Día 1º.- Distrito Ieku.- Horas: de 2 a 6

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Isawa_Mitsuomi
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Día 1º.- Distrito Ieku.- Horas: de 2 a 6

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 9:22 pm

El Distrito Ieku estaba regido por un Gobernador regio y formalista Kaiu que le había dado aquel toque de marcialidad y de orden típica de su familia y de su Clan al Distrito. La criminalidad había bajado, el barrio se había llenado de artesanos, la seguridad era el doble, pero tenía contrastes como que habitaban igualmente una cantidad grande de escorpiones por lo que el distrito no olvidaba nunca las tramas cortesanas.

Te habías marchado de la Residencia del Clan tras la charla con Arousou y tras fingir adecuadamente la marcha de manera que no coincidiese exactamente con la desaparición de Kazumi. Y os dirigísteis a los distritos exteriores.

Akemi te ofreció ir en palanquín para que fuese más cómodo, pero el día estaba radiante como para no aceptar de buena gana un tranquilo paseo por las calles. Aunque te lo pensarías mejor la próxima vez, puesto que en cuanto salisteis de los distritos interiores os disteis cuenta de que cada barrio era un mundo y de que sus habitantes no sabían más de lo que el distrito les daba.

Parecía que esa ciudad tenía vida y en donde te decían que había una calle había sido tapada recientemente y en donde no debía haberla había un camino nuevo hecho. Así que, logicamente, era normal que los habitantes de Otosan Uchi sólo superan guiarse con certeza por sus distritos y se perdieran en el resto...

Mientras caminabas, veías como muchos heimin se inclinaban presuroso ante ti y tu esoclta mientras presurosos hacian sus quehaceres. Akemi caminaba unpaso por detrás tuya, dejando el espacio adecuado para el respeto y la posición que ostentabas frente a ella. Callada ante tus pensamientos mientras lo observaba todo con mirada de Halcón al azecho.

"Eh... Mitsuomi-sama..."

Dijo tímidamente mientras caminaban, manteniendo la vista siempre al frente atenta, pero con un tono algo apagado por la "vergüenza" de hablarle sin que se le hubiese concedido el permiso oportuno.

"¿Puedo... preguntaros algo?"

calló de nuevo mientra ssu azulados ojos bajaban un segundo al ver que se volvía hacia ella, para luego levantarlos de manera que mantuviese en todo momento el control de la situación y al ver que no se lo impedía prosiguió diciendo:

"Si no es mucha molestia y una descortesía imperdonable... me preguntaba si me confiaríais el conocimiento de saber qué lugar buscamos o a quien... Puede que mis nociones de esta ciudad le sirvan de algo, he vivido aquí el último año..."

Al escuchar la petición de su yojimbo, Mitsuomi se detiene en seco y mira a Akemi muy seriamente, tan seriamente que parece que va a reprender a la Shiba por su descortesía al hablar sin que él le haya dado permiso. Pero de pronto la expresión de Mitsuomi cambia completamente y empieza a reírse a carcajada limpia.

¡Pero mira que soy estúpido! Disculpadme, Akemi, tendría que haberos informado antes, ya que ciertamente no conozco la ciudad, pero distraido por otros pensamientos me he olvidado de lo más importante.

Mitsuomi se calma un poco y mira a su alrededor. Está perdido completamente y no tiene ni idea de adónde se dirige. Hay pastelerías por todas partes, por supuesto, pero ¿cuál es la mejor tienda de dulce de la ciudad? Espera que Akemi lo sepa porque si no le tocará preguntar a algún heimin.

Respondiendo a vuestra pregunta, Akemi-san, nos dirijimos hacia la mejor pastelería de la ciudad. ¿Cuál es? ¿dónde está? Lo ignoro, debería haberme informado antes de salir de la embajada. ¿Acaso vos los sabéis, Akemi-san? Por qué si no es ese el caso me temo que estamos algo perdidos.

Por supuesto que no le ha dicho que en realidad van en busca de Kazumi, pero es algo que ella deducirá por su misma en cuanto se encuentren con la candidata y que sin duda le mostrará un poco de los métodos de Mitsuomi.

El ishiken mira a su hermosa yojimbo como un niño que suplica ayuda a su madre.

¿Podéis ayudarme en esto, Akemi-san?



OUT= Yo hubiese preferido en el otro post haberselo preguntado a Akemi antes de partir de la embajada, pero como te has adelantado pues lo hago así, que además un poco de cachondeo (aunque me coloque en mal lugar ante Akemi) siempre viene bien, bastantes seriedad tendré mas adelante.

Akemi sonrie levemente y asiente con ligereza y alegría mientras sus morenos cabellos se entremezclan con el flequillo albino. Luego, levanta sus radiantes y azulados ojos y los enfoca en los del ishiken con algo de temeridad por este gesto pero con respeto.

"Por supuesto, Mitsuomi-sama, sin duda, la mejor pastelería detodo otosan Uchi y de este distrito es "Yum Yum Mochi" que se encuentra muy cerca de aquí... os veía tan confiado en vuestros pasos que incluso creía que conocíais el lugar, pues vamos muy bien encaminados."

Dijo esta con su tono dulce y encnatador mientras señalaba más adelante. Allá en la lejanía se veía una banderola de un comercio abierto. las letras estaban en rojo y no se leía muy bien. Mientras se fueron acercando vieron poco a poco como la bandera que decía que el comercio estaba abierto mostraba el nombre y el logotipo de la tienda, un dulce de mochi.

Algunos samuráis salieron de la tienda con unas bolsitas bien anudadas mientras comentaban lo bueno que estaban los dulces de aquel lugar. Akemi miró en primer lugar con un leve vistazo en el interior, por precaución innata, aunque no hubiese peligro.

Entonces vio algo y se volvió a su señor con un brillo en los ojos que resaltaban levemente que estaba algo sorprendida pero su rosotro gélido. Una mezcla entre la educación cortesana de no dejar mostrar sorpresa y el pequeño dejez de defecto de no poseer un entrenamiento en este campo perfecto por se bushi ante todo. Pero, muy perfecto para lo que esperabas, porque tu tehabías percatado debido a tu gran habilidad en la corte, no porque ella fuese un libro abierto.

"Dentro está Isawa Kazumi, Mitsuomi-sama."

Dijo ligeramente. Parecía que la chica sabía donde estaba y había llegado antes que ellos, además de que había salido antes.

Desde la puerta pudistes oir su voz hablando.

"Me llevaré cuatro cajas. Tres de dulces variados y una de mochis solamente."

El telón acababa de subir, era hora de la función.

Mitsuomi le sonríe a Akemi, dándole a entender que su información no es una sorpresa para él y se interna en la pastelería.

¡Kazumi-san, qué sorpresa encontraros aquí!

Mitsuomi se acerca a Kazumi con una amplia sonrisa. Se siente algo contrariado de que ella haya llegado antes, pero tampoco importa demasiado. Además le están empezando a entrar verdaderas ganas de problas los mochis del establecimiento.

Realmente es un placer encontraros aquí, Kazumi-san. Oh, pero permitidme que antes que nada os presente a mi yojimbo, Shiba Akemi-san. Veo que voz no habéis elegido uno, aunque realmente no me sorprende.

La sonrisa de Mitsuomi cambia al hacer el último comentario, volviéndose más socarrona, más complice, como si conociese la razón de que Kazumi no hubiese escogido yojimbo, aunque, obviamente, no la conoce y tan sólo desea "hacerse el interesante".

La conversación promete ser muy interesante y Mitsuomi tiene intención de hacerla también muy entretenida, puesto que está hablando con Kazumi, una joven que no es un adversario para él y cuya compañlía resulta agradable en extremo. Probablemente tan sólo se limite a buscar información sobre su relación con Arousou y con Seiryo y si es posible sobre los otros candidatos que conozca.

Vaya, veo que habéis comprado una gran cantidad de dulces. ¡Y una caja entera de mochis!

Los ojos de Kazumi muestran una milésima de segundo sorpresa y quizás contradicción al verte entrar, pero en un segundo sus amplia sonrisa se abre camino en su rostro haciendote olvidar que ella no tenía previsto aquello.

"¡Mitsuomi-san! ¡Vaya! ¡No esperaba verte aquí! ¡Y yo que pensé que sería más lista que todos y podría huir de la reunión de la tarde para venir a satisfacer mi golosería!"

Dijo casi riéndose mientras le daba un par de golpecitos a las cajas en el mostrador. Luego, miró a Akemi curiosa y dio un par d epasos hacia ella, con un ímpetu característico en ella se inclinó muy rápidamente y subió de nuevo mientras decía:

"Encatada, soy Isawa Kazumi."

Akemi al ver esto se inclinó rápida y muy profundamente mientras se presentaba igualmente como tu yojimbo. Luego, Kazumi dio un par de pasos hacia ti y rió un poco mientras decía:

"Creo que han encontrado a tu yojimbo perfecto, es muy educada y se ve... "adecuada" a tus necesidades."

Dijo con una risilla traviesa mientras dejaba entrever que aquel estilo grulla le hacía pensar en que, como efectivamente era, tendría dotes para la corte. Se volvió con la misma ligereza y fue hacia los dulces, mientras decía:

"Emi-sama me ha rogado que coja yojimbo, pero no creo que ninguno me siga el paso, así que no me apetece por ahora."

Rio esto con algo de malicia de nuevo. Otra vez dejandole entrever que ella se movía más rápido y libre, y si era como el viento y su mente estaba afilada, es cierto que un buen yojimbo para ella era dificil de buscar. A veces pensabas si esa jovencita era la más lista de todos, porque parecía que controlaba y meditaba los pros y los contras a la misma velocidad que abría su enorme y reluciente sonrisa.

Kazumi cogió los dulces y señaló dos de las tres cajas.

"Estos son para la merienda de esta tarde, pensé en comprar muchos porque somos muchos. Y variados! que es mejor!"

Exclamó alegre, luego miró golosa los otros y dijo entre una risilla traviesa:

"El resto es para mi, necesito una buena provisión de dulces, no puedo trabajar sin ellos."

Su mirada fue a los ojos de Mitsuomi mientras su sonrisa inocente se contraponía a sus ojos perpicaces en donde se leía eso de "trabajar". Trabajar... no conjurar, ni estudiar, sino trbajar, como si hablase de algo cortesano... Parecía que no serías el único que le dedicase parte de las noches a estudiar el plan del día siguiente.

Kazumi dejó de nuevo los dulces en el mostrador mientras andaba de nuevo para ti y te preguntaba con ojos escrutadores pero traviesos, sin malicia:

"¿Y tu, Mitsuomi-san? ¿qué haces aquí? pensé que querrías quedarte allí, entre charlas y tés, no esperaba que vinieras a una tienda de dulces... ¡¡Realmente sois como un vendabal sin control! ¡Me sorprendéis!"

Dijo con alegría, mientras su mirada se tornaba intensa, parecía que ella sabía que algo habrías tramado para que esto no fuera casualidad. Pero, lo que realmente parecía esa mirada es que estaba sorprendida... para bien, muy contenta de que lo hubiese hecho...

Kazumi había encontrado un compañero de... juegos...

Ya habrá tiempo para charlas y tazas té más adelante. Nos esperan unos días muy duros, de intenso "trabajo". Pero después de la comida sinceramente lo que más me apetecía era dejar por un momento la embajada y pasear por la ciudad, al fin y al cabo si no hay un equilibrio entre el placer y el deber las cosas tienen tendencia a torcerse. ¡Y qué mejor que la mejor pastelería del Imperio para encontrar una manera de endulzar esta magnífica tarde! Verdaderamente esos mochi tienen una pinta deliciosa.

Mitsuomi sonrié a Kazumi, aunque no de una forma tan abierta como la de la candidata. Él siempre ha sido de sonrisas menos deslumbrantes, pero igualmente sinceras. No le ha mentido en ningún momento a Kazumi, puesto que realmente está deseando probar los mochi además de tener una conversación ligera y agradable con la candidata; por supuesto que intentará obtener alguna información del encuentro pero tal vez de una forma más directa.

Akemi-san, ya ha demostrado que su ayuda sin duda será inestimable para mí, pues sin ella no habría encontrado esta pastelería. Imaginad que me había lanzado a las calles sin saber realmente a dónde deseaba ir. ¿veis? este es un ejemplo de lo que pasa cuando la mente se llena de pensamientos sobre un único asunto.

Mitsuomi pasa revista a los mochi que se exponen por la tienda. Hay de todas las formas y colores -los que tienen forma de concha están especialmente conseguidos- y si saben tan bien como aparentan no hay duda que la reputación de este local es bien merecida. Así que Mitsuomi pide una pequeña cantidad de mochis en forma de concha.

Me temo que no voy a poder asistir al té que ha propuesto Emi-sama para esta tarde, tengo... trabajo, así que mejor los pruebo ahora. Creo que los que acudan al té se alegrarán mucho de vuestra generosidad, Kazumi-san, y de hecho hay un par que ciertamente necesitan mucha cantidad de dulce.

Una mirada de complicidad de Mitsuomi tras este comentario debería revelarle a Kazumi de qué par está hablando. Mitsuomi le ofrece un mochi a Akemi y luego coge uno para sí mismo. No le ofrece a Kazumi porque es evidente que ella ya tiene suficientes con la caja entera que se ha guardado para sí.

Um, están deliciosos, los mejores que he probado, ni el mejor repostero de Kyuden Isawa podría superar esto. Lástima que Arousou-san se lo haya perdido. En un principio íbamos a venir los dos juntos, pero al surgirme una cita esta tarde he preferido pedirle que no viniese puesto que me tendría que despedir pronto de él y he pensado que eso podría ser un poco descortés. Sí, sí, es una lástima, pues su vida creo que está falta de equilibrio, ¿no os parece, Kazumi-san?

Kazumi mira en derredor y luego sonrie al ver la expresión de agrado por los dulces de ambos. Deja escapar una leve risilla que tapa con las magas de su kimono y luego se dirigie a ambos.

"Yo antes de venir me informé y le pregunté a un par de personas que han vivido o visitado la ciudad de lugares harto interesantes como esta pastelería."

Dijo con su alegre tono. Luego meditó una par de cosas, o pareció tomarse tiempo para meditar algo y preguntó con aquella expresión inocente.

"¿Arousou-san falta de equilibrio? Bah... será mejor que diga que es todo equilibrio... Es un hombre muy taimado..."

Con un gesto de la mano de desdén le quitó importancia a su comentario y luego hizo un gesto conla cabeza, ladeándola derepeten como si se acordase de algo. La irguió con rapidez y le miró a los ojos fijamente con curiosidad y una sonrisa malvadilla en el rosotro.

"¿Una cita decís? ¿Trabajo? ¡Vaya, Mitsuomi-san, veo que no habéis perdido el tiempo!... De hecho, si no fuera muy descortés por mi parte os preguntaría de que se trata..."

Dijo mientras parecía regañarse a ella misma, pero, de hecho, con aquel jueguecito lo había preguntado... ¿Casualidad?

Y si hubierais sido tan descortés como para preguntármelo os respondería que es una cita con una persona de cierta importancia y a la cual no conocía previamente.

Mitsuomi sonrié al contestar, pues sabe que ella realmente le estaba preguntado y que, probablemente, se muere de ganas de saber con quién es esa cita vespertina. Sin embargo, Mitsuomi no está dispuesto a hacer revelaciones tan pronto, al menos no hasta después de su entrevista con Otomo Asano; a no ser claro que hubiera compensaciones por la información.

Todos debemos tener nuestros secretos. Vos teneis uno, yo tengo otro; ¿cómo me pedís que revele el mío sin haber contado el vuestro? Sois una tramposa.

El tono de Mitsuomi se vuelve infantil, como si estuviese reprendiendo a un compañero de juegos al que ha pillado haciendo trampas. Kazumi parece saber mucho sobre la elección de los Maestros, o eso ha dado a entender, y Mitsuomi arde en deseos de conocer esos secretos; aunque las palabras de Mitsuomi también esconden un segundo significado, pues hay otro secreto de Kazumi que él desea conocer y que puede ser muy parecido al otro secreto que él oculta: pasiones.

Pero bueno, tal vez deberíamos ir a uno de esos sitios que habéis dicho que son muy interesantes mientras nos comemos algunos de estos mochi. No tengo que irme hasta las seis, hay tiempo para hablar tranquilamente. Sois una compañía muy agradable, Kazumi-san, y las compañías agradables probablemente escasearán en los próximos días.

Mitsuomi le tiende otro mochi con forma de concha a Akemi y de pronto parece acordarse de algo, pone una expresión "didáctica", como la de un sensei a punto de dar una importante lección y recita:

"El equilibrio perfecto es falta de equilibrio", creo que es de Shinsei, aunque no recuerdo si del Tao o de alguno de los Sutras. Me ha venido a la cabeza cuando habéis mencionado a Arousou, aunque soy de reflejos algo lentos.

"Ayyy...!"

Deja escapar en un leve gemido Kazumi mientras da un zapatazo flojo en el piso apoyando su "berriche" al ver que no piensa decirle con quien ha quedado mientras cruza enérgicamente sus brazos delante de su pecho y gira levemente la cabeza para otro lado como ignorándole.

Luego, al nombrar lo de los secretos varios le mira sonriente mientras le saca la lengua y balancea la cabeza de un lado a otro como meditando si contarselo o no. De la misma manera energica pone sus brazos en sus caderas y niega con una de sus manos. Parece que hoy Kazumi no le contará su... secreto...

Segundos más tarde de que nombres los lugares interesantes Kazumi pega una palmada de manera que parece haber recordado algo y tras coger sus dulces se abalanza hacia ti, mientras tira de uno de tus brazos y jalea a tu yojimbo a que la sigáis.

"¡¡En Otosan Uchi hay demasaido que ver!!"

Exclama exitada mientras mira las calles llenas de samurais paseando y de criados haciando sus labores. Con los guardias haciendo sus rondas y los árboles acunando sus hojas al son de la melodía de la leve brisa primaveral.

"Y este distrito es... estupendo..."

Dice Kazumi con los ojos llenos de vida mientras le mira absorventemente y le coge de las manos como para arrastrarle al mundo en el que ella vive en donde todo parece más brillante y lleno de alegrías y dichas.

"Demasiado que hacer... Demasiados lugares a donde ir..."

Le susurra mientras suelta sus manos y busca algo en su obi. Saca un papiro y se lo tiende. Mientras lo desenrollas ves el nombre de "Distrito Ieku" en su cabecera y una lista de lugares que le han llamado la atención.

"Elige uno, vamos, te cedo el placr de elegir nuevo destino!"

Dice emocionada mientras te mira. Tu, vuelves a observar el papiro y te discpones a elegir...

Los lugares interesantes del distrito marcados son los siguientes:

-Todas las Palabras son una (tienda de libros)
-La Afortunada Flor de Orquídea (la mejor casa de té del distrito)
-La casa de las Cosas Maravillosas (tienda de pergaminos con conjuros)
-Platero.
-La Flor Mimada (casa de baños en donde dan masajes también)
-El Verdadero norte(8tienda de mapas de muy buena calidad)
-El Amor de la Vida (jardín)
-El Pavo Chillón (teatro)
-Biblioteca (regentada por la familia Kasuga)
-La sabiduría de las Fortunas (casa de go)
-Yum Yum Mochi (tienda de los mejores dulces de OU)
-Santuario del Señor Luna

Mitsuomi estudia la lista con atención. Lo que él quiere es hablar con Kazumi en un lugar tranquilo y además poder abandonarlo para estar a las seis en su cita con Otomo Asano. Por otra parte, tampoco desea llevar a Kazumi a algún sitio "serio", como podría ser esa biblioteca regentada por los Kasuga. Le gustaría ir al teatro, pero no antes de saber qué funciones y tipos de obras se realizan (no es lo mismo el Noh que el Kabuki); además, una función no le permitiría ir a su cita a tiempo. Queda pues sólo un lugar, El Amor de la Vida.

Um, creo que tal vez deberíamos ir al jardín, es el lugar perfecto para disfrutar de nuestras recientes compras al tiempo que podemos conocernos mejor. Si es un jardín de la capital tiene que ser magnífico y seguro que nos deparará alguna sorpresa.

Mitsuomi comienza a caminar sin una dirección clara, con la vista clavada en el listado de lugares.

Aunque reconozco que me encantaría ir al teatro, no he tenido demasiadsa oportunidades de ver una buena función desde hace tiempo. ¿Sabeis que durante un tiempo me dio por practicar la meditación utilizando obras Noh como si fuesen katas? Fue una experiencia curiosa, poco fructífera pero curiosa.

Mitsuomi sigue caminando sin apartar la vista del pergamino, sopesando cada uno de los lugares. Tal vez algunos de ellos sean futuros lugares de encuentro y es bueno aprender cosas sobre la capital. En una guerra siempre es vital conocer el terreno donde se va a librar una batalla y él casi estaba metido en una contienda, aunque sus armas fuesen más sutiles que una katana o un tetsubo.

Sí, me gustaría ir algún día al teatro, ¿tal vez mañana? Podríais acompañarme por supuesto, me sentiría encantado, y podríamos invitar a otros candidatos; pero es algo que dejaría a vuestra elección, Kazumi-san. ¿A quién invitariais?

De pronto, Mitsuomi se para y vuelve la cabeza hacia Kazumi. Sus ojos reflejan una gran confusión.

Kazumi-san, deberiais disculparme, pero ¿por donde se va a ese jardín?

Kazumi sonrie alegremente y le indica que le siga mientras le habla

"Es curios que eligas ese sitio..."

Dice entre chanza mientras se rie a carcajadas. Akemi sonrie levemente y baja la cabeza para ocultarla risilla de sus labios, pero Kazumi la interrumpe mientras se explica:

"El Amor por la Vida es un jardín en el que se dice que un monje lo bendijo y que todo aquel que se enamore de alguien allí, ese amor duraría por siempre..."

Kazumi siguió riendose y le señaló hacia una de las calles, parecía que la Candidata no sólo sabía sitios sino que había memorizado mapas.

"Pero sigue siendo un jardín precioso en donde charlar... además, así te lo enseño por si alguna vez traes a alguien"

Prosiguió con el tono bromista y con algo de malicia, parecía que Kazumi estaba atenta de todo, era imposible que supiese lo de Mai, pero parecía que ella no descartaba en ti algun tipo de comportamiento semejante...

Akemi al aprecer había sabido de antemano que la broma caería, debía de conocer el distrito. La candidata anduvo con paso armonico y alegre sin mencionar de nuevo la broma hasta que os condujo al jardín.

Aque redaño de paz estaba alejado de las grandes construcciones. Era un pequeño jardín de piedra rodeado por unos setos altos que aislaban del mundo exterior. Una decorada fuente dejaba correr hilos de pequeños ríos en direcciones opuetas hacia pequeños estanques de aguas translúcidas. Cuatro árboles de cerezo desplegaban sus ramas y sus rosadas hojas cubrían el suelo tras danzar al caer. En los arriates había perfumadas flores de colores vivos que arropaban varios bancos de piedra en donde sentarse.

El arruyo del agua sólo era eclipasado por el ulular del viento entre las ramas, en cierto modo la recitación de poesía amorosa y el declarar los sentimientos en un lugar así era algo casi inseparable, viendo aquel sitio...

Kazumi se snetó en uno de los bancos y dejó espacio para que tu te sentaras, mientras Akemi paseaba de un lado a otro en cortos pasos observando la situación con tranuilidad, desviando la mirada en contadas ocasiones para no sólo estudiarte y estar atenta de ti, sino estudiar a Kazumi.

"El teatro es una cuenta pendiente... La verdad es que pienso ir muy a menudo si puedo... adoro el teatro! Sobretodo el kabuki y la verdad es que espero que tengamos tiempo... por lo que estaré encantada de ir contigo! Aunque si te gusta más el Noh hay más teatros en la ciudad... A mi me recomendaron este, porque dicen que sus obras son muy variadas. Creo que la compañía teatral... ¿Cómo se llamaba?... Ah! Si! Son escorpiones, el Loto Negro... Creo que promete esta temporada teatral... Pienso a ir a informarme en cuanto pueda, si quieres, esta noche te informo de lo que sé..."

Mitsuomi se siente impresionado por la serenidad de aquel jardín en medio de una ciudad tan bulliciosa como Otosan Uchi. Sin duda es un lugar donde tener tranquilos encuentros románticos. Por un momento, la posibilidad de traer aquí a Mai le cruza por la mente, pero pronto la deshecha, es demasiado arriesgado, al menos por el momento.

Mitsuomi suspira mientras contempla el jardín. kazumi, que sin duda le observa con gran atención, sabrá comprender la causa de su suspiro y tal vez así se abra un poco más a él; se trata de un anzuelo peligroso, pero el pez que puede picar puede ser no sólo grande sino también muy hermoso.

Este jardín es peligroso, incita a las confidencias y a la expresión de sentimientos ocultos. Es un arma de doble filo que por un momento Mitsuomi se arrepiente de estar utilizando.

A veces envidio a esas parejas que pueden pasear por jardines como este sin temor a que su amor sea diseccionado por sus adversarios y convertido en un arma terriblemente dañina, más cortante que na katana, más poderosa que un tetsubo.

La indirecta es demasiado evidente como para que Mitsuomi sueñe con que Kazumi no la haya entendido. Él calla un momento, mientras recorre con la mirada la tranquilidad del jardín y luego vuelve a hablar.

El agua de ese estanque está lleno de ecos. Palabras de amantas que se besaron junto al agua, que rompieron todas las reglas y juntaron sus cuerpos por un momento. La sed de Benten se calma sin duda con estas aguas, con las miles de fuentes y estanques que sirven de reflejo a las mujeres que se preguntan si son lo suficientemente hermosas mientras esperan a sus amantes.

Mitsuomi se acerca al estanque y roza su superficie con la punta de los dedos, trazando sobre el agua la palabra "amor". Los trazos del kanji se graban en el agua como surcos en la tierra, la magia de Mitsuomi lo sostiene por un momento y luego lo deja disolverse en el agua, de manera que desaparece sin dejar rastro.

Amor por la Vida es un nombre perfecto para este jardín, aunque algunos no podemos disfrutar de él como deberíamos.

Mitsuomi se vuelve hacia Kazumi.

Disculpadme, Kazumi-san, la atmósfera de este lugar ha podido conmigo.

Con paso decididamente lento y con una expresión nostálgica en el rostro, Mitsuomi se siente en el banco junto a Kazumi.

Kazumi bajó la mirada unos segundos mientras Mitsuomi estaba de espaldas, sólo Akemi pudo ver de reojo como ella medsus palabras, y sólo cuando te volvistes para sentarte a su lado te percatastes de que su expresión había vuelto a mostrarse madura y no jovial, por unos instantes, por unos leves instantes.

Tratastes de leer su mente, pero parecía blindada ante tus artimañas y tu percepción desarrollada. Lo que si estaba claro es que ella había meditado por unos segundos algo, justo antes de levantar su rostro y dejar de nuevo ver su sonrisa, aunque esta vez está llena de melancolía... o más bien... sarcasmo...

"En verdad... los sentimientos en el Imperio Esmeralda son uno de los más terribles tormentos... Quizás eso sea por lo que el Noh no me atrae tanto... ya hay demasiadas tragedias en la vida real..."

Dice con un tono pausado y susurrado de manera que al prestar atención a sus palabras caes en la cuenta de que estan ejeciendo en ti un efecto imnótico... Y que poco a poco sus oscuros ojos captan los tuyos con fuerza manteniendo tu mirada mientras habla, con la mejor y má depurada técnica de oratoria o quizás los sentimientos más tangibles que nunca hayas visto.

"En realidad... me pregunto si... este tipo de santuarios a el Amor por la Vida y al Amor en su estado puro son realmente un redaño de paz... o sólo una herida sangrante en la mayor parte de nosotros... porque la mayoría nunca verá estos jardines con los ojos de aquel enamorado que le guarda tributo por la felicidad dada... Más bien la mayoría los miramos con la melancolía de saber que nuestro deber esta por encima de un bello lugar o un bello recuerdo..."

Notas cómo acaricia tu corazón con cada uno de sus susurros, e incluso ves como Akemi queda fija en ella, con gesto levemente consternado, como si aquel discurso fuera dirigido a todos y a nadie. A ella, a Akemi, a ti, a todos... a nadie...

Una extraña empatía te rodea y la rodea mientras tu mente se descoloca y desoncierta sin saber qué pensar o qué piensa ella. Y, en medio de todo el sumun del caos, en medio de todos aquellos sentimeintos hechos palabras, Kazumi levanta su mirada mientras su sonrisa desaparece poco a poco. Alza la mirada al cielo y ve cómo los rayos de Amaterasu se filtran a través de las hojas rosadas de los árboles.

La luz ilumina su blanco rostro a la vez que despacio cierra los ojos y une en su regazo sus manos, dejando que cada atisbo de luz reluzca en su kimono colorido, en su cabello azabache y en piel níeva y cuidada.

En aquel momento jurarías que su cuerpo es más maduro y su joven rostro muestra una paz milenaria, como si fuera una con el todo, como si ella también viera la nada...

Poco a poco baja su cara hasta que sus ojos se abren y le mira de nuevo. Su sonrisa aniñada empieza timidamente a despuntar en sus labios, hasta que aquella expresión madura y llena de reflexión desaparece, entonces... dejando escapar su dulce tono de voz, se dirige a él.

"Dime Mitsuomi-san... Tú... qué estarías dispuesto a hacer por amor..."

Es una pregunta arriesgada y ella sabe que ni siquera tienes que contestar, pero parece que ambos estáis más conectados de lo que creíais... Responder no daña a nadie... o quizás te da miedo ser sicnero con ella... O... contigo

Mitsuomi permanece en silencio, mirando a Kazumi. Su expresión es seria, pero tranquila, muy parecida a la de la candidata. Por un momento, sus ojos parecen dejar de ver el presente, como si el paisaje hubiese mutado para el, transformándose en un recuerdo tal vez relacionado con otro jardín y con otra mujer.

Pero Mitsuomi no evoca recuerdos. Saborea las palabras de kazumi como si fuesen deliciosos mochi. Entiende lo que dice ella porque él mismo lo ha vivido (no, en ese momento no se da cuenta de que Kazumi ha confirmado sus sospechas) y sus pensamientos son muy parecidos a los de ella, aunque con una salvedad.

El Amor, el Amor con mayúsculas, nunca puede herirnos, no puede causarnos daño, pues brota de lo más profundo de nosotros, allí donde se refugia nuestro verdadero yo, ajeno a los convencionalismos de la sociedad y a las emociones más fuertes que enajenan la mente; allí somos nosotros mismos, somos verdaderos y el Amor también lo es, y la Verdad, la Verdad con mayúsculas, nunca puede hacer daño.

Mitsuomi mantiene los ojos fijos en Kazumi, aunque parece no verla, como si estuviese mirando al Vacío. Su voz no es hipnótica como la de Kazumi, sino segura y firme, aunque suave, como si constatase hechos y no admitiese réplica alguna. En la voz de Mitsuomi estaba la tranquilidad de la certeza, la seguridad de la Verdad.

La Verdad es hermosa, es el Sol radiante que brota de nuestro interior, bañándolo todo en oro brillante, igual que la tarde cubre el mundo de oro viejo. La luz sólo nos molesta cuando hemos pasado tiempo contemplando la oscuridad; la verdad sólo nos hace daño cuando hemos vivido en la mentira y es esa falsedad la que nos hace daño, no la verdad que la expulsa.

Mitsuomi calla por un momento y permanece unos segundos en silencio, inmóvil. Entonces, se levanta del banco y se detiene a contemplar los árboles, igual que ha hecho Kazumi antes. Pero Mitsuomi no alza la cabeza para contemplar la luz que cae de las copas de los árboles como una lluvia de pétalos, sino que baja la cabeza y mira la tierra.

Incluso mirando al suelo puedo saber que la luz cae sobre mí, si alzara la cabeza me cegaría, demasiado tiempo he mirado a la oscuridad; pero la seguridad de que está ahí me conforta, su reflejo en la tierra me da fuerzas para saber que existe, que el mundo de apariencias en el que vivo oculta una verdad en el fondo, un brillo dorado que debo encontrar para guiar mi camino; ni siquiera el Vacío puede otorgarme ese don, esa serenidad.

Mitsuomi cierra los ojos y alza la cabeza hacia los árboles.

Ah... es tanta la paz que trae la luz...

Permanece largo tiempo así, mirando a lo alto con los ojos cerrados. Ni Akemi ni Kazumi dicen nada, no interrumpen su silencio. Y pasados unos minutos, de forma muy pausada, vuelve la cabeza hacia Kazumi y esta vez si que la está mirando a ella, sus ojos fríos como el rocío, pero a la vez cálidos como el centro de una flor.

Me habéis preguntado que haría por Amor. Podría contestaros que por Amor destruiría a mi Clan, humillaría al Emperador y haría añicos los Cielos como si fuesen delicadas piezas de porcelana; pero entonces os estaría mintiendo, pues eso lo haría por Deseo, guiado por la Pasión.

Su expresión cambia por completo y una sonrisa ilumina su rostro. Toda la seriedad desaparece de la cara de Mitsuomi y es reemplazada por una sincera alegría muy semejante a la de Kazumi, pero tal vez nacida de una convicción más profunda, al fin y al cabo es Vacío puede ser más voluble que el Aire, pero sus cimientos son más profundos.

Por Amor no haría nada, me dejaría llevar siguiendo mareas y corrientes que no sería capaz, sería barca a la deriva, un pétalo en el aire. Si amase de verdad me sentaría a contemplar como se marchitan las flores cuando pase la primavera y no escucharía otra voz que el roce de las nubes con el cielo.


La sonrisa de Mitsuomi se hace aún más grande y vuelve a sentarse al lado de Kazumi.

Si amase de verdad estaría muerto. Pero como mi amor es limitado y el deseo es su fundamento, estoy aquí sentando conversando.

Mitsuomi permanece en silencio, mirando a Kazumi. Su expresión es seria, pero tranquila, muy parecida a la de la candidata. Por un momento, sus ojos parecen dejar de ver el presente, como si el paisaje hubiese mutado para el, transformándose en un recuerdo tal vez relacionado con otro jardín y con otra mujer.

Pero Mitsuomi no evoca recuerdos. Saborea las palabras de kazumi como si fuesen deliciosos mochi. Entiende lo que dice ella porque él mismo lo ha vivido (no, en ese momento no se da cuenta de que Kazumi ha confirmado sus sospechas) y sus pensamientos son muy parecidos a los de ella, aunque con una salvedad.

El Amor, el Amor con mayúsculas, nunca puede herirnos, no puede causarnos daño, pues brota de lo más profundo de nosotros, allí donde se refugia nuestro verdadero yo, ajeno a los convencionalismos de la sociedad y a las emociones más fuertes que enajenan la mente; allí somos nosotros mismos, somos verdaderos y el Amor también lo es, y la Verdad, la Verdad con mayúsculas, nunca puede hacer daño.

Mitsuomi mantiene los ojos fijos en Kazumi, aunque parece no verla, como si estuviese mirando al Vacío. Su voz no es hipnótica como la de Kazumi, sino segura y firme, aunque suave, como si constatase hechos y no admitiese réplica alguna. En la voz de Mitsuomi estaba la tranquilidad de la certeza, la seguridad de la Verdad.

La Verdad es hermosa, es el Sol radiante que brota de nuestro interior, bañándolo todo en oro brillante, igual que la tarde cubre el mundo de oro viejo. La luz sólo nos molesta cuando hemos pasado tiempo contemplando la oscuridad; la verdad sólo nos hace daño cuando hemos vivido en la mentira y es esa falsedad la que nos hace daño, no la verdad que la expulsa.

Mitsuomi calla por un momento y permanece unos segundos en silencio, inmóvil. Entonces, se levanta del banco y se detiene a contemplar los árboles, igual que ha hecho Kazumi antes. Pero Mitsuomi no alza la cabeza para contemplar la luz que cae de las copas de los árboles como una lluvia de pétalos, sino que baja la cabeza y mira la tierra.

Incluso mirando al suelo puedo saber que la luz cae sobre mí, si alzara la cabeza me cegaría, demasiado tiempo he mirado a la oscuridad; pero la seguridad de que está ahí me conforta, su reflejo en la tierra me da fuerzas para saber que existe, que el mundo de apariencias en el que vivo oculta una verdad en el fondo, un brillo dorado que debo encontrar para guiar mi camino; ni siquiera el Vacío puede otorgarme ese don, esa serenidad.

Mitsuomi cierra los ojos y alza la cabeza hacia los árboles.

Ah... es tanta la paz que trae la luz...

Permanece largo tiempo así, mirando a lo alto con los ojos cerrados. Ni Akemi ni Kazumi dicen nada, no interrumpen su silencio. Y pasados unos minutos, de forma muy pausada, vuelve la cabeza hacia Kazumi y esta vez si que la está mirando a ella, sus ojos fríos como el rocío, pero a la vez cálidos como el centro de una flor.

Me habéis preguntado que haría por Amor. Podría contestaros que por Amor destruiría a mi Clan, humillaría al Emperador y haría añicos los Cielos como si fuesen delicadas piezas de porcelana; pero entonces os estaría mintiendo, pues eso lo haría por Deseo, guiado por la Pasión.

Su expresión cambia por completo y una sonrisa ilumina su rostro. Toda la seriedad desaparece de la cara de Mitsuomi y es reemplazada por una sincera alegría muy semejante a la de Kazumi, pero tal vez nacida de una convicción más profunda, al fin y al cabo es Vacío puede ser más voluble que el Aire, pero sus cimientos son más profundos.

Por Amor no haría nada, me dejaría llevar siguiendo mareas y corrientes que no sería capaz, sería barca a la deriva, un pétalo en el aire. Si amase de verdad me sentaría a contemplar como se marchitan las flores cuando pase la primavera y no escucharía otra voz que el roce de las nubes con el cielo.


La sonrisa de Mitsuomi se hace aún más grande y vuelve a sentarse al lado de Kazumi.

Si amase de verdad estaría muerto. Pero como mi amor es limitado y el deseo es su fundamento, estoy aquí sentando conversando.

Mitsuomi piensa por un momento, mientras mira directamente a Kazumi. Así que por fin había empezado la conversación en serio. La pregunta de Kazumi era muy directa, pero tampoco esperaba menos de ella. Realmente, le había hecho un favor, puesto que al realizar esa pregunta le daba el derecho a Mitsuomi para hacérsela a ella una vez que le hubiese contestado. Y por supuesto debía contestarle la verdad, no ganaba nada mintiéndole, además deseaba a Kazumi como aliada; el problema era que también deseaba a Arousou como aliado y de momento si las circunstancias le obligaran a elegir entre uno de los dos candidatos no sabía a cual elegir.

Antes me habéis preguntado qué haría por amor y os he contestado. Vuestra actual pregunta, Kazumi-san, es mi respuesta a lo que haría por deber. Vivimos rodeados de obligaciones, atrapados en la magnífica jaula que es el Orden Celestial, seguros en ese confinamiento tan rígido que su belleza no tiene rival. Nuestra obligación es sevir al Fénix y al Emperador, aunque generalmente ambas cosas no son diferentes; sin embargo cada uno interpretamos ese deber de una manera difernete, dependiendo de nuestra educación y de nuestra posición. Yo he decidido servir al Fénix restaurando su lugar en el Imperio.

Mira a Kazumi para ver si sus palabras han causado alguna reacción en la candidate. Está hablando en un tono muy serio, señalando así la gravedad de las cuestiones que trata. Hay también muy seguridad en su voz, pues cree firmemente en lo que está diciendo.

Somos un clan de shugenja, incluso los Shiba saben eso y lo aceptan. Valoramos el conocimiento por encima de cualquier otra cosa, el poder que llega con ese conocimiento es algo secundario, y para dedicarnos a nuestros estudios necesitamos paz, igual que la necesita el resto del Imperio.

La oratoria de Mitsuomi empieza a desplegarse de forma inconsciente. La expresión de Mitsuomi se vuelve seria y alegre a un tiempo, transmitiendo seguridad y sobre todo certeza, verdad.

Cada Clan tiene asignado su puesto en el Imperio: los Leones como la Mano Derecha del Emperador, los Grulla como la Mano Izquierda, los Cangrejo nos defienden de las hordas del Noveno, los Escorpiones son la sombra que arroja que arroja el replandeciente halo del Emperador, los Dragones en sus fortalezas de las montañas meditan sobre el espíritu del mundo, los hijos de Shinjo tal vez retornen algún día y nos hablen de nuestro lugar en el mundo y, finalmente, nosotros, los Fenix somos los guardianes de la magia, los bibliotecarios de la sabiduría de Rokugan; sólo nosotros vemos el mundo invisible que se oculta tras las cosas mundanas, sólo nosotros ejercemos de mediadores entre los humano y los kami.

El patriotismo de Mitsuomi ha estallado con fuerza. Él no es dado a estos excesos, pues generalmente se ve obligado a acallar estos sentimientos con un férreo pragmatismo, pero ahora se siente seguro junto a Kazumi y no duda en liberar ese celo que se oculta en su interior.

No somos superiores a los demás clanes, simplemente comprendemos más cosas. Y hace mucho que comprendimos que la paz es el don más importante. El Orden Celestial es una máquina perfecta y todas las piezas deben estar en su sitio, funcionando de acuerdo al papel que se le ha asignado: esta es la condición necesaria para conseguir la paz. Así pues, el Fénix debe actuar de mediador entre los demás Clanes, tratando de resolver las disputas ente ellos, atendiendo siempre a los deseos del Hijo del Cielo. ¿Y qué mejor que la esta Corte para conseguir eso?

Mitsuomi calla un momento para recuperar aliento mientras va calmándose poco a poco. El estallido de fervor ha pasado y ahora toca comentar planes, estrategias que han de llevarse a cabo con una mente despierta y atenta, controlando en todo momento las emociones. Es natural, pues, que su tono pase ahora a ser mucho más tranquilo al explicar planes más detallados. Mitsuomi sonríe mientras habla.

Pero pensad por un momento, kazumi-san, ¿a quién prestaríais más atención, a un simple ishi o al Maestro del Vacío del Clan Fénix? La respuesta es evidente. Es por eso que aspiro al puesto, no por poder, sino por el prestigio que conlleva a la hora de hacerme oír entre las personas de mayor posición en el Imperio. Es muy probable, de hecho, que si obtuviese el puesto y consiguiese mi propósito abandonase el cargo en favor de otro ishiken más poderoso.

El argumetno de Mitsuomi tendría todo el sentido si no hubiese ya un Maestro del Vacío, pero es lógico que Kazumi pueda preguntarse por qué necesita conseguir el puesto si igualmente puede hablar con el que es ya Maestro y tratar de que éste lleve a cabo sus ideas. Sabiendo que Kazumi estará teniendo estas dudas, Mitsuom dice:

Isawa Hanzo es un incompetente. No es un insulto, no es una falta de respeto: es un hecho. Prefiere entretenerse con sus objetos gaijin a preocuparse por el destino del Fénix. Mizuno-sama está profundamente preocupado por el futuro del Clan y ya ha dado grandes pasos para asegurarlo, pero, mientras tanto, ¿qué ha hecho Isawa Hanzo? Nada y dudo mucho que tenga una estrategia real para detener el Campeonato de Jade. Si el Maestro del Vacío fuese una persona diferente con gusto compartiría con él todas mis impresiones y le ayudaría en todo lo que pudiese, pero desgraciadamente no es el caso. Esto es, pues, por lo que pretendo convertirme en el Maestro del Vacío. Todavía no he tenido una conversación larga con Isawa Hanzo, aunque dudo que ese encuentro cambie mi modo de ver la situación, aunque lo desearía.

El rostro de Mitsuomi se llena de pesar por un momento, baja incluso los ojos y suspira, aunque en seguida alza la vista y mira a kazumi, mientras en sus labios va perfilándose poco a poco una sonrisa.

Debéis disculparme, Kazumi-san, a veces puedo dejarme llevar por un fervor excesivo cuando toco estas cuestiones. Os ruego, sin embargo, que comprendáis que mi visión es completamente diferente a la de Seyrio-san: yo no deseo aplastar a nadie bajo mi poder, sólo pretendo devolver el Imperio a su cauce natural, pero no lo haré si el precio es excesivo, cosa que Seyrio-san parece no tomar en cuenta, pues su celo le lleva a un extremismo peligroso.

La sonrisa ilumina todo el rostro de Mitsuomi y se vuelve algo socarrona. El ishi ya ha dado su respuesta completa a la pregunta de la candidata, ahora es el turno de ella de reponderle.

Creo que ya os he respondido, Kazumi-san, es pues vuestro turno de ser cortés y responder a una pregunta mía, pero yo no trataré de averiguar vuestras razones para ocupar el puesto de Maestro del Aire, sino que os haré una afirmación y me gustaría que vos me dijérais si estoy equivocado.

Mitsuomi hace una pequeña pausa mientras mira directamente a Kazumi. Lo que va a decir a continuación puede revelar mucho y la actitud de Kazumi al responder puede alterar completamente su visión del tablero en el que está jugando.

Isawa Kazumi, creo que no deseais ser Maestro del Aire.

Kazumi oye cada una de las palabras de Mitsuomi mientras mira a la fuente y ve cómo sus aguas se desbordan de ella y van a parar a los hilos que forman aquellos pequeños ríos.

Sus ojos pronto se vuelven hacia los de Mitsuomi y este siente de nuevo su corazón tocado por una calidez extrama, a la vez que su cuerpo se relaja y se deja llevar por la oscuridad cálidad de aquellos ojos que reflejan pequeños destellos. Poco a poco Kazumi curva sus rosados labios en una pequeña sonrisa de complicidad y entendimiento y comienza a hablar, y quizás a responder algunas dudas.

"Como siempre... no me decepcionáis... Mitsuomi-san... no esperbaa menos de vos... y de vuestro linaje... sois tal y como me dijeron..."

Pocas palabras pero cargadas de significado... Kazumi sonrie mientras deja que la mente de Mitsuomi avance con rapidez y empieze a comprender algunas cosas de ella...

"Mi familia siempre ha estado muy interesada en tí... mis padres... conocieron a tu madre... y siempre han velado por ti... Nunca me dijeron que eran amigos, pues yo soy más joven que tu y no supe hasta hace poco que podíamos haber sido compañeros de juegos si ellos hubieran decidido acercarte más a mi familia y a mi casa..."

Kazumi arregló alisando algunas arrugas en su regazo y miró los coloridos estampados del kimono, las flores de cerezo en él y las muñecas de porcelanas sentadas pintadas a mano.

"Antes de venir a Otosan Uchi me hicieron memorizar muchas cosas... nombres, lugares, personas importantes... Digamos que me prepararon bien... pero supongo que al igual que a Arousou-san su familia o a Seyrio la suya... venimos de tres grandes tradiciones en el Kyuden... y tu eres la cuarta... sólo que tu pudistes librarte de una presión familia, pues tu padre no es como los nuestros..."

Su dedo pasó por encima de los rostros de las muñecas acariciándolas como si acariciase a un niño de verdad, con suavidad y deboción.

"Ese amor por la corte lo admiro... porque es innato... quizás no comprendas otras sendas de ver las cosas, quizás no comprendas por ejemplo a Seyrio, que lo creas o no es más parecido a ti de lo que crees, pero yo... "

Kazumi sonrió con cierta melancolía quizás.

"Sé que podría hacer muchas cosas como Maestra del Aire... cierta parte de mi... la que está más unida a mi familia me llama a ello... Me llaman..."

Dice mientras se levanta y el aire empeiza a soplar fuerte a su alrededor haciendo c´riculos y meciendo sus cabellos y la enorme lazada hasta que esta se levanta y se arremolina suavemente. Kazumi da un par de vueltas mientras el aire la envuelve sin que ella haya dado una orden y meza sus ropajes con la delicadeza que besa su piel al pasar. Oyendose un canto aniñado de fuera de sus labios, cantando los kamis del aire por y para ella.

"Me dicen que puedo hacerlo... que debo hacerlo..."

Sus ojos quedan fijos en él mientras el aire sigue a su alrededor mostrándose vivo y alegre al rededor de la muchacha. De repente la expresión de felicidad de kazumi se vuelve melancólica y el aire deja de soplar de golpe, dejando un leve quejido de dolor al marcharse.

"Pero... lo que yo me pregunto... es si... realmente estaré preparada... Son preciosas vuestras palabras... pero... la realidad a veces dista mucho de lo que pensamos... y algo que siempre hemos apoyado se vuelve confuso y aberrante... Si me preguntáis... Mitsuomi-san... os diré que no es que no quiera ser Maestra del Aire... Quiero ser... Kazumi, la Maestra del Aire... y que mis reglas puedan ser oidas y seguidas... porque no creo que mis idealies sean alocados en el Orden... porque... si son aceptados por los kamis del aire... ¿porqué no por mortales? Puede que unas veces piense que no merece la pena... pero otras... hay veces que pienso que si llegara a serlo... podría cambiar y mejorar muchas cosas... igual que tu."

Kazumi sonrie levemente y el viento se arremolina de nuevo a su alrededor con un leve quejido melancólico como si tratase de consolarla, a la vez que la chica se lleva la mano a su cabello y retine aquellos que tratan de volar en frente de sus ojos. Sin dejar de mirarle... pero... ¿a los ojos o al alma?

Por fin Kazumi empezaba a revelar algo. Ya no le extrañaba que la familia de Kazumi hubiera estado controlándole, pues si eran capaces de controlarla a ella, ¿por qué no iban a hacer lo mismo con el resto de los hijos de las familias importantes? Mitsuomi realmente no se consideraba importante, pero su madre era considerada por muchos una gran heroina del Fénix, pues había salvado Kyuden Isawa a costa de su propia vida.

Así pues la familia de Kazumi la presionaba y ordenaban a Seiryo a vigilarle, era de suponer que lo mismo sucedía con Seiryo que habría sido educado para ser Maestro del Fuego, y probablemente Arousou también hubiera padecido la misma presión durante su infancia, tanto academicismo en ocasiones parecía más un refugio que una virtud.

De manera que ciertas facciones dentro de Kyuden Isawa, probablemente las más tradicionalistas y elitistas, deseaban controlar el Consejo, situando como Maestros a Kazumi y Seiryo, y quien sabe si tendrían algún tipo de control sobre los tres candidatos de la Tierra. Era una información muy relevante, puesto que Kazumi le había revelado que su familia estaba interesada en él, lo que podía ser una apoyo para desbancar a Hanzo, siempre claro que no se opusiera a Kazumi ni a Seiryo.

Las piezas en el juego iban revelándose poco a poco, pero a un ritmo más rápido del que Mitsuomi esperaba, y eso le agradaba, aunque cuando las piezas iniciaran los primeros movimientos podrían suceder acontecmientos terribles si había tantos intereses enfrentados.

De momento debía seguir sincerándose con Kazumi, indagando en sus deseos y en sus capacidades para convertirse en Maestro del Aire.

De una manera algo distinta, puedo comprenderos Kazumi-san. Vos tal vez tuvisteis una infancia algo tensa por el yugo que os imponía vuestra familia; a mi ese yugo me lo impuso mi poder. Ser un shugenja del Vácío es difícil y más cuando se es un niño y se ha de seguir una férrea disciplina para que ese mundo maravilloso que aparece de pronto no te devore por completo. Yo tampoco tuve una infancia llena de juegos y de amigos, miradme ahora, creo que no puedo decir que tenga excesivas amistades, por eso me he alegrado de encontrar gente como vos entre los candidatos. Os lo digo de todo corazón.

El tono de Mitsuomi se vuelve más bajo, más cómplice. Si ha de sincerarse con kazumi debe ser ahora, pues tal vez no tenga otra oportunidad mejor. Prefiere que decidan quién ha de ser Maestro entre ella y Arousou, haciendo que él no tenga que elegir, pues cualquiera de los dos le parece en principio perfectamente apropiado. Cuando vuelve a hablar tras una ligera pausa, la voz de Mitsuomi rebosa sinceridad.

Nadie os puede decir si estáis preparada para el puesto, Kazumi-san, y menos aún los kami, pues su mundo es completamente diferente del nuestro. Yo en muchas ocasiones también he dudado, incluso que Seyrio-san habrá dudado, pero esas dudas no tienen ningún fundamento, pues no podemos resolverlas sin haber actuado. Necesitais ver lo que hay en vuestro interior, en vuestro verdadero interior, más allá de esas palabras inculcadas por vuestra familia; sólo así los cimientos de vuestros deseos serán firmes y claros, y entonces no dudareis más.

Mitsuomi sonríe, como si la estuviera consolando.

Me encantaría hablar con vos de vuestra visión sobre el Fénix, sobre lo que debe hacerse aquí en la Corte. Os deseo como aliada, pero también me gustaría contar con Arousou-san. No veo rivalidad entre vosotros dos, sino más bien una tensión extraña, unas barreras colocadas hace mucho tiempo que apenas entiendo. Creo que deberiais hablar con él, poner vuestras ideas en común, haceros los mismas preguntas que me habeis hecho a mi, kazumi-san, y considerar quien sería el mejor Maestro de los dos. Os lo digo sinceramente.

Mitsuomi la mira esperanzado, como dándole ánimos para afrontar ese encuentro.

En cuanto a Seyrio-san, tenéis razón en que probablemente nos parecemos, muchas veces creo que he sido (y sigo siendo) como él, pero es un carácter que realmente no me gusta y sé que hay algo que me salvará de terminar siendo como él, un ancla que me ha estado salvando de caer en la paranoia del cortesano, en la despiadada frialdad del político. Creo que vos también sabéis a qué ancla me refiero, ¿no es así?

Kazumi da una vuelta de ciento ochenta grados y se dirige hacia la fuente. Apoyada en ella hace surcos con los dedos en el agua mientras medita lo que ha dicho, sin hablar, sin mover más que sus dedos en el agua, sin comentar aún nada.

Akemi hace un rato que ha quedado en la sombra de un arbol, fuera de la visión de los dos, donde no molesta pero oberva bien y en donde puede actuar si es necesario y escuchar ahora, como es necesario.

"Mi visión del Clan... gustosa podré compartirla contigo... si quieres mañana y si hay alguna obra, te apetezca charlar sobre ello en la cena o comida anterior o posterior..."

Sus dedos hacen surcos en el agua fría mientras el titileo de la luz crea arcoiris en él. Sin mirarle, fija en el movimiento de las ondulaciones causada por sus dedos prosigue hablando.

"Mitsuomi-san... eres un excelente orador y un buen observador... pero... dejame que os aconseje... que séas más paciente..."

Aquello suena como un misterio en sus labios mientras se da la vuelta, justo después de haber escrito algo en el agua.

"Ni la tensión de mi familia con la de Arousou-san, ni la de éste conmigo, ni la forma de Seyrio es tan parca como creéis, hay más matices... Debéis tener cuidado... o erraréis... "

Anduvo hacia él mientras le observaba detenidamente con una mirada de nuevo madura y prosiguió:

"No sólo es casi imposible que yo hable libremente con Arousou-san, sino que es casi inimaginable para ti en este momento, con tus ideas, poder hacer frente a Seyrio. Déjame darte un consejo... y déjame darte un mensaje de parte de mi familia..."

Kazumi se paró en seco, quería que comprendiese que iban a ser dos cosas muy diferentes lo que su familia le dijera por tramas y lo que ella le dijera por amistad.

"Mi familia apoyaría tu ascenso, sin duda... si cumples con los requisitos que se esperan de ti... si eres digno y estas tan dispuesto como dices por el Clan... aunque eso sólo se demuestra con hechos... Ellos creen que verás más que razonable su proposición... el puesto... puede ser tuyo si lo haces..."

Ahora cambia el tono a menos formal y dice con una media sonrisa:

"Pero... recuerda esto... Mitsuomi-san... sé tu mismo... y no tus experiencias... porque si lloras las lágrimas te impediran ver las estrellas... Y si tus ideas se agolpan en tus ojos no verás con claridad... y eso no es bueno... Hay demasiado en juego... y hay demasiados amigos y enemigos cerca... Si yo fuera tu... me fiaría más de mi... "niño" interior... Y tendría más cuidado conmigo mismo que con Seyrio..."

Mitsuomi busca la bolsa de mochis con forma de concha. En su interior todavía quedan dos dulces. Coge uno de ellos y se lo tiende a Kazumi mientras él se lleva a la boca el otro.

Dentro de las conchas hay siempre hermosas perlas, aunque en ocasiones se encuentran joyas todavía más bellas.

Le sonríe a Kazumi y entonces se come el mochi lentamente, dando pequeños bocados, sin dejar de sonreír. Cuando lo acaba, levanta una mano hacia el cielo y siente como una cálida brisa del atardecer pasa a través de sus dedos.

Como dije en la comida, el aire supera todos los obstáculos, es esquivo y sutil, imposible de atrapar, pero sorprendentemente poderoso.

Mitsuomi baja la mano y mira a Kazumi con una amplia sonrisa.

Agradezco todas vuestras advertencias y apreciaciones, las tendre en cuenta en todo momento. Desgraciadamente, tenéis razón en que en ocasiones puedo ser muy impaciente; el agua a menudo fluye sin control y es difícil ponerle cauce a un océano.

Mitsuomi se levanta y se dirige hacia el estanque donde está Kazumi y moja la punta de sus dedos en el agua.

En nuestro primer encuentro esta mañana os regalé un crisantemo, permitidme que ahora os haga otro regalo.

Comienza a cantar por lo bajo una invitación a los kami del estanque a medida que va moviendo la mano sobre el agua. Lentamente, levanta la mano de la superficie y el agua le sigue, formando una pequeña figura líquida a medida que su mano traza una silueta. Se trata de un hermoso pájaro, un pequeño gorrión que permanece inmóvil sobre el estanque.

Me temo que no puedo hacerlo volar, pero sé que vos podéis.

De pronto, Mitsuomi hace un leve gesto con la mano y la forma del pájaro se deshace. Las aguas del estanque se agitan por un momento, mientras las ondas atraviesan la superficie como pequeñas olas concéntricas. Cuando el agua se ha calmado, Mitsuomi baja la vista al agua y mira directamente al reflejo de Kazumi en el agua. Por un momento permanece callado y cuando habla lo hace con una voz muy seria.

Cuando estéis dispuesta a hacerlo volar, cuando de vuesto interior brote la certeza en vuestras propias palabras, decídmelo y lo volveré a crear.

Se hace el silencio de nuevo por unos instantes. Mitsuomi suspira de forma aparatosa para romper bruscamente el silencio, Alza la cabeza y mira a Kazumi de nuevo, con una sonrisa. Ya no tiene sentido seguir con la conversación anterior y Mitsuomi desea volver a encontrarse con la Kazumi risueña y feliz.

Bien, como decís soy muy impaciente. Así que qué os parece que planeemos ya una escapada para mañana para ver esa compañái de escorpiones que me mencionasteis antes... el Loto Negro creo que se llamaba... Os arrastraré a ver una función de Noh y luego iremos a ver la pieza de Kabuki que deseeis. ¿Qué os parece?

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 9:23 pm

"Me parece que es una idea excelente"

Dijo Kazumi de nuevo risueña, obviando lo anterior, aunque Mitsuomi debía pensar tranquilamente en ello, puesto que le había hablado de que podía conseguir su deseado puesto de Maestro del Vacío si se aliaba con Kazumi y su familia.

Kazumi anduvo unos pasos por el parque mientras veía caer delante suya los pétalos de cerezo y los seguía con la mirada.

"Creo que este año emepezaran con una obra seria para empezar la temporada... o por lo menos eso me han dicho... aunque... tendré que ir a verificarlo en cuanto os vayáis... quiero ir a por el programa."

Dijo sin mirarle viendo la inmótica danza de los pétalos con atención, estirando poco a poco su mano, distraida como un gato con un ovillo de lana. Por fin pudo coger uno de ellos, cuando estuvo a su altura, entoces le miró, abrió la palma y contempló un segundo el pétalo, sopló y un pequeño vendabal hizo que el pétalo saliese volando a toda velocidad hacia la mejilla de Mitsuomi. El pétalo la rozó y prosiguió su camino, como si le hubiese dado un cálido y leve beso en un roce de parte de aquella que lo dirigía. Kazumi sonrió traviesa y rió ante esto distraida.

Luego miró el sol unos segundos y bajó el rostro algo enfadada. Respiró hondamente y se encogió de hombros.

"Las cinco y media..."

Anunció. Era hora de irse cada cual por su camino, Mitsuomi tenía una cita con una Otomo en otro lugar y Kazumi seguiría con sus quehaceres antes de la merienda en la Residencia.

Se acercó a él la muchacha y mientras no dejaba de sonreirle le dijo escuetamente antes de desaparecer como una brisa veraniega por una de las salidas del parque.

"Espero que te vaya muy bien la reunión, Mitsuomi-san, mañana por la mañana hablaremos de lo del teatro y de lo que... queráis... acerca de mi familia o de otra cosa... ¿de acuerdo?"

Sonrió y se despidió de Akemi igualmente con cortesía, pero, antes de irse dijo algo más.

"Mitsuomi-san... recuerda... paciencia..."




OUT

Bien, pon el post de despedida que nos vamos con la Otomo juas...


Adios, Kazumi-san, tened por seguro que espero con impaciencia nuestro próximo encuentro.

Mitsuomi se inclina respetuosamente ante la candidata y se marcha del jardín seguido de Akemi.

Ha ido bien, ¿no creeis, Akemi-san?, dice Mitsuomi una vez han salido del jardín, dejando atrás a kazumi.

Mitsuomi está muy contento: mucho le ha sido revelado y mucho se le oculta aún, pero ya no está en la oscuridad en la que se encontraba cuando llegó a la Capital. Sin embargo, las tramas que empieza a vislumbrar parecen de muy largo alcance y él no desea ser un peón de ninguna de las fuerzas en conflicto, por mucho que gracias a la otros pudiese obtener el puesto de Maestro. Como dijo Kazumi, paciencia, tiempo al tiempo, todavía falta mucho por saber antes de empezar a planear el futuro, además la entrevista que le aguarda puede ser muchisimo más importante o tal vez aporte más luz a lo que ya sabe.

Camina con paso rápido, revelando su alegría y optimismo. Pero esta vez no va a cometer el mismo error que al inicio de la tarde, así que se detiene y se vuelve hacia su yojimbo.

Akemi-san, nos dirigimos a la casa de té conocida como El Loto y el Pétalo. Supongo que la conoceréis así que os ruego que me guieis.

Akemi asiente y comienza a andar, mientras Mitsuomi la sigue, esperando que se revelen más piezas del tablero.

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