Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Ciudad imperial, morada del Hantei, la ciudad más grande e importante del imperio esmeralda.<br>Aqui se narran los hechos dentro de los distritos exteriores y los distritos interiores.
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Isawa_Hiromi
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Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue Ene 18, 2018 4:25 pm

Era el ser más hermoso que jamás hubieras visto y creías que jamás verías.
Su piel era de porcelana, tan blanca que el sol parecía ni tocarla, al igual que su cabello del color de la nieve inmaculada, y sus ojos de un azul tan cristalino que también hubiera podido confundirse con el color de su piel y cabello. Todo en ella era blanco y puro... salvo su sonrisa. Su sonrisa estaba marcada por un aire sarcástico y picajoso, quizás hasta cruel que hablaba sin palabras de la agilidad de su mente. Pero aunque ella se mostrara fría y sus sibilinas palabras cortantes... fueron sus ojos... su mirada triste la que te hizo saber que ella, al contrario que todo lo demás que podías ver, no era malvado...


Ocho años atrás...
Shiro Matsu.
Matsu Ryunosuke. Nueve años de edad.


Ahora podían verte.
No sabías cómo ni cuando había pasado pero aquellas cosas, esas criaturas, esos monstruos que te atormentaban desde que tenías uso de razón y que por alguna inexplicable razón nunca te habían prestado atención ahora SI podían verte... Y no sólo eso, sino que de pronto estaban tan interesados en ti, en tu carne, que tu única opción era correr.

Corrías y corrías y tratabas de llegar lo antes posible a casa o a la casa del tio Agoki, el cual realmente no era tu tio, pero siempre le habías llamado así, tu vecino y shugenja de la familia Kitsu. Por algún motivo los monstruos nunca rondaban tu casa ni la suya y creías que más bien era porque al estar la tuya al lado y ser él un sacerdote, aquellas criaturas no osaban aparecer. Pero si, como en aquel momento, estabas demasiado lejos la única opción era correr y correr hasta toparte con un templo o algún lugar sagrado.
Aquellas criaturas salidas del infierno no podían acercarse a suelo sagrado... o eso parecía.

Lo que estaba claro, mientras corrías en mitad del bosquecillo a las afueras de la ciudad de Shiro Matsu, es que te habías alejado demasiado, te habías arriesgado estúpidamente y todo porque te habían retado los chicos del Dôjo a hacer aquella estúpida prueba de valor. ¿Valor? Ellos no sabían lo que era el valor, no sabían lo que era ver aquella clase de seres aparecer de pronto, fantasmas de cuellos cortados, extrañas criaturas que volaban y que reptaban por paredes y techos...
Claro que tenías miedo, pero el valor era poder vivir con ellol aún sabiendo, justo como aquel día, que un día... puede que pudieran verte a ti como tu a ellos.

Corrías en mitad de aquel bosque mientras dos de esas criaturas te perseguían, una era un enorme ojo que parecía tener una viscosidad al final como tentáculos y el otro, al principio lo habías confundido con un humano normal y corriente, pero al darse la vuelta no tenía rostro y al perseguirte se había demostrado que corría a cuatro patas pero sus extremidades estaban dadas la vuelta, de manera que el torso quedaba mirando hacia el cielo y su espalda a la tierra.

Valor...
¿Por qué les hiciste caso a los chicos del dôjo? Esos seres te estaban persiguiendo, alcanzando, mientras tratabas de avanzar en el bosque de bambú, e ibas a morir estúpidamente por algo que jamás debiste demostrarle a nadie.

Ya casi llegabas, había en mitad del bosque un pequeño claro con un enorme árbol en donde había una estatua llena de musgo en piedra junto a un farolillo del mismo material, no sabías qué era aquello, pero lo que sí sabías es que tenía la suficiente pureza como para que jamás hubiera habido algún monstruo cerca. Quizás había sido algún templo olvidado, un lugar sagrado... quien sabía. Y aquello era tu única opción ya que jamás lograrías llegar a caso vivo, estaba demasiado lejos.

Casi podías verlo, allí estaba el claro... sólo un poco más...

Una rama se enredó en tu pierna y caiste estrepitosamente al suelo, chocando contra este tan fuerte que te golpeaste la cabeza. Tras de ti aquellos pasos se aceleraron y ya casi llegaban, podías notar perfectamente la presencia de estos a tu espalda a punto de poner sus zarpas sobre ti cuando...

"Apartaos de mi vista, escoria, me estáis estropeando el paisaje."

Una voz delante tuya, de mujer, fría y molesta, causó de pronto que los dos perseguidores se parasen tras de ti. No levantaste la cabeza aún cuando la oiste de nuevo hablar:

"Os doy dos segundos."

Y de pronto... aunque no lo estuvieras viendo, aquellos seres desaparecieron, no sabías cómo pero estabas seguro. Levantaste entonces tu rostro despacio, y tu cuerpo del suelo, y te diste cuenta que no había nadie delante tuya, atrás al mirar rápidamente los engendros habían desaparecido.

"Hay que estar desesperado para querer comerse a un escualido como tu."

Dijo la voz de mujer haciendo que te dieras cuenta que sonaba más que en frente tuya sobre ti. Miraste hacia arriba y en uno de esos enormes árboles justo en el claro que había entre los bambúes al lado de la estatua de piedra, la vista por primera vez.
Blanco puro sobre el verde del bosque.
Era una mujer joven, no tendría más de veinte años, cabello largo y blanco, piel pálida, ojos de un azul tan claro que casi parecían blancos y vestía con un kimono del mismo color mortuorio, con una bufanda de pelo que le recorría el cuello del kimono. Sonreía de forma malévola sin embargo, al contrario que con todas aquellas criaturas que te habías encontrado hasta aquel momento... en ningún momento sentiste que estabas en peligro.

Fue como si ella lo notase que de un salto bajó del árbol al que estaba subida, a mas de cuatro metros, y calló gracilmente delante tuya como si no pesara nada.

"¿Por qué sonries niño tonto?"

Dijo molesta sin que tu te hubieras percatado que lo hacías. "Porque me has salvado" le respondiste. Y desde entonces Orihime, que era como se llamaba aquella chica, y tu os hicisteis... amigos.



[...]


Orihime no era de tu mundo, eso lo sabías desde el primer momento en que la habías visto, pero no sabías qué era, ella nunca te decía nada y eludía las preguntas directas. Sabías que había monstruos que provenían del infierno, esos deseaban devorar carne humana y eran perseguidos por los Cazadoras Kunis del Cangrejo. Había fantasmas que habían quedado encerrados en un ciclo que no habían podido finalizar, vagando, algunos hambrientos como gakis (vampiros), otros sólo penando, algunos peligrosos otros sólo invisibles. También habías sabido de cambiaformas, espíritus animales que podían transformarse en personas pero no a tiempo completo y no siempre de manera adecuada ocultando lo que eran.El mundo más allá de lo que los demás podían ver era tan extenso como los nueve reinos celestiales en los que habitaban y el Ningen-Do, el de los humanos, era la puerta confluente a la mayoría de ellos.

Ellos podían verte, pero desde que Orihime había aparecido en tu vida ya no volvieron a tratar de hacerte nada, estuviera ella cerca o no, sobretodo después que ella te regalase un colgante que poseía un colmillo blanco y del que te ordenó "no separarte nunca si querías seguir vivo".
Ella siempre hablaba de aquella manera, desde el primer día, siempre lo hacía de forma desagradable, directa, sin tacto, era mandona y pecaba de soberbia sin embargo... siempre tenía esa mirada... triste. Dijeran sus labios lo que dijeran, aquellos ojos te hablaban más de cómo era realmente de lo que jamás admitiría.

Ella también te había enseñado que en "ese otro mundo" no todos eran malos y que quizás el problema era el no saber cómo tratarlos y cómo relacionarte, el quién debías evitar y a quién no. Era como los leones, los animales, peligroso si estaban en libertad, menos si eran criados, leones siempre, pero tu relación con ellos dependía mucho de si eras cazador o presa de estos.

De pronto el ver los espíritus en los árboles del bosque te comenzó a parecer un símbolo de buena suerte, ya que los dioses anidaban en él. Te diste cuenta que algunos de aquellos aterradores seres sólo eran tristes sombras, recibiendo un castigo por un pecado que habían hasta olvidado. Y que la espiritualidad sin duda podía salvar vidas, ya que aquella situación te obligó a aprender a ver los lugares sagrados libres de interferencias.

Gracias a eso tus distracciones en el dôjo fueron decreciendo paulatinamente, pudiste practicar y mejorar como cualquiera de tus compañeros y con el tiempo, mientras ibas aprendiendo a fingir que no veías aquello y a que los demás dejaran de pensar que siempre tenías la mirada perdida, desarrollaste una parte de tu personalidad más calmada y analítica necesaria para poder fingir delante de humanos y monstruos lo que deseabas que ellos supieran de ti, no lo que eras.

Orihime siempre estaba en aquel bosque de bambú, en aquel claro, donde solías ir a verla, siempre con la misma apariencia, siempre con aquella sonrisa malvada y aquellos ojos tristes... Siempre... daba igual los años que pasasen...



[...]
En la actualidad
Shiro Matsu




"Ryunosuke"

Tio Agoki te llamó la atención del libro que estabas leyendo en su casa, ya que tenía una enorme biblioteca a la que siempre estabas invitado a entrar.

"Tengo una proposición que hacerte."

Agoki se sentó a tu lado en la mesa, trayendo una bandeja con una tetera y dos tazas y sirvió tranquilamente. Kitsu Agoki estaba retirado, era un hombre mayor aunque se conservaba muy bien, las arrugas apenas habían aparecido en su piel y su cabello rubio, un rasgo distintivo de los de su familia, había pasado a ser un rubio pajizo casi blanco por las canas. Vestía muy pulcramente en tonos dorados apagados, de buen material pero sin llegar a ser ostentoso incluso eligiendo aquel color. Tenía ese aura de tranquilidad de un sobrio bibliotecario pero a la vez la sonrisa cálida de abuelo comprensible.

"Me han llamado para ir a la capital, asuntos de Clan, pero necesito un séquito para el viaje y para la estancia en la ciudad... y me preguntaba si querrías venir conmigo, ya eres mayor de edad y tienes todo el futuro por delante así que es hora que comiences a tomar tus propias decisiones."

Te comentó este sabiendo que en tu casa tu madre tendría mucho que decir, sin embargo, ya pasado el gempukku (la mayoría de edad) era hora de tomar las riendas de tu vida.

"La capital es un gran lugar para el crecimiento personal y para alcanzar las metas que todo samurai desea... y bueno, tiene los Siete Grandes Templos."

Agoki no sabía por qué desde siempre te había interesado tanto la religión, por qué meditabas tanto, eras tenías tanta fe y tantas preguntas de religiosidad; quizás si alguna vez se lo hubieras conseguido contar, una de aquellas tantísimas veces que lo habías intentado, él hubiera entendido que para ti aquello no era fe, era realidad. Tu admirabas a quien sin ver nada creía, eso era la fe, lo tuyo era jugar haciendo trampas porque tenías muy claro, desde siempre, que todo de lo que los mitos y leyendas hablaban era cierto y lo que no habías visto en persona... ¿cómo no ibas a creerlo con todo lo que ya de por sí sabías?

Por eso, después de leer tantos libros sobre antepasados, dioses, fortunas... era normal que él creyese que ver los Grandes Templos dedicados a los dioses que cayeron a nuestro mundo justo en aquel punto, en la capital, un lugar de peregrinación y culto de todo el Imperio era un viaje que jamás querrías perderte. Y en cierto sentido era cierto, pues jamás estabas tan calmado como en la morada de los dioses.

"Bueno... ¿Qué me dices?"



Orihime:
Imagen
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

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Matsu Ryunosuke
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Re: Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Matsu Ryunosuke » Dom Ene 21, 2018 7:46 pm

Todavía recuerdo la sensación de miedo y de pánico que me invadió al ser consciente de que esos seres podían verme. Y no solo podían verme, de repente, en un solo instante, me vi corriendo como no había corrido nunca, mirando a todas partes y con miedo de no estar nunca a salvo.

Llegar a casa de tio Agoki, siempre era mi salvación, pero no iba a llegar, estaba demasiado lejos y aunque era un gran corredor empezaba a notar ese sabor metalico en la garganta. Mierda, no debería haberlo hecho, no voy a conseguirlo, siempre he ido con cuidado y ahora por una estupidez se va a terminar todo…. que demonios tenía que demostrar…

Y de repente… ese claro en el bosque con lo que parecían los restos de un viejo templo, tenía que conseguir llegar, un ultimo esfuerzo, acelera la marcha, ya no te queda nada… de pronto una de mis piernas se queda atrás y caigo al suelo golpeándome con fuerza… no puede terminar todo así, ya casi lo había logrado y ahora los oigo, ya llegan……todo termina ya.. cierro los ojos, ya no hay nada que hacer

"Apartaos de mi vista, escoria, me estáis estropeando el paisaje."
"Os doy dos segundos."

-¿Qué ha sido eso? ¿Quien está ahí? ¿Dónde han ido ellos?

Entonces fue cuando al vi por primera vez, el ser mas hermoso que había visto jamas. Ella me había salvado cuando yo lo había dado todo por perdido. ¿pero que había pasado? ¿Por qué le habían obedecido? ¿Quién era ella? – Lo mismo daba, ella me había salvado.

"¿Por qué sonries niño tonto?"
-Ehhh, yooo, porque me has salvado, pero ¿cómo lo …

Ese fue el comienzo de nuestra amistad. Siempre había sentido cierta atracción y debilidad por las personas que como ella transmitían inteligencia y determinación, pero fue esa mirada triste la que atrapó mi alma para no dejarla nunca marchar y así poder saber más de ella.

Ori-san me había salvado, pero no solo me salvo aquella vez siempre estaba pendiente de mi, incluso me regalo el colgante del que nunca me separaba por ordenes de ella si quería sobrevivir, aunque cuando me lo dijo nunca llegue a tener muy claro si lo decía porque vendrían a por mi otra vez mis monstruos o porque ella misma me mataría.

Me enseño muchas cosas sobre aquellos seres y deje de verlos como una amenaza, incluso empecé a ver con pena a alguno de ellos. En más de una ocasión me pregunté a mi mismo si incluso la misma Ori-san sería uno de ellos.

Estaba frustrado por no poder ayudarla. En el fondo la veía triste, incluso cuando más se reía mientras se metía conmigo, pero cada vez que le preguntaba, me cambiaba de tema.

La proposición de tio Agoki me había pillado por sorpresa, era cierto que ver los siete templos era un aliciente importante y que sería una oportunidad, pero más que lo que diría mi madre, mis pensamientos se iban con Ori-san. Ya no podré ir al bosque para verla y tener nuestras animadas conversaciones sobre estupideces, pero tampoco puedo quedarme aquí eternamente.

-“Me apetece mucho tio Agoki, pero ¿Cuándo saldríamos? ¿vamos a estar mucho tiempo?, quiero despedirme de algunos amigos y tendré que preparar todo para el viaje”

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Isawa_Hiromi
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Re: Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Isawa_Hiromi » Lun Ene 22, 2018 6:06 pm

Tio Agoki sonrió contento porque te hubiera parecido una gran idea y mientras te acercaba el plato con los mochis de pasta de judías dulces que acompañaban al té, te respondió:

"Partimos en dos días, de manera que te da tiempo de hacer la maleta, contarselo a quien debas y saldremos en la mañana. Vamos con una delegación León a la ciudad, necesitamos refuerzos allí, así que cabalgaremos en grupo y llegaremos por los caminos imperiales en poco tiempo."

Este te tendió lo que parecían unos documentos y dijo:

"Me he ocupado de todo, tenía la esperanza que dijeras que sí, así que esos son tus papeles y visados. Cuando lleguemos a la ciudad nos quedamos en las residencias del Clan así que no te preocupes por los gastos, ya que vamos como comitiva oficial. Tu cometido en la ciudad será sencillo, acompañarme a algunas reuniones y hacerme de yojimbo (guardaespaldas) más que nada por formalidades, no porque la ciudad sea peligrosa.
Te vendrá bien relacionarte en la ciudad, hay muchos jóvenes con talento no sólo en el Clan."


Comentó.



[...]

Horas más tarde de haber hablado con tio Agoki y haberte enfrentado a tu madre, la cual no estaba del todo encantada con la idea pero ya que era una oportunidad estupenda no pudo negarse, ya que la capital tenía grandes oportunidades para quien sabía tomarlas, te dispusiste antes de despedirte de cualquier profesor o amigo del dôjo ir a ver a Ori.

La noche estaba cayendo y tu no eras en absoluto amigo de salir de noche cuando sabías perfectamente que la actividad paranormal era mayor, sin embargo el hecho de dejarlo para mañana te producía peor sensación. Así que, ataviado con tu colgante, un farol y tu capa salistes hacia el bosque a las afueras.

La luz de la Dama Amaterasu (el sol) lentamente se difuminaba en tonos anaranjados dejando paso a las tonalidades oscuras que la noche y el señor Luna, Onotangu, traían consigo. El bosque de bambues parecía sacado de un cuento mágico en donde los sonidos de los pequeños espíritus del bosque, con sus lejanos quejidos, te avisaban que el mundo sobrenatural y humano se difuminaban en aquel punto. Aunque vistes pasar alguna sombra en la lejanía no le diste importancia, si eras capaz de hacer como que no los veías ellos no se percatarían de tu presencia.

El camino oculto hacia el claro a ti te era familiar y en poco tiempo lograste llegar casi hasta donde Ori siempre estaba cuando de pronto... Oistes dos voces hablando en el claro, una era la de Ori pero la otra no la conocías.

"No vas a tener mucho más tiempo. dijo la voz de una mujer que no reconocías si sigues empeñada puede que esta vez sea la última vez que nos veamos."

"Ya te he dicho que no me importa desaparecer." La voz de Ori, cortante, no mostraba miedo, pero si un hilo de melancolía que no se te pasó por alto.

"Pero es que NO tienes que desaparecer, no tiene sentido que siendo quien eres, como eres... no sirvas a nadie más."

"No sé servir a nadie más..."

"Sabes que sé perfectamente cuando estás mintiendo." le recriminó la mujer desconocida."Así que ahorrate tus falacias para quien puedas engañar... yo sé perfectamente quien eres Orihime.. y sólo estoy tratando de ayudarte."

"¿Te he pedido yo ayuda?"

"has seguido viviendo en mi mundo aunque podías haberte marchado... para mi eso es una clara señal de socorro."

Ori se rió de forma jactanciosa como si no fuera con ella.
Entre los bambues pudiste ver la espalda de aquella mujer extraña, vestía un traje de pantalón y camisa con cuello mao totalmente rojo con flores en dorados sin ningún mon a la vista. Tenía una cola alta de la que se desparramaba su cabello blanco hasta la cintura y parecía tener una máscara enteriza blanca, con uno de esos papeles de templo, omikuji, en los que se escriben plegarias, pegada a esta. La máscara sólo tenía la forma de los ojos en los que no se lograban ver los del portador y los labios y la nariz esculpidos en aquel blanco sepulcral que te hizo por un momento estremecer.

Aquella extraña mujer se adelantó hacia donde estaba Ori, sentada sobre la linterna de piedra que estaba justo al lado de la estatua casi desaparecida por las inclemencias del tiempo y puso lo que parecía un guardapelo encima.

"Te voy a dejar esto aquí... quiero que te lo pienses bien... no me gustaría que desaparecieras de este mundo... aunque ya no esté aún hay otras personas que te necesitan ¿verdad?"

en ese momento jurarías que giró un poco el rostro y sentiste que por uno de los ojos de la máscara te había visto... pero... ¿era sólo tu impresión verdad?

"Espero verte en la capital... buscaremos juntas una solución, Orihime-san, pero necesito que desees vivir, aguantar."

Ori no dijo nada y la mujer se dio media vuelta y comenzó a salir del claro hacia donde estabas, en un gesto instintivo como el niño que sabe que ha estado espiando y esta mal te pudiste tras uno de esos grandes árboles que estaban en el claro a resguardo de la oscuridad de la noche recién caída.
La mujer anduvo hacia fuera y pareció perderse entre las cañas de bambues, pero antes de hacerlo de pronto dijo en voz alta:

"Haz que vaya a la capital. Su vida depende de ello."

¿Era a ti? Tras aquello la extraña mujer desapareció.
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Re: Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Matsu Ryunosuke » Dom Ene 28, 2018 12:19 pm

“¿Así que ya tienes todo listo y visado? ¿Tan seguro estabas de que no podría resistirme a ir a la Capital?”

Tio Agoki, siempre me hacia lo mismo, iba tres pasos por delante de mí y eso a veces me ponía nervioso, porque nunca me preguntaba nada, se me quedaba mirando con esa cara de no hace falta que me cuentes nada, yo te veo… ¿Cómo lo hacía? Me esforzaba mucho para que nadie me viese más allá de donde yo quería mostrar, pero él aunque nunca me preguntaba nada, ni intentaba sonsacarme cosa alguna, parecía siempre adelantarse a mis pensamientos.

A ver como se lo cuento yo a mi madre, seguro que no le gusta nada la idea, pero va a tener que aceptarlo, tampoco me voy para toda la vida y ya es hora de que salga de aquí y conozca la capital. Además tio Agoki, me ha dicho que no es un viaje peligroso…

Bueno, parece que Okasan al final no es tan fiera como la pintan y ha comprendido que es una buena oportunidad viajar a la ciudad. No se ha quedado del todo conforme, pero que vaya con tio Agoki le da un poco de tranquilidad. Ahora solo me queda ir al dojo a despedirme, hacer la maleta y contaselo a Ori-san…Sigo dándole vueltas a la cabeza en como se lo va a tomar… Lo mejor será no dejarlo para mañana, por muy tarde que sea, tengo que ir ahora.

Emprendí el camino hacia el claro del bosque donde siempre nos encontrábamos y aunque por el camino podía ver alguna que otra sombra, me sentía seguro con aquel colgante que Ori-san me dio.

Siempre que iba a su encuentro, iba recordando alguna de nuestras conversaciones, flashes inconexos de una y otra tarde, como resúmenes de un todo. Un todo que desde el día que apareció en mi vida, me daba paz. Es curioso, tenía una forma de hablar brusca, desafiante y a veces hasta insoportable, pero siempre que intentaba recordar nuestras conversaciones, mi sensación era de ternura. No tenía mucha lógica, supongo que me había acostumbrado y sabía que su forma de expresar las cosas no la definía en absoluto.

De pronto unas voces me sacaron de mis pensamientos, ¿Pero quien estaría en el claro? Casi nunca pasaba nadie y menos a estas horas.
Me aproximé y me quedé escuchando a hurtadillas…. Era Ori-san con una mujer que no había visto antes.

-"Ya te he dicho que no me importa desaparecer."

¿Desaparecer? Casí lo dije en voz alta, pero me tape la boca inmediatamente. No podía dar crédito a lo que estaba oyendo. ¿Que iba a hacer yo sin ella? De repente, me sentí tremendamente egoísta y pensé que algo grave le estaba pasando a Ori-san para estar diciendo lo que estaba diciendo.

-"Te voy a dejar esto aquí... quiero que te lo pienses bien... no me gustaría que desaparecieras de este mundo... aunque ya no esté aún hay otras personas que te necesitan ¿verdad?"

Di un respingo, ¿me ha mirado? ¿Estaba hablando de mi? ¿Pero cómo me había visto? Casi ni he respirado….Y quiere que Ori-san vaya a la capital para buscar una solución a qué? Cada vez me resultaba todo más confuso, no conocía nada de la vida o el mundo de Ori-san, ella se había encargado constantemente de ocultarmelo.

- "Haz que vaya a la capital. Su vida depende de ello."

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, sabía que yo estaba allí, lo había sabido todo el tiempo y me temo que Ori-san tambien.

Ya no había porque esconderse y fui al encuetro de Ori-san. Mientras me acercaba, ella no me quito su mirada inquisidora de encima.

-“Sé que ha estado mal quedarme escuchando, pero que podía hacer? Interrumpir? Marcharme?

-“Venía a contarte algo importante, pero me temo que los dos tenemos que ponernos al día de bastantes cosas, ¿no crees que es el momento de que empieces a contarme un poco más de ti en vez de darme evasivas?”

-“Venía a contarte, que voy a hacer un viaje a la capital como yojimbo de mi tio Agoki, pero ahora nada de esto me parece importante… ¿A que os referiais con desaparecer?”

Acercandome un poco mas y mirándola fijamente a los ojos le dije:

-“Ori-san, ¿que está pasando? Habla conmigo, desde pequeño has estado salvandome y cuidandome, deja que en lo que yo pueda te ayude, no seas cabezota”

Y baje los ojos y la cabeza, tenía la sensación de que la estaba perdiendo….

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Re: Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Isawa_Hiromi » Dom Ene 28, 2018 3:16 pm

"No por nada eres como mi hijo."

Te respondió Agoki con una media sonrisa de esas que siempre te desarmaban, llena de amor y complicidad.



Hablar con tu madre, despedirte de los del dôjo y prepararte fue lo más sencillo, paradójicamente, ya que ir a la capital era un privilegio que gustara más o menos, envidiaran más o menos, todo el mundo entendía. Un León nace para llenar de gloria su estirpe y de orgullo a su familia ¿y qué más se podía pedir, además de morir en el campo de batalla, que ir a la ciudad donde el Hijo de los Cielos, el Emperador moraba?

Mientras ibas andando hacia el encuentro con Ori estuviste recordando un pasaje en concreto de vuestras charlas. Normalmente Ori nunca salía de aquel llano, no es que no pudiera, algunas veces la habías visto en otros lugares del bosque, incluso en la linde, pero era raro. La única vez que la vistes fuera incluso del bosque fue el día que te dio el colgante.

Llevabas una semana durmiendo muy mal, tenías pesadillas y sentías como si algo te drenara las fuerzas. Las clases no sólo se hacían interminables sino que en el dôjo te sentías exhausto. Cuando hacían seis días de ese hecho, siendo ya fin de semana y terminando las clases a medio día, saliste del dôjo con aquella sensación casi de extenuación cuando la viste bajo un árbol portando un parasol para que la luz brillante de aquel medio día no le diera. Los habitantes de la ciudad pasaban a su lado sin verla, sin poder contemplar su extrema belleza y blancura prístina. Te miraba de forma molesta y al llegar a su lado, efectivamente lo parecía.

"Has salido el último." Te recriminó." ¿Por qué me haces esperarte? Eso no es nada de buena educación."

Te recriminó aunque tu ni siquiera sabías que ella te estaba esperando, pero una vez más responderle era para nada. Te percataste que ella también parecía cansada, si es que eso era posible, ya que jamás la habías notado rara, pero si te fijabas bien tenía una especie de oscuridad bajo los ojos, como si fueran ojeras pero en un matiz muy liviano.

"No me vuelvas a hacer esperar."

Te dijo de pronto mientras te tendía el colgante. Entonces te diste cuenta que no sólo se refería a aquel momento, sino que en los últimos días debido a lo cansado que estabas no te habías llegado a verla si quiera, pues caías rendido en la cama y encima sin poder pegar ojo.
Tras aquel día, al ponerte el colgante, aquellos malos sueños, pesadillas, la energía robada... todo desapareció de golpe. Dormistes doce hora aquella noche y al despertar, con aquel colgante ya siempre contigo te percataste que los espíritus y monstruos pasaban a tu lado sin percatarse de tu presencia, justo como lo hacían con todos los demás.

"No te separes de él si quieres vivir."

Es lo único que recibiste de respuesta de Ori al tratar de indagar qué era aquello, pero lo cierto es que al ver que ahora si que volvías a ir a verla todos los días creíste que te sonrió.



La extraña mujer parecía que se había percatado de tu presencia pero Ori no, al menos no de la misma forma, así que cuando saliste, como aquella mujer se acababa de marchar, la explicación que diste pareció medianamente razonable.

"¿No te ha enseñado tu madre a no escuchar conversaciones ajenas? ¿Sólo os enseñan a los Matsus a matar o qué?"

Te replicó Ori con tema cortante mientras se daba la vuelta y parecía querer marcharse.
Tu la perseguiste inquiriéndole saber qué pasaba, aunque ella no te respondía, así que insististe mientras esta llegaba hasta el farolillo de piedra y de espalda a ti le ponía una mano encima, mientras tu seguías insistiendo.

"¿Qué quieres de mí mocoso?" De pronto dijo con voz cortante mientras se daba la vuelta."¿Crees que tienes algún derecho de pedirme explicaciones? ¿A mí?"

Se rió, pero a más despiadadas eran sus palabras y más sonora su sonrisa sus ojos estaban más marcados por no sólo una profunda tristeza sino que de pronto vistes... miedo... Miedo a aquello que había dicho la extraña mujer, a desaparecer, a lo que fuera aquello.
Habla conmigo, le pediste.

"¿Y eso de qué serviría?"

Se rió.

"¿Serviría para traerlo de vuelta? No, claro que no... ¿y sabes por qué no serviría de nada porque los humanos, los pequeños e insignificantes humanos como tu ni tan siquiera sabéis lo que habéis hecho? ¡Ni siquiera sabes su nombre!"

De pronto rugió mientras daba un par de pasos hacia ti. Sus palabras eran puñales pero en sus ojos cada vez había más y más desesperación.

"¿Y qué se supone que debo hacer yo? ¿Olvidarle también? ¿salvarme a costa de olvidarle? ¿de qué le sirve a un familiar no tener un dios al que servir?!"


OUT: Ori utiliza la palabra familiar con la terminología de los familiares como los Shishi y los Komainu, es decir, los espíritus que protegen los templos en las entradas (estos perros, leones, gatos... que hay en estatuas)IN

¿Familiar? ¿Dios?
De pronto fue todo tan obvio que te pareció absurdo no haberlo entendido antes. Todas las pistas estaban ahí.
Ori nunca se separaba de aquellos vestigios que había en el claro que tu habías indentificado de un templo perdido. Un templo del que ya nadie recordaba nada. Sin kami (dios) que habitara en él. Sin embargo aquello seguía siendo suelo sangrado, por eso los monstruos no se acercaban, por eso les tenían miedo a Ori, porque ella era un familiar de los dioses, una de esas figuras de los templos en piedra que en realidad y lo estabas viendo con tus propios ojos era un ser sobrenatural que protegía el templo y a su deidad.
Pero sin deidad... olvidada esta, sin que nadie le rezara, perdida entre la maleza... ¿Cómo iba a poder sobrevivir?
Desaparecer... Aquella extraña mujer lo había dejado bien claro... Esa era el destino que le esperaba, quedar borrada del mundo.

No mereces desaparecer del mundo. Había dicho la mujer. Pues claro que no lo merecía, Ori era un familiar sangrado, una entidad del Tengoku (del cielo) que protegía a los humanos, y eso explicaba muchas cosas de ella contigo, porque aunque odiara a las humanos que habían olvidado su templo, a su dios, que la estaban llevando a la desaparición, a perderse en el olvido como aquel templo... Ori siempre estaba ahí para ti, para llamarte niño tonto pero para que luego la vieras sonreír de medio lado por el rabillo de tu ojo. Porque cuando llovía, aunque ella no se mojaba siempre había un misterioso paraguas para ti en la puerta de la escuela cuando se te había olvidado. Porque incluso cuando no te salía un movimiento de los que practicabas con la espada ella había sabido corregirte y enseñarte trucos. Tomarte las lecciones de literaturas, contarme mil historias de autores de los que siempre te preguntabas cómo es que sabía tanto si jamás la habías visto con un libro entre las manos, pero ella te hablaba como si los hubiera conocido en persona. Porque... al final... por mucho que Ori odiase a los humanos... lo que en realidad odiaba era no poder hacerlo...

Por eso sus ojos tristes...

Ori te miró con los ojos vidriosos pero sin que una lágrimas asomase por ellos y te dijo:

"¿Qué? ¿Por qué me miras así? No te atrevas a tenerme lástima pequeño insecto insignificante."

Pero no era lástima lo que sentías por ella, era admiración. Porque cuando todo el ser humano le había fallado, ella... jamás os falló.
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


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Matsu Ryunosuke
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Re: Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Matsu Ryunosuke » Dom Ene 28, 2018 4:39 pm

"No es lastima Ori-san, quiero pedirte disculpas por haber estado tan ciego. Debería haberme dado cuenta de todo mucho antes. Tu has estado siempre tan pendiente de mi y yo he estado tan ciego…"

Ahora entendía la profunda tristeza de Ori-san, su carácter… En el fondo probablemente esperaba que me diese cuenta de todo, que todos nos diésemos cuenta de que nos habíamos olvidado de ellos.

Alumbrados solo por la luz de aquel farol, la porcelana de la cara de Ori-san parecia querer romperse en mil pedazos. Me arrodillé cerca de ella.

Mietras cogía el colgante que Ori-san me dio aquel día...

“Gracias, has estado cuidando de mi siempre. Todavía recuerdo el dia que me diste este colgante y del que jamas nunca me he separado, parecías haber estado sufriendo conmigo mis problemas de sueño. Siempre has estado velando por mi, sabiendo que yo jamas te podria corresponder de la misma manera”

“Por lo que ha dicho esa mujer, en la capital tienes una oportunidad de no desaparecer, nadie te pide que te olvides de él, pero tampoco quiero tener que olvidarte yo a ti.”

“Coge ese guardapelo y ven conmigo”

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Re: Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar Ene 30, 2018 4:36 pm

Ori te observó con el ceño fruncido y con una intensidad de ferocidad en su gesto y mirada llena de angustia que parecía poder asfixiarte . Pero poco a poco aquella expresión se fue relajando, suavizando, hasta quedar en aquellos ojos angustiados y una media sonrisa sarcástica, casi cansada, sin rumbo. Seguramente se sentía perdida. Tenía miedo. Y todo eso si realmente una entidad como ella podía sentir algo semejante.

Ori dio un paso hacia atrás y se sentó al lado de la linterna, cerca de aquella tablilla de piedra con verdina por encima a la cual miró profundamente y pasó despacio su mano por ella, limpiando poco a poco aquello. Te distes cuenta entonces que en aquella piedra había unos caracteres desgastados, los caracteres de bosque, dios y Masaki (nombre que se escribía en este caso como árbol majestuoso). En la misma piedra parecía haber una cinta de templo grabada que al fijarte bien no era una cinta era más bien lo que parecía una inscripción de una serpiente que hacía como de cuerda sagrada de templo al rededor de esos kanjis.

"Masaki-sama se quedará aquí..."

Murmuró mientras miraba a la piedra.

"Aunque... ya no esté... siento que... lo voy a abandonar aquí... solo... igual que he estado yo..."

Su voz era un hilo.
Masaki, así que así se llamaba el Dios de aquel bosque, como aquel enorme árbol en el que Ori siempre se sentaba.

Ori volvió sus ojos hacia ti y dijo:

"Sensei Nisio quiere que vaya a la capital... a buscar otro dios... al que servir antes que mis energías desaparezcan y mi existencia sea tragada por el Ningen-Do (el Reino, el plano en el que viven los humanos) o peor... que quede absorvida por el Chikushudo (el plano de las bestias, donde los cambiaformas) donde no ser más que una salvaje... perdiendo mi estatus de sagrada..."

Miró al guardapelo y lo cogió despacio.

"¿Pero de verdad que eso importa? ¿Qué más dará si desaparezco? Después de todo no soy nada... nadie nos recuerda..."

No trataba de negar lo que le habías dicho pero perdida en el tiempo, en la ingratitud de los humanos, era normal que se preguntara... ¿merecía la pena seguir luchando?
Pero tu sabías la respuesta de sobra, ya que sino ella por qué te había ayudado desde primera hora sin pedir nada. Porque Ori había nacido y estaba destinada a ser guardiana de los dioses y de los humanos, más allá de su mala lengua, de su carácter... ella había nacido para ser salvadora, y ahora merecía ser salvada.
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Re: Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Matsu Ryunosuke » Dom Feb 04, 2018 11:27 am

“Claro que importa Ori-san, estoy seguro de que tu destino no es desaparecer, tienes una misión importante que realizar. Tienes que luchar porque los humanos volvamos a recordaros, a teneros en cuenta. Y eso no lo puedes hacer desapareciendo”

“Probablemente, muchos de los humanos no nos merezcamos tu cuidado, pero, ¿acaso habría sobrevivido yo sin ti? ¿No vas a seguir acompñanadome en mi camino enseñándome todo lo que me falta por aprender?”


Sabia perfectamente la conexión que tenía con ella, sabia que tenía que hacerla saltar, tenía que reaccinar, no podía estar sumida en esa melancolía porque no serviría de nada, después de todo, su Dios no iba a regresar. Necesitaba tener mas objetivos a la vista.
Así que con toda la gravedad que pude, pero con voz calmada le dije…

“Ori-san, quieres dejar de autocompadecerte y levantar la cabeza?, acaso no ves que esa actitud no te lleva a ningún lado?”

“Quiero volver a ver a quien se reía de mí cuando hacía alguna estupidez, a esa hermana mayor fuerte y poderosa. Y a esa es a quien me voy a llevar a la capital. Juntos buscaremos a un nuevo Dios al que puedas servir, pero no pienses que te voy a dejar que te olvides de mi”


Sabia que el tono que había empleado no había dejado indiferente da Ori-san, creo que nunca le había hablado así. Normalmente era ella la que tiraba de mi, pero había llegado la hora de que nos ayudaramos mutuamente.

Y aprovechando que segurmente estaba desconcertada por mi atrevimiento y acercandome mucho más de lo que habitualmente me acercaba porque ya estaba resabiado de sus reacciones, cogí una de sus manos y mirándola fijamente con una medio sonrisa le dije:

“Ori, ¿de verdad queires dejarme solo? No te voy a dejar que lo hagas”

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Re: Preludio. Ojos que todo lo ven. Matsu Ryunosuke

Mensaje por Isawa_Hiromi » Lun Feb 05, 2018 4:09 pm

Ori subió sus ojos hasta enfrentarse a los tuyos en aquella blancura, en aquella frialdad había un torrente de emociones capaz de congelar con su fuerza al más valiente si se topaba con aquella mirada, sin embargo a ti eso justamente no te asustaba sino te daba fe.

¿Cómo un siervo de los dioses iba a desaparecer si aún tenía tanta vida en ella?

Ori alzó su rostro en aquel gesto de vanidad que solía pintar en su expresión cuando veía que estabas haciendo o diciendo alguna estupidez y con una sonrisa malévola dijo:

"¿Desde cuándo te has vuelto tan descarado cachorro? ¿No eres aún un león y ya te piensas que puedes cazar?"

Y aunque sus palabras podían ser hirientes a ti no te sonó a nada de eso, sino a como era Ori siempre contigo, retándote a no ser menos, a luchar, a ir a más, aunque fuera de esa forma tan peculiar.

Aguantó su mirada ególatra unos segundos más hasta que de pronto pintó una sonrisa diferente en sus labios, una con una mezcla de cansancio y de derrota, pero no de tristeza.

"¿Por qué los humanos os empeñáis en crecer tan rápido?" preguntó más bien al aire que a ti."Te recuerdo perfectamente asustado, ahí en el suelo, siendo perseguido por esa escoria... no tenía muy claro cómo los habías alterado tanto pero en aquel momento me importó más que no ensuciaran mi lugar sagrado..." suspiró con una media sonrisa."Pero supongo que eso que hace que le llames la atención a los demás seres..." No lo dijo pero se entendió que también despertaba algo en ella, aunque no lo mismo que en los monstruos claro.

Ori dio un pequeño salto pero que la posicionó sobre la rama del enorme árbol a cinco metros del suelo con facilidad, como siempre hacía y entre la maleza miró al cielo nocturno.

"Ir a la capital a buscar un nuevo dios........."

Murmuró.

"Hum... esta bien "Hijo del dragón" que era lo que tu nombre significaba aunque sea sólo porque no podrías sobrevivir sin mí... iré contigo a la capital."

Ori se puso de pie en la rama y mirando al cielo pareció murmurar algo que no llegaste a oir jamás.
Luego saltó grácilmente desde el árbol hacia el suelo pero antes de caer al suelo el relicario se abrió de golpe y desprendió una enorme luz y ella "calló en él", como si este la atrapase o mejor dicho la dejara entrar Ori desapareció en aquel resplandor un segundo antes que el amuleto se cerrase.

La luz se apagó en aquel claro del bosque más allá que la que tu portabas y te quedaste allí, solo, en silencio, pero con aquella batalla ganada.
Fuiste hacia donde estaba el relicario y lo tomaste, estaba caliente, desprendía una agradable sensación de paz. Te lo colgaste y saliste de aquel bosque antes que fuera demasiado tarde con la mezcla en tu mente agridulce que aquel prado ya no sería jamás lo mismo pero deseando de ver lo que el futuro os deparaba.


Cuando estabas justo en la salida del bosque te diste cuenta que había un joven sentado en un tronco de un árbol caído a la vera del camino que llevaba a casa. Su cabello era negro como el ala de un cuervo, negro y corto y vestía con unos ropajes que se veían caros pero a la vez nada enrevesados de color azul oscuro y dorado. Hubieras pensado que aquel joven extremadamente estaba fuera de lugar no sólo por la situación, la hora y el lugar sino que en cuanto le miraste a los ojos entendiste que ni siquiera debía ser de este plano, pues sus ojos azules tenían la rasgadura en el iris de un felino.

"¿Matsu Ryunosuke-san?" Preguntó este mientras te veía llegar. Se levantó y te tendió lo que parecía un papiro."Sensei Nisio quería que, si salíais con el relicario "completo" tuvierais esto para que pudierais buscarla en la capital."

El papiro estaba sellado y en la laca se podía ver el sello de la familia Imperial Miya, los heraldos del Emperador.

"Espera que cuando lleguéis y os acomodéis en la ciudad tengáis tiempo para buscarla."
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