajas de saber cómo debía presentarse en cada acto de sociedad. Al igual que en batalla podía resultar útil equipar a sus mejores tropas en armadura de ashigaru para contar con el factor sorpresa, aquí era igualmente vital saber que ropas utilizar en cada situación.


-Respecto a la etiqueta, Matsuhiro-sama. ¿Conocéis de algún lugar donde podamos actualizar nuestro ropero? Las ropas que he traído tal vez no sean las más adecuadas para estos eventos. – Dijo con humildad. –Así mañana podremos acudir a la cita con el aspecto que se espera de nosotros.

Al fin y al cabo, cuando llegó no esperaba tener que codearse con la flor y nata de la sociedad de Rokugán. Así que tendría que adquirir nuevos kimonos, cada uno para la situación social que fuese necesario.

Mientras abandonaban el local añadió:

-Sería de gran ayuda si fuese un local donde puedan también asesorarnos de lo más conveniente a cada situación. Nos gustaría hacer todo lo posible para que el León quede a la altura que merece.

Así que otra actividad más en su ya apretada agenda. Una nueva jornada de marcha entre las montañas. ¿Qué habría mañana? ¿Más aprendizaje, más marcha? O… ¿tal vez una batalla?

Sería mejor andar con cuidado, cuidar cada paso. Sin precipitarse, pero siempre avanzando. Por el León, por el Imperio y por Tetsu.
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue Jun 02, 2016 3:06 pm

"Claro, dejadme eso de la ropa a mi, si queréis en vez de quedar por la mañana para la cita podemos quedar tras el desayuno para comprar, yo os asesoraré, tengo una amiga que es patrona de varias tiendas de moda en este distrito en la que podréis, ambos, actualizar vuestro vestuario."

Propuso Matshiro sin ningún problema.

"Si no queréis os puedo decir simplemente su nombre pero... si me lo permitís, sería bueno que yo mismo os instruyera cómo es la etiqueta del León en esta ciudad para la clase de eventos sociales a los que váis... ¿os parece?"

Preguntó con amabilidad este aunque sin duda era una oferta irrechazable.

"Como dije antes... el León no tiene que hacer grandes galas de sus plumas, nosotros tenemos nuestra melena, es cierto, pero un aspecto sobrio... más como el de Kuronuma-san..."

Añadió mientras saliáis por fin a la calle.
De hecho, justamente Matsuhiro vestía de aquella forma, quizás el cubre-hakama era algo más elaborado ahora que se lo ponía, pero la forma que tenía de presentarse era elegante y sobria.

Este os acompañó hasta la plaza central en donde había una multitud de gente congregada al rededor de un escenario circular en cuyo interior había una enorme pira de fuego y en donde en aquel momento había músicos tocando.

En los círculos exteriores de aquella plaza de aquella forma había puestos de comida, de juego y vendedores ambulantes los cuales hacían que el público de aquel lugar fuera muy variado, desde niños a adultos.

"Os vendrá bien ver esta función... la danza es un recordatorio hermoso de los límites del ser humano...

Lady Rokujo suele tratar en las primeras clases de ver cuáles son los límites de sus alumnos y si son impuestos o personales..."
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Mensaje por Ikoma Goroku » Mar Jun 07, 2016 10:37 am

Así cerraron el asunto de la moda. Sería realmente útil poder contar con alguien tan versado en la materia como Matushiro. Además de ser alguien que entendía no sólo todas las facetas de aquel complicado lenguaje, parecía comprender su forma de ver el mundo, mucho más austera que el de su maestra Grulla. Al fin y al cabo, uno no puede blandir una espada si no se siente cómodo con ella en su mano.

Equipar a las tropas más ligeras con una pesada armadura no sólo no les aportaba mayor protección sino que las hacía lentas y pesadas, mucho más vulnerables a los ataques enemigos. Lo mismo podía ocurrir con sus ropajes. Vestirse de forma ostentosa no sólo les haría sentirse ridículos, entorpeciendo sus pasos por la corte sino que se convertirían en una carga en lugar de una herramienta.

Y Matsuhiro parecía entender esto a la perfección. Sus ropas, ligeramente más recargadas de lo que le gustaba a Goroku, no dejaban de ser sencillas (aunque de una gran calidad) para lo que se podía ver en la corte. Así, con un aspecto sobrio y sereno había logrado ser uno de los más afamados escritores de la ciudad. Era el claro ejemplo de que no se requería un aspecto estrambótico para triunfar en la Corte.


Entre estas reflexiones llegaron a la plaza central. Era curioso cómo entre toda aquella algarabía habían podido cenar con tanta tranquilidad. Matushiro (y por lo que se veía, las grandes personalidades de la ciudad) sabía elegir sus rincones de calma y paz entre todo el bullicio de aquella ajetreada ciudad.

Allí se congregaban multitud de personas, de diferentes clanes y posiciones sociales. Desde los más humildes hasta importantes personalidades se daban cita en los eventos de aquella celebración. Los Grulla, una vez más, demostraban ser herederos de la gracia de la Dama Doji.

La gente empezaba a mirar hacia el centro de la plaza, donde Matsuhiro les señaló que en breve iba a comenzar la actuación.

Goroku siempre había apreciado la danza. Es un arte sencillo en su esencia, sólo un cuerpo y la música, un lenguaje que puede ser tan sencillo como el de un niño. Algo que uno puede disfrutar incluso en el castillo más alejado del Imperio. Al contrario que el teatro o la jardinería, no se requiere de grandes medios, ni de una tierra fértil. Sólo de ser capaz de transmitir aquello que las palabras no pueden.

Como Ikoma sabía muy bien el poder de las palabras. Pero la danza siempre transite algo diferente, algo aún más íntimo. Como la danza de los sables en una batalla, donde los pies se turnan en pociones de poder, en un escenario se van moviendo con igual gracia. Marcando los límites del ser humano, exactamente.

A pesar de no tener el alma de artista de las virtuosas Grulla, podía disfrutar de aquella velada con el corazón de un Ikoma. Y, como bien apuntaba Matsuhiro, podría aprender mucho de ellas.
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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi » Lun Jun 13, 2016 10:04 am

Cuando la actuación anterior a la de la Grulla terminó hubo un leve murmullo, como si el público se adelantara a lo que iba a pasar, este se arremolinó en torno al escenario, más cerca.

Entonces subieron al escenario tres mujeres de una belleza escepcional, de esas que hacen que un día soleado parezca nublado comparado con su belleza, de pieles níveas del color de las blancas playas de Kyuden Doji, cabellos oscuros cual ala de cuervo y ojos claros como las aguas que bañaban su costa.

Una de ellas iba con un shamizei, la otra con ropajes llenos de telas vistosas y vaporosas que se movían con ella y la otra de aspecto más retraído pero hermoso simple y llanamente se colocó junto a la del instrumento.

"Kakita Bara comenzó a decir Matsuhiro señalando a la de los ropajes exóticos y vaporosos es una de las bailarinas más famosas de la ciudad por la delicadeza de sus movimientos y la sensualidad de su baile, es la mayor de las nietas de O-Togue-sensei. luego señaló a la del instrumento Tsubaki es la tercera nieta, tiene los dedos ágiles como para ser una arquera asombrosa y una finura a la hora de tocar que puede hacer tocar cualquier instrumento las melodías que en su corazón albergue... esten escritas o no... por último señaló discretamente a la otra Ran es la cuarta de las cinco nietas que son consideradas las "flores" de esa familia pues todas tenían nombre de flores y posee una voz tan dulce que podría hacer llorar hasta a quien cree no tener corazón."

Una vez estas en el escenario entonces, al leve quejido del inicio del shamisei comenzó el espectáculo.

Lo que Matsuhiro te contó, aunque parecía bien azucarado por sus dotes como cortesanos pronto quedó en evidencia que incluso se había quedado corto.

Ran cantaba una preciosa canción de amor y tristeza en onde dos amantes nunca podrían encontrarse más que una vez al año, el mito del festival de tanabata, mientras los acordes se deslizaban desde el instrumento hasta tus oídos calando en tu alma con la maestría de los dedos de Tsubaki; a la vez que Bara, ella sola, pero a la vez como si le sobrara el mundo encarnaba dos personajes en uno con tal acierto que no podías dudar cuando hacía de él y de ella y a la vez no podías parar de admirar los hermosos gestos y movimientos mientras las telas de sus ropajes volaban por el escenario.

Tetsu estaba muy fija en aquella escena, seguramente como tu mismo estabas, mientras sus ojos brillaban sintiendo sin duda la emoción de quien sabe que está viendo algo fuera de lo común.

Al terminar la primera de las que parecían varias actuaciones esta sólo pudo decir "Kiiirei" (hermoso) tan a media voz que apenas fue audible. Matsuhiro asintió con la cabeza como si le gustara aquella forma demostrar sus sentimientos y te miró de reojo mientras te sonreía y decía:

"Y es por eso que son de las damas casaderas más deseadas de toda la ciudad..."


OUT
los rostros estan en el archivo
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
Isawa Hiromi, Dominatrix in Wonderland

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