Día 2º.- De camino al Pavo Chillón.- Antes de las 6

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Isawa_Mitsuomi
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Día 2º.- De camino al Pavo Chillón.- Antes de las 6

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 11:16 pm

Seppun Daisetsu e Isawa Mitsuomi

Seppun Daisetsu

Muchas, demasiadas cosas habían apasado en estas últimas horas, pero no esperabas sin duda las noticas que te encontrarías al llegar a la embajada sobre las 5 de la tarde, esperando a encontrarte con Kazumi-san para dirigirte al Pavo Chillón.

Cuando llegastes a las puertas de la Embajada un cordón policial de Seppuns la rodeaban mientras funcionarios tanto del sentaku, como del Fénix y de los Imperiales entraban y salían afanosos y con cara de preocupación.

¿Qué pasaría? No tuvistes que esperar mucho para encotnrar la respuesta. En cuanto te acercastes a la parte en donde los curiosos eran hechados por los Seppuns una chica de entre ellos se te adelantó y en seguida reconocío.

"Capitán Daisetsu-sama... Ahora mismo los Embajadores no se encuentran disponibles si es a lo que ha venido... Me temo que tenemos un problema..."

Dijo esta con tono firme mientras te indicaba que podías pasar más allá del cordón policial.



Isawa Mitsuomi

"¿Cómo me sienta?"

Dijo un vendabal que entró en el salón de té, de la Residencia, al cual acababas de llegar tras una comida y sobremesa larga en compañía de dos tensais. Kazumi extendía sus brazos en todo su ancho para que vieras el nuevo kimono que llevaba. Esta chica... que curiosa era a veces...

El kimono yukata era de color rosado y poseía decenas de pequeños fenix que parecían volar acompañados de lo que parecían pequeños espíritus del aire reprensetados por formas humanas muy pequeñas, como niños, de color azulado. la lazada que llevaba era de este último color y dejaba ver su larga y espesa cabellera azabache. La yuakata estaba algo ceñida a su cuerpo pero siempre manteniendo lo más posble la forma de pilar que la estética rokuganesa veía como perfecta para la forma de la mujer. Llevaba en la mano una pequeña bolsita de color rosado con estampados de flores en dorado y un parasol pintado con lirios en la otra.

Kazumi rió mientras daba una vuelta y el aire aparecido de ninguna parte hacía que todos sus plieges se movieran. Mostradotelo así.

"¿Te gusta?"

Dijo sonriendo abiertísimamente de manera que pareció iluminar la sala.

"Es un regalo ^^ Estoy muy contenta de poderlo extrenar para la obra... ¡Que nervios! ¡tengo muchas ganas de verla!"

En ese momento se oyeron los pasos en el piso superior de dos personas andando y empezaron a bajar la escalera la incombustible Aya acompañada de Arousou, los cuales hablaban distendidamente.

Cuando encauzaron el pasillo vieron las fusamas del salón abiertas y a Kazumi en esa guisa (y expresiones) contigo. Aya rio mientras se tapaba la boca rápidamente con las manos y asentía como diciendo "Estas perfecta". Sin embargo Arousou mantuvo un segundo la mirada de Kazumi y luego... la apartó.

Vistes como kazumi igualmente apartaba la mirada despacio de él hacia ti y te dijo:

"El Capitán de la Guardia de la Rosa, Seppun Daisetsu-sama viene a recogernos."

Daisetsu se bajo del palanquin, sintiendo en su bolsillo el regalo envuelto en un pañuelo para Kazumi. Vestia otro kimono, no el que portaba ante la Emperatriz, esta vez llevaba uno de color esmeralda con el mon seppun en cada brazo, y en la espalda, con un cinturon negros y vetas doradas cubriendo los bordes de todo el kimono. Seguia siendo un kimono magnifico.

Sus ojos no pudieron dejar de evitar percibir el revuelto junto a la Embajada Fenix. La presencia de Miharus no era una buena señal. Aqui habia sucedido algo grave.

Avanzo con calma, con porte seguro, mirada cruzando el vallado. Cuando la joven se le acerco, procuro una corta y seca referencia.


"Konnichi wa, Seppun-san", mirando hacia a su alrededor buscando algun oficial de alto rango conocido.

"Traedme a quien este a cargo de lo que sucede aqui. Primero al Seppun y luego al Fenix. Quiero un completo informe de que sucedio, hora, lugar, involucrados, todo. Retiraos.", con un duro gesto de su mano.

En su mente se formulabana las preguntas. ¿Un ataque?¿Un intento de secuestro?¿Un robo?¿Un asesinato?¿Que habia sucedido en la Embajada Fenix?

Despues preguntaria porque no se le habia informado sobre esto.

OUT

Entro en modo FBI...

Mitsuomi se dio cuenta de que estaba nervioso. Iba a afrontar su primera prueba importante como cortesano. Hasta aquella tarde sólo había tratado con otros miembros del Fénix, con Otomo Asano y, de manera algo indirecta, con Kitsu Yuga; había tenido en cuenta para esta ennumeración tan solo los encuentros en los que había utilizado sus habilidades para la intriga. Ninguno de los Fénix le había sido abiertamente hostil (Kaisha al parecer era así con todo el mundo) la mayoría no eran expertos en temas de corte, en la entrevista con la Otomo la jerarquía se había alzado como un muro infranqueable que había mantenido la conversación en unos términos demasiado concretos y con Kitsu Yuga él apenas había hablado, prefiriendo que Hanzo pronunciara algunas de las palabras que él deseaba decir. De esta manera, sus posibles talentos como cortesano no habían sido puestos verdaderamente a prueba.

En la obra se darían cita representantes de todos los clanes y más de un Embajador, por lo que la representación sería un acontecimiento social de primer orden y, muy probablemente, la política del Imperio daría algún que otro pequeño paso (quien sabe hacia donde) durante los entreactos.

No tenía un plan de acción completamente setudiado ni definido, prefería ser fluido como el agua y adaptarse a las circunstancias, si bien poseía un par de directrices sobre cómo debía actuar si tenían lugar determinadas situaciones, lo curioso es que la primer de ellas era disfrutar de las obras, la que se representaba en el escenario y la que tenía lugar fuera de él.

Antes de ir a encontrarse con Kazumi, debía preparar dos detalles que no carecían de importancia.

El primero de ellos era sin duda su vestimenta. Había escogido un kimono sencillo, pero de factura exquisita, todo amarillo y naranja, aunque ambos colores habían sido suavizados, cuyos únicos bordados eran los mon del Fénix y de los Isawa situados sobre el lado izquierdo de su pecho, sobre el corazón.

Más curioso era su abanico. Había escogido uno hecho en madera de peral, la cual desprendía un ténue perfume, como un cuenco de fruta. Sobre el papel había un sencillo dibujo a tinta que representaba una pareja de pájaros sobre las ramas de un ciruelo en flor; junto a la imagen se podía ver la sinuosa caligrafía del siguiente haiku:

Bajo la luna,
en la rama del árbol;
trino de plata.


Una vez elegido su atuendo, tomó una hoja de papel y un pincel y se dirigió a la biblioteca de la Embajada. Tomó una antología poética y fue pasando las páginas durante unos minutos hasta que mojó el pincel en la tinta y copión con esmero un haiku:

Blanco rocío.
Cada púa en la zarza
tiene una gota.


Hecho esto, dobló el papel con cuidado y lo guardó en los pliegues interiores del kimono.

Terminados estos preparativos, ya estaba listo para ir a la función. Bajó donde le esperaba Kazumi y no se sorprendió por la juguetona alegría de la joven, ni por su kimono.

Os queda muy bien. Temo que los actores desviarán la atención de sus papeles al veros entrar, pues creerán que ha llegado a su teatro la propia primavera -le había queaddo bien el cumplido, ¿verdad? Nunca había tenido que hacer muchos y no estaba muy entrenado para ello-. A mí también me regalaron un kimono, hace cinco años, y todavía no lo he usado,p ero creo que mañana por la noche mel o pondré. Supongo que os gustará y tal vez algún día os cuente la historia que lo rodea.

¿Por qué lo había traido a Otosan Uchi? Desde hacía un lustro, el kimono que le regalara Bayushi Nyoko había estado guardado en un cajón, cuidadosamente plegado, a pesar de que en muchas ocasiones podría haberlo utilizado para lucirlo en eventos de relevancia. Y tras tanto tiempo lo sacaba ahora, ¿por qué? Bueno, al ser su mejor kimono sin duda no podía dejar de llevarlo en los eventos a los que asistiría en al capital, probablemente alguno en el que el propio Emperador sería el anfitrión (cuán acertada había sido aquella suposición, si bien en un primer momento la había considerado demasiado arrogante), así que había una razón práctica para traerlo; pero eso no justificaba haber traído también... lo otro.

Se había reconciliado con sus recuerdos, al menos en parte. Ya no temía lucir un kimono que le devolvía a la mente las imágenes de lo más horrible que le había sucedido en su vida. Por esa misma razón había traido la horquilla. En cierta manera, ambos objetos le recordaban el precio del fracaso.

No quiso pensar más en aquellos temas. Se disponía a ir a una obra de teatro con una preciosa jovencita y, probablemente, iba a dar su primer paso para meterse de lleno en las más altas instancias de la política. Se dio cuenta de que se lo estaba tomando demasiado como un juego, pero ¿acaso no era así? Pensó que si no lo pensara de esa manera no sería capaz de continuar.

Acudió con una media sonrisa al intercambio de miradas entre Arousou y Kazumi o, más bien, a su intercambio de esquivas. Definitivamente pasaba algo entre aquellos dos y Mitsuomi estaba decidido a descubrirlo, aunque ya llegaría el momento de hacerlo, nunca había que precipitar las cosas y más aún si como creía el amor tenía algo que ver en aquel asunto.

Cuando Kazumi mencionó al Seppun, Mitsuomi no pudo evitar sorprenderse aunque fuese un poco. No había previsto encontrarse con él hasta un poco más adelante. Daba igual, el agua no se frena porque haya una roca en su camino, la rodeaba sin más y proseguía su curso.

Querreis decir que ha venido a recogeros a vos, Kazumi-san -le dijo a la shugenja con una sonrisita algo pícara-, no creo que sepa que yo estoy incluido en el trato. De todas maneras tengo muchas ganas de conocerle, aunque sé que vos ya lo conocisteis ayer por la tarde. Mejor será que vayamos, no le hagamos esperar.

Seppun Daisetsu

"Señor, ha sido un asesinato.- Dijo la joven mientras te indicaba que pasaras hacia dentro de la embajada.- Los encargados del caso son los Embajadores por parte de loos Fénix, y aquellos que ellos designen y por nuestra parte es Seppun Masako-sama"

Masako era una entrenada Miharu muy relacionada con todos los casos de asesinatos e investigaciones que incluían a los otros clanes en Otosan Uchi, sobretodo en los distritos interiores. Estaba especializada en saber como actuar conjuntamente en situaciones con los demás, pues era algo difícil. Era una mujer de unos 30 años, casada y con un honor sin tacha. Una buena elección.

La joven Miharu empezó a hacerte un informe rápido.

"Asako Hiro, segundo de Asako Emi apareció muerto a itad de la mañana en su despacho. La muerte fue de un tajo con un arma blanca, encontramos el cadáver de manera que parecía que el cadaver conocía al asesino, pues se acercó a él sin miedo y luego fue dado muerte. Pero lo más curioso es que la habitación fue vaciada de espíritus antes de que todod ello pasara, por lo que la señorita Isawa Kazumi-sama, que está metida en la investigación, no pudo interrogar a los espíritus del aire..."

El interior de la Embajada era unc aos de idas y venidas de un lado a otro.



Isawa Mitsuomi

"¡No seais tonto Mitsuomi-san! Dijo ruborizada Kazumi.- Él vino a entrevisatrnos ayer y también iba air a la obra así que se ofreció a acompañarme. Peeero ya le dije que en trato ibais vos!"
Y te guiñó un ojo.

"O puede que no.... Se levo un dedo a la boca en pose duditativa y prosiguió.- ¡Bueno eso da igual! ¡Yo te lo dije antes así que....!"

En ese momento apareció una criada por el pasillo que se dirigió hacia donde estábais y dijo mientras se inclinaba:

"Samas... Seppun Daisetsu-sama está en la Embajada ya... Estará al llegar..."[/i]

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 11:22 pm

Pues si ya está aquí no deberíamos hacerle esperar más, ¿no os parece, Kazumi-san? AL fin y al cabo la Embajada está un poco... repleta desde lo sucedido esta mañana y es muy probable que debamos informar a Daisetsu-sama de lo sucedido, antes de que reciba rumores sin fundamento e informaciones contradictorias.

Había que darse prisa por encontrarle, no fuese a ser que decidiese empezar a investigar por su cuenta y a hacer preguntas innecesarias.

Por otra parte, Kazumi-san -Mitsuomi se acercó a la shugenja y abrió el abanico, tapándose el rostro con él. Su voz se tornó cómicamente afeminada-, ¿era apuesto? Es un partido excelente, no deberíais dejarle escapar, querida. Pero avisadme con antelación para que pueda elegir bien el traje para la boda.

Mitsuomi rió a carcajadas al tiempo que cerraba el abanico. En cierta manera, aquella broma había servido para calmar sus nervios. De pronto tenía en su interior la sensación de que todo iba a salir bien, ¿acaso podía ocurrir de otra manera?

Vayamos, vayamos, no torturemos a los amantes manteniéndolos separados más de lo necesario.

MItsuomi volvió a reír al tiempo que echaba a andar hacia la puerta de la Embajada, donde probablemente se encontraría con el seppun.

Estas no eran buenas noticias. Quizas esto fuera un advertencia para Asako Emi o quizas alguien tuviese alguna razon para terminar con la vida de esta persona, no deberia sacar conclusiones tan rapidas por el motivo, eso era muchas veces lo mas dificil de descubrir.

Tenia un conocimiento basico de las investigaciones, pero los Dragon lo habian entrenado bien. Sus ojos eran mas agudos que el resto.


"Necesitare un informe sobre Asako Hiro. Desde su llegada a Otosan Uchi, amigos, enemigos, todo sobre su vida, sus horarios y demas. Dejadselos a mi criado cuando este listo.", pensando con la mirada hacia los cielos.

"¿Se ha reconocido el arma a traves del corte? ¿Es del filo de una katana o es otra arma? ¿Un cuchillo quizas? Es imperativo conocer como se le ha quitado la vida. Tendremos mucha suerte si el asesino ha usado una katana, eso nos podria decir mucho sobre su estilo.", examinando cada pista que tenia con las palabras que la Seppun le habia dado.

"Decis que todos los espiritus fueron expulsados... Como tambien que Kazumi-san no pudo interrogarlos...", formulando en su cabeza el como un shugenja podria interrogar a los espiritus de los kamis en todas las cosas.

"Entonces el asesino es alguien en quien confiaba, por eso no sospecho de el hasta que fue demasiado tarde... Y alguien tuvo que expulsar a esos espiritus, supongo que un shugenja debe ser capaz de eso... Asi que fueron un asesino y un shugenja o un shugenja muy habil... ¿Murio de un solo corte?¿Donde y como fue el corte?", esperando con ansias la respuesta. El corte podia decirles mucho sobre el asesino.

"Si el asesino no lo sorprendio, debio de haber entrado por la puerta principal de dicha habitacion. ¿Han intentado hablar con los espiritus del pasillo? Quizas ellos si lo hallan visto... Quizas a los mas grandes shugenjas, se les haya pasado algo tan simple. Enviad al mejor de la guardia secreta aqui. Necesitamos saber quienes pasaron por ese pasillo, quienes fueron las ultimas personas en entraron a la habitacion desde esa pasillo. Averiguadlo. Yo ire en busca de Masako-san...", esperando tener prontas respuestas a sus averiguaciones.

OUT

No se si mi idea servira, pero me parece muchisimo mas dificil expulsar
los espiritus de un pasillo, ya que es un lugar a la vista de todos.

Isawa Mitsuomi

"Sí.... Creo que lo mejor será ir a buscarlo... No vaya a ser..."

Empezasteis a caminar deprisa por los pasillos pasando por delante de un salón de té en donde Isawa Seyrio leía un tratado de poesía y retórica muy famoso de la época de Hantei Genji, mientras Aya y Arousou charlaban. Fue entonces cuando dijistes aquello del Seppun.

Las mejilals de Kazumi se inflamaron mientras llevaba sus manos a la cara y decía exclamando:

"¡No digáis eso! Por todos los Kamis!"

Parecía avergonzada, aunque era lógico si pensabas qué pasaría si a una niña pequeña le dijeras "le gustas a tal". la reacción era la misma, rubor incontenible y total negación de los hechos. Sin embargo vistes como sus ojos volaron hacia la sala por la que pasábais, como temiendo que os hubiera oido. Sin embargo, mirando tu de reojo, vistes que nadie de ella pareció inmutarse, bueno, puede que Aya si, que mirara un segundo mientras martilleaba con sus dedos en la mesa de té en donde estaba.


Seppun Daisetsu

"No es tan fácil sama, estamos aún en fase previa tratando de reconstruir un poco la mañana para saber a qué testigos buscar... Además el Fénix guarda con celo los detalles, sólo Masako-sama sabe más de lo que le he dicho y ella ha hablado con los Embajadores, no sé si ellos le habrán pedido máxima discrección... Me temo que no puedo ayudarle mucho más en eso... pero anotaré lo que dice y se lo comunicaré a mi superior..."



En ese momento en el que estabas con la joven Miharu en uno de los pastios una puerta que daba a un enorme edificio justo detrás se abrió y apareció Isawa Kazumi acompañada de un apuesto joven.

La voz de Kazumi resonó clara aunque estaba aún a unos siete metros de distancia.

"Ahm... Me alegra de veros ya... Seppun Daisetsu-sama... Llega un poco pronto..."

Entonces vistes como su mirada y la del joven estudiaron un segundo la situación en la que estabas, hablando con la joven Miharu, antes de llegar hasta ti.

"Os presentaré... Seppun Daisetsu-sama, Guardia de la Rosa os presento a Isawa Mitusomi-san, Ishi de Vacío, erudito sin parangón y al que considero amigo inestimable mío."

Dijo con algo de pompa fingida mientras sonreía.

Kazumi-san, por favor, ahora soy yo el que debe sonrojarse -dijo Mitsuomi mientras se volvía hacia Kazumi y le sonreía.

En otras circunstancias, se hubiese parado a observar detenidamente a su interlocutor por lo menos durante un par de segundos, pero la posición del hombre que tenía delante no permitía aquello, pues podía ser malinterpretado y aquel encuentro, al menos hasta que Mitsuomi supiera a qué atenerse con respecto al Seppun, era muy delicado.

Así que Mitsuomi se inclinó profundamente, aunque sin perder la sonrisa y procedió a presentarse.

Como os ha informado kazumi-san, soy Isawa Mitsuomi, shugenja del Vacío. Es un placer y un honor conoceros, Daisetsu-sama... por fin.

Bien, ya estaba dado el primer paso. A ver que resultaba de todo aquello.

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 11:30 pm

Daisetsu se llevo una mano al menton adoptando una pose pensativa mientras escuchaba las palabras de la Miharu.

"Bien. Cuando tengais la lista de testigos incluidla en el informe. Informad a Masako-san de todo esto y avisadle que la vere al respecto. Tambien informad a la Embajadora Asako Emi-sama que buscare hablar con ella durante el dia tras mi visita al Pavo Chillon. Ahora si, retiraos.", realizando uan profunda y seria reverencia.

Al ver la presencia de Kazumi junto a ese fenix, se pregunto quien seria ese apuesto joven a quien no habia visto. Miro sus ropas sabiendo que estaban a la perfeccion para generar una imagen de inseguridad, como que se preocupaba por el encuentro, algo que hacia, pero por diversas razones.

"Tuve una gran maestra quien me ha enseñado que nunca debe hacerse esperar a una dama, Kazumi-san...", sonriendo mientras pensaba las lecciones que Yurikohime de quien habia aprendido lo poco que sabia sobre cortes.

Daisetu realizo una formal pero no tan profunda referencia, no por falta de respeto, sino por una cuestion social, porque era lo que exigia la norma.

"Hai. Mi nombre es Seppun Daisetsu, hijo de Seppun Sagetsu y Doji Kurohime. Y como dice Kazumi-san soy miembro de la Guardia de la Rosa, aunque alli suelen llamarme Capitan...", riendo levemente, corrigiendo a Kazumi, pero de una manera amable sin intencion de ofenderla en lo mas minimo."Es un honor conoceros, Isawa Mitsuomi-san, y si, por fin nos encontramos. Hace un dia que estais aqui y ya vuestro nombre me ha llegado por parte de un viejo amigo, al parecer, diria en comun. Aunque realmente no se que habreis oido sobre mi, mas de lo que Kazumi-san os pueda haber dicho. Y tambien creo no ser el unico interesado en conoceros.", sonriendo con franqueza y mirando al shugenja a los ojos, dejando los hilos para que el Ishi tirase de ellos en busca de respuestas.

Giro su mirada y sonrio un poco mas y observo a Kazumi de arriba a abajo en forma de apreciacion.

"Debo decir que tambien me alegra de veros pues vuestra mera vision ya es razon para alegria, Kazumi-san y ese vestido que teneis os queda formidable. Por favor, felicitad al sastre de mi parte por haber creado algo a la altura de vuestra belleza.", sonriendo sin dobles intenciones."Aunque creo tener algo que iria perfecto con ese vestido. Espero haberlo traido conmigo.", poniendo cara de torpeza como si estuviese buscando algo en los bolsillos de su kimono y desistiendo por un instante.

Mitsuomi mantuvo la cálida sonrisa en el rostro mientras el Seppun hablaba.

Así que un "viejo amigo", ¿eh? No podía estar seguro del todo a quien se estaba refiriendo, pero era muy probable que se tratase de Sanzo, al fin y al cabo no conocía a nadie en la ciudad que pudiese considerarse amigo de un Seppun con semejante posición.

Más interesante resultaba su mención a alguien más que deseara conocerle. De nuevo nada podía asegurar con certeza, pero la hipótesis de que ese personaje fuese la Emperatriz Madre no era descabellada, de hecho demostraría que su pequeño plan para llamar la atención de Hantei Yukirohime dándole el Tratado de los Elementos a Sanzo había funcionado.

¿Acaso no era capitán de la guardia de la Emperatriz Madre? ¿Acaso no había pensado Mitsuomi que el Seppun fuese un enviado del "Ama Emperatriz" para monitorizar a los Fénix y saber más sobre los futuros Maestros Elementales? Era obvio que tarde o temprano el Seppun se reuniría con él y luego daría sus informes a YUkirohime. Lo que debía averiguar Mitsuomi, y cuanto antes, era si aquel hombre era realmente peligroso o un sicofante más de la mujer que creía gobernar Rokugan.

De hecho aún quedaba un tercer detalle interesante que revelaba la presentación del miharu. Su correción a Kazumi acerca de su grado dentro de la Guardia de la Rosa era significativa, en cuanto a que denotaba o un gran orgullo o una falta de autoestima. Fuese como fuese, ambos sentimientos eran una brecha que Mitsuomi podía anotar si debía darse en algún momento una confrontación, algo que, por otra parte, él trataría de evitar a toda cosa.

No dijo nada mientras el Seppun piropeaba exageradamente a Kazumi y no le respondió directamente porque se había dirigido a la joven shugenja, al parecer para ofrecerle un regalo, así que de momento prefirió retirarse a un segundo plano, ya habría tiempo de hablar más adelante.

"Ohm... sumimasen..."

Dijo Kazumi mientras se rascaba la cabeza en un gesto algo cómico al olvidarse o fallar a la hora de declarar su rango.

Pero pronto su disgusto pasó de largo cuando sus manos se unieron de golpe al nombrar eso de "regalo" y se acercó curiosa al Seppun, con los ojos encendidos en brillos luminosos como si le dijeras a un niño que le ibas a dar su ansiado regalod e cumpleaño.

"¡¿Un regalo?!"

Dijo encantada y de manera entusiasta.

"Pero... ¡Oh vaya! Yo no tengo nada para daros a cambio..."

Dijo algo apenada como si por ello no pudiera coger aquel presente. Quedó pensativa un segundo y luego miró a Mitsuomi mientrasle preguntaba con cara de pena:

"Si puedo aceptarlo ¿verdad? Luego siempre puedo devolverle el favor ¿no Mitsuomi-saaaaan?"

Era como si buscara la aprobaciónd e un "mayor", bueno, de hecho Kazumi era la más pequeña de todos los Candidatos así que estaba en lo cierto al buscar un poco la figura autoritaria de su Clan, aunque tu nunca te definirías así...

Mitsuomi sonrió ampliamente a Kazumi. Tal vez la expresión de su rostro era demasiado de "hermano mayor", aunque temía que tal vez tuviese algo de "padre", pero no, él no se veía realmente como una figura de autoridad para nadie. No se le daba bien imponerse a los demás mediante su propia presencia. Un defecto a tener en cuenta cuando fuese Maestro del Vacío, si llegaba a conseguir ese puesto, claro.

Kazumi-san, no todos los que hacen regalos esperan algo a cambio, al fin y al cabo no somos cortesanos intercambiando favores, ¿verdad, Daisetsu-sama?

Miró por un momento al Seppun sin disminuir ni un ápice la luminosidad de su sonrisa.

Y aunque así fuera o si os sentís obligada a dar algo a cambio (actitud muy noble por vuestra parte, Kazumi-san, tengo que reconocéroslo), creo que os daréis cuenta de que mucha gente no valora únicamente lo material, lo costoso.

Mitsuomi se volvió a dirigir hacia el miharu.

Daisetsu-sama, ¿creéis que la sonrisa de Kazumi-san es una buena compensación por vuestro regalo?

"Algo de sabiduria hay en vuestras palabras, Mitsuomi-san...", sonriendo y aflojando la tension que sus musculos tenian por el asunto de la investigacion, relajandose con estos temas superficiales."No somos cortesanos intercambiando favores... No ahora al menos...", sonriendo con picardia.

"Pero debo de decir que os equivocais... Este humilde regalo es como una gota en un oceano comparado con la sonrisa de la señorita Kazumi...", disminuyendo un poco su sonrisa, pero manteniendo el buen ambiente.

Introdujo su mano del lado erroneo de su kimono y luego busco en el correcto para extraer un pequeño bulto envuelto en un pañuelo de seda verde, con bordes dorado y el mon Seppun en el centro.

Se acerco a Kazumi, casi tan cerca como Mitsuomi estaba de ella, pero de frente. Espero que ella juntar las manos y deposito el regalo que aun permanecia escondido.

"No os quitare la sorpresa de descubrir que hay dentro de este pañuelo, Kazumi-san... Podeis aceptarlo sin ningun problema. Es mi forma de agradecerle por la invitacion que me ha hecho para ir al teatro...", con una moderada sonrisa, muy pequeña, como esperando ver la reaccion de la joven.

Dentro del pauñuelo se encontraba un fino colgante de plata, con el kanji de Kaze, el aire, su elemento, engarzado en una cadena del mismo material, material el cual uno podia asimilar por su color con el aire mismo. Un excelente orfebre lo habia labrado, un adorno de buen gusto sin ser excesivamente ostentoso, pulido en cada extremo, terminado redondeando en cada limite del mismo, con espesor justo para no ser liso, pero lo suficiente para tener un volumen definido.

Mitsuomi respondió a la pícara sonrisa del Seppun con otra sonrisa, si bien carente de las mismas connotaciones; se trataba, mas bien, de un acuse de recibo: Mitsuomi había comprendido lo dicho por Daisetsu y lo había aceptado.

Así que el Capitán de la Guardia de la Rosa había revelado que tenía intención de jugar a los cortesanos, probablemente con él, aunque quien sabe si se refería a todo el Fénix. Tal vez fuese un simple mensajero de personalidades más elevadas, es decir de la Rosa Dorada de Rokugan, Hantei Yukirohime.

Fuese como fuese, al parecer la partida no iba a tener lugar en aquel momento, y probablemente tampoco durante la obra, así que tal vez podría disfrutar de una tarde un poco más tranquila, que bastante tenía ya con afrontar lo que sin duda le esperaba al llegar al teatro. Era como si la presencia de Kazumi disolviera las tensiones o al menos la tensión de ese Seppun. Kazumi era encantadora y Mitsuomi dudaba que hubiera muchas personas que pudieran resistirse a su encantadora personalidad; en cierta manera, sentía algo de lástima por Daisetsu, atrapado como estaba en el vendabal de Kazumi.

La cuestión del regalo parecía corroborar aquella opinión, si bien había ciertas implicaciones en aquello que no agradaban especialmente a Mitsuomi. Creía que no había ninguna intención oculta en aquel regalo, pero habría otros que no lo verían así. Debía meditar profundamente sobre aquello.

Pensaba demasiado. Debía relajarse un poco, así que miró a Kazumi mientras abría el regalo. ¿Qué mal había en tratar de acercarse a la shugenja y dejarse inundar por su felicidad, como quien se tiende en el jardín buscando el calor del sol?

Kazumi abrió los ojso de par en par mientras una especie de oleada de aire se arremolinaba en torno del pañuelo empezando a levantar el precioso colgante incluso.

"Tranquilos, tranquilos."

Dijo Kazumi riendo mientras cogía del aire el colgante que levitaba.

"Ya me lo pongo, no seáis ansioso, me vais a ver con él antes o después."

Con cuidado se lo colocó y sonrió cuando estuvo puesto, entonces una vocanada de aire circular hizo restallar la seda del precioso kimono en ondanadas perfectas mientras ascendía hacia el cielo aquel círculo de aire, revolviendo sus cabellos pero con delicadeza de no despeinarlos.

Kazumi rió cuando el aire voló hacia el firmamento y se inclinó levemente mientras decía:

"Domo arigato gozaimasu... Es precioso, y al parecer ellos también lo piensan."

Y de nuevo sonrió de manera encantadora mientras se volvía hacia Mitsuomi y le preguntaba:

"¿Me sienta bien? Dicen que la plata es el material que guía mi estrella ^^ y que está más unido a mi karma."

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Sab Oct 25, 2008 11:33 pm

La plata es el metal de la luna, regido por la luz de las estrellas.

Mitsuomi observó el colgante durante unos momentos, recordando lo que sabía sobre las atribuciones de los metales.

Su brillo es el predilecto del Aire porque, etéreo y casi transparente, pertenece a las alturas. Cuán a menudo el plata es el verdadero color de las nubes.

Mitsuomi sonrió al pensar en la sorpresa que se llevaría Kazumi al ver el kimono que tenía pensado ponerse para la cena en la Ciuda Prohibida.

Los metales por su naturaleza pertenecen a la Tierra, pero, como cada Elemento participa de todos los demás, cada uno tiene un metal asociado, podríamos decir que se trata de la parte térrea del Fuego, del Agua y del Aire. El Fuego es del bronce, el Agua del acero, el Aire de la plata y la Tierra los engloba a todos, no tiene una asociación específica con ninguno.

Su expresión se volvió pensativa por un momento. Sabía la pregunta que le iba a ser formulado por alguno de los dos si dejaba de hablar en aquel momento. Una pregunta cuya respuesta encogía su corazón aunque solo fuera un poco.

El Vacío... es oro. De oro puro, más brillante que el sol -dijo con voz ausente. Tras un segundo de silencio se volvió hacia el Seppun, al tiempo que se inclinaba-. Un regalo muy hermoso, Daisetsu-sama, yo también os lo agradezco.

Daisetsu sonrio ante la algarabia de Kazumi y contemplo con atencion las palabras del Ishi. Al parecer, Mitsuomi era un hombre culto, pero el conocimiento solamente no significaban sabiduria. Se pregunto que tendria de especial este sujeto para haber descubierto el misterio de la Copa de Gohuri.

"Estoy contento que os haya gustado. Realmente no sabia si seria de vuestro agrado. Parece que mi instinto fue el correcto.", sonriendo gentilmente devolviendo una leve reverencia a la que Kazumi le habia profesado."Tambien estoy contento que sea del agrado de los espiritus del aire... Ellos han sido la inspiracion del mismo.", girando su cabeza hacia Mitsuomi.

"Y gracias a usted tambien, Mitsuomi-san, por informaros sobre esta relacion entre los metales y los elementos. Realmente no estaba al tanto de esto y el conocimiento nunca esta de mas.", realizando una leve reverencia por la sabiduria demostrada por el Ishi.

"Aunque algo en vuestras palabras me intriga. Decis que el vacio es un oro puro mas brillante que el sol. Dejadme que os pregunte esto. ¿Como algo puede brillar mas que el sol, si es el mismo sol quien le brinda su luz?¿Acaso no es solo un reflejo?¿E incluso si este reflejo fuese mas potente que la luz del sol, acaso no brilla tambien gracias a los rayos de este?", girando su cabeza hacia un costado, como esperando las respuesta del Ishi, aunque claro esta, quizas Kazumi tambien se animase a contestar, por lo que dedico una mirada a ella tambien e hizo un gesto con la mano para partir. Ya fuese en carruaje o a pie.

Seguro que seria una charla entretenida hasta el Pavo Chillon.


Mitsuomi echó se dispuso a partir tras la indicación del Seppun de que partían. Él prefería ir a pie, el carruaje o el palanquín le parecían algo ostentosos, dado que todavía no ocupaba ningún puesto dentro del Fénix.

Suspiró un momento para ordenador sus ideas e inició la respuesta a las dudas del Seppun.

Habéis planteado dos dudas, Daisetsu-sama -le dijo tranquilamente-, pero la segunda se resuelve por sí misma una vez os haya respondido a la primera. Espero explicarme bien.

Veréis el problema de ambas preguntas es que habláis de "algo" cuando yo me refería al Vacío. Es evidente que en cuestiones cuantitativas, la luz del sol es sin duda la más brillante de las luces "materiales", si me permitís semejante adjetivo, pero al referirnos al Vacío ya no estamos en un ámbito plenamente material. El Vacío es infinito, abarcando todo lo existe, así pues la "luz" del Vacío, si se puede decir así, sería la suma de todas las luces existentes, la del sol y la de tantas otras. Así pues, la luz del Vacío ha de ser más brillante que el sol, aunque sólo sea cuantitativamente.

Pero yo nunca me he referido a una luz material, física, que nos permite ver el mundo. Si el Vacío brilla no es por fuego o porque refleje astros celestiales, brilla porque...

Mitsuomi se quedó callado por un momento, incapaz de encontrar las palabras adecuadas para describir el resplandor que le había envuelto en el interior del templo de Amaterasu.

Daisetsu-sama, ¿nunca habéis sentido cuando os sentís feliz que vuestra alma brilla?

Daisetsu se llevo la mano al menton de forma pensativa, prestando suma atencion a las palabras del shugenja.

"Si os referis al Vacio de esa manera, y con respecto al brillo por cantidad, os debo dar la razon.", sonriendo levemente.

"Y refiriendonos a la luz emanada por la felicidad... Creo que el alma que mas he vistro brillar tras una sonrisa es la de un joven que siempre logra hacer sonreir a este Seppun...", con algo de brillo en los ojos, quizas suponiesen que Daisetsu se referia a un hijo propio, un sobrino, pero su mirada, el brillo en la misma, la producian, Kiyasu, el joven Emperador.

"¿Que opinais al respecto, Kazumi-san?¿Conoceis algun alma que brille mas que el sol?", sonriendo gentilmente, jugando con las palabras de Mitsuomi ahora.

"Ahmmmmm........................ ¿Un alma como??"

Preguntó mientras sonreía y el colgante parecía tener vida en su cuelo, ondulándose con aquella brisa inexistente que les acompañaba hacia fuera de la Embajada y de las calles del distrito interior Kanjo.

Kazumi quedó pensativa mientras lo rayos del sol incidían en ella con cuidado, sorteando el parasol que había sacado y que parecía ondearse con la fuerza de aquellos kamis que no la dejaban nunca.

"Bueno... Yo creo que cualquier alma brilla como el sol cuando está con sus seres queridos... Yo he visto brillar muchas! Y me encantan algunas en concreto... Una se siente muy feliz cuando es capaz de arrancarle una sonrisa de esas características a alguien."

Tras esto rio alegremente a la vez que el ulular de los arboles se acrecentaba a su paso, removiendo las ramas y haciendo volar los pétalos de las flores de cerezo a vuestro lado.

"¿Pero hay acaso algo más maravilloso que poder compartir eso? ¿De poderlo sentir a la vez? Sólo hay una cosa que supera ese brillo en el ser amado y es brillar tu con la misma intensidad gracias a él."

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 3:21 pm

"Es verdad...", llenandose sus ojos al recordar el orgullo que producia Kiyasu con cada paso que daba, al ver la felicidad que recorria dentro del joven Emperador. Era como el hijo que nunca habia tenido...

Su mente se poso en la otra persona que le daba esa sonrisa, esa sensacion que las palabras no podian explicar. Y su felicidad, se vio borrada por la tristeza que sintio, al no poder recordar dicha sonrisa en Yurikohime. ¿Cuantas veces la habia visto sonreir con verdadera felicidad? Habia visto muchisimas de sus sonrisas, pero nunca una de verdadera felicidad... Eso que el tanto queria darle y que hasta ahora no se habia percatado.

Sabia que eso le faltaba a la vida de la Emperatriz... Verdadera felicidad. Se pregunto si su amor le bastaria para darle eso...

Agradecio a Yurikohime por enseñarle a ocultar sus emociones. Sino sus ojos habrian delatado la tristeza que inhundaba su cuerpo. La sonrisa en su rostro aun permanecia ahi, aunque quizas un ojo verdaderamente expecto podria darse cuenta de sus sentimientos. Daisetsu no era tan bueno como la Dama para ocultar sus sentimientos.


"¿Y sabeis que obra veremos?", continuando la conversacion, para que no se generase un vacio incomodo.

"¡¡Oh!! ¡¡Si!! ¡¡Si!! ¡¡Yo sé que vamos a ver!!"

Exclamó Kazumi mientras andaba un par de pasos por delante vuestra y se daba la vuelta para caminar despaldas, con una de sus manos en esta misma llevando el bolsito y en la otra sosteniendo el parasol que tapaba de la luz demasiado incidiente de su blanco y ovalado rostro aniñado.

"Cuando fui al teatro ayer por las entrada un miembro de la Compañía del Loto Negro me dijo que hoy se representaría la primera de una serie de obras maestras del escenario..."

Dejó unos segundos dramáticos mientras os miraba intensamente y al final exclamó:

"La Muerte del Primer Hantei"

Sonrió ampliamente mientras se daba la vuelta, quizás sin pensar en lo polémica de la obra escogida teniendo en cuenta el suceso tan terrible de hace tres años y la nueva situación precaria de todos en este comienzo de nuevo reinado. Entonces empezó a andar más lentamente para ponerse de nuevo a vuestra altura. Tenía un dedo posado cuando la visteis cerca de la boca, en un gesto pensativo y dijo con una voz un poco ida y un tanto mayor ingénua:

"Aunque puede que no se hayan dado cuenta que no es un tema muy acertado..."

Daisetsu se quedo pensando en como se podia haber olvidado de las entradas. Estaba tan acostumbrado a pasar por donde quisiese, que se olvido que no todo el mundo tenia todas las puertas abiertas de esta ciudad.

"Quizas eligieron el tema adrede...", comentando al pasar, generando una pausa para aumentar la expectativa del porque de dicho comentario."Pensa que el tema generara discusion sin duda, y eso les dara publicidad gratuita. Sea buena o mala, se sabe que esta tarde se presentara dicha obra. Ademas, quien puede decidir si es un tema correcto o no...", sonriendo gentilmente.

"¿Debemos llorar al Hantei que perdemos o alegrarnos por el que llega?¿Que habria querido el primero?¿Que desea el segundo?", dejando las preguntas en el aire, viendo que respondian ambos.

La belleza más pura es el círculo: perfecto en su continuidad, sin pausa entre la vida y la muerte. -dijo Mitsuomi con voz seria, dándole un cierto toque de "cita" a sus palabras, pues las había tomado de un antiguo texto anónimo, pero sin duda escrito por un monje-. ¿Por qué nos lamentamos por los muertos? No nos han dejado, simplemente han tomado otro camino, aunque siguen observándonos, desde más allá de las nubes. Deberíamos alegrarnos por ellos: ahora caminan por prados más verdes.

La muerte es sólo tránsito, no es ni final ni principio. Nada malo hay en ella, pero tampoco nada bueno, es simplemente algo natural, una manera de alcanzar el equilibrio. Siempre me ha sorprendido ese exagerado deseo de los bushi por morir, como si sus vidas carecieran de sentido hasta ese momento final. Como dijo Dama Doji: No digáis que el honor es hijo de la temeridad, ni creais que la muerte por sí sola puede pagar su precio. No es una única acción a la que se debe el honor, sino a la vida que la abraza.

Qué sabias palabras y cuan pocos las entienden.

Mitsuomi suspiró profundamente. Siempre le había irritado la simplicidad de aquellos que se consideraban guerreros. Tenía una hipótesis para aquella visión tan límitada, pues consideraba que todo se debía al miedo, al terror ante la vida y el futuro; si uno se limita a cumplir ciegamente el deber, ¿dónde está el miedo? El deber no era más que una estratagema para esconder el miedo. Pero eso se guardía mucho de decirlo en presencia del Seppun.

Y en cuanto a la obra (pues no quiero ser tan arrogante como para pretender conocer los deseos del primer y el segundo Hantei) -dijo al tiempo que se relajaba-, no veo por qué no podrían representarla. Si consideramos que es inapropiada por el hecho de que representa la muerte de un Hantei, pues entonces nunca sería adecuada-hizo un gesto con la mano, como si apartase algo, declarando que aquello no tenía importancia-. Los escorpiones han escogido esta obra precisamente para herir a los espíritus "sensibles" y para que quienes deberían pensar en cosas más importantes se pregunten qué traman.

Ah, pero el drama es el drama, el arte es el arte. Yo por mi parte pienso disfrutar mucho esta tarde.

Y Mitsuomi rió ligeramente.

Se pregunto como el shugenja podria hablar tal facilmente de la muerte. ¿Que sabia este de esta? Su comentario parecia la respuesta de un niño que solo conocia finales felices.

"No hablaba de muerte, Mitsuomi-san, sino de partidas y llegadas...", pensando que el Ishi habia tomado la oportunidad para hacerse el interesante con un pensamiento inteligente."He aprendido con el tiempo, que la muerte no es un tema para tomarse a la ligera. Es verdad, han tomado otro camino, pero no todos los caminos conducen a Yomi, Mitsuomi. No lamento el destino de quienes fueron condenados a Toshigoku, Gakido o Jigoku. Esos son reinos de castigo y redencion. Pero si lamento por cada alma que injustamente fue enviada a Meido. ¿Que honor les queda a los cientos que fueron asesinados y enviados a Meido sin razones?¿Me diras que tambien caminan en praderas verdes?¿Me diras que incluso hay redencion si sus muertes son vengadas?", mirando con seriedad pero calmadamente al Ishi.

¿Este era el sabio del que hablaba Sanzo? Lamentaria que este charlatan hubiese engañado a su viejo amigo. Estaria mas que contento que Yurikohime lo hiciera trizas.

Hablaba de honor y no respetaba la decision que los Cielos tenian para el, intentando usurpar un puesto que le pertenecia a otro.

Parecia que cualquiera podia hablar de honor estos dias. Primero, Onnamura, ahora Mitsuomi.

Debia calmar los animos. No debia juzgarlo por un mero comentario. Quizas habia dicho tales palabras para librar la tension del tema, o quizas para no preocupar a Kazumi, quien sabe. Debia confiar en la sabiduria de Sanzo y darle una oportunidad a Mitsuomi.

"Disculpad si mis palabras parecian atocigarlo, Mitsuomi-san. Pero el tema de las muertes, es un tema bastante susceptible para las familias Imperiales debido a todas las perdidas que tuvimos durante los ultimos años. Espero que me entendais.", ya su rostro sin intensidad, esperando que el Ishi entendiese que hablar tan ligeramente de la muerte enfrente de un miembro de las familias Imperiales, las cuales fueron masacradas por las locuras de Okucheo, no era lo mejor.

"Retomando el tema del honor...", sonriendo levemente e intentando cambiar a un tema mas alegre."Coincido plenamente con usted. Las enseñanzas de la Dama Doji son mis predilectas junto a las de la Dama Seppun. Y permitidme agregar esto...", aclarando su garganta, llevando su mano hacia su boca y con su puño tapar la misma.

"Vive por la espada y muere por esta. Vive por honor, y nunca conoceras la muerte.", suspirando levemente luego de sus palabras.

Sus padres habian sido asesinados por orden de Okucheo, sin embargo, su paso por esta vida habia sido impoluto como asi era su recuerdo. Sus vidas ya habian terminado, pero su honor seguia intacto para Daisetsu a pesar de la muerte que se les habia dado.

"Haced caso a Mitsuomi-san, Kazumi-san. No dejeis que los escorpiones os distraigan de vuestros pensamientos mas importantes...", riendo tambien por lo bajo, esperando que la humorada sintiera bien a ambos. Olvidando el mal trago que siempre le generaba la muerte de sus padres.

"Si, eso, echale toda la culpa a los escorpión."

Dijo Kazumi mientras se volvía al Seppun y le sacaba la lengua mientras se reía.

"¿No es un recurso muy fácil el meterse con ellos cuando se habla de honor?"

Dijo ahora más seriamente pero en un tono de falsa reprimenda.

"Eso es lo que hace que los demás no avancemos. El pensar... qué hara el escorpión, seguro que el esorpión trata de hacerme caer, hay que ver que mal me ha salido todo, es por culpa del escorpión..."

Y a riesgo de parecer ofensiva y aunque incluso la broma de otra persona no se hubiera tolerado, lo decía de una manera que ridiculizaba el canon sin que nadie pudiera sentirse ofendido pero con un mensaje muy claro.

"Todo el mundo puede hablar de honor, muerte y de los demás preceptos, sea quien sea, con mayor o menor experiencia pero los conceptos como esos, aunque tu no los poseas... puedes tener una idea mucho más clara de lo que significa...

Nadie de mi familia ha muerto Dijo mientras señalaba su corazón poniendo su mano en este.- Pero estoy segura de que te puedo hablar de la pena que me traería el perderlos con tanta nitidez como si fuera cierto...

La única diferencia entre los que hablan con conocimiento y los que podemos imaginarnoslo nítidamente... es que unos no pueden volver a una realidad más endulzada porque así no es la suya y otros... como yo... podemos volver a la realidad y sentirnos aliviados...

Ahora si... Dijo con dureza y esta vez no fingida.- No hablemos de que sólo la espada trae honor..."

Daisetsu sonrio ante la inocencia de Kazumi, pero luego se torno su faz no tan sonriente ante las ultimas palabras.

"Parte de lo que decis es cierto, Kazumi-san. Podeis imaginaros muchos sentimientos o vivencias, sin que sean parte de uno. Pero realmente decidme... ¿Se puede sentir la traicion de quien en mas confiabas si nunca fuiste traicionado de dicha manera?¿Se puede sentir un vacio que acongoje vuestro corazon si nunca habeis perdido aquello que mas amabas? Hay experiencias que la imaginacion tampoco puede suplantar, Kazumi-san.", sonriendo levemente con compasion, agradeciendo que esta joven no tuviese que pasar y sufrir por lo que habia pasado Daisetsu.

"Crei haberme explicado claramente, Kazumi-san. No os enfadeis...", sonriendo nuevamente, con algo de picardia."He dicho, que si vives por la espada, mueres por esta. Pero no he dicho que para vivir por honor, debes vivir por la espada. Una espada no trae honor, Kazumi-san, sino las manos que la esgrimen. Hay mas honor en no necesitar desenvainar una espada nunca, que en necesitar hacerlo constantemente.", sonriendo gentilmente.

"Como dijo Akodo-Un-Ojo, la mayor victoria en un campo de batalla, es aquella sin muertes.", ese era su deseo. Traer nuevamente la paz al Imperio.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 3:33 pm

Tal vez estéis interpretando la cita de Akodo-kami de una manera algo errónea, Daisetsu-sama. Es cierto que tal y como las habéis citado, esas palabras son un perfecto corolario de vuestras reflexiones, el problema es que poseen un contexto y me temo que al verlas en el interior de dicho contexta ya no son palabras tan puras y agradables como habéis dado a entender, lo cual, os digo ya antes de nada, que me parece una lástima.

Akodo dijo también: El arte de la guerra es el arte del engaño. Muchos han criticado enormemente el Liderazgo precisamente por esta visión de la guerra algo menos honorable de lo que debería ser según cánones más puristas. Sin embargo esto son divagaciones. Lo que pretendía deciros es que las palabras que habéis citado hacen referencia no a una batalla completamente libre de mueres, sino a una victoria rápida, fugaz, en la que el ejército se comporta como un relámpago y derrota a su enemigo antes de que este pueda luchar. No os confundáis, no es una expresión de piedad, sino de estrategia. Ojalá fuese la compasión lo que hubiese guiado a Akodo a la hora de escribir aquello.

De todas maneras, vuestra palabras, me parecen perfectmaente válidas y las comparto plenamente. Es una desgracia que muchos bushi no opinen como vos, pues consideran que sus armas son su única razón de existencia. Bueno, tampoco los shugenja escapamos a ese tipo de limitaciones, desgriadamente.

Por otra parte, la cita que habéis expuesto anteriormente, me ha sorprendido. Por el contexto pudiera suponer que se trata da una expresión o de Dama Doji o de Dama Seppun; sin embargo, no se expresa en esas palabras una filosofía propia de ninguna de las dos. ¿Podríais exponerme su procedencia?

Mitsuomi calló por unos segundos para pensar si debía detenerse allí y dejar que el Seppun respondiese. Pero prefirió seguir hablando, pues aún tenía algo que decirle.

Se sentía algo molesto por la escasa consideración que había dado Daisetsu a sus palabras, al parecer considerándolas "ligeras", como si Mitsuomi no supiese nada sobre la naturaleza de la muerte. Bien, pues Mitsuomi sabía bastante sobre la muerte, probablemente más que el Seppun y tenía intención de dejárselo claro. Algo universal no era patrimonio de nadie, ni de bushi, ni de shugenja, ni siquiera de samurai. Todo moría, incluso las piedras del camino.

Os ruego me permitáis haceros un apunte, Daisetsu-sama. Sé que el tema de la muerte es algo espinoso, que a veces hiere a los espíritus más sensible o a quien ha sufrido una pérdida importante. Precisamente porque yo soy de quienes ha perdido a un ser querido nunca me permitiría la frivolidad de hablar ligeramente sobre la muerte, al fin y al cabo los shugenja somos sacerdotes, y entre nuestros deberes está el de celebrar los funerales y guiar las almas en su nueva condición.

Precisamente por ser shugenja se que todas las almas van a Meido, sólo las almas de los Emperadores o de personas muy especiales acuden a otros reinos directamente. Todos esperamos en Meido durante un cierto tiempo, mientras Emma-O, Fortuna de la Muerte, juzga nuestras acciones y decide a qué reino debemos ir, ya sea Jigoku, Toshigoku, Yomi o, incluso, Tengoku.

Tratais Meido como un lugar de castigo, pero tan sólo es un lugar de espera. No hay en Meido ni condenados ni elegidos. Meido es una gran extensión desértica, donde hierbas apagadas hacen de ruinosa alfombra -de pronto la voz de Mitsuomi se había vuelto evocadora, como si estuviese recordando-; hay algún que otro árbol, pero no son más que esqueletos, casi sombras. Meido es gris, es la mejor manera de describirlo, incluso el cielo no es más que una nube de tormenta que sabes que nunca podrá llover y que el rayo nunca iluminará el cielo. Las almas caminan por esas praderas, esperando, siempre esperando.

No hay sufrimiento en Meido, salvo el que las almas se inflingen a sí mismas, creyéndose condenadas. Algunos se afligen precisamente por eso, porque consideran que han perdido su honor al abandonar demasiado pronto su vida mortal, pero se equivocan. Meido es amoral, en él no existe el honor o el deshonor, tan sólo la espera.

Todas las almas, a su debido tiempo serán enviadas a un reino diferente, incluso aquellas que han de volver a Ningen-do para teminar el propósito de sus vidas tan sólo han de aguardar, que volverán a la rueda del samsara seguro. Esa es la esperanza de quienes se encuentran en Meido. Es el gran triunfo del ser humano: que nunca pierde la espeanza y si por casualidad eso sucede, entonces si que ese alma está realmente condenada y ni los palacios de Tengoku, de columnas de nácar, podrían devolver el brillo a sus ojos.

Mitsuomi respiró hondo. Sus palabras habían brotado casi sin pausa, como una larga melodía de grises modulaciones. Por un momento se perdió en recuerdos poco agradables de lo sucedido cinco años atrás, pero despertó pronto de su ensoñación y se dio cuenta de la indiscrección que había cometido, pues en aquel momento se había prometido que nunca nadie sabría lo que había sucedido entonces.

Debía desviar el tema, si tal cosa era posible aún.

Ah, ahora recuerdo algo más que quería decir. Es acerca de lo que habéis dicho de si una vivencia puede ser igual de fuerte si es imaginada que si es vivida. En época de Hantei Genji, dos poetas Grulla iniciaron un debate sobre si el tema de los haiku debía ser real o también podía ser imaginado; como podréis imaginar cada poeta defendía una postura distinta. Al final, el poeta que defendía que los haiku también puede expresar cosas irreales, presentó al Emperador dos poemas y le rogó que tratase de distinguir cuál hablaba de una experiencia real y cual de una experiencia imaginada.

El Hantei no pudo distinguirlos, pues ambos le parecían reales. Cuando manifestó su desconcierto al respecto, el poeta le reveló que ambos poemas contaban cosas irreales. El debate se dio por terminado entonces, quneue el poeta hubo de cometer seppuku por su audacia.

Entonces, la expresión de Mitsuomi se volvió misteriosa, con una sonrisa torcida que parecía revelra algún conocimiento oculto.

De todas maneras, existen formas de vivir experiencias sin estar viviéndolas.

¿Acaso Mitsuomi no había sido toda una ciudad aquella mañana?

"Por supuesto podrais contarnos estas experiencias en nuestro recorrido, Mitsuomi-san...", sonriendo gentilmente.

Avanzaron unos pasos mas hasta que se cruzaron con una floreria ante la cual Daisetsu se detuvo, haciendo con un gesto de su mano que siguiesen, que el ya los alcanzaba.

A los pocos minutos, el Seppun volvio con una mano en su espalda y una leve sonrisa en su rostro. Miro a Mitsuomi y sonrio un poco mas.


"Prefiero vivir mis propias experiencias, Mitsuomi-san. Como por el ejemplo, el no poder dejar la pasar la oportunidad de reunir a una rosa con otra." , retirando su mano de su espalda, dejando ver una perfecta rosa blanca. Ofreciendosela a la shugenja con cortesia."Espero que el blanco en las rosas sea el color del aire tambien...", espero que Kazumi la tomase y prosiguio, al lado de la shugenja, entre Mitsuomi y ella.

Por un segundo penso en no responderle al shugenja. Le parecia gracioso y arrogante que un Fenix le intentase dar lecciones sobre Liderazgo. Pero no podia dejarlo partir con tal ignorancia, quien sabia donde esa boca suya podia meterlo a Mitsuomi, hablando sin cuidado sobre los Leon.

Se pregunto si dicha historia era cierta o era una de tantas metaforas para expresar un punto.

"La arrogancia desmedida se paga cara...", mirando a Mitsuomi y sonriendo."Yo creo fervientemente que por mas grande que sea la imaginacion de una persona, existen cosas que no pueden ser comprendidas a menos que sean vividas, que sean sentidas en carne propia. Creo que alguien podria imaginarse lo que uno siente ante el amor verdadero, el odio, la traicion o una perdida inconmesurable, sin embargo, no creo que dicha imaginacion pueda igualarse a quien lo haya sentido realmente. Quizas esta pregunta sea una como tantas otras que no importan la respuesta, sino el hecho de preguntarnoslas. ¿No os parece asi, Mitsuomi-san?", sonriendo con cortesia, esperando que el tema estuviese cerrado como Kazumi habia querido desde un principio, sonriendole luego a Kazumi.

Daisetsu parecio como perderse por un instante, mientras su mirada recorria el cielo y su diestra se aferraba a su menton. Giro su cabeza lentamente, sin sonrisa en su rostro esta vez, volviendo su mano a su posicion habitual. Sus ojos celestes reposandose sobre el Ishi, con calma pero tambien con determinacion.

"Muchas discusiones al respecto han surgido debido a Liderazgo de Akodo, discusiones que aun hoy en dia no tienen fin. Lo importante es tomar la sabiduria que el gran Akodo-Un-Ojo nos lego y aprovecharla para servir mejor al Emperador y al Imperio.", dejando de mirar a Mitsuomi para mirar hacia el frente y admirar por cada lugar que recorrian. Era increible, cada lugar le recordaba algo, cada detalle estaba impreso en su mente. Conocia esta ciudad mejor que la palma de su mano.

"No profundizare sobre los Reinos Espirituales, porque, honestamente no es mi campo. Sin embargo, debo deciros que refiriendonos a Liderazgo, mis palabras no estaban equivocadas, Mitsuomi-san.", no habia nada malo en reconocer que uno no sabia de un tema, sin embargo, Mitsuomi osaba discutir sobre estrategias y batallas, interpretando un libro del cual solo parecia poder apreciar su escritura.

"Cuando dije, una victoria sin muertes, me referia exactamente a eso. El ganar una batalla sin necesitar librarla. Sin necesitar poner en riesgo la vida de vuestros hombres, sin necesitar tomar las vidas de los hombres de otro señor, sin necesitar dejar familias sin padres, a padres sin hijos. Esa es la mayor victoria de todas, la que no requiere una sola muerte.", bajando la mirada por un instante, como recordando a todos los compañeros caidos en la Muralla por el capricho de Okucheo, a todos y cada uno de sus hombres."Todas las batallas deberian poder llevarse a cabo con la fuerza y velocidad de un relampago. Cuanto antes termine una batalla, menos bajas habra para ambos bandos. Un General debe no solo preocuparse por la victoria, sino por la vida de cada uno de sus hombres. Un señor debe cuidar de sus subditos. Akodo lo sabia y el tiempo me lo ha enseñado a mi tambien. Liderar a gente bajo vuestro mando os da un gran poder, pero tambien os da una gran responsabilidad. ¿Acaso creis que exista una victoria mejor que la que no necesita poner en riesgo la vida de vuestros hombres, Mitsuomi-san? Quizas algun dia, cuando tengais gente a cargo, puedas entenderlo...", sonriendo levemente, aun con el pesar de cada hombre que dio su vida junto a el en Kaiu Kabe, tanto Cangrejos como Seppun.

"Recordad una de las mas grandes sabidurias que nos lego Akodo, Mitsuomi-san. El arte de la guerra, es el arte de la paz. Tened eso en mente si algun dia el destino os hace liderar a hombres bajo su mando. Recordad que luchais por la paz, para proteger a cada uno de vuestro seres queridos y a cada uno que os sigue. Recordad que cuanto mas ante termineis una batalla, mas vidas habreis salvado. Recordad que si la batalla nunca se lleva a cabo, habreis salvado todas las vidas de ambos bandos.", realizando una leve reverencia con su cabeza, esperando que comprendiese el consejo que le estaba dando. Al fin y al cabo, estaba hablando con el posible futuro Maestro del Vacio.

Daisetsu esperaba que la poca sabiduria que el tenia, le sirviera para poder iluminar al Ishi en asuntos no tan claros para gente tan pacifista como el Fenix.

"Lamento decepcionaros, Mitsuomi-san, esas palabras no estan en ningun libro que os pueda prestaros. Quizas la sangre de las Damas que corre por mis venas me hayan hecho hablar de esa manera, pero esa humilde oratoria es mia, Mitsuomi-san. La espada de nuestros ancestros representa un gran honor al portarla, sin embargo, son las manos que esgrimen dicha espada las que guian nuestras acciones, son nuestras acciones las que traen honor. Es mas facil desenvainar una espada, que no necesitar hacerlo nunca. Es mas facil tomar una vida, que intentar enderezarla. Es mas facil recurrir a la violencia, que encontrar una solucion pacifica a todas las cosas. He visto miles morir delante de mis ojos para no poder apreciar el valor la vida con la que los Cielos nos han bendecido. Se que cientos mueren en una guerra entre primos que jamas deberia llevarse a cabo. Solo espero que llegado el momento en que podamos hacer algo para detener todas estas muertes sin sentido, los Cielos nos bendigan y nos permitan ser las herramientas para traer nuevamente la paz a este Imperio.", con una sonrisa que parecia costarle, como si realmente sintiese un verdadero pesar al respecto.

¿Cuantos habian ya muerto entre el Cangrejo y Leon?¿Cuantos y para que?¿Para mantener un titulo que le pertenecia a todo el Imperio? Esa guerra debia llegar a su fin y esperaba que gracias a Sanzo y a Emi, y proximamente a la Embajadora Grulla pudieran lograrlo. Cuantos mas dias pasaban, mas vidas se perdian. Daisetsu se pregunto como podia dormir por las noches sabiendo que tanta sangre era derramada en vano.

Por un momento, Mitsuomi estuvo a punto de echarse a reír a carcajadas. ¿Cómo podían suceder aquellas cosas?

Él se había limitado a corregir una interpretación errónea de una frase descontextualizada del Liderazgo, lamentándose claramente de que la interptación correcta no fuese la hecha por el Seppun. Sin embargo, Daisetsu había pensado que Mitsuomi había hecho la corrección para afirmar algo distinto, como si Mitsuomi pensase que las batallas relámpago eran lo mejor o vete a saber qué.

Este hecho de por sí no constituía algo risible, pues los malentendidos eran algo común en este tipo de conversaciones, si bien Mitsuomi pensaba que había dejado su opinión bastante clara. Lo que le parecía risible era la perorata que había recitado el Seppun, repitiendo en grandes párrafos lo que él ya había dicho al expresar su lamento de la interpretación de la frase de Akodo. Pero además, el Seppun había dado a entrever que juzgaba a Mitsuomi arrogante quién sabe por qué razón y le había dado numerosos "consejos" que Mitsuomi hacía mucho que había comprendido.

Sólo había algo que le había agradado en las palabras del Seppun y era el sentir que había tras ellas. Al menos Seppun Daisetsu pensaba como él, si bien su manera de expresarlo no fuese del todo correcta. Al menos uno de sus miedos podía ser abandonado.

¿Replicaría? Podría corregir lo dicho por el Seppun, tal vez darle a entender lo incorrecto de su juicio al respecto de la arrogancia de Mitsuomi, pero decidió que eso no llevaría a ningún lado positivo, sino tal vez a mas sinsentidos.

Os agradezco vuestras palabras, Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi con voz serena al tiempo que se inclinaba cortesmente. Su agradecimiento era sincero, pues gracias a lo dicho por el Seppun, Mitsuomi había comprendido muchas cosas y había resuelto muchas de sus dudas al respecto de la persona de aquel capitán de la Guardia de la Rosa. Ya sabía como debía conducirse en presencia de aquel hombre.

Se volvió hacia Kazumi sonriendo. Su voz cambió de tono, volviéndose juguetona.

Kazumi-san, Daisetsu-sama os ha regalado una rosa preciosa y yo os haré otro regalo. No podemos cambiar la meta de nuestro paseo, pero sí el rumbo que tomará nuestra conversación. Elegid tema si deseáis, os regalo la conversación.

No, no replicaría al Seppun. El día clareaba en la mente de Mitsuomi.

Kazumi cogió la rosa con una sonrisa mientras bajaba la cabeza para olerla tranquilamente, muy calladita cuando hablabais, como si de una niña muy buena se tratara que cuando los adultos estaban conversando ella esperaba pacientemente a que le dieran turno o le dijeran que era un tema en el que se podía participar.

Cuando Mitsuomi la miró Kazumi tenía el rostro sesgado en una expresión muy cómica que parecía entre agobio, aburrimiento y enfado.

"Los chicos no sois tan aburridos... ¿Por qué os empeñáis en serlo?"

Dijo Kazumi medio riéndose tras lo cual anotó.

"Es broma."

Mientras andaba iba haciendo que el parasol girase tras ella haciendo que incidieran en su ropas distintas tonalidades de amarillo dependiendo de si la luz del sol pasaba por el blanco pintado o por los coloridos dibujos al ir rotando.

"Hummmmm... Un tema de conversación... Un tema de conversación para los tresss..."

Kazumi parecía perdida en sus cabilaciones cuando de repente empezó a narrar con tono divertido:

"Una vez dos monjes estaban sentados en plena naturaleza. Uno de ellos estaba rodeado de conejos y el otro no. El que no tenía conejos a su alrededor le dijo al otro:
-¡Eres un santo! ¡Es increible! Todos los conejos están a tu alrededor, mientras que huyen de mí. ¿Cuál es tu secreto?"


Kazumi calló de repente y miró a ambos mientras explicaba:

"Me encanta los koans... - Explicó para que no quedara mucho más raro de lo que ya de por sí había empezado a ser la historia. Entonces hizo un gesto con el dedo para que le prestaran atención y preguntó a ambos.- ¿Podéis decirme si sabéis que le respondió el monje que estaba rodeado de conejos?

Lo más importante es saber para qué sirve... pero es un comienzo ^^"

Oh, Kazumi-san, sois realmente perversa -dijo Mitsuomi poniendo cara de fingido temor-. Pero me temo que no puedo echarme a atrás una vez habéis desenvuelto mi regalo. Así que tocará resolver el koan, pero os advierto que soy malíiiiiiisimo para resolver koan, prefiero plantearlos -Mitsuomi rió ligeramente y seguidamente adopto una expresión pensativa-. Vamos a ver, vamos a ver. ¿Debería soltar algún tipo de discurso sobre la metafísica de los conejos? Ummm. Lo que está claro es que si yo fuera un conejo me iría donde hubiese mejor hierba.

"Nada que agradecer, Mitsuomi-san, mientras mis humildes palabras os puedan servir de algo, me siento satisfecho.", con una leve sonrisa a pesar del pesar que sentia.

Daisetsu recupero algo de su sonrisa tras el comentario de Kazumi y le parecio chistoso el comentario de Mitsuomi.

"Creo que Sanzo-sama me mataria si no lo intento al menos, jejeje.", ya con algo mas de felicidad en su rostro, poniendo pose en extremo pensativa, casi exagerada.

"No se que le respondio, pero si quizas la idea tras el koan. Los conejos estan con el hombre porque este no busca que esten con el, mientras el otro lo desea asi y no estan. O quizas estan con uno por la paz que transmite mientras el otro tiene su ansiedad patente...", y una sonrisa se dibujo en su otro."Quizas le dijo: De que te quejas, deberias considerarte afortunado porque a ti no te persiguen... jajaja", al fin y al cabo, muchos koan terminaban con comentarios incoherentes y a veces hasta hilarantes.
Era bueno mantener el animo alto, si el vivia, era por otros que habian muerto. Si el seguia, debia hacerlo con plenitud y aprovechar cada segundo que pisaba esta tierra.

Kazumi rió por ambas ocurrencias y mientras os adelantaba un par de pasos para luego voltearse y miraros directamente a los ojos empezó a hablar:

"Eso es lo divertido de los koans jijiji

Nooooo... la respuesta a qué le contestó es:


Y el otro monje le respondió:
-Muy simple, yo no como conejo."


Tras esto Kazumi empezó a reirse.

"Venga, Mitsuomi-san, ahora os toca a vos, seguro que tenéis una reflexión que hacer, a ver si acertáis jijijiji"

Kazumi parecía divertida en todo esto, y no sabías porqué pero estabais casi seguros de que habíais encontrado la fuente de excentricidad de esta chica, no sabíais porqué pero ops daba la impresión que mientras muchos se devanaban los cesos, quizás por la simpleza de mente de Kazumi o la facilidad para hacerlo todo fácil, valga la redundacia, los koans no eran secretos para ella.

Mitsuomi reflexionó durante unos instantes sobre las palabras de Kazumi. Se le ocurrían un par de explicaciones a la extraña resolución del koan; sin embargo, lamentaba que ninguna de ellas fuese ni ingeniosa ni entretenida.

Bueno, se me ocurren un par de cosas -empezó diciendo, tratando de mantener un tono distentido, si bien los pensamientos que poblaban su mente eran bastante serios-. El monje que come conejos (porque debido a lo dicho por el otro deduzco que el que no está rodeado por conejos sí lo hace) al saciar su apetito no hace otra cosa que ir reduciendo la cantidad del alimento que le sacia, hasta que finalmente se queda sin nada. Digamos que la lección podría ser que quien atesora y posee, cada vez tiene menos que poseer, hasta que su ansia no puede ser saciada, hasta que sus deseos no pueden ser cumplidos. Y entonces llegan los lamentos. Por eso el monje solitario se queja.

Es una reflexión moral muy común en las doctrinas monacales y muy abundante en las enseñanzas de Shinsei. Quien todo lo tiene no puede recibir nada más, quien nada tiene lo puede recibir todo. De esta manera uno se cierra al mundo y se queda solo, mientras que el otro es uno con el mundo y nunca conocerá la soledad.

Mitsuomi se volvió hacia el Seppun con una sonrisa.

Os toca a vos, Daisetsu-sama, porque de seguro que yo no he acertado. Soy maliiiiisimo con los koan, por mucha palabrería que me gaste.

"Mmmmm los conejos conocian sus intenciones... lo veian como un depredador... aun tenia aliento a conejo en su boca, jajajaj...", riendo mientras pensaba que mas podia ser.

"Quizas el hombre se quejaba por no tener lo que el otro poseia sin darse cuenta que si el no lo poseia era por su propia culpa...", poniendo cara de no se le ocurria nada mas."Ademas de lo que dije antes, pues no se la verdad. Lo importante de los koans es hacernos pensar...", sonriendo como no teniendo nada mas que decir.

"Iluminaos, Kazumi-san", sonriendo gentilmente.

Kazumi rió ante aquellas palabras y les empezó a contar.

"Este koan me lo puso sensei cuando era pequeña, y ha sido una de mis máximas. Es tan simple que uno lo en reversa, pero… después de todo… ¿No es así como tantas veces actuamos? No vemos la opción fácil porque parece demasiado evidente y nuestra malpensada mente quiere ver un camino oculto…

Si quieres que un ser tenga confianza en ti, debes hablarle siendo como un espejo muy puro. Es la enseñanza…

Sensei me enseñó un precioso espejo que poseía, decía que pasaba de Maestro del Aire a Maestro del Aire durante generaciones, no es un secreto pero pocos saben de la existencia de tal objeto. Es absolutamente precioso está hecho la mita de jade y la otra de obsidiana. Cuando me lo enseñó me dijo que lo guardaban por la lección que les recordaba… y que era que uno debía de parecerse a ese espejo, reflejando al otro sin crítica ni protección.”

Kazumi sonrió algo traviesamente mientras apretaba sus cerrados ojos y hacía fuerza con sus manos sosteniendo el parasol, como si se contuviera.

“¡Es un objeto precioso! ¡Querría poseerlo para poder ser yo la que enseñe esa lección!”

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 3:51 pm

Los espejos son objetos fascinantes -dijo Mitsuomi tras detenerse a pensar un momento en las palabras de la shugenja-, casi me atrevería a decir que todos ellos son mágicos, sean nemuranai o no. Hay incluso gente que los considera terribles. Recuerdo una vez a un monje que odiaba los espejos; cuando le pregunté por qué, me respondió: "Porque multiplican el número de hombres"

Lo que está claro es que los espejos ofrecen numerosas facetas para tratar de entenderlos. Son como diamantes metafísicos, uno puede extraerles significados sin cesar. La dualidad humana, la multiplicidad de mundos... incluso un ejemplo de benevolencia -al decir esto último miró a Kazumi y sonrió-. Yo la verdad no sé qué pensar de los espejos. Me fascinan sobremanera, pero a la vez reconozco que me intimidan levemente. Digamos que me mantengo a una cierta distancia.

¿Y por qué hacía eso? Había algo en su interior que le hacía temer la visión de su imagen reflejada. No es que los espejos le causaran terror, sino más bien una ligera aprensión.

De todas maneras, el espejo que habéis descrito es tremendamente interesante y no dudo que habrá desarrollado un espíritu propio. Al estar hecho de jade y obsidiana su mensaje es todavía más profundo. Hay una necesidad en todas las cosas de complementarse con su contrario, como si estuvieran incompletas. Por eso debemos aceptar la imagen del espejo, nuestro inverso, porque sin ella no estaríamos completos.

Mitsuomi se dio cuenta de que si empezaban las reflexiones filosóficas la conversación se volvería excesivamente seria, así que decidió dar un pequeño giro que aligerara sus palabras anteriores.

Se detuvo en seco y miró a kazumi con incredulidad.

Kazumi-san, no me digais que queréis ser Maestra del Aire sólo por poder usar ese espejo -dijo con un fingido reproche. La sonrisa que esgrimía al decir aquello revelaba la naturaleza de la broma.- No os consideraba tan coqueta.

Daisetsu se pregunto cual seria su reflejo en dicho espejo.

"Cada vez que veo un espejo, recuerdo al Sol, a Amateratsu, a los Hantei...", sonriendo,"Prometedme que si os convertis en Maestra del Aire, me permitereis verme en dicho espejo.", haciendo una leve pausa.

"Y ya que traeis tan gentilmente el tema en cuestion, Mitsuomi-san. Estaria mas que agradecido de escuchar el interes de ambos por convertiros en Maestros Elementales.", llevando ambas manos a sus espaldas y caminando tranquilamente.

Mitsuomi abrió el abanico, desplegando la imagen de los párajos en la rama del ciruelo y dejando entrever el texto del haiku, y empezó a abanicarse ligeramente, procurando taparse la boca tras el blanco papel plegado.

Se sentí incapaz de controlar la risa, por ello había decidido esconder sus labios, para tratar de ocultar alguna que otra risilla incontrolable, aunque esperaba poder evitarlo. Lo que había comentado el Seppun sobre las candidaturas, es decir, la velada pregunta sobre los motivos de ambos, había sido una completa falta de sutileza, además de, probablemente, una incorreción en cuanto a lo que prescribía la etiqueta.

Lo gracioso es que al parecer el hombre se sentía muy ufano de lo que había dicho. ¿Pensaría acaso el miharu que sus palabras habían sido una gran obra cortesana? Parecía que sí. Bueno, fuese como fuese Mitsuomi podía aprovechar muy bien aquella oportunidad para seguir valorando al hombre.

Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi con voz sorprendida-, no puedo deciros lo que contestará Kazumi-san, pero por mi parte he de decir que ya hay un Maestro del Vacío. ¿O acaso consideráis que Hanzo-sama va a ser destituido?

Daisetsu sonrio ante la respuesta de Mitsuomi y contuvo una carcajada al prestar atencion al abanico.

"No hay necesidad de abanicos, Mitsuomi-san, como dije antes, por ahora no somos cortesanos.", sonriendo ampliamente, como si la reaccion del Isawa le hubiese resultado incluso paranoica.

"Si os pregunte, fue por mera curiosidad. No conozco mucho sobre los Maestros Elementales mas que supuestamente son sos mejores shugenjas en dicho elemento, entre los 5 lideran al Fenix y controlan la magia del Imperio. Los intereses pueden ser muchos la verdad y me da curiosidad pensar en alguien como usted y Kazumi-san podrian ver interes en tal puesto. No estais obligados a responderme, si preferis no hacerlo, no me molestara, solo pense que seria algo interesante de conocer. Siempre es bueno conocer mas sobre los primos en cada clan.", realizando un leve gesto con su cabeza.

"Os respondere con otra pregunta, Mitsuomi-san. ¿Acaso el Vacio no es siempre cambiante?", sonriendole.

Daisetsu-sama, hay veces que es necesario refrescar el rostror, para eso sirven los abanicos, ¿no? -dijo Mitsuomi con una sonrisa. Empezaba a sentir un cosquilleo en el estómago, un pequeño chisporroteo en la mente. Estaba empezando a divertirse y sus ganas de jugar con el Seppun amenazaban con tomar posesión de su comportamiento. Mejor refrenarse.- Todos los shugenja del Fénix, al menos todos los tensai, desearían formar parte del Concilio, pero como os dije ya hay un Maestro del Vacío.

Y en cuanto a vuestra pregunta... El Vacío no cambia nunca, es perfecto e inmutable, eterno e infinito. El Cambio es completamente ajeno a él, de lo contrario nada existiría.

"Pues yo quieeeero ser Maeeestra poooorqueeee!!!!"

Kazumi se adelanto a vosotros y con exitación empezó a hablar y dio un giro en sus talones para poderos mirar a la cara a ambos. Mientras hacía esto el aire se empezó a arremolinar al rededor de ella con virulencia mientras sus cabellos empezaban a ondularse en el aire como si estuvieran en el agua. Las flroes de cerezo revoloteaban a su alrededor mientras que sus ropajes, extrañamanente, se contoneaban más despacio que el resto de aire que corría a su alrededor. Por un segundo incluso las palabras de la joven quedaron apagadas por un murmullo casi imperceptible que parecía cantarle a la muchacha canciones de amor y de amistad.

Kazumi empezó a hablar con tanta pasión que parecía que absorvía cada segundo, que os arrebataba el alma con cada palabra y que se quedaba con todo el aire para que llenara sus pulmones. en una mezcla de arrebato tan poderosa que dolía extrañamente el corazón al oirla.

"Porque quiero ayudar a todos los qe me lo han pedido y a los que no pueden hacerlo. Quiero ser la que destruya las reglas que no dejan ser feliz a los corazones de mi Clan y del Imperio. Quiero ser el aire que les haga volar a donde nunca han podido, quiero romper las cadenas del sufrimiento.

Quiero... cambiar las cosas..."

Dijo de repente con un tono lleno de... ¿melancolía? Entonces el aire derepente cesó y sus ropajes, cabellos y flores calleron al suelo con brusquedad a la vez que, esta vez pareció abrazarla una canción de consuelo.

Daisetsu se quedo pensando las ultimas palabras de Mitsuomi."Se que no soy un erudito en el tema, como usted, Mitsuomi-san, quizas puedas corregirme. Si el Vacio es todo y nada a la vez, no es su naturaleza cambiante. Si mal no recuerdo, un gran sabio dijo, El Vacio es impredecible, y si intentais predecirlo, cambiara unicamente para desafiar vuestra prediccion. ¿Eso no hace que sea cambiante? Si el Vacio es el equilibrio entre todas las cosas, como puede ser algo que debe amoldarse para traer el equilibrio algo rigido. Si el Vacio es eterno o infinito es algo que en esta vida no podremos contemplar. ¿Inmutable? Al reves, creo que el Vacio es parte de todas las cosas y en cada una de ellas es distinto e igual a la vez. Creo que definir al Vacio es un error en si mismo. ¿Como definir algo que es y no es a la vez? ¿Perfecto? La perfeccion es algo que se puede lograr solo dia a dia, y al parecer, el Vacio tiene una eternidad por delante. Ademas, la perfeccion siempre esta definida por el observador, Mitsuomi-san.", casi como si estuviera pensando en voz alta.

"Aunque claro esta, vuestra sabiduria debe ser mucho mayor en este asunto. ¿Que podria aportar este humilde Miharu que no es tan versado en dichos temas?", haciendo un gesto como que tenia las manos vacias.

Tras esto escucho las palabras de Kazumi, su pasion, su conviccion, en aquel instante la admiro. Se pregunto si Kazumi tenia la madera para unirse a Sanzo y a Emi en su empresa.


Escucho la cancion de consuelo que los vientos le regalaban y sonrio con amabilidad.

"Quizas si compartis vuestros pensamientos con otros, Kazumi-san, os deis cuentas que no sois la unica que anhela convertir este Imperio en uno mejor. Quizas encontrareis una mano amiga donde menos la esperes.", dandose cuenta que esta era otra alma afin. Deberia plantearse seriamente de hacerle la propuesta en un corto futuro y ver si Kazumi, seria la correcta como Maestra de Aire. Un aliado asi, seria alguien muy poderoso para su grupo.

Mitsuomi observó a Kazumi y escuchó con atención sus palabras. Sus ojos se llenaron de una cierta tristeza al escuchar a la tensai. Tras la visita al templo de Bayushi, comprendía algo más el corazón de Kazumi y sabía que había un deseo en ese corazón que al parecer no podía cumplir.

"Ayudar a todos los que me lo han pedido y a los que no pueden hacerlo"... -Mitsuomi dejó escapar aquellas palabras de Kazumi como quien suelta pájaros desde un palomar. La bondad de la joven era un chorro de brisas que deseaba envolver el mundo entero, pero que no tocaba su propia fuente. El mundo podría estar libre de cadenas, pero el corazón de Kazumi siempre estaría encadenado.

No quería arruinar aquel momento volviéndose melancólico y entristecer así a Kazumi y tal vez al Seppun. No era momento para hacer brotar lágrimas. Usaría las palabras de Daisetsu para cambiar el tema.

Daisetsu-sama -dijo, dejando que su voz cobrara bastante más resolución-, nunca digáis que no podéis aportar nada con vuestras palabras. Tampoco debéis confundir la sabiduría con el conocimiento. Poseer muchos datos o información sobre algo no es ser sabio. Yo desde luego no me considero de tal manera, por eso mismo escucharos me permite cuestionas mis conocimientos y volver a internarme en cuestiones que ya creía resueltas.

Lo que habéis dicho no es incorrecto del todo, simeplemente debe ser matizado, pero hablar del Vacío es complicado y, sobre todo, extenso. Ese tópico que es "El Vacío es todo y nada a la vez" esconde mucho y, la verdad, me parece una frase que ha causado mucho daño a la comprensión del Vacío. Si deseais que comparta mis conocimientos con vos lo haré encantado, pero no creo que este sea el momento adecuado, al fin y al cabo nos dirigimos a una obra de teatro, ¿no?

Y, de pronto, una idea empezó a tomar forma en la mente de Mitsuomi. Una loca idea que muchos considerarían temeraria, incluso suicida.

"Me alegra entonces haber podido ayudaros con mi poco conocimiento del Vacio.", realizando una leve reverencia con su cabeza."No os preocopeis, tendremos mucho para hablar cuando nos volvamos cortesanos, Mitsuomi-san, jajaja.", riendo como si no fuera algo realmente importante."Sin duda el Vacio sera un tema fascinante, Mitsuomi-san. Como lo han resultado los otros elementos de los cuales me han hablado vuestros hermanos Isawa ayer por la tarde."

Daisetsu se pregunto si faltaba mucho para llegar o si tenian tiempo de pasar por algun lugar digno de mostrarles. Seguro recordaria algun lugar cercano por alli.

Se acerco a Kazumi quien se habia adelantado y saco un abanico, mientras miraba de reojo a Mitsuomi de forma chistosa, como picara. Y tras el abanico escondio sus labios.

"Sonreid, Kazumi-san y compartid esa preciosa sonrisa vuestra con toda esta ciudad. ¿O creeis que una cara triste puede cambiar este Imperio?", susurrandole por lo bajo y guiñandole un ojo, para luego mirar a Mitsuomi con complicidad, como si el fuera el centro de una broma.

Guardo su abanico y espero a Mitsuomi.

"Es verdad, a veces es necesario refrescar el rostro.", sonriendo ampliamente al Ishi.

Ya estaban cerca, muy cerca, pues tras curzar distritos y pasar por las murallas, estaban entrnado en el distrito ieku, en donde preciosos jardines escondidos recogían la paz del lugar y en el cual se extendían calles con algunas de las mejores tiendas de la ciudad.

Kazumi le sonrió a Daisetsu y se dispuso a aflojar la marcha para que los tres pudieran ir a la par. En pocas calles estarían en la avenida del teatro, Kazumi parecía reconocer por fin las enreversadas calles por la ya circulábais, mirando curiosa si algo había cambiado en los escaparates.

"Descuidad, descuidad, que no me ocurre nada. Es sólo que a veces el viento me lleva muuuy alto y luego me quedo sin aire."

En su rostro ya no había signos de tristeza, era como si una ráfa se la hubiera llevado. el aire parecía calmado a vuestro alrededor aunque seguía meciendo sus ropajes y cabellos más que al resto.

"Estoy deseosa de llegar y ver qué nos deparará esta tarde... por lo que sé acudiran muchas personalidades importantes... y eso que no trataba de que mi primera visita a un acto cultural de la ciudad fuera un acto social importante. kazumi hinchó los cachetes como enfadada, de manera cómica y luego, tras soltar el aire y reirse terminó diciendo.- Es sin duda mi sino! Estar rodeada de actos sociales!"

Oh, Daisetsu-sama, pero si no os habéis abanicado -dijo Mitsuomi con fingida perplejidad. Había de reconocer el interés que ponía el Seppun por mostrarse a la altura en cuanto a sutileza. Sin duda, residir en la Ciudad Prohibida al servicio de la Emperatriz Madre debía de ser una buena escuela sobre las maneras cortesanas. De todas maneras, al parecer o el alumno no era muy aplicado o no había estado muy atento en las lecciones.

Tal vez había llegado el momento de poner en práctica su idea. Sabía que estaba planeando utilizar al Seppun, aunque pensaba que todos saldrían ganando con aquello y muy probablemente ganarían algo de "sabiduría", es palabra que tanto le gustaba utilizar al miharu.

Daisetsu-sama, estoy pensando en haceros un regalo, pero me pregunto si tendréis el valor de aceptarlo -dijo con un tono de voz que casi sonaba a desafío.

Daisetsu rio por lo bajo al comentario de Mitsuomi."Me habeis atrapado, Mitsuomi-san...", o al menos eso queria que creyese el Isawa. Al menos eso queria que creyese Onnamura...

Daisetsu miro con calma al Ishi, casi sin prestarle atencion a las palabras de este, como si no le hubiesen afectado. Al parecer habia gente que no podia dejar ciertos habitos.

"¿Porque preguntais algo a lo que ya conoceis la respuesta, Mitsuomi-san? Si deseais hacerme un regalo, me siento mas que honrado y agracedido, Mitsuomi-san, nada os impide que lo hagais. Espero tener algo de igual valor para ofreceros luego.", sonriendole cortesmente.

Quizas una muerte sin honor por cuestionar el valor de un miembro de la Guardia de la Rosa, ese seria un buen regalo. ¿Pero acaso el no habia sido aun mas suicida con la Emperatriz el mismo dia que la conocio? ¿Acaso sus palabras no habian cuestionado la sabiduria de los Cielos ese dia?

Quizas Mitsuomi quisiese hacerse notar para lograr algo. La pregunta era... ¿Que?


Sí, es probable que supiera la respuesta, pero siempre se ha de preguntar, ¿no? -"Y siempre se ha de rechazar el regalo dos veces", pensó Mitsuomi al tiempo que sonreía al Seppun. Realmente no había dudado que el miharu rechazara su oferta, pero había esperado que este preguntase algo más sobre la naturaleza de la misma. No importaba, todo llegaría a su tiempo.- Me alegra que hayáis aceptado, Daisetsu-sama. ¿tenéis tiempo libre después de la obra? Si lo deseais, podremos hablar entonces con tranquilidad y os daré mi regalo.

"No os apresureis tanto, Mitsuomi-san...", sonriendole al Ishi."Dicen que la prisa es amiga del fracaso...", acotando un poco su sonrisa ahora mientras dejaba de mirar al Fenix."Quizas vuestro regalo sea tan magnifico que deba rechazarlo por no tener algo de igual valor que daros luego...", mirando nuevamente al Fenix con una media sonrisa en el rostro.

"Ademas, que puede ser tan importante que requiera mi presencia a solas... Sin duda, debe ser un regalo sin igual... Debo admitir que habeis plantando la semilla de la curiosidad en mi, Mitsuomi-san. Pero deberais contarme algo mas al respecto para que esta germine..."

Oh, entonces no lo habéis aceptado aún -dijo Mitsuomi con fingida tristeza en la voz. Bueno, ¿no iba a ser tan fácil, verdad?-. No debéis preocuparos por corresponderme en un futuro. Esta es una de esas situaciones en las que un regalo no ha de ser correspondido si no es por voluntad del receptor del primer regalo. Pensad que aún no estamos jugando a los cortesanos, ¿verdad?

Aquello no era cierto. Habían estado maniobrando desde el principio, Daisetsu tal vez por su posición o instigado por las órdenes que había recibido, Mitsuomi por esa deformación de su carácter que le hacía actuar de aquella manera casi constantemente. Debía corregir aquello, al fin y al cabo no podía estar siempre en estado de alerta.

Por otra parte, Daisetsu-sama, la semilla germina por su propia fuerza, el sol y el abono no son más que un apoyo. Sinceramente, preferiría mantener la naturaleza del regalo en secreto, pero os prometo que no os causará ningún perjuicio que vos os causariais a vos mismo y que no pondrá en peligro ninguna vida. No se me ocurre que otro detalle general podría daros. Ah sí, hablábais antes de sabiduría... Tal vez mi regalo os ayude a ganar mucha, si bien no procederá de mí, porque, como ya os dije, no me considero un sabio.

Mitsuomi pensó por un momento que más podía decir, sin revelar la naturaleza exacta de lo que estaba ofreciendo.

Os puedo decir una última cosa, Daisetsu-sama. Mi regalo es un viaje, un viaje que dura poco más que un segundo pero que puede durar años y que no os llevará muy lejos y sin embargo, la distancia a la que os conducirá no podríais recorrerla ni con toda vuestra vida. No diré más -dijo Mitsuomi y sonrió.

"Parece un viaje interesante... Me vais a tener que explicar mucho llegado el momento, si quereis que me sumerja en el, Mitsuomi-san...", imaginando si esto tenia algo que ver con la magia del vacio de la cual Isawa Hanzo le habia hablado. Sin duda, Mitsuomi y su viaje le sacarian todas las dudas al respecto.

"Pero no puedo aceptaros dicho viaje, a menos que me permitais llevaros a otro viaje, del cual uno podria decir de la misma indole... Claro esta que solo se podra revelar este viaje cuando estemos a solas, Mitsuomi-san...", sonriendo, preguntandose si Mitsuomi se podria imaginar lo que Daisetsu tenia en mente.

"Creo que seria mejor que no dejemos que Kazumi-san se nos adelante tanto. ¿No os parece, Mitsuomi-san?", por no decir que la dejen sola tanto tiempo enfrascados en su conversacion.

¿Os cuesta aceptar mi regalo a causa de mi secretismo y vos me ofrecéis otro de la misma índole con igual secreto? -pregunto Mitsomi, sonriendo-. Pero yo no rechazaré vuestro regalo más allá de lo que dicta la etiqueta. Ya sabéis, dos veces y lo aceptaré cuando me lo ofrezcáis por tercera vez. Aunque por la especial naturaleza de los obsequios considero que podríamos saltarnos ese paso, ¿no os parece?

¿A dónde pretendía llevarle el Seppun? Sentía algo de curiosidad, aunque no creía que fuese un trayecto tan interesante como el que él tenía en mente. Lo más probable es que se tratase de una visita a la Ciudad Prohibida. Sin duda, el Seppun consideraría que Mitsuomi se sentía muy impresionado con aquello. No importaba, no tenía intención de rechazar su ofrecimiento.

Así pues, sobreentendiendo las formalidades, acepto vuestro regalo y espero que aceptéis el mío, comprendiendo mis reservar igual que yo comprendo las vuestras. Os prometo que no os arrepentiréis.

Se dio cuenta por las palabras de Daisetsu de que realmente habían dejado un poco apartada a Kazumi. Entonces pensó en algo, así que se volvió hacia la shugenja y dijo con voz alegre:

Me temo que sería una descortesía no incluiros en mi regalo, Kazumi-san, especialmente después de que me hiciérais el favor de enviar la carta a Mizuno-sama. Así pues, ¿deseáis venir también con Daisetsu-sama y conmigo?

"Luego de la obra lo sabremos, neh?", sonriendole al Ishi."Solo puedo decirlo, que es algo que os habeis ganado, Mitsuomi-san. Algo de lo que lamentablemente, Kazumi-san, no puede saber nada al respecto...", envolviendo con mas misterio este viaje, sonriendo hacia Kazumi cuando Mitsuomi se disponia a llamar su atencion.

"¿Que opinais de este viaje que Mitsuomi-san nos ofrece, Kazumi-san?¿Deberiamos confiar en el?", en tono de broma.

"Oh si, un viaje!! ¡Yo quiero ir! ¿Será como cuando te llevé al templo de los kamis volando ? ¿o más del estilod e lo que hemos vivido allá dentro? Venga Mitsuomi-saaaaan, dime dime!! ¿Veremos sitios nuevos y raros a que si??"

Dijo extasiada Kazumi mientras unía sus palmas con rapidez haciendo donar la palmada y abría los ojos desmesuradamente mientras pensaba en las posibilidades. El aire a su alrededor se convulsionó con el mismo nervios y notasteis con el mismo ímpetu con el que la chica hablaba que vuestros ropajes empezaban a moverse.

"Pero... ¿Y cuando?? Porque estamos muy ocupados! Ya sabes que tenemos muuuchas cosas que hacer como para irnos de viaje"

Dijo meditabunda con un gesto gracioso y pensativo a la vez que el aire de nuevo se apaciguaba con sus emociones.

Mitsuomi rió con alegría al ver la reacción de Kazumi. La energía de aquella joven era terriblemente contagiosa. Uno no podía sustraerse del hechizo de la candidata del Aire con facilidad, especialmente porque uno nunca deseaba escapar de la magia de Kazumi.

¿Acaso queréis que os cuente lo que no le querido revelarle a Daisetsu-sama, Kazumi-san? -dijo Mitsuomi, guiñándole un ojo a la shugenja-. Pero os puedo decir que sí, que veremos lugares interesntes y raros, pero al mismo tiempo conocidos. Ya veréis. Y sí, será muy parecido a lo que vivimos en el interior de los templos de los Kami, con sus alegrías y sus sinsabores, pero creo que las maravillas compensarán los horrores. Ah y no os preocupeis por el tiempo, como ya le dije a Daisetsu-sama es un viaje que puede durar tan sólo un segundo y ser tan largo como las vidas de los dioses.

Mitsuomi prefirió no usar un tono solemne ni siquiera al decir aquello último. A pesar de las turbias aguas que habían atravesa en su curso medio, el río que había sido aquel paseo había sido bastante agradable y el delta en el que habían entrado estaba lleno de grandes peces de escamas plateadas, a las que el sol arrancaba brillantes destellos.

Estaban llegando al Pavo Chillón, a la profundidad oscura del mar, y había que estar preparado.

"Parece que a Mitsuomi-san, le gusta hacerse el misterioso. Ya sabremos luego de la obra. Tambien parece que ya hemos llegado.", sonriendo a ambos.

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