Día 2º.- Desayuno con Asako Emi.

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Isawa_Mitsuomi
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Día 2º.- Desayuno con Asako Emi.

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 9:59 pm

La luz entró como un velo através de los paneles pintados deshoji hasta incidir levemente en tus párpados de manera que poco a poco fue despertándote en medio de una infinidad de sensaciones, tacto y olores que te erand esconocidos.

Era cierto, ya no estabas en Kyuden Isawa, ni tampoco de viaje, estabas en la Ciudad Imperial en la magestuosa Otosan Uchi...

Te levantastes con algo de somnoliencia y decidistes dedicarte un tiempo largo y tranquilo a tu acicalamiento personal, así como a revisar tus notas y ha cuidar de cada detalle como si fuera el último.

En silencio realizastes todo como si fuera un ritual y le dedicastes unas plegarias también a tus antepasados y a tus parientes no tan lejanos en el tiempo pero si en el espacio y en esta vida.

La clara luz de la mañana hacía que aquel cuarto se viera tan hermoso con sus paneles de color anaranjado pintado y sus cuadros pintados en papiros. Anduvistes un rato por tu habitación pensando en que algo te faltaba, algo, algo, y no sabías qué puesya habías hecho todo.

De repente notastes una suave fragancia... te habías despertado con ella pero estabas tan dormido que no te habías percatado, cuando hacías tus cosas, que perduraba allí. Venía de fuera de la habitación...

Andastes con cuidado de no hacer mucho ruido por si alguno de tus "vecinos" de habitación aún estaban dormidos y corristes la fusama. No vistesnada en un principio, ni cuando mirastes a los lados, pero, de repente algo llamó tu atención en la parte baja de tu visión.

Mirastes y vistes a Akemi sentada en sus talones descansado con la cabeza gacha. En sus manos, que estaban en su regazo, había una flor, la bara, la rosa de rokugán, que era la que desprendía aquella fragancia. Parecía cabilar.. ¿Se habría quedado allí toda la noche? ¿se abría despertado mucho antes que tu para poder estar allí para cuando te despertases?

Aún cuando su daisho descansaba sobre el suelo de madera a su lado y su fino kimono dejaba entreverpartes de su figura como una atlética y bien formada parecía tan frágil en aquel momento. Cuando aquellos dosmechones blancos caían sobre sus ojos cerrados y su faz parecía tan tranquila...

No pasó ni un segundo desde que habías abierto la puerta y habías pensado todo aquello tan rápido cuando ella abrió los ojos rápidamente y de forma instintiva llevó sus manos al daisho que estaba a su lado.

Pero nada más te vio frenó su mano al instante al ver que no sólo no había peligro sino que eras tu y se inclinó muchísimo sobre el suelo, dando con su frente en el suelo mientras decía con tono algo suplicante, pero no indigno por ello:

"Sumimasen sama... no estaba durmiendo pero me he... quedado cabilando y..."

Mitsuomi se acuclilló ante Akemi, esbozando una amplia sonrisa. Habló en susurros, para no despertar a los demás que todavía pudieran estar dormidos.

Buenos días, Akemi-san, no esperaba veros tan pronto. Pero, pasad, no despertemos a quienes todavía no han despertado.

Se incorporó tranquilamente y tuvo oportunidad de fijarse en las puertas de las demas habitaciones mientras Akemi también se levantaba. Tan silenciosas todas, tan llenas de luz. Era una enorme tentación usar sus poderes y atravesar aquellos shogis a través de los caminos que podía tenderle el Vacío; para, una vez dentro de las habitaciones, contemplar a sus ocupantes y contemplar sus mentes abiertas de par en par.

Pero no era aquello algo que fuera a hacer. No creía que hubiera ningún enemigo tras aquellas paredes, tan sólo seres humanos que buscaban su lugar en el mundo, dentro del sistema en que se desarrollaban sus vidas. Al contemplar las los paneles de papel de razos, tan relucientes como el alabrastro a causa de la luz matinal, se preguntó si aquel silencio plagado de sueños podría mantener siempre, un letargo lleno de promesas de un nuevo día que no llegase a pasar nunca. Sería perfecto, un instante de paz absoluta, tan diferente de esa calma engañosa del Vacío.

¿Cómo habría dormido Mai tras el beso de la noche anterior? La imagino por un momento cubierta por sábanas de seda, con el pelo suelto y una leve sonrisa en sus labios. Y la luz del amanecer acariciando su mejilla...

Akemi, al levantar del todo y arreglarse su hermoso kimono, le sacó de sus ensoñaciones. Mitsuomi le indicó que pasase al interior de la habitación y corrió de nuevo el shogi tras ella. Siempre procurando no hacer ruido, le indicó que se sentase, al tiempo que sirvió algo de té para los dos.

Un poeta muy antiguo, tanto que no se recuerda su nombre, afirmó una vez que la rosa es la más hermosa y a la vez la más terrible de todas las flores, pues posee una simetría perfecta, y a la vez es un abismo sin fondo; un hombre podría sumergir su mirada en el interior de un rosa y perderse para siempre... igual que al contemplar los ojos de una mujer...

Miró por un momento a Akemi, saboreando su hermosura, pero sin mostrarse ni lascivo ni insultante. Hacía tiempo que había comprendido que la belleza es un inespesperado regalo de los Elementos que incluso ellos mismos ignoraban. Se preguntó como es que algunos hombres sentían placeres eróticos al contemplar a una mujer hermosa, cuando el sólo podía admirar lo maravilloso de aquello, sin que se desperataran para nada sus bajos instintos.

La belleza es un milagro...

Su voz se convirtió en susurro semejante al de la seda del kimono de Akemi cuando su pecho subía y bajaba para completar su serena respiración.

El mundo es un milagro...

Con la cabeza gacha, su vista se perdía en los pliegues de su propio kimono y para la tela parecía estar hablando, tan bajo era su tono. Las mañanas siempre le hacían sentirse de aquella manera, tan nuevo, tan puro, tan.. frágil. Pero había mucho por hacer, no podía perderse en divagaciones tan extrañas a aquellas horas del día.

Alzó de nuevo la cabeza, esgrimiendo una vez más su suave sonrisa y esta vez cuando habló su tono era algo más elevado, pero siempre respetuoso con el posible sueño de los demás.

Y bien, Akemi-san, ¿qué tal la noche? Decíais que habiais estado cavilando...

Akemi bajó su blanco rostro cuando te dirijistes a ella con sus pómulos levemente inflamados por el rubor de una mirada semejante hacia ella, tan pura y llena de vida, sabiendo que todas aquellas palabras eran sin malicia y con más respeto de lo que nunca su aspecto recibiría.

El azul de su kimono con aquellos fenix en resplandeciente anaranjado, rojizo y amarillo destelleaban fulgores que resaltaban la faz llena de la timidez de una niña que ya se suponía que la yojimbo debía haber pasado. Pero es chica estaba llena de sorpresas como aquella, pequeños detallaes que a cualquier otro le pasaría desapercibido. Menos a tí...

Trató de darte las gracias, pero incluso sus palabras quedaron borradas en las tuyas dejando sólo la articulación de sus labios en un simple "Domo". Cuado terminastes de hablar levantó levemente los ojos, aún con la cabeza gacha, y miró a través del plateado de su flequillo. Te observó detenidamente y, si había algún rescoldo de duda en tu mente acerca de lo que podía sentir por ti vistes claramente en sus ojos deboción. Pura deboción y servidumbre humilde y sincera hacia ti.

Sus orbes azuladas buscaban tímidamente las tuyas, como imnotizadas por tus palabras pero siempre con una altivez características de una herencia grulla, mas entremezclado con aquel caracter Shiba de sumisión a su señor venida desde el alma.

Muchos dirían que ser yojimbo era algo sin importancia, cuando veías cómo ella se entregaba a ti, en cuerpo y alma... dudabas de esas palabras más que de otra cosa en el mundo. ¿Dudabas? No... las negabas...

Con aquella expreisón y postura empezó a decir entre susurros. Con su voz melodiosa que podía fácilmente haber sido el de una poetisa o música de los Kakita, otro de los rasgos duales que poseía.

"Me levanté muy temprano en la mañana... antes de que saliera el sol... para cerciorarme de que os encontrábais bien..."

Bajó la mirada y miró la rosa.

"No sabía... No conozco aún vuestros hábitos... así que no estaba seguro de si oslevantaríais antes, con el alba o tras esta... Por lo que decidí hacerlo yo antes..."

Detalles, esa mujer siempre cuidaba de detalles que a otros le parecían nímios pero de los que tu te percatabas, era como una obediente y perfecta esposa que guardaba de cada segundo como único.

"Entre nuestra residencia y la vuestra hay un jardín precioso... Vi la bara... y me pareció... Bueno... Creí que sería una visión hermosa para un día que os será largo y puede que cansado..."

Sonrió de medio lado mientras miraba la rosa, como irónicamente, riéndose de ella y prosiguió:

"Es una estupidez por mi parte pero pensé... que si hoy os sentíais turbado siempre podríais recordar la bara y sumergiros en ella... Tal y como habéis dicho... Quizás eso os relajase..."

Aquella sonrisa se despintó poco a poco mientras la observaba hacia una seri y triste incluso y prosiguió:

"Pero... me temo que he quedado cavilando debido a que me encontraba algo cansada... Confiaba en mi habilidad para notar vuestra presencia aunque esta vez... debo pedirle perdón... podía habernos costado la vida mi incompetencia... Sumimasen..."

Es el bushido, ¿verdad? -dijo Mitsuomi con expresión algo seria, mientras contemplaba fijamente la rosa que Akemi sostenía entre sus manos-. Siete palabras, siete cadenas y en medio la culpa constante.

Mitsuomi frunció el ceño, tratando de comprender de una manera más racional la actitud de Akemi. Se sentía profundamente agradecido por la dedicación y la devoción de la yojimbo, pero a la vez aquello seguía perturbándole profundamente. Sin embargo, se daba cuenta de que aquella inquietud estaba provocada por su propio egoismo, por su incapacidad de apreciar realmente el sacrificio que suponía para Akemi el ser su yojimbo. El bushido para él no era más que un sistema artificial creado para mantener un modelo de sociedad como el Imperio Esmeralda. Pero no podía ser tan egocéntrico y pensar que esa concepción que él tenía era la única válida; día tras día, miles de samurai se levantaban de sus lechos dispuestos a vivir su vida de acuerdo a unos preceptos basados en siete palabras -Honor, Compasión, Valor, Sinceridad, Deber, Honestidad y Cortesía; pudiera ser que cómo él pensaba no fuesen más que cadenas autoimpuestas para obligarse a no alcanzar pensamientos más altos, pero no importaba, puesto que esos hombres y mujeres llevaban unas vidas plenas, con sus éxitos y miserias, y Mitsuomi no era nadie para derrumbar sus creencias de un plumazo.

Por eso mismo, en seguida cambió la piedad que sentía ante las innecesarias disculpas de Akemi, por orgullo de que aquella joven fuese su yojimbo. No se mostraría molesto nunca más por sus disculpas, y las aceptaría todas con una sonrisa, como un trámite, de manera que Akemi pudiese sentirse mejor.

Disculpas aceptadas, Akemi-san, además me habéis traído un maravilloso regalo. Tened por seguro que la llevaré durante todo el día conmigo y sé que habrá de servirme cuando me enfrente a momentos difíciles.

Le encantaría entrelazar sus manos con las de Akemi, dejar que sus dedos se enredaran con los de ella, como la hiedra en torno al árbol, y tomar la flor, la rosa que tenía pensado guardar en los pliegues de su kimono, protegida por la seda pero cerca de su corazón, como un recordatorio constante de la grandeza del mundo incluso en los momentos más lastimosos.

Pero sería algo impropio y tal vez Akemi se lo tomaría a mal, aunque por supuesto no rechistaría. De manera que Mitsuomi se levantó y se volvió hacia la ventana. La abrió de par en par y dejó que la luz del alba pintase por un momento la habitación con sus delicados tonos pastel.

Me levanto con el alba, Akemi-san, me encanta ver el sol despuntado a lo lejos o por lo menos intuir su salida a través del a intensidad creciente de la luz. Ah, la luz...

Mitsuomi sacó la mano derecha por la ventana, manteniendo el brazo extendido, de manera que su mano quedase suspendida en medio del aire, bañándose en la luminosidad del nuevo día.

El mundo está desbordado de luz, me extraña que haya gente que no comprenda esto. Hay quienes se ocultan gimiendo en la oscuridad, creyéndose a salvo entre las sombras, temiendo el resplandor hiriente de la luz. Pobres insensatos. La luz es como el agua para el sediento, solo que su cantidad es infinitamente mayor.

Una repentina ráfaga de viento agita las copas de los cerezos y algunos pétalos salen volando, como copos de nieve arrebatados al suelo o como plumas caídas de aves migratorias al pasar. Uno de esos pétalos se dirige directamente hacia Mitsuomi, y este lo atrapa sin ninguna dificultad.

¿Creeis, Akemi-san, que los cerezos pueden ser crueles? -pregunta Mitsuomi mientras contempla algo sorprendido su propio puño cerrado en torno al pétalo-. Una vez, hace ya algunos años, una anciana ciega me dijo que la crueldad de los cerezos es la más grande de todas, pues nos niegan la posibilidad de la belleza perdurable y nos hacen perder la esperanza. Pero yo no he perdido la esperanza, nunca lo he hecho y ahora estoy más resuelto que nunca a mantenerla junto a mí.

Mitsuomi abandonó la ventana y volvió a sentarse junto a la mesa. Sin mediar palabra, abrió la mano y dejó caer el pequeño pétalo en su taza de té. El pétalo se quedó flotando en medio del líquido, destacando como un pequeño resplandor sobre un mar nocturno. Permaneció durante unos instantes contemplando su taza en silencio, esperando en el fondo que el pétalo se hundiese, pero no sucedió tal cosa y, finalmente, tuvo que apartar la vista.

Hoy nos espera un día muy complicado, Akemi-san -dijo Mitsuomi volviéndose hacia a la yojimbo y mirándola directamente a los ojos-. Es hora de ponernos en marcha, aunque si deseáis que tratemos algún tema antes de empendrer el camino, hablad con total libertad.

Akemi asintió despacio a sus palabras mientras levantaba poco a poco sus dos manos, con las palmas extendidas hacia arriba para que tomara la bara si es lo que deseaba. Mientras tanto, sus ojos azules como ese cielo, bañados de la luz inmutable de su mirada que repetía mil amaneceres dorados se cernieron sobre él a la vez que dejaba que su boca hablara:

"Una vez... sama... me dijeron que el cerezo es tan cruel porque... el rojizo de sus pétalos es debido a la sangre de un cuerpo que está enterrado en sus raices... Es una historia trágica y terrible... pero llena de significado... que advierte de que debajo de muchas cosas bellas hay una oscuridad insondable... o que, lo que es peor, algo bello es debido siempre a un sacrificio puro...

Pero... sin embargo... la persona más parecida en exterior a aquella que me dijo aquello... Lo contrarió y me contestó con otra respuesta... Me dijo que el cerezo crece tan alto, fuerte y hermoso porque es amado por el resto de las plantas con toda su esencia... Al igual que los humanos... Esa persona me dijo que florecemos cuando alguien nos ama."

Se levantó despacio de su posición y alisó los pliegues de su kimono azulado despacio mientras recolocaba correctamente su daisho en el obi. No dijo una palabra más sobre aquello, se autoexplicaba todo.

Dejó que salieras de la habitación y salisteis al pasillo, anduvisteis despacio para no hacer ruido y despertar a los posibles dormidos cuando oísteis algo en la última habitación, la de al lado de las escaleras, la de Kazumi. Resonaba en tono bajito una melodía alegre, como una plegaria matutina cantada por la shugenja que hacía que la mente evocase alegre praderas y ríos saltarines. La Preferida de los Vientos estaba despierta.

Bajastes a la primera planta por fin y Akemi te indicó que salieras de la residencia por la puerta principal, ella te conduciría, mientras iba un paso tras de ti, hasta el restaurante en donde desayunaríais.

Las calles a esas horas estaban casi vacías, sólo andaban por ellas los mercaderes que estaban abriendo sus comercios y algún que otro guardia que paseaba tranquilamente vigilando la paz y el órden. No debistes andar mucho, pues al final de la calle, en el lugar donde hacia intersección con otra había un letrero que indicaba que aquel lugar ya estaba abierto al público.

"La sabiduría de Shiba". Buen nombre sin duda para un lugar que seguramente sería muy frecuentado por los Fenix. Akemi tedijo desde tu espalda:

"Los mejores okonomiyakis de todo el distrito se encuentran en este lugar."

Tras lo cual te sonrió levemente dejando entrever las perlas que eran sus dientes. Al entrar vistes como aquel restaurante constaba de una sala básicamente grande, con una barra prolongada y pegado a las paredes, encima de un tatami separado por diversas mamparas las mesas. Era un lugar más largo que ancho, pero que aún así no dba la sensación axfisciante de un lugar pequeño.

El dueño limpiaba ala barra mientras una jovencita ponía su esmero en las mesas. Tal y como habíais quedado, Asako Emi os esperaba ya sentada en una de ellas, cercana a una ventana y cerca del fondo del local.

"Konnichiwa Mitsuomi-san, veo que sois madrugador y puntual."

Dijo la mujer mientras te saludaba con una escueta reverencia con la cabeza y os indicaba que os sentáseis.

"Veo que vienes acompañado muy bien por Akemi-san... espero que os esté llendo bien..."

Dijo como si se tratara de una mera formalidad pero... tu sabías que no era así...

"Bueno, dejemonos de palabrería y decidme que queréis de desayunar, nos lo traerán ahora mismo y así mientras tanto podremos charlar..."

Mitsuomi observó el local y lo encontró muy adecuado para una cita matinal. Estarían tranquilos, no sólo por la hora, sino porque las manparas salvaguardarían en cierta medida su privacidad.

Antes de sentarse, saludó a Asako Emi con una profunda reverencia como correspondía al rango de la mujer. Su fórmula de saludo la pronunció con formalidad, pero con una cierta calidez, bajando un poco el tono incluso, tratando de darle a entender a la embajadora que los asuntos a tratar eran en cierta manera bastante privados y tal vez personales.

Asako Emi no era una enemiga, pero por su posición y por lo que sabía Mitsuomi, debía ser tratada con cautela. Pero él había aprendido la importancia de la paciencia y de la fluidez, de manera que no precipitaría nada, todo lo contrario: que la conversación fluyese por cauces normales hasta llegar al mar que deseaba Mitsuomi.

Sin embargo, Asako Emi sin duda sabía algo de las inquietudes de Mitsuomi, por lo que al parecer le metió prisa para iniciar la conversación importante. Su mención a la adecuación de Akemi a su persona daban a entender muy claramente las intenciones de la embajadora respecto a la conversación. Y Mitsuomi no era de los que dejaban sin satisfacer las demandas planteadas de semajante manera.

Me han recomendado el okonomiyaki que hacen en este establecimiento, sin duda lo idóneo sería pedir la especialidad de la casa.

Calló por un momento mientras observaba discretamente a la embajadora con una sonrisa. Se preguntó cuáles serían los deseos de aquella mujer, sus ambiciones. Akemi la había calificado como una buscadora de poder, pero no como una instigadora. Al parecer sus tramas eran muy diferentes a las de Isawa Kondou, pero eso no impedía que llegado el momento pudieran ser peligrosas. De todas maneras, la luz matinal revelaba la belleza pura del mundo, cuando las flores estaban frescas por el rocío y aún ni podían pensar en marchitarse, lo que llenaba su corazón de cálida esperanza, la cual aumentaba cada vez que notaba bajo su quimono la rosa que le había dado Akemi. No deseaba enfrentamientos con aquella mujer, aunque fuese su enemiga; no deseaba enfrentrarse con nadie si podía evitarlo.

Akemi es una magnífica yojimbo, de hecho yo mismo creo que no podré estar a su altura en ciertos momentos. Sin duda es una ayuda inestimable para mí. Creo que tendré que darle las gracias a Kondou-sama por tan acertada elección.

Aparentemente una frase sin más implicaciones, pero un ligero desliz en el tono, una leve curvatura en los labios durante apenas un segundo, le otorgaban a cada palabra un segundo rostro, una máscara que Asako Emi debía apartar para entender las verdaderas intenciones de Mitsuomi.

Emi dejó entrever en sus labios una sonrisa torcida y dejó que el camarero les tomase nota. Cuando se hubo ido dijo con tono despreocupado mientras miaraba por la ventana a los madrugadores pasar:

"Oooh sí... Ese viejo zorro no pudo encontrar a alguien mejor para tus cualidades y necesidades... Me alegro de que acertara entonces de lleno."

Luego le miró a los ojos esgrimiendo aún aquella sonrisa y cruzó sus manos encima de la mesa y delante suya:

"No suele ser mi costumbre, no me malinterpretéis, Mitsuomi-san, hacer las cosas así... y menos ser tan bruscas... pero me temo que el tiempo de las intrigas es taaan limitado... Al final de esta semana tenemos la entrevista en la Ciudad Prohibida... Y me temo que incluso sin que nos la adelantaran, ya es un tiempo ínfimo para todo lo que hay que hacer... Por ello me perdonarás que sea clara, concisa y por ello descortés..."

El camarero os trajo té y los platos. Emi se apartó un poco para que se lo pusieran y tomó la taza de té entre sus manos. Saboreó despacio el primer sorbo y prosiguió:

"Tiempos difíciles Mitsuomi-san... mucho... demasiado... Pero... como una vez me dijo una Shiba con corazón de Grulla... "Las leyendas no forjan héroes, estos se forjan a sí mismos..." Y este es uno de esos momentos... Aquí todo se reduce a ser olvidados por la historia por nuestro fracaso o a ser recordados por evitar esta afrenta..."

Suspiró antes de tomar otro trago.

"Es taaan difícil... Por eso tenemos tantas esperanzas puestas en vosotros, porque sin vosotros Kondou-san y yo no podemos hacer nada..."

Miró en derredor y luego se clavó su vista en él:

"Por favor... Mitsuomi-san... hablad en confianza... decidme qué se mueve en vuestra mente..."

Las conversaciones a menudo seguían los mismos patrones que las mareas. Asako Emi había hecho que las olas rompiesen fuertemente contra la orilla, desparramando sus perlas por la arena. Mitsuomi prefería aguas más calmadas, especialmente aquella mañana, y resolvió provocar un relujo que devolviese las corrientes a la serenidad que la luz del alba demandaba.

Todo jugador sabe que nada podría hacer sin sus piezas. A medida que las apuestas y los riesgos aumentan, las piezas cobran más y más importancia y el buen jugador sabe aprovechar las fortalezas y debilidades de sus fichas para alzarse con el triunfo.

La vista de Mitsuomi se había perdido en un punto indeterminado de la mampara situada tras la embajadora. Hablaba con voz ausente, como si lo hiciera para sí mismo y su tono era lento, casi indolente, como si no le importase demasiado las palabras que iba desgranando del interior de su garganta.

Mitsuomi no consideraba apropiado el apresuramiento para tratar ciertos temas y consideraba que en su conversación con la embajadora se daba justo ese caso. Probablemente, el corazón de Asako Emi era un hervidero de deseos, de intrigas y planes, y las cercanías de la audiencia imperial habían provocado en ella un sentimiento de agobio, que sólo las acciones rápidas, los planes sumamente precisos y las intrigas vertiginosas podían calmar.

Podría haberse aprovechado de aquella situación, pero en el fondo no lo deseaba. La embajadora sin duda estaba a la espera de conocer las peticiones de Mitsuomi para tratar de satisfacerlas lo más pronto posible, de menera que pudiera ganarse al ishi para su causa. Nada más lejos de las intenciones de Mitsuomi con aquella conversación. Si Asako Emi deseaba un rápido intercambio de peticiones y favores, Isawa Mitsuomi, prefería una charla informal con la que acompañar un exquisito desayuno.

No debéis inquietaros. Los héroes abundan en el Imperio, espíritus valientes y seguros de sí mismos a la espera de una oportunidad. No creo que entre quienes se alojan en la residencia tras la Embajada falten este tipo de personas y también creo que no me equivoco si afirmo que vos ya tenéis vuestras opiniones al respecto.

Un sutil desvío, o bueno, no tal sutil, pero desvío al fin y al cabo. Asako Emi había intentado conocer desde el principio los planes de Mitsuomi y él le había dado a entender que no era tan simple, que primero debía ser ella quien revelase algo de sus intenciones; aunque siempre podían pasar la mañana hablando sobre los diferentes candidatos.

Mitsuomi abandonó su mirada soñadora y dejó que una sonrisa aflorara a sus labios. A él le daba lo mismo la información que recibiese de la embajadora, pues sabía que Asako Emi terminaría por contarle más cosas de las que él pensaba revelarle. Internamente, le dio las gracias tanto a Mizuno como a Kazumi por sus advertencias al respecto de la impaciencia.

Sí, definitivamente debo darle las gracias a Kondou-sama, por contar con una yojimbo Shiba con corazón de Grulla. Pero no creais que no os lo agradezco a vos también,al fin y al cabo, algunas piezas revelan la maestría del jugador.

Emi torció sus labios en una mueca algo extraña, quizás molesta, pero desapareció mientras comía tapando con los palillos o con la taza de té quizás aquel sentimiento.

"No podemos permitirnos que andéis por la ciudad sabiendo que no lleváis una protección adecuada aunque muchos la han reusado... me alegra ver que vos no fuisteis uno de ellos..."

Sin yojimbo más liberta, sin yojimbo más peligro... Muchos lo aceptaban por creer que eran autosuficientes y otros... por poder ser como el viento...

"Le veo esta mañana muy tranquilo... nada comparado como cuando llegó. Desorientado, sin conocimiento de nadie... Me ha dicho Kondou-san que habéis entablado amistades, o... por lo menos se os ha visto con algunos de los Candidatos..."

Y con otros no pero también estuvistes, puede que ella sólo supiera de tus charlas con Arousou y no con Kazumi...

"Eso me llena de consuelo... pensé que pudiera sentirse desplazado... Mas ya veo que me equivocaba afortunadamente... E incluso he de suponer que posee una agenda ya apretada, pues he oido por ahí cosas... bueno, aparte de que esta charla es muy temparno en la mañana y eso denota sin duda... que le queda un buen día de trabajo..."

La gata pisaba el tejado agrietado con cuidado y con presición. Emi empezaba a acortar círculos, parcelas que poco a poco le llevarían hasta ti... Y era muy imprudente pensar lo contrario...

De nuevo, Asako Emi intentaba forzar la conversación. Mitsuomi no dudaba que la embajadora Fénix era una cortesana con mucha más experiencia que él, pero aún así, deseaba medir sus habilidades con las de ella. Se sentía algo seguro por el hecho de que ella parecía tan ignorante de sus planes como él de los de ella. Al parecer la partida entre ambos había empezado en tablas y él no deseaba que dicha situación cambiase por el momento, aunque eso significase estar más a la defensiva que al ataque.

Como vos misma habéis dicho, la situación es muy complicada y nos queda poco tiempo, tal vez menos del que pensamos, pero precisamente por eso el esfuerzo ha de ser aun mayor, pero nunca sin olvidar nuestra verdadera meta o nos perderemos caminando por un camino rectol.

Habría muchas maneras de continuar, muchas disgresiones que hacer, como largos desvios para sortear un oscuro bosque o una escarpada montaña; sin embargo, tomarlos tampoco tiene por qué ser algo adecuado. Si trata de esquivar siempre sus ataques, en alguno puede perder pie y terminar completamente a mercer de la embajadora. No deseaba eso, por lo que decidió utiliar una táctica más frontal, más directa, amoldándose a los deseos de Asako Emi, aunque sería él que empezase a reclamar información y no al revés.

Es curioso que mencionéis mi estado en el día de ayer. Es cierto que llegué algo desorientado, pues nunca había estado en la Capital.

Mitsuomi comía tranquilamente, como si sus palabras fuesen comentarios sin la más mínima importancia. Mantenía una delicada sonrisa en los labios y sólo un ligero deje de frialdad en su tono hacía pensar que la conversación era algo más que las típicas palabras que se intercambian en los desayunos.

Es curioso, decía, porque considero que no soy el único desorientado ante esta situación. Muchos Fénix se han reunido esta primavera en Otosan Uchi y la mayoría sólo tienen una misión: detener la posible celebración del Campeonato de Jade. Este hecho, junto a la elección de los Maestros Elementales del Fuego, la Tierra y el Aire, constituyen sin duda las preocupaciones más grandes del Fénix en esta Corte. Pero es curioso porque es algo que sólo importa verdaderamente a los Isawa.

Mitsuomi detuvo sus palillos a mitad de un movimiento descendente y alzó la vista hacia la embajadora. Su sonrisa se hizo algo más amplia y en sus ojos brilló una luz amable y cálida, como una mano tendida en señal de amistad o de tregua.

Tiene que ser muy desconcertante ser una embajadora Asako entre tanto Isawa.

Muy bien, Asako Emi, contéstame a esto y tendrás derecho a preguntar lo que quieras. Que la marea fluya a tu ritmo, pero que la espuma salpique donde yo lo indique.

Emi torció su gesto un segundo como molesta en cierta parte por lo dicho, no, más bien como se sentiría cualquier Asako en aquella situación. De hecho, si lo pensabas detenidamente no era de extrañar que ella estuiera de parte de los liberales, después de todo éstos trataban de amoldarse más a la familia cercana. Mientras que los tradicionalistas no parecían estar muy preocupados por el cisma, o mejor dicho, querían eliminarlo sobreponiendo a los Isawa siempre.

El gesto de la embajadora cambió en un segundo, justo cuando los palillos con algo del desayuno llegó a su boca. Lo degustó, tanto como la rpegunta y luego respondió despacio:

"Tanto como Shiba le confió a la dama Asako un preciado secreto... la confianza de los señores del Fénix se ha puesto en mí... Difíciles son estos tiempos... como acertijos diría yo... O... mejor dicho... debieron pensar ellos, puesto que su razonamiento fue: si quieres un anillo llama a un orfebre, si quieres protección contrata un yojimbo... si quieres resolver un acertijo... llama a un henshin Asako..."

Sonrió despacio ante sus últimas palabras y prosiguió:

"Hay cosas que la magia sigue sin desvelar y que otros métodos pueden... Y, después de todo, por mucho que sea la magia, nuestra magia, la que tratamos de preservar con el impedimento del Campeonato... le recuerdo que hay muchas cosas en juego. Desde el pretigio del Fénix, de cuyo Clan aún me considero anotó esto con cierto sarcasmo quizás haciendo juego de palabras con las dos tendencias dentro del Clan hasta la creación de un Consejo fuerte que nos guíe. Y doy gracias a los kamis que las otras familias, entre las que incluyo la mía, estan dotadas de señores, sino nuestro problema estaría más que acrecentado... Sin embargo eso no quita que sea un asunto que nos concierna a todos... Hablamos más que del Consejo de los siguientes años vida del Clan... de cómo nos enfrentaremos a esta nueva etapa... Y eso, amigo mío, nos concierne tanto a los Shiba como a los Asako de igual modo."

Con esto había involucrado a Akemi haciéndola partícipe de su comentario y por lo tanto de su discurso, creando seguramente así una especie de unión entre sus pensamientos que facilitaba ponerla de su lado. Era una táctica muy vieja del orador hacer sentirse partícipe al público de sus palabras para conseguir su apoyo.

Un viejo pero buen truco...

La mirada de Mitsuomi se apartó del rostro de la embajadora, al tiempo que se volvía algo más oscuro, más triste. Sabía que tarde o temprano durante la conversación iban a surgir aquellos recuerdos, pero a pesar de esperarlos, no estaba preparado del todo para su aparición.

El orgullo es algo que pierde a menudo a los Isawa. A pesar de pertenecer a esa familia nunca he terminado de entender ese orgullo exarcerbado que posee a algunos de mis hermanos. En las historias se recoge que tal defecto también estaba en el primer Isawa y supongo que todos lo hemos heredado de él. Pero eso no es excusa para despreciar a otros, en especial a las demás familias del Fénix.

La voz de Mitsuomi había empezado siendo neutra, distante, y poco a poco se había vuelto más emotiva, a medida que se iba acercando más y más a un nombre. La expresión de Mitsuomi se volvió melancólica, con la mirada perdida de nuevo en algún punto a la espalda de Asako Emi, contemplando tal vez imágenes del pasado.

Admiro a los Asako, pues la persona más noble que he conocido pertenecía a vuestra familia. Asako Kakuei...sama -Mitsuomi solo dudó en aplicar tal titulo al inquisidor por las convenciones sociales, no por que creyese que aquel hombre no lo merecía-. Le conocí hace ya cinco años... Aunque nos conocimos por poco tiempo, aprendí mucho de él, especialmente sobre el valor del sacrificio, sobre la nobleza que existe en el espíritu humano. Hay quienes dudan de que los seres humanos puedan ser buenos por naturaleza; yo también lo pensaba, pero después de conocer a Kakuei.sama cambié de parecer: me es imposible pensar que la bondad no se encuentre en todas las almas, que haya gente que no sea capaz de hacer lo que él hizo. ¿Qué nos pervierte? Todavía no lo sé y tal vez no lo sepa nunca, pero en el fondo creo que no quiero saberlo, me basta con saber que la luz brilla en todas partes.

Qué hermosas son las palabras cuando muestran sin máscaras las emociones y los sentimientos. Se llenan de verdad, de una claridad sorprendente y aquel que las pronuncia no puede evitar sentirse elevado, pero a la vez consciente de todo lo pequeño, como si el mundo se le revelase en toda su magnitud.

Mitsuomi se sentía así. Mientras hablaba contemplaba la hermosa mampara que se alzaba tras Asako Emi. Se trataba de un delicado biombo de bambú sobre el que se hallaba pintado un paisaje montañoso que sobrevolaban unas grullas. La sencillez del dibujo no mermaba su belleza, pues transmitía serenidad. Mitsuomi percibía con mucha intensidad las sencillas lineas del pincel que había hecho el dibujo y pensó por un momento que las aves volaban y que llegado el momento abandonarían la madera y saldrían del restaurante, para elevarse hasta los cielos, donde el sol haría que su plumaje se llenase de destellos.

Ante el sacrificio el orgullo se convierte en necedad. La compasión debe fluir como un tranquilo torrente, debe caer como lluvia. ¿Por qué algunos no lo entienden? Y son esos los que hacen que el mundo parezca cruel cuando no lo es en absoluto. Creo que la dama Asako lo entendió y por eso Shiba le trasmitió su último secreto.

Mitsuomi cerró los ojos por un momento y suspiró ligeramente. Dejó lentamente los palillos sobre el plato y puso su mano derecha sobre su pecho, concretamente sobre el lugar donde se encontraba guardada la rosa que le había dado Akemi minutos antes. Y junto a ella, muy cerca, estaba el colgante que siempre llevaba Mitsuomi: una esfera pequeña esfera de cristal en cuyo interior se encontraba una gota que no se secaba nunca.

Sólo mantuvo el silencio durante unos instantes, pero para él pasó mucho más tiempo... mucho más...

Cuando abrió los ojos de nuevo, estaba completamente dispuesto a seguir con la conversación, pero ya no veía mal darle a Asako Emi lo que deseaba.

Los Isawa, los Asako y los Shiba pertenecemos todos a un mismo Clan, el del Fénix y ninguna familia está por encima de la otra. Disculpadme si antes he dado a entender que los únicos asuntos importantes en la Capital son los de los Isawa. Todos hemos de dar lo mejor de nosotros mismos por el Fénix y por el Imperio. Y precisamente por eso he solicitado este encuentro con vos, pues deseaba conocer la opinión de los Asako en lo relativo al Campeonato de Jade... y las elecciones para el Concilio.

De aquella manera, le revelaba a la embajadora una parte de sus intenciones en aquella reunión, lo cual la dispondría más a responder sus preguntas posteriores, aquellas que eran mucho más personales y tal vez mucho más importantes.

El juego no terminaba nunca, ni siquiera bajo la radiante mirada del amanecer.

Emi sonrió despacio, poco a poco en su tez madura pero no llena de muchas arrugas, de hecho poseía pocas por el tipo de piel que tenía y se le veían menos todavía por los polvos aplicados. Parecía que la Asako le había mostrado lo que ella quería y por fin había encauzado la conversación, sin ánimos extraños ni propios, al parecer.

Akemi suspiró a tu lado despacio, dejando que aquel gesto de alivio por poder contar con que os entenderíais mejor le era valioso. Puede que la joven Shiba no deseara que te enemistaras con la mujer que había ayudado a que ambos estuvierais juntos. Ese pensamiento te hizo pensar en los siempre bienintencionados pensamientos de tu yojimbo y en lo adorable que podía parecer su mera presencia cuando incoscientemente hacía gesto parecidos. Era como una delicada muñeca de porcelana que podía dar más de sí de lo que muchos creían...

Pero, volviendo a Emi, esta había bebido despacio mientras con el rabillo del ojo habías contemplado a tu yojimbo meramente una milésima de segundo, suficiente al parecer para que la embajadora se hubiera fijado. Pero no temías, no era malo después de todo no había ninguna clase de doblez para con la Shiba.

"La familia Asako está más interesada que nunca en este Campeonato y en estas circunstancias, Mitsuomi-san... No sólo depende de ello el Clan sino la paz interna... Como comprenderás mi señor Asako Kagetsu, Daymio de la familia, está muy preocupado por cómo terminará esta primavera... puesto que la resolución del final de vuestras candidaturas como Maestros y la misma del Campeonato decidirá mucho...

Nosotros queremos lo mejor para el Clan, que es una reconciliación total y la armonía entre todos... Aunque ciertamente es difícil no sólo por parte de las corrientes en los Isawas, sino porque mi familia está igualmente dividida. Pero confio en que mi señor, una vez decidido en Consejo actuará en consecuencia y con sabiduría...

Por ello yo me presento en esta situaicón no sólo como mediadora en esa disputa contra el Imperio, sino como primera interesada en que todos por fin podamos tener un orden...

Puede que creas que es altivo o quizás mezquino por mi parte tomar juego en algo parecido, sin embargo, he de decir a mi favor que es normal que una madre cuide con diligencia a su hijo y que trate de educarle lo mejor posible. Para mí este asunto es lo mismo...

Trato de cuidar al "niño" lo mejor que puedo..."

Y con ello miró a Akemi y le sonrió amablemente.

"O a mis "niños"..."

Un término ambiguo para llamar al Clan o a alguien determinado... Astuto... Pero no malvado.

Mitsuomi sonrió al escuchar las palabras de Asako Emi. Ciertamente, resultaba muy significativo que la embajadora hubiera escogido aquella comparación. No pensaba que hubiese malicia en ella, pues Mitsuomi se había convencido de las buenas intenciones de la embajadora, al menos en lo referente al propósito final de sus objetivos.

Una madre hace algo más que cuidar a sus hijos, los protege y... los educa.

Mitsuomi volvió su mirada hacia el plato del que comía, al tiempo que su tono se volvía de nuevo distante. Era algo que solía hacer siempre que quería que su interlocutor comprendiese que había un doble sentido en sus palabras; se trataba de una manera de decir sin decir nada.

Algunas veces los niños se enfrentan. Es normal que tomem bandos, generalmente dos, y que lleven a cabo batallas, y no siempre disfrazados. Delicada es la posición de la madre entonces, ¿debe tomar partido por alguno de los dos?

En ese momento, Mitsuomi alzó la vista directamente hacia Emi y mostró su mejor sonrisa al tiempo que decía:

¿Qué haríais vos en dicha situación, Emi-sama?

Emi unió sus manos delante de su cuerpo encima de la mesa y le miró directamente a los ojos.

"Si se han educado bien los hijos no deberían tener que pelearse... mas en el caso de que eso sucediera..."

Dejo sus palabras allí, sostenidas durantes segundos mientras meditaba qué contestar o quizás sólo le diera algo de tensión a su respuesta.

"Debería oir sus argumentos primero y decidir, ya que poseo más edad y más conocimientos por esos mismos años de estudio extra, acerca de cuál de los dos está en posesión de "la verdad".

El trabajo de mediador a veces es más complejo aún que esos niños que se creen en posesión de la única verdad, puesto que se debe estudiar ambas posturas. Sin embargo... hay veces que más que el problema de decidir cuál de los dos posee la razón es... cómo tratar de enseñar a los que no la tiene para que vean su error... Sobretodo si son "niños" muy "buenos" y merecedores de todo lo que seles porponga y más... sólo que su único defecto es estar obsecado ante su fallo..."

Suspiró profundamente y tomó la taza de té. Bebió un poco y le miró de nuevo fijamente:

"Sí... ser madre es muy complicado..."

Poco a poco su sonrisa fue tiñiendo aquella expresión serena y le preguntó:

"Decidme... Mitsuomi-san... ¿Vos qué creéis? ¿En qué lado de los niños creéis que estáis?"

Habían muchas respuestas y muchas evasivas, ambos lo sabíais, pero puede que ella quisiera saber con cuál de ellas te quedabas.

Hay una imagen que se repite a menudo, de hecho más de lo que la gente se piensa, en aquellos lugares escogidos por los niños como campos de juegos. Tal vez separados en bandos, tal vez todos en un único grupo, los niños juegan, estrechando sus lazos, ya sean de amor o de odio; pero el buen observador descubre entonces a un niño medio oculto tras un árbol, o casi agazapado en un rincón; anodino y silencioso, casi temeroso de la algarabía de sus compañeros, ese niño se mantiene al margen y no participa en los juegos de sus semejantes.

La voz de Mitsuomi se llenó de nuevo de melancolía, pues sus palabras habían rescatado recuerdos nunca olvidados, pero sí mantenidos al margen de los cauces normales de la memoria. No se trataba sólo de una metáfora, de una manera sutil de enmascarar sus intenciones a la embajadora, había mucho de real en aquella imagen. Mitsuomi había vivido aquello a menudo, pues él había sido el niño apartado del resto, el que se escondía, el que contemplaba con deseo y desprecio, los juegos de los demás niños.

Mitsuomi sabía lo que era sentirse desplazado. El Vacío le había tocado desde muy pequeño, marcando de una forma total su infancia. El que el Todo y la Nada estuvieran a la vez al alcance de su mano, no era algo que un niño pudiese asimilar adecuadamente sin que su vida se volviese completamente diferente a la de los demás niños de su edad. Mientras otros jugaban y hacía travesuras, tal vez empleando sus incipientes poderes, él debía mantenerse en constante alerta para evitar ser devorado por aquella maravilla que era el Vacío.

A menudo había soñado que se encontraba a la orilla de un lago, contemplando su reflejo en las cristalinas aguas, Desde la otra orilla le llegaban las voces de niños que jugaban alegremente, cantando y riendo con toda inocencia. Pero el no sabía como cruzar aquel lago para unirse a ellos, aunque lo deseaba con todo su corazón: el lago se extendía por los dos lados hasta donde apreciaba la vista y no había botes con los que cruzarlo. Sin embargo, en el reflejo del agua, los niños aparecían justo a su espalda, realizando los mismos juegos felices. Tan cerca y a la vez tan lejos. Muchas veces había pensando en resolver el problema lanzándose al agua y tratando de nadar hacia la otra orilla, aunque sabía que nunca lo lograría y que moriría ahogado, tal vez sin haber alcanazo si quiera la mitad de la distancia; mas él prefería esa muerte antes que aquella existencia solitaria, en la que las únicas imágenes eran reflejos de lo que otros hacía situados totalmente fuera de su alcance.

No había crecido teniendo verdaderos amigos e incluso había sufrido la traición de manos de quienes le rodeaban. Tal vez por eso había escogido ese papel de observador impacial en las diferentes elecciones del Concilio. Era una manera de sentirse necesario, implicado, pero a la vez manteniendo esas distancias que no habían hecho sino acrecentarse a medida que pasaban los años. Mitsuomi en el fondo sentía un miedo terrible a decantarse por un bando, pues eso le haría perder su imparcialidad, el poco poder que poseía sobre aquellos niños que jugaban felices, y volverse uno más en uno de los bandos, no menos importante que los demás, pero no por ello un miembro destacado del grupo.

El silencio de Mitsuomi tras sus últimas palabras se había hecho muy extenso, probablemente revelando a Asako Emia algo sobre los pensamientos que llenaban su mente en aquellos momentos. Para evitar que la embajadora profundizase más aún en su alma, se obligó a hablar.

Imparcial, separado de todo bando, juzgando en la distancia, sumido en la lógica -dijo mecánicamente, como si repitiese una lección bien aprendida, pero no del todo de su agrado-. Ese es el papel que me he adjudicado. No es muy diferente del vuesto, Emi-sama, la mediadora que observa desde una posición elevada, tal vez incluso más elevada a causa de su certeza de que su visión es acertada.

La tristeza no abandonaba los ojos de Mitsuomi. En aquel estado sin duda no habría tenido ningún reparo en abrirse a su interlocutora. Que entrase en su mente y cogiese lo que desease, no importaba, al fin y al cabo, ¿la vida de Mitsuomi no había sido tan gris que no merecía la pena molestarse por conservar los recuerdos?

Por un momento, estuvo a punto de sacudir la cabeza para tratar de espabilarse. No podía pensar de aquella manera, pues su vida había estado marcada por la soledad, sí, pero también por los milagros, por las voces amigas que brotaban del Vacío y del Agua. Había estado en lugares vedados a la mayoría de los mortales, y lo que había visto allí... Sí, su vida estaba tocada profundamente por la tristeza, pero también por la belleza y esta compensaba todos los sinsabores vividos.

El sol empezaba su camino hacia lo alto del cielo. Era un nuevo día en la Capital Imperial, desde donde se dirigía la vida de todo el Imperio. Había tantas promesas en sus calles, tantas historias que escuchar de los labios de sus habitantes. El juego no podía detenerse, el corazón no podía dejar de brillar.

El problema, Emi-sama -dijo Mitsuomi recuperando su tono habitual, al tiempo que sus ojos volvían a tener algo del brillo de minutos antes-, es cuando la posición del mediador es compartida y además cada uno contempla un tablero diferente. Imaginad si se nos tuviera que forzar a elegir entre la montaña y el mar. El cauce del río no puede subir y bajar al mismo tiempo. ¿Cómo se resuelve tal imposible?

Puede que no lo notaras, sumido en la trsiteza de tus recuerdos pero dos ojos azules como el mar te observaban con detenimiento siendo consciente quizás de tus pensamientos como si pudiera leerlos con claridad como con un conjuro. Puede incluso que aquellos ojos azules tratasen de que la rosa de tu pecho quemase para que supieras que ya no estabas solo. Puede... pero no lo sabrías, al igual que mucho de sus gestos puesto que la melancolía a veces nublaba tu visión.

Emi guardó silencio pensando seguramente muchas cosas acertada sobre tu pasado, el mismo de muchos como tu, de los ishis y de muchos de los tensais.

"Es una posición difícil, sin duda, pero creo que os es más a vosotros, eso es lo que me hace seguir... Mitsuomi-san... conoceréis a mucha gente... pero sólo con unos podréis proseguir vuestro camino con fuerza, y puede que a otros los perdáis en el camino... Eso si es duro, y eso es lo que me hace pensar que si vosotros podéis con esa carga la mía es más liviana y debo hacerla con honor.

Y sé de lo que hablo, y de lo que hablas... Quizás no sepas del entrenamiento de los Henshin... pero te aseguro que puedo comprenderte muy bien... quizás algún día te cuente mi historia...

Lo que me preocupa es esa melancolía... y eso que te he dicho antes... Puesto que creo que esa etapa de tu vida ya ha pasado... Debes darte cuenta que ahora vives otra y que hay muchos a tu alrededor. Creo que has hecho amigos y que tu visión está cambiando... y por ello creo que deberías meditar todo muy a conciencia, no sólo como el Mitsuomi que vino de Kyuden Isawa sino como el Mitsuomi que ya ha vivido un día en Otosan Uchi...

Todo cambia, todo es mutable y a la vez inmutable... los misterios se renueban pero a la vez son los mismos... La misma base...

Sólo hay que saber ver esto... Lo que debes aprender a ver es tu nuevo "vacío"... Por eso esta reunión me interesaba mucho... quería saber cómo es tu mundo ahora..."

Un susurro imperceptible salido de los labios de Akemi, tan suave que ni Emi pudo escucharlo llamó tu atención cuando ella puso la puntilla a las palabras dela embajadora con un suceso privado entre ambos.

"¿Cómo es tu Imperio... ahora?"

Cómo era lo que habías depositado en la copa y si ahora estaba cambiado de como lo hubieras depositado hace meses...

Mi mundo ahora...

Mitsuomi reflexionó un poco antes de responder. No estaba seguro de que le gustase el rumbo que estaba tomando la conversación. Hablar así, de sentimientos tan personales... no, no creía que le gustase. Pero en el fondo no veía nada de malo en ello. Había esperado una típica conversación cortesana -dobles, tripes sentidos, ofertas y contraofertas, adivinanzas y acertijos- entre él y la embajadora, y ahora se veía interrogado sobre su propia personalidad, sobre los cambios que ese ser conocido como Isawa Mitsuomi había sufrido en su primer día en Otosan Uchi.

A su manera, la embajadora era implacable. Parecía dispuesta a descubrir los entresijos más profundos del alma de Mitsuomi y por ello ignoraba todos los intentos de este por devolver la conversación a cauces menos personales. Pero de nuevo le surgía el sentimiento de que era él mismo el que se dejaba llevar, el que deseaba revivir con melancolía las imágenes de su infancia. Su mente, incluso su propio espíritu estaban envueltos en un proceso de cambio muy profundo y era normal que su vida desfilaza ante sus ojos, igual que en la transición entre la vida y la existencia tras la muerte.

Todo cambia y es lógico que las personas también lo hagamos -dijo con un tono alegre, casi distentido a pesa de la importancia de sus palabras-. Os reconozco que mi primer día en esta ciudad me ha cambiado y mucho,p ero siento que es un cambio a mejor. Y no os preocupéis por mi melancolía, probablemente sólo sea un efecto secundario de mi nueva percepción de las cosas. Parece ser que en los momentos cruciales de la vida, el pasado llama a la puerta como para llamar la atención y que no sea olvidado. La memoria es un fenómeno curioso.

De nuevo se sentía tremendamente feliz y no sabía muy bien por qué. Tal vez se tratase de esa secuencia que ya había intuido al escribir sobre el Agua en su Tratado de los Elementos: primero se daba la Compasión, de ella brotaba el Dolor, que no tenía por qué ser físico, sino que más bien resultaba ser emocional, y finalmente surgía la Comprensión, como el sol radiante que se alza sobre el mar.

El Fin del Mundo se produce constantemente, a cada paso que damos, había comprendido Mitsuomi; pues el fin del mundo no significa la destrucción de la tierra y que el mar se seque, sino que es el fin de nuestra concepción del mundo. Es obvio que un proceso así tiene que hacer daño a la persona, pero cuando la nueva visión del mundo era plenamente aceptada por el espíritu, se alcanzaba un estado de comprensión que no borraba el dolor, pero que lo transformaba de algo negativo a una nueva fuerza, una voluntad luminosa y fluida.

Mitsuomi todavía no se sentía del todo seguro en la posición en la que se encontraba, pues se creía inmerso todavía en el proceso de cambio, pero no sentía tampoco el desajuste existencial que dicho proceso provocaba; se sentía feliz y la mañana era el momento perfecto para dicho estado de ánimo. La conversación con la embajadora empañaba algo su ánimo sólo por la situación anímica de Mitsuomi, no porque realmente Asako Emi pretendiese causarle algún mal.

Tenéis razón, creo que en mi estancia en esta ciudad conoceré a gente muy interesante, de hecho ya lo estoy haciendo, y probablemente algunos se convertirán en personas muy importantes para mí, tal vez en amigos. También creo que dejaré algunos en el camino, pero espero que sean pocos y preferiría que no fuera ninguno.

Mitsuomi pensó en todos los Candidatos. Algunos de ellos podrían ser perfectamente sus nuevos compañeros como Maestos Elementales (si es que él conseguía el puesto de Maestro del Vacío) y no dudaba que algunos podrían llegar a ser personas muy cercanas, tal vez Arousou y Kazumi, puede incluso que Aya; incluso podía ser que el altivo Seyrio resultase poseer algo valioso para Mitsuomi, no como aliado, sino como amigo.

Y luego, por supuesto, estaba Mai...

Pero creo que tengo que agradeceros a vos directamente el haber conocido a la persona que probablemente será una de las personas más importantes durante mi estancia aquí y tal vez más allá.

No había necesidad de decir el nombre de esa persona, de esa mujer, pues la rosa que llevaba bajo el kimono le decía que sus ojos azules estaban a su espalda, protegiéndole igual que su espada, con un espíritu maravilloso que estaría dispuesto a cualquier sacrificio para protegerle.

Y esta es una de las razones por las que deseaba una entrevista con vos, Emi-sama. hay muchas cosas que deseo saber al respecto de ciertos movimientos que se están produciendo en la Embajada Fénix y creo vois sois la indicada para ayudarme.

Claro y directo, un tipo de comportamiento que no era propio de él, o al menos de su antigua manera de ser; pero la embajadora había afrontado la conversación entre ambos de dicha manera, así que Mitsuomi no veía mal optar por el mismo camino. Y si las nubes cubrían el sol, él soplaría hasta apartarlas.

Emi sonrió de nuevo a los dos y bebió poco a poco un par de sorbos de té. Luego dirigió su mirada a la ventana. Los peatones eran cada vez más, criados salían ha hacer sus labores y algunos samurai habían entrado en el restaurante situándose en distintos lugares de éste mientras desayunaban tranquilamente. Le miró otra vez despacio pero sólo un segundo para desviar la mirada hacia Akemi, la cual había agachado su rostro ocultándolo bajo su flequillo plateado.

Esa estampa, la que era el restaurante en si le hizo sonreir y por fin centrarse en Mitsuomi.

"Mitsuomi-san... hablad... preguntadme... Quizás hayáis ya visto que me he tomado muchas molestias por vos... Por lo que no tengáis incombeniente en preguntarme lo que queráis... Tengo mucha fe puesta en vos así que espero poder ayudarle en todo lo que pueda para que ande por este camino tortuoso que es la corte de la Capital..."

Miró de nuevo a Akemi, la cual, con ojos gachos parecía esperar a oir las palabras de su señor con cautela.

"Y, tras preguntadme... decidme cómo os va con mi pequeña Akemi... La veo con muy buena impresión... muy contenta..."

Mitsomi sonrió mientras contestaba.

No tengo más que elogios para Akemi-san. Desde el momento en que nos conocimos se ha convertido en alguien imprescindible para mí. Su juicio y su saber estar son incomparables, además de que su conocimiento de esta ciudad suple con creces mi ignorancia al respecto. Es probable que sin su ayuda me hubiera perdido en más de una ocasión.

Mientras hablaba no se giró ni una sola vez para mirar a Akemi, de manera que ella pudiese mostrar la expresión que desease ante sus palabras. Estaba siendo completamente sincero en todo lo que decía, pues verdaderamente apreciaba el trabajo de Akemi a su lado, prueba de esto era el que le hubiera entregado las cuatro misivas que la yojimbo debería entregar por la mañana.

De hecho, ella me ha enseñado mucho, a pesar de que hace menos de un día que nos conocemos. Y sus lecciones no sólo han sido sobre Otosan Uchi...

En principio no había un doble sentido en aquel último comentario, Mitsuomi había pensado en lo que Akemi le había dicho sobre ser un yojimbo y un Shiba, palabras que habían desembocado en que él lanzase el Tratado de los Elementos por la ventana de su habitación. Pero casi al instante de decir aquello, se había dado cuenta de que Akemi también le había hablado sobre las tensiones entre los dos embajadores y sobre las extrañas maniobras de Isawa Kondou.

Sí, me ha enseñado mucho. Creo que llegado el momento de separarnos será para mí como el otoño, cuando los árboles ven como sus ojas teñidas de oro caen para abrazar la tierra.

Bajó la cabeza por un momento, siendo consciente de pronto de lo que sucedería si Akemi abandonaba su puesto como su yojimbo. Era normal que un yojimbo Shiba, especialmente alguien tan joven y tan prometedor como Akemi, sólo estuviesen protegiendo a un shugenja por un tiempo, para pasar luego a cumplir otros encargos. Lo normal era que sólo los Fénix de mayor posición, especialmente los Maestros Elementales, tuvieran yojimbos permanentes, concretamente la Orden de Chikai, que se encarga de proteger a los Maestros. Desde el principio, él había pensado que Akemi sólo sería su yojimbo mientras estuviese en la capital y que luego le sería asignado otro puesto acorde a su notable capacidad. Pero ahora se descubría pensando en que no deseaba que ella dejase de ser su yojimbo (por un momento había pensado en la palabra "suya". Mas ya habría tiempo de pensar esas cosas más adelante, cuando llegase el momento de separarse, aunque probablemente si él se convertía en Maestro del Vacío le pediría a Akemi que se convirtiese en su yojimbo, ya que sería un puesto con un enorme prestigio.

¿Era aquello lo que pretendía Asako Emi, hacer que pensase en lo valioso de su yojimbo, un regalo suyo al parecer, para que se sintiese mas favorable a las ideas y propuestas de la embajadora? El político que había en Mitsuomi le decía que sí, pero la parte de su ser que estaba embriagada por la luz del nuevo día pensaba justo lo contrario, que no había doble intención. Su mente decidió mantenerse en un punto medio: confiar en la Asako, pero mantenerse alerta. De todas formas, el tema de Akemi le permitía a Mitsuomi entrar libremente en uno de los asuntos que deseaba tratar en aquella entrevista.

Ahora que habéis mencionado a Akemi-san, me gustaría que me aclararias una cuestión si no os importa, Emi-sama. Es evidente que quien deseaba que ella fuese mi yojimbo fuisteis vos, pero quien nos presentó fue Kondou-sama, ¿es que vos seleccionáis a los yojimbos y él los entrega? Disculpadme si es una pregunta algo directa, pero siento una enorme curiosidad al respecto.

Había preguntado aquello con un tono y una expresión que no hacían más que mostrar inocencia, pero era evidente, pues él lo había querido así, que tal inocencia no era más que una máscara. Mitsuomi no gustaba de hacer preguntas directas, las consideraba una falta de respeto, pues ponía en entredicho la inteligencia de su interlocutor, y no dudaba en que la Embajadora Fénix entendería la verdadera pregunta de Mitsuomi.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 10:04 pm

Akemi había bajado su rostro y había dejado que el plateado tapase sus mejillas mientras el azul de sus pupilas sólo se veía entrecerrado por sus ojos. Trataba, luchaba por no sonrojar sus mejillas. Se acordaba de su madre... su entrenamiento había sido casi perfecto con ella pero a veces, evitar sentir aquel calor en su pecho si alguien a quein respetaba y que ahora suponía su vida y su muerte, y nunca mejor dicho, se refería ella así... La fuerza que debía gastar era considerable pues no quería comprometerle.

Emi sonrio ante esto, esa chica... nunca cambiaría después de todo... Miró a Mitsuomi luego y empezó a reltar:

"Ciertamente el asunto de los yojimbos fue un asunto problemático... ambos los elegimos, la mitad, pero presentamos los del otro para poder comprobar si la elección era correcta... Puesto que hasta ese momento no sabíamos los nombres.

Sí, yo me ocupé de Akemi personalmente, y le dije que fuera muy discreta ante Kondou-san, puesto que no quería que la asignaran a otro para vos y menos para ella...

Tuve que pensa mucho tiempo en los que veníais y en los que seguramente aceptarían y mucho más en los yojimbos... Pero como caida del cielo un día Akemi pasó por aquí y me recordó que esta encantadora chica que estaba aquí desde hacía tres años sin llamar la atención era un diamante en bruto...

No entenderé nunca, encanto, porqué rechazastes todos los trabajos en esos tres años y menos porqué ese día vinistes a mí para decirme que volvías a estar a mi servicio, pero lo cierto es que Amaterasu brilló con fuerza ante mis ojos...

Es muy difícil elegir yojimbo... más que anda porque ellos deben no sólo cuidar de vuestra vida sino de nuestra reputación... Y tenía la intuición de que seríais perfectos el uno al otro...

Y eso que sabía poco de vos Mitsuomi-san... unas leves notas venidas desde lejos...

Dijo esto último intrigantemente...

Ahora, al principio de la primavera, muchos pétalos de cerezo caen sobre los ríos y la corriente los arrastra hasta costa extrañas, como las de esta ciudad.

Y Mitsuomi sabía perfectamente en qué corriente había viajado esos pétalos que eran las "leves notas" de Asako Emi. Al parecer Isawa Mizuno era un aliado muchísimo más implicado de lo que había pensado en un momento. Desde su lejana atalaya en Kyuden Isawa, el Maestro del Agua había dispuesto el tablero adecuado para se desarrollasen las diferentes luchas entre los candidatos, y al parecer, había dispuesto las cosas para que Mitsuomi fuese uno de los favorecidos.

Mucha gente estaba al tanto de su persona en aquella ciudad, y probablemente, Otomo Asano no sería la única persona ajena al Clan Fënix que sabría de su curiosa posición en las intrigas internas del Clan. En parte le molestaba que otros supiesen más que él acerca de la disposición general del tablero y de los movimientos que se estaban realizando, pero se resiognaba pensando que en el fondo era inevitable ser considerado como un peón en una ciudad como Otosan Uchi.

Tal vez la embajadora también le miraba de aquella manera, pero algo dentro de él se resistía a confiar en aquella opinión. Tenía fé en las palabras de Asako Emi, en que era sincera al expresar sus preocupaciones sobre el futuro del Fénix y del Concilio Elemental. De momento, lo lógico era confiar en ella, aunque nunca dejando de estar preparado.

Era el momento de aceptar las buenas intenciones de Asako Emi hacia él, para poder aprovechar par obtener la información que deseaba, pero siempre sabiendo que toda la información que le ofreciese la embajadora era un regalo de ella, una muestra de buena voluntad, un favor que sin duda esperaba una retribución adecuada. Pero Mitsuomi esaba dispuesto a pagar el precio.

Vaya, al parecer fueron las propias Fortunas las que decidieron que Akemi se convirtiese en mi yojimbo -dijo al tiempo que lucía una resplandeciente sonrisa-. No creo que pudieseis haber encontrado un yojimbo más adecuado para mí. SI os soy sincero, creo que hubiese sido bastante desagradable si se me hubiese entregado a Shiba Kaisha; no es que dude de su talento, pero digamos que su presencia me incomoda, sus ojos parecen demasiado seguros de sí mismos y esa confianza tiene algo que me perturba, algo... malicioso, sí, son ojos cargados de malicia.

Mitsuomi cayó un momento, bajando la vista al tiempo que su expresión se tornaba pensativa, como si calibrase la importancia y las consecuencias de las palabras que iba a decir a continuación.

Cuando alzó la cabeza, su mirada se clavó en la embajadora. Ya no quedaba nada de la sonrisa en su cara, pues había sido sustituida por una seriedad casi aterradora, al tiempo que sus ojos se entrecerraban, mostrándole a Asako Emi su interés por su respuesta a la pregunta que formuló a continuación.

Hay algo que deseo saber, Emi-sama, y espero que podáis contestarme, ¿por qué motivos fueron asignados cada yojimbo a sus respectivos candidatos y en especial Shiba Kaisha a Hanzo-sama?

Los samurai ya entraban con más frecuencia en el restaurante aunque tan temprano en la mañana muchos iban somnolientos hasta los taburetes o hasta las mesas y casi se dejaban caer mientras pedían entre gruñidos el desayuno. Para unos el día no le era muy agradable, por lo menos no si les sacaban del futon tan pronto.

Emi no miraba al resto, estaba centrada en la conversación, demasiado ocupada como para dejarse entorpecer por el ambiente del cual ya era de sobra conciente.

"Ese es un tema peculiar..."

Dijo secamente mientras le miraba a los ojos y unía fuertemente sus manos.

"Cuando debimos elegir el yojimbo de Hanzo-sama... ambos queríamos hacerlo... Sin embargo... por una serie de circunstancias... Kondou-san fue el que "ganó" la disputa... Digamos que muchas veces es muy complicado tomar decisiones y más si no somos iguales... y en este caso...

Sin embargo he de decir que me sorprendió que cogiera a Kaisha-san... teniendo en cuenta que se encontraba un hombre mucho más apto según sus... ideales... cerca... Es algo que me ha desconcertado y que veo que sois muy perspicaz si no se os ha pasado por alto...

Lo cierto es que no lo sé con certeza... no sé que hace un hombre como Kaisha, con su pensamiento, no sirviendo a Hanzo-sama, que pueden tener una mente parecida en ciertas cosas... sino elegido por alguien como Kondou-san..

Te mentiria si te dijera que sé el motivo y más si te dijera que no me escama... Pero también te mentiría si te diejera que todo es sencillo y con motivos claros como el agua...

Lo que si puedo decir con certeza es que estoy en ello..."

Calló unos segundos y miró por la ventana y luego preguntó:

"Una pregunta... Mitsuomi-san... ayer por la tarde y la noche estuvisteis fuera... ¿Puedo saber por dónde? No creáis que es descortesía... sólo... respondedme por favor... y luego os diré el motivo de mi pregunta si os interesa..."

Muy bien, tras la pregunta de Mitsuomi, Emi tenía todo el derecho a preguntar de una manera igual de directa; sin embargo, había hecho la única pregunta que Mitsuomi no podía responder, al menos totalmente.

¿Recordáis que Kondou-sama en la comida me llevó a parte para darme una carta. Estaba sellada y obviamente el embajador no la había abierto. La carta llevaba el mon Otomo...

No terminó la frase, dejó que el nombre de aquella familia resonase en los oidos y la mente de Emi. Lo más probable es que la embajadora supiera de la carta, aunque igual que Kondou ignorase su contenido, así que la mención de Mitsuomi a dicha misiva sólo podía interpretarla como que sus tareas de la tarde habían tenido relación con aquel papel y que su silencio denotaba algún tipo de encuentro o misión secreta que el ishi estaba obligado a no revelar.

Mitsuomi no se sentía cómodo haciendo aquello, ocultándole información a la embajadora, pero era necesario pues así lo había impuesto Otomo Asano. SIn embargo, se dio cuenta de que aquello bien podía convertirse en una inesperada ventaja, pues de aquella manera Emi pensaría que Mitsuomi había sido reclamado por la prestigiosa familia Otomo y aquello podía llevarle a pensar que Mitsuomi tenía unos elevados contactos, lo cual le favorecería a la hora de ser considerado como adecuado para ser Maestro del Vacío.

Tras la comida fui a comprar dulces a Yum-Yum Mochi y me encontré con Kazumi-san. Una joven sorprendente. Tuvimos una conversación muy interesante. Después... bueno, digamos que ciertas cartas tienen que ser respondidas en persona. Y, finalmente, estuve cenando con Arousou-san y Hensuke-san en el Luz del Cielo. Luego volví a la residencia.

Un resumen escueto, pero completamente sincero. Esperaba que Emi se diese cuenta del secretismo con el que pretendía ocultar su cita de la tarde y había tratado mediante su tono y su mirada, darle a entender que dicho silencio le era impuesto y no algo que el desease. Si la embajadora insistía en aquella dirección, Mitsuomi debería revelarle que se le había prohibido hablar sobre ello y no deseaba hablar tan claro.

Un tarde y una noche muy interesantes, llenas de encuentros y de sorpresas muy agradables. Pero, Emi-sama, ¿por qué deseáis saber sobre mis actividades vespertinas?

La pregunta acerca de los Otomo, la pregunta acerca de Asano, la pregunta acerca de lo que no debía nunca llegó. Al igual que su mirada calmada no desaparecía y su sonrisa amable no se desvanecía de sus labios pintados de rojo. Emi era una turba de sentimientos contrapuestos, había una inteligencia en sus ojos que denotaba un enreversamiento típico de un koan. El fondo era tan simple que dolía pero la presencia, la fachada era terriblemente confusa.

"Vaya tarde más interesante..."

Dejó que su sonrisa saliera poco a poco y luego miró por la ventana un segundo para ver la clara luz saliendo por las rendijas de la ventana.

"Lo decía porque ayer... hubo una visita en la Embajada en tu ausencia que es más que interesante... Y, siendo sincera... no es que me agradara especialmente saber que nos vigilaban tan de cerca, y no es porque ese hombre no fuera amable pero... Bueno... primero está su carta de los Otomo y luego la visita de un Seppun..."

Su tono se tornó serio de repente y cruzó los dedos sobre la mesa mientras su postura era cada vez más regia y parecida a lo que era el emblema dela embajada,o una de ellas.

"Verás... me había preguntado si os lo habíais topado... puesto que parecía muy interesado en entrevistarse con los que residíais en la Residencia tras la Embajada... Habló con Hanzo-sama, Kazumi-san, Seiruo-san y Kuro-san... pero parecía que quería veros a todos por lo que no me extrañaría que hoy mismo lo viérais...

No sé como deciroslo Mitsuomi-san... pero me temo que tenemos que ser cautos con las familias imperiales... Por eso os he preguntado... por eso siento haber tenido que ser descortés..."

Entendedla... hablaba en segundas... hablaba de que un juego a alta escla había empezado y ella rastreaba el porqué, las fuentes, los implicados, pero, sobretodo, proteger las fichas de sulado... aunque sabía que esta vez ella no jugaba era parte del juego, quizás por eso era más precabida.

Siempre se ha de ser cauto con las familias impereriales.

Y Mitsuomi hablaba por propia experiencia, pues ya había conocido a dos Otomo: Otomo Asano y... Otomo Kazutaka. MItsuomi se estremeció ligeramente al recordar a aquel hombre, a aquel ser repugnante al que había llegado a despreciar y temer al mismo tiempo, ambos sentimientos de una intensidad tal que todavía le afectaban cuando evocaba lo ocurrido cinco años atrás.

Al trazar sus planes en Kyuden Isawa, antes de llegar a la Capital, había decidido no intentar en ningún momento tener algún contacto con las familias imperiales, no sólo porque pensase que no tenía realmente la capacidad necesaria para llevar su juego a tan altas esancias, sino porque el precio de los favores podría ser demasiado elevado.

Realmente, sólo temia a los Otomo. Los Miya eran la familia imperial con menos poder y riquezas, si bien Mitsuomi los respetaba por encima de las otras dos, pues su dedicación para favorecer a los más necesitados a costa de su propia opulencia era encomiable. Los Seppun eran una familia principalmente de bushis, aunque su contínua presencia en la corte imperial les había otorgado sin duda una gran comprensión de los asuntos cortesanos, además de que su misión era proteger directamente al Emperador, por lo que en el fondo los asuntos políticos quedaban ligeramente al margen de sus competencias reales. Eran los Otomo quienes protegían al Hijo del Cielo de todos esos ataques invisibles que provenían de rostros ocultos tras abanicos. La habilidad de los Otomo para moverse entre los oscuros laberintos de la política imperial era casi legendaria, pero su crueldad también; eran intocables y por ello sus apuestas eran más arriesgadas que los de los demás cortesanos. Mitsuomi sentía mucho respeto por los Otomo, no por su posición, sino por su habilidad, aunque reconocía que había algo de miedo en la fuente de dicho respeto, miedo que probablemente procedía de haberse encontrado con Otomo Kazutaka cuando aún era demasiado joven.

Los Otomo, los Miya y los Seppun poseen posiciones muy elevadas y un poder acorde a ellas, por los que podrían ser unos valiosos aliados... o peligrosos enemigos. Aunque prefiero confiar en su buen juicio y en que si deseasen interferir en los asuntos del Fénix, especialmente en lo referente a la elección del Concilio o al Campeonato de Jade será por el bien del Fénix y del Imperio.

Al decir la última frase, Mitsuomi no había mirado a su alrededor, manteniendo siempre la vista en Asako Emi, pero sin duda deseaba hacerlo, pues le hubiese gustado comprobar si alguno de los demás clientes del local les prestaba una atención excesiva. ¿Acaso Otomo Asano no era conocida como "los Ojos" de Otomo Nishi?

En cuanto a ese Seppun... Ya tenía constancia de su visita, si bien aún no sé qué habló con aquellos a los que encontró en la Embajada, aunque pensaba preguntarle por ello a Kuro-san o Seyrio-san, pues he quedado a comer con ellos y tal vez me atreva a preguntárselo a Hanzo-sama, ahora cuando vayamos a la Biblioteca Kasuga. Si se entrevistó con candidatos, probablemente sería algo que ver con la elección de los Maestros, aunque no descartaría que estuviese informándose para decidir cuestiones referentes al Campeonato de Jade. Todo es posible. Pero, ¿sabéis vos algo de lo que habló con los candidatos y con Hanzo-sama? Y, por cierto, ¿se sabe quién era y qué posición tiene?

Mitsuomi prefería obtener la información de Emi que de Hanzo, pues probablemente la de la embajadora fuera más extensa y tal vez más acertada, incluso, temía, más sincera. Asako Emi sin duda era una gran mujer y a Mitsuomi le gustaba que fuese aliada de Isawa Mizuno y, probablemente, una aliada suya, o al menos eso deseaba. ¿De qué bando sería exactamente Emi? Probablemente o sería de los renovadores o se mantenía en un puesto intermedio, como Mizuno y el propio Mitsuomi. Lo que era evidente es que ella se preocupaba mucho por el Fénix y, tal vez, por él.

El local parecía tranquilo, aunque en cierta medida estaba lleno de gente interesante, había leones, había un par de grullas, había un Seppun que entraba para desayunar y luego hacer su guardia, un par de trabajadores, y tres fenix. Normal, sin embargo toda precaución era poca... lo sabías, pero ante ataques invisbles... qué podías hacer más que tener cuidado con la gente que pasaba a vuestro lado para ir o venir de alguna mesa.

Emi te llamó la atención cuando empezó a hablar acerca de aquel incidente.

Su nombre es Seppun Daisetsu, Capitán de la Guardia de la Rosa. Dijo solemnemente.- Y que yo sepa, estuvo en la embajada en calidad de voz del Emperador... Dijo esto despacio y no muy alto.- Parecía interesado en saber cómo iba la elecciónde los Maestros, en saber cómo funcionan sus elementos y sobretodo en la "aptitud" para... una cena..."

Ahora fue Emi la que miró a los lados un segundo antes de proseguir.

"Verás, mañana por la noche se celebrará un gran banquete en la Ciudad Prohibida a la que estarán invitados muchísimas personalidades, desde grandes e importantes hasta promesas y gente con mucha suerte como para llegar hasta ella...

Este hombre venía viendo a los Candidatos e invitándolos tras su charla a ir a la fiesta... Y supongo que igualmente quiere contigo... aunque he de reconocer que... sus intenciones contigo... no son muy claras, aunque... bueno, creo haberle ayudado en su decisión...

Sin embargo... me perturba mucho... seguramente traía otros fines... Hablé con Hanzo-sama y me dijo que también parecía interesado en el Campeonato de Jade, no sé si lo que trataba pues era ver el nivel de magia del Fenix, aunque si ha pedido tantas explicaciones sobre los elementos no cre que sea el juez más apropiado...

Lo cierto es que sea como sea ese hombre trajo consigo cierta turbación... Primero al entrevistarse con hanzo-sama y preguntarle acerca del Campeonato. Luego con los tensai y sus preguntas acerca de su vida, elementos y la adecuación de las circunstancias para más tarde decirle acerca de lac ena. Y por supuesto su visita a mi despacho... en donde tu nombre surgió con fuerza...

No sé exactamente de dónde ha sacado que yo te he puesto a sus ojos... más lo cierto es que alguien le ha hablado de ti como Candidato a Maestro del vacío, ag que es alto secreto y te aseguro que yo no he sido... Hay alguien con los... ojos... puestos en nosotros... alguien importante... con contactos... y espero que quiera hacernos bien... porque si alguien como el que ha organizado todo aquello va en nuestra contra... no sé cómo terminará todo..."

Mitsuomi permaneció callado. No sabía qué decir. Revelarle a Asako Emi su relación con Otomo Asano era impensable, pero se sabía incapaz de mentirle a la embajadora. Ni siquiera se planteaba la posibilidad de revelarle a Emi la identidad de su misteriosa benefactora mediante indirectas y metáforas, pues al fin y al cabo eso sería como decirle su nombre directamente.

Si en las notas de Arousou, la mención de la visita del Seppun le había preocupado, la información que le estaba facilitando Asako Emi hacía que tal hecho fuese aún más trascendente. El problema era que Mitsuomi no entendía nada sobre aquello.

Si la intención de Seppun Daisetsu hubiera sido simplemente la de informar sobre la cena (acontecimiento que aparcó en su mente para tomarlo en consideración más adelante), su visita no tenía ningún sentido, puesto que para transmitir las invitaciones y las palabras del Emperador ya estaba la familia Miya. Parecía más bien que el Seppun había ido a intentar establecer contacto con los diferentes candidatos a Maestros Elementales, probablemente a conocerlos. Tenía toda la razón Emi cuando afirmaba que sin duda el Seppun no sería un buen juez a la hora de dictaminar la calidad de los conocimientos de cada uno de los tensai sobre su Elemento. Lo más probable era pensar que se trataba de un mero señuelo, enviado por alguien para saber de los candidatos, de sus aspiraciones y deseos respecto al Fénix. La pregunta era, ¿quién podía haberlo enviado?

Y la respuesta llegó inmediatamente. ¿Acaso no Capitán de la Guardia de la Rosa, la Guardia de la Emperatriz? Si los presentimientos de Mitsuomi sobre las ambiciones de Hantei Yukirohime eran acertados, era obvio que la Emperatriz Madre quisiese estar al tanto de los diferentes candidatos y de cómo llevaban los Fénix lo del rumor del Campeonato de Jade. De esta manera, había enviado a uno de sus servidores para que investigase un poco al respecto, con la excusa de la invitación a la cena. Sin embargo, Mitsuomi dudaba un poco de todo esto, puesto que sin duda la Emperatriz no habría elegido a un enviado tan torpe, cuyas palabras habían terminado por crispar a la Embajadora Fénix y sin duda al Maestro del Vacío y tal vez a los candidatos entrevistados.

Esperaba con interés el momento en que Seppun Daisetsu se dirigiese a él para hacerle las mismas preguntas que al resto. Aunque tal vez con él añadiese unas cuantas, como el por qué era Candidato a Maestro del Vacío si ya existía un Maestro del Vacío. Mitsuomi debería preparar la respuesta con cuidado, pero no pensaba que tuviese problemas para quedar bien ante el Seppun. Y si éste empezaba a interrogarle sobre la naturaleza de los Elementos... en fin, recordaba su propio Tratado a la perfección.

De todas maneras, si era un enviado de la Emperatriz, no era extraño que supiese de su persona y de su posición, pues al fin y al cabo la red de información de la Emperatriz Madre sin duda debía de ser enorme. No debía olvidarse de preguntarle por este Seppun a Asano cuando la visitase mañana y ver qué sabía ella al respecto, siempre que la araña desease compartir algo de su sabiduría con la humilde mosca atrapada en su tela.

Prestó atención entonces al asunto de la cena. Eventos de tal calibre sin duda se celebraban a menudo en la Corte Imperial, pero dado el estado actual de la situación política del Imperio, una reunión de tal calibre podía resultar una magnífica oportunidad para establecer alianzas y tratar de obstaculizar al enemigo. Sin duda, estarían presentes los mayores representantes de cada Clan, especialmente los Embajadores, y si iban a ser invitados los Candidatos a Maestro Elemental, es que era una celebración aún más importante, pues al parecer se pretendía contentar a todo el mundo y reunir a lo que debería ser la élite de Otosan Uchi. Sin duda, era una obligación para Mitsuomi el asistir, pues con un poco de suerte podría hacer una ligera toma de contacto con la Emperatriz. Al parecer era más importante de lo que parecía el quedar bien ante el Seppun, para que el informe sobre su persona fuese favorable.

Mitsuomi suspiró profundamente y de manera ostentosa. Cuántas intrigas, cuántos planes laberínticos y cuan vasto su alcance. Sin duda, la Capital era un paraíso para aquellos que gustasen de la vida cortesana llevada a su máximo extremo. Mitsuomi todavía estaba aclimatándose, pero pensó que podría llegar a acostumbrarse a aquella ciudad, a su ritmo sereno pero inexorable, donde las palabras ocultaban máscaras más impenetrables que las del Noh y donde los deseos y ambiciones de sus habitantes se entretejían...

Como una madeja de hilos de seda... Las intrigas no paran de endedarse unas con otras, giran, convergen, se enrollan, divergen, igual que un campo de hierba en el que retozan miles de serpientes. Desenredar del todo la madeja es casi imposible, pues a menudo ni siquiera son distinguibles los diferentes inicios de los hilos.

Mitsuomi acercó un poco la cabeza en dirección a la Embajadora y al hablar utilizó un tono muy bajo, casi el susurro, aunque el brillo de sus ojos revelaba la pasión que en otras circunstancias inundaría su voz.

Pero creedme, Emi-sama, que estoy convencido de que sabremos desenredar la madeja a tiempo, o al menos separar los hilos que nos afectan y que pretenden estrangularnos. Llamadme arrogante, pero tengo mucha fé en esta Primavera.

Mitsuomi retiró su cabeza, volviendo a adoptar su posición normal. Su vista abandonó al rostro de la Embajadora y sus ojos perdieron el brillo apasionado de antes. Su expresión se volvió reflexiva, mientras sus pupilas se perdían en el infinito, tal vez contemplando la madeja que tenía intención de destejer.

El primer paso para intentar separar los hilos es reconocer el principio y el final de los mismos o al menos el inicio. Información, saber, conocimiento... Creo que no os digo nada nuevo si afirmo que lo más importante ahora para nosotros es la información, saber todo lo que podamos, de nuevos enemigos y de nuestros aliados, del funcionamiento de Otosan Uchi y de la Corte Imperial. El problema es encontrar buenas fuentes de información. Supongo que vos tendréis vuestras ideas, y ciertamente yo también tengo las mías, pero nunca está de más aumentar ese número de lugares o personas de donde obtener los datos que se desean.

Mitsuomi alzó la vista y clavó sus ojos en la embajadora, no de forma intimadante ni descortés, sino con intensidad, como armándose de valor para realizar una importante petición; incluso, había algo de súplica en aquella mirada, acompañada, por supuesto, del miedo a una negativa.

Y creo que vos podéis ayudarme a este respecto. En esta ciudad hay un lugar donde se custodia una información valiosísima acerca de los residentes y visitantes en esta ciudad. Acceder a dicho registro sería una gran ayuda para... todos nosotros.

Emi dejó que una sonrisa ladeada apareciera en su rostro, ¿era irónica o acaso simplemente comprometedora? Mas bien parecía consecuencia de la concatenación de los hechos y era una sonrisa que daba razón a las evidencias.

"El Registro Asako..."

Dijo por fin con un tono medio ahogado por un suspiro.

"Sí... sabía que tarde o temprano debería tirar de esa punta del pañuelo... Hensuke-san me dijo anoche antes de acostarse que trataría de ir esta mañana... Le he dado un nombre y espero que nos sea de ayuda, sino deberé presenciarme yo misma para poder entrar en él... Son miembros de nuestro Clan los que lo llevan pero trabajan para los Imperiales, y son supervisados por estos, sin embargo... desde mi posición puedo actuar..."

Sonrió amablemente y anotó con tono de broma:

"Es lo que tiene lidiar en esta ciudad por tantos años ya... Que todo el mundo sabe todo de ti pero eso mismo es lo que te hace que te inviten a sus casas..."

Bebió algo de té y terminó su desayuno el cual había sido degustado con detenimiento y gusto.

"Y... acerca de ese hombre... Lo que puedo decirte aparte de lo dicho anteriormente es que estuvo muchos años fuera en el Reinado de Okucheo... Hace tres años que volvió a la ciudad... entonces es cuando ingresó, a los meses de vovler en la nueva Guardia Imperial, la Guardia de la Rosa... Desde entonces comparte mando con otros. Normalmente no se le ve fuera de la Ciudad Prohibida más que para sus funciones en las guardias y de la guardia. En cierto modo lo comprendo, he estado en la Ciudad Prohibida y el resto de Otosan Uchi sobra si vives allí...

Ya lo entenderás cuando entres para la cena... Bueno... como decía, este Seppun posee una gloria media, alta para un ciudadano normal de Otosan Uchi pero no es comparable con el reconocimiento que puede tener un embajador... por lo menos en mi caso..."

Le sonrió con mucha amabilidad, esa mujer cuando lo hacía te recordaba a aquella figura inexistente en tu vida, tenía la calidez de una madre...

"Bueno Mitsuomi-san... creo que sabes por donde emepzar... y te aseguro que quiero ayudarte... así que por favor no dudes en preguntar ahora si crees que hay algo más que puedo hacer o más tarde si en el transcuros de este día u otros te surgen dudas...

Puede que veas extraño esto... las intenciones ocultas es lo normal... incluso yo misma me sorprendo de no llevar las intenciones que debería o se supone que debería... pero lo único cierto es que los intereses individuales están subordinados a los del Clan y que este tiempo no está adecuado a un individuo sino a una colectividad.

El Fenix es mi vida y la daré por ella en las cortes, que es mi campo de batalla.

Mitsuomi observó detenidamente todo lo que le rodeaba. Poco a poco, a medida que la luz del sol se afianzaba, el establecimiento había ido llenándose de clientes. Mitsuomi observó los rostros de quiene ocupaban las mesas cercanas. Las expresiones eran tan variadas, las miradas tan ricas en matices; desde las esperanzas de los jóvenes samurais que esperaban en el nuevo día una oportunidad más para avanzar en sus carreras, hasta el cansancio de quienes sabían que este no era más que otro día de trabajo agotador. Pero fuese cual fuese el sentimiento que expresaban aquellos ojos -cansancio o esperanza, alegría o resignación- Mitsuomi se dio cuenta de que había vida en todos ellos, unas ganas de vivir que tracendían los triunfos y las decepciones, los pesares y las alegrías.

Aunque sólo fuera por aquel pequeño restaurante, Otosan Uchi estaba viva, latía, respiraba, sentía... Y Mitsuomi deseaba sumergirse en sus profundidades, conocer el ritmo de sus pasos, escuchar los latidos de su corazón. Como un cuerpo vivo, la capital crecía, se movía a través de los tiempos a una velocidad increíble, pero que para quienes vivían en su interior, como un nido de hormigas en el interior de un árbol, tal velocidad era la del caracol o la del movimiento de las estrellas.

Mitsuomi no aspiraba a comprenderlo todo de golpe, de hecho no pensaba que pudiese desentrañar todos los misterios de Otosan Uchi durante su breve estancia hasta que se resolviesen los diferentes asuntos del Fënix, pero sabía que la ciudad le deparaba muchas maravillas, terribles o crueles, pero maravillas al fin y al cabo; pequeños milagros a la vuelta de la esquina que pasaban desapercibidos, salvo para quien sabía mirar.

Finalmente, las dos alegres aves en que se habian convertido sus ojos, se posaron en la delicada rama plagada de flores que era el rostro de Asako Emi. Las palabras de esta mujer habían llenado de esperanza el corazón de Mitsuomi. Siempre estaba la voz que le decía que no confiase en nadie, que todos vivían continuamente con la mácara puesta, buscando sacar ventaja de cualquier pequeño error ajeno; pero había decidido no hacerle caso en lo referente a la persona de la embajadora.

Mitsuomi no había conocido a su madre, salvo una vez, y Emi le recordaba mucho a ella: tan sabia, ofreciendo las palabras necesarias para aliviar el corazón, aunque dichas palabras no siempre debían ser tiernas o amables. Estaba claro que de elegir entre Asako Emi o Isawa Kondou, él se quedaba con la Asako, aunque siempre podía depararle sorpresas la cena de la noche con el embajador Isawa.

Emi-sama, vuestras palabras resuenan en mi interior como una melodía que nos hace recordar gratas imágenes de nuestra infancia. Hablaré con Hensuke-san en lo referente al registro Asako y veré que podemos hacer, pero tened por seguro que todos trabajaremos por el bien del Fënix, olvidándonos de nuestras rivalidades y ambiciones. Somos las plumas que arden en los bordes de las alas del Fénix, las que más llamean cuando alza el vuelo, las que le permiten surcar los cielos.

Se llevo la mano al pecho, de manera que no sólo notaba bajo la tela del kimono la rosa que le había dado Akemi, sino el colgante con la gota de agua.

El sacrificio por el Clan, tal es una de las máximas más importantes del Fënix, pero no entendiendo el Clan como algo abstracto, sino como el conjunto de gente que lo forma. El sacrificio brota de la Compasión, que a su vez fluye incesante como un torrente. No fracasaremos, sé que no lo haremos, ni los Isawa, ni los Asako, ni los Shiba.

Tras un momento de silencio, Mitsuomi tomó su taza de té y le dio un pequeño sorbo.

Y hablando de los Shiba, Emi-sama, ¿sabéis que piensan ellos de todo esto?

Emi negó con la cabeza con ternura mientras te miraba detenidamente como madre que ve a su hijo tras un perioso largo de tiempo, o lo que ella cree interminable y se da cuenta de que ya es mayor, de que volará en breve del nido y de que ella no puede hacer nada para evitalo más que desearle lo mejor y quererle siempre ante todo.

"Mitsuomi-san... el Clan debe de estar dirigido por personas humanas, racionales, dignas, honorables y una enorme lista de condiciones aparte de poderosas en sus campos que es muy difícil conseguir... Por eso, nosotros, como embajadores y lso ojos de los Fénix en la ciudad debemos velar porque aquellos que creemos dignos, que ois todos, después de todo habéis llegado aquí todos, pues progreséis nunca retrocedáis...

Tu en concreto tienes mucho que adelantar... Por eso quería decirte además que... ese hombre... seguramente querrá entrevisatrse contigo tras la obra de teatro a la que esta tarde acudirás...

No te voy a decir lo que debes hacer, ni te diré que seas cauto, eso sería insultar tu más que visible inteligencia, pero no puedo negarte esa información, sobretodo porque tu ya no eres una persona... Cuando entras en Otosan Uchi, cuando vives bajo el auspicio de una Embajada... TU eres el Fénix, y tus actos son los de todos.

Por eso esta clase de entrevistas son importantes, porque somos más que una persona, somos un Clan y lo que debemos es ser uno fuerte, unido y sin rendijas, que no puedan venir desde fuera a tratar de imponernos nada."

Escuchó sus reflexiones con cuidado y meditandolas sin tomarse a la ligera ni un gesto suyo si quiera, se veía concentrada en la conversación. Al preguntar sobre los Shiba, apoyó su cara en su mano y esta en la mesa y dijo mirando por la ventana, mientras veía a dos Shibas pasar por allí.

"Como quizás te haya dicho Akemi-san... esa familia se haya igualmente dividida...

El deber les hace servir a los Isawa como siempre, desde los tiempos de Isawa Y Shiba, pero hay un sector nuevo, sobretodo de jóvenes que han estado temporadas en otros Clanes o fuera simplemente de las tierras de los Fenix que ven los nuevos tiempos como una oportunidad para darle un nuevo aire al Clan. ¿Verdad Akemi-san?"

Dijo sonriéndole a la Shiba ahora. Akemi bajó la cabeza un poco sin responder nada.

"El señor de los Shiba, Shiba Ruriko-sama, posee una posición algo ambigua... Sus relaciones con la Grulla y con otros clanes hacen pensar que posee una posición más innovadora, pero sus servicios siempre rondan a los Isawa y siempre se le ha visto servicial para con el Consejo... Así pues... los Shiba siguen protegiendo a nuestro clan con deboción y con su opinión guardada... aunque no sabemos por cuanto tiempo..."

Para mi, aquello fue el acto más noble de toda la historia del Imperio...

La voz de Mitsuomi se perdió en la distancia, seguida por su mirada.

Un kami arrodillándose ante un mortal... Nunca se ha visto y nunca se verá otro acontecimiento de tal magnitud. Fue un acto tan... hermoso, sí, no tengo otra palabra para definirlo: simplemente... hermoso.

Mitsuomi abandonó su ensimismamiento y volvió a prestar su atención en la embajadora. Fuera del restaurante, los ruidos de la vida diaria de la ciudad iban cobrando más y más intensidad. En el interior del local, el movimiento de los clientes era muy fluido, a medida que los que terminaban sus desayunos partían hacia sus tareas, mientras llegaban quienes terminaban guardias nocturnas o se había levantado más tarde pues su posición y sus funciones se lo permitían. Pero en el trasiego general, la mesa donde se encontraban Emi, Mitsuomi y Akemi pemanecía en silencio, como una isla en medio de un mar embravecido.

Admiro a Shiba por encima de cualquier otro Kami, tal vez sólo Doji me sea tan grata como el fundador del Fénix. Hacer un juramento de tal calibre y además de la forma en la que lo hizo... no creo que Akodo hubiera hecho algo semejante. Para mí aquellos que siguen su ejemplo, es decir, la familia Shiba son realmente el epítome del samurai, el ejemplo que deberían de seguir los bushi de los demás clanes. Que el León se vanaglorie del brillo de sus armaduras, sólo los Shiba conocen realmente el significado de lo que es ser un samurai, el sacrificio que conlleva ser "los que sirven".

La voz de Mitsuomi se volvió más profunda, más cálida, como si pretendiese hablar de asuntos de carácer personal, dando rienda suelta a sus sentimientos más íntimos. Pero por un momento sus ojos se desviaron ligeramente hacia la derecha, como si quisiesen mirar hacia atrás. Sus palabras ya no iban dirigidas hacia Asako Emi, sino a quien se sentaba a su espalda.

Los Shiba aceptan su misión de buen grado, no con resignación, sino con esa alegría y ese orgullo que nacen del verdadero Honor. El Fénix no sería lo mismo sin los Shiba, y los Isawa tampoco podríamos recorrer tranquilamente nuestras bibliotecas si no supiéramos que ellos nos protegen, al igual que a los Asako. Los yojimbos Shiba son un orgullo para el Fénix y aquellos de mi familia que los desprecian por su incapacidad para tratar con los kami no son dignos de los dones que poseen.

Sonrió débilmente, esperando que Akemi hubiese entendido sus halagos, los cuales, por otra parte habían sido tal vez demasiado evidentes y directos, pero no había sabido expresarse de otra manera. Sí, sin duda la verdad transformaba las palabras, les otorgaba la claridad del diamante. Pero Mitsuomi no se arrpentía de estar hablando así, todo lo contrario, aquel sitio no era la Corte y aquí no había ningún juego que ganar, especialmente si se trataba de hablar al respecto de Akemi, pues Mitsuomi sabía que con ella no había necesidad de jugar, pues ambos ya habían ganado.

Miró a la embajadora con una sonrisa y volvió a hablar, esta vez dirigiéndose completamente a Asako Emi.

No me es posible concebir que los Shiba decidieran abandonar su tarea ancestral, pero entiendo que hay quienes entre los jóvenes puedan sentirse extraños en un clan dominado por los shugenja. Pero no creo que sus desacuerdos a este respecto lleven a ningún conflicto importante, pues la edad trae madurez y la madurez tranquilidad y paz de espíritu, a la vez que una visión más completa de las cosas. El Campeón Shiba debe gobernar el Clan junto con el Consejo Elemental y creedme que si por mi fuese la voz de los Shiba, igual que la de los Asako, sería escuchada con todo el respeto que merece en la Sala del Consejo.

Me gustaría si fuese posible, poder hablar con Shiba Ruriko-sama, no sólo para conocer su visión de las cosas, sino para tratar algunos temas entre las relaciones Shiba-Isawa y las del Fénix con los otros Clanes. ¿Creéis que sería posible que se me concediese una audiencia con Ruriko-sama?

La seda crujió a tus espaldas, puesto que Akemi había agachado su cabeza y algo su cuerpo ante el rubor de sus preciosas mejillas. Emi había desviado un segundo, como tu, la mirada hacia ella y en sus labios se había pintado una sonrisa maternal.

"Los Shiba no tratan de ponerse ante las demás familias... Explicó.- Ni si quiera la nueva corriente... más bien yo diría que lo que los jóvenes quieren es más implicación con el Imperio del que somos parte... Es un tiempo turbulento y necesitamos el valor, coraje y arrojo necesarios como para salir de las Bibliotecas y llevar la paz y la sabiduría allende nuestras tierras... Es esa misma esperanza la que mueve a estos jóvenes indómitos y soñadores..."

Dijo con aquella sonrisa aún en sus labios, mientras dejaba a un lado los palillos a un lado y llenaba su taza de té de nuevo, tras hacerlo en la tuya. Luego miró por la ventana pensativa y te respondió:

"Mmm... Ruriko-sama... se encaminó unos tres días después de vuestra salida de Kyuden Isawa hacia la Capital... sin embargo... Tengo constancia de que viajaba con una escolta mínima, por no decir con sus dos yojimbos y hombres de confianza y que esta mañana llegaba a la Ciudad Imperial...

Supongo que... si hablo con ella esta tarde podría cocnertar para mañana por la mañana una cita contigo... siempre que..."

Sus palabras quedaron entrecortadas un segundo y te miró a los ojos:

"Pero... para que Ruriko-sama te atienda tan diligente y rápidamente no sólo debería pedirselo como algo excepcional además de decirle qué motivos te llevan a hablar con ella... Pura formalidad, pero deberás entender que la Señora de los Shiba estará muy ocupada y necesitará saber exactamente quien y de qué viene a hablarle."

La seda crujió a tus espaldas, puesto que Akemi había agachado su cabeza y algo su cuerpo ante el rubor de sus preciosas mejillas. Emi había desviado un segundo, como tu, la mirada hacia ella y en sus labios se había pintado una sonrisa maternal.

"Los Shiba no tratan de ponerse ante las demás familias... Explicó.- Ni si quiera la nueva corriente... más bien yo diría que lo que los jóvenes quieren es más implicación con el Imperio del que somos parte... Es un tiempo turbulento y necesitamos el valor, coraje y arrojo necesarios como para salir de las Bibliotecas y llevar la paz y la sabiduría allende nuestras tierras... Es esa misma esperanza la que mueve a estos jóvenes indómitos y soñadores..."

Dijo con aquella sonrisa aún en sus labios, mientras dejaba a un lado los palillos a un lado y llenaba su taza de té de nuevo, tras hacerlo en la tuya. Luego miró por la ventana pensativa y te respondió:

"Mmm... Ruriko-sama... se encaminó unos tres días después de vuestra salida de Kyuden Isawa hacia la Capital... sin embargo... Tengo constancia de que viajaba con una escolta mínima, por no decir con sus dos yojimbos y hombres de confianza y que esta mañana llegaba a la Ciudad Imperial...

Supongo que... si hablo con ella esta tarde podría cocnertar para mañana por la mañana una cita contigo... siempre que..."

Sus palabras quedaron entrecortadas un segundo y te miró a los ojos:

"Pero... para que Ruriko-sama te atienda tan diligente y rápidamente no sólo debería pedirselo como algo excepcional además de decirle qué motivos te llevan a hablar con ella... Pura formalidad, pero deberás entender que la Señora de los Shiba estará muy ocupada y necesitará saber exactamente quien y de qué viene a hablarle."

Emi pareció ni tomarse a la ligera tus palabras, ni subestimarlas o sobreestimarlas, ni demostrar ninguina clase de intención acerca de ellas, más bien no denotó nada en su cara, ni siquiera un interés excesivo, más bien parecía recluida en su mente, en su gran biblioteca inaxesible.

"Ruriko-sama posee una opiniçon difenrete a la tuya, no sabría muy bien qué decirte acerca de ella, pues no sé muy bien cómo se tomará tus indicaciones... Puede que ella tenga planeado otra cosa... pero de por seguro no le importará en absoluto como mínimo escuchar tu consejo y decidir con más puntos de vista...

Sin embargo he de advertirte una cosa... Tal y como me hablas de la katana como elemento de guerra, los akodo opinan que también es un instrumento de paz...

Sólo quiero que medites esto antes de que hable con ella, pues creo razonable tu petición y trataré de hacersela llegar...

¿Crees que hay otro ejército en el Imperio que posea unos líderes y unos bushis tan piadosos como los nuestros? Es decir, cada cual se guía por un precepto, los Akodo son valeroso y muy tácticos, la Grulla sutil y fría que cae con fuerza como la nieve. Los Cangrejos contundentes, los Escorpiones traicioneros en sus tácticas como en la corte y los Dragones misteriosos hasta para el combate... Si nosotros somos los más dados a obedecer, a ser justos y pacifistas... ¿No sería bueno tenernos entre los líderes? ¿No sería como tener un general Miya? ¿Alguien preocupado por hacer del arte de la guerra un arte para traer la paz? ¿Tan descabellado es?

No es que lo apoye, sólo quería mostrarte el revés de tus palabras, porque creo que es imprescindible para tu entrevista con Ruriko-sama...

¿Y bien Mitsuomi-san?"

Sí, tan descabellado es.

Mitsuomi alzó la vista. En sus ojos había una voluntad inquebrantable, una confianza casi ciega en sus palabras. Conocía de sobras la réplica que había expresado la embajadora y creía saber como rebatirla.

Los opuestos existen para no encontrarse nunca, pues se anulan el uno al otro. Lo mismo sucede con la Guerra y la Paz: como los dos extremos de un hilo existen para estar separadas y si se unieran sólo sería por una alteración, por una mano que juntase los dos cabos de una cuerda para hacer un nudo y, de esa forma, retorcer la pureza de la línea.

Dice Akodo que el arte de la guerra es el arte de la paz, pero yo prefiero otra cita del Sun Tao, en la que se afirma que "el mejor general es el que gana guerras sin ir a la batalla". El conflicto es necesario para que las cosas avancen, pero las guerras no producen avance alguno, pues ambos bandos pierden mucho. Pueblos y aldeas quemados, campos de arroz rojos por la sangre derramada... Sea cual sea el bando ganador, ambos han perdido.

Entiendo que hay quienes basan el honor y el valor de un samurai únicamente en el campo de batalla, pero eso no es más que una visión muy limitada de lo que es ser un samurai. Samurai... "los que sirven"... ¿Y a quién servimos? Al Imperio ¿Y acaso ayudamos al Imperio si nos enzarzamos en incontables guerras con nuestros hermanos de los demás Clanes? ¿Qué honor o que triunfo hay en eso? Una katana envainada cuando lo más fácil sería desenvainarla a mi entender reporta más honor a su portador que el goteo de la sangre ajena manchando el filo a la menor oportunidad.

Dice el Tao:

El hombre de bondad superior es como el Agua.
La bondad del Agua consiste en que a todos sirve sin conflicto.

¿Y no resulta curioso que ese Agua que Shinsei considera al servicio de todos, pero sin provocar conflictos, sea el Elemento que rige tanto la Fuerza como la estrategia militar?

La Paz brota de la Armonía: cuando todos los Clanes cumplen su función en el Imperio, entonces las batallas no son necesarias y Rokugan puede prosperar. Pero para llevar a cabo perfectamente su función, cada Clan debe ceder, cada Clan debe rendirse a una voluntad superior -la del Imperio y su Emperador- y sólo al arrodillarse, como hizo Shiba en los albores del Imperio, y comprender el propio deber al servicio de los demás, se llega a la verdadera comprensión de lo que es ser un samurai. La Compasión, tal es la virtud principal del Bushido de la que brotan todas las demás, tal es la virtud del Agua.

¿Deben entonces los pacíficos enseñar a los violentos? Por supuesto. ¿Y deben hacerlo imponiendo su voluntad a la de ellos, teniendo como mira el bien de Rokugan, de manera que cualquier método, incluso la fuerza, resultaría válido? Jamás, pues entonces no habría diferencia entre el maestro y el alumno y en ese caso nada podría ser aprendido. Al llevar a cabo una acción, la Intención y el Acto deben guardar en su interior un mismo espíritu, pues si no, el Medio invalidará el Fin por mucho que la Intención sea buena.

A este respecto me parece encomiable la proeza de aquella samurai-ko Grulla que sin desenvainar la katana en ninguna ocasión, detuvo ella sola a un Maestro del Aire completamente enloquecido. Los Asahina son los mayores exponentes de estas ideas y, aunque a otros les parezca debilidad, su resolución a seguir sus ideales pacíficos incluso a costa de su propia vida, no es sino la mayor de las fortalezas. ¿Acaso no lo daría todo un samurai por defender el Bushido?

¿Y acaso desean los Asahina el poder para imponer a otros sus ideales? No, se limitan a ocupar su lugar, como el Agua. Así hemos de ser nosotros también, como el Agua...

Mitsuomi cerró los ojos por un momento. Añoraba la playa junto a Kyuden Isawa, la visión del mar al atardecer desde el palacio. ¿Por qué no lo comprendían? ¿por qué los Clanes se enzarzaban en guerras inútiles por el control de la tierra o del favor del Emperador? Vanidad, pura y simple vanidad, pero sobre todo... miedo.

Era demasiado triste. Y más todavía cuando la respuesta estaba tan al alcance de la mano. Una fuente, un estanque, un río o el infinito mar... Tantas verdades como gotas.

En ocasiones, cuando algo le perturbaba, Mitsuomi se había descubierto deseando que ojalá lloviera sin parar durante días y días, hasta que todo el Imperio estuviese inundado. ¿Se darían cuenta entonces los León, mientra se ahogaban, de lo inútil de sus contiendas y de la fragilidad de sus espadas?

"Encomiable respuesta.- Dijo simplemente la Asako mientras estudiaba su rostro teñido de aquella melancolía.- Espero que sepáis defender tales argumentos con igual destreza léxica delante de Ruriko-sama que delante mía, pues es a ella a quien tenéis que convencer... Y me temo que os será un rival más duro de lo que yo puedo seros, pues no deseo otra cosa que no sea la paz, al igual que vos... Pero ya sabéis de sobra que como copos de nieve cada uno posee una opinión acerca del mundo, del Imperio, todas diferentes...

La posada ahora estaba llena de gente, entraban y salían, bulliciosos, alegres, atentos de los buenos días que daba Amaterasu en el firmamento. Un Miya había entrado y a su alredeor se habían congregado varios samurais inquiriéndole con preguntas acerca de cierto rumor...

"¿Es verdad eso de la cena Tsuru?.- Preguntó un joven samurai grulla al shisha que poseía más o menos la misma edad.- ¿Es verdad eso de la cena en el Palacio Imperial?"

El shisha asintió despacio.

"Ajá. Vengo ahora mismo de recoger el heraldo para que sean leidos en sus destinos."

"¿Y ya están las listas?".- Preguntó ansioso un samurai Shiba que parecía amigo del grulla.

"No, aún no están las definitivas, sólo los invitados de mayor rango que se sabían desde un principio que acudirían. La lista completa estará mañana."

"Pero... ¡Eso hará que apenas le de tiempo a los que estén invitados de elegir sus vestimentas!" Exclamó el grulla.

"Jejeje." El Miya rio de su compañero, el cual puso cara de incredulidad, mientras este le daba un par de golpecitos en el homrbo.- "Te aseguro que, quien va a ir ya lo sabe, incluso los nuevos, a muy pocos les pillará por sorpresa. Peeero, me temo que no puedo deciros más, el resto sólo incumbe a quienes son partícipes de esto."

Los otros dos refunfuñaron mientras el Miya se despedía de ellos diciendo:

"Más suerte la próxima vez. Si no os hubiérais dormido en los laureles habríais sido lo suficientemente llamativos para que su Alteza Imperial se fijara en vosotros. Pero me temo que la mediocirdad, o, mejor dicho, los que no desean por pereza salir de ella no están invitados a contemplar a su Alteza Imperial y menos a la Rosa Dorada."

Y el Miya se marchó dejando a los otros dos refunfuñando y sentándose de nuevo en su mesa.

Emi miró a Mitsuomi sumamente divertida por lo que acaba a de ver.

"Si todos los samurais fueran como ellos no tendríamos guerras de las que preocuparnos. Sin embargo, quien estarán mañana en la cena serán los maypres estrategas, instigadores, sabios,... Es decir, los mejores en sus campos, aquellos que llegarán a serlo y sobretodo los que siempre lo serán. Los que mueven el Imperio, hacia ellos son los que debes enfocar tu energía... Rio bajito y concluyó diciendo.- Veo que la cena dará mucho que hablar... Y que más de uno se peleará por ir... eso es bueno, instigar un poco la deportiva y sana competitividad hace que nos desarrollemos."

No negaré que a veces los pequeños conflictos pueden llegar a ser tremendamente provechos y también enormemente... divertidos.

Mitsuomi se permitió una leve risita con la que acompañar sus palabras. A él también le había divertido la escena, aunque conocía el peligro de esa misma risa. La razón principal de que aquello le pareciese divertido era la ignorancia de los samurai respecto a la cena de la noche siguiente, pero no solo su desconocimiento de aquel hecho, sino que lo que le provocaba semejante satisfacción era su propio conocimiento de la información que ocultaba el Miya.

La superioridad a menudo provocaba tales risitas, pues el fuerte (ya sea fisicamente o en la información que posee) mira al débil desde lo alto, igual que un hombre contempla las hormigas. La altura desde la que se miraba provocaba una pérdida de perspectiva y tal era la causa de la vanidad inherente a esa risita.

Y esa falta de perspectiva era precisamente el mayor peligro del poder, de poseer una posición elevada. Por eso, el gobernante debía cuidarse mucho de contemplar a sus súbditos como hormigas, pues entonces desatendería sus verdaderas funciones, que eran las de cuidar de sus gentes, atendiendo a sus necesidades, comprendiendo sus virtudes y sus carencias, administrando con justicia. Y era el Emperador el que estaba más amenazado por aquella risa estúpida, pues al estar en la cúspide, su visión era la más alta y, por tanto, la más lejana. Mitsuomi bajó por un momento la cabeza para rogarle a las Fortunas que dirigieran bien la vista del joven Hantei.

Sí, la sana rivalidad nos ayuda a progresar (y no os negaré que esto lo se por experiencia), el problema es cuando se llevan las cosas demasiado lejos, como si se tensase tanto la cuerda de una biwa que esta se rompiese.

Y decidme, ¿qué pequeñas rivalidades creeis que se darán en la cena? ¿a qué sutiles juegos no programados asistiremos?

El Miya pasó al fondo de la sala y al pasar por delante de vuestra mesa se inclinó muy respetuosamente ante Emi y la saludó:

"Buenos días honorable embajadora Emi-sama, espero que el día le sea provechoso a vos y a su acompañante."

Y tras un leve saludo de la cabeza de Emi el Miya siguió su camino. Emi volvió la cara hacia ti y prosiguió con vuestra plática tras anotar:

"Soy conocida en la casa Miya... por mi rabajo..."

Dijo humildemente, seguramente sería el doble, puesto que Emi, como ya te enterarías más tarde era más que conocida y respetada en la ciudad era una mujer que respiraba a la par de Otosan Uchi.

"¿Sutiles juegos dices?"

preguntó con los ojos levemente entrabiertos como sorprendida y luego emepzó a reirse de manera muy cortés siempre y anda hiriente.

"No, no querido Mitsuomi-san... eso será la guerra!"

Dijo muy divertida entre risas.

"Los frentes se abrirán desde las mesas más cercanas al Hantei... los daymios empezarán a luchar sin cuartel en un baile más lento... Pero en el siguiente nievl... entre los embajadores... jajaja... me temo que ahí lo único que faltará serán el desenvaino de katanas... jajaja... Estarán los mayores intrigadores y sabios de la Ciudad y todo ello amenizado con nuestros hermanos Otomos... esa noche tendré que temer más por mis espaldas que estando metida en las Tierras Sombrías jajaja...

Y vuestro estrato sin duda también presentará problemas... es demasiado tentador no querer sobresalir en una cena así... las sutilezas serán como látigos y esa noche... mi buen Mitsuomi-san... os aseguro que deberéis emplearos a fondo... Iran toda clase de personajes y cada uno con sus objetivos... Unos sólo quedar bien, otros porpdoer, prestigio, gloria, por tratos ocultos,...

¡De todo querido! Esta es la corte mayor del Imperio, esat es Otosan Uchi y el baile es tan sumamente delicado que sólo sería superadas las pláticas que tendrás en el Tengoku con los kamis!

Vas a asistir al baile de máscaras más maravilloso del mundo tras la Corte de Invierno, un mero recordatorio del glamour de esta estación, pero en la que no faltarán alicientes que nos hagan pensar que el invierno se ha retrasado y que aún estamos en esas fechas y en esos menesteres..."

Mitsuomi inclinó la cabeza respetuosamente ante el Miya cuando el sisha saludó a la embajadora. De las tres familias imperiales, a la que le tenía un mayor respeto o por la que sentía una mayor afinidad eran los Miya, pues valoraba enormemente su dedicación a la diplomacia y a la paz; a los Otomo también los tenía en alta consideación, no sólo por su devoción hacia el Trono, sino también por su habilidad política, si bien se daba cuenta de que el respeto inspirado por los Otomo provenía más bien de un halo intimidante alrededor del nombre de la familia: los Otomo recibían respeto más por el miedo que generaban que por admiración.

Mitsuomi nunca había considerado seriamente el matrimonio, salvo si con una boda conseguía alguna ventaja política para el Clan. Pero a veces se había encontrado fantaseando sobre una posible futura esposa y a menudo esa mujer llevaba el mon de la familia Miya. No era un hombre libidinoso ni que prestase demasiada atención a los placeres de la carne, pero tenía la esperanza de que aquella Miya sin nombre fuese hermosa, delicada, una bella flor que proteger entre las manos.

Pero Mitsuomi sabía que aquellas fantasías eran inútiles, al menos en la situación en la que se encontraba. Lo que él había preguntado de una manera sutil y con algo de sarcasmo en su voz, Emi lo había descrito de una manera mucho más realista, aunque no le estaba contando al ishi nada que no pudiera deducir él mismo.

Por supuesto que sabía que la cena iba a ser una guerra encubierta, no entre los grandes daimyos, pero si entre los cortesanos tal vez de menor posición, pero sin duda de mayor influencia en la Corte Imperial. Como en todos los eventos importantes celebrados en el interior de la Ciudad Prohibida, los embajadora de los distintos clanes aprovecharían para llamar la atención del Emperador, o de la Emperatriz Madre, al tiempo que se enzarzaban en disputas dialecticas y llevaban a cabo sus peligrosas intrigas tras el hermoso escudo de sus abanicos de papel y bambú.

El problema era que él mismo no sabía muy bien cuales serían sus objetivos en dicha cena, lo único que tenía claro es que deseaba estar en ella. Tal vez sería una buena oportunidad para acercarse a los embajadores Cangrejo y Dragón, y muy probablemente algo sucedería con Doki Aki e Ikoma Toushi, tras la reunión que esperaba que mantuvieran los tes en el Loto y el Pétalo.

Y luego siempre debía considerarse con cuidado la presencia tanto de la Emperatriz Madre como del propio Hijo del Cielo. No pensaba acercarse al Emperador, sería una osadía demasiado grande y probablemente un esfuerzo que pasaría desaperdicibido entre tanta gente realmente importante, al fin y al cabo él todvía no era el Maestro del Vacío, ni siquiera un candidato oficial a tal puesto. Sin embargo, sí que tenía un plan de acción respecto a la Emperatriz, aunque tenía dos vías para conseguir lo que deseaba, la atención de aquella mujer, y sólo se decidiría por una de las dos dependiendo de como transcurriese el evento.

Por supuesto, Emi-sama, no dudo que los abanicos aletearán tan fuerte esa noche que puede que los pétalos en vzr de caer, vuelvan a las ramas, elevados por fuertes vientos.

Acompañó la broma con una leve sonrisa, dándole a entender a la Asako que comprendía la importancia de lo que iba a suceder en la cena, pero que a la vez se permitía el lujo de bromear respecto a ello porque se sentia invadido por la tranquilidad de saberse preparado para afrontar el reto.

Con el mismo tono alegre y distendido, le preguntó a la embajadora:

¿Tenéis ya alguna línea de acción para la cena? Tal vez ya os hayáis planteado con quién entablar conversación para conseguir algún tipo de alianza o acuerdo, o puede incluso que ya tengáis con quien entablar una de esas animadas batallas que me habéis mencionado, sí, esas en las que casi se desenvainan katanas.

De nuevo otra sonrisa, esta vez acompañada de una leve risita. Sabía pefectamente que aquel sería el único momento en el que podría reír de aquella manera, puesto que en la cena todo serían máscaras y los dientes mostrados en las carcajadas serían los de las fieras a punto de devorar a su presa.

Me pregunto también si los Fénix haremos un frente común, con una estrategia global en la que cada uno tengamos un papel asignado, o si por el contrario iremos cada uno por nuestra cuenta, tratando de llevar a cabo planes propios o simpemente... tratando de fisfrutar del espectáculo.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 10:06 pm

"Al respecto de la posición del Fénix para la cena, Kondou-san y yo hemos pensado en comer ese día todos juntos y exponeros los puntos que deberíais seguir todos en conjunto... Dejando siempre un margen de libertad, pero creemos que cierta compenetración debemos tener..."

Miró en derredor en donde viendo el sitio en donde el Miya se había sentado, los jovenes que charlaban y los que entraban y salían y prosiguió:

"En cuanto a mi postura... he estado hablando con algunos... y creo que haré lo que siempre he hecho y lo que creo que debe ser nuestra función... Le arrebataré campo a los Miya. Dijo entre risas.- Y me combertiré esa noche en pacificadora de ánimos escaldados... jajaja

Muchos se crisparán así que necesitarán que haya un tranquilo ki que equilibrie el arrebato... por ello me veo como el mayor problema de Jubei-san el Embajador Escorpión. Esa noche me odiará por meterme entremedio de susdisputas con Aki-san jajaja

Pero lo cierto es que más que preocuparme por nuestro interés, Mitsuomi-san, deberías pensar en tí. aparte derealizar las funciones que os digamos, el resto esatrá a buen recaudo y te quedará tiempo para tus quehaceres.

Recuerda que es el momento perfecto para conseguir alianzas y amistades, sñe que lo harás bien pero nunca estáde más recordate que seas cauto. Demasiados iran con intenciones más que dobles!"

Dijo en un tono cínico por la verdad que escondían sus palabras. Respiró hondamente y se terminó su té mientras miraba por la ventana, Amaterasu subía imparable a su cenit y la actividad en la calle había aumentado considerablemente. El día había empezado ya para todo Otosan Uchi.

Mitsuomi vio reflejada la luz del sol en los ojos de la embajadora y supo que la reunión con ella no iba a alargarse mucho más. Todavía le quedaban algunas cuestiones que preguntarle, especialmente por la relación del Fénix con los otros clanes y por la politica de alianzas y enemistades que los embajadores habían planteado y estaban llevando a cabo.

Sin embargo, era consciente de que no podía retener a Asako Emi demasiado tiempo, no sólo porque sin duda la embajadora tendría múltiples tareas que realizar durante esta mañana en Otosan Uchi, sino porque él mismo debía encargarse de sus propios asuntos.

Había recibido mucha información de la embajadora y, sin duda, se sentía muy cercano a aquella mujer. Asako Emi trasmitía una claridad deslumbrante en sus palabras, reflejando de manera firme la inquebrantable voluntad que había tras ellas. Se sentía casi obligado a confiar en ella, a considerarla una aliada en sus propósitos. ¿Qué debía pensar entonces de Isawa Kondou? Sabía que con toda seguridad no sería un hombre que le fuera a caer bien, especialmente por lo poco que sabía de él gracias a Akemi, pero tampoco quería descartarlo, pues no deseaba tomar partido tan pronto por uno de los dos embajadores, igual que tampoco estaba entre sus intenciones tomar partido por los diferentes Candidatos. Además, siempre podía pasar que Emi no fuese tal y como se estaba mostrando en esta entrevista, y que ocultase un rostro más oscuro tras su serena máscara.

Al pensar en Kondou, volvió a su mente el extraño asunto que tal vez llevaban entre manos el embajador y Shiba Kaisha en relación al Maestro del Vacío. Se preguntó si debía avisar, aunque fuese de forma indirecta, a Asako Emi de sus sospechas sobre una posible conspiración contra Isawa Hanzo. Decidió no hacerlo, pues al fin y al cabo no tenía las pruebas ni la información necesarias para realizar una acusación, aunque fuese de forma muy velada. Y todavía no se había decidido sobre si intervenir o no en el asunto, pues en principio no deseaba que semejante acto deshonroso tuviese lugar dentro del Fënix, pero por otra parte, la convicción de que no debía actuar en ninguna de las candidaturas estaba presente en su ánimo. Era una dicotomía que debía resolver cuanto antes, si no se vería incapaz de actuar.

Terminó su té, indicándole a Emi que se daba perfecta cuenta de que el sol hacia tiempo que había iniciado su ascenso hacia el mediodía. Sin duda, tras unas últimas palabras, ambos se despedirían, probablemente hasta esa comida del día siguiente.

Tened por seguro que extremaré mi cautela, pues como bien decís aquí cada uno de nosotros somos el Clan entero y un fallo nuestro puede provocar mucho mal.

Agachó la cabeza profundamente, reconocimiento la sabiduría en las palabras de la embajadora durante toda la reunión y agradeciendo las informaciones que le había proporcionado.

Os agradezco profundamente el tiempo que me habéis dedicado, Emi-sama, pero los ropajes de Amaterasu brillan con fuerza en el cielo y no desearía que demoráseis vuestras tareas por mi culpa. Permitidme que os haga una petición final, pues me gustaría que me dierais una imagen global de los diferentes embajadores de los clanes. No quisiera estar desinformado con respecto a quienes me voy a encontrar en la cena.

Emi pareció interesada en aquella pregunta, o por lo menos levemente sorprendida pues levantó una ceja algo, curiosa ante tus palabras.

"Pues... Te diré que conozco bien al embajador cangrejo... Un hombre calmado... un Kaiu... muy sereno y sobrio, meditado y silencioso... Kaiu Nagakura, de los mejores de toda la ciudad. Un aficionado a las maquetas acérrimo y un estratega nato.

Doji Aki llegó no hace mucho, pero ya he charlado con ella en más de una ocasión, una mujer como un témpano de hielo de honor. Regia, dura, severa pero justa.

Bayushi Jubei... terjiversador donde los haya... su lengua es tan afilada que cortaría mejor que el acero Kakita o Kaiu... Si estás dentro de su visión más vale que tengas cubierto todo tu pasado porque si se te calló un jarrón de porcelana cuando sólo tenías tres años, descuida que él lo sabrá...

Togashi Irikohime... desaparecida embajadora... ahora es una Mirumoto la que lleva la embajada... pero no es oficial... así que cuando me entere del cambio te diré con seguridad quien es... Su posición es como al de su Clan, enigmática y apartada.

Ikoma Toushi es un misterio para mí, ha llegado a vuestra vez casi, y hoy mismo me entrevisto con él para sacar conclusiones... estoy esperanzada en que esa familia nos haya traido un buen diplomático y no un fanático...

Esos son los embajadores... Como ves hay de todo y eso nos llevará a que las conversaciones sean más que variadas... Unos tiempos interesantes..."

La conversación llegaba a su fin, tras apartar los paillos y respirar profundamente Emi te sonrió y te dijo:

"Bueno... creo que este inicio de día espero que nos augure uno provechoso."

Akemi caminaba tras de ti en silencio cuando dejásteis el restaurante. Había sido un desayuno más que interesante y provechoso, si que lo había sido. Por lo que no podías más que pensar en lo bien que había salido y lo bueno que era para todo el desarrollo del día. Cuando estabas por fin cerca de la Residencia escuchastes uan voz procedente de una chica que corría alegremente hacia vosotros mientras, con la mano levantada te saludaba.

"Mitsuomi-saaaaaaaaannnnnnnn!"

Dijo Kazumi con melodía en su voz al llamarte. Cuando llegó cerca tuya en un rápido movimiento, más parecido a la energía de un niño de unos diez años, te hizo una exagerada reverencia doblándose hasta la cintura, apoyando sus manos en las rodillas para no bajar más incluso o para no caerse, quien sabe, mientras sus largos cabellos se movían alegres sólo sujetos por una emorme lazada granate que llevaba hoy. Cuando su rostro sonriente se levantó sus ojos brillaban como mil soles y la alegría que de su presencia emanaba incluso te sorprendio en ella.

Vaya... si que tenía buenos despertares la niña... La cual vestía hoy con un kimono anaranjado claro con estampados de caballitos de juguetes y cajitas de músicas difuminadas en el tono pastel básico.

"¡Menos mal que por fin te he encontrado! ¿Dónde estabas? Si no llego a salir un momento a la calle a ver si te habías marchado ya no te hubiera visto. ¡Menos mal que kami-sama me avisó de que veníais en esa dirección!"

Dijo señalando a la calle por donde venías caminando. El aire sopló levemente en círculos alrededor de Kazumi haciendo que sus ropajes se arremolinaran un segundo antes de que la brisa pareciera marcahrse hacia el cielo.

"Arigatoooo!"

Dijo Kazumi mirando hacia el cielo, hacia donde el viento se marchaba, como si realmente puediera ver a los vientos convertidos en una persona que flotaba a su alrededor. Luego te miró fijamente con sus ojos almendrados fijos en ti y te tendió las manos mientras te decía con tono pizpireto y apremiante:

"Vamos, vamos! Tengo algo que enseñarte! ¡Es una sorpresa!"

Mitsuomi se despidió de la embajadora con otra profunda reverencia y dándole de nuevo las gracias por sus palabras.

Seguido de Akemi, salió de nuevo a las calles de Otosan Uchi. La luz del sol le recibió de nuevo con todo su esplendor, como si la propia Amaterasu le estuviese sonriendo. El día prometía mucho y no podía haber tenido mejor inicio.

Asako Emi había demostrado ser una mujer acorde a su reputación y Mitsuomi estaba muy agradecido por toda la información que le había proporcionado. Se había mostrado muy dispuesta a ayudarle y eso era algo que no podía pasarse por alto en un terreno de batalla tan complicado como la capital imperial. Sin duda la embajadora podría convertirse en una poderosa aliada, especialmente tras haber comprobado que Mitsuomi y ella compartían su amor por la paz.

Sería difícil que Isawa Kondou se colocase por delante de Emi en sus preferencias, pero quién sabe, todo era posible en un lugar como Otosan Uchi.

Gracias a Emi había obtenido valiosas informaciones, la más inquietante de las cuelas era esa mención a Seppun Daisetsu, el imperial que había aparecido la noche anterior en la embajada solicitando entevistarse con los candidatos. Las intenciones de aquel hombre con aquella visita todavía eran oscurar para Mitsuomi, pero esperaba poder obtener algo de información cuando tuviese que entrevistarse con él; y esperaba que tal encuentro sucediese pronto, pues no le gustaba que las incógnitas lo fueran por mucho tiempo.

Akemi-san -le dijo entonces a su yojimbo-, cuando vayáis a ver a Otomo Tanuki decidle que desearía que fuese añadido un nombre a la lista de personas de las cuales le solicito información, Seppun Daisetsu; decidle que no figura en la misiva porque he sabido de él esta misma mañana y ya no he tenido ocasión de modificar la carta o de redactar una nueva. Agradecedle repetidamente en mi nombre cualquier respuesta que os dé.

Realmente, creía innecesaria aquella última indicación, pues sabía de sobra que Akemi se conduciría perfectamente ante el Otomo, pero nunca estaba de más decir aquello en voz alta, aunque sólo fuera para recordarse a sí mismo que a cada paso que daba acumulaba más deudas con respecto a otros. Pero Mitsuomi no estaba seguro de si eso era algo malo. Había quienes odiaban deber favores, pues afirmaban que las deudas les volvían débiles y les colocaban a merced de la voluntad de otros; pero Mitsuomi empezaba a pensar que la dependencia no era algo malo, al fin y al cabo la confianza era algo lógico y también hermoso. Dar favores sin pedir nada a cambio no era precisamente el credo del cortesano, pero sí era algo digno de cualquier espíritu elevado y Mitsuomi no sabía todavía cual de las dos cosas prefería ser.

Sus cavilaciones fueron interrumpidas por la arrebatadora llegada de Kazumi. Aquella joven ciertamente era "un vendaval primaveral", aunque Mitsuomi sentía cierta reticencia a dejarse elevar a merced del viento. No importaba, aquella mañana se sentía dispuesto a dejarse arrastrar por cualquiera.

Buenos días, Kazumi-san, os veo muy alegre esta mañana. Ciertamente hace un día precioso. Hay grandes promesas en el aire.

Sin pretenderlo, había creado una frase que bien podía tener algún que otro doble sentido. Para dar a entender que no había ninguna intención torcida por su parte, se rió de buena gana cuando Kazumi le dio las gracias a los kami del aire que la rodeaban.

A él también le hubiese gustado más de una vez tener aquel grado de compenetració con los kami. Los espíritus de las aguas a menudo respondían a sus plegarias, pero no le rodeaban igual que los del aire hacían con Kazumi; los espíritus del Vacío eran esquivos y muy escasos, aunque nunca rechazaban a Mitsuomi, pero éste hubiera deseado poder conversar con ellos más a menudo. De todas maneras su relación con los kami era muy buena, si bien su desinterés por los aspectos más prácticos de la magia le apartaba de una relación más estrecha con los pequeños espíritus de los Elementos.

¿Una sorpresa? ¿Para mí? -dijo Mitsuomi ciertamente sorprendido-. Vamos, vamos, estoy deseando verlo.

Mitsuomi siguió a la shugenja del Aire con una amplia sonrisa en el rostro, sin embargo, en ningún momento le tendió su mano.

"Hai sama... tenga cuidado..."

Dijo Akemi mientras se inclinaba muy respetuosament antes de irse, con los ojos teñidos de cierta preocupación, no porque pasara algo sino por el mismo hechod e querer protegerle siempre, tal y como era su cometido.

Pero pronto aquella expresión fue borrada cuando se fue por el ventisca que resultó ser Kazumi, o más bien huracán de verano. La chica se dio la vuelta rápidamente, olvidando lo de tomar tus manos y empezó a caminar rápidamente en dirección a la Residencia.

"Te gustará, creo que te gustará mucho."

Dijo entre risas mientras os acercábais a la puerta y tu interés se acrecentaba por segundos.

De repente el aire empezó a soplar por fuerza venido de la nada, del tejado de la residencia y vistes papiros volando por el aire que caían como pétalos de cereza sobre vosotros.

Despacio fueron callendo cerca de Kazumi la cual, como si fuera un juego, los cazaba todos al vuelo mientras reía alegremente. Cuando calló ya última Kazumi la miró muy detenidamente y luego lo cogió para enseñárselo.

Era la primera página de un tratado, el Tratado de los Elementos, por Isawa Mitsuomi.

Kazumi sonrió alegremente y le tendió todos sus folios.

"Son tuyos ¿verdad? Me lo dijeron ellos. Han estado muy ocupados toda la noche leyéndolo, porque tu se lo ofrecistes ¿verdad? ¡Ellos están muy contentos! ¡Esta mañana sólo me hablaban de ellos! ¡Y eso que son muy escandalosos, pero hoy sólo hablaban deprisa y al unísonon! ¡Les ha gustado muuuucho!!"

Dijo mientras el aire daba vueltas al rededor suya a gran velocidad como si las palabras de la chica fueran las suyas propias, notastes esa carriente ahora dando vueltas a tu alrededor, notastes una alegría salida de la nada y notastes un canto mudo de alegres notas en tus oidos. Podías oirlos, podías hacerlo como quizás ella lo hacía.

Kazumi rió alegremente mientras daba una vuelta sobre si misma y al mirar al cielo notastes cómo el aire surcaba a gran velocidad el espacio entre vosotros y se dirigía como el chorro hacia el firmamento.

"Me han dicho que quieren hacerte un regalo ellos a ti también..."

Dijo mientras bajaba la mirada de las nubes algodonadas a tus ojos. Su sonrisa se mostraba ahora pícara.

"Pero es un secreto jijiji. Dime a qué hora o qué día puedes quedar conmigo y te llevaré a tu regalo... jijiji y te aseguro que te va a gustar mucho jijiji han sido no sólo muy buenos sino muy atentos y han elegido, creo yo, que muy bien su regalo jiji."

Mitsuomi no podía creer que el tratado le hubiese sido devuelto y menos aún por los propios kami del Aire. Lo imaginaba tirado en cualquier parte, tal vez incluso las hojas habían caído al agua y se habían precipitado por las Cataratas del Pesar, para yacer por siempre en las oscuras profundidades de la Bahía del Sol Dorado; imaginaba a los kami burlándose de sus razonamientos, de su prosa vanamente poética, de lo arrogante de su falsa sabiduría contenida en el tratado. Aquello era tan inesperado...

Acarició la primera página, donde figuraban el título de la obra y su propio nombre como autor. La hoja ondeaba igual que uno de esos peces que recorren el interior del mar moviéndose como un velo de seda cayendo. Los kanjis parecían bailar. Cuánto orgullo sentía en aquel momento, cuánto alivio: los kami parecían estar dándole la razón y de aquella manera parecían estar justificándole a él mismo, como si mediante la aprobación a su tratado su existencia hubiese sido también aceptada. Había recuperado una parte de sí mismo que había lanzado por la ventana junto con el Tratado de los Elementos. Se sentía de nuevo completo y también se sentía más seguro ante cualquier monstruo que Otosan Uchi pudiera poner ante él.

El Aire le envolvió como una sábana de seda. Su tela de su kimono parecía querer echar a volar y el propio Mitsuomi también se sentía como un pájaro en el cielo sostenido por la brisa. Respiró hondo, dejando que sus pulmones se hinchasen como fuelles. Ahora entendía la constante alegría de Kazumi. De todos los Elementos, el Aire es el más cercano a la humanidad; Vacío nacido a la existencia, el Viento lo rodeaba todo, lo inundaba todo como el Agua, pero no encontraba nunca barreras en su avance, pues todas las cosas le permitían pasar a través de ellas al saber que el Aire es el Elemento donde reside la Forma y donde la Inspiración surgida en el Fuego empieza a materializarse, para concluir en la Obra terminada en el seno de la Tierra.

Inhaló más y más aire, hasta que sus pulmones parecieron estar a punto de reventar. Pensó por un momento si acaso el aire también circulaba por las venas junto a la sangre, como si una serpiente nadase por el interior de un río. Y entonces, en un soplido poderoso y contínuo, expulsó todo el aire de su interior, al tiempo que situaba su mano derecha cerca de su boca, de manera que el aire pasaba entre sus dedos. Lo sentía como un líquido, igual de fluido, igual de flexible que el agua.

Cuando se quedó vacío, se quedó por unos momentos mirándose la mano. ¿Qué habría partido de su interior junto a aquel aire? ¿qué entraba en él con cada inspiración? La respiración era un proceso sorprendente, muy semejante a las mareas y a los eternos flujos del Vacío. Sí, todos los Elementos eran semejantes, surgidos de una fuente común, hilos de colores que se entretejían en el maravilloso tapiz de la existencia.

Alzó la vista al cielo, sintiendo como el remolino de aire que le había abrazado se elevaba hacia lo alto. Su voz brotó enormemente sincera en su agradecimiento, si bien muy suave y casi inaudible, como un susurro tras un abanico.

No tenéis que hacerme ningún regalo, vuestra aprobación es suficiente para mí. Ya me habéis dado más de lo que nunca me hubiese atrevido a pediros.

Permaneció por un momento en silencio, contemplando las blancas nubes que flotaban sobre el cielo radiante. ¿Por qué se sentía tan feliz, tanto que notaba como las lágrimas asomaban timidamente en sus ojos? Se dio cuenta de que siempre había tenido razón: el cielo pertenecía al Aire, una campana protectora tendida sobre el mundo igual que dos manos se cierran sobre un polluelo caído del nido para protegerlo de las inclemencias del tiempo.

Amo este mundo, se dijo Mitsuomi, y prometo defenderlo, espíritus del Aire... siempre...

Hecha aquella promesa, el ishi bajó la vista hacia Kazumi, la cual también había bajado sus ojos del cielo para mierarle directamente y ofrecerle una posible cita para ver el regalo de los kami del aire.

De nuevo tengo que decir que no me creo merecedor de ningún obsequio por parte de los kami, Kazumi-san, pero ciertamente me gustaría poder tener un momento junto a vos, tal vez esta noche, después de la cena.

Kazumi ladeo la boca en un gesto pensativo y luego tas negar con el dedo le dijo:

"Sé que tu no necesitas nada, pero ellos quieren que lo aceptes, además, me han dicho qué es y te va a encantar! Así que no ha excusas, me temo que te robaré algo de tu agenda, puede que esta noche, no sé que haré tras la obra, o puede que mañana, o puede que nada más que salga de alguna de tus citas, no sé, no sé, pero por lo menos te tengo que mostrar la primera parte del regalo, porque este se puede disfrutar en dos partes. ¡¿A qué es estupendo?! Ellos son siempre muy buenos con quien se lo merecen jijiji Y tu te lo mereces muuucho, asi que ellos son muy buenos contigo."

Dijo alegremente mientras en todo momento no dejaba de sonreir. Luego se dio la vuelta y siguió caminado a su lado hacia la Residencia. De un obi sacó un envoltorio y de ahí un par de dulces, de la gama que había comprado ayer por la tarde. No era hora de dulces pero suponías que para ella siemrpe era la hora adecuada.

"¿Quieres? Seguro que ya has desayunado y ya puedes tomarte uno si quieres."

Dijo tendiéndote un mochi.

"El otro día te gustaron así que te cojí uno por si te encontraba."

Ella le dio un mordisco a un dulce de sakura mientras su expresión dejaba ver que estaba exquisito. En realidad, aunque pequeño, era todo un detalle acordarse de nimiedades así.

"Mmmm...- Kazumi masticaba pero parecía que esperaba terminarse el trozo para decirte algo.- Mitsuomi-san... espero que lod e ayer... bueno... lo qe te dije de mi familia... no te molestase... no es en mi nombre... de verdad, sólo digo lo que me han transmitido... En realidad si yo tuviera que hablar contigo no lo haría así, yo te dejaría que fueras libre... el Aire no tiene ataduras ¿sabes? Sólo que algunos creen que puende meterlo en una urna de cristal..."

Su rostro bajó levemente mirando el dulce mordido mientras su negro flequillo tapaba su expresión. ¿Triste aquella chica? Imposible...

Mitsuomi tomó el dulce que le tendía Kazumi. Era uno de esos mochi con forma de concha que él había comprado el día anterior. Tal vez no fuese hora de dulces, pero tampoco había nada de malo en ello y si la joven shugenja los usaba como ayuda para poder "trabajar" mejor, ¿no sería bueno probarlos a ver si a él también le ayudaban?

Gracias, Kazumi-san -le dijo a la candidata al tiempo que le agradecía el dulce con una ligera inclinación de cabeza. Le dio un pequeño mordisco al mochi y lo saboreó largamente en la punta de la lengua. Tenía que reconocer que pensar mientras se degustaba un dulce era una experiencia muy satisfactoria, pues los problemas y las cuestiones dificiles se observaban bajo una perspectiva diferente-. Está delicioso. Ahora entiendo por qué apreciáis tanto estas pequeñas delicias. Y en cuanto al regalo, sé que insistir en que no lo merezco es inútil, así que lo aceptaré encantado, pero siento que les debo un favor a los kami del Aire.

Mitsuomi alzó la vista al cielo de nuevo y sonrió al tiempo que terminaba de comerse el mochi. ¿Cómo se puede hacer una buena reverencia a todo lo que te rodea? A Mitsuomi no se le ocurrió ninguna forma en aquel momento, así que se limitó inclinar la cabeza hacia las nubes, esperando que los kami comprendieran lo agradecido que se sentía por aquello.

Bajó de nuevo su vista hacia Akemi.

Sé que puede parecer descortés no correr con vos a ver el regalo de los kami, pero ahora mismo tengo una cita con Hanzo-sama y, obviamente, no quiero hacerle esperar. Creedme que me muero de ganas de saber de que se trata ahora mismo... Ójala hubiese tiempo...

La mirada de Mitsuomi se volvió tierna y se posó sobre el rostro de Kazumi, oculto tras su largo cabello negro, igual que un sol eclipsado por la luna. Sentía mucho cariño por ella, y por un momento su mente se llenó de cierto instinto paternal. Qué duro resultaba vivir en Rokugan, tan atados que en ocasiones las flores más bellas nunca florecían relamente, ahogadas por las altas hierbas que crecían a su alrededor.

Y respecto a nuestra conversación de ayer, no os preocupéis. Entiendo perfectamente lo que es la presión familiar y tened por seguro que no me molestó en absoluto nada de lo que me dijistéis ayer, todo lo contrario, me disteis un consejo excelente: ten paciencia.

Se llevó la mano al mentó como si pensase en algo, pero adoptando una pose exagerada, claramente melodramática.

Uum, no me gusta veros cabizbaja, Kazumi-san -se inclinó hasta que su cara quedó justo ante la de Kazumi y volvió a hablar en susurros, aunque con un tono alegre-. ¿Creéis que nos dará tiempo a ver ese regalo antes de las 11 que es cuando he quedado con Hanzo-sama?

Kazumi alzó la vista con una sonrisa pícara en los labios mientras se te abalanzaba como una gata traviesa, tan rápidamente que apenas te dio tiempo a reacionar cuando te tapó los ojos rápidamente y te dijo a prisa:

"¡Entonces no te muevas! ¡Y ni se te ocurra mirar!! ¡¡Que ellos quieren llevarte YA!!"

Un gran viento se levantó entre vosotros, y te cogió tan de repente que ni te dio tiempo a quitarte de encima a Kazumi la cual apretaba sus manos, con cuidado sobre tus ojos para que no miraras mientras la oías reir. Pero no te dio tiempo de decir nada, porque, cuando te distes cuenta... Estabas volando!

Kazumi reía y cantaba mientras sólo te decía:

"¡No tengas miedo Mitsuomi-san, ni ellos ni yo te dejaremos caer, sólo queremos llevarte pronto a nuestro regalo!"

Kazumi rió alegremente mientras tus pies perdían todo contacto con la tierra y notabas como te sostenía una fuerza muy poderosa y pacífica en el aire, te notabas moverte, notabas el aire entre tus ropajes y tu piel. Estabas... volando, volando en el cielo azul sin saber hacia donde con la única guía de una risueña voz...

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