Día 2º.- Distrito Kanjo.- Residencia Fenix.- Amnesia.- Media

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Isawa_Mitsuomi
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Día 2º.- Distrito Kanjo.- Residencia Fenix.- Amnesia.- Media

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 4:09 pm

De vuelta a la Residencia del Fénix, los tres tensais y la yojimbo charlaban tranquilamente. El tiempo, desde el aguacero de la mañana había mejorado bastante y ahora la Dama Sol brillaba libre de males en el firmamento. Era una tarde de primavera expléndida en donde los pájaros piaban y las flores abiertas en los jardines, árboles y macetas desprendían un olor que apaciguaba el alma. Otosan Uchi podía mostrarse muy bella si lo deseaba.

Al llegar a la Residencia, Seyrio se disculpó con vosotros:

"Si me permitís... tengo que hacer varias cosas antes de la función... Y espero poder encontrar a Kazumi-san... esta chica... Nunca uno sabe donde se ha metido..."

Dijo con una media sonrisa en los labios justo antes de irse por uno de los pasillos que conducían a otras salas o a las escaleras para el segundo piso. Al parecer la Residencia estaba casi desértica. No había nadie, ni Hensuke, ni Aya, ni Kazumi, ni arousou, ni Mai... ¿Dónde estarían cada uno? Bueno... si llevaban tu ritmo de vida, seguramente muy ocupados, pero no podías dejar de pensar que te daba curiosidad.

Kuro, que caminaba despacio a tu lado te preguntó:

"¿Necesitas algo especial para hacer ese... "ritual" o simplemente nos sentamos en el salón de té y empiezas?"

Sin embargo no habías ni tan siquiera dicho nada cuando la puerta de la Residencia se abrió al fondo del pasillo tras una criada escuchar que llamaban. La luz de la calle en un primer momento ensombreció la figura que pasaba al lado de la agachada criada, pero poco a poco se fue viendo.

Era una mujer, que estaría en la treintena, lo suponías sobretodo por el aura demadurez que desprendía no por que el tiempo hiciera especialmente estragos en su piel. Era morena, de pelo liso y muy largo, hasta más abajo de donde la espalda pierde su casto nombre. Vestía de negro absoluto, sólo con algunos símbolos en carmesí, que parecían palabras arcanas escritas a fuego. Se movía despacio inspirando un aura oscura. Su rostro, blanco como si estuviera muerta, estaba pintado con líneas azules y rojas formando patrones abstractos y por encima de su nariz callendo hacia su cuello había un velo transparente. Sus manos estaban tatuadas pero no lograbas ver conqué, puesto que las mangas del kimono casi le tapaban todo. Y en su pecho había un mon, el Yogo.

Kuro se adelantó llegando hasta ella.

"Me alegro de veros... Kura-sama."

La mujer le miró con una media sonrisa y le contestó:

"Has crecido mucho desde la última vez que te vi junto a tu madre... Eso es bueno... Ahora te pareces mucho a tu familia materna."

Kuro se volvió para ti y le señaló que andarais hacia donde estabas.

"Espero no haber sido demasiado puntual."

Espetó ella.

"Descuida... Ven... quiero presentarte a alguien... Isawa Mitsuomi-san, Ishi de Vacío, te presento a Yogo Kura, somos casi familia."

Kura le miró y asintió despacio, pero ninguno de los dos dieron más explicaciones. Sin embargo, no sabías porqué su nombre te sonaba pero no lograbas recordar el porqué...

"Es un placer..."

"Kura-san... Mitsuomi-san iba a hacer una especie de conjuro ahora para... ¿te acuerdas del incidente con mi memoria? Pues... dice que cree que puede ser capaz de devolverme aquellos retazos de pasado que me faltan..."

La Yogo te miró como interesada mientras asentía despacio.

Mitsuomi se despidió de Seyrio con una sonrisa, asegurándole que volverían a verse en el Pavo Chillón.

El que la Embajada estuviese desierta no era algo que le preocupase, sino todo lo contrario, pues le garantizaba una tranquilidad y una privacidad que hubiesen sido puestas en peligro de estar más concurrido el edificio. Sentía cierta curiosidad por saber donde estarían todos, por supuesto, aunque suponía que Mai habría comido con Kitsu Yuga y ahora mismo sin duda estaría con él, tal vez paseando por algún jardín, en el que Mai desplegaría sus encantos como una de tantas flores.

Por un momento, sintió el aguijón de los celos, esa pasión irracional que la mayoría confunde con una demostración de amor. Si aquella mañana había llegado a la conclusión de que no amaba a Mai, ¿por qué se sentía celoso del Kitsu? Bueno, la pasión es algo irracional, imprevisible, no se podían controlar los bajos instintos. De todas maneras aquellos sentimientos casi constituían una prueba más de que realmente no estaba enamorado de Mai.

Cuando iba a replicar a Kuro sobre el material que necesitaría para el pequeño ritual, apareció aquella siniestra mujer con el mon Yogo, pero de clara apariencia Kuni. En un primer vistazo, Mitsuomi consideró el aspecto de la mujer como un disfraz melodramático, como el de todos los Kuni, pero cada uno estaba en su derecho de enfrentarse a la vida con las muletas que considerase necesario. A pesar de esta impresión, debía reconocer que aquella mujer imponía su presencia, aunque fuese a base de oscurecer el lugar donde se encontraba.

¿Sería pariente de la madre de Kuro? Probablemente era una Kuni que había contraido matrimonio con algún miembro de la familia Yogo y había cambiado su apellido familiar. Fuese como fuese, aquellas cuestiones no eran de la incunvencia de Mitsuomi, por lo que no preguntaría a menos que alguno de los dos le contase algo al respecto.

Un honor conoceros -dijo Mitsuomi inclinándose cortesmente-. Os presento también a mi Yojimbo, Shiba Akemi-san, que se encargará de velar por nuestra seguridad durante el pequeño ritual que llevaremos a cabo para ayudar a Kuro-san a recuperarse de su amnesia.

Suponía que Akemi había comprendido aquellas palabras, desvelando el sentido oculto en ellas. Si la hipótesis de Mitsuomi era correcta, podría haber un gran peligro tanto Mitsuomi como para cualquier que estuviese cerca. Por primera vez desde que se conocieran, Akemi iba a ejercer plenamente como guardiana de la vida de Mitsuomi.

Kuro-san me ha dicho que tal vez podríais ayudarnos. Desconozco vuestras afinidades y vuestras especialidades, pero de todas maneras más que con la magia, podréis ayudarme con vuestros conocimientos sobre Kuro-san. Creo que ambos os agradeceríamos vuestra participación -y Mitsuomi hizo una ligera reverencia a la mujer, como agradeciendo de antemano su ayuda.

Yogo Kura se inclinó formalente ante Akemi observandola bien con una queda sonrisa amable en sus rojizos y pintados labios, la sonrisa era desconcertante, siendo amable en aquella apariencia tan oscura.

"Bueno... como shugenja yogo... mi primera afinidad es con el aire... Sin embargo el resto de los elementos no me son desconocidos... De hecho... si vais a practicar un ritual semejante puede que mis rituales de protección os sirvan...

No son mi especialidad... pues me versos en otro tipo de magia pero... no he olvidado mis conocimientos anteriores."

Dijo con una sonrisa irónica, haciendo una broma. Si, era desconcertante, puesto qeu aunque su apariencia era oscura su caracter era cercano.

"Tranquilo, Mitsuomi-san, además de Akemi para que no nos interrumpan puedes contar con oba, que posee más conocimientos de los que puedas llegar a creer y más habilidades de las que uno diría a simple vista."

¿Su tia? Bueno... tenía lógica... Vistes como Kura sonreía levemente y miraba a su sobrino con cierta dulcura.

"Creí que ya no me considerabas era tu tía..."

Kuro la miró de reojo, serio, frío y mientras se volvía para ti le respondió:

"La muerte del tío Noritachi no significa que ya no seas de nuestra familia."

Luego se volvió para ti y te dijo:

"Bueno... ¿Empezamos? No creo que te interesen nuestras rencillas familiares..."

Mitsuomi atendió a los comentarios familiares entre ambos shugenja con una level sonrisa. Al parecer la incógnita sobre su relación ya estaba resuelta. No indagaría al respecto.

Os sorprenderían las cosas que pueden llegar a interesarme, Kuro-san -dijo con tono jocoso Mitsuomi (si hubiese estado hablando con Kazumi hubiese guiñado un ojo)-. Pero, la urgencia que habéis expresado con vuestras palabras me parece muy adecuada. No nos demoremos más.

Mitsuomi se dirigió entonces hacia la criada que se encontraba con ellos en la habitación.

Necesitaremos que se disponga una sala apartada para nosotros, nada especialmente amplio ni ostentoso -indicó con voz segura a la heimin. No era el suyo un tono autoritario, nunca le había sido fácil mostrarse superior a otros a través de órdenes, por lo que su tono también era amable y en ocasiones rozaba una súplica ténue, como si estuviera solicitando un favor.- En el suelo de la estancia debe ser cubierto con una o varias esterillas de color blanco o, en su defecto, de un color muy claro. Serán necesarios también un pincel grueso y tinta.

Cuando terminó de impartir estas instrucciones, Mitsuomi calló por un momento, pero siguió mirando a la criada, esperando algún tipo de pregunto por si algo no había quedado claro. Luego se volvió hacia Kura.

Vuestros talentos nos serán enormemente útiles, Kura-sama -dijo en deferencia a la posición que ostentaba la shugenja en el ánimo de Kuro y a su edad-, no en vano el Aire es el elemento de la comunicación y debemos poner en contacto los espíritus para este ritual. Pero como os decía antes, vuestros conocimientos sobre Kuro-san también nos serán enormemente útiles. De hecho, lo primero que he de pediros tiene que ver con esto. Os rogaría que escogiérais una piedra del jardín, no importa el tamaño mientras sea manejable, que consideréis que represente mejor a Kuro-san.

La criada rápidamente fue a preparar una habitación como pediais mientras Kuro y su tia salian al patio para buscar una piedra. Desde el pasillo exterior la Yogo miraba detenidamente el suelo buscando una hasta que dio con ella y se la señaló al tensai. Era una piedra negra amplia plana y con unas pequeñas motas blancas.

"He de suponer que esto no es muy alentador ¿eh?"

Dijo el tensai mientras le daba la piedra con una sonrisa sarcástica a la yogo.

"Ha dicho una piedra que te representara... si quieres miento."

Respondió en el mismo tono sarcástico. Luego se volvió para ti y te la dio.

"Esta la casa muy tranquila... Y eso que es extraño... la sobremesa suele ser donde todo el mundo se reune..."

Dijo mirando a su alrededor. Luego vio venir a criada que os acompañó a uno de los salones más alejados y os dejaba la estancia preparada.

"Tengo mucha curiosidad por ver lo que vais a hacer, Mitsuomi-san... de veras..."

El silencio es a menudo un regalo precioso, aunque algo incomprendido -dijo Mitsuomi mientras tomaba la piedra que Kura le ofrecía-. Aunque tenéis razón en pensar que esta serenidad en el Embajada es algo sorprendente, casi lo prefiero así, pues este lugar está pasando por tiempos turbulentos y cualquier remanso de paz es bienvenido por un barco atrapado en una tormenta. Sin contar, con el hecho de que esta calma favorece nuestra privacidad.

Sólo le echó un breve vistazo a la piedra elegida. No tenia intención de dudar de la elección de la Yogo, al fin y al cabo ella debía conocerle bien. Su primera opción no había sido usar una piedra, sino un cuenco lleno de agua, pero la presencia de la tía de Kuro le permitía variar un poco sus planes, haciendo más fáciles las cosas.

Al llegar a la sala que les habían preparado, observó todo con mucha atención, compronando que sus instrucciones hubiesen sido llevadas a cabo correctamente. Cuando encontró todo a su gusto, se dirigió hacia Kura:

Akemi-san nos protegerá de cualquier posible amenaza física, sin embargo también desearía que nuestra privacidad estuviese garantizada, así como que hubiese salvaguardas menos físicas que el acero de una katana para protegernos; tal vez mis precauciones sean exageradas pero en estos casos más vale ser precavidos. Mi magia no puede lograr esto, ¿podéis hacer algo vos, Kura-san?

Mientras la Yogo preparaba las protecciones mágicas necesarias, Mitsuomi le señaño a Kuro un lugar y le indicó que se sentara en la posición más cómoda que pudiera, ya que iba a permanecer tal vez por mucho tiempo en aquella posición. Le indicó que probablemente la posición de meditación del zazen fuese la más adecuada.

Cuando el tensai se hubo sentado, Mitsuomi tomó el pincel y lo mojó en la tinta, trazando un círculo negro sobre el tatami blanco, envolviendo la figura de Kuro. Hecho esto, le dijo a Kura que hiciera lo mismo, pero sentándose de frente a su sobrino, aunque a una cierta distancia, de manera que ambos pudieran mirarse de frente. Cuando la mujer se sentó, Mitsuomi trazó un círculo en torno a ella. Acto seguido, situó la piedra a mitad de la distancia que separaba a los dos shugenjas, rodeándola también con un círculo de tinta; trazó también dos líneas que conectaban los círculos de cada shugenja con el de la piedra. Entonces, dibujó una línea más que salía del círculo de la piedra, si bien esta se encontraba en posición perpendicular al eje creado por la Yogo y el Isawa. Mitsuomi se sentó al final de esa línea y trazó un círculo a su alrededor.

KURO
O
|
|piedra
o---------OMITSUOMI
|
|
O
KURA


Dispuesto el sistema, Mitsuomi respiró profundamente un par de veces para alcanzar un estado de relajación óptimo.

Bien, estas son las posiciones que adoptaremos durante el ritual -indicó Mitsuomi. Su vista estaba puesta sobre la piedra.- Todo está dispuesto ya y podemos empezar. Los círculos que nos rodean nos representan como una totalidad y las líneas son conexiones entre nosotros. Por supuesto las líneas son símbolos, pero cuando se trata del Vacío todas las cosas simbolizan algo y la realidad patente no es tan importante como la realidad que existe en nuestro interior.

Kura-sama, por favor, ¿podríais usar vuestro control sobre el aire para que las palabras que pronunciemos a partir de este momento posean una intensidad más alta de la habitual, es decir para que incuso un susurro posea la intensidad de un grito? Por supuesto, sin que nos oigan aquellos que se encuentran fuera de la habitación.

Mitsuomi volvió a respirar hondamente, en cuento Kura hiciera aquello empezaría el ritual y no habría vuelta a atrás una vez que se internara en las profundidades de la mente de Isawa Kuro.

La yogo fue despacio hasta su posición y mientras veía como preparabas todo te dijo:

"Sin problemas... mis protecciones sirven para protegernos de toodo lo que tu yojimbo no puede... incluso de los que parecen nuestros amigos pero son negros por dentro..."

Y dejó esto en el aire silenciosamente mientras miraba al rededor viendo que todo estaba en orden. Kuro se sentó en el suelo en posición seiza, como para meditar, para mantenerse concentrado. Mientras tanto su tía miraba a los lados como calibrando algo.

"Hum... interesante... no sé porqué pero los espíritus del aire de esta casa parecern extremadamente felices... es como si se creyeran privilegiados por algo... Bueno... no es tiempo de preguntarselo..."

Y te miró lista para empezar a invocar. Sin embargo aunque tu no hubieras ni tan siquiera hablado con los kamis del aire te imaginabas porqué estaban tan contentos, porque eran como niños pequeños a la espera de su amada... de su amada Kazumi.

Tu pensamiento quedó roto cuando la voz de la mujer empezó a entonar palabras arcnas dirigidas en plegarias hacia los kamis del aire que se movieron presurosos dejando constancia al empezar a hacer un viento inusual en la sala a la vez que su voz poco a poco se iba amplificando hasta que llegó a un punto que era lo justo para que tu empezaras con tu parte y entonces...

Al saber la respuesta a las inquietudes de Kura, Mitsuomi decidió no prestar más atención a aquel comentario, pues tenía mucho que hacer por delante y tal vez lo que pretendía hacer podría resultar peligroso para él. Debía concentrarse y poner toda su atención en el ritual que estaban llevando a cabo.

Kuro-san –dijo Mitsuomi con la vista fija en la piedra-, ahora debéis pronunciar una frase, la que vos queráis, aunque mejor que sea corta, de cinco palabras o así, y repetirla una y otra vez, siempre con la misma entonación y ritmo. Pensad que estáis recitando algún sutra, como los monjes de la Secta del Loto que siempre van recitando “Honor al Sutra del Loto” sin parar. Dirigid vuestra voz hacia la piedra, como si estuvieseis hablando con ella.

Dadas estas instrucciones, calló en espera de que Kuro comenzase a hablar. El tensai de la tierra empezó entonces a pronunciar su frase en breves susurros continuos que parecían el zumbido de un grupo de abejas; sin embargo, a causa de la magia de la Yogo, sus palabras eran perfectamente audibles. Pero a Mitsuomi no le interesaba en absoluto lo que estuviese diciendo Kuro, él seguía concentrado en la piedra, midiendo el tiempo mentalmente. Cuando lo creyó conveniente se dirigió hacia Kura, mientras el tensai seguía con su letanía:

Kura-sama, es vuestro turno. Debéis empezar a recitar igual que Kuro-san, la misma frase que él, es más, debéis pronunciarla igual que él en todos los aspectos, acompasando vuestra declamación a la suya, hasta que vuestras voces se fundan y tan sólo sean distinguibles por la gravedad del tono masculino y la ligereza del tono femenino. También debéis hablar a la piedra.

Si no hubiera estado la Yogo, él habría tenido que realizar por sí mismo aquello, tratando de imitar en la medida de lo posible la voz de Kuro. Lo habría hecho usando un cuenco de agua. La presencia de la tía de Kuro le había permitido liberarse de aquella función y agilizar el proceso, pues la relación entre los dos shugenja creaba un vínculo que Mitsuomi podía aprovechar.

Tía y sobrino recitaban sin parar, a veces al unísono, otras en una polifonía rítmica a veces no más larga que una única sílaba. Había llegado el momento de que el propio Mitsuomi entrase en acción. Se abrió al Vacío y focalizó su atención en la piedra.

La gente piensa que los ishi pueden penetrar fácilmente en la mente y el alma de otros, pero eso no es del todo cierto. Lo que un shugenja del Vacío puede hacer con facilidad es percibir los pensamientos y las emociones superficiales que envuelven a las personas y a las cosas, así como cualquier estado alterado. Los pensamientos profundos son inalcanzables para la percepción normal (si el adjetivo “normal” puede ser aplicado en este caso) del ishiken. Para contemplar el alma al completo de otro, el ishi debe introducirse en ella y recorrerla desde dentro, algo que no es ni fácil ni seguro.

El problema consiste en encontrar una puerta que se abra con facilidad. A veces las mentes de dos individuos pueden ser tan dispares entre sí como el cielo y la tierra, por lo que encontrar el acceso que le permita a uno penetrar en el otro puede llegar a ser imposible o, en el mejor de los casos, enormemente arduo y hasta doloroso, pues hay que abrirse paso por una enmarañada selva, peleando por cada paso que se da.

Mitsuomi sabía de todo aquello y comprendía que para entrar en la mente de Kuro necesitaba crear una afinidad entre ellos que le permitiera abrir la puerta sin problemas. La solución que había ideado provenía de muchos factores distintos, incluso de su preferencia por el sonido. Kuro recitaría su particular mantra en dirección al cuenco de agua, creando pequeñas vibraciones en el líquido imperceptibles para el ojo normal, pero entonces, Mitsuomi utilizaría sus sentidos en el Vacío para percibir esas vibraciones y trataría de igualarlas, guiándose por ella para crear una consonancia entre las dos voces y, entonces, la afinidad necesaria estaría creada.

¿Cómo había cambiado estos planes con la presencia de la Yogo? Mucho y para mejor. La relación existente entre los dos parientes les permitiría alcanzar una resonancia idéntica mucho más fácilmente que si tuviera que hacerlo el propio Mitsuomi; pero además, había hecho que Kura, gracias a su conocimiento sobre su sobrino, escogiera un objeto que simbolizara a Kuro; había escogido una piedra por ser un claro ejemplo de la Tierra, el elemento de Kuro, y en estas ocasiones todas las conexiones, por muy simbólicas que sean, son importantes.

Mitsuomi permanecía atento, observando la piedra recorrida por las vibraciones sonoras causadas por las voces de Kura y Kuro. En cualquier momento se daría la consonancia perfecta y entonces se establecería una especie de conexión entre ambos shugenjas cuyo foco sería la piedra, aunque probablemente duraría muy poco, mucho menos de un segundo. Esa conexión estaría simbolizada por las líneas dibujadas en el suelo, de manera que Mitsuomi también formaría par de aquella conexión, si bien en principio sólo como espectador, pero él no tenía intención de permanecer en tal posición, pues cuando se produjera la esperada resonancia, Mitsuomi se lanzaría al interior de la piedra aprovechando el canal abierto, de manera que usaría la piedra que simbolizaba a Kuro para entrar en el tensai de la Tierra usando la puerta que se habría abierto en el interior de la piedra gracias a Yogo Kura.

Era todo pura metafísica y tal vez demasiado teórico, pero Mitsuomi no veía por qué debía no funcionar. Mientras esperaba tranquilamente en el Vacío a que se produjera el unísono, repasaba una y otra vez los diferentes por qués y cómos de su plan y no encontraba fallo teórico alguno; y, si en el ámbito teórico funcionaba, ¿por qué habría de fallas en el prác..?

¡UNÍSONO!

Mitsuomi, sin perder fracción de tiempo alguno, se lanzó al interior de la piedra, percibiendo claramente el efímero vínculo que se había creado. Describir con palabras que había sucedido es imposible, resulta demasiado abstracto para que pueda ser comprendido mediante el lenguaje.

Pero, ¿por qué Mitsuomi había elegido aquel método especialmente para aquella ocasión? Porque su intención no era penetrar por completo en la mente de Kuro, sino tan sólo en su memoria. Una misma frase repetida constantemente es un ejercicio constante de memoria, pues la mente ocupa todos sus recursos en traer al presente una y otra vez unas palabras que fueron pronunciadas anteriormente; es decir, la facultad que más fácilmente era accesible de aquella manera era la memoria.

¿Y cómo sería el interior de la memoria de Kuro?

Mitsuomi lo tenía claro: una infinita extensión de arena blanca y fina.

Y en lo alto todas las estrellas.

La marea de hilos de colores era tan peligrosa como atrayente mientras veías aquellos rios de colores pasar a tu alrededor. Jrías que pequeñas gotas de agua caían o salían desde ellos para terminar haciendo ondonadas en los otros, callendo desde el "techo" o desde el "suelo" como si allí no hubiera ni orden, ni concierto, ni gravedad.

Entonces, de detrás tuya se oyó como una de esas gotas que se había desgajado volando despacio hacia otro rio de color que pasaba por delante tuyo y... al encontrarse con tu cuerpo...

Sentistes gran mareao, una sensación de velocidad, como si calleras sin control y como el estómago se te encogía a la vez que veías a tu alrededor como todo se movía y se difuminaba a alta velocidad. Tratastes de aguantar ese mareo y de cerrar los ojos pero era demasiado. Esa sensación se incrementaba por segundos hasta que, de repente, oístes un golpe. Un estruendo que retumbó por todo el vacío.

Abristes los ojos despacio y vistes a apenas un metro de ti una enorme criatura de tres metros, tenía cinco brazos, uno de ellos le salía de la espalda. Tenía cola de Escorpión y caminaba a cuatro patas. Su rostro, si a eso se le puede decir, era nada más que una enorme quijada de la que sólo se distinguían hileras e hileras de dientes, de entre los cuales caía una baba verdosa y espesa. En lo que serían sus manos había garras tan afiladas como espadas y su cuerpo, del color del ollín estaba recubierto por escamas sanguinolientes. Casi podías notar su aliento en tu cara cuando tratastes de taparte con los brazos en un acto reflejo y evitar que aquella cosa te saltara encima.

En aquel momento oístes una voz que responó como la misma voz de Osano Wo.

"¡A mi señal realizar la maniobra! ... ¡YA!"

Volvistes la mirada hacia el otro lado y mientras notabas como aquella pudredumbre de infecto oni te traspasaba como el aire, vistes a un escuadrón de 20 enormes cangrejos formandose para contrarrestar a ese ser, y, al final de todos, en una montaña mientras un pergamino desenvuelto empezaba a ser leido, estaba Kuro. Imponente, sombrío, como si fuera el señor de aquellos lares.

El mostruo se abalanzó hacia los cangrejos y, entonces, sentistes como tus oidos casi iban a explotar por una presión que te hizo hincar las rodillas en aquel suelo de recuerdos y cerrar los ojos mientras te tapabas las orejas tratando no caer de dolor.

En aquel momento se oyó otro estruendo que te hizo abrir los ojos y cuando lo hicistes, vistes a ese bicho atrapándote, bajo él, sus manos afiladas cortaban tu piel y te agarraban contra el suelo en una presa mortal. De dentro de aquella mandívula vistes salir una especie de serpiente con el mismo rostro, si se puede llamar así, de ese ser, que sacaba una lengua con una especie de chupón para ponertelo en la cara.

Gritastes y tratastes de rodar hacia un lado, pero sabías que te sería imposible, sin embargo lo conseguistes. ¿Qué pasaba? Entonces mientras veías como los Cangrejos cargaban sobre el monstruoso oni para derribarle vistes que en tu lugar, en el suelo, estaba Kuro y como aquella cosa se le puso en el rostro y empezó a succionarle haciendo que gritara en aullidos de dolor.

Sentistes de nuevo mareos y ganas de vomitar y cuando cerrastes los ojos en un ataque de arcada, volvistes a escuchar aquel ruido, que poco a poco se iba identificando, era como el caer de una gota de agua amplificado por un millar de veces.

En el momento en que tus ojos volvieron a enfocar vistes a Kuro tumbado en una camilla en una habitación de pura piedra, se oían fueran unas voces, pero la sala estaba vacía, sólo llena de intrumentos de cirujano. Estaba en muy mal estado, tenía muchas heridas y el rostro destrozado por cortes y con un tono morado malsano, respiraba muy despacio y con muy poca intensidad... estaba casi muerto...

Más nítidamente pudites oir las voces de fuera.

"Te he dicho que voy a salvarle, hermana, no me lo repitas más, confía de una maldita vez en mí! ¡¿Es que acaso al único que no le sometías a un tercer grado era a Noritachi?!"

La puerta se abrió y entró un hombre que dio un portazo mientras una mujer gritaba tras la puerta:

"¡Taka!"

El hombre cerró la puerta con pestillo y se apoyó un segundo en esta. Era alto, delgado, vestía con una túnica negra y una capa encima que le tapaba su rostro, su piel era grisácea, sus ojos afilados como los de Kuro, y negros al igual que su cabello e iba pintado con extrañas formas en rojo e la cara. Tenía una mirad algo enfermiza y aterradora, entre la locura y la iluminación. Respiró profundamente y miró a Kuro.

"Pobre sobrino... ese maldito oni casi te sorbe hasta el alma..."

Dijo con una voz que te sonó siseante con una media sonrisa sarcástica. Se dirigió hasta la camilla y empezó a examinarlo poco a poco.

Las horas pasaban pero tu veías a muy rápida velocidad como el tal Taka, tío al parecer igualmente de Kuro, curaba sus heridas y le vendaba. Sin embargo, cuando terminó se quedó quieto mirándolo. El tiempo empezaba a fluir tranquilamente ahora a la vez que veías como el ponía la mano sobre el pecho de Kuro. Iba muy lento... parecía que se iba a detener en cualqueir momento.

El siniestro Kuni negó con la cabeza mientras una de sus manos pasaba por el rosto del joven.

"Vas a morir Kuro..."

Susurró con pesar. Y tu corazón se encogió entonces.

"A menos que..."

Entonces la voz del shugenja se volvió oscura y profunda. Una de sus manos urgó en su túnica y sacó una pequeña caja.

"A menos que... "

Repitió de nuevo, miró la caja y la abrió lentamente. Notastes como tu corazón se aceleraba mientras sacaba algo de allí y veías como lo que sacaba era una especie de corazón de una piedra oscura. La observó muy detenidamente y luego miró a Kuro, su mano pasó de nuevo por su rostro despacio, parándose en cada centímetro.

"No quiero que tu madre sufra... Kuro-chan... ella es la segunda mujer más importante de mi vida... Tu no deberías morir... eres joven y te queda mucho por delante... Y este... esto... debería estar destruido... debería... Pero algo me dijo que podría necesitarlo en un futuro... que no lo destruyera al sacarlo del Palacio del enloquecido Okucheo...

Será nuestro secreto... Tu corazón se va a parar... pero yo te daré otro... Esto no tiene porqué ser malo, compréndelo... utilizado de mala manera sería peligroso... pero darle la vida a alguien... eso no es malo... ¿verdad?"

Vistes en los ojos del Kuni cierta demencia cuando pasando su fina mano por el rostro de su sobrino terminaba diciendo aquello.

"Si esto es un crimen... me declaro culpable... pero no puedo dejar que mueras... no si está en mi mano..."

Las imágenes que vistes luego pasaraon como estrellas fugaces delante de tus ojos sin embargo pudistes reconocer perfectamente como el Kuni sacaba el corazón palpitante del Isawa y lo sotenía entre sus manos antes de que muriera por unos segundos y luego... volviera a la vida con aquel corazón oscuro en su pecho...

El sonido de otra de esas gotas hizo retumbar de nuevo el vacío y cuando te distes cuenta...

Estabas fuera de la mete de Kuro...

Las voces de Kuro y su tia continuaban llenando la estancia con su monótona letanía. El propio aire parecía espeso, sólido como una roca.

Mitsuomi se liberó del Vacío y abrió los ojos. Permaneció por largo tiempo en silencio, sin moverse, tratando de asimilar lo que había visto.

¿Tan diferente era de lo que había temido? No, claro que no, pero una cosa es concebir una hipótesis y otra muy distinta comprobar que pensamientos tan terribles se hacen realidad.

Su mente trataba de resolver aquello, analizando las diferentes consecuencias, lo qué había de hacerse. Pero en el fondo no llegaba a ninguna conclusión, pues no quería tener que enfrentarse a todo lo que implicaba lo que había visto. No quería resolver nada, sólo saber cómo le había sido impuesta aquella oscuridad.

Se levantó con lentitud y se acercó hasta el centro de la estancia, donde reposaba la piedra negra.

Una excelente elección, Kura-sama -dijo al tiempo que tomaba la piedra. Su voz era fría y lejana, monolítica. Una voz que era una máscara pétrea para ocultar un turbulento interior, igual que la dura piel de una montaña puede esconder un furioso volcán.- ¿Vos lo sabíais?

La Yogo te miró con una ceja levantada mientras escuchaba tus palabras y te decía:

"¿Saber qué? Es que pasa algo... ¿has visto algo malo?"

Preguntó con preocupación mientras se levantaba y dejaba ver todo su porte, oscuro, altivo y peligroso, entonces, una palabra te vino a la mente, sacada de tus años de estudio y de tu profundo conocimiento de muchas cosas, por fin sabías de qué te sonaban esos tatuajes en las manos y esas extrañas runas en las magas de su kimono... Pero sólo pensarlo te atemorizó...

Porque si era lo que pensabas y ella no sabía de que hablabas... esto era mucho más complejo de lo que pensabas...

Esa palabra era...

Kuroiban.

Sí... algo va... mal -dijo Mitsuomi algo vacilante.

Quería ganar tiempo, quería poder pensar un poco más antes de contarles lo que había visto. Abrió los shogi y solcitó a una criada que prepararan un pabellón de té en el jardín de la Embajada y les trajeran té.

Debemos hablar de ciertos asuntos -dijo entonces Mitsuomi, dirigiéndose a las otras tres personas que ocupaban la habitación.-, pero la turbadora naturaleza de los mismos no impide que lo hagamos en un ambiente más sereno. De hecho, lo prefiero así.

La mente de Mitsuomi era como un sol eclipsado por nubes de tormenta. A los problemas que traía la existencia del extraño corazón de Kuro, se unía la presencia de la kuroiban del Escorpión, algo cuanto menos... inoportuno en la situación presente. Al menos esperaba que el parentesco que los unía forzase a Kura a guardar cierta reserva incluso con miembros de su clan.

Antes de nada, Kura-sama -dijo mientras se dirigían al saloncito de té-, me gustaría que me respondiéseis a una pregunta, ¿quién es Kuni Taka?

Aquella pregunta le permitiría ganar algo de tiempo y le daría algo de información para resolver tal vez alguna de las sombrías cuestiones que le atenazaban, además de ser una pregunta mucho más inocua que las otras que tenía en mente. Pero había otra cuestión que debía ser resuelta cuanto antes, pues aunque el asunto ya era complicado de por sí, cierto hecho podía transformalo de complicado a terrible.

Pero antes de que vuestra tía me responda, Kuro-san, necesito que me digáis todo lo que hicisteis esta mañana. Y no omitais ningún detalle -la frialdad y seriedad en la voz de Mitsuomi deberían disuadir a Kuro de omitir cualquier detalle.

"¿Taka?"

La kuroiban pareció exrañada al oirte decir aquello, su rostro denotó por un segundo cierta punzada en su interior pero no sabrías decir el porqué, aunque tu empatía natural venida del vacío te decía que había nostalgia y pena alrededor de ella.

"Verás... la madre de Kuro tenía dos hermanos... Taka el mayor, Noritachi el mediano y Misato la pequeña. Tras mi gempukku yo estuve mucho tiempo con su familia debido a mis estudios más profundizados en los saberes Kunis, de hecho vivía en su casa...

Cuando mi familia vio la hora de casarme... eligió a Noritachi, podía haber sido cualquier otro, pero les gustaba la unión de dos familias, pensaban que yo estaría más cómoda y... además, siendo él el segundo yo no saldría del clan, puesto que Taka... es mayor que yo y poseía más prestigio...

Luego me distancié de ellos, bueno... de Taka sobretodo... lo cierto es que no lo he vuelto a ver... Hace un poco más de un año Noritachi murió y... pensé que podría volver a rencauzar nuestra amistad, pues no quise antes porque los hermanos estaba fuertemente peleados... Pero, no ha sido posible... problemas de tiempo de ambos, supongo, y de deber para con los Clanes..."

En tu cabeza resonó entonces una frase oída en aquel sueño de la vida de Kuro.

"No quiero que tu madre sufra... Kuro-chan... ella es la segunda mujer más importante de mi vida... "

Pero entonces Kuro te cortó mientras pensabas y te respondió:

"Pues... lo recuerdo bastante bien... después de todo ha sido hoy...

Me desperté al salir el alba, oré e hice algo de ejercicio en el patio hasta que aparecieron los demás. Desayunamos todos menos tu, me acuerdo porque notamos tu falta, después de todo... como dijo Kazumi "ya casi parecíamos una familia"...

Tras el desayuno fui a mi habitación a cambiarme, como el resto y a coger algunas cosas. Luego me dirigí a la Embajada Cangrejo y estuve con el Embajador Kaiu Nagakura hasta aproximadamente las 10. Luego salí de allí y me dirigí en el distrito Hito a la Universidad, había concertado una cita con el nuevo rector, Kaiu Retsu. Estuve con él aproximadamente una hora y media o dos casi, mientras me enseñaba las instalaciones y dialogaba con él. No sabría decirte si fue una hora y media o dos... creo que una y media porque me dio tiempo de ir a buscar la casa de Kuni Aikkiko, la Daymio de los Kunis, para pedir una cita con ella. Tardé un poco porque primero pensé que podría entrevistarme con ella directamente, de hecho los soldados también lo pensaron, pero en el último momento Aikkiko tuve que salir...

Así pues sobre las doce y medi casi una volvía a la embajada, en el camino de vuelta me encontré con Seyrio y luego... Bueno, he almorzado contigo y con él.

¿Por qué?"

Tardó en contestar a Kuro. Debía reflexionar un poco antes de decir nada.

Kura le había ofrecido una pequeña pieza más del rompecabezas familiar de Kuro, sin embargo no le había ofrecido ninguna información verdaderamente útil, es decir, sobre las actividades del tal Taka y sus conocimientos sobre magia.

El relato de Kuro sobre sus actividades aquella mañana al parecer podía descartarle como sospechoso en el asesinato de Hiro, pero, ¿acaso sus recuerdos no podían ser "falsos"? ¿no podía ser que la negrura que anidaba en su interior estuviera manipulándole, alterando su sentido del tiempo? Podía considerarse que había ciertos huecos en su relato, pero ninguno tan grande como para permitirle venir a la Embajada, asesinar a Hiro y marcharse. Lo correcto sería comprobar la cohartada paso por paso, pero de momento tenía otras preocupaciones en mente, aunque podía respirar algo más tranquilo.

Kuro-san, debo contaros algo y tras hacerlo tal vez entendais la naturaleza de mi pregunta, aunque vuestra respuesta ha alejado ciertas precupaciones de mi mente, aunque tal vez sólo un poco.

¿Eso estaba bien? ¿debía decírselo a Kuro directamente, especialmente delante de Kura? Al fin y al cabo ella era una Escorpión, tal vez una rival en el asunto del Campeonato, y no podía darle más armas al clan de Bayushi. Sin embargo, pensándolo bien, la "culpa" de todo aquello era de un Kuni, lo cual si trascendía afectaría a las relaciones entre los Cangrejo y los Escorpión; y si alguien acusaba al Fénix de no haber detectado el problema, se podría acusar al Escorpión también porque una Kuroiban no lo había visto.

Pero, ¿se trataba de la Mancha? Ni él ni Kura habían detectado corrupción alguna. Era posible que aquel corazón no estuviese corrupto, pues en ese caso Kuro lo estaría también, sino que fuese obra de una magia diferente, probablemente gaijin. Mitsuomi no sabía nada del tema y lo mejor era revelarlo todo cuanto antes para que todo aquello fuese aclarado lo antes posible. Debía confiar en la Verdad.

Creo que lo mejor es que os lo cuente todo. Sí, es lo mejor, pero antes os advierto Kuro-san, de que no es agradable de oír porque puede cambiar toda vuestra vida; y a vos Kura-sama, también he de haceros una advertencia: tampoco os va a gustar y espero que tratéis este tema con la máxima discrección, ya me entendéis.

Mitsuomi dio un pequeó sorbo al té y se quedó por unos momentos mirando las profundidades de la taza. Debía encontrar las fuerzas necesarias para contar todo aquello. Cuando habló su voz era fría y segura, narrando la historia toda de una, sin pausas, para no permitirse pensar. Narró como había visto el encuentro con el oni...

...Os llevaron malherido y moribundo a la habitación de Kuni Taka, el cual hizo lo que pudo por salvaros, sin embargo, nada se podía hacer en vuestro estado y... moristeis. Pero el Kuni concibió una manera de devolveros la vida y cambió vuestro corazón por uno diferente, negro, muy semejante a la piedra escogida por vuestra tía.

Entonces calló, no queriendo desvelar todavía que aquel corazón había surgido del Palacio Imperial. Era hora de recoger las impresiones. ¿Habría sembrado vientos?

El rostro de ambos quedó como helado, sin ningún tipo de expresión puede que plasmada en él demasiada perplejidad. Vistes como ni tan siquiera se noataba su respiración, sobretodo en la fe< oscura de Kuro. pasaron incluso minutos mientras seguramente sus mentes trataban de darle alguna lógica hasta que uno de los dos rompió el silencio.

"¿Me quiere explicar qué significa eso que acaba de decir...? Trata de decirme que su tío le vio morir y para impedirlo... ¿Le cambió el corazón?"

Vistes como ella miraba a Kuro a los ojos directamente mientras él le aguantaba la mirada como podía, se le vio miedo en sus ojos incluso mientras veías como algunos tatuajes de Kura se iluminaban en sus manos.

"Pero... no es posible... qué tipo de magia es esa... ¿Gaijin? Porque... no es... no es... magia oscura... él está limpio..."

Kuro te miró muy fijamente y te dijo:

"Trata de explicarlo mejor... ¿Cómo es posible que hayas visto eso? Bueno... yo no recuerdo nada ni de ese día ni de los tres que estuve según mi madre durmiendo...

Ella me dijo que tio Taka tardó más de diez horas en curarme... pero que cuando salió de la habitación estaba restablecido aunque muy dévil..."

Un ciego no puede ver el mundo que le rodeo. ¿Implica eso que el mundo no existe? Como ya os dije, la memoria mira en el Vacío, si sufre de ceguera, ¿acaso el pasado ya no existe? No es que vuestros recuerdos se pierdan, sino que no podéis verlos.

Al introducirme en vuestra memoria, Kuro-san, he sido atrapado por un recuerdo poderoso por lo terrible, incrustado en vuestra mente con los tentáculos de un pulpo. Suele pasar a menudo que recuerdos de esta índole toman casi vida propia, como si se convirtiesen en nemuranai, despertando un espíritu en su interior.

Desgraciadamente, Mitsuomi no podía contarles mucho más de lo que ya había dicho, únicamente podía dar más detalles, pero nada que aportara más luz al asunto, al menos por su parte. No sabía nada de la magia empleada en aquel extraño proceso y también desconocía la verdadera naturaleza del corazón que portaba ahora Isawa Kuro.

Os he descrito al oni, os he narrado como os atrapó, Kuro-san; podría contaros también como desgarraba mis entrañas mientras abría sus fauces sobre mi rostro, porque eso es lo que os sucedió, ¿verdad? Este es uno de los peligros de introducirse en espíritus ajenos, el ishi en cierta manera se identifica con el individuo dentro del cual está. Aquel oni estaba devorando tanto a Isawa Kuro como a Isawa Mitsuomi.

Queda claro que vuestro cuerpo sufrió heridas irreparables y que por mucho que os curaran vuestra vida estaba casi extinguida. Vuestro tío, Kuni Taka, se encerró en la habitación donde os habían llevado; os curó lo que pudo, pero sabía que ibais a morir, vuestras heridas eran demasiado terribles.

Lo que me sorprende de lo que sucedió entonces es la mezcla de piedad y demencia en la obra de Kuni Taka. Él quería salvaros, Kuro-san, y creo que ese deseo era completamente sincero, pues no quería que sufrierais ni vos ni vuestra madre. Pero... Él era plenamente consciente de que usar aquel... "corazón" era peligroso pero pensaba que usarlo para salvar una vida era algo "bueno". Y eso es lo que hizo: extrajo vuestro corazón moribundo del interior de vuestro pecho y lo cambió por uno que extrajo de un cofre, negro como esta piedra.

Y con eso terminaba la narración. Nuevamente había omitido el detalle de que aquel corazón había sido sacado del Palacio Imperial. No deseaba ofrecer tal dato si no lo veía necesario, pues tenía implicaciones terribles. Mejor centrarse en Kuro primero y luego ampliar el alcance de la... "investigación".

Me temo que no puedo ofreceros explicación alguna sobre esto, sólo me limito a narraros lo que vi. Yo tampoco he notado corrupción en Kuro-san, Kura-sama, por lo que creo que estamos tratando con algún tipo de magia gaijin. Los Kuni siempre se han destacado por sus prácticas poco ortodoxas y no me extrañaría nada que Kuni Taka haya investigado las extrañas prácticas de tierras más allá de Rokugan. Admito mi ignorancia al respecto: no sé ni lo que es ese corazón ni cómo fue implantado en el interior de Kuro-san

Y así era como llegaban a una encrucijada.

Kuro quedó mudo mientras hablabas, parecía que lo que sí recordaba era ese terrible ser encima suya, como noataba sus garras en sus entrañas y aquella falange del oni en su rostro mientras le succionaba. Cerró los ojos mientras los apretaba y trató de decir:

"Pero... devolver la vida... sin maho... eso es... además... he estado por más de dos años... es decir... eso pasó hace ya... ¿Pero cómo?"

Lo cierto es que estaba conmocionado, y si lo pensabas bien era lógico, después de todo si había vivido bien con ese corazón... Todo era muy complicado...

"Eso da igual ahora..."

Le dijo su tia poniendole una mano en el hombro.

"Tranquilo... todo saldrá bien... Bueno... para empezar... Dijo tomando aire.- No hay pruebas de que lo que te pasa sea peligroso o no... pero si es cierto que es un riesgo... Así pues... aunque no soy tu madre ni tu señor...

Creo que hablaré con tus embajadores para hacerme cargo de tí. Te vendrás a vivir conmigo, yo estudiaré tu caso y... contactaré con tu tío para que... se presente en la ciudad y hablemos de esto... Respiró de nuevo profundamente.- Pero sé que una "falsa" alarma podría suponer tu fracaso en tus planes de futuro... así que yo estaré cerca en tu vida cuando la sigas haciendo con normalidad, no quiero que te cortes tu vida sólo por que no sepamos qué es eso, no sería justo si se descubre que no es nada malo ¿no os parece Mitsuomi-san? si se toman precauciones adecuadas se puede sobrellevar bien...

Le diremos a los embajadores que se viene a vivir conmigo porque no sabía que estaba aquí, después de todo esta residencia es por si no se posee casa pero habiendo un familiar. Y seguirás tu vida, como digo, con normalidad para que no se sospeche. Mientras tanto yo me ocuparé de lo que te pase, cargo con toda responsabilidad, hablaré con mis superiores y con nuestra familia hermana, los Kunis, además de con los Inquisidores... puede que entre las tres facciones con más conocimientos de esto... lleguemos a algo...

Y Taka... claro...

¿Algo que objetar?"

Pero lo cierto es que habló como una madre... ¿Y quién le replica a una?

Me temo, Kura-sama, que no es tan simple -dijo Mitsuomi algo apesadumbrado.- Si fueran otras las circunstancias no tendría reparos en aceptar vuestra línea de acción, tal vez con algunas matizaciones, pero en estos momentos la situación del Fénix es algo... delicada, como si una espada pendiera sobre nuestras cabezas.

Llevaros a Kuro-san de la residencia ofreciendo esa excusa a los Embajadores puede funcionar, pero creo que habría muchos que se preguntarían por tal movimiento. Hay muchas mentes suspicaces en esta ciudad que sólo ven intrigas a cada paso. Un cambio como el que proponéis sólo podía ser visto con desconfianza y eso no sería bueno para nosotros.

Implicar a familias de dos clanes distintos en este asunto no haría más que crear una alamar que a lo mejor es innecesaria. ¿Cuánto tiempo pensáis que tardaría en trascender la cuestión con tanta gente involucrada? Imaginad que Kuro-san se convierte en Maestro de la Tierra, y si alguno de aquellos que ha conseguido esta información aprovechara el momento para dañar al Fénix directamente o chantajear a Kuro-san?

Nada me gustaría más que resolver la cuestión con la máxima rapidez y seguridad para Kuro-san, pero creo que apartarle del Fénix ahora mismo no sería bueno. No sabemos si el "corazón" es de naturaleza maligna o simplemente es un medio para otro fin, pero al parecer no está manchado, por lo que parece que no hay peligro alguno, simplemente es algo turbador.

Tal vez podríamos llevar a cabo la investigación con mayor discrección y a nivel personal, aunque considero que hablar con Kuni Taka es primordial. Yo mismo mañana iré a la biblioteca Imperial y sin duda investigaré lo que encuentre allí al respecto. Asimismo, el actual Maestro del Vacío al parecer es muy aficionado a la magia gaijin, alguno podría preguntarle.

De todas formas lo primero que hay que analizar es la propia naturaleza del corazón, es decir si tiene entidad propia y la naturaleza neutral o maligna de esta. Yo mismo puedo sumergirme en vuestro interior de nuevo y tratar de centrarme en analizar el "corazón". Sobre todo creo que es importante preguntarnos si el "corazón" está influyendo en vuestro comportamiento, Kuro-san. ¿Entendéis en parte mi pregunta anterior sobre vuestros movimientos matutinos, Kuro-san?



"Soy conciente de lo que decís, Mitsuomi-san, pero poseo amigos en las familias que he nombrado que actuarán con discreción. En este tipo de momentos no creo que lo que se deba es escatimar medios...

Aunque sin duda no digo nada acerca de cuando utilizaré esos recursos. Sé que vos estáis preocupados, sin embargo, teniendo en cuenta que Kuro-san lleva más de dos años con ese corazón no creo que aún debamos ponernos en estado de alerta...

¿Y aún así... vos pensáis que debe quedarse con vosotros...? Me trae sin cuidado si esta aquí o conmigo, pienso pasarme muy amenudo si es así, pero vos sabréis bien que tipo de problemas tenéis el Fenix, eso no me importa ahora... Ni nunca, mi función esta por fuera de las de mi Clan y las guerras con el resto, yo tengo la mia propia. Así que os pediría que fuerais claro conmigo, no soy una cortesana que va a utilizar vuestros defectos en el favor de mi Clan. Si te sirve de algo y crees en la palabra, aunque sea de un Escorpión, te doy la mía de que si en algún momento se me debe explciar algo interno del Fénix no lo revelaré.

Yo hoy mismo empezaré con mis indagaciones, incluyendo pensar la forma en la que Taka aparezca en la ciudad en el tiempo menor posible...

Pero mientras tanto no quiero que te bloquées, sobrino, esto no tiene por ahora que ser malo, no quiero que dejes tu vida a un lado sólo por unas suposiciones que para bien o mal no están demostradas..."

En eso teneis toda la razón, Kura-sama -dijo Mitsuomi con un tono algo más esperanzado que antes. Se volvió hacia Kuro.- No hemos comprobado la naturaleza maligna del corazón, puede ser que tan sólo sea un artefacto inocuo y el ritual llevado a cabo por Kuni Taka no tenga realmente ninguna consecuencia negativa sobre vuestra persona, Kuro-san, salvo esa pérdida de memoria que si no estoy muy equivocado ya ha sido solventada.

Mitsuomi calló por un momento mientras la sonrisa se hacía más evidente en su cara. Le habían agradado mucho las palabras de la Yogo, incluida su promesa. Se sentía inclinado a confiar en aquella mujer, no pensaba que de ella pudiera llegar ningún mal para el Fénix.

Desde siempre se nos ha enseñado a desconfiar del Escorpión, pero también creo que debemos aprender a confiar en él, porque si algún atributo es el perfecto para el Escorpión es la lealtad. Confío en vos, Kura-sama, pero desgraciadamente mi autoridad no me permite tomar una decisión definitiva al respecto. Creo conveniente informar al Maestro del Agua, Mizuno-sama, sobre esto y que él decida los pasos a seguir, por supuesto informándole de vuestras ideas, de manera que se pueda coordinar una investigación conjunta, aprovechando los conocimientos de todas las familias implicadas.

En cuanto a lo de trasladar o no a Kuro-san, todavía me resisto a aceptar como buena la idea de que se marche a vivir con vos, creo que sería visto como algo “anormal”, pero si decidís hacerlo no me opondré. De todas maneras, creo que estamos discutiendo sobre esto sin pedirle opinión al principal afectado –Mitsuomi se volvió hacia Isawa Kuro-. ¿Qué queréis hacer vos, Kuro-san?

"Yo no voy a obligar a nada... sólo decía que si puedes creer, por lo que has visto, que necesite un cuidado especial... pues... yo soy su familia, a mi no me importa en absoluto, no podría dejarle en esta situación..."

Dijo con voz preocupada.

"Pero... agradezco vuestra confianza... a veces es dificil obtenerla aunque parezca lógico que yo estoy tan interesado como otros en el bien del Imperio sólo por pertencer a un Clan se suelen ver reacciones que no son lógica... Aunque no me extraña después del todo tanto que el clan del que salió mi familia me tienda la mano una vez más... Aún así, mis más sinceras gracias."

Esta escorpión no parecía como las demás, no se veía ni que mintiera ni que fuera de las que lo hicieran, aunque claro, eso nunca se sabía, pero lo que sí era cierto es que en aquel momento nadie era más sincera que ella.

Kuro parecía medio en estado de shock, no dejaba de mirar el fondo del vaso de té que aún no había probado, y cuando le llamasteis la atención empezó a hablar despacio, más de lo normal, con un tono perdido, ensimismado y aún entre el sueño y la realidad...

"Ya... me acuerdo de todo... menos de esa operación... Oigo la voz del tío... pero no sé lo que me dice... todo esta negro y siento el dolor... Y luego... todo se para... y un segundo más tarde todo vuelve a aparecer... ¿Es eso lo que pasó? ¿Estuve muerto? ¿Estoy muerto?"

Un largo e incómodo silencio se hace en la sala antes de que continue, levantando la mirada levemente del vaso y dejando ver dos orbes oscuras y vacías.

"Por ahora... me quedaré aquí... hasta que tia Kura sepa lo que me pase... si eso haré lo que me ha dicho... estaré con ella en mis visitas rutinarias... no quiero dejar mi vida o esto... me volverá loco... pero lo que si que quiero es que... por favor... hasta que no sepamos qué pasa... No digáis nada..."

"Claro..."

Respondió Kura al instante poniendo una mano en su hombro.

"Tranquilo que no pienso dejarte solo..."

Mitsuomi asintió, compartiendo las palabras de ánimo de Yogo Kura hacia su sobrino.

No os preocupeis, Kuro-san, yo tampoco tengo intención de comentar esto, incluso creo que retrasaré mi informe a Mizuno-sama hasta que estemos más seguros de la naturaleza exacta de ese corazón; considero que en estos casos cuando se ha de informar a los superiores, lo más conveniente es ofrecer la mayor cantidad de información posible.

Ahora estoy algo agotado, demasiado me he internado en el Reino Intermedio en medio día, pero mañana, Kuro-san, me sumergiré en el interior del corazón para tratar de indagar sobre su auténtica naturaleza. Por fortuna es más fácil sumergirse en algo físico que en una mente. Así pues, mañana seréis mio durante unos minutos -Mitsuomi se permitió una sonrisa, tratando de quitarle importancia a todo el asunto, con el fin de evitar que Kuro se preocupara excesivamente.

Y no os preocupéis, no estáis muerto. Yo os veo muy vivo, algo sombrío quizás, pero nada más -añadió mirando a Kuro con la mano en el mentón como analizándole. El tono y el gesto eran claramente una parodia, un nuevo intento de aligerar el ánimo del tensai.- El corazón tal vez sea como lo pensó Kuni Taka: inocuo, un objeto con el que obrar un bein; sé que es turbador, pero tan sólo porque ignoramos plenamente lo que es. De momento no os preocupéis, solo estad atento y dirigíos a mí o a vuestra tía en cuanto notéis algo raro. No creo necesarias más preocupaciones.

¿Qué más podía decir? ¿qué más podía hacer? Hasta que no tuvieran más información no sabía que línea de acción tomar, aunque desde luego aquello no era su especialidad. Él era un teórico, un estudioso de los principios más elevados de la magia, distanciado de las raíces más prácticas. No era desde luego como Kura, una shugenja activa, con una misión concreta. Muy probablemente ella podría cuidar de Kuro mucho mejor que él, pero estando por medio el asunto del Campeonato de Jade había que andar con cuidado.

De momento dejo la investigación en vuestras manos, Kura-sama, yo empezaré mañana con ella. Si lo deseais os presentaré un informe de lo que averigue, aunque mañana es un día complicado. Pero, tranquilo, Kuro-san, todo esto se arreglará pronto.

Una nueva sonrisa, pero en el fondo de su mente un oscuro pensamiento: ¿Y si el "corazón" había matado a Asako Hiro?

"Sería mejor que descansaras... Kuro-kun... no tienes buena cara... puede que dormir te venga bien ahora..."

Dijo la tía preocupada mientras se levantaba.

"Venga... descuida que yo me ocuparé de todo..."

Kuro asintió despacio, como el niño que no tiene autoridad frente a una madre y tras una cabizbaja inclinación de cabeza se marchó hacia la Residencia. El silencio le acompañó hasta que su figura se difuminó entre los paneles de shoji. Entonces la kuroiban te miró a los ojos y se sentó despacio, sin dejar de observarte.

"Bien... una vez que Kuro-kun no está... decidme... Mitsuomi-san... qué más sabéis que no queréis contar... Soy muy eficiente en cuanto a mi trabajo de investigadora... y vos lleváis en la cabeza tatuado que os falta algo por contarme... Es tan obvio como que Taka tiene un par de secretos que le van a traer problemas conmigo..."

Mitsuomi despidió a Kuro con palabras de aliento, diciéndole que reposara y tratase de olvidarse de todo durante unas horas. La verdad es que probablemente el tensai no pudiera descansar muy bien y si se dormía tendría pesadillas casi con toda seguridad, pero él no podía hacer nada ahora, tendría que ser el propio Kuro quien superase aquel trance.

Cuando Kura hizo su comentario, Mitsuomi permaneció callado por unos instantes. Era consciente de que asi confirmaba las sospechas de la Yogo, pero debía decidir ciertas cosas antes de responder. Sólo le quedaba un dato por ofrecer, pero era el más significativo de todos, el que podía traer una mayor cantidad de repercusiones. ¿Debía ofrecérselo a la shugenja del Escorpión sin reservas? Una parte de él le decía que se lo callara, que mantuviera esa información sólo para él, pues tal vez pudiera utilizarla en un futuro. Sin embargo, si Kura hablaba con Kuni Taka, este no tendría más remedio que confesarlo todo y ella terminaría enterándose. Si se lo decía ahora estaría más preparada para llevar a cabo sus investigaciones y para interrogar de la manera adecuada a Kuni Taka.

Solo me resta una cosa por decir -dijo Mitsuomi con vos tranquila, como si no estuviera diciendonada realmente importante. Por un momento fue plenamente consciente de la tranquilidad que envolvía la Embajada. Por un momento, lo que estaba diciendo no le pareció trascendente ni terrible, solo algo... inferior-. Sé de donde procede el "corazón". Al parecer Kuni Taka lo consiguió del Palacio Imperial y, creo que podía pertenecer al propio Hantei Okucheo.

"Ajá..."

Dijo la Kuroiban bajando el rostro.

"En ese caso será bueno que investigue un par de cosas antes de nada... Puede que esa información sea más importante de lo que pensemos..."

Despacio empezó a levantarse y mientras te miraba de reojo empezó a hablar:

"Si no os importa tengo que marcharme, tengo que hacer un par de gestiones antes de las 6 y luego... bueno, un acto social necesario... Si me necesitara alguna vez... por favor no dude en ir a la Embajada Escorpión a buscarme, suelo pasar por allí a menudo... sino... mi casa está en el distrito Jumarashi... aunque si quiere ir mejor le digo que le pida a alguien de la embajada que le lleve... el camino esconfuso en esta ciudad..."

Se inclinó levemente y se dispuso a marcharse entonces.

"Ahm... que tenga una buen tarde... y... descanse... sé le ve agotado tras hacer ese conjuro."

Dijo mirando de reojo justo antes de empezar a caminar. Luego emprendió su marcha y desapareció de la habitación.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 4:12 pm

Mitsuomi despidió a la Kuroiban con una profunda inclinación de cabeza, al tiempo que pronunciaba una escueta fórmula de despedida.

Sí, estaba cansado. Hacía mucho tiempo que no usaba en tal cantidad sus habilidades en el Vacío. De hecho se sentía incapaz de volver a adentrarse en el Reino Intermedio al menos hasta que hubiera reposado un tiempo considerable. Necesitaba un descanso y tenía algo de tiempo hasta que tuviese que ir al Pavo CHillón, lugar en el que al parecer volvería a encontrarse con la Yogo, pues no podía haber otro "evento social" aquel día.

Hubo de reconocer que el ambiente después de la ominosa conversación se había relajado mucho. El jardín de la Embajada empezaba a dorarse por los primeros brotes del atardecer y el silencio era como un agradable perfume en el viento. El té todavía estaba caliente.

Akemi-san, ¿queréis tomar el té conmigo? -le preguntó a su yojimbo mientras adoptaba una postura más cómoda-. Creo que después de tantas conversaciones profundas, trascendentes y llenas de símbolos y dobles sentidos, no me vendrá mal hablar con alguien sabiendo que las palabras no tienen que significar más de lo que significan.

Mitsuomi se permitió una cálida sonrisa. Entonces, se acordó de algo.

Antes de eso, Akemi-san, (pero no por ello dejéis de tomar el té, me habéis dado las respuestas de Toushi-sama y Aki-sama, pero me gustaría también conocer la de Otomo Tanuki -Mitsuomi amplió su sonrisa-. Venga, contadme como ha sido vuestra mañana.

Akemi había permanecido en un segundo plano muy discreto pero siempre alerta, cuando ella estaba cerca te sentías protegido y a la vez desgraciado por sentirte tan protegido a su lado a costa de su propia seguridad. Era una mezcla agridulce y adictiva que no podrías describir bien y que se apagaba cuando ella podía poner voz a sus pensamientos y salí del papel de simple yojimbo.

Akemi se adelantó el par de pasos que estaba tras de ti y se sentó a tu lado, cogiendo la taza de té que le habías ofrecido. Tras una leve inclinación de cabeza empezó a hablar:

"Arigato sama...

La mañana ha sido muy dura... he tenido que ser muy rápida para poder hacerlo todo... Primero fui a la embajada dela Grulla en la cual estaba al parecer la hija del Daymio de los asahina reunido con Arousou-sama y con la misma Doji Aki. Esperé a una de sus interrupciones para poder hablar con ella. Se mostró comprensiva con mi función pero distante... aunque supongo que ella es así... ya la he visto actuar más de una vez y es bastante... bueno... fría... Además, ya que estaba le hice un favor a Emi-sama entregándole unos documentos que iba a llevar ella misma y que me pidió que hiciera yo ya que iba allí.

Luego fui a la Embajada del León... esa estaba llena de menos movimiento, el Embajador igualmente estaba ocupado pero pude hablar con él mediante la intervención de un Kitsu... de Hokusai-sama, el segundo consejero del Embajador... Ikoma Toushi-sama es más joven de lo que me había imaginado, y es una persona curiosa... Me dio muy buena impresión, parece muy serio y recto pero con aire cercano que me gustó. También se mostró muy comprensivo en responder con prestreza.

Por último, cuando se acercaba ya la mita de la mañana corrí hacia la casa de Otomo Tanuki, el cual... al principio no me recibía, así que debí decirle de parte de quien venía y porque, en ese momento se dejó ver. Estaba enterrado en papiros y folios, de una manera increible... no diré hasta el techo pero en la habitación en la que estaba había informes sobre informes... era una pila de información privilegiada que estaba siendo clasificada y mandada a Asano-sama... Le di la carta y como me dijisteis no esperé respuesta, sin embargo él me dijo que si te hacía falta que mañana tendría un hueco para vos... pero que le dijierais la hora.

Por último volví a la embajada pues eñl tiempo no me sobreba, hasta ese momento había pensado que me daría tiempo de ir a por vos a la biblioteca pero cuando miré a Amaterasu ella me quitó la idea de la cabeza. Así que marché a la embajada para decirle a Emi-sama que había enviado su nota y a esperaros. Y bueno... allí me encontré con todo..."
Mitsuomi escuchó el relato de Akemi con tranquilidad, mientras degustaba un poco más el excelente té. El murmullo de los cedros tenía un efecto sedante, propiciando las ensoñaciones. Por un momento se creyó sumergido en el mar, arrullado por la marea; al siguiente instante se hallaba tumbado en una llanura cubierta de dientes de león. La magia de la naturaleza era poderosa, ¿sería el poder de los shugenja una simple parodia de los hechizos contenidos en los trinos de los pájaros y los movimientos de las nubes?

Al parecer ambos hemos tenido mañanas ajetreadas, Akemi-san –dijo Mitsuomi con una sonrisa cálida-. Os agradezco que hayáis llevado a cabo mis encargos con tanta diligencia. Me temo que será difícil acomodar mi horario de mañana para poder visitar a Otomo Tanuki. Tal vez tras la comida tenga un hueco. Lo pensaré luego.

De hecho, Mitsuomi no tenía intención ninguna de preocuparse por aquello en aquel momento: la madera iluminada por el sol de la tarde era demasiado hermosa.

Creo que podéis ayudarme una vez más, Akemi-san. Tanto Aki-sama, como Toushi-sama han aceptado mi humilde invitación, así que habrá que reservar una buena habitación en El Loto y el Pétalo. Tengo intención de hacerles un regalo a ambos Embajadores, tal y como dicta la cortesía, y es en esta cuestión donde podéis ayudarme nuevamente. El regalo para Doji Aki creo tenerlo claro. Había pensado en ofrecerle una caja de laca con motivos otoñales en cuyo interior hubiera un delicado abanico donde estuviera escrito algún kanji de temática otoñal escrito por Dama Doji. Hay dos motivos para que el regalo sea ese. Aki significa “otoño” así que considero adecuado que en el regalo, sea cual sea, figuren imágenes o grabados que hagan referencia a esa estación; y he escogido un abanico porque cuando Dama Shinjo partió de Rokugan, Dama Doji le entregó un abanico de sándalo para que se lo devolviera cuando retornase al Imperio. ¿Lo entendéis? Ofrecerle un abanico es como devolverle la promesa de alianza que siempre han tenido nuestros clanes. Me parece un buen símbolo, pero apreciaré mucho vuestra opinión.

Mi problema es el regalo para Ikoma Toushi. No tengo ni idea de qué regalarle. Tal vez una katana o un wakizashi, por aquello de que es un León, pero lo veo demasiado tópico, demasiado predecible, un pobre regalo. Tal vez al haber tratado con él podáis darme algún indicio sobre un regalo que pudiera ser del agrado del Embajador León.

"¿un regalo para Toushi-sama?"

Preguntó despacio mientras su flequillo plateado caía lentamente sobre su rostro. Con un movimiento suave de su mano colocó los mechones tras las orejas y miró el té y sus ondonadas.

"No... mejor no le regale eso... Toushi-sama no es como la mayoria del León... regalele... ¡Ah! Ya sé...

¿Ha visto esos extraños investos que tiene los Agasha? Por ejemplo... una cosa que trajeron los gaijin y que los Agasha estudiaron son esas extrañas "lentes" de aumento, como las que lleva Arousou-sama. Dicen que hay veces que las amplían mucho y que sirven para ver cosas pequeñas... las llaman... "lupa" creo... Eso seguro que le gusta. Me han dicho que Toushi-sama es un poco excéntrico, como Hanzo-sama, y le gusta coleccionar cosas extrañas... además posee una afición por la colección y disección de insectos así que... estoy segura de que esas "lentes" enormes... esa "lupa" le será de utilidad.

Creo que... en esta ciudad podríamos encontrar una tienda con algo así... o sino... recurrir a algún investor Agasha que haya en la ciudad que acepte encargos concretos..."

Mitsuomi sonrió tras escuchar la idea de Akemi. Nuevamente debía inclinarse ante la inteligencia y el conocimiento de su yojimbo. Estaba más convencido que nunca de que si lograba ser Maestro del Vacío, Akemi se convertiría inmediatamente en miembro de la Orden de Chikai.

Pensó por un momento en el contenido de la sugerencia de Akemi. La verdad es que era curioso que un miembro de tanta importancia dentro del clan León tuviese semejantes aficiones. Por una parte empezaba a agradarle Ikoma Toushi, pero veía cierto peligro en ese tipo de tendencias renovadoras dentro del León, especialmente cuando se tuviera que tratar con él el tema del Campeonato de Jade; al menos Seyrio le había dicho que era una persona razonable y dispuesta a dialogar. Por otra parte, se permitió un momento de regocijo al suponer que probablemente Toushi podría aceptar la oferta que le haría al día siguiente.

Es una idea excelente, Akemi-san -dijo con una amplia sonrisa, Mitsuomi-. La verdad es que no esperaba que un León encontrara placer en la entomología, pero cada vez pienso que hay muy pocas cosas imposibles. En parte es como si el mundo que conocía estuviese cambiando, volviéndose menos rígido, en todo caso, la rigidez del mundo es la misma que la del Vacío.

Pero en fin, lo cierto es que me habéis ofrecido un regalo excelente para el Embajador León -dijo Mitsuomi tras recuperar su jovialidad después de la breve disgresión anterior-. Yo lo ignoro casi todo sobre esta ciudad, así que me temo que tendréis que indicarme donde podríamos encontrar alguna tienda que venda este tipo de objetos o, en todo caso, encontrar a un artesano Agasha.

Así pues debo encontrar una... "lupa" y una caja de laca como la que os he descrito para Aki-sama, además de un calígrafo que pinte sobre el abanico. Creo que entre los Shiba hay muy buenos artesanos, ¿conocéis alguno que pudiera satisfacer mis demandas en lo referente al abanico y su estuche?

En el abanico había pensado que hubiera un sencillo dibujo a tinta, simple, de pocos trazos, como los de los monjes. Me gustaría que representara algún tipo de árbol, concretamente las ramas, salpicadas con alguna flores. Tenía pensado incluir el siguiente haiku de Dama Doji:

Usuku koku
some yo, kozue no
aki no tsuyu

(Teñid las ramas,
clara e incesantemente,
rocíos de otoño.)

¿Qué os parece?

"Mi señor siempre destaca por la suavidad de su pensamiento y la certera claridad de su mente para crear regalos maravillosos."

Dijo Akemi con una sincera sonrisa en los labios mientras se inclinaba levemente sobre la mesa al escuchar lo que tenía pensado.

"No se preocupe que yo misma me ocuparé de conseguirle sus regalos, si lo desea esta misma tarde, antes de que le vaya a recoger al Pavo Chillón tras su obra de teatro, si es que piensa volver solo, puedo empezar... Sé de muy buenas tiendas que poseen unas cajas lacadas preciosas. Igualmente conozco artistas y barrios enteros de ellos que poseen peculiares encantos que pueden servirle...

En cuanto al Agasha mañana por la mañana si esta tarde no me da tiempo puedo terminar con ese que hacer, a menos, claro está, que vos, sama, decidáis que es algo curioso de ver y queráis acompañarme a algún lugaren aprticular..."

Luego quedó callada un segundo mientras miraba la taza de té a la mitad y tras mirar de reojo a ambos lados, vistes como un leve fulgor iluminaba sus blancas mejillas haciendo constraste con el plateado flequillo.

Su voz quedó retenida un segundo en su garganta, dudosa de si salir, pero, al final, debido a las de veces que le habías recordado que podía hablar libremente en tu presencia terminó diciendo:

"Ahm... sama... en cuanto a lo de la pintura en el abanico... puede que antes de buscar un artesano quiera saber que... Bueno... no soy la mejor pero practico la pintura... puede que mi habilidad le sirva... si lo desea... puedo enseñarle alguno de mis trabajos... Puede que eso os ahorre tiempo y dinero... Y... para mi sería todo un honor servirle de ayuda..."

Akemi-san, ¿dejareis algún día de sorprenderme? -dijo Mitsuomi con los ojos bien abiertos, ciertamente sorprendido ante aquella nueva habilidad de su yojimbo-. Me hacéis parecer un pobre ignorante que no sabe más que de libros viejos y extrañas místicas.

Mitsuomi rió aquella observación humorística, pero en el fondo sabía que había mucha verdad en aquellas palabras. Había vivido la mayoría de su vida en Kyuden Isawa, sin haber tocado nunca una corte importante. Sus conocimientos de política era prácticamente teóricos, aunque había una especie de predisposición a la sutileza en su interior, lo cual compensaba su falta de entrenamiento práctico. Ahora que por fin se encontraba en un gran centro político (el mayor de todos) de Rokugan sus habilidades estaban siendo puestas a prueba, al tiempo que se refinaban. Empezaba por fin a participar de la política práctica, lo cual estaba suponiendo un gran desafío y a la vez una gran alegría.

Le encantaba la vida cortesana, no podía negarlo. Lo más probable es que cuando todo esto acabase se quedase por un largo periodo de tiempo en la ciudad, ya fuese como simple shugenja o como el Maestro del Vacío.

Pero el futuro, aunque siempre cercano, todavía pertenecía al reino de las incógnitas, más valía estar centrado en presente y los sorprendentes hallazgos que se producían en el camino.

La espada y el pincel no son objetos extraños entre sí -dijo con un tono ligeramente soñador-, de hecho me atrevería a decir que son primos cercanos. Dedicar el cuerpo al combate y la mente a las artes es una manera de perfeccionar el espíritu; es como un delicado equilibrio en el interior del alma, como una danza. Muchos bushi Grulla han comprendido esto y me agrada ver que entre los Shiba también se dan casos así."

Si queréis enseñarme vuestra obra estaré encantado de admirarla, aunque os advierto que no soy un gran entendido en arte, no esperéis una crítica válida, sino más bien los comentarios de un simple observador; pero no me acercaré a vuestras pinturas para evaluar vuestro talento y saber si sois la adecuada para hacer el dibujo del abanico. Ya está decidido. Akemi-san, os ruego que dibujéis mi regalo para Doji Aki. Al fin y al cabo, ¿quién mejor que una mujer de ascendencia Doji para captar una imagen que pueda agradar a una cortesana Doji?

Mitsuomi acompañó sus palabras con una sonrisa. Estaba convencido de que el talento de Akemi no le defrudaría y de todas maneras el dibujo que pensaba que estuviera en el papel del abanico no era en absoluto complicado, no pensaba que hubiera manera de que Akemi hiciera un mal trabajo, todo lo contrario.

Y por cierto, me temo que no os acompañaré a ver al Agasha, más que nada porque mañana por la mañana tenemos que ir a la Biblioteca Imperial en el interior de la Ciudad Prohibida. Supongo que me acompañaréis, es una gran oportunidad de ver ese lugar. Una vez dentro podéis ir donde queráis.

Mitsuomi suspiró profundamente, sin perder la sonrisa.

Akemi-san, ¿dónde estaría yo sin vos? Ah sí, vagabundeando sin rumbo por las calles de esta ciudad, completamente perdido.

Akemi miró en derredor algo ruborizaba mientras esperaba que esto se le pasara y dijo de manera suave y lentamente:

"Para... para mi será un honor... mostraros mis pinturas..."

Luego se inclinó profundamente ante ti y se levantó despacio al esperar que terminaras el té para llevarte hasta ellas. Mientras salíais del edificio que hacía de salón de té en medio de los patios, a un paso por detrás tuya espetó:

"No se preocupe, si mañana estamos tan ocupados lo que haré es esta tarde encargarlo para que mañana se pueda recoger. Yo me ocupo."

Así pues te hizo que la acompañaras hacia la Residencia de los Candidatos, luego, através de un patio amplio y lleno de cerezos en flor te hizo llegar a lo que parecía un reflejode vuestra residencia, oculta entre los árboles y los arbustos. Eraun lugar en donde se respiraba paz, con un acento muy marcado estilo zen en donde el agua sonaba entre las rocas y las carpas nadaban en laguitos. Había al final del patio un dôjo e incluso un campo de tiro con arco.

La residencia de los yojimbos era igualmente de dos plantas y con una distribución simétrica a la vuestra. Akemi te contesttó que estaba alojada exactamente en tu habitación pero en ese edificio, decía que era una medida de seguridad, así los yojimbos incluso a oscuras y desorientados sabrían llegar a la habitación correcta una vez que estuvieran con los protegidos. Era otra manera de entrenar.

La habitación de Akemi, desde ya al principio en el pasillo olía a narcisos perfumados. Aunque los paneles de shoji de aquella resindecia más bien estuvieran llenos de paisajes montañosos y pacíficos y frases del tao su parte parecía llena de más luz. Cuando ella, poco a poco abrió la fusama dejó ver una habitación de espacio como la tuya, perfumada y llena de flores en jarrones, con una armadura bien pulida cerca de la puerta. Una mesa ordenada y lo que te impactó, decenas, decenas de dibujos en la mesa bien apilados y colgados en las paredes en un ornde tan extraño que aún habiendo gran cantidad de ellos la sala no parecía recargada.

Había paisajes nevados, cumbres montañosas, bosques, figuras entre ramajes que parecían puros espíritus de la naturaleza... Sin embargo hubo un dibujo que te llamó la atención. Era muy real, demasiado para la técnica que usualmente se usaba, parecía que habían encerrado a la persona en el liezo. Era un hombre joven con una sonrisa apacible, de cabello castaño rojizo, con ojos intensos... Era... Kaisha... No... era su hermano gemelo... Makoto.

Extraño, era todo lo contrario, ese cuadro estaba presidiendo la sala en uno de los laterales y parecía que de él salía una clara luz que lo atenuaba todo y que calmaba las sensaciones.

Pero, una vez recobrado de ese pequeño shock te percatastes de otra cosa, Akemi tenía una mano increible, había imperfecciones y pequeños detales mejorables pero eso mismo es lo que lo hacía tan increible, que aún no siendo de la mano de un gran autor conseguía transmitir todo lo que deseaba. La paz de un lago desieto, el amor de dos enamorados cogidos de la mano, l soledad del ave que vuela sobre la montaña...

Todo recogido en certeros trazos de pincel.

Yo no podría hacerlo.

Fue lo único capaz de decir. El talento artístico le abrumaba, especialmente en una disciplina como la pintura, que él no dominaba en absoluto. La literatura, la pintura, la arquitectura, la caligrafía... todas las artes le parecían las actividades más elevadas en las que el ser humano podía embarcarse (cercanas a ellas estaban las matemáticas, tal vez incluso más elevadas). Sin embargo, él no creía haber nacido con ninguno de aquellos dones. Su relación con las artes era la del mero espectador.

Mitsuomi era un esteta, un admirador incondicional de la belleza, cuanto más abstracta, cuanto más cristalina, mejor aún. Pero su pasión era la de quien observa de lejos aquello que desea (la silueta de una mujer tras una ventanilla, ese objeto precioso pero demasiado caro...). No podía participar del acto artístico, pues no tenía talento, y eso le causaba un gran pesar, por lo que se limitaba a admirar la belleza, tanto de las obras del hombre como las de la naturaleza.

A veces, mientras contemplaba algún atardecer o una noche lluviosa, se preguntaba si no estaría negando él mismo su propio talento. Al fin y al cabo las artes de la sutileza no le eran ajenas y hay mucho de arte en las maniobras de la corte. Pero frenaba sus propias esperanzas diciéndose que no había que confundir el buen gusto con el talento artístico. Y de esta manera, Mitsuomi seguía deleitándose contemplando los hermosos cuadros de Akemi, diciéndose que nunca llegaría a hacer con un pincel algo tan hermoso.

Pero se consolaba sabiendo que otros reinos distintos estaban a su alcance. Cada uno tenía su lugar, y el de Mitsuomi no era el del Arte, sino el de la Erudición. Su papel era el del estudioso que mantiene vivas las obras de los demás a través de estudios y lecturas constantes. ¿Debía envidiar la función del artista?

Son hermosos, muy hermosos -comentó con voz llena de contenido asombro mientras posaba su vista una y otra vez sobre los kakemono y otras pinturas, sus ojos como dos abejas que buscan flores llenas de nectar-. Si mi humilde y desautorizada opinión os sirve, Akemi-san, creo que tenéis un enorme talento. ¿Habéis pensado en tomar clases de perfeccionamiento? Sin duda algún prestigioso pintor Kakita estaría más que encantado de daros lecciones que hicieran brillar aún más vuestra ya de por si considerable habilidad. Tal vez yo podría intentar conseguir algún favor...

Mitsuomi dejó la frase sin acabar. Se daba cuenta de lo que estaba intentando hacer: apartar a Akemi del camino de las armas. Su pacifismo intrínseco le instaba a intentar conseguir que Akemi abandonase el peligroso camino del guerrero y tomase la hermosa senda del pintor. Pero comprendía que así contradecía sus propias palabras anteriores. El talento con el pincel no está reñido con el talento con la espada, de hecho ambos instrumentos requieren técnicas que a menudo son similares. Akemi había encontrado un precioso equilibrio y Mitsuomi no debía alterarlo.

Su vista se detuvo por un momento en el cuadro que representaba a Shiba Makoto, pero la apartó en seguida. No quería hacer ningún comentario al respecto, pues la posición privilegiada de la pintura revelaba claramente los sentimiento de Akemi al respecto del hermano gemelo de Kaisha. Hablar del tema podía evocar recuerdos dolorosos en Akemi.

Bueno. Akemi-san, creo que os habéis ganado un patrón artístico que os va a encargar vuestro primer trabajo -dijo Mitsuomi con una sonrisa, casi a modo de chanza-. Pensad que tal vez dicho patrón sea alguien tan importante como el Maestro del Vacío del Fënix.

Y Mitsuomi dejó escapar una pequeña carcajada.

Akemi sonrió ante tu cometario final mientras recorría en cortos pasos la habitación mientras ella contemplaba por milésima vez sus obras.

"Hay veces que he pensado que... mientras estaba desocupada podría haber ido a clases... de hecho no lo descarto como posibilidad... Hay muchas horas al día y no todas se la dedico a la espada... podría sacarle probecho... Sin embargo, Mitsuomi-sama, ahoara sois vos mi única prioridad, y no hay nada, ni el arte de la esgrima, ni la pintura, que me complazca más que servirle."

Dijo con una sincera sonrisa en los labios.

"Por eso mismo me esforzaré mucho para que su regalo quede impecable... Espero poder utilizar las lecciones que aprendí en la escuela de caligrafía que Suzume Guren-sensei me enseñó con ahínco. Después de todo la caligrafía es un arte muy parecido a la pintura y ayuda mucho a templar el pulso del artista... Aunque claro, yo no me considero uno, sólo una aficonada."

Entonces se dirigió al escritorio en donde se veía que tenía muchos bocetos hechos y empezó a buscar algo entre ellos. Mientras lo hacía empezó a decir:

"Espero que no le importe... que le de... ahm... si lo encuentro antes, claro... Terció con algo de jocosidad en su tono.- esto..."

Sacó un boceto a carboncillo y se lo enseñó a la vez que decía:

"En realidad es una tontería... pero ayer por la noche me costó dormir... y en el entrevelo del sueño soñé con algo muy extraño... pero que me pareció bello... y pensé que estaba realcionado con vos... Sé que es una tontería... y de hecho ni tan siquiera está relacionado con la vacuidad de su elemento... pero fue extraño... Usted salía en mi sueño... y una imagen difuminada que creo que es esa también..."

El dibujo era tal y como había dicho un boceto hecho rápido, pero eso mismo es lo que le daba fuerza a los trazos oscuros y grisáceos y puede que lo que le diera la belleza, pues al verlo no pudistes imaginarte el dibujo coloreado si no era en tu mente como una escena real.

En un primer plano había un árbol que con sus altas ramas por la parte superior del dibujo enmarcaban el folio en su cabecera. Pero más allá había un prado de verdes hierbas (o lo que serían) que terminaban en un acantilado en donde la figura de una frágil mujer sostenía un niño en brazos, acunado y arropado por sedas vaporosas y lo protegía de las olas que rompían en esas mismas rocas. Sin embargo tanto madre como hijo tenían una expresión serena aunque la mar estaba brava y explendorosa. Transmitía una extraña sensación entre tranquilidad, nostalgia, melancolía e incluso tristeza, pero no estaba carente de dulcura y calor...

Era bastante extraño... pero es como si tu hubieras estado en esa misma escena.

Observó el dibujo durante un par de minutos. La escena no le era ajena y, sin embargo, sabía que él nunca había visto aquello. ¿Podría ser que...?

Los sueños son algo extraño -comentó Mitsuomi con voz seria, pero cálida a un tiempo, tal vez simplemente ausente-. A veces no son más que fantasían provocadas por nuestros deseos incumplidos, pero otra son mensajes de quien sabe que poderes, tal vez nuestros ancestros, tal vez las mismas Fortunas.

Volvió a mirar el dibujo.

Así a priori no puedo decir que yo tenga nada que ver con esta escena: nunca he visto a una mujer sosteniendo a un niño frente al mar, pero... Tengo la sensación de que yo he estado ahí, participando. Y eso sólo puede significar una cosa. Esa mujer... ese niño...

Mitsuomi se llevó la mano al pecho y sacó el colgante que siempre llevaba puesto. Se trataba de una fina cadena de plata de la que colgaba una pequeña bola de cristal; en su interior había una gota de agua, pero no en la parte más baja de la esfera, sino flotando en el centro, como si se tratase de dos esferas concéntricas.

Al poco de nacer yo sucedió algo terrible en Kyuden Isawa -émpezó a decir Mitsuomi, observando con ternura la esfera de cristal o,mejor dicho, la gota en su interior-. Supongo que sabéis a lo que me refiero: Isawa Sora, el Maestro del Vacío se volvió loco y usó magia de Jigoku para atacar el palacio Isawa. Fue detenido por la Maestra del Agua, Isawa Minamoko, la Señora de las Cascadas... mi madre. Ella se sacrificó para destruir a Isawa Sora, nunca llegué a conocerla. Pero mi padre, Isawa Sajiro, me contó que al parecer en el momento de la muerte de mi madre, una pequeña gota de agua apareció junto a mí y permaneció flotando en el aire junto a mí. Siendo un shugenja de la Tierra, mi padre creó este colgante para que la gota siempre estuviera conmigo de una manera algo más "discreta". Él decía que en su interior estaba el alma de mi madre, para poder estar siempre conmigo. Yo nunca estuve seguro de eso, pero cuando me entristecía o me sentía mal por algo, observaba la gota y de alguna manera lograba tranquilizarme, como si comprendiera que no estaba solo, que nunca lo estaría.

Y entonces... hace cinco años...

Hace cinco años supe con certeza que el alma de mi madre estaba en el interior de esta gota. La ví, hablé con ella. También supe que había otra alma en el interior de la gota, aunque no puedo hablar con certeza de su identidad, solo puedo suponer que sea... Pero bueno, eso es un misterio que algún día tendré que desentrañar.

Volvió su mirada hacia el dibujo de Akemi. Una mujer junto al mar, sosteniendo un niño... No podía ser otra cosa, no podía ser de otra manera.

Con suavidad, dejó el colgante sobre el dibujo, de manera que en la gota se reflejaba el dibujo.

Supongo que alguna vez me cogiste así, ¿verdad madre? -dijo entonces con ternura, mientras sus ojos se humedecían ligeramente-. Las olas on poderosas y majestuosas, pero no una amenaza para ti, amada por el océano y los ríos...

Y la voz de Mitsuomi se quebró, como el tañido de una pequeña campana. Guardó silencio por un momento, tratando de controlar las lágrimas. Una mezcla de tristeza y alegría embargaba su interior. No quería llorar delante de Akemi, pue sabía que ella se preocuparía innecesariamente. Pero, no podía evitarlo. Sin embargo haría lo posible por no llorar... por no llorar...

Ojalá pudiera acordarme... ojalá pudiera...

El ligero pero calido tacto de unos finos dedos en tus hombros que lentamente se apretaban contra la seda y tu piel, transmitieron calor mientras Akemi, a tu lado pero a la vez ni un paso por detras de ti, miraba hacia el dibujo cuando tu te contenias.

Notastes como sus dedos lentamente se deslizaban por tu brazo, despacio, muy despacio, pudiendo notar perfectamente cada centimetro de sus yemas mas alla de la tela. Sin decir nada, de reojo pudistes ver como ella miraba hacia un lado, hacia el suelo, con un gesto mas que de preocupacion de melancilia, de consternacion, de pena, de comprension.

"Es tan injusto que el destino siempre haga girar mas rapido que al resto la rueda de la vida de los seres que amamos... Los mejores siempre se marchan antes..."

Su voz se perdio en un susurros. Luego notastes su dedos mas fuertes contra ti, pero en una propocion minima comparada para un roce intencionado.

"Pero como vos habeis dicho... al final permanecen con nosotros... aunque no podamos verlos... ellos... estan aqui..."

La luz se filtraba por las persianas de bambu pintadas dejando que la habitacion quedara semi en penumbra, pero entonces parecio que el sol quedo destapado por una nube y entro con mas fuerza por las rendijas haciendo que un haz de luz pasara junto a retrato de Makoto hasta tu dibujo.

Akemi, que estaba casi a tu espalda, poso su otra mano cerrada en tu espalda, mientras la otra seguia posada a la mita de tu brazo y lentamente sentistes su fragil cabeza sobre tu espalda tambien.

Segundos de silencio los dos... que fueron minutos mientras el destello de luz se iba apagando cuando la nube volvio a irrumpir en los rayos del sol.

"Supongo que es una estupidez, sobretodo siendo una bushi... pero... como vos, he visto como los mejores se iban primero... y... ahora me pregunto... si el destino seguira siendo tan cruel con nosotros... conmigo... No soportaria que vos tambien os fuerais..."

Chasqueo la lengua tras esto y poco a poco notastes como se separaba de ti, dejando de notar su tacto a la vez que en un fino susurro terminaba por decir:

"Por lo menos tengo el consuelo de que en esto ultimo puedo tratar de interceder hasta mis ultimas consecuencias..."



Tras las últimas palabras de Akemi, Mitsuomi guardó silencio durante unos largos segundos. la luz del sol todavía no había perdido esa fuerza ganada al mediodía, pero de alguna manera, la habitación parecía teñida de ocaso. Supuso que se trataba de la melancolía que los embargaba, tanto a Akemi como a él. Hay tantos mundos como seres humanos (tantos mundos como seres vivos), todos distintos, existiendo gracias a las diferentes percepciones de cada cual. La nostalgia de un corazón humano podía provocar un ocaso a mitad de la tarde.

Por un momento imaginó a Akemi sumergida en océano de oro liquido, con los ojos cerrados, flotando en la serena tristeza de sus recuerdos, atemperada por las frescas brisas de la esperanza. Pero él no podía gozar de la misma manera de aquel momento. Desde que había sentido la cabeza de Akemi apoyada en su espalda, toda su melancolía había desaparecido de golpe, como si toda su mente hubiese sido vaciada bruscamente, siendo llenada de nuevo por un frío paralizante, que había hecho que su expresión se llenase de un asombro enorme, casi desproporcionado.

¿Por qué había sucedido aquello? Ni el propio Mitsuomi hubiera podido dar una respuesta a esta pregunta si se le hubiera formulado, pues a menudo, como en estos casos, se daba cuenta de que su mente parecía seguir un rumbo completamente desconocido para él, como si se tratase de un océano en el que las corrientes submarinas siguieran rumbos distintos a aquellas que movían la superficie.

Mitsuomi siempre había guardado su corazón bajo varias cerraduras y desde que había llegado a la ciudad muchas de ellas habían sido abiertas, en ocasiones por él mismo y otras veces habían sido forzadas. La visión del dibujo de Akemi había ofrecido una llave para una de esas cerraduras y la había abierto, sin embargo, el acercamiento de Akemi había roto la pequeña burbuja de aparente privacidad en la que Mitsuomi había dejado brotar sus emociones. Por decirlo claramente, Mitsuomi se había dado cuenta de que había alguien más en la habitación, viendo su reacción como algo inapropiado exagerado, como un actor que estuviese sobreactuando. La dulzura de los movimientos y las palabras de su yojimbo habían devorado su melancolía y la habían trasformado en asombro, incertidumbre y un poco de vergüenza. Lo normal hubiese sido sentir empatía hacia los sentimientos de Akemi, apoyándose mutuamente para superar aquel momento, pero Mitsuomi se había sentido abrumado, como si fuese un cuenco a rebosar al que Akemi hubiese añadido más agua, de manera que el liquído se había derramado sin contención, por lo que había decidido cortar en seco aquel chorro de emoción; y lo peor de todo es que había empezado a racionalizar.

Aquel momento tan íntimo y el acercamiento de Akemi hubiera dado a otro hombre a pensar en que la yojimbo sentía cierta atracción por Mitsuomi; sin embargo, este había analizado lo dicho y hecho por ella hasta concluir que Akemi se sentía culpable por la muerte de Makoto, por lo que había trasladado sus sentimientos de afecto hacia él, pero simplemente como una figura a la que proteger, como no había podido proteger a su amor; si podía cumplir a la perfección su tarea como yojimbo, Akemi podría superar aquel "fracaso" que, obviamente, nunca había sido culpa suya, pero que ella se cargaba sus espaldas. Akemi nunca olvidaría a Makoto, Mitsuomi solo era un nuevo hombre en su vida que por circunstancias estaba tan relacionado con ella como podía haberlo estado él. Nada más, no podía ser nada más.

Mientras Mitsuomi se entregaba a estas reflexiones, la luz continuaba su acuático avance por la habitación, descubriendo nuevos rincones que iluminar para, acto seguido, sumir en la penumbra, pero sin llegar nunca a permitir sombras oscuras y frías. Mitsuomi había rechazado el ocaso, tal vez porque una parte oculta en lo más profundo de su interior, aún no había decidido el papel que Akemi debía jugar en su particular pantomima.

Akemi-san -dijo Mitsuomi con dulzura, aunque con un tono algo impersonal, como si aquella suavidad en su voz no estuviera destinada particularmente a Akemi, sino como un recurso a emplear en este tipo de situaciones-, aquellos que nos han dejado no están junto a nosotros, al menos no por lo general; ellos nos miran desde más allá de las nubes y rezan para nuestro bien. Los hay con miradas severas, que tuercen los labrios con desaprobación y fruncen el ceño, pero otros... otros ven dibujos en las paredes y sonrién y esperan el día señalado del reencuentro. Hay ocasiones en que la tristeza es un fracaso de la esperanza, el único fracaso importante. Así que lo mejor es levantarse, saludar al sol de cada mañana y a la luna de cada anochecer y continuar adelante, sabiendo que ese momento llegará. Además, nosotros tenemos una misión que cumplir, ¿no os parece?

Y Mitsuomi sonrió al tiempo que se incorporaba, regocijándose en su interior por haber podido salvarse aquella vez y temblando aterrorizado ante la perspectiva de la siguiente ocasión en la que el cuenco hubiera de derramarse de aquella forma.

[color=008080]]"Hai sama... tenéis razón... La muerte al fin y al cabo es sólo otra vuelta más en la rueda del karma..."[/color]

Akemi se había dado la vuelta y ahora anudaba con fuerza su daisho al obi, mientras se lo recolocaba con fuerza, mirandolo por debajo de su largo flequillo que oscurecía su fino rostro.

[color=008080]"Un samurai... alguien que ya está muerto... no debería preocuparse por esas cosas... Es una tontería... ¿verdad?"[/color]

Pregunto al aire a la vez que terminaba de atar bien su nudo al obi, quednado de nuevo impecable. Pasó lentamente su mano pro el flequillo levantandolo un segundo antes de la caida, y dejando ver unos ojos cerrados, mientras su expresión parecía tratar de estar serena, a la vez que su cuerpo dejaba paso a respiraciones profundas.

[color=008080]"Por lo menos no debería preocuparse de esas divagaciones sin sentido mientras tiene otras cosas que hacer..."[/color]

Se reprochó en un tono que hasta ahora había estado camuflado.

[color=008080]"Sumimasen... dono... os he estado distrayendo con mis necedades..."[/color]

Concluyo antes de dar un par de pasos hacia fuera de su habitación y estar esperandote en el pasillo, aún de espaldas a ti.

[color=008080]"Cuando gustéis podemos marcharnos..."[/color]

Se permitió una sonrisa con cierto aire paternal.

Akemi-san, he empezado a comprender que la relación entre un yojimbo y su protegido no es unidireccional, sino que implica a ambos. Es lógico que os preocupéis por mí, es vuestra misión, pero yo también siento la necesidad de preocuparme por voz, Akemi-san, así que nunca me sentiré molesto cuando me contéis vuestras preocupaciones o queráis compartir vuestra tristeza conmigo.

Se incorporó y se arregló el también el kimono. Parecía que todo lo sucedido momentos antes había tenido lugar realmente hace mucho tiempo o en otro lugar muy lejano. De nuevo las numerosas cosas que quedaban aún por hacer aparecían en su mente. Sí, como había dicho Akemi había mucho que hacer y no era pertinente perder su precioso tiempo dejándose arrastrar por la melancolía.

Ah, pero permitidme que os cuente un secreto antes de que nos embarquemos en nuestras respectivas tareas vespertinas -dijo mientras se acercaba a Akemi para abandonar la habitación. Se detuvo justo detrás de la yojimbo y le habó casi en un susurro, directamente al óido-. La que está muerta es la espada.

Rió ligeramente y salió al pasillo, dispuesto a arreglarse para ir a la obra con Kazumi.

Akemi quedó muda mientras pasabas ante ella. Su flequillo calló más abajo que nucna mientras su cabeza bajaba lebemente para mirar al suelo con los ojos muy abiertos.

Son palabras dificiles, pero ella es una mujer dificil.

Sabes que lo ha entendido, eso perturba y alivia.

Pero ya es hora de ir a la obra, la verdadera función te espera y... estas ansioso.

Cerrado

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