Día 1º.- Disitrito Dozan.- El Loto y el Pétalo.- Tarde

Registro de las Historias de OU.
Cerrado
Avatar de Usuario
Isawa_Mitsuomi
Ishi erudito
Mensajes: 1719
Registrado: Mié Sep 24, 2008 9:41 am

Día 1º.- Disitrito Dozan.- El Loto y el Pétalo.- Tarde

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 9:29 pm

Akemi caminaba un paso por detrás de su señor, sin embargo ella era la que le guiaba entre susurros por el maremagnun de calles de la ciudad. Sin duda, si ella no hubiese estado allí nunca hubiese llegado a la hora, puesto que las calles estaban totalmente hechas en un caos sin control y en donde los propios del distrito se sentían confusos por la rapidez en que cambiaban las construcciones de lugar.

"Mi señor... si me dejáis decirlo... he de expresar... lo sorprendida que me he quedado de la conversación reciente que habéis tenido con Isawa Kazumi-sama... Sin duda no sólo ella me ha dejado sin habla... sino la trama tan compleja de la que forma parte y de la que pretende que forméis parte... Sin duda... su familia, que está en el ala conservador, de eso no hay duda, puede realmente encumbraros... pero igualmente os es muy peligroso... en el caso de que no lo elijáis así..."

Mitsuomi le había dado permiso para que expesase sus opiniones acerca de las situaicones que observaba. Y parecía que su yojimbo no perdía detalle de ésto. Callada y en segundo plano, pero al parecer muy atenta a todo. Su ojo era clínico y sus palabras escuetas y certeras, y siempre respetuosas.


----------------------------------------------------------------------------------------------------------


El Distrito Dozan estaba llevado por un Gobernador del Clan Fénix, por Asako Dozan. Era un lugar lleno de templos y en donde la tranquilidad y el olor a incienso quemado llenaba algunas calles perfumandolo todo. Las bellas construcciones de estilo más clásico se repartían por todo el distrito mostrando orgulloso muchas capillas, grandes o pequeñas, privadas o públicas. Era uno de los distritos que mejor funcionaban y que menos conflictos poseían. Un buen lugar para vivir, un buen lugar para comerciar, un buen lugar para una reunión...

El Loto y el Pétalo pronto apareció tras doblar una de las calles. Era una enorme construcción de madera con el tejado pintado de azul y con multitud de tallados en la fachada y pinturas en ellas. El estilo distinguido se notaba desde lejos, al igual que un dulce aroma a flores.

Poco a poco mientras se iban acercando, vieron a dos enormes hombres en la puerta guardadon de que nadie entrase sin invitación. Los que pasaban por allí ni si quiera se percataban en la casa, puesto que si no eras un cliente admitido aquel lugar les estaba vedado.

Akemi se adelantó dos pasos delante tuya para interponerse entre los dos matones de aspecto arreglado y pulcro y tu, por si en algún momento, que aunque no lo creía siempre había que prevenir, pasaba algo no deseado.

Al veros llegar los dos guardias quedaron observándoos cómo os acercábais, quizás curiosos de que no pasaáseis como el resto de largo, depué de todo ellos conocían a los asiduos.

Akemi, cuando llegó se dispuso a tu lado, en silencio, mientras los dos porteros os veían allí, erguidos y con intenciones de entrar.

"No se puede pasar sin invitación."

Dijo uno de ellos al ver que no proseguíais hacia delante. Un tipo enorme, quizás el más grnade de los dos, que tenía una cicatriz en el cuello tapada en su mayor medida por el kimono de una calidad buena para el trabajo que tenían (denotando la clase del lugar) y que os miraba tras su ojo descubierto, pues el otro estaba tapado con un flequillo.

"Mi señor, Isawa Mitsuomi-sama, Candidato a Maestro de Vacío ha venido a petición de uno de sus mejores clientes."

Dijo Akemi mientras se inclinaba ante su señor levemente mostrando el porte de este, y haciendo que, al hablar ella pr él dejase claro que era tan alto (aunque no lo fuera) que no le merecía la pena hablar con ellos. Parecía que los trucos de vanagloria Grulla los había aprendido también... Pronto esto dio resultado en los dos hombres, pues al ver tan distinguida presentación y título, a la yojimbo de aspecto peligrosamente fuerte y que hablaba en tu nombre, ni siquiera parecieron pensar en quien era quien te invitaba. Dudaron unos segundos y luego, tras rehacerse de nuevo en sus funciones, volvieron a hablar, esta vez el más "pequeño" de los dos (pues ambos era más grandes de la media).

"Deberéis decirnos quien os invita para verlo en el registro."

Dijo esta vez con un tono mucho menos intimidanete que el otro a la vez que sacaba un pergamino de su cinto.

Akemi se acercó a ti y te susurró:

"Mi señor... si queremos que esto no nos vuelva a suceder dejar que yo hable por vos... a este tipo de personas les subyuga en demasía una interpretación semejante... es más, os aseguro que tras esto nunca más os pediran que os detengáis en la puerta de este lugar..."

Akemi esperó su respuesta, con el nombre de quien se iba a reunir, por supuesto, pues ella no lo sabía aún.

Mitsuomi no habría esperado menos de un lugar del que le habían informado que era muy exclusivo. La maniobra de Akemi sí que había sido del todo inesperada, pero Mitsuomi no podía evitar sentirse orgulloso de las habilidades de su yojimbo, sin duda iba a ser una gran ayuda en los días venideros.

Cuando Akemi se dirige hacia él, asiente dándole a entender que aprueba su proceder y le dijo:

Hemos venido a ver a Otomo Asano, Consejero Imperial.

Mitsuomi se vuelve hacia los guardias una vez que ha informado a Akemi. Les mira con tranquilidad pero sin altivez, como quien es consciente de su posición y se siente tan seguro que no tiene necesidad de demostrarlo.

Veamos que secreto se esconde en el interior del Loto, piensa contento.

"No debería ni porqué informaros."

Comienza con un tono duro y levemente altivo y molesto, Akemi mientras levanta su mentón delicado y muestra sus preciosos ojos azules con aquella chispa entre valor e inteligencia. No sabía si era buena esgrimista pero actriz era excelente...

"Pero mi señor viene a ver a la Consejera Imperial Otomo Asano-sama, la cual le ha citado aquí."

Los guardias se ponen algo nerviosos al oir el nombre y el que posee el pergamino busca con rapidez su nombre pero, con la torpeza de los crecientes nervios, lo cual lo ves curioso, termina diciendo trastabilladamente.

"S.. Sisi. Otomo-sama se encuentra aquí, porfavor, porfavor, entren..."

Ambos se apartan con rapidez mientras se inclinan profundamente y les piden disculpas por las molestias.

"No sabíamos que eran invitados de Asano-sama..."

Trata de explicarse uno de ellos cuando pasáis sin mirarles. Akemi anda delante tuya, entra en primer lugar y espera en la entrada a que pases y vuelvas a tu posición delantera y respetuosa con tu puesto.

Cuando por fin estáis dentro os quedáis sobrecogidos por el lugar. Al fondo de la sala que se abre tras las fusamas, una cascada de agua cae con su sonido alegre y sus aguas cristalinas bañanado unos ríos que se extienden por el linde de la sala y que se ramifican por toda esta separando los tatamis con sus aguas. A vuestro lado hay una pequeña mesa de recepción justo delante de una puerta que dará, suponéis hacia las habitaciones del servicio, antes de llegar a las fusamas que os dejarían entrar en la sala principal. A la izquierda hay unas enormes escaleras que conducen a la parte de arriba.

La sala principal está levemente guarnecida por unas pantallas de shoji pintadas, abiertas de manera que podéis ver la cascada y el interior. Un estrado en medio de los dos ríos que se unen al rededor de éste sosteniene a tres mujeres que tocan con una parsimonia y una delicadeza infinita distintos intrumentos mientras una de ella canta. Mesas repartidas alrededor de la sala estan repletas de hombres y mujeres ricamente vestidos, que comen dulces y beben té y sake mientras dialogan tranquilamente. Mujeres con preciosos delantales con el Loto hacen las funciones de camanreras, moviéndose entre los afluentes de aquellos dos ríos, con cuidado y destreza, entre pequeños puentes y plataformas. Peces nadan por aquellos surcos en el suelo, coloridos y vivarachos, alegrando el lugar. El olor de flores frecas recién puestas en los numerosos jarrones llena el lugar, y, sobre el agua, el loto, flotando como dueño y señor del lugar...

"Disculpadme."

Dice una voz a vuestro lado que os llama la atención. Miráis despacio y se ve una mujer bien vestida con el delantal del lugar con el emblema de un Loto que os reverencia con cuidado.

"Vos debéis de ser Isawa Mitsuomi-sama, estamos avisados de su avenida... por favor... síganme... Asano-sama ya les espera..."

Su voz es dulce y susurrada de manera que el sonido del agua al caer no es más alto que su tono. Os conduce hacia las escaleras y os hace subir al piso superior. Allí hay multitud de salas con las fusamas cerradas y personas en su interior hablando. El pasillo es largo y se ve que las habitaciones en el interior son opulentas pues los paneles estan muy ricamente pintados.

Al final del pasillo se ve una enorme habitación por la que se puede entrar por dos lugares diferentes. Cuando llegáis a las puertas la mujer se agacha y sienta en el suelo, pone las manos en la fusama y habla despacio.

"Asano-sama... han venido sus invitados..."

En el inteior de la sala no se oye más que la música de una biwa que toca una melodía tradicional despacio, con ritmo pero pausado. Nada más... el silencio sólo se abre paso.

La mujer se inclina y os mira mientras dice:

"Podéis pasar..."

Poco a poco mientras ella se inclina abre las fusamas y os deja ver el interior de la sala...

La habitación esta pintada entera con paisajes de Otosan Uchi, en su mayoría del palacio imperial. Al fondo hay un enorme balcón de madera tallada pintada de azul con lotos en rojo. En el lado derecho una muchacha cabizbaja toca la biwa en silencio con la maestría de una artesana Kakita. Y en la sala una mesa, grande pero no enorme, suficiente para más de cicno comensales bien anchos en sus lugares. Una mujer se sienta en ella mientras bebe una taza de té y una muchacha algo más joven y cabizbaja igualmente está justo tras ella a varios pasos, seguramente su criada. No habéis dado un paso en la habitación cuando, Akemi la primera, nota la presencia de alguien más en la sala. En un rincón algo oscurecido descansa un samurai de verde armadura, un Seppun, el yojimbo, no lleva sus armas, al igual que Akemi, pues han debido dejarlas a la entrada por respeto y cortesía. Pero igualmente su aspecto es ciertamente intimidante, con su porte regio y su mirada penetrante.

La mujer que tienes delante tuya sobrecoge tu corazón. Sus cabellos son negros como la noche e infinitos. Caen como cascadas hacia el suelo, extendiéndose por él como la seda por su cuerpo. Y, aunque estos son tan largos deben serlo más puesto que su peinado son varios intrincados moños en armonía, con mechones trenzados, cintas, orquillas y peinetas, dándole un aspecto grandioso. Su kimono es morado y dorado, de la tela más brillante y de aspecto más noble que jamás hayas visto. El dorado es por los numerosos hilos de oro que bordan ramas que se extienden por el vestido como enredaderas en su cuerpo. En su abundante pecho el orgulloso mon Otomo se sostiene, com las tres serpientes mordiéndose fuertemente. Su piel es tan blanca como las playas de Kyuden Isawa, o más, de un color tan puro como sólo la dama Doji debió tenerlo. Sus labios del color del fuego estaban perfilados en aquella magestuosa boca carnosa que incitaba a suspirar por una palabra suya. Sus ojos rasgados y oscuros estaban custodiados por unas largas y tupidas pestañas. Llevaba un colgante de oro y jade a juego con los pendientes que colgana de sus orejas, con jade y diamantes estos. Y sus largas y finas manos que descansaban sobre la taza de té que tenían poseían varios anillos, el de la Consejería Imperial y el mon Otomo entre ellos.

Ésa era Otomo Asano.......

Akemi aguardó mientras contenía la respiración un segundo a que tu entrases mientras se inclinaba hacia la mujer por el honor de estar en su presencia.

Pronto se oyó su clara y seductora voz mientras con un gesto de la mano le indicaba que se acercara a Mitsuomi.

"Buenas tardes... Isawa Mitsuomi-san... me alegro enormemente de que hayáis podido acudir a mi cita... por favor... pasad... y sentaros aquí en la mesa conmigo..."

Sus palabras eran medidas, perfectas, entonadas con precisión y con una entonación y un timbre precioso. Con la mano señaló el asiento delante suya y le indicó que podía pasar a sentarse.

Bien... allí estaba... más le valía no fastidiarla delante de una dama así de... poderosa...

Mitsuomi había esperado un local muy cuidado, acorde a su exclusividad, pero aquello rebasaba por mucho sus expectativas. El lugar era magnífico, poseía una belleza serena pero deslumbrante que uno esperaría en los jardines de Kyuden Doji o del Palacio Imperial, no en ese tipo de establecimiento.

Lo que también sorprende a Mitsuomi es que Asano parece no estar preocupada por la privacidad de su cita, al fin y al cabo cualquiera con un puesto lo suficientemente importante podría interrogar a los guardias o a los sirvientes y descubrir a cualquier que hubiera acudido allí. Aquello le hace sentirse todavía más intrigado por el motivo de la entrevista.

La belleza de Otomo Asano le sorprende sólo en parte. Podría haber sido una vieja cortesana que sin duda ocultaría sus arrugas bajo capas y capas de maquillaje, pero por alguna extraña razón Mitsuomi ya se la había imaginado como una mujer joven y atractiva. Siempre había tenido la sensación de que todos los asuntos del Imperio giraban en torno a la belleza y quienes se ocupaban de ellos parecían haber obtenido su puesto más por su atractivo que por sus capacidades, aunque ambas cosas siempre, y de nuevo de forma harto sorprendente, parecían ir parejas. Las mujeres eran un caso excepcional, pues su belleza no desmerecía su inteligencia, sino todo lo contrario: el intelecto para ellas era un adorno más, como un kanzashi o un abanico, que llevaban siempre cuidado, siempre impoluto.

Mitsuomi estubo a punto de suspirar tras estas reflexiones, aunque se contuvo a tiempo. No era momento de florituras y él no era un poeta kakita. Otomo Asano lo había hecho llamar no para que alabara su belleza, sino para tratar temas sin duda más importantes; aunque un discreto halago nunca venía mal.

Se inclina profundamente ante Asano demostrando el sincero respeto que siente por su persona, no en vano es un miembro del linaje imperial. Cuando ella le drige la palabra, él contesta sin alzar la vista del todo, de nuevo como signo de respeto, y su tono es humilde y sosegado.

El honor que me haceis al desear hablar conmigo es tan grande que nada me hubiese impedido venir, Otomo Asano-sama. Que un miembro de la ilustre familia de los Otomo desee entrevistarse con un simple ishi como yo es un regalo de valor incalculable y no sé cómo podré ofreceros algo equivalente. Estoy aquí para lo que ordenéis.

Mitsuomi vuelve a inclinarse respetuosamente, mientras se siente en el lugar que Asano le ha indicado. Le ha dado a entender con sus palabras que sabe que ella va a darle algún tipo de misión o de encargo y también que él no dudará en cumplirlo como mejor pueda.

Debo presentaros a mi yojimbo Shiba Akemi-san, si su presencia os incomoda decídmelo y haré que nos espere en otro lugar.

Asano mostró una complaciente sonrisa curvada en sus labios mientras te veía caminar despacio hacia el lugar que te había indicado. Con un leve gesto de cabeza negó a tus palabras y dejó que su voz se volviera a oir susurrada pero segura e imponente:

"No... Mitsuomi-san, podéis dejar que se quede, que tome asiento ella también, por favor... donde gustéis..."

Akemi hizo una reverencia y se snetó en el lado opusto al Seppun a su misma altura, sin que tu ni siquiera le dijeses nada, como si ella ya estuviese muy al tanto de tus gustos, pero más bien lo que inetntaba es que no calleses en la trampa de cortesía de la Otomo. Ella al parecer ya sabía como jugaban en la ciudad y antes si quiera de que tu pudieras pensar en dódne sería correcto que se sentase ella tomó la inciativa. Con movimientos gráciles pero cuidadosos y con una enorme reverencia tomó asiento en su lugar.

Una vez que tu estuvistes en frente de ella la muchacha que estaba justo tras ella se acercó y se puso a servirte una taza de matcha del mejor té de las tierras de Otosan Uchi. Asano callaba aún mientras te observaba detenidamente, todos tus gestos estaba siendo estudiados con cuidado, tus palabras, tus movimientos incluso sentías que sentía tus pensamientos.

"Como ya he dicho... es una alegría que.... con tan poco tiempo de antelación hayáis podido hacer un hueco en sus quehaceres para venir hasta aquí.... debéis de estar muy cansado del largo viaje desde Kyuden Isawa..."

Cuidado con todo... pensabas mientras te tendían la taza de té, cuidado...

"Pero es que... tal y como dije en mi carta... me encuentro sumamente preocupada por el estado de su Clan y de los acontecimientos... Y me gustaría tener constancia, desde dentro, con su opinión de primera mano, de los sucesos que os atañen, para saber si puedo hacer algo para que el equilibrio en el Clan pacificador vuelva a restablecerse... La familia Otomo debe velar por los súbditos del Ilustre Hijo de los Cielos..."

Eres una mosca y ella la araña en medio de la red, dependiendo de cómo salgas serás deborado o llevado a la red principal en donde podrás ascender hasta ver a la araña madre...

Mitsuomi se mantiene en silencio mientras escucha las primeras palabras de Asano. Cuando la Otomo calla y se pone a observarle en espera de una respuesta, él coge la taza de té y da un tranquilo sorbo, como si estuviese tomando el té en un lugar perfectamente familiar para él. Con ese gesto espera que Asano entienda que no desconfia de ella en absoluto. Tiene intención de tormarse este encuentro con enorme calma, casi como si fuera una merienda informal. Sabe que cada palabra y cada gesto cuentan ante la Otomo, y precisamente por eso iba a ir despacio, muy despacio: el Vacío se alimenta de palabras intrascendentes.

Deja la taza de té de nuevo en la mesa, mira por un breve instante a la Otomo y agacha la cabeza para hablar de nuevo, en señar de respeto.

Cualquier cosa que estuviese haciendo se revela como intrascendente y sin importancia en cuanto se recibe un mensaje como el que me enviasteis. Tened por seguro que podéis disponer de mi tiempo cuando lo deseeis. Serviros a vos es servir al Imperio y al Fénix, y nada hay que desee más que hacerlo.

Alza la cabeza y le dirige una sencilla sonrisa a la Otomo, al tiempo que inclina levemente la cabeza como para corroborar todo lo que ha dicho anteriormente. Seguidamente, vuelve a inclinarse para hablar.

En nombre de mi Clan os doy las gracias por vuestra preocupación acerca de nuestros asuntos, vuestra consideración demuestra vuestros buenos deseos hacia los Fénix, y tened por seguro que eso es algo que nunca será olvidado. En cuanto a informaros de lo que sucede dentro del Clan creo que tal vez yo no sea la persona adecuada, al fin y al cabo soy un simple ishi que ha sido agraciado con el increíble honor de acudir a esta magnífica ciudad. Como sabéis, Isawa Hanzo-sama, Maestro del Vacío, se encuentra entre los integrantes de la delegación Fénix, sin duda él os podría informar mejor que yo de estos temas; vuestra posición no debería rebajarse al hablar conmigo cuando tenéis a un miembro del Consejo de los Cinco con el que poder conversar, no creo que yo pueda considerarme digno de estar a su altura.

Antes de empezar a jugar Mitsuomi deseaba conocer un poco la situación del tablero, era un intento que nadie le reprocharía. Pero, ¿cómo lo tomaría la Otomo?

Asano sonrie de medio lado y enfoca la mirada en tus ojos mientras sonrie de aquella manera desocncertante.

"Sé de sobra quien ha llegado a la ciudad de su Clan... Mitsumi-san... Pero... he elegido hablar con vos porque sigo desde hace tiempo su carrera..."

Parece no estar molesta con el comentario aunque se ha arriesgado mucho al decirle a ala Otomo quien era o a quien acudir.

"Isawa Hanzo-san... es cierto que es... más oportuno en estos momentos... sin embargo..."

El silencio con todas sus connotaciones se extiende y aquellas palabras con más de un significado quedan en el aire. Asano le observa con atención sin dejar de mostrar aquella sonrisa de superioridad y desconcierto para el que la ve.

"Digamos que... yo apuesto por caballos que luego pueden asceder... Mitsuomi-san... como en el shogi... nunca una pieza es tan vana como se la cree, puende ascender y convertirse en poderosas..."

Bebe un poco para dejarle que piense en lo que quiere decirle y tras mirarle fijamente prosigue:

"Hoy no me encuentro aquí como Consejera Imperial miembro de los más cercanos a Otomo Nishi-sama, Mitsuomi-san, hoy me encuentro aquí solo como Otomo Asano..."

Cuidado, eso no significaba que fuera poco...

"Le diré la verdad... Mitsuomi-san... me interesa su Clan... pero más me interesáis vos... Creo que... podemos llevarnos muy bien y creo que podemos trabajar muy bien... juntos..."

Evidentemente, Asano no aprobaba el nombramiento de Hanzo como Maestro y parecía querer darle a entender que apoyaría su propósito de hacerse con ese puesto. Por supuesto, una ayuda así no sería gratis y sin duda Mitsuomi tendría que cumplir algún deseo de la Otomo. Se preguntó por un momento si Otomo Asano tendría algo que ver con la familia de Kazumi, pero en un principio no lo creía probable, aunque era una posibilidad a tener en cuenta.

Lo que si estaba claro es que Hanzo no contaba con muchos aliados y Mitsuomi debería descubrir pronto quienes eran. Probablemente Seyrio no cuestionase al Maestro, aunque fuese simplemente por su cargo, y estuviese de su parte, pero Mitsuomi no estaba tan seguro ya de las actitudes del shugenja de fuego, las palabras de Kazumi habían empezado a hacerle dudar sobre sus primeras impresiones.

Pero de momento aquellas elucubraciones eran inútiles. Habría tiempo más adelante para preocuparse por los demás candidatos, ahora era momento de tratar de ver qué pretendía la Otomo y si podía ayudarle con el Campeonato de Jade.

Trabajar junto a vos sería un gran honor para mí, Asano-sama, y de seguro que vuestra ayuda podría ser un estimable apoyo para el Fénix.

Mitsuomi de nuevo hace otra inclinación para agradecerle a la Otomo sus palabras y baja vista hacia la taza de té. Con lentitud, coge la taza y da un pequeño sorbo. Pero depués de eso no vuelve a colocar la taza encima de la mesa, sino que la mantiene entre sus manos, mientras su mirada se pierde en el oscuro líquido que reposa sereno en su interior.

La vida de un ishi de los Isawa es muy recluida, pues el estudio y los peligros intrísecos al Vacío son muy duros, por eso debéis disculparme si demuestro mi ignorancia manifestándoos mi sorpresa por vuestro interés en mí.

De nuevo con mucha lentitud, Mitsuomi deja la taza sobre la mesa, pero sigue contemplando el líquido en su interior.

Como vos habéis sido sincera conmigo, un nuevo regalo que me hacéis, es justo que yo también lo sea con vos. Sin duda los conflictos internos de mi Clan no son desconocidos para vuestra familia y menos para alguien de vuestra posición. Sabéis que tres Maestros todavía han de ser elegidos y que un rumor malsano ha llenado de turbación a los más altos representantes del Fénix. Contar con vuestra ayuda sería en extremo beneficioso para nosotros, por eso la nota con la que me citasteis aquí me llenó de esperanza.

Alza la vista y mira a Asano de nuevo con una sonrisa.

"El problema del Campeonato..."

Dejó escapar entre un susurro mientras respiraba hondamente. De una de sus mangas sacó un abanico de seda pintado con el mon Otomo en dorado y pétalos de rosa en él, y empezó despacio a abanicarse.

"El Fénix sin sus Maestros no puede mantener la paz en el Imperio."

Sentenció de golpe duramente.

"Sin embargo...-Comenzó a decir cortando el miedo que podías haber sentido al ver dicha acerveración.- Es cierto que hay candidatos prometedores entre las filas... Muy cierto... tanto como que es primavera o que vos estáis aquí..."

Dijo de nuevo con aquella voz aterciopelada. Bebió un sorbo de té y se quedó meditando algo durante unos segundos, luego levantó la cabeza y prosiguió hablando.

"Pero... de hecho... los rumores cobran solidez... y eso es debido a que hay muchos que lo desean... y el Fénix no puede demostrar aún lo contrario... Bueno... sí que podría... podría ganarlo... ¿o no?"

Preguntó mientras dejaba que sus labios se curvaran levemente en las comisuras y sus ojos brillasen ante la pregunta.

"Pero pensáis que el participar es meramente una ofensa de por si... lo cual es razonable... Lo que me pregunto es cómo pensáis compatibilizar si el Emperador dicta la orden con vuestro orgullo... Exponed Mitsuomi-san... me encuentro muy interesada por el tema..."

Lo que se le olvidó decir a Asano que estaba implícito era "exponed bien o no conseguiréis mi ayuda"...

Mitusomi vuelve a tomar la taza de té para dar un largo sorbo. Ha llegado el momento de exponer su caso ante la Otomo y sabe que debe hacerlo bien, midiendo cada palabra como si fuese la única que pudiera pronunciar. También puede ser muy provechoso arriesgarse un poco y hacer algunas indirectas hacia la posible fuente del rumor del Campeonato, para que Asano aprecie que él sabe algo de por donde van los tiros, aunque sea poco.

Cuando vuelve a dejar la taza en la mesa está preparado. Es curioso lo que puede tranquilizarle una simple taza entre sus manos, probablemente es por eso por lo que los cortesanos siempre llevan un abanico: las manos pueden traicionar las emociones y tenerlas ocupadas en algo puede ser una buena manera de esconderlas.

Mitsuomi empieza a hablar, con tono tranquilo, revelando hechos e intenciones con gran sinceridad. Esta vez no hay necesidad de grandes palabras ni de florituras retóricas, pues la Otomo tal vez esté cansada de escuchar discursos mejores que los que el pueda crear casi a diario. Es tiempo de pragmatismo no de oratoria.

La voluntad del Emperador está por encima de cualquier orgullo individual, pues servirle es el único orgullo verdadero para los habitantes del Imperio. Si el Emperador desease realmente que se el Campeonato tuviera lugar, sería imposible que el Fénix pudiera oponerse. Que participásemos sería otra cuestión y yo no sería desde luego alguien que aprobara eso, aunque no tengo duda alguna de que ganaríamos: como vos misma habéis dicho hay grandes shugenja entre los que se han reunido en la Capital.

Sin embargo, me cuesta pensar que el Hantei tenga intención de celebrar el Campeonato. Sin duda, su Alteza Imperial sabe los antecedentes históricos del Campeonato de Jade, por qué fue convocado y por qué fue abandonado. En la Biblioteca Imperial deben quedar escritos de aquella época que cuenten todo el asunto con detalle. Pero de momento estamos tratando con un rumor, no con un edicto nacido de en la Ciudad Prohibida, y eso prueba que el Hijo del Cielo o no desea celebrar el Campeonato o duda en hacerlo.

Creo que hay lenguas insidiosas que tratan de empañar la visión del Emperador, de otra manera no entiendo el nacimiento de un rumor semejante. Hay muchos Clanes que desean arañar aunque sea un poco de poder y ven el Campeonato de Jade como una oportunidad. Es muy probable que en el Campeonato Esmeralda salga triunfante un Grulla y por eso desean probar suerte en otro torneo tal vez menos competitivo. Oh, pero perdonadme si aquí me permito un momento de orgullo, pues son unos ilusos si creen que pueden derrotar al Fénix en poder y sabiduría.

Pero como ya he dicho, que el fénix participe en el torneo no es algo aceptable ni conveniente, aunque lo ganásemos. El Campeonato de Jade realmente es una afrenta a mi Clan porque menosprecia su valía para guardar la magia en el Imperio. Un Kami se inclinó ante Isawa, ¿acaso los Kitsu, los Kuni, o cualquier otra familia de shugenjas puede atraverse a retarnos?

Mitsuomi respira profundamente y vuelve a darle un sorbo al té. Ha tenido un momento de orgullo nada normal en él, tal vez la presencia de la Otomo le trastorne, debe andarse con cuidado.

Para el Fénix es imperativo detener cualquier posibilidad de que el Campeonato de Jade se celebre, a no ser, por supuesto, que el Emperador lo anuncie, entonces habrán de ser los Maestros quienes tomen cualquier decisión al respecto. Como vos decís el Fénix necesita a los Maestros y, por eso mismo, no desearía que sucediese lo que os acabo de mencionar. El Fénix tiene una doble tarea que afrontar esta primavera, pero sin duda el problema del Campeonato es el más importante, aunque no necesariamente el más difícil de resolver.

Otro sorbo. Ahora está llegando a la parte peligrosa y es momento de mostrarse más tranquilo que nunca.

Todos los rumores tienen una fuente y averiguar la de el que tanto nos preocupa podría ser un gran paso para acabar con el error que es el Campeonato de Jade. Quien sabe que pudiera suceder si el Campeón de Jade fuese manipulado por personas que anhelan poseer un poder que no les corresponde.

Mitsuomi mira directamente hacia Asano. Su mirada trasmite una súplica silenciosa, que realmente ya ha expresado antes y que ahora va a volver a expresar de forma algo indirecta.

¿Entendeis ahora por qué vuestra ayuda y la de vuestra familia me parecen tan necesarias?

Asano sonrie maleficamente mientras el abanico tapa sus labios sabiendo que el control de muchas cosas de todo el pequeño mundo de Mitsuomi está en sus finas y delicadas manos.

"Entiendo lo que supone el campeonato... entiendo lo que supone para el honor del Fenix..."

Dijo de manera que hacia ver la preocupación de ella por el tema Fénix, que conocía todos los detales, más que entendía la ofensa, aunque por supuesto esto sólo se intuía...

"Veo que sois tan digno enviado como creía... sin duda ese asuento debe traeros de cabeza..."

Asano descorrió el abanico delante de su rostro y dejó ver la magnificiencia en él. Tomó la taza y bebió un sorbo. Luego escuchó atentamente como la musica paraba y se dirigió a Mitsuomi.

"¿Queréis oir algo en especial?"

Le preguntó con tono amable y distendido. Una vez que la musica volvió a sonar Asano tomó de nuevo un sorbo y terminó su taza, a lo cual la criada empezó de nuevo servir más té delicioso.

"Ese tema... es algo de lo que tardaremos en ponernos de acuerdo... pues es cierto que sólo son rumores... pero igualmente es cierto que las verdades empiezan en alguna parte y en alguna boca..."

Miró a la musica que tocaba un segundo y tras beber de nuevo prosiguió:

"Hay muchos intereses... ya me entendéis... la corte es un tablero enorme... y sacrificar piezas para que ese rumor se termine sin causar... daños al Fénix... es difícil... sobretodo si antes no hay piezas aliadas y poderosas..."

Asano sonrió y dejó la taza en la mesa, puso sus manos sobre estas y dejó ver lo hermosa que eran, incluso sin aquellos bellos anillos... en los que por cierto estaban bien representados su posición...

Asano le miró fijamente a los ojos y habló claramente por fin quizás en todo el tiempo que habían estado:

"Mitsuomi-san... lo que quiero saber es qué clase de pieza queréis ser vos... porque... si no aspiráis a ser pieza clave en el tablero... no habrá nada que podáis hacer..."

Simple pero retorcido, si no eras pieza clave... ¿porqué ella debería ayudarte?

Mitsuomi había oído hablar de la crueldad de los Otomo y acababa de comprobar que todo lo que le habían contado era totalmente cierto. Asano disfrutaba con su posición, se regocijaba en su poder y sin duda gozaba cuando alguno de sus enemigos caía víctima de una de sus maliciosas intrigas. Se daba cuenta de que su conversación no era más que otro juego para ella y que sin duda se sentía feliz al saber que estaba llenándolo de dudas y de esperanzas que podía perfectamente dejar abandonadas. Pero era algo con lo que Mitsuomi debía tragar, pues sabía que si demostraba ser una pieza interesante, Asano le utilizaría con gusto para cumplir sus oscuros propósitos y ser el peón de un Otomo si eso arreglaba los problemas del Clan era un precio muy pequeño.

Debía mostrarse ambicioso, mostrarle a Asano un plan amplio y a ser posible bastante intrincado, pero de momento tocaba presentarse, engrandecer la verdad de sus propias aspiraciones.

La respuesta perfecta a vuestra pregunta debería ser la siguiente: quiero ser la pieza que debo ser, si he de ser un simple peón pero eso ayuda al Fénix no me importaría. Sé que eso sería lo lógico dada mi posición y una aspiración mayor podía ser considerada impropia de mi persona. Pero...

Calla y le da el último sorbo a la taza de té, pero antes de dejarla en la mesa, mientras todavía la mantiene a la altura de sus labios, mira a Asano y habla.

Negar que deseo ser Maestro del Vacío sería mentiros. Mi propósito es conseguir lo mejor para el Fénix y ahora mismo eso se traduce en detener el Campeonato de Jade, pero eso no implica que yo pueda salir beneficiado en el proceso, ¿verdad? Isawa Hanzo no es apreciado dentro del Clan como el Maestro más apropiado, se murmura mucho en Kyuden Isawa, y yo, aunque perdonadme de nuevo una estúpida muestra de orgullo, me considero una mejor posibilidad como Maestro.

Hace una pausa de nuevo y baja la taza vacía.

Creo que siempre he sentido una mayor predilección por la política que por la magia y mi poder como ishi no es especialmente alto, tal vez sea inferior al del actual Maestro del Vacío, aunque ese es un dato que desconozco, pero en estos tiempos el Fénix no necesita que sus Maestros sean magos poderosos, sino buenos administradores, individuos leales y de ideas claras que deseen lo mejor para la estabilidad del Imperio.

Mira por un momento a Asano y sonríe.

No deseo ser un peón, Otomo Asano-sama, sino la pieza fundamental que guíe al Fénix hacia la paz. Decir otra cosa sería faltar a la verdad.

Se siente aliviado después de decir aquello. ¿Será esa la respuesta que esperaba Asano? Era imposible de decir, aunque los grandes jugadores siempre prefieren manejar a las piezas más importantes, mientras que desechan a las pequeñas como objetos inservibles. Sin embargo, ¿cuáles serían las preferencias de la Otomo?

Asano mira un segundo con gesto inquisitivo a su criada y le ordena con la mirada que sirva de nuevo al Isawa, a lo cual ella responde con gran rapidez. Luego le mira y sonrie de lado con una mezcla de maldad y arrogancia.

"Perfecto... eres quien creía que eres..."

Dice Asano segura y con tranquilidad mientras entrelaza sus dedos.

"Como comprenderás, Mitsuomi-san, entrar en un juego tan peligroso como puede ser la desarticulación de un Campeonato es un riesgo demasiado grande como para que no os planteéis la posibilidad de llegar a lo más alto... Quería saber si teníais valor... coraje suficiente como para tomar lo que es vuestro por derecho..."

Sus palabras perfectas sonaban a melodía en tus oidos. Hablaba no de piezas pequeñas o grandes, realmente hablaba del valor para cruzar la tercera linea y ascender en el tablero... Parecía que habías acertado con tu respuesta.

"Mitsuomi-san... el hombre ambicioso es el único que llega lejos... pero es el que más debe cuidarse las espaldas... ¿Lo entendéis? Sin embargo... yo adoro a los hombres ambiciosos... Creo que por ellos se mueve el mundo... y por ellos se protege al Emperador... El Imperio no necesita un Fénix débil, no necesita un Maestro deñl Vacío débil, necesita alguien decidido, alguien fuerte de caracter, alguien... como tú..."

Sus ojo se clavaron en los de él mientras sonreía con malicia.

"Hablemos de negocios... hablemos de... cómo llegarás a ser el Maestro de Vacío... hablemos de qué podemos hacer..."

La expresión de Mitsuomi se vuelve dura y el tono de su voz muy frío. Asano ha decidido que Mitsuomi puede ser una buena mascota, así que ha decidido ser lo que ella desea que sea, y nada mejor para hacerlo que aparentar una frialdad calculadora y bastante maquiavélica.

Os doy las gracias por vuestras palabras, Asano-sama. Como pensaba vuestra ayuda va a ser muy provechosa y espero que lo que os pueda ofrecer a cambio también lo sea para vos.

Mitsuomi le da un sorbo al té recién servido, pero cogiendo la taza con una sola mano. Cuando vuelve a dejar la taza en la mesa, mira a Asano con esos ojos de hielo, que no son realmente para intimidarla, sino para demostrarle todo lo que está dispuesto a hacer para cumplir su parte de la alianza.

De las dos cuestiones mi propia ascensión en la que tiene un curso de acción más evidente. Tengo que desvancar a Isawa Hanzo. ¿Cómo? Se me ocurren varias maneras, pero todas pasan por obtener más información sobre él, pues para mí hasta este momento era un perfecto desconocido. Sabemos que siente una gran predilección por la artesanía gaijin y creo que por ahí podría hacerle bastante daño. Igualmente, no lo veo una persona con muchos aliados, ni dentro ni fuera del Fénix, pero me gustaría conocer la amplitud de su red de contactos.

Mitsuomi vuelve a beber de la taza, al tiempo que con los dedos de la mano izquierda parece trazar líneas sobre la madera de la mesa, igual que un general que va señalando los movimientos etratégicos que se deberán seguir en la futura batalla.

En cuanto al Campeonato lo que me parece más importante de momento es averiguar lo más acertadamente posible la fuente del rumor, igualmente sería conveniente conocer a los posibles candidatos que ofrecerán los clanes y cuáles de ellos están más favor del Campeonato y por qué razón. Otro asunto que me parece si no muy importante si bastante positivo es tratar de encontrar en la Biblioteca Imperial los registros de la anterior celebración del Campeonato para poder ofrecer precedentes de que el puesto de Campeón de Jade fuese abandonado. Nadie cuestionará las razones de un Hantei, tal vez ni siquiera otro Hantei.

Mitsuomi vúelve a beber y mira a Asano todavía más fijamente.

Con la información de la que dispongo en este momento, estas son las ideas que tengo. Sé que pueden parecer algo generales pero no dispongo de mucha información y hay todavía a ciertas personas clave que no conozco. ¿Qué opináis, Asano-sama?

Asano sonrie de medio lado mientras bebe un poco de té. Parece que el Fénix tiene agallas por lo menos así lo demostraba hablando de la manera que lo hacía...

"La Biblioteca Imperial o la Kosuga poseen esa información que buscáis..."

Dijo algo meditabunda acerca de las cuestione que decía.

"Acerca de los participantes y el rumor... este último es difícil de discernir y los participantes... siempre puedo mandaros una lista de los nombres que suenan en la Ciudad Prohibida..."

Asano miró el té y luego a él fijamente, dejó la taza y cruzó sus manos delante de su pecho apoyada en la mesa. Su gesto se tornó serio, totalmente serio y emepzó a hablar.

"Meditar y hablar por hablar no nos sirve ahora Mitsuomi-san, no si queréis conseguir lo que queremos que consigáis... Si queréis ser el Maestro del Vacío y si queréis ser el responsable o de los mçaximos responsables en destruir el rumor y el Campeonato... Hay que ser serios..."

Su voz era tan gélida que le heló la sangre mientras sus ojos destellearon con crueldad. Su voz se tornó suave ahora y viperina y tan sutil como un susurro.

"Mitsuomi-san... si queréis hacer todo eso... si queréis demostrarme que sois válido de mi confianza y de mis ayudas... Deberéis demostrarmelo con hechos..."

Y en esa última frase quedó colgando una misión ya seguramente planeada. ¿Qué haría? La ayuda de una Consejera Imperial sería su mejor baza para llegar a ser Maestro pero... ¿sería suficientemente astuto para que todo le saliese bien?

"Todo tiene su precio"

La frase de Shinsei le viene a la cabeza en cuanto Asano termina de hablar. Hasta ese momento, la Otomo parecía estar ofreciéndole su ayuda sin más propósito que beneficiar al Fénix, pero Mitsuomi en ningún momento había pensado que tal cosa fuese posible. Los Otomo no ofrecerían su ayuda de forma desinteresada. Y ahora por fin Asano parecía estar dispuesta a decirle cual iba a ser su parte en el "trato". Mitsuomi recibiría ayuda para ser Maestro del Vacío y para detener el Campeonato de Jade, pero ¿cuántos encargos debería hacer para la Otomo?

Lo más razonable sería mostrarse humilde y servicial, inclinar profundamente la cabeza, y decirle a Asano que cumpliría con diligencia cualquier misión que ella le encomendara, pero por alguna razón Mitsuomi no se siente de acuerdo con ese modo de actuar. Sabe que va a tener que cumplir los encargos de la Otomo pero eso no quiere decir que vaya a dar la imagen de un perrito faldero, ¿acaso ella no deseaba que fuese ambicioso?

Se sorprende de la osadía de los pensamientos que le vienen a la mente. Durante la conversación rpecedente siempre se ha sentido intimidado por la Otomo, o más bien por su posición y por la leyenda que acompaña a los miembros de esa familia imperial; y sin embargo, ahora sabe que no se trata más que de una mujer, una mujer que le necesita para cumplir alguno de sus proyectos y que por tanto ha dado una muestra de debilidad. ¿Acaso la todopoderosa Otomo Asano sabrá alguna vez de las maravillas del Vacío que él puede contemplar cuando desee? ¿acaso su posición puede proporcionarle la comprensión de la danza elemental? Es sorda a las palabras de los kami, es ciega a los esplendores del mundo invisble.

Sí, por supuesto, esa mujer podría destruirle, arruinar su prestigio, tal vez forzarle a cometer seppuku, pero no podría forzarle a abandonar su honor, ni desterrarle del Reino Intermedio. El poder de Asano es sólo material, y él sabe que ese tipo de poder termina por desvanecerse y que carece de trascendencia.

Se siente alegre, se siente feliz, y, por encima de todo, se siente igual a Asano, no en poder ni posición, sino como persona. Aceptará todas las intrigas de la Otomo sin protestar por amor a su Clan y a su misión en Otosan Uchi, pero nunca más le tendrá miedo.

Cuando se decide a replicar a la mujer, su voz es cálida y alegre, mientras una sonrisa ilumina su rostro. Si la voz de Asano es fría y afilada como una katana de seda, la voz de Mitsuomi se vuelve radiante como la luz del sol. Tras el cambio de actitud de Mitsuomi ambos se han distanciado como el Sol y la Luna, complementándose mutuamente, necesitados ambos, capaces de encontrar ayuda en el otro.

Para mí, en estos momentos, es difícil actuar y bastante desaconsejable, pues no tengo la infomación necesaria, al meno todavía y espero que mi ignorancia no se mantenga mucho tiempo. Sin conocer algo más el estado de las cosas no me moveré, pues podría erra mi paso y la prudencia es la cualidad principal en cualquier campo de batalla.

Mitsuomi da un rápido sorbo a su taza de té.

Sin embargo si vos deseais que realice alguna tarea concreta, con gusto la llevaré a cabo sin preocupación alguna, y tened por seguro que no fracasaré.

Mitsuomi por un momento fija la vista en el oscuro líguido que todavía queda en al taza. Puede ver una vaga silueta que sin duda será su reflejo y se pregunta qué verá Asano en su taza de té. Comenta entonces con tono distendido:

Es sorprendente la cantidad de tesoros que se pueden encontrar en el interior de una flor.

"Creo que me malinterpretáis, Mitsuomi-san..."

Dijo Asano con un tono claramente superior, arrogante e incluso indignado mientras levantaba su bella barbilla y dejaba ver aquellos rasgos perfectos y pétreos ahora, helados ante la ofensa que la Otomo se había tomado por sus palabras.

Sus oscuros ojos destellearon con crueldad ante sus palabras y se volvieron cazadores, preparados para saltar sobre su presa sin piedad alguna y con el siseo de su suave lengua anunciando más que sufrimiento corporal para aquellos como él.

Sacó su abanico y con un gesto rápido lo abrió, haciendo que chasqueara y ocultando sus labios, curvados ahora en un leve desagrado mientras sus ojos le excrutaban. Al parecer no sólo parecía haberle leido la mente sino que su tono y su forma de actuar en esta última ocasión le había disgustado en demasía. Todo estaba en peligro... Y, sobretodo... él...

"Si me refiero a actuar se trata por el porpio Fénix... me miráis y habláis como si pretendiese otra cosa. Y no tratéis de darme burdas excusas, sé como se juega."

Dijo con el tono más frío y de reprimenda mayor del que jamás hubiese oido en su vida.

"Una ofensa así podría pagarse muy caro, Mitsuomi-san..."

Dejó bien claro mientras no dejaba de mirarle tras el abanico con aquel gesto endurecido. La empuñadura de la katana la tenía ella, que no se te olvidase, para ti, si fallabas, sólo estaba el filo de tu wakizashi.

"Quizás me precipité al juzgaros... Creí que seríais más inteligente y no prejuzgaríais las cosas... Aunque... ahora lo dudo.. al igual de si sóis el adecuado para acabar con aquellos que dicen ser más merecedores que el Fénix para proteger al Imperio..."

Su tono era brutalmente tajante y sus ojos puros icebergs. Hubo una pausa en aquel torrente y luego, tras mirar a su taza le volivó a captar con sus pozos negros y dijo, esta vez con algo de más calma.

"¿O me equivoco y sí sóis merecedores de salvar al Fénix de tal afrenta? ¿Me equivoco y debería confiaros aquella misión que podría empezar vuestra carrera al puesto de Maestro del Vacío?..."

Cuidado, puede que tus próximas palabras te hicieran terminar tu vida...


OUT

Sorry Mitsuomi-kun pero ella ha tirado y te ha leido como el papel escrito y no le ha gustado en absoluto... A ver como la convences... Si el discruso es bueno ni tiraré pero si crees que es necesario pues puedes pedirme que le confie el paso a las tiradas y no a tus palabras.... A ver que haces...



Los ojos de Mitsuomi se apagan como una vela azotada por una brisa helada. Se da cuenta de que ya no está jugando, que hay mucho en juego y que no puede tratar a la Otomo como ha tratado a Kazumi o a Arousou. La reprimenda de la mujer le devuelve a la realidad que había abandonado por un momento en aquel pequeño instante de felicidad. Está en Otosan Uchi, la Capital del Imperio Esmeralda, donde las apuestas suelen hacerse a todo o nada y perderlas a menudo es fatal en todos los sentidos.

Le vuelven a la cabeza entonces las palabras de Mizuno: "sigue el curso de la corriente, todo irá bien mientras no intentes controlarlo". ¿Quién es él para rivalizar con los grandes cortesanos que llevan en la Corte Imperial durante toda su vida? Las palabras de Asano gozan de tanta influencia que mediante ellas pueden desatarse guerras o romperse las más sólidas alianzas. ¿Posee él un poder semejante? No. Es simplemente un ishi que trata de ayudar al Fénix de la mejor manera que sabe y para hacerlo contar con la ayuda de los Otomo sería una gran ventaja.

Otomo Asano tiene la sartén por el mango, eso es indudable y Mitsuomi se promete no volver a olvidarlo. Pero aún así...

Mitsuomi baja la vista hacia la taza de té, como si viera algo en el líquido. Su rostro es la misma imagen del desaliento, incluso de la tristeza. Comienza a hablar casi en un susurro, como si lo hiciera para sí mismo.

En tiempos de Hantei IX, Matsu Ikuro, un aguerrido general León, libraba una batalla contra tropas Kakita. Las escaramuzas entre ambos ejércitos eran frecuentes, pero la confrontación directa entre ambas fuerzas no llegaba nunca a producirse. Llevaban mucho tiempo en aquella situación y entre las filas León cundía el desaliento, pero Ikuro sabía que no podía arriesgarse a una ataque frontal pues las condiciones del terreno favorecían a la Grulla.

Tanto tiempo transcurrió sin ningún avance que aquella batalla dejó de tener sentido y el daimyo Kakita ordenó a su general que se retirara. Cuando Ikuro recibió noticias de que el enemigo había abandonado su posición y retrocedía, creyó que el agotamiento se había apoderado de las fuerzas Grulla y que la moral había bajado tanto que habían decidido abandonar el campo de batalla. No habiendo recibido todavía noticia del cese de las hostilidades por par te de su daimyo, Matsu Ikuro decidió atacar con todas sus fuerzas para conseguir una gran victoria que devolviera la confianza a sus hombres.

Oscuras nubes cubrían el sol aquel día y la lluvia parecía inminente. Hubo quienes desaconsejaron a Ikuro cualquier movimiento, pero él se negó, conocedor de que aquella era su última oportunidad de conseguir que aquella batalla sin sentido se convirtiese en una victoria para los dorados ejércitos del León. Así que ordenó una marcha forzada para alcanzar a los Kakita y sorprenderlos por la retaguardia. Sin embargo, éstos llevaban muchas horas de ventaja y tal vez esperaban una persecución, por lo que los León nunca parecían estar acortando la distancia.

Tras largas horas de marcha, los agotados ejércitos León llegaron a un valle cubierto por la niebla. La visibilidad era casi nula, pero en el centro del valle podían verse oscuras formas dispuestas como un ejércitos, inmóviles, aparentemente en espera. Matsu Ikuro decidió que aquella niebla era obra de shugenja al servicio de la Grulla y que las sombras eran las tropas de su adversario. Se creyó muy inteligente al pensar que los Grulla pretendían que se lanzara en una carga frontal probablemente contra una cantidad de tropas escasa, mientras el grueso del ejército Grulla aparecía de pronto por los flancos y la retaguardia para rodearles y sembrar el caos entre sus filas.

Así pues, Ikuro ordenó un alto y dispuso lo necesario para que sus hombres se armaran con arcos, prendiendo la punta de las flechas, de manera que la niebla fue atravesada por centenares de saetas de fuego, brillantes como estras fugaces, que impactaron de pleno en las sombras ocultas por la niebla; al mismo tiempo, daba órdenes a sus soldados para que se prepararan para un ataque envolvente por parte de un ejécito Grulla oculto.

Pero ese ejército nunca llegó. Ante la atónita mirada de Ikuro, la niebla fue disipándose en torno a un enorme incendido que consumía...

Mitsuomi alza la cabeza de pronto y mira a Asano con los ojos llenos de remordimientos, como si fuese él Matsu Ikuro, como si estuviese contemplando aquellas llamas y fuera él el que las hubiera prendido.

¡No había ningún ejército Grulla, no había armaduras azules, ni cabellos blancos, sino un bosque de cedros que se alzaba en aquel valle desde antes de que los Kami aparecieran en Rokugan!

Mitsuomi vuelve a bajar la vista, de nuevo serie y apesadumbrado.

Matsu Ikuro cayó de rodillas ante aquel terrible espectáculo. Su mente se vio asaltada por la culpa al ver aquellos árboles centenarios ser destruidos por un fuego que él había provocado en un supuesto alarde de inteligencia. Nunca había sentido un gran aprecio por la belleza, pero la muerte de aquellos árboles tocó su alma de tal manera que una lágrima solitaria resbaló por su mejilla derecha, brillante como un diamante.

Mitsuomi calla durante unos instantes. Por un momento visualiza en el té la imagen de Ikuro llorando ante el gran incendio y no puede evitar pensar que el rostro del general León podría ser el suyo.

Os ruego que perdonéis cualquier ofensa que mis palabras os hayan podido causar. En mi estúpida arrogancia he creído distinguir formas oscuras tras vuestras palabras. Por favor, perdonadme, es un error que no volveré a cometer.

Mitsuomi inclina la cabeza hasta casi tocar la mesa y se mantiene así durante unos segundos. Entonces, vuelve a alzar la vista y mira a Asano, no con una sonrisa, pero sí más alegre, más seguro de si mismo, como movido por una convicción interior que acaba de reafirmarse.

Sin embargo, el Fénix siempre renace de sus cenizas y aquí estoy de nuevo ante vos. Vuestra ayuda es preciosa para mí y nunca volveré a considerar que en vuestra voz se haye nada más que los mejores deseos para el Fénix, como ya me habéis demostrado de sobra.

Mitsuomi mira anhelante a Asano, dejando que ese anhelo le ponga a merced de la Otomo, reiterándole con la mirada su incondicional apoyo, al tiempo que le resalta también su resolución para llevar a cabo cualquier proyecto que beneficie al Fénix.

Un deseo atraviesa en ese momento la mente de Mitsuomi: Por favor, Otomo Asano, enséñame el bosque de cedros que se oculta tras la niebla.

El rostro impasible de Asano se esconde unos segundos totalmente por el abanico y la seda de éste. Poco a poco va bajando mientras se replega y deja ver sus perfiladas cejas, sus oscuros ojos ahora sin frialdad, su perfecta nariz, sus rojizos labios, ahora curvados en una leve sonrisa de asentimiento, hasta que se repliega totalmente y es guardado con un veloz movimiento bajo una de las mangas.

Asano queda mirándole con una ceja levantado y una máscara de increudulidad arrogante en su bella faz. Pero poco a poco esta cambia hasta aparentar ser tranquila. Coge el vaso de té y bebe un poco y luego le mira de nuevo con la taza entre las manos.

"Hay muchas cosas que saber en esta ciudad, y la primera es ante quien te encuentras y con quien hablas."

Dice ahora con un tono que suena amable incluso aunque esta aún cargado con algo de neutralidad.

"No dañes nunca la mano de aquel que te saca del pozo... No desconfíes nunca de que te sacará de allí mientras te eleva..."

Aunque puede que Mitsuomi tuviese razón al pensar que podía ella querer jugar con él nunca debía olvidar que podría hacerlo directa o indirectamente y que lo que ella quería es que mínimamente confiases en ella. Era difícil y ella lo sabía, y arriesgado para él, y ella lo sabía, pero parecía que debería hacerlo.

Asano le miró con una leve sonrisa en los labios y dio un par de cabezadas de asentimieno despacio.

"Esta bien... Tan importante es saber soplar como volver a su posición como cedro que ha sido presa de un vendaval..."

Dijo aceptando sus disculpas con un tono de nuevo amigable.

"Esa cualidad te será muy útil en una ciudad en la que muchos creen tener tanta importancia que olvidan a qué han venido y se dejan llevar por sus vanaglorias..."

Dijo con una cierta risilla malvada. Luego bebió de nuevo y dejó la taza en la mesa de nuevo, cruzó sus dedos y le miró fijamente.

"Esta bien... confiaré en vos para esta misión..."

Se giró un poco y la criada, que había vuelto a la posición inicial se acercó portando un pergamino enrollado. Se inclinó bajo éste y se lo ofreció con devoción. Asano lo cogió y se lo entregó mientras empezaba a hablar.

"Dije que ayudaría al Fénix en contra del Campeonato y así lo haré... En ese pergamino esta el nombre de uno de los posibles participanes, y porqué no decirlo, quizás ganador... Es un shugenja respetado en su Clan y poderoso que posee destreza y sabiduría... Su nombre es Kitsu Yuga."

Sentenció mientras señalaba el pergamino que le había entregado. Ahora sus ojos destellearon con la chispa de la inteligencia y sus carnosos labios se curvaron en una mueca de maldad.

"Es simple lo que debéis hacer... pero demostrará si sóis, como creía, el indicado para hacerlo..."

Sacó de nuevo el abanico y mientras ocultaba su boca tras él, despacio, terminó de decir:

"Debéis de hacer que no participe en el campeontao... cómo... eso es cosa vuestra..."

Destruirle la reputación, retarle y vencerle, arrebatarle su gloria,... lo que sea, pero Kitsu Yuga no debía participar... Puede que realmente la Otomo estuviera con ellos... y puede que realmente ella le comprendiese más de lo que creía... pues le daba cauce libre de acción...


OUT

Muy bien Mitsuomi-kun ^^ Sabía que lo harías bien. Un poco de reprimenda nunca va mal para recordarte dónde estas. ^^ Muy bueno el post, parece realmente sacado de un libro ^^ Bueno, te mereces que siga tu historia, espero que veas interesante este nuevo giro...

Mitsuomi hace una inclinación de cabeza al recoger el pergamino que le tiende Asano.

Kitsu Yuga... un león... Es una buena manera de empezar a minar la lista de posibles participantes del torneo. Es más, había pensado ya en un par de estrategias para desbancar a cualqueir posible candidato león. Pero todo movimiento debe estar precedido de una gran planificación basada en al información recogida y esto es justamente lo que le falta a Mitsuomi, información.

Por un momento, Mitsuomi se abstrae completamente mientras despliega el pergamino para leerlo y ver todo lo que contiene sobre Kitsu Yuga. Sus ojos recorren rápidamente los carácteres escritos, mientras su mente analiza aquellos datos y empieza a planear.

Cuando termina de leer, alza la vista del pergamino y mira a Asano, espera no haber estado demasiado tiempo "ausente", y haber vuelto a ofender a la Otomo.

Sin duda esto es muy interesante, Asano-sama. Los León en estos momentos están muy necesitados de ayuda y tal sea fácil hacerles desistir de todo intento de participar en el Campeonato de Jade. Umm

La mente de Mitsuomi bulle de ideas. Se ha olvidado casi por completo de la conversación anterior y ahora su interés se centra en la figura del shugenja león.

Si me permitís que comience ya mismo, Asano-sama, me gustaría que me diérais un par de informaciones que sin duda conocereis. ¿Podriais decirme quien es el Cangrejo de posición más alta ahora mismo en la Capital? ¿y la personalidad León?


OUT= he sobreentendido que el pergamino es información sobre Yuga, si no es así o dependiendo de la información que haya en él editaré este post acorde a esos datos.

Avatar de Usuario
Isawa_Mitsuomi
Ishi erudito
Mensajes: 1719
Registrado: Mié Sep 24, 2008 9:41 am

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 9:32 pm

Asano sonrie levemente al ver la expresión de Mitsuomi. Ella conoce bien cuando tu mente bulle de ideas maliciosas, o mejor dicho, de ideas para encauzar tus planes por el bien del Imperio... Por ello no sólo sonreía complacida sino que ansiaba sus preguntas para comporbar de qué clase de pasta estaba realmente hecho...

"Sin duda el Cangrejo más importante ahora mismo en la Ciudad es la enigmática y bella Señora de los Kunis que ha aparecido en la Ciudad aunque nadie lo esperaba. De su Clan, aparte del embajador el nuevo rector de la Universidad, Kaiu Retsu, son los tres personajesmás relevantes..."

Asano miró el pergamino y continuó diciendo.

"El León aún está trayendo a sus hombres a la ciudad, pero la persona más intrigante sin duda e importante es el joven Ikoma Toushi, el nuevo embajador, dicen de él que trae nuevas tendencias al León y nuevos aires... Ciertamente un hombre interesante... Y con él han venido algunos personajes que parecen que pueden cobrar fuerza, creo que incluso una Orgullo del León mandado por la nueva Señora..."

Asano le miró a los ojos y sonrió con cierta picareca.

"Pregunta, Mitsuomi-san, pregúntame cuanto quieras, es el momento, porque luego deberás empezar a darme resultados... Aprobecha mi información, y recuerda que si necesitas más sólo debes pedírmela..."

Um, la situación de ambos clanes es muy delicada y sin duda la confusión interna que hay en ellos puede ser muy útil para los propósitos del Fénix. Si teneis alguna información que considereis relevante sobre Kuni Aikiko o sobre Ikoma Toushi, os ruego me la proporcioneis, pues cualquier ventaja que pueda tener a la hora de tratar con ambos me sería de gran utilidad.

Mitsuomi mira a Asano y su sonrisa se vuelve maliciosa.

La verdad es que siempre he sido partidario de que a la hora de afrontar este tipo de empresas tan delicadas sean otros los que hagan el trabajo más importante. Como dijo un miebro de vuestra ilustre familia: "una única palabra en el oído adecuado puede provocar más caos que cien mil espadas".

Evidentemente, aquella cita de Otomo Dsichi es un esfuerzo de Mitsuomi por tratar de halagarla, al tiempo que estaba revelándole que las tácticas que pensaba utilizar iban a ser muy parecidas a las que llevaba empleando su familia desde tiempos del Hantei Yugozohime, primera Emperatriz de Rokugan.

Debo insistiros en la recopilación de información por mi parte. Probablemente a esta tarea dedicaré lo que quede de día y la mañana del día por venir. Debo conocer más sobre Kitsu Yuga y también tengo que mirar en los archivos imperiales sobre el primer Campeonato de Jade, pues el debate que preveo será fácil de ganar con dicha información. Me dijisteis que lo que busco puede estar tanto en la Biblioteca Imperial como en la Biblioteca Kasuga. La verdad es que preferiría acudir a la Biblioteca Imperial, más que nada por el prestigio que tiene. Quisiera saber si necesitaré algún permiso especial para acceder a los documentos que busco y si en ese caso vos podriais proporcionarmelo.

Asano meditó un segundo y luego con un gesto de la mano hizo que la criada se acercase y sacase de entre sedas un paquete con un estuce de pintura. Lo abrió y dejó quela criada empezara a preparar la tinta mientras ella hablaba.

"De Kuni Aikiko y de Ikoma Toushi sabemos poco pero te mandare una carta con la informacion pertinente, puesto que ahora debería hacer memoria... aunque si que puedo decirte algo sobre ellos si medito algo... Aunque antes..."

La criada le tendió papiro y emepzó a escribir algo mientras la chica seguía haciendo otra cosa, parecía que derretía cera.

"La Ciudad Prohibida es un lugar con una seguridad muy alta... necesitarás un salvoconducto... Estará puesto a mi nombre... así que espero.. que..."

Terminó de escribir y dejó que la chica pusiera la cera para que ella, con su anillo lo plasmara. Luego se lo tendió y terminó:

"Que sepas que tus fallos allí son los míos..."

Eso era obvio pero nunca estaba de más recordarlo. La Ciudad Prohibida... un sueño de oro y seda que se abría mientras tocabas el fino papiro de Asano.

"Sólo debes preguntar a la Guardia, ellos te indicarán el lugar de la Biblioteca."

El Seppun detrás tuya, que la visión sólo te permitía ver algo de una silueta pareció asentir con la cabeza.

"En cuanto a los otros dos... Como te he dicho de Ikoma Toushi se sabe más bien nada, puesto que ha salido de Kyuden Ikoma hace poco y ha llegado a la ciudad hace nada... Y de Kuni Aikiko... ¿qué decir de la daymio de los Kunis? Si te interesante moveré hilos y me enteraré..."

Tomó la taza de té y bebió un poco y prosiguió:

"En cuanto a esa forma de actuar tuya... tenemos que aclararnos en algo... Debemos hablar de tus progresos y cómo me los harás saber... Este lugar es el ideal, vengo todas las semanas... pero si deseas mandarme cartas... ¿O acaso preferís otra manera más particular e igualmente fiable?"

La mano de Mitsuomi tiembla ligeramente al recoger el salvoconducto sellado que le ofrece Asano. Una llave, aquel pergamino es una llave para la Ciudad Prohibida, la morada del Emperador. Cierto es que él sólo pretende entrar en la Biblioteca Imperial, pero aún así ese salvoconducto significa mucho para él. Se alegra por un momento que Asano esté tan dispuesta a colaborar, lo cual parece demostrar del todo sus buenas intenciones tanto para con él como para con los objetivos del Fénix.

Mitsuomi se inclina profundamente en agradecimiento por el salvoconducto.

Os agradezco profundamente lo que estais haciendo por el Fénix, Asano-sama. Una vez más he de inclinarme ante vos lleno de agradacimiento. Os juro que no cometeré fallo alguno en la Ciudad Prohibida mientres esté en su interior gracias a vuestra generosidad. De todas maneras sólo pretendo visitar la Biblioteca Imperial, no preveeo ningún tipo de situación problemática.

Mitsuomi sostiene por un momento el pergamino junto a su pecho, como si no quisiese soltarlo. Finalmente, se lo guarda en un pliegue interior del kimono con sumo cuidado.

Cualquier información que podáis obtener sobre la daimyo Kuni o sobre el embajador Ikoma me sería de gran ayuda, pero tampoco deseo que os molestéis más todavía de lo que ya lo habéis hecho. Es momento de que sea yo el que os devuelva los inmensos favores que me estáis haciendo, aunque lo considero una tarea ciertamente difícil.

Mitsuomi la mira por un momento, suspirando profundamente.

En cuanto a informaros de mis resultados, creo conveniente que nos reuniésemos aquí cuando vos creáis conveniente, al menos para el primer informe. ¿No habéis dicho que venis aquí todas las semanas? La semana que viene sin duda sería un buen momento, para entonces ya habré hecho muchos progresos, espero y podré daros sin duda muy buenas noticias. Sin embargo, no creo oportuno reunirnos aquí en encuentros sucesivos, pues alguien podría sospechas de mi presencia en este magnífico lugar.

Lo cual me lleva a haceros una última pregunta sobre un punto que considero muy importante. Por supuesto contáis con mi discrección total para este asunto, pero ¿en qué medida deseais que no se conozca vuestra intervención? Quisiera que me indicaseis si puedo hablar de este encuentro con mis compañeros Fénix o si todo ha de llevarse en secreto y vuestro nombre no debe aparecer nunca en mis labios. De la misma manera tal vez tampoco deseis que se sepa siquiera que un Otomo ha tenido parte en los asuntos del Fénix, aunque no se mencionase vuestro nombre.

Asano sonrió levemente y tapó sus labios con el abanico.

"Por ahora... no nombrar a mi casa ni mi nombre... Quiero mantenerme en el anonimato aún..."

Pero podría que no fuera eternamente, daba a entender. Asano le miró con sus bellos ojos y prosiguió hablando con su tono calmado y melodioso.

"En cuanto a las visitas... de todas maneras recibiréis seguramente noticias mías... Pero no en carta mandada, para que sea más discreto y nadie vea el mon imperial, os madnaré a mi criada, a Akane."

Dijo volviendose hacia la chica tras ella y esta se inclisó muy profundamente.

"Es una linea directa y muy segura..."

Concluyó con tranquilidad. Tomó su taza de té y bebió un poco.

"Para que nuestros encuentros no fueran tan poco comunes aquí... debería frecuentar más este sitio... Además... es un lugar perfecto para sus fines, Mitsuomi-san, aquí sólo viene le mejor de Otosan Uchi... Es un lugar conveniente para alguien de su talento en la oratoria y sus ambiciones... Y creo... que los guardias de la puerta se han quedado con vuestro nombre... puesto que si no fuera así habrían mandado a alguien a verificar si estábais citado o no conmigo... La seguridad es muy estricta, y al no haberlo hecho deduzco que... tal y como se debe... os habéis mostrado más que digno de entrar en este bello lugar."

Quizás no lo hubiese pensado, pero si ese sitio era el lugar perfecto para una Consejera Imperial quien no te decía que era para personajes de la ciudad igualmente importantes y con los que conseguir alianzas para tus fines... Además parecía que Asano estaba muy atenta de esos pequeños detalles.

"Am... en cuanto al problema de la información... Os aconsejo dos cosas... Una, visitad el regisitro Asako cada vez que queráis saber quien ha llegado a la ciudad y si lo hacéis bien... quizás os dejen mirar no sólo eso... En ese registro se guardan muchos datos de interés... Y lo segundo es que, si deseáis saber más acerca de los personajes que me habéis nombrado... buscad a Otomo Tanuki, es un joven cortesano, uno de mis ayudantes, que se ocupa de recabar información en los distritos interiores... Posee un despacho en el distrito de la Embajada Grulla. A él si podéis decirle que váis en mi nombre. Os ayudará mucho..."

Akane se acercó de nuevo para serviros un poco de más té mientras terminábais la conversación.

"Creo que... por ahora no puedo hacer nada más... A menos que me digáis cómo váis a empezar con lo del Kitsu... puede que si me decís el inicio de vuestro cauce de acción os recomiende algo más.."

Mitsuomi calla un momento mientras asimila la última información y los consejos que le ha dado Asano. Probablemente tanto los registros Asako como Otomo Tanuki recibirán una visita por su parte, y pronto.

Desde antes de llegar a Otosan Uchi, decidí una línea de actuación que me pareció la más adecuada para el problema que afrontamos. Los clanes interesados en participar en el torneo sin duda estarían preparando a sus mejores shugenjas, aunque probablemente sólo hubieran uno o dos por clan. Probablemente, pocos de esos shugenja querrían participar en el torneo por interés propio, y serían más bien los intereses del clan lo que les movería a querer ser el Campeón de Jade. Así pues me propuse trabajar en dos frentes: por una parte, tratar de "neutralizar" a los candidatos individuales y por otra tratar de conseguir que los responsables de cada clan desechasen la idea de participar, bien por un acuerdo, bien por...

Mitsuomi deja la última frase sin acabar, pero le sonríe maliciosamente a Asano, como dándole a entender a qué se refiere.

Así pues en el caso que nos ocupa, pretendo no sólo tratar a Kitsu Yuga, sino también intentar que los León abandonen todo propósito de participar en el Torneo. Sabiendo los conflictos que tienen los León con los Cangrejo, me parece que se puede explotar perfectamente las rencillas entre ambos clanes para neutralizar no sólo al León sino también al Cangrejo. Por eso, conocer a Kuni Aikiko me parece muy importante, al fin y al cabo si algún Cangrejo participase en el torneo sería un Kuni.

Mitsuomi se para por un momento, mientras reflexiona.

Tanto el León como el Cangrejo tienen importantes necesidades y conflictos que deben arreglar en la Capital. Sin ir más lejor, el asunto de la muerte del antiguo Campeón León puede ser perfectamente un buen punto de apoyo para intentar tratar con ambos clanes. Sin duda esto es algo que debo considerar en profundidad y por supuesto necesito más información sobre el tema, así que me temo que vuestro ayudante recibirá pronto una visita por mi parte.

Mitsuomi le sonríe animadamente a Asano. Se siente sorprendentemente alegre de estar entrando por fin en acción con un objetivo fijo y la ayuda de la Otomo le da una enorme seguridad, que aunque realmente no es tal, siempre es bueno saber que se tiene a un personaje poderoso como aliado (sí, también está Mizuno, pero se encuentra en el lejano Kyuden Isawa).

Supongo que trataré de encontrarme con Yuga en alguno de los lugares que suele frecuentar, supongo que en la biblioteca mañana. La confrontación directa no es mi manera de luchar, no le retaré a un duelo directamente, pero supongo que cuando decida hablarle claro tendré que hacer un debate con él sobre el tema y los documentos que habrá en la Biblioteca Imperial sin duda sean la información que necesite para ganar ese debate, aunque sería muy optimista si afirmase que usando sólo argumentos podría detener a Kitsu Yuga, pero es una buena manera de empezar. Aunque esa relación con la geishas y los escorpiones...

Mitsuomi vuelve a quedarse pensativo por un momento. Pasados unos segundos sacude la cabeza, como si quisiera liberarse de pensamientos molestos y vuelve a mirar a Asano con una cálida sonrisa.

De momento creo que eso es todo lo que puedo deciros sobre lo que pretendo hacer respecto a Kitsu Yuga, aunque sin duda cuando le conozca y sepa más sobre los leones en la Capital mis planes o se modificarán o se volverán más exactos y centrados. Tened por seguro que os mantendré informada de todo lo que haga y que no haré nada que pueda involucraros en lo más mínimo.

Y en cuanto a lo de utilizar este lugar como punto de encuentro cuando desee hablar con alguien, sin duda es la elección adecuada, pues puede impresionar mucho a mis invitados, pero no lo había planteado por su exclusividad. Al fin y al cabo, sólo he sido admitido aquí por vuestra invitación y no sé si se me permitirá entrar y menos traer a gente si no cuento con ella. Sí, puede que haya quedado como una persona importante al entrar -Mitsuomi trata de resaltar esta última afirmación dándole un tono más especial, como un halago indirecto hacia Akemi, que espera que ella haya entendido-, pero no sé si eso bastará para darme el acceso del que estamos hablando, aunque cierto es que no sé nada del funcionamiento de este local.

Asano parece sopesar tood lo que dices y asiente despacio con una sonisa queda en los labios.

"Bien... parece... eluciente fénix... que sabéis volar solo... incluso e un terreno tan alejado de vuestros bosques... Eso está muy bien... sobretodo porque estoy segura de que sabréis volver a mi jaula dorada por ayuda si lo necesitáis..."

El plan de Mitsuomi, o mejor dicho, las líeneas de acción parecen haberla convencido bastante. Se muestra receptiva y muy amable ante todo lo que dices y su dulce tono es como lamelodía de la biwa que no deja de sonar.

"Y en cuanto a este local... se necesita un padrino para entrar, alguien que te recomiende... de eso me ocupo yo... al igual que cerrarle la boca al dueño para que nunca se sepa quien te ha apadrinado... Puede que incluso recibas noticias más adelante de la "identidad" del que te ha permitido el paso... Por supuesto no seré yo..."

Le sonrie levemente sin guiñarle un ojo pero con la misma intención que ese gesto tan característico y se abanica levemente mientras descansa su mente, sus ojos y sus labios, callada unos instantes mientras se oye simplemente la música.

Luego levanta la mirada levemente y la clava en él con una sonrisa brillante y seductora y aquel cariz intenso en su mirada que te deja absorto. sin darte cuenta la admiras durante más tiempo del que debes, mientras esperas a que sus labios articulen unas palabras qeu debe de estar a punto de decir por la lentitud que abre sus rojizos labios.

"Y... en cuanto a vuestra entrada en la Ciudad Prohibida... si me necesitáis... siempre podéis ir a visitarme una vez que estéis dentro... a mis aposentos en... el palacio Otomo..."

Realmente no se sabía que era más sugernete si ir al grnadioso palacio de la familia Imperial más poderosa o el ir a verla a ella... a solas...

Mitsuomi no puede evitar sentirse por un momento atraido por la Otomo. Asano posee una belleza sobrecogedora, pero no son sus profundos ojos ni sus pálidas mejillas lo que realmente llama su atención. Asano es como una tigre al acecho que se oculta entre la espesura mientras espera el momento de lanzarse sobre su presa; y cuando llega ese momento cae sobre su víctima y la mata, alzando sus mandíbulas manchadas con la sangre de su víctima en un terrible, y a la vez magnífco, gesto de triunfo.

La sensualidad de Asano es la de la araña, ese sutil hechizo que hace que la mosca se lance a su telaraña con una canción de alegría en sus labios. Mitsuomi se da cuenta de que le resultaría fácil adorarla a sabiendas de que sus labios están cargados de veneno. Y esa mente fría y despiadada es también un adorno precioso, una pieza de orfebrería que provocaría envidia en las orquídeas.

Mitsuomi da un lento sorbo de té, mirando de nuevo a la Otomo por encima de la taza.

No dudéis que cuando visite la Ciudad Prohibida me acercaré a vuestras dependencias, aunque no sé si sería lo correcto, al fin y al cabo la visita de un simple Isawa podría manchar vuestras estancias.

Hay una humildad sincera en la voz de Mitsuomi y una enunciación de ciertos problemas que podría ocasionar su visita a la Otomo. Si no quiere que se sepa de su intervención en los asuntos Fénix, una visita suya podría causar cierta curiosidad. De todas maneras no duda en que Asano lo tendrá todo muy atado si le ha hecho una invitación así y Mitsuomi no piensa rechazarla.

Mitsuomi se siente muy satisfecho con la conversación con Asano, pues sabe que mientras sepa mantenerse en su lugar, ella le ayudará y, por tanto, ayudará al Fénix. ¿Qué gana ella con su colaboración? Eso no importa realmente, pues de seguro que no afectará para mal a los Isawa y los Otomo siempre han deseado lo mejor para el Imperio.

Debo reiterar de nuevo mi agradecimiento y por extensión, el de todos los Isawa, por la ayuda que me estais prestando. Con cada regalo que me hacéis, aclarais el oscuro camino que debo recorrer en la Capital, sois como una estrella fija en el firmamento que me guía a través de tierras inhóspitas. No se si algún día podré hacer algo por voz para pagaros todo esto...

Mitsuomi fija por un momento la vista en el jardín al que da la habitación donde están tomando el té. Hay un estanque repleto de hermosos lotos blancos que bajo la luz del atardecer parecen cubrirse de oro.

Comentan los kakita que un poeta cuando compone un verso es como el colibrí que liba la flor en busca del néctar, suspendido en el aire mientras se sumerge en la corola de la que surgen, como altas fuentes los estambres. Mirad esos lotos que hay en el estanque del jardín. Yo también he encontrado algo maravilloso en una flor, en un loto.

Mitsuomi calla, dejando que el silencio refuerce sus palabras. Mientras tanto, el atardecer sigue avanzando.

Dicen que el oro es el color de la belleza. Mirad como los últimos rayos del sol hacen que el jardín se vuelva dorado, mirad los pétalos de los lotos, parecen obra de un orfebre.

La voz de Mitsuomi se llena de melancolía. Su mente comienza a divagar, alejada casi por completo de toda intriga. La sencillez de una flor basta para disipar todo deseo mundano, toda ambición. La belleza de un momento como aquel cristaliza los sentimientos, como un insecto atrapado en ambar.

Mitsuomi suspira.

La naturaleza es tan cruel a veces... Pero si os miro y recuerdo vuestras palabras, Asano-sama, vuelvo a tener esperanza.

Mitsuomi sonríe.

Otomo Asano sonrió totalmente complacida por las respuestas y por la perfecta oratoria del joven Isawa, parecía que había encontrado una pieza del tablero perfecta y no dudaba que más pronto de lo que todos creían llegaría la tercera linea y se alzaría como una ficha ascendida en su posición, más poderosa que nunca...

Dejó que bebiese tranquilo mientras observaba el bello jardín interior de la Casa El Loto y el Pétalo, recordando con las palabras del ishi la belleza que había veces que dejaba de contemplar por el trabajo, pero quizás no con tanta paz, sino recordándose que ella debía ser como esa belleza, pero con el peligro de la abeja escondida.

Tras la charla dejó que Mitsuomi terminara su té. Charlaron de cosas intrascendentes, de la Ciudad, de sus impresiones, de sus acompañantes, del tiempo...

Hasta la hora de la despedida, en donde ella dejó que él se marchara primero, tras la cordialidad y la plática necesaria. Quedando en la estancia un poco más para recapacitar sobre aquella tarde y sobre aquel hombre.



OUT

Bueno, Mitsuomi, antes de irte con Arousou creo recordar que querías hablar con Akemi, el post es tuyo, siento que sea corto pero no sabía que querrías decir. Y el resto ya estaba acabado...

Cerrado

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado