Día 2º.- Distrito Ieku.- Biblioteca Kasuga.- Mañana

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Isawa_Mitsuomi
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Día 2º.- Distrito Ieku.- Biblioteca Kasuga.- Mañana

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 10:40 pm

Caminastes con Kazumi hasta la Embajada Fenix de nuevo mientras charlabas con ella acerca de toda clase de temas, pero, sobretodo, de las experiencias vividas. No sabías muy bien de donde lo había sacado pero la joven shugenja en el camino de vuelta te ofreció unos pastelillos que los había sacado literalmente de la manga... ¿es que acaso esa chica en vez de llevar sus instrumentos de maquillaje llevaba un saquito con chucherías?? Parecía que sí...

Al llegar hasta allí Kazumi parecía que meditaba sobre lo que más tarde haría, tenía pensado al parecer, tal y como te indicó ir a la Embajada Dragón junto con uno de los embajadores, Isawa Kondou... No supistes bien si desearle suerte o que tuviera cuidado...

Y en ese momento, justo antes de que tan siquiera pudieras despedirte de ella, una de las fusamas se abrieron y apareció una figura arrogante ya de por si sola, aunque el sol y la penumbra aún le oscurecíanel rostro. Shiba Kaisha apareció apoyado en el marco de la puerta observandoos un segundo antes de volver a entrar, seguramente para llamar a su señor.

Kazumi se volvió hacia ti, justo cuando se fue, y con una ceja levantada te preguntó:

"¿Crees que le pasará algo? Tenía cara como de indigestado."

casi estallas de una carcajada al escuchar como confundía un gesto de suma arrogancia con un gesto compungido de dolor. aunque en cierta medida tenía razón, ambos gestos eran muy forzados. Cuando mirastes su rostro Kazumi sonreía como si no hubiera dicho nada malo, aunque de hecho... empezaras a pensar lo contrario...

En el tiempo que tardastes en despedirte de Kazumi supusistes que Hanzo se preparó, puesto que antes de que semarchara la risueña Candidata, salió de la Embajada con su inseparable yojimbo.

"Konnichi wa Kazumi-san, Mitsuomi-san... Expléndida mañana."

Así pues, tras Kazumi despedirse de vosotros, ambos os dirigisteis charlando de nuevo hacia uno de los distrito exteriores, el Ieku, en donde os esperaba la Biblioteca Kasuga.


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En medio de todo el alboroto del alocado distrito Ieku, de todos aquellos edificios comerciales, casas, restaurantes,... lleno de gente que iba y venía haciendo sus compras y sus cosas había una plaza que albergaba un edificio en medio, uno más alto que ancho o largo. De tres plantas, que poseía una escalera de piedra para llegar a su puerta debido al desnivel de la calle. En la fachada se leía perfectamente "Biblioteca" y en la decoración las tortugas eran permanentes.

Así pues, el edificio pintado de color verde claro, con aspecto de viejo pero muy cuidado, albergaba la Biblioteca pública más grande seguramente de la ciudad, sin contar con la de la Ciudad Prohibida. En la entrada normalmente había un miharu Seppun haciendo guardia y comprobando que no había disturbios cerca de la zona y menos en el interior. El cual paseaba por la plazoleta charlando con los habitantes del distrito que le eran conocidos y saludando amablemente a los transeúntes.

Anduvistes hasta él mientras meditabas de la importancia de la seguridad en un lugar así en donde de por seguro se encontraban muchos libros valiosos... El Seppun al verte te hizo una pequeña inclinación, y sin decir nada dejó que entraras tranquilamente.

La oscuridad se hizo con tus pupilas al pasar de la luz del día a la penumbre del lugar en un lapso de tiempo tan corto que creistes que le día se había vuelto noche. Te costó unos segundos acostumbrarte, sin embargo en pocos minutos pudistes contemplar la Biblioteca por dentro.

Centenares de estanterías con sus archivadores estaban llenos hasta arriba de pergaminos cuidadosamente enrollados. Desde la entrada se veía el final de la tercera planta y corredores en el aire que pasaban de un lado a otro en las sucesivas, estando a tu lado la escalera para subir a las demás plantas que estaban igual de llenas de estanterías y rollos.

Había una numeración extraña que hacía que no supieses muy bien qué género era el que albergaba cada uno de los cuadrados, pero, por curiosidad andastes por los pasillos mientras contemplabas aquel laberinto de madera y papiro. Asombrado de tantos volúmenes en una biblioteca de ciudad, aunque esta era en Otosan Uchi...

Las luces provenían de lamparillas en las paredes y en las mesas que había cada cierto tiempo, alumbrando lo indispensable, ayudando a la iluminación de las ventanas que había.

Anduvistes algo perdido durante un rato mientras lo veías todo, sin saber muy bien qué demonios significaban aquellos números y la curiosidad de saber el sistema que emplearía el bibliotecario, mientras agudizabas el oido. Por la hora que era Kitsu Yuga ya debería haber llegado…

En poco tiempo oistes unas palabras susurradas, obviamente no iba a estar hablando a viva voz en un lugar de estudio. Recorristes los pasillos buscando el lugar de donde provenía hasta que llegastes al centro de la primera planta, una especia de abertura circular entre todas las estanterías con una enorme mesa de esa forma en medio. Allí hablaban dos hombres.

El primero de ellos era un viejecito, que no mediría más de 1´50, con un bastón de madera en el que se apoyaba. La cabeza la tenía ya casi desposeída de pelo, y la cara también, sólo tenía unos pequeños y finos bigotes que sobresalían encima del casi inexistente labios superior que poseía. Su rostro era sonriente, mostrando las arrugas de la edad. Tenía un aspecto tan frágil que parecía que podía romperse, sin embargo a la vez hablaba con una serenidad y con una soltura que contrarrestaba aquel pensamiento. Seguramente sería una quebradiza hoja de otoño que caía al suelo arrumada por los aires pero que aún se mostraba flexible para no romperse. El segundo hombre poseía unso cuarenta y pocos años, era alto y atlético de complexión. El pelo negro estaba veteado por las canas en su perfecto recogido en una cola corta baja. Vestía con un kimono amarillento con leones en naranja pálido. Su tez era dura y marcada por rasgos angulosos entre los que destacaba unas cejas pobladas que le daban a su mirada oscura seriedad y un bigote igualmente poblado que realzaba la expresión de su rostro cuando se encontraba con la boca cerrada y le hacía parecer más serio. Un aspecto austero que reportaba al que lo veía la certeza no sólo de que sería un hombre recto sino metódico y seguramente regio en cuanto a su comportamiento para con los demás.

Bueno, por fin habías llegado hasta tu primer objetivo... por los kamis... esta mañana parecía taaan larga...

Abandonar a Kazumi para andar en compañía de Isawa Hanzo, se sentía como si acabase de despertar de un sueño maravilloso y ahora se tuviese que enfrentar de nuevo a la realidad. Aquella mañana estaba resultando maravillosa, pero ahora Mitsuomi empezaba a vislumbrar ciertos atisbos de crueldad en el trasncurrir de las horas. Era el Tiempo, aunque algunos lo llamarían el Destino. Los seres humanos desarrollaban sus vidas dentro del caos de sus deseos; se creían libres. Pero, poco a poco, el Tiempo lo iba situando todo en su sitio, tal y como debía ser.

No, el mundo no era cruel, ni siquiera el Destino (si tal cosa existía) lo era. Volvía a estar en el "mundo real", pero la enorme sensación de maravilla que le había acompañado durante todo el recorrido por el templo de los Kamis no había desaparecido del todo; se había transformado. La Magia había dado paso a la Política.

Iban hacia la Biblioteca Kasuga y él tenía que encontrarse con un importante objetivo. El primero de sus múltiples planes trazados el día anterior iba a dar comienzo. Por una parte se sentía ligeramente atemorizado, al fin y al cabo por fin había entrado de lleno en el tablero de juego de Otosan Uchi, pero realmente era un sentimiento pequeño, abrumado por la enorme luz de la esperanza que le habían dado, como un glorioso regalo, los templos, especialmente tras lo sucedido en el Templo de Amaterasu. En cierta manera, había perdido el miedo al fracaso, se sentía casi invulnerable. Había mucha confianza en su mirada.

Sus intenciones con respecto a Isawa Hanzo no habían variado demasiado, pero su desdén había sido matizado. No lo veía como un enemigo y no pensaba enfrentarse a él. Seguiría el mismo consejo que le había dado a Mai, asi que en vez de tratar de humillar y desprestigiar a Hanzo, lo que haría sería demostrar que sería un mejor Maestro del Vacío que él. No sentía ningún rencor hacia Hanzo y desde luego en cuestiones generales como el asunto del Campeonato de Jade estaba claro que todos debían de colaborar, fuesen cuales fuesen sus situaciones particulares. Y si en algún momento descubría que había algún tipo de conspiración contra Hanzo (por parte de Isawa Kondou por lo poco que sabía de momento) él mismo se pondría delante suya para protegerlo.

Pero, claro, eso no impedía que Mitsuomi utilizara a Hanzo, aunque ya no estaba dispuesto a hacerlo de la manera que había pensado la noche anterior. Por eso mismo, mientras caminaban, la sonrisa de Mitsuomi era sincera.

Hanzo-sama, creo que sería conveniente que trazásemos una línea de acción determinada antes de llegar a la Biblioteca Kasuga, ¿no os parece? Probablemente seremos más eficientes si sabemos lo que debemos buscar y ahorraremos sin duda mucho tiempo y esfuerzo.

He estado pensando al respecto y me parece que deberíamos centrar en varios campos muy concretos. Me explico.

Por una parte están los argumentos y las acciones de los Isawa para conseguir que el puesto del Campeón de Jade fuese retirado y considerado innecesario... hasta ahora.

Luego, claro está, deberíamos buscar las razones contrarias y cómo fueron refutadas o rechazadas. Sin duda, por mucho que haya pasado el tiempo, aquellos que desean que se celebre de nuevo el Campeonato de Jade esgrimirán argumentos idénticos o muy parecidos y contar con el peso de los años a la hora de esgrimir contra-argumentos es algo muy provechoso.

No hay que olvidarse, por supuesto de las propias palabras del Hantei y de la Corte Imperial al respecto. Los edictos que se promulgaron para deshacer el puesto del Campeón de Jade son sin duda nuestra principal baza ante el nuevo Hantei, aunque pueden ser un arma de doble filo y hay que andarse con ojo.

A mi entender, éstas deberían ser las tres líneas principales de nuestra investigación; sin embargo, creo que también sería conveniente interesarnos por la historia de aquella época, es decir: alianzas y enfrentamientos, movimientos políticos y militares, etc. Pueden aportarnos algo de luz sobre cómo tratar a los clanes actualmente.

Supongo que todo esto es obvio, pero me parece la línea de acción más eficaz. ¿Vos habéis pensado en algo?

Ahí estaba, la Biblioteca Kasuga. Mitsuomi había visto bastantes bibliotecas en su vida, especialmente la Biblioteca Isawa y no se sintió demasiado impresionado por la de los Tortuga, si bien había de reconocer que la cantidad de volúmenes y pergaminos que se encontraban en los anaqueles y los estantes era considerable.

Al ver los números que marcaban los textos, Mitsuomi comenzó a barruntar sobre el significado de los mismos. Eran, evidentemente, el sistema de clasificación de la biblioteca. En Kyuden Isawa se usaba un sistema similar, con los números refiriéndose a temas generales, usando cada vez más cifras para designar temas específicos. ¿A qué cuestiones se referiría cada cifra?

Pero no estaba allí para adivinar métodos de clasificación, sino para hacer frente a un adversario (al menos le habían dicho que lo era, porque Mitsuomi no conocía a Kitsu Yuga) y para conseguir lo mejor para su clan. Recordó las palabras de Asako Emi. Sí, cada uno de ellos era el Clan Fénix al completo y no podían fallar en sus respectivas misiones.

Y, entonces, vio a los dos hombres conversando en susurros. Sin duda el anciano era el bibliotecario y el hombre más joven sería Kitsu Yuga. De encontrarse en otra situación, Mitsuomi hubiera llamado la atención de la pareja con un leve carraspeo, pero en aquel momento se encontraba acompañado por el Maestro del Vacío. Así que se volvió hacia Hanzo, dándole a entender que era él quien debía dirigir el asunto y hacer las presentaciones, pues Mitsuomi era un mero asistente.

Sí, solo un mero asistente...

"Lo cierto es que..."

Empezó a decir el Maestro Elemental, que esa mañana había decidido llevar un kimono de seda de color anaranjado claro con ribetes en dorado que se fundían con unos pequeños fénix que parecían volar en un espacio libre de estrellas y ataduras. Kaisha, a dos pasos por detrás vuestra parecía clavar su mirada instigadora en todos y cada uno de los que se cruzaban con vosotros e incluso, por supuesto, en tu espalda, donde sentías el fuego de su aura, de su alma.


“Había pensado en tratar de sacar de la Biblioteca cuanta más información pudiera de los sucesos que desgraciadamente, no hace tanto pasaron en esta ciudad, e igualmente hablar con el bibliotecario de la manera de poder entrar en la Gran Biblioteca de la Ciudad Prohibida, en donde, de por seguro habrá mucha información interesante…

Estuve a noche pensando que, obviamente, los demás clanes se basarán en nuestra situación actual, así pues he pensado que un análisis comparativo de su situación con la nuestra… Eso dejaría, por ejemplo, al León más que malherido, después de todo no es de los Clanes más agraciados en estas eras…

Apoyar los movimientos de nuestros hermanos en las embajadas debe ser primordial, además de encontrar los numerosos vestigios de fidelidad y devoción de nuestro clan a lo largo de la historia para con nuestro deber.

Y bueno, por supuesto que medité todo esto que habéis dicho… No tenemos mucho más por donde ayudarnos… Lo cierto es que lo que necesitamos es obtener un reconocimiento alto en el menor tiempo posible… Estaba pensando que si cogemos algunos libros acerca de etiqueta imperial no nos vendría mal… Los Otomo pueden ser más que una buena ayuda en esta peculiar guerra… Y hay que saber comportarse ante ellos…”


La Biblioteca se presentó silenciosa en un principio hasta que visteis a las dos personas. Hanzo pareció sorprendido, mientras escuchaste el acariciar de la mano de Kaisha por la empuñadura de su katana, como presintiendo peligro, sino como quizás puro medio desafiante inconsciente ante desconocidos.

El pequeño bibliotecario se volvió hacia vosotros y con una sonrisa amplia se acercó unos pasos mientras decía:

"Véis loq ue os decía, Yuga-sama, la primavera ha traído muchos visitantes interesantes..."

Mitsuomi por un momento se quedó sin habla ante lo que había dicho el Maestro del Vacío. Pero en el fondo no le extrañaba, puesto que aquel hombre no parecía demasiado ducho en las tareas cortesanas.

Tenía razón en lo de buscar muestras del deber de los Fénix para con su tarea de ser vigilantes de la magia, era una idea simple pero acetada; sin embargo, Mitsuomi la había rechazado en principio porque por muchos ejemplos que se diesen, siempre prevalecían los errores sobre los éxitos y los rivales del Fénix sin duda tendrían una gran lista de errores que ennumerar. De todas formas, el mayor logro del Fénix en la protección del Imperio mediante la magia había sido sin duda la derrota de Fu Leng a manos de la magia de Isawa, obra de un shugenja tremendamente poderoso cuyo poder probablemente nunca volvería a ser igualado por ningún Fénix. Buscar ejemplos de servicios pasados podía ser perfectamente un arma de doble filo.

Por supuesto que lo de tratar de entrar en la Biblioteca de la Ciudad Prohibida y tratar de buscar la ayuda de los Otomo eran opciones que sin duda podían resultar muy provechosas, pero Mitsuomi no había pensado en ellas por motivos obvios. Sin embargo, lo de buscar un libro sobre la etiqueta imperial le parecía algo exagerado, propio de quien no conoce mucho de los trasiegos de la corte. No importaba, para algo estaba Mitsuomi en la Capital, para poner sus habilidades y conocimientos al servicio de su clan.

Y en cuanto a "los sucesos que desgraciadamente, no hace tanto pasaron en esta ciudad", Mitsuomi no sabía a qué se estaba refiriendo Hanzo exactamente. Podía ser a la aparición de Iuchiban o a la muerte de Hantei XVI. Referirse a este último acontecimiento era sin duda peligroso e improductivo, así que Hanzo debía de estar refiriéndose a la Batalla de las Tumbas Robadas, en cuya victoria no intervinieron los Fénix de manera notable. No era sensato utilizar aquellos episodios.

Pero realmente, el error más grande de lo dicho por Hanzo era sin duda era lo de tratar de corresponder a las posibles recriminaciones sobre el estado actual del Fénix con más reproches acerca del estado actual de los demás clanes. Aquello nos olucionaría nada, sino todo lo contrario, pues el cruce de acusaciones no tendría fin y abriría brechas insalvables. Y precisamente con el León era con quien menos quería Mitsuomi que se enemistara el Fénix, especialmente tras haber tendido su mano al embajador león (¿cómo le estaría yendo a Akemi con sus mensajes?).

En fin, de poco servía preocuparse ahora por lo que pretendiese hacer hanzo, ya habría tiempo de hablar de esas cosas de forma más privada. Ahora debía concentrarse en la presencia de Kitsu Yuga y del bibliotecario Kasuga.

Hanzo-sama, creo que estamos ante el bibliotecario de la famosa Biblioteca Kasuga -dijo Mitsuomi, supuestamente hablando sólo para los oidos de hanzo, pero siendo plenamente consciente de que cualquiera podría oírle y tal vez aquel anciano y el Kitsu conocerían el nombre del Maestro del Vacío. Era una manera sutil de forzar las prsentaciones sin destacar demasiado.

El Bibliotecario se volvió hacia el hombre, el cual había levantado algo la mirada de un papiro que parecía leer al escuchar el nombre. Ambos os miraron un segundo tratando de discernir no la realidad de la ficción pero quizás si los hilos del "más allá de la casualidad".

El pequeño ancianito se adelantó a todo lo que pudierais preveer y os saludó lo más profundamente que pudo.

"Es todo un honor, señores... Mi nombre es Kasuga Shogo y soy el bibliotecario de este lugar..."

El León avanzó un par de pasos e hizo una reverencia escuta mientras sus oscuros ojos parecían observaros muy detenidamente.

"Igualmente es un placer, soy Kitsu Yuga."

Hanzo hizo un tanto y se presentó así mismo como Isawa Hanzo, obviando lo del Maestro de vacío, no sabías tu si por no presumir o porque dudara de su puesto, aunque lo cierto es que nunca le habías oído presumir de estar en la posición en la que estaba. luego te señaló y dijo:

"A mi lado, Isawa Mitsuomi, un Ishi erudito de nuestro Clan y... mi yojimbo, Shiba Kaisha."

Kaisha tras de ti pareció inclinar levemente la cabeza mientras no dejaba de mirar a los ojos al Kitsu, este no le apartó la mirada, pero pronto la dirigió hacia vosotros, y hacia el curioso bibliotecario, el cual, sonriente, se acercó a vosotros diciendo:

"Bueno, jovenes, ¿buscáis algo en particular? No hay ningún volumen de esta biblioteca que no me sea conocido, si buscáis algo, seré capaz de encontrarlo...

O... ¿Acaso venís buscando un poco de chachara inteligente? Si es así, llegáis en el momento perfecto para una buena tertulia con té y pastas."

Dijo tras dejar una risilla en el aire. Lo de tertulia y cháchara te sonaban a cotilleos, pero lo cierto es que, aunque en otro momento quizás te desagradaba esa idea, el ancianito tenía un carisma nato que hacía que todo lo que decía sonara interesante y no sólo eso, sino jugoso. Que te dieran un poco de tiempo, que tu mayor afición era la corte y sus cotilleos, tenías que reconocerlo en parte... ¿O me ibas a decir que si se emprendiera una conversación cirticando, por ejemplo, a la Ama Emperatriz tu no te morderías la lengua por las ganas de empezar a hablar???

Hanzo-sama, yo por mi parte no tengo ningún problema en conversar un rato, al fin y al cabo los libros no van a salir volando (aunque no diría lo mismo si nos acompañase cierta joven, jejeje) y siempre se puede aprender mucho de las conversaciones inteligentes. Por no mencionar lo de las pastas y el té, especialmente las pastas. Pero lo entenderé perfectamente si preferís empezar ya la búsqueda.

Mitsuomi se sentía exultante. Poco a poco, la abrumadora trascendencia de lo acontecido en los templos de los Kami iba convirtiéndose en un recuerdo, poderoso y brillante, pero recuerdo al fin y al cabo; mientras su mente volvía a amoldarse a las intrigas y la sutileza propias de un cortesano.

Desde luego que no iba a rechazar la invitación del anciano bibliotecario, pues al fin y al cabo lo que él deseaba era entablar conversación con Kitsu Yuga, mejor dicho, que Hanzo lo hiciera. Ser incluido en la conversación no constituía ningún problema, pues siempre podía permanecer callado y si la cosa se alargaba, excusarse y levantarse para iniciar él la investigación mientras el Maestro del Vacío debatía con el Kitsu.

Hanzo podía negarse en principio a mantener la charla informal, pero gracias al último comentario de Mitsuomi, ahora tanto el bibliotecario como Yuga sabían que había algo que estaban buscando y sin duda el Kasuga pregnutaría por ello y ahí empezaría todo.

Cómo le gustaba todo aquello. No poseía la mística que le había rodeado minutos antes, pero sin duda era hermoso a su manera. La grandeza de la política residía precisamente en aquella mezcla de belleza abstracta y procedimientos mundanos. ¡Y además iba a tomar té y pastas!

"Ohm... ¿Buscáis algo en particular??"

Preguntó con ojos curiosos el anciano. hanzo negó con la cabeza despacio y contes tó con cautela.

"Libros de historia sobretodo... Cronologías..."

Kasuga Shogo asintió despacio mientras, con sus manos a la espalda se diriría hacia el centro de la estancia, en donde estaba la mesa.

"Entonces seguidme, Isawa Hanzo-sama... se los daré, además, así podremos, si aceptáis al final mi propuesta, tomar algo en un lugar más apartado del núcleo de visitantes..."

Os hizo una seña con la mano e hizo que le siguierais escaleras arriba, junto a Kitsu Yuga, el cual andaba a su lado. Subisteis las plantas que os separaban de la más alta y allí el ancianito pidió que le esperarais en una mesa que había cerca de una barandilla en donde se podía contemplar una bonita panorámiica de las otras plantas, pues la escalera era circular y dejaba un espacio en medio de esa forma en la que se podía ver parte de las otras plantas y el circulo en donde estaba la mesa y las estanterías de un momento anterior en la planta baja.

Yuga se sentó despacio mientras os miraba un segundod e reojo y os hablaba.

"Bueno, y... ¿cuando habéis llegado a la ciudad? Porque que yo sepa, hasta este momento no tenía constancia más que en rumores de que el Maestro del vacío y otros tensais venían a la ciudad."

La voz del Kasuga resonó en lo rpofundo de unas estanterías, como si hablara solo y al rato apareció portando un montón de pergaminos.

"Como no habéis especificado más..."

Se disculpó sonriendo a la espera de que más tarde los vierais.

"En un momento vendrá el té y las pastas, le he dicho a mi nieta que las traiga."

Kasiha miró al finald el pasillo mientras parecía observar algo que se movía con cierta precaución.

"Pero bueno... mientras tanto... ¿Cómo es que habéis encontrado mi humilde biblioteca?? Se pasan personas días de fuera de este distrito para asegurarse de saber dónde es y, por vuestra apariencia, no parece que llevéis días andando."

Dijo casi riéndose, mientras te miraba directamente.

La Embajada Fénix está especialmente activa estos días, somos muchos los Fénix que hemos venido, me extraña que no hayais visto cientos de kimonos anaranjados por las calles.

Con aquella respuesta, Mitsuomi realizaba su último esfuerzo de provocar un debate en torno al Campeonato de Jade por sí mismo. Si esto fallaba, que fuera Hanzo el que hablase y Mitsuomi empezaba a pensar cómo hacerlo.

Y sí, el Maestro del Vacío y numerosos tensai están en la ciudad -añadió Mitsuomi con una sonrisa.

En parte le extrañaba la petición que le había hecho Hanzo al Kasuga, especialmente por la vaguedad. Bueno, extrañeza no era la sensación adecuada, más bien se sentía frustrado porque esperaba que la petición del Maestro del Vacío hubiese estado realacionada con el Campeonato de Jade de una manera más evidente. Al pedir registros históricos podía estar buscando cualquier cosa.

De todas maneras, Mitsuomi no pensaba darse por vencido. Se sentía exultante, lleno de confianza en sí mismo. Era como si los templos de los Kami le hubiesen hecho un regalo maravilloso, como si hubiesen hecho florecer una luz en su interior. Deseaba reír a carcajadas.

¿Hanzo-sama me permitiréis una frivolidad? La verdad es que en Kyuden Isawa no abundan los tratados poéticos y siempre he querido leer el tercer volumen del Manyoshu que nunca he podido encontrar en nuestra amada casa. Así que si no es mucha molestia, Shogo-san, ¿podríais facilitarme el tercer volumen del Manyoshu? Siempre he pensado que la mejor manera de acompañar un buen té, además de las pastas, es un buen poema.

No dudo para nada que tendréis el libro aquí, pues esta biblioteca tiene una reputación excelente. Sí, Shogo-san, hemos oido hablar de esta biblioteca, por eso hemos venido aquí sin parecer viajeros largo tiempo en camino. Al fin y al cabo somos Fénix, vivimos entre pergaminos igual que los Mantis viven rodeados de agua.

Qué sencillo era todo, qué fácil, pero no porque quienes le rodeaban fuesen torpes o fácilmente manipulables, sino por el nuevo valor que había en su interior. El mundo siempre había estado anegado en luz, pero sólo ahora Mitsuomi veía el resplandor.

Parecía que la táctica de hanzo por pedir algo que le fuera dificil o vago a la hora de buscarlo no había dado resultado, puede que lo que tratara el Maestro era descentrar la atención de ellos, pero, por supuesto, era todo lo contrario de lo que tu pretendías.

"¿Qué volumen?"

Rio Shogo cuando lo dijistes.

"Por todos los kamis, creía que moriría sin ver a alguien tomarlo excepto mi nieta!"

Y rio de nuevo con ganas mientras asentía con la cabeza. Unos breves pasos se oyeron por el fondo del pasillo y al poco tiempo apareció una jovencita que apenas llegaría a los trece. Llevaba el pelo suelo y moreno, hasta la cintura, tenía un flequillo recto sobre la frente y era muy delgadita y pequeña, resaltado esto por un kimono en tonos cores atenuados y amarillentos que formaban un patron abstracto. la chica llevaba una bandeja con té y pastas, y parecía más preocupada por que no se le callera con sus pasos cortos que en la conversación, aunque al hablar de aquel libro habías visto una chispa de inteligencia más que fugaz en su mirada al levantar un segundo su mirada.

Se sentó cerca de su abuelo y empezó a servir el té.

"Itsuko, no seas descortés con los caballeros."

Le regañó cuando sólo se inclinó, muy cortesmente ante vosotros.

"Perdonarla pero, esta juventud... cada día es más tímida, parece que temen tomar lo que les pertenece por su edad... ¡¡Así cómo habrán cambios en esta nueva era!!"

El Kitsu esbozó una sonrisa que te pareció lobuna en su lado izquierdo mientras anotaba.

"Bueno, eso pregúntaselo a nuestros hermanos Fénix."

Era una buena segunda debías reconocerlo... Los fenix eran los guardianes de la tradición no del cambio... y ademas le venía perfecto para responderte del porqué de tantos vosotros allí.

No sabías porque pero ahora sentías que als escuetas miradas que te había dedicado habían sido más que para saber cómo eras en apariencia...

El viejo bibliotecario os dio a cada uno vuestra taza mientras decía:

"Cierto cierto, esta primavera parece que todos, incluso los más tradicionales Fenix parecen querer estar en primera línea de los nuevos acontecimientos que darán un vuelco a la historia reciente."

Dejó escapar una risilla fugaz y anotó casi en voz baja, pero lo suficiente como para que se oyera.

"Debería alguien escribir sobre esto..."

La historia empieza por algún lado, y los sucesos que viviais tarde o temprano también serían historia...

Creo recordar que un famoso historiador Ikoma de la época en la que empezaba el reinado de Hantei Yugozohime escribió algo así como: La Historia es una línea recta sólo en apariencia, pues su verdadera naturaleza es la del círculo, siempre repitiendo el mismo camino. Lo que en un siglo son novedades que rompen con la tradición, en otro pueden ser tradiciones muy asentadas.

Os sorprendería saber, Yuga-san, lo poco tradicional que puede resultar el Fénix a veces.

¿Replicaría Hanzo a este comentario? Mitsuomi realmente no lo había hecho para ofenderle, pero el Maestro del Vacío podía tomárselo de aquella manera. Ya se disculparía después si llegase el caso.

En cuanto Shogo le trajera el volumen, Mitsuomi informaría a Hanzo de quien era Kitsu Yuga, usando un método curioso y bastante lírico (se permitió una risa mental ante esto). Esperaba que de aquella manera se inciara el debate que deseaba y que él mismo no estaba dispuesto a empezar. Mientras tanto, no vendría mal algo de conversación entre filosófica y trivial.

Os reconozco Shogo-san que mucha gente quiere formar siempre parte de la Historia, yo mismo incluso, aunque cada vez me doy más cuenta de que tal deseo puede resultar peligroso. Pero no me negaría a escribir una crónica de los sucesos que acontecen esta primavera. Aunque para eso ya están los Ikoma, no, ¿Yuga-san?

Sí, una conversación muy... trivial. Y las conversaciones triviales podían tener muchos frentes distintos, pues a menudo se caracterizaban por lo errático de sus temas.

No censuréis a vuestr nieta, Shogo-san, demasiados hay que quieren abandonar su juventud antes de tiempo y estoy empezando a considerar la junventud como un regalo de valor incalculable que no sabemos apreciar en su justa medida. Vaya, hablo como un viejo, creo que es de leer tanto, jejeje.

Hanzo pareció no tomarse a mal tus comentarios, porque puede que en cierto modo el pensara o quería creer aquello, después de todod eso le ahorraría muchas explicaciones sobre su interés por lo gaijin y extraño, si esto se convirtiera en tradición...

Yuga te miró de nuevo a los ojos fijamente en cuento nombrastes lo de los Ikoma para las hisotiras y replicó con una sonrisa que tuvo de todo mensoa amable, aunque en apariencia lo era.

"Yo creo que está bien. Nada es perpetuo y no debe formarse grandes escándalos cuando otra familia o una persona lejana a esa familia destacada por algo, toma el control de su campo más preciado.

Nada debería ser exclusivo. La hisotira no pertenece a los Ikoma, ni el arte a los Kakita, ni la magia a los Isawa...

No hay crimen alguno para deber formar un escándalo..."

Sonrió de nuevo. Y claro que sonreía... No sabías porqué pero parecía que ese hombre sabía por donde ibas y te había lanzado una más que con efecto... Porque por supuesto tu habías capatado perfectamente lo que quería decirte...

Shogo rio bajito y dijo mientras sacaba una pipa machicanshisha.

"Pero os aseguro que yo no deseo empezar una guerra con los Ikoma."

Yuga le miró sonriente y dijo en tono jocoso:

"Le aseguro que ellos con vosotros tampoco, a ningún daymio Ikoma le gustaría tener que hablar con el Señor de la Tortuga para decirle que emprenden una guerra..."

Y tanto! El Daymio de la Tortuga era el Emperador!! Shogo rio la broma con ganas. Mientras tanto Hanzo parecía observar como la joven Itsuko volvía con tu volumen. Se lo entregó a su abuelo y este te lo tendió a ti.

"Es un libro para disfrutrarlo..."

Hanzo de nuevo parecía meditabundo, mientras ojeaba sus volúmenes, puede que estuviera escuchando o hubiera visto algo interesante, a veces ese hombre era muy confuso...

Lo cierto es que Kaisha, que impasible se snetaba tras de él, parecía más atento a la conversación que él, lo cual no sabías porqué te daba mala espina...

Cuánta razón tenéis, Yuga-san. La historia, el arte, la magia... pertenecen al Emperador.

Mitsuomi se permitió una agradable sonrisa dedicada al Kitsu mientras decía esto. De aquella manera daba por cerrada la conversación entre ambos, una conversación que estaba derivando claramente hacia el tema que Mitsuomi no quería abordar directamente él mismo. ¿Le estaba provocando Yuga adrede? Probablemente, pero no importaba, ya tenía lo que deseaba entre las manos.

Pasó con cierta rapidez las hojas del tercer volumen del Manyoshu. No había mentido al afirmar que no lo había leído en Kyuden Isawa, pues lo había hecho en otra ciudad.

Buscaba una página concreta, donde se daba una conjunción de poemas que servirían perfectamente a las intenciones de Mitsuomi. Aquellos poemas estaban escritos por un tal Kitsu Michizane y trataban, como la mayoría de los poemas de la antología, sobre el amor cortesano.

Mitsuomi permaneció un momento leyendo la página. Eran cuatro poemas que formaban un insólito conjunto dentro de la obra, pues eran cuatro poemas consecutivos que describian en forma de torneo un acercamiento amoroso entre el autor y una bella cortesana. El primer poema consistía en la descripción de la amada, el segundo hacía referencia a la aparición de un rival, el tercero narraba el enfrentamiento amoroso entre ambos hombres y el cuarto describía la euforia del autor por haber triunfado.

Mitsuomi le tendió el volumen a Hanzo.

Mirad, Hanzo-sama, este es un poema muy curioso -dijo con aparente inocencia al tiempo que al mostrarle el volumen al Maestro del Vacío, señalaba con el dedo cierto verso del tercer poema "mi más fuerte rival".

¿Lo entendería Hanzo? El autor era un Kitsu y el verso era bastante elocuente, además de que Hanzo se extrañaría de que Mitsuomi le mostrase un poema así porque sí, además de que el poema ni siquiera era especialmente bueno.

Por otra parte, para desviar la conversación y permitir a Hanzo que tratase de comprender su indirecta, Mitsuomi se dirigió hacia la nieta del Kasuga.

Es loable que una joven de nuestros tiempos haya leído el Manyoshu. Actualmente estos poemas se consideran anticuados y pasados de moda. La corte prefiere los haiku o los waka de inspiración más moderna, mientras que estos poemas suelen ser mucho más largos.

Ahora mismo recuerdo una anécdota muy curiosa. Hantei II deseaba tomar esposa y por supuesto decidió hacerlo entre las muchachas Doji. Le fueron presentadas muchas jóvenes hermosas e inteligentes, llenas de ingenio como es de esperar en la Grulla, pero él no era capaz de decidirse por ninguna.

Sin embargo, un día oyó un cortesano Grulla quejándose en los jardines de palacio. Al parecer su hija no había sido designada para ser presentada al Emperador como posible esposa. ¿Y cuál había sido la razón? Que, aunque tan bella como las otras, al parecer no poseía ningún talento especial, salvo el de conocer todos y cada uno de los poemas del Manyoshu de memoria.

El Hantei, picado por la curiosidad, hizo llamar a la muchacha y la sometíó a una prueba. Colocó ante ella un tablero de go y le dijo que jugarían una extraña partida: él le recitaría el primer verso de diversos poemas del Manyoshu y ella tenía que completar el poema; si acertaba colocaría una ficha blanca en el tablero, si fallaba sería una negra; si cuando terminase el examen habían ganado las piezas blancas, ella se convertiría en su esposa.

Y la prueba dio comienzo. El Emperador tomo el primer volumen y empezó a recitar el primer verso de varios poemas escogidos al azar. La muchacha los completó todos sin el menor error. Y así siguieron, poema tras poema, volumen tras volumen, durante toda la tarde y después durante toda la noche.

Mientras tanto, la familia de la joven, sabiendo que su hija se estaba sometiendo a un examen, oraron fervientemente durante toda la noche para que su hija saliera airosa. Cuán grande fue su alegría al saber que la luz del amanecer había brillado sobre un tablero completamente blanco.

¿Acaso sería posible que sucediese algo así en nuestros días?

Hanzo miró el poema unos segundos en silencio antes de que tu plática pusiera de fondo música a su lectura y comprensión.

La muchacha Kasuga, que ciertamente no era una jovencita afeada pero tampoco especialmente recalcable, te observó con mucha atención y cuando empezastes a narrar la historia sus ojos brillaron con el toque de aquel que sabe el final de la historia pero que, sin embargo, la escucha una y mil veces.

Bajó algo la cabeza he hizo que su abuelo la mirara mientras le daba un pequeño codazo amigable para que contestara.

"Ciertamente en los tiempos en los que vivimos creo que podríamos ver todo tipo de repeticiones de hechos llamados ahora "curiosos" por estar pasados de moda o olvidados...

Pero no podemos olvidar que lo que promueve que sean tiempos diferentes es la dificultad de estos... Sin embargo... humildemente pienso que muchas veces la historia nos ha mostrado que los acontencimientos más "pintorescos" son los que ocultan no sólo mayor sabiduría sino la primacía de unos valores indispensables y relegados al olvido...

Puede que estos versos sean como las flores olvidadas que florecen en el crudo invierno... Todos beneran las rosas y las flores de la primavera, muchos añoran los colores amarillentos del verano y otros los ocres del otoño... Pero... demasiados no recuerdan aquellas que son capaces de crecer bajo la nieve... Esas flores, como los poemas no sólo no estan carentes de belleza, incluso yo diría que son mejores, no por su antigüedad sino porque nos enseñan, como aquella flor que se libra del azote delas heladas, algo que un haiku rápido e improvisado no puede...

A vencer cuando todo se creía perdido y a ser constante para poder al final, cueste lo que cueste, florecer..."

Yuga levantó una ceja mientras esgrimía una sonrisa queda y dijo:

"Pero muchas veces el olvido es sinónimo de conceptos desfazados... Lo verdaderamente clásico, lo que constituye valores relevantes eso no se olvida... ¿acaso se ha olvidado el bushido? ¿Hay lago más viejo que esos valores?

Muchas veces no tenemos que atenernos a los viejos pensando que es lo mejor, los cambios, sean en las estaciones o en la literatura o... en otros ámbitos son buenos... Traen vientos frescos a nosotros y nos abren nuevos horizontes..."

"¿Entonces el León, fiero defensor de la tradición, dice ahora que deben llegar nuevos aires remodeladores empezando por el arte? Dijo Hanzo con tono serio pero con cierto cinismo.- Vaya... pues deben de empezar a pensar eso desde hace poco... porque muchos inviernos he estado en su corte y diría sin miedo a equivocarme que más regios y severos en cuanto a tradiciones no los hay, excepto quizás los Cangrejos...

Vos debéis de ser un librepensador de vuestro Clan, porque no creo que tan facilmente el grueso del León crea en el cambio... Sino... ¿si tan bueno es leer y dejar que, por ejemplo, la poesía avance y olvide obras maestras como esta por descuido... acaso el león no debería dejar que se olvidase esa costumbre de tener un Tao sin abrir en sus dôjos? Después de todo... Es avance ¿me equivoco?

Yuga quedó un segundo callado. Era hora de decir algo o dejar ver si el León había aceptado el primer golpe del Maestro "dormido", pues hasta ahora parecía más pacífico en cuanto a meterse en una conversación de "literatura" que en otra cosa, pero puede que ese golpe de efecto os diera ventaja. Después de todo, debes reconocer que tu eras el primero sorprendido en la vuelta que le había dado a las palabras del León, para bien o mal.

Parecía que esta charla del cambio y del Campeonato empezaría por una pacífica charla de literatura clásica...

Algo que Es deja de Ser y algo que No-Es pasa a Ser.

Mitsuomi pasaba hoja tras hoja del volumen, deteniéndose a veces para leer los poemas que conocía y que más le gustaban. La conversación estaba tomando el sentido que deseaba y la intervención de Hanzo había sido totalmente acertada: agresiva y polémica, lanzada directamente contra el Kitsu. Había pensado no volver a intervenir y escuchar como se desarrollaba el debate, pero cierto orgullo se había impuesto a tal pensamiento y por eso había intervenido de aquell manera.

Tal es la definición del Cambio. Pero, ¿es tal cosa posible? La respuesta más obvia es: sí, pues algo permanece.

Durante los tiempos en que se empezaba a introducir el haiku como forma poética, se consideraba que todo poema de menos de siete versos era algo frívolo, indigno del arte, como si no se pudiera expresar nada adecuado en tan pocas sílabas. Hubo debates feroces,pero al final se aceptó el haiku como forma poética por derecho propio y no sólo como una parte de la renga o un waka simplificado.

Y a pesar de que algo cambió en la manera de entender el arte, el waka siguió siendo un género poético importantísimo, situado en el mismo puesto que el haiku. ¿Por qué? Pues porque algo permaneció, la Belleza de la poesía que no conoce de versos ni de sílabas, tan sólo de sí misma, pura y simple Belleza.

Alzó la vista de los versos y miró a Kasuga SHogo, no porque se dirigiera a él, sino porque era un punto neutral entre los dos extremos del hilo.

A veces para que aparezca lo nuevo no se necesita romper con lo viejo, a veces simplemente lo antiguo se transforma y permanece en el interior de la novedad como las raíces del árbol.

Lo que había dicho sin duda sería aprovechado por Kitsu Yuga, pues era un argumento que bien podía esgrimirse contra los propios Fénix y su anhelo de que no se llevara a cabo el Campeonato de Jade. Era posible que también Hanzo lo considerase inadecuado o viera el peligro evidente de tal afirmación. Fuese como fuese el debate continuaría con los argumentos que Mitsuomi consideraba los más "adecuados". De todas maneras, la fidelidad hacia su clan no le permitía darle un arma tan afilada al Kitsu.

Y, Yuga-san, sí que hay algo más antiguo que el Bushido: la Tierra y el Cielo, lo que está Arriba y lo que está Abajo, incluso el corazón humano.

Mitsuomi sonrió y miró esta vez a Itsuko, la nieta del bibliotecario.

De todas maneras, siempre nos queda esa forma especial de deseo que es la esperanza.

"El cambio obviamente creo que esta mal entendido, en mi opinión, la transformación del estilo poético hasta la aparición del haiku es malinterpretado vilmente, como una muestra del bien que causa el avance.

Es cierto que la métrica cambió al igual que la forma de pensar... ¿Pero no es cierto acaso que lo hizo dentro de la propia poseía? El cambio no llevó a decir a los ilustrados que tras este género la lírica se convertiría en prosa ni nada parecido.

Así pues no es que se deba rechazar la evolución, pero creo que si es inadecuado la evolución forzada fuera de las fronteras adecuadas."

Como por ejemplo una evolución del control de la magia fuera del fenix. Debías reconocer que todo esto empezaba a ponerse interesante.

Shogo esgrimió una sonrisa pícara mientras le decía a su nieta.

"I-chan, por qué no vas por más té, creo que esta discusión pronto pasará de los límites de la poseía a otras fronteras más lejanas..."

La chica que obviamente no podía estar al tanto de todo y no tenía aún la sabiduría de la edad asintió deprisa y se dispuso a levantarse, mientras tu notabas como la mirada inquisidora de kaisha la seguía. Hubieras dejado de prestarle atención si no fuera porque notastes que este se levantaba. Por el rabillo del ojo pudistes ver comod esaparecía tras vosotros entre las estanterías.

¿A dónde iría? Te ponía nervioso ese movimiento y te desconcentraba de las últimas palabras de Yuga hacia Hanzo. De hecho ni las habías oido, pero por el gesto compungido y la neutralidad de Hanzo había sido un comentario insuficiente.

"...

... Pero naturalmente que hay fronteras más limitadas que otras, sin embargo muchas veces dentro de un género que es idéntico se le colocan lineas divisoras que no deberían existir. Es como decir que las letras deberían ser separadas por avismos. La prosa y la lírica no están tan separadas como muchos creen y puede que algún día la prosa poética cobre una fuerza tan grande que aniquile las lindes creadas por el hombre. Puesto que después de todo eso es lo que son, límites humanos, no divinos.

¿Es que todo debe estar limitado? ¡Y encima por el hombre! Si acaso el Emperador hubiera dicho que esa linde realmente existe se entendería, es el Hijo de los Cielos, sin embargo, como en muchas otras cosas es la costumbre de una mayoría a veces poco cualificada la que cunde. Es como una tiranía de la mayoría! Irrazonable e incontenible sólo por el número de repetidores de conceptos como si fueran realmente estudiosos!

¡Saben los cielos las de veces que, por ejemplo, ese tratado que Mitsuomi-san tiene entra manos ha sido repetido por necios como si conocieran realmente su contenido! Y solo porque algunos recitaron delante suyo una perorata de sandeces que se les quedaron grabadas y qeu repiten como papagallos!"

Mitsuomi frunció el ceño al ver lo que había hecho Kaisha. La conclusión más obvia era que el arrogante yojimbo había decidido ir atras la nieta del bibliotecario, quien sabe con qué lúbricas intenciones. La oscuridad entre las estanterias sin duda era el lugar perfecto para llevar acabo actos poco honorables.

En su mente, la imagen que había presenciado al salir del baño en la Embajada Fënix la noche anterior todavía estaba presente. No podía permitir que se repitiese aquello y menos en una biblioteca ajena al clan; sería algo desastroso para la reputación del Fénix y tiraría por tierra todos los planes de Mitsuomi para aquella mañana.

Tenía que localizar a Kaisha y comprobar si realmente albergaba las intenciones que le suponía Mitsuomi. Se alegraría si sus sospechas fuesen infundadas, pero no podía dejar pasar aquello sin al menos saber que estaba haciendo el Shiba.

El cariz que estaba tomando el debate era el que Mitsuomi deseaba y al parecer el Kitsu era muy beligerante en su dialectica. No le extrañaba nada que Yuga fuese la principal baza León para oponerse al Fénix en el asunto del Campeonato de Jade. El Maestro del Vacío también había demostrado ser un defensor apasionado de sus ideas, así que Mitsuomi pensaba que la discusión entre ambos iba a transcurrir tal y como él lo había previsto, justo hasta el momento en el llegara Mai. Así pues, había llegado el momento perfecto para dejar a ambos shugenjas con la discusión y adentrarse en la biblioteca en busca de las referencias que necesitaba, tarea a la que ahora se añadía localizar a Shiba Kaisha y detenerle si abrigaba algún tipo de deseo indecoroso hacia la joven nieta de Kasuga Shogo.

Hanzo-sama, si me disculpáis os dejaré con Yuga-san para que prosigais un debate tan interesante. Mis escasos conocimientos no harían sino entorpeceros a la hora de expresar vuestras opiniones. Si me lo permitís, Shogo-san, me gustaría internarme en vuestra biblioteca. Soy un apasionado de estos templos repletos de pergaminos y a menudo me tomo como un desafío personal averiguar el sistema de clasificación.

Antes de recibir las respuestas tanto de Hanzo como del Kasuga, Mitsuomi se volvió brevemente hacia Yuga y le dijo con toda inocencia:

Tal vez, Yuga-san, deberíais pararos un momento a meditar sobre el origen de ciertos "límites", sobre su naturaleza humana o divina.

No te gustaba aquella sensación en la penumbra mientras caminabas despacio entre las numerosas estanterías buscando unos pasos invibles de un hombre que te daba más que mala espina.

En un momento escuchastes algo y te dirigistes aprisa sin saber muy bien qué hacías, y sin prestarle mucha atención a los libros, sólo en la pequeña Itsuko. El final de una de las estanterías estaba a escasos metros tuyos. Tres metros, dos, uno y... Casi chocas de repente con la espalda de alguien. Te detuvistes en seco y vistes como Kaisha se daba la vuelta, dejando de estar apoyado en la varandilla en donde se veían las tres plantas de la biblioteca. Observandote con un gesto entre la molestia y la seridad.

"¿Perdido Mitsuomi-sama? Creía que estabais escuchando tan elocuente plática..."

Tras él se veían las escaleras que, en espiral, pasaban por todas las plantas, y a Itsuko subiendo con una bandeja cargada. Que casualidad... Oisteis ruidos ambos y Kaisha se volvió un poco, para ver como, de entre las estanterías de la primera planta aparecía una tímida Isawa Mai.

Entonces Kaisha se volvió hacia ti y con una sonrisa maquiavélica te dijo:

"Vaya... que casualidad... parece que todos los Isawa tiene la misma idea... Ya sólo nos queda que venga Akemi-san para estar al completo..."

Y no sabes porqué pero el tono en el que nombro a tu yojimbo hizo que se te pusiera la piel de gallina...

Mitsuomi se alegró de que su presencia hubiese detenido cualquier posible itnento por parte de Kaisha de acosar a la joven Kasuga. En otras circunstancias se hubiese limitado a murmurar alguna excusa y se hubiera alejado del arrogante Shiba, pero por otra parte, no tenía nada mejor que hacer salvo deambular por la biblioteca y una conversación con el yojimbo podría resultar muy estimulante. A decir verdad, se sentía juguetón, muy... cortesano.

Algunos tenemos deberes que cumplir, Kaisha-san, no basta con limitarse a observar -los ojos de Mitsuomi se volvieron en la dirección de Itsuko-. De todas maneras, el debate que se está llevando a cabo sin duda se repetirá en los días sucesivos, creo que puedo permitirme retrasar un poco mi participación en ellos.

¿Y vos, kaisha-san? Me pregunto qué buscaría un samurai como vos en una biblioteca como esta.Tal vez pueda ayudaros, no soy el bibliotecario, pero tengo ciertos conocimientos sobre como funcionan estos sitios.

Por supuesto que sabía que Kaisha no tenía intención alguna de perderse en la biblioteca con objeto de admirar los libros, pero nunca estaba de más fingir algo de inocencia. Se sentía ligeramente avergonzado del placer que sentía fastidiando a aquel Shiba.

Y entonces apareció Mai. Tal vez era algo antes de lo que Mitsuomi había previsto, pero realmente su noción del tiempo se había trastocado en el templo de los Kamis. Por supuesto que no pensaba acudir a su encuentro inmediatamente, pues tal cosa hubiese llamado demasiado la atención, así pues todavía le quedaban unos minutos de conversación con Kaisha.

Ah, ¿pero creeis en la casualidad, Kaisha-san? Yo no. -dijo Mitsuomi como réplica al último comentario del Shiba-. Es como si le dijérais a una pieza de shogi si existe el azar. Siempre está la mano del jugador detrás de cada movimiento, ese es el terrible destino de las piezas, aunque a veces el propio jugador no es más que una pieza -Mitsuomi suspiró y se encogió de hombros- En fin, es un tema complicado, muy metafísico, ¿no os parece Kaisha-san? Y mi yojimbo, Akemi-san, está realizando ciertos encargos para mí esta mañana, entre ellos entregar una invitación para cenar al embajador Kondou-sama. Pero veo que tenéis un gran interés en ella. Se supone que soy su señor, podría concertar perfectamente un matrimonio entre ambos, ¿os gustaria?

Kaisha sonrió de una manera que no te gustó nada cuando dijistes "que buscas" y con una mueca torcida en el lado izquierdo, entre maquiavelismo y arrogancia te contestó:

"Buscaba una manera de no aburrirme tanto mientras cumplo a la vez mi trabajo..."

Y aquello quedó en el aire mientras veías como, a posta, sus ojos se iban a su parte más extrema para ver subir a la joven Kasuga que parecía muy concentrada en no volcar todas las cosas que llevaba en la bandeja.

Un repeluz te entró por el cuerpo mientras le veías sonreirte a la vez que te miraba directamente a los ojos. Luego oyó tu plática hacerca de la casualidad y mientras se encogía de hombros te respondió:

"Sólo me maravillo de la cantidad de "casualidades" que pasan estando cerca vuestra..."

Entonces su mirada se cernió sobre una perdida Mai que parecía por fin haber encontrado las escaleras para subir a donde se oían las voces. Esa mirada para variar tampoco te gustó, no era lasciva, pero había algo que te hacía temer, era como la de un lobo que veía mientras se relamía los dientes a un corderito solo e indefenso...

Con tus últimas palabras, que parecieron un cubo de agua fria en su mirad al centrarse de repente de Mai en ti, vistes como su mueca se contrajo. ¿Era odio? ¿acaso ira? No estabas seguro pero estaba llevado de una maner un tanto peculiar. Era como si todos aquellos sentimientos guardados los retuviera y esperara para lanzartelos...

Con una nueva sonrisa entre de nuevo vanidosa y desconcertante por la frialdad dejó escapar de entre sus labios, como espadas:

"No me hace falta vuestra opinión y bendición. No podréis evitarlo, Akemi será mía."

No sabía si odiar a Kaisha o sentir lástima por él. Si Shiba Makoto había sido el opuesto completo de Kaisha, Mitsuomi pensó que se había perdido para el Imperio un grandísimo samurai. Pero no podía dejarse llevar por el odio al hablar con aquel arrogante samurai, pues era un buen momento para tratar de obtener algo de información, mientras dejaba que Mai se encontrase con Hanzo y Kitsu Yuga.

A veces se comenta que si bien del destino es soberano en decidir la vida de los mortales, en ocasiones son los ishi los que retuercen el destino por su especial contacto con el Reino Intermedio. Por eso algunos nos consideran imanes para la buena suerte y otros... bueno hay quien cree que somos muy peligrosos.

Mitsuomi sabía que nunca podría reproducir la sonrisa lobuna de Kaisha, no era una expresión que se le diera bien. Él prefería lanzar sus veladas amenadas acompañadas de sonrisas, en parte como una muestra de cortesía hacia el oponente. Por supuesto, eso no quería decir que sus intentos de intimidación fuesen menos eficaces.

No tengo mucha experiencia en esto de tener un yojimbo, pero por lo que tengo entendido mientras Akemi-san esté junto a mí, me temo que sí que necesitareis mi bendición si quereis que ella... sea vuestra. Claro está que siempre podéis intentar conseguir que deje de ser mi yojimbo, pero no creo que os interese acumular más favores y de semejante magnitud, ¿me equivoco? Al menos a mí no me gustaría, sería como sostener una enorme roca que a cada momento amenazase con aplastarle a uno. Y no me digais que vos podríais aguantar ese peso, porque nadie puede.

Con aquellas palabras, Mitsuomi había realizado un movimiento muy arriesgado, pero que podía dar muy buenos frutos y lo había ejecutado de manera tan ambigua que era muy probable que Kaisha no se diera cuenta de sus verdaderas intenciones. Pero no estaba de más añadir algo más de leña al fuego.

Es curiosa la naturaleza del deseo, ¿no os parece, Kaisha-san? -comentó Mitsuomi como de pasada, mientras alzaba la vista al techo de la biblioteca-. En ocasiones deseamos algo simplemente porque no puede ser nuestro o, lo que es aún más extraño, porque fue de quienes más cerca estaban de nosotros. Lo qué daría por poder desvelar algunos misterios del alma humana.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 10:50 pm

Kaisha fijó sus ojos en ti mientras parecía que acumulaba toda la oscuridad a su alrededor y devoraba la luz de las tenues lamparillas y de los rayos que entraban por las ventanas. A su alrededor había un aura que daba más que miedo. y no es que tu lo sintieras con frecuencia, sino que era de tontos no saber cuando algo era peligroso.

La inestabilidad de su aura era tan visible que de verdad llegastes a pensar cuando nombrastes a Akemi que desesnvainaría la katana en tu contra y te mataría allí mismo. Seguramente su mente poseería tan poco equilibrio como su aura, y eso le hacía aún más peligroso. Sin embargo no era lo que más te asustaba sino esa sensación de que si todo aquello pasaba era porque el mismo Kaisha quería no controlarse... había algo retorcido en la mente de aquel joven... de obsesivo... que le convertía en un arma muy peligrosa con un filo demasiado pulido...

"Las cosas caen por su propio peso... sean rocas o acontecimientos lógicos... Sólo espero que disfrute de ello... Y no se preocupe... será el primero invitado a la boda..."

Y con cada palabra la amenazas y el choque de miradas aumentaba mientras notabas como aquel chico pensaba en todo menos que no tenía razón, era una obsecación tan tangible como aquellos libros y tan extrema como su caracter...

"Si tenéis curiosidad por mis palabras... siempre podéis "ver" el futuro.. después de todo es lo que acabáis de decir... que los Ishi poseéis ese tipo de "dones"... Y

Y ya que estáis... si sois tan "amable" Decidme si la primavera que viene hará buen tiempo, para posponer sino los lazos a una estación más seca como el verano..."

¿Me estais pidiendo que me arriesgue a incurrir en la ira de las Fortunas al internarme en los casi prohibidos senderos del futuro tan sólo para deciros qué tiempo hará? -preguntó Mitsuomi, fingiéndose escandalizado-. Espero por vuestro bien que no le hagáis la misma petición al Maestro del Vacío, probablemente él no será tan amable en su reacción como yo.

Era sorprendente como lo que no había nacido más que como una broma para seguirle el juego a Kaisha había terminado convirtiéndose en una amenaza velada. ¿A qué Maestro del Vacío se refería Mitsuomi? Pues evidentemente a sí mismo. En aquellos momentos no tenía el poder necesario para hacerle pagar a Kaisha sus actitudes, pero cuando alcanzara el puesto que deseaba.. oh sí entonces las cosas serían muy diferentes.

En el fondo, la arrogancia del joven le producía una gran tristeza. Aquel Shiba era ambicioso, pero la suya era una ambición destructiva, capaz de arrasarlo todo a su paso. Completamente distinta de la mía, quiso pensar Mitsuomi. Odiaba enormemente a Kaisha y en parte se sentía avergonzado por aquel sentimiento.

No, decidió, no destruiré a Shiba Kaisha, por mucho que me enfade su actitud, pues haciéndolo no conseguiré nada. Tal vez podría intentar... "redimirlo", tomándoselo como una especie de proyecto; pero en el fondo no se creía capaz de tal hazaña. Le daba pena que un potencial como el de Kaisha se perdiera, y es que la gente como él tendía a autodestruirse, como el propio yojimbo había dicho: "Las cosas caen por su propio peso... sean rocas o acontecimientos lógicos".

Pero sus intenciones benignas no significaban que no pudiera divertirse un poco o al menos hacer un último intento de abrir una brecha en aquella muralla.

Creo que si queréis una predicción metereológica lo mejor es que acudiérais a un campesino, ellos son expertos en predecir las lluvias y todo tipo de fenómenos atmosféricos observando el vuelo de las aves y de los insectos -Mitsuomi adoptó una cómica expresión pensativa al tiempo que empezaba a rascarse una ceja-. Ahora que lo pienso, tal vez debería sentirme ofendido por vuestra petición, pues habría quien viera en vuestras palabras un intento de compararme con un heimin. Me pregunto si debería desafiaros a un duelo por un insulto a mi honor y claro, entonces tendría que ser Akemi quien me defendiera, por lo que el duelo a muerte sería entre ambos. Qué situación más poética: dos amantes enfrentados a muerte, condenados a acabar con la vida del otro. ¿Qué harías en esa situación, Kaisha-san?

Kasiha contrajo el gesto de nuevo en una expresión entre la ira, la duda e incluso cierto cinismo por lo que hahbías dicho y respondió más tranquilo de lo que esperabas:

"Entonces me temo que debería esperar a que las "casualidades" destruyeran el compromiso... Ya se sabe que en esta época del año es muy fácil enfermar... y a veces un costipado puede transformase en una neumonía... y todo el mundo sabe que esta puede llegar hasta la muerte..."

Y dejó ahí aquel comentario en el aire mientras no apartaba su mirada de la tuya. Lo que más te molestaba de ese hombre no era sólo su arrogancia sino aquella obsesión malsana por tu yojimbo...

Mai llegó a la tercera planta y al veros en uno de los bordes del pasillo, pegados a la barandilla que os permitía ver las otras plantas, avanzó hacia ustedes. Tras ella iba una joven que seguramente no os habríais fijado al entrar, puesto que puede que lo huiera hecho minutos más tarde que su señora. La reconocistes como Shiba Kiriko, la yojimbo que había tomado Mai, una chica pequeña y menuda con el pelo corto por las mejillas y una larga trenza en la parte posterior de su cabeza.

La yojimbo caminaba dos pasos tras la shugenja, portando un arco bien enfundaado. Sonreía, pero al veros levantó una ceja, puede que por esta extraña mezcla de personajes tan dispares o puede que por Kaisha...

"Ahm... buenos días Mitsuomi-san... Kaisha-san..."

Dijo Mai al llegar a vuestro lado, compartiendo aquella mirada con su yojimbo...

Mitsuomi no sintió miedo alguno ante la clara amenaza de Kaisha, de hecho lo que sintió fue una gran decepción. Había esperado más del Shiba, al menos algo de deferencia por el esfuerzo que hacia el propio Mitsuomi para encontrar la manera adecuada de expresar sus pensamientos con sutileza. Aquella amenaza expresada de una manera tan evidente lo único que había conseguido era que Mitsuomi perdiera el poco miedo que podía sentir ante Kaisha, por supuesto que no subestimaría la aparente locura que anidaba en la mente del yojimbo, pero había tomado conciencia de la debilidad que anidaba en su espíritu, mucho mayor que su aparente fuerza.

La respuesta ante aquellas palabras de Kaisha hubiese sido complicada (¿reírse de él? ¿devolverle la hostilidad? ¿indagar más profundamente en su relación con Akemi?), pero la aparición de Mai y su yojimbo resolvió aquel problema.

Al ver a Mai le asaltaron los recuerdos de lo sucedido en el templo de Doji. Estaba claro que tarde o temprano tendría que hablar con ella sobre lo que pensaba y sentía (o más bien sobre lo que no sentía). Todavía guardaba la pequeña esperanza de estar equivocado. Cuando estuviera más tranquilo y, sobre todo, más solo, pensaría profundamente en todo lo sucedido y tomaría una decisión.

Reconfortado por aquella excusa para retrasar lo inevitable, Mitsuomi se dispuso a continuar con su pequeño juego.

Buenos días, Mai-sama -dijo Mitsuomi, otorgándole a la joven shugenja el título que merecía como Maestra del Fuego, por mucho que su status fuera provisional. A continuación se inclinó levemente hacia la yojimbo de Mai-. Vos debéis de ser Shiba Kiriko-san. Akemi-san me ha hablado de vos.

Aquella última frase iba dirigida no solo a la arquera, sino también a Kaisha. Mitsuomi al parecer había revelado que había interrogado a Akemi acerca de los diferentes yojimbos. Si a Kaisha le debía de quedar alguna duda sobre si él sabía algo sobre su pasado, diciendo aquello no debería quedar ninguna.

Hanzo-sama se encuentra también en esta biblioteca, Mai-sama, por si desearais encontraros con él. Se encuentra debatiendo en estos momentos con Kitsu Yuga-san, un shugenja León, y les acompaña Kasuga Shogo-san, el bibliotecario.

El tono de Mitsuomi era completamente formal, pero a la vez se mostraba solícito, dispuesto a ayudar a la Maestra del Fuego, como correspondía a un shugenja del Fénix ante su superior. Había callado sobre lo que Kaisha y él estaban haciendo, por si Mai preguntaba, de manera que Kaisha tuviera que contestar. No sabía por qué, pero le resultaba gratificante forzar al Shiba de aquella manera.

"Ohm... Bien, entonces debería ir a mostrar mis respetos... no estaría bien por mi parte hacer lo contrario... ¿Me acompañáis Mitsuomi-san?"

Dijo de manera alegre pero con normalidad, como si todo aquello de verdad fuera una casualidad, se veía que Mai templando sus nervios sabía expresarse y actuar como una verdadera actriz. Una habilidad junto con otras que tu siempre te habías preguntado de dónde vendría...

Mai empezó a andar hacia donde tu le habías indicado, mientras Kaisha simplemente dejaba escapar un soplo de aire en un leve "Tsk". En cierta medida tu nunca te habías planteado ser una mala persona hasta que le habías conocido, debes reconocerlo, eso de que sintieras un placer profano por fastidiarle era más que hiriente a veces en tu buena intención...

Inconscientemente, mientras andabas siguiendo a Mai, oistes unas voces a tus espaldas. la costumbre del cortesano de tener oido en todas partes. Escuchastes entonces esto:

"¿Qué? ¿Estas pensando desafiar a ese tipo en la Apuesta de los Arqueros? Esta mañana se os veía muy de "amigüitos"..."

"Que poco discreto eres a veces, Kaisha-san. No es nada, ambos amamos el tiro con arco, no veo que haya incombeniente en que compartamos conocimiento... Además, es discípulo de mi abuelo."

"Ya... Conocimiento... Pues espero que no compartáis mucho "más conocimiento" recuerda que si él gana la Apuesta de los Arqueros, cualquier opción que hubieras tenido de "compartir más de eso con él" se te acabará. Terminará siendo un blanco de la corte y... obviamente tu con parte de tus orígenes Kasuga... no creo que pudieras optar a nada..."

Pareció que la joven y pequeña Kiriko fue a decir algo sin embargo una bocanada de aire salió de su boca y luego unos pasos apresurados por seguiros. Mientras se oía de fondo una leve risa... proveniente, obviamente de Kaisha.

La mesa estaba tal y como la dejastes, aunque puede que más animada. Itsuko, al lado de su abuelo, escuchaba atentamente todo con una aire entre preocupación porque el cariz estaba cada vez más vivo e interés. Shogo sonreía siempre, de manera que era imposible tratar de pensar que sentiría más allá de esa alegría que le provocaba sonreir y que suponías que era una tapadera de un viejo zorro... Hanzo estaba bastante concentrado en la conversación cuando llegasteis, tanto que, como estaba de espalda a vosotros, tardó en darse cuenta de vuestra llegada. Sólo la cara de Yuga le distrajo y le llamó la atención sobre vosotros. Y... si, por un segundo, la expresión taimada y metida en la conversación de Yuga se vio truncada yrevuelta al ver a Mai. Calló de golpe y sus ojos brillaron un segundo con una luz extraña, entre el irrealismo de ver un fantasma y una extraña alegría de aquel que no acepta la muerte y cree posible poder ver al ser amado.

Aparecer con Mai ante Hanzo no era una idea demasiado atrayente para Mitsuomi, pues provocaría en el Maestro del Vacio las mismas suspicacias que atesoraba Kaisha. Pero la petición directa de Mai no podía ser ignorado sin dar algún tipo de excusa, así que no tenía más remedio que acompañar a la shugenja hacia donde se encontraban los otros tres. Tampoco debía preocuparse tanto, al fin y al cabo no pasaba nada realmente grave.

Por supuesto, Mai-sama. Seguidme, por favor.

Mientras caminaban escuchó la breve conversación entre Kaisha y Kiriko. SI algo bueno había tenido la petición de Mai era el hecho de poder alejarse del yojimbo de Hanzo sin tener que dar alguna justificación que demostrara su intranquilidad. El joven Shiba le estaba hablando a la yojimbo de Mai con una impudicia y una falta tan absoluta en sus maneras que poco faltó para que se girara y lo pusiera en sus sitio a base de gritos. Pero se contuvo, pues se consideraba un hombre civilizado y sensato.

Kiriko-san, deberíais consideraros honrada por poder recibir "lecciones" de Kaisha-san. Al parecer es un samurai tan excelente que puede cumplir su función de yojimbo sin estar cerca de su protegido. Y sin duda tiene algo de cortesano, pues cuando se le pregunta por su alejamiento responde que es que está aburrido. ¿No os parece una distracción excelente?

Aunque se dirigía a la joven arquera, Mitsuomi había hablado en voz lo sufciientemente alta para que Kaisha le oyera. Por un momento, se arrepintió de no haber cogido uno de sus abanicos antes de salir aquella mañana, pues los golpes de efecto que se podían lograr al abrir y cerrar de golpe las varillas de madera eran sumamente eficaces en situaciones como aquella.

Trató de olvidarse de Kaisha y rememoró la breve conversación entre los dos yojimbos. Sabía en qué consistía la Apuesta de los Arqueros y que era una competición marcial muy habitual en los grandes eventos de la corte, por lo que sin duda tendría lugar durante la cena en honor a la Emperatriz. ¿Quién era "ese tipo"? Por lo que podía deducir de las palabras de Kiriko tenía que ser un Fénix, un Shiba, ¿tal vez el yojimbo de otro de los candidatos? Sería bueno enterarse de aquel nombre aunque fuese tan solo como dato menor, pero desde luego no iba a preguntar nada directamente.

Cuando llegaron a la mesa, Mitsuomi ni siquiera se fijó en Hanzo, pues quería estar atento a la reacción de Yuga cuando apareciera Mai, si bien su mirada se fijó en el Kitsu con delicadeza, casi de reojo, procurando no mostrar una atención excesiva.

Cuando vio la expresión del Kitsu su ánimo se ensombreció. He aqueí la crueldad, pensó, o al menos un anticipo de ella. Que los cielos me perdonen por ser tan inepto que no encuentro otra forma de hacer esto, si bien daría lo que fuese por poder tratar con Kitsu Yuga sin tener que provocarle daño alguno.

Yuga-san, Shogo-san, esta es Isawa Mai-sama, quien en estos momentos ocupa el cargo de Maestra del Fuego -dijo con el mismo tono que el chambelán que introduce a cada uno de los invitados de una fiesta. Ojalá hubiese otro modo, ojalá.

"Hai, Kiriko-san, hacedle caso al hombre que sonríe mientras urde por la espalda el plan perfecto para hacerse con un puesto que le quedaría demasiado grande..."

Respondió Kaisha mientras ponía sus brazos tras su cabeza sin mirarte si quiera, sólo hacia el hueco de la escalera por el cual se veían las otras plantas. La joven Shiba sonrió de medio lado incómoda mientras terminaba de seguiros hacia donde se presentó Mai.

Hanzo pareció contento aunque algo confuso de verla allí y el Kitsu... por un segundo creistes que perdió el interés, sin embargo, mientras Hanzo hablaba y Mai pensaba tomar asiento vistes como le ofreió tu sitio libre, el cual estaba entre Hanzo y él...

"Vaya, mai-san, no sabía que vendríais también..."

"De hecho ni yo misma lo sabía muy bien, quería algo de información y no sabía dónde conseguirla, pero mi yojimbo Kiriko-san, natal de Otosan me asesoró de este lugar."

"Entonces alabemos las coincidencias..."

Dijo Yuga con un tono demasiado neutro y que no te gustó mientras mai tomaba asiento donde se le había indicado. Itsuko sirvió dos tazas de té nuevas, aunque tu tenías ya una y os las tendió.

"Cómo le decía a Yuga-sama, esta primavera sabía que tendríamos muchos visitantes interesantes..."

Espetó el bibliotecario mientras sonreía amablemente.

"Primero un actor y luego dos Maestros Elementales y un ishi, sin duda no han pasado dos días y ya hemos empezado una "colección" más que interesante."

Itsuko asintió despacio. Yuga bebió un poco de té y anotó a eso.

"Ah si... ese tal... ¿Cómo dijisteis?" Preguntó con cierto aire con tinte arrogante, se veía que la profesión de actor no le debía de ser muy agraciada en su mirada.

"Shosuro Onnamura."

Se apresuró a decir Itsuko, ante lo cual, le envolvió la vergüenza al haber entrado en medio de la conversación tan de repente y bajó la cabeza sonrojada. Mientras Shogo la miraba y dejaba escapar una leve risilla.

"Sí... un chico más que simpático. Nos dio incluso entradas para la obra de esta tarde, al parecer él es miembro del Loto Negro, la compañía que actua en el Pavo Chillón."

"Vaya... pues va a terminar siendo que voy a ser la única que no irá... al parecer..."

Dijo Mai entre risas al ver a todo el mundo tan enterado.

"Bueno... Mai-sama... eso no es un gran incombeniente... Soy parte de la Magistratura León y me han dado varias entradas, si lo deseáis realmente os puedo dar una y podéis acompañarme. Después de todo... parece que vamos muchos..."

Y no sabes porqué, cuando dijo eso Yuga te pareció más que peligroso que lo ofreciera delante de todos como si realmente no tuviera importancia...

¿Acaso a aquel que puede urdir planes perfectos habría algún puesto que le quedara grande? De todas maneras mis supuestos planes no serán tan perfectos si vos habéis podido percibirlos.

Y con esto, Mitsuomi terminaba cualquier posible intercambio de palabras con el yojimbo. Se daba cuenta de que de seguir así estarían lanzándose insultos y amenazas quien sabe durante cuanto tiempo y no podía permitirse rebajarse a la altura de aquel Shiba al que parecía quedarle demasiado grande todo. Ya se ocuparía él de mostrarle un plan perfecto, pero en el futuro, pues ahora había asuntos más acuciantes.

Le parecía muy extraña la actitud del Kitsu. ¿Acaso sospechaba de lo que pretendía hacer Mitsuomi? Sin duda aparecer con Mai no había sido una buena idea y ahora estaba pagando el precio. Fuese como fuese no estaba en su mano actuar al respecto y debía ser Mai la que se encargase del Kitsu por el resto del día, si bien sería Mitsuomi quien diera el golpe de gracia al día siguiente.

Todas las piezas estaban en el tablero y Mitsuomi sabía demasiado bien que el jugador no debe revelarse a sus piezas, pues entonces estas tenderían a revelarse. Debía abandonar de nuevo la mesa para que o bien el debate entre Yuga y hanzo se reanudase o bien para que los encantos de Mai se enredadaran en torno al espíritu del shugenja León como la hiedra en torno al árbol.

Pero antes tenía que hacer algún que otro comentario al respecto de la obra de teatro, pues algunas cosas que se habían dicho le habían parecido muy interesantes.

No pensaba que esa obra fuese a ser tan importante. A mí me invitó Isawa Kazumi-san ayer (No sé si la conocéis, Yuga-san, es una de las candidatas a Maestro del Aire). No sabía que eran un grupo tan famoso ni que el teatro pudiera llenarse. ¿Acaso van a ir todos los León de la Embajada?

El bibliotecario te observó esgrimiendo aquella sonrisa de abuelo y mientras avivaba la pipa que tenía en la boca con un par de sorbos con fuerza empezó a decir:

“Por lo que tengo entendido va a ser el acto social del día, bueno, puede que de los días…

El Loto Negro es una compañía de actores que se instaló en Otosan Uchi hace cuatro años, en el último año de reinado de Hantei XVI. Son un grupo variopinto de 4 actores que ahora ha subido, por lo que nos comentó Onnamura-san a 6, completándose por fin. Por lo que sé, la creadora del grupo es ni más ni menos que la dramaturga y actriz Shosuro Masu, la mejor actriz del Imperio desde hace ya más de 5 años y que ve como su trayectoria día a día avanza. Por lo que he podido comprobar no sólo tiene altos lazos en su familia sino que su grupo y todos aquellos que ella agracia y crea disparan su fama y gana renombre. El Pavo Chillón es uno de los teatros que hay en esta ciudad y es en donde ellos viven… Que yo sepa, hasta la llegada de Shosuro Onnamura, con lo cual no sé si cambiaran las cosas, la actriz principal es una joven, Shosuro Kiho, una mujer de mucha belleza que se la puede ver fácilmente por este distrito. Los otros tres eran tres jóvenes, uno de edad media, como la de Shosuro Kiho, sobre los 25 y dos jovenzuelos que apenas llegaría a los 18. Sin embargo he oído que su calidad es indudable y que sus aires son “refrescantes” además de muy polémicos…

Toda una mezcla explosiva…”

Dijo entre risas. Yuga asintió muy serio y prosiguió el hilo de la conversación diciendo:


“En efecto, parece que será todo un evento puesto que han sido invitadas todas las embajadas y aunque en un principio pueda parecer una tontería, todas han decidido que es una oportunidad excelente para encontrarse, para bien… o mal…

Mi embajada en concreto mandará representantes, entre los que me encuentro. Pero sé de buena tinta que los palcos serán el escenario del duelo de los Embajadores de la Grulla y del Escorpión. Además se espera la presencia del Embajador cangrejo que es amigo del Gobernador de este distrito, que igualmente asistirá.

Si no contamos con la multitud de artistas, cortesanos de las embajadas y fortuitos que se encuentren en aquella escena, de por seguro habrá lleno. Así pues, su amiga, Isawa Kazumi-sama, ha tenido un ojo extraordinario en colocaros en un evento de primera fila, si es que no lo sabía.”

Hanzo, que parecía ahora calmado como el resto por el tema lejano de lo “importante” para ti, añadió a eso.

“Y eso sin contar todos los ojeadores imperiales que asistirán para preparar el evento que sin duda, mañana eclipsará el de esta obra… Dicen que no sólo van para verificar si la compañía es adecuada sino para ver la respuesta del público y los asistentes incluso… Los imperiales llenarán igualmente las bancas…”

Mai asintió despacio a la vez que bebía un poco de té

“Entonces… es obvio que no puedo rechazar su oferta, Yuga-sama, no sólo por el evento en sí sino por la obra, que creo que será la gran olvidada y porque, ya que van además tantos de mi Clan al parecer…”

Mai sonrió inocentemente mientras Yuga la observaba detenidamente sin decir nada, sus oscuros ojos fijos sólo en ella. Turbado quizás y la pobre Mai desconocedora de todo aquello…

Vaya, vaya, vaya, así que en aquella obra de teatro se reunirían como mínimo tres embajadores y los representantes de otros tantos, además de vete a saber cuantas personalidades influyentes. ¿Acaso había sabido Kazumi de la expectación que había despertado aquella obra? Todo era posible si estaba por enmedio aquella jovencita, pero Mitsuomi no pensaba empezar a pensar mal acerca del comportamiento de Kazumi. Era una oportunidad maravillosa y como tal tenía intención de tratarla.

Si iban a estar tanto la Embajadora Grulla como representantes de su homónimo León, era muy probable que las respuestas a sus dos misivas fueran dadas en algún momento durante la representación. Tal pensamiento le hizo preguntarse por Akemi. ¿Cómo le estaría yendo la mañana? ¿La vería de nuevo en la propia biblioteca o se encontrarían más adelante en la Embajada? Durante la mañana no había sentido ansiedad alguna acerca de los resultados de la misión de su yojimbo, pues todo lo que había sucedido había sido suficiente para apartar de su mente semejantes temas, tan mundanos en comparación; pero ahora, rodeado de nuevo por las intrigas de la ciudad, pensaba en las cartas que había mandado entregar y en las posibles respuestas.

Pero no podía permitirse estar nervioso, no al menos delante de uno de sus mayores... ¿enemigos? ¿Acaso podía calificar a Yuga como un enemigo suyo o del Fénix? Todo lo que sabía sobre él venía de Otomo Asano y no era imposible que la cortesana le estuviese manipulando para cumplir con quien sabe que fines de la familia Otomo. Pero nada bueno podía surgir de semejantes elucubraciones, simplemente deseó que todo aquello fuera al final por el bien del Imperio.

Por lo que veía, Mai estaba cumpliendo su función admirablemente, mucho mejor de lo que podría haberlo hecho él y sin duda a medida que pasaran las horas en su compañía, Yuga quedaría más y más envuelto en las redes de Mai. Ah, las mujeres, ¡qué gozoso misterio!

Su propio papel en aquella representación (prólogo o preludio de tantas otras que tendrían lguar por la tarde) había terminado. Se encontraba en la segunda biblioteca más importante de la ciudad, no era el momento de desprovechar semejante oportunidad.

Shogo-san, me temo que vuestra biblioteca ha demostrado ser toda una sorpresa para mí. ¿Os importaría ayudarme a buscar ciertos documentos?


(OUT = Asumo que dice que sí para ahorrar post, si no es así ignora lo que viene a continuación)

Volvería a internarse en el laberinto de anaqueles y estanterías para buscar las ifnormaciones que habían sido en teoría la causa de que acudiera con hanzo a la biblioteca, o al menos la excusa utilizada. Pero mientras tanto, no podía dejar que ciertas temas quedasen olvidados sin prestarles la atención adecuada, así que mientras se marchaba de aquel lugar siguiendo al Kasuga, comentó entre risas a Kitsu Yuga:

Yuga-san, me temo que ahora estais en desventaja numérica. ¿Creéis que todavía podréis ganar el debate?

Como una cuerda huntada de aceite tu chispa creó una pequeña explosión en la conversación mientras te alejabas de allí acompañado del pequeño bibliotecario y su nieta parecía igualmente levantarse pero para ocuparse quizás de otros quehaceres.

El viejo caminaba despacio tras de ti, con las manos puesta en la espalda mientras callaba. Había apagado su pipa y ahora simplemente se dedicaba a mirar a las estanterías mientras te seguía hacia un lugar más lejano.

"Es la primera vez en mucho tiempo que veo un control tan aplastante en una situación sin que el resto se de ni cuenta... Creo que desde que estuve hablando con Otomo Rikiso..."

Dijo despistadamente mientras sacaba un volumen de una de las estanterías. El tomo parecía viejo y ajado y en el se podía ver en letras curvadas el título de una antología de poesía.

"¿Habéis oído hablar supongo que del poeta Rezan verdad?"

Prosiguió despistadamente como si no hubiera dicho anda antes, o nada importante.

"Tenemos muchas antologías poéticas si le gusta tanto la poesía... Pero igualmente esta biblioteca esta dotado de libors muy interesantes de otros temas... Inclusive un registro de los últimos años, que en parca narrativa yo mismo llevo escribiendo desde el tiempo del nombramiento de Hantei XVI como Emperador..."

Mitsuomi no correspondió el velado halago del Kasugak, limitándose a sonreír levemente. La verdad es que no pensaba que hubiera manejado la situación de manera plénamente satisfactorio, pero no podía dejar de admitir que algo se había conseguido, el problema era dirimir el alcance y la importancia de ese "algo".

Otomo Rikiso... Por las notas que le había pasado Arousou, Mitsuomi sabía que aquel hombre era miembro del Consejo de los Seís al servicio del daimyo Otomo. Al parecer recibía el sobrenombre de "El Legislador", pues era quien redactaba los edictos imperiales.

Mitsuomi no tenía intención de acercarse al Consejo de los Séis, pues los temía y los respetaba al mismo tiempo. Se contentaba con estar en contacto con Asano. Pero se preguntó si el Kasuga había dejado caer aquel nombre en su comentario con alguna intención.

Vaya, al parecer pasan por esta biblioteca muy diversas personalidades, Shogo-san. Vuestra colección debe ser ciertamente interesante.

Tomó la antología sobre Rezan de manos del bibliotecario. Por supuesto que conocía al poeta más renombrado de toda la historia del Imperio, no en vano su vida eran tan interesante como su poesía. Empezó a ojear el volumen mientras caminaba, leyendo poemas al azar.

Siempre me ha interesado la poesía, mucho más que la narrativa o el teatro. No sabría deciros por qué, tal vez porque su belleza posee el mismo carácter fugaz y perecedero de los pétalos de cerezo. No, realmente no lo sé. No tengo talento para dedicarme a la literatura, pero siempre he querido intentarlo, aunque nunca he tenido la serenidad que requiere la creación artística. Tal vez cuando acabe todo esto...

En cambio, mi pasión siempre ha sido la Historia. Digamos que soy un historiador aficionado; devoro todas las cronologías, las crónicas y los registros que se me ponen por delante; soy como uno de esos insectos que se alimentan de pergaminos que en su vida pasada fue un historiador. Me parece encomiable que estéis escribiendo una crónica. Si hubiera quien lo hiciese en cada época probablemente sabríamos más de la historia del Imperio de lo que ahora sabemos. Os confieso que yo mismo he sentido el gusanillo del cronista y en muchas ocasiones he tenido intención de escribir una crónica como la vuestra, pero nunca me he puesto realmente a ello. Ahora al menos puedo dejar de sentirme culpable sabiendo que hay alguien que sí lo está haciendo.

Me gustaría mucho ver vuestra obra, Shogo-san y si me lo permitierais ayudaros en vuestro empeño de cualquier forma posible.

La historia es algo sorprendente. Un regalo, pero también un arma.

Alzó la vista de los poemas de Rezan y se detuvo para mirar al Kasuga.

Porque, evidenmente, sabéis qué hemos venido buscando el Maestro del Vacío y yo.

Shogo parecía tan abstraído como tu en los volúmenes que sus manos iban rozando levemente con los dedos. No decía nada a tus comentarios pero su eterna sonrisa allí estaba, esculpida entre aquellas arrugas de la edad.

“ Todo el mundo viene a esta biblioteca buscando algo… ¿Y qué se busca en una Biblioteca? Os sorprenderíais… Unos lo hacen por saber, conocimiento que les falta, otros por silencio y aislamientos, uno no puede pensar bien rodeado de ese subtipo de personas que parecen estar aflorando con demasiada fuerza y que tiene incontinencia verbal… Algunos lo que buscan es realmente no encontrar lo que quieren, paradójicamente… Pero lo único cierto es que de esta ciudad y esta biblioteca no es menos, siempre se sale con más de lo que deseabas, para bien o mal…

Aquí no hay rangos sociales, el heimin más bajo ha podido estar ayudando a limpiar las estanterías y puede que supiera leer algo y con el paso del tiempo haya memorizado cada uno de los volúmenes, el samurai más culto puede no saber ni tan siquiera el nombre del gran Rezan… e incluso aquellos que gobiernan Otosan Uchi… deben a veces hacer un paro y pasarse por “su propia Biblioteca” para poner en orden sus ideas…

Lo bueno que tienen las bibliotecas como estas es que son, como yo la definiría… un pequeño camino a la iluminación… porque debes dejarlo todo atrás para poder encontrar lo que realmente buscas… Porque… puede… Dijo mientras unos de sus dedos acariciaba un pergamino y empezaba a sacarlo.- Puede que creas saber lo que buscas… pero… al final… es sólo una vanalidad con respecto a lo que de verdad puedes llevarte si abres tu mente…”

Entonces te tendió el royo que había cogido con una sonrisa enigmática y cuando abriste éste, sufriste un pequeño shock porque en él se encontraba el informe primigenio de porqué el Emperador le había dado la custodia de la Magia a los fénix. Y el razonamiento que el Hijo de los Cielos había impuesto, para que esto siguiera así hasta que su voluntad, el de las estrellas, cayera como éstas deberían hacerlo para que cambiase aquella situación.

No pudo evitar la expresión de sorpresa al ver el pergamino que el Kasuga le había tendido. Como suponía, el anciano bibliotecario era plenamente consciente de las intenciones de los Fénix, aunque tal vez no de las del propio Mitsuomi.

A menudo es muy difícil saber lo que se busca, Shogo-san. Vivimos tan rodeados por nuestras propias ideas que nos cuesta liberarnos de nuestras propias percepciones para contemplar por fin lo que realmente son las cosas. Los templos, las bibliotecas o los jardines nos obligan a la soledad y tal estado es casi una condición obligatoria para toda búsqueda de la Iluminación.

Pero no debo ser egoista y perderme en elucubraciones filosóficas que tanto me agradan. Tengo una misión que cumplir y vos me habéis ayudado a dar un primer paso.

Aquello era completamente cierto. A Mitsuomi le hubiese encantado permenecer largo tiempo hablando con el viejo, mientras admiraba la cantidad de pergaminos guardados en aquella biblioteca. Parecía tan fácil quedarse allí, perderse entre las estanterias y olvidarse de todo lo que le esperaba fuera. Allí dentro no había ni Campeonato de Jade, ni Maestros Elementales, ni conspiraciones ni política, tan sólo libros, historia, poesía, belleza y saber en una amalgama perfecta.

Era sorprendente la cantidad de ocasiones en las que surgían este tipo de deseos en su interior. ¿Tan dura le parecía la tarea que se había encomendado? Pudiera ser que tal fuera el caso, pero Mitsuomi no podía permitir que su resolución flaquease, al fin y al cabo era un samurai y como tal debía comportarse.

Bien, Shogo-san, os agradezco enormemente vuestra ayuda, pero me temo que tendré que seguir solicitando vuestros conocimientos. Mañana tengo previsto visitar la Biblioteca Imperial, ¿qué documentos relacionados con este -Mitsuomi levantó el pergamino- "asunto" podría encontrar allí que no me sería posible localizar aquí?

Tal vez era una petición demasiado directa, pero Mitsuomi se sentía obligado a no ser retorcido ni a usar mano de la retórica al hablar con el Kasuga. Además, ¿acaso no tenía prisa?

"Vivimos en un mundo cohibido y con prisas, querido amigo... por eso estos "santuarios" en medio del bullicio atraen a las mentes más inquietas al final... Sea cual sea su dedicación o intereses siempre terminan aquí...

Cuando uno es viejo como yo, y te aseguro que muuucho, puede permitirse el lujo de mirar para atrás y de comporbar que todo es un ciclo, idas y evnidas pero siempre hay un esquema principal... Es como en una novela, hay un cominezo, algo que trae hasta aquí, luego viene el nudo y el desarrollo de las intrigas y los malestares de la mente y al final, de peor o mejor grado viene el final...

Ah... si... es algo que siempre pasa..."

Shogo parecía divertido con todo aquello, pero no de manera mezquina, de hecho pensabas que ayudaría de igual modo a cualquiera que buscara algo en su biblioteca. Fuea lo que fuera, ese era su trabajo, no inmiscuirse en lo que más adelante viniera.

Cuando oyó aquello, tras reflexionar un poco dijo:

"Allí el Bibliotecario sabe perfectamente donde esta todo, que no te engañe si te dice que no existe una sección legislativa. Es una de las que con más cuidado se guardan, han sobrevivido de allí sentencias y edictos desde tiempos más que lejanos!! Y nuestro actual "Legislador" siemrpe está atento de su cuidado, así que, allí de por seguro encontrarás mucho más..."

Su atusó el vigote y luego, con aquella expresión sonriente dijo:

"Entonces, una vez empezado el trabajo, dejando que las fichas caigan solas, vos ya os marcháis."

Pero, mi estimado Shogo-san eso sería muy descortés por mi parte, ¿no os parece? Sin embargo, el juego puede ser a menudo muy cruel y las piezas tienen que librar solas sus batallas, pues otros asuntos apartan al jugador del tablero. Creo que he hecho bien al no intentar convertirme en un buen jugador de go o de shogi, creo que no lo soportaría.

Y de hecho también se arrepentía de haber aprendido a moverse en la delicada danza de la corte.

Aquella era la tragedia del jugador: preocuparse demasiado por las fichas. Pero la alternativa le parecía peor, pues implicaba desvincularse casi por completo de emociones y terminar transformándose en una pieza más, sólo que con una visión más amplia del tablero.

El general, el cortesano, el jugador, cualquier soberano debía enfrentarse a aquel dilema y de la respuesta que encontrase dependía el futuro de tantos...

Por un momento, Mitsuomi se sintió abrumado por sus tareas. No era la primera vez que se sentía de aquella manera, pero había de reconocer que hasta que no había llegado a la ciudad no había reflexionado a fondo sobre la crueldad de todo aquello. Y el futuro que veía no era mucho más halagador, pues si se convertía en Maestro del Vacío (como esperaba que sucediese) su puesto y sus proyectos le obligarían a mantener aquella estúpida e innecesaria partida pero a una escala mucho mayor.

Sí, creo que me iré ahora. Me gustaría aventurarme más a fondo en vuestra biblioteca, pero creo que no tengo el ánimo adecuado para ello. Es muy probable que vuelva en los días por venir, aunque sólo sea por volver a probar el té con pastas.

Mitsuomi dejó escapar una leve risa y echó a andar en dirección contraria por la que habían venido.

Creo que echaré un último vistado al... frente y me marcharé. Os agradezco de nuevo toda vuestra ayuda.

Mejor no demorarse ni pensar mucho más en lo que dejamos atrás sino quedaríamos atrapados en una telaraña invisible de recuerdos que nos impedían avanzar. Todo era como en los templos, en cierta manera, había veces en los que, como en el de Bayushi, la mejor lección que se podía aprender era a seguir adelante sin importar cuanto habíamos andado.

Shogo se despidió de ti con una sonrisa amable en su rostro, como había demostrado toda la mañana mientras tu te distes la vuelta tratando de no quedar más encandilado por los olores de los papiros y los sonidos del sielncios rotos por aquella conversación de fondo.

Mejor no pensar, pero a veces era inevitable regalarles nuestros pensamientos a los que nos rodeaban. Qué tramaría Kaisha. Cómo se defendería Hanzo. Qué haría Yuga. Cómo estaría Mai... Muchas cosas se podían imaginar y tantas eran las hebras que verte inmerso en ellas como una marioneta jamás te fue tan fácil.

Puede que de nuevo, recordando el preludio que la mañana te había preparado, aquel regalo de los kamis te fuera más útil de lo que pensabas...

La mañana estaba en su apogeo y pronto la tarde con sus colores anaranjados teñirían la ciudad, con la falsa promesa de la calma. Si algo no había en aquella ciudad era calma, por muchos rellanos de paz que en cada esquina se encontraran, tu sabías que siempre habría un hombre frenético que, como tu, trataba de salir de aquella madeja colocando sus hilos de la manera adecuada para dejar atrapados a otros.

Que baile tan cruel el de la corte, pero que bello a la vez...

Ahora tu nuevo destino... y ese era...

La Embajada Fénix.

Sin duda era el lugar más lógico, pues nada más tenía que hacer antes de la comida, cuando se reuniera con Seiryo y Kuro. Además debía escribir la carta que le entregaría a Kazumi para que llegase a Mizuno rápidamente y, lo más interesante de todo, debía encontrarse con Akemi, quien sin duda ya habría terminado sus "misiones".

Pero, ¿podría llegar allí sin perderse?

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