Día 2.- Distrito Ieku.- El regalo del Vacío.- Noche

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Isawa_Mitsuomi
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Día 2.- Distrito Ieku.- El regalo del Vacío.- Noche

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 4:18 pm

Algo tardaron en llegar los dos participantes del extraño "espectáculo" que estaban a punto de vivir... Un detalle que no se te pasó por alto, pues eso te hizo pensar en dónde podrías haber estado, de dónde vendrían y a dónde puede que luego fueran. Sin embargo no era el momento de esas meditaciones... No... más bien de eso, si te ocupabas, serías más tarde.

Kazumi, emocionada, parecía muy atenta de todo lo que fueras a decir o a hacer, mientras que el Seppun puede que estuviera más concentrado...

Bien, el momento había llegado...

Habiendo dejado a Bantaro, Mitsuomi se reunió de nuevo con las dos personas con las que había acudido al teatro. Su carácter le llevaba a preguntar, aunque fuese de manera indirecta, sobre lo que les había sucedido a ambos dentro del teatro; sentía, de hecho, una enorme curiosidad por saber qué encuentros habría tenido Kazumi, ya que el asunto de las flores en su asiento había sido muy revelador.

Pero no era el momento. Ya habría mucho tiempo después para interesarse por los cotilleos y la intrigas, ahora les aguardaban lugares más importantes. Un viaje peligroso, pero repleto de maravillas.

Saludos de nuevo, Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi tranquilamente-. Kazumi-san, espero que hayáis disfrutado de la obra. Creo que hemos salido todos vivos de la terrible guarida del Escorpión.

Mitsuomi rió ligeramente para evidenciar su broma. Sí, habían salido vivos, pero tal vez no indemnes; en su caso pensaba que sí, pero no sabía que lse había pasado a kazumi o daisetsu. Pero, se repitió, eso para otro momento.

¿Es bueno momento ahora para que os entregue mi regalo, Daisetsu-sama?

"Sinceramente, esta ciudad es MUY divertida, siempre pasan tantas cosas... ¡Estoy deseando ver qué le vais a regalar!! Mitsu-kun tiene unas ideas muy interesantes y novedosas, seguro que lo que vamos a ver es único!"

Y no sabía bien la tensai la razón que tenía...

No se trata realmente de una idea muy "novedosa" -replicó Mitsuomi divertido-, simplemente es un poco de magia... digamos... creativa. La magia del vacío es algo distinta del resto de la magia elemental, más flexible si puedo decirlo así, permitiendome hacer cosas que de otro modo no serían posibles. Y en cuanto a lo de la diversión... bueno, no se si será especialmente divertido, salvo en una etapa concreta del camino, pero todo depende de nosotros mismos, así que tal vez...

Mitsuomi se encogió de hombros y sonrió a Kazumi. Era muy probable que la sonrisa de la tensai se borrara muy pronto al empezar el viaje. ¿Cuál sería su cara al enfrentarse al Abismo? Pero no podía pensar en ello todavía, mucho quedaba por recorrer antes de llegar a la inmensa Grieta y lo que había antes no dejaba de tener también sus peligros. Pero tal vez, sólo tal vez, la alegría de Kazumi les librara de los horrores y les entregase todas las maravillas.

Se volvió hacia Daisetsu, que todavía no se había pronunciado. No dijo nada, simplemente se limitó a mirar al miharu con una expresión que parecía estar diciendo "¿Y bien?"


"No soy amigo de lo que conozco, pero se que Kazumi-san me protegera de lo que tengais preparado, Mitsuomi-san.", sonrio cortesmente a la tensai y luego al Ishi.

"Cuando digais, Mitsuomi-san."

Protegerle? Pronto se daría cuenta el Seppun de que nadie podría protegerle allá donde iban, sólo su propia voluntad y aún eso sería puesto en peligro. Mitsuomi también era plenamente consciente de su propia fragilidad, aunque pensaba que su mayor conocimiento de los lugares que iban a recorrer suponía una ligera salvaguarda, pero el miedo seguía presente en su interior.

Hizo una leve inclinación de cabeza, acompañada de una sonrisa como respuesta a lasp alabras de Daisetsu. Era el momento de iniciar el viaje.

BIen, lo ideal sería iniciar nuestro pequeño periplo en un jardín. Soy nuevo en esta ciudad y no la conozco. Daisetsu-sama, ¿conocéis algún jardín discreto y agradable desde donde iniciar nuestro camino? AL fin y al cabo esta es vuestra ciudad. Y si no, siempre podemos confiar en las notas de Kazumi-san -añadió Mitsuomi riéndose.

"Hay un jardin detras del Templo a Dama Seppun. Siempre voy alli cuando necesito encontrarme con mi mismo. ¿Os parece bien?"

Me parece enormemente adecuado, Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi con una sonrisa-. ¿Seríais tan amable de llevarnos allí?

La mayoría de los jardines de la ciudad eran pequeñas gotas de reflexión en medio de una de las ciudades más concurridas del Imperio. Llenos cada uno de ellos de paz que no se encuentran en otros lugares y de susurros que venderían las almas de más de uno.

El Jardín de la Dama Seppun, tras su templo, era un ejemplo de la jardinería usando el ikebana en todo su auge, pues estaba orientado de manera que el shi no quedaba desequilibrado y que corría libremente del oeste al este, pasando por los diferentes ornamentos sin tras pies alguno.

El centro del jardín eran unos círculos concéntricos de flores rojas, amarillas y blancas. Estos circulos estaban cortados por un canal de agua que recorría de oeste a este el terreno, en su parte más oriental estaba ensanchado dicho canal formando un lago en donde carpas nadaban. En la parte occidental un puente curvado de maderas rojizas y verdes destelleaban con los fulgores de la luna en las piedras de colores que tenía incrustados.

Extendiéndose como marco del jardín una multitud de arboles frutales dejaban el ulular del viento entre sus hojas como melodía de fondo. Mientras que pequeños arriates llenos de flores de las más variadas especies decoraban con sumo gusto y compaginando colores los rincones del lugar. Justo en el centro de los circulos había un pequeño merendero cubierto en donde se veía que en la mesa central había un juego de shogi preparado y sin tocar.

El sonido del agua cayendo por las irregularidades del canal acompañaron vuestros pasos en los primeros metros del jardín de arena rastrillada que poco a poco se extendía hasta el canal como playa en medio de esta ciudad.


Kazumi quedó semiboquiabierta, y digo semi porque parecía que a esta chica todo lo que veía le sorprendía, o mejor dicho, puede que fuera de las pocas personas que dejaban entrever lo que todos pensaban, que era un espectáculo digno de ver cada rincón de esta ciudad.

La muchacha corrió hacia el puente rojizo y desde encima de él se asomó viendo como las carpas nadaban por el canal.

"Mira Mitsu-kun!"

Dijo mientras señalaba con energía los dorados peces, pareciendo olvidarse del motivo por el que estaban allí. El aire sonó con fuerza entre los árboles, anunciando la llegada de los admiradores de la candidata y la felicidad de estos al verla con tantas energías, mientras sus ropajes se movían con fuerza, como si la muchacha estuviera en medio de un vendaval, más sin embargo lo único que hizo fue reirse mientras miraba hacia el cielo, hacia donde de repente el vendaval se marchó.

"¿Y ahora quéééé?"

Preguntó entusiasmada a la vez que se sentaba de un salto en la barandilla.

Ahora...

Mitsuomi inició la respuesta a Kazumi, pero se detuvo tras la primera palabra. Buscó en el interior de su kimono y extrajo tres kokus. Los sostuvo en silencio durante unos segundos. Bajo el puente, las carpas doradas parecieron mirarle por un instante. Se estaba obrando una magia silencio allí, pero no era una magia que requiriera la intervención de los kamis, o la lectura de arcanos pergaminos; no, se trataba de la magia de la mente y del espíritu, de la magia del Vacío.

Ahora, Kazumi-san, hablaremos de monedas -dijo Mitsuomi y les tendió un koku a cada uno, uno a Kazumi y otro a Daisetsu, quedándose él el tercero. Entonces, empezó a andar hacia el interior del jardín, dando a entender tácitamente que quería que los otros dos le siguieran.

Un koku... ¿Cómo puede contener esta pequeña pieza de metal doscientos kilos de arroz? -preguntó entonces, a nadie en particular.

"Como puede un Imperio caber en una copa?", pregunto Daisetsu de forma retorica con una sonrisa en su rostro.

"¿Cómo puede...? Ahm... No... No se me ocurre ningún otro ejemplo"

Dijo esta mientras os seguía, sacando la lengua en un gesto aniñado.

"Hum... Más es cierto que podríamos llegar a decir que un koku es fruto o del egoismo o del esfuerzo... más que del arroz, por lo menos eso creo."

Mitsuomi tuvo que recurrir a toda su fuerza voluntad para no detenerse súbitamente ante las palabras de Daisetsu y clavar una mirada inquisivita en el Seppun; sin embargo, no pudo evitar que su cuerpo se pusiera en tensión, rígido por un breve instante.

No había duda que las palabras del miharu tenían una clara intención y que no habían sido pronunciadas al azar. ¿Sabía Daisetsu lo que había sucedido la noche anterior? Eso parecía, pero en teoría aquello sólo lo sabían Akemi, el propio Mitsuomi y Sanzo. ¿Sería posible que el Maestro de los Cuatro Templos le hubiera revelado lo sucedido al Seppun? Parecía lo más lógico, aunque Mitsuomi le había dicho al monje que lo sucedido no trascendiera. Sin duda, el bonzo había tenido una buena razón para contarlo. Tal vez, Daisetsu también había conseguido llenar la Copa de Jade de Gohuri; sin embargo algo en el tono ¿despectivo? con el que el seppun había hablado le hacía pensar que no, que estaba ante un intento fracasado.

En otras circunstancias se hubiera detenido y hubiera respondido al velado reto de Daisetsu, empezando un intercambio de indirectas y alusiones. Pero no, aquel no era el momento de jugar a los cortesanos; no respondería a ninguna de las insinuaciones de Daisetsu que fueran en este sentido. Había cosas mucho más importantes por hacer.

Mitsuomi continuó caminando. Meditó por un momento las palabras de Daisetsu y de Kazumi y dijo:

¿Cómo pueden caber doscientos kilos de arroz en una moneda? ¿cómo puede caber el Imperio en una copa? ¿Qué tiene que ver una pieza redonda de metal con el esfuerzo o el egoismo? Es sencillo: el mundo no es sólo una enorme geografía; es eso y también nuestras ideas sobre el mundo. A veces sin pretenderlo, pero la mayoría de ocasiones conscientemente, vamos llenando lo que nos rodea de símbolos, de ideas que transforman una simple rosa en una representación del amor o una moneda en la representación de una montaña de arroz. Es como si el mundo físico fuesen los cimientos sobre los que nuestra mente construye magníficos palacios.

Pero tampoco experimentamos el mundo material directamente, sino que es un tapiz de nuestras percepciones.

El mundo es un lugar y un estado mental... Y nosotros abandonamos ambos.

"Pero si el mundo es un estado mental... ¿No es el mundo uno diferente segun la vision cada uno?¿Existen un mundo por cada persona o es uno mismo con infinitas facetas?¿O simplemente ambas cosas a la vez?", esperaba que todo este parloteo filosofal alegrara al Ishi al menos.

"¿Tantos reinos espirituales como personas? ¿Más de los que ya de por si hay? Jijiji eso sería divertido, sería como decorar tu propia habitación a tu gusto enteramente... Pero... si eso es así... ¿debe haber algún pasillo que comunique todas esas habitaciones no? Bueno... eso en el supuesto de que se asemejara a lo que acabo de decir... Hum... uff... que complicado..."

Dijo Kazumi pensando en voz alta mientras miraba al cielo y los seguía a los dos.

Complicada cuestión. No creo tener una respuesta totalmente cierta, pero puedo daros mi opinión. Para mí lo más acertado sería tomar la última opción que planteáis. Mundos hay uno y muchos. Y no debéis confundir el mundo con los reinos espirituales, no son lo mismo, pero ya llegaremos a eso.

Mitsuomi guardó silencio unos instantes para observar el jardín que les rodeaba mientras caminaban por el sendero de gravilla. Sonrió satisfecho. Ya no podía decirse que aquel fuese un jardín "normal". Daisetsu debería haberlo notado, pues sin duda el jardín no podía ser tan extenso, ni tan frondoso. la vegetación ya no se limitaba a cuidados macizos de flores y árboles casi ornamentales dispuestos ordenadamente. Había flores, sí, había árboles también, pero todo parecía más crecido, más exuberante, como si se encontraran dentro de un bosque en el que todas las especies vegetales de Rokugan hubiesen podido crecer.

Orquídeas mezclándose con madreselva; hiedras trepando sobre robles y naranjos, mientras los jazmines parecían cubrir de nieve altos perales. ¿Cómo era posible todo aquello? Pero no parecía nada caótico ni antinatural. Todo lo contrario: la naturaleza se mostraba allí sin máscara aparente, sin que la mano de un hábil jardinero le dictase formas ni trazase sus cauces. Parecía como si debiera ser así. Y era hermoso, sin duda, muy hermoso.

Vemos el mundo a través de los sentidos. Pero no todos percibimos el mismo mundo. Pensad en los colores; imaginad ese azul verdoso que a menudo se presenta en el jade o en otras gemas, incluso en el agua: ¿es azul, es verde? Unos os dirán una cosa, otros otra. ¿Quién tiene razón? Se dice que el amarillo es un color majestático, tal vez solo digno de los Emperadores, pero a otros les parece irritante, demasiado llamativo, como un golpe en las pupilas. Y los sonidos no se quedan atrás en lo que a falta de unanimidad de se refiere. ¿Y los espejismos? ¿Y los sonidos que creemos oír, la luces que creemos verde?

No podemos estar seguros de que lo que percibamos sea verdad, de hecho no podemos esperar que nuestros sentidos nos ofrezcan algo verdadero. Ya sólo por eso deberíamos admitir la existencia de varios mundos, uno por cada persona, de hecho uno por cada ser capaz de percibir. Pero la percepción no es más que la primera criba, luego están nuestras propias ideas, nuestros juicios preconcebidos, nuestra personalidad que interpreta y juzga lo que los sentidos nos muestran; nuestros mundos no son más que nuestras ideas sobre el mundo.

Pero, por mucho que las percepciones nos muestren mundos diferentes, dichas percepciones, los estímulos que activan los sentidos, deben proceder de alguna parte, no pueden surgir de la nada. Hay algunos textos pertenecientes a monjes que afirman que incluso las ilusiones de los sentidos proceden de nuestra propia mente, pero considero que esa es una postura demasiado idealista en la que se confunde nuestra interpretación de las sensaciones que recibimos con la fuente de esas percepciones. Así pues, existe alguien piensa y algo sobre lo que piensa, pues de otra manera no podría pensar, no habría fuego que encendiera la hoguera de la mente.

Mitsuomi se detuvo. Maravillado de pronto ante un grandioso melocotonero, cuyo tronco era tan amplio que el sendero perdía su rectitud y tenía que hacer una amplia curva para bordearlo. En su frondosa copa, cuyas ramas se extendía como riachuelos en medio del aire, había blancas flores y frutos del color de la arena. Lo sorprendente era que aquellas flores no parecían ser la antesala de futuros melocotones, sino que parecían estar ahí en las ramas por sí mismas, sin más misión que la de existir. Y los frutos, los pequeños soles dorados, tampoco parecían haber salido de ninguna flor, como si siempre hubieran estado allí, colgando de las ramas, cubiertos a veces por delicadas hojas de un verde casi vítreo.

Mitsuomi comprendió la metáfora al momento. Aquel melocotonero era una señal de que recorrían el camino correcto. Era una visión tan sobrecogedora como serena y espléndida; ¿acaso era una promesa de futuros esplendores? Sí, Mitsuomi sabía que lo era, pero por eso mismo no se acercaba y tomaba un melocotón, porque sabía que los frutos de aquel árbol los saborearían más adelante. Por un momento sintió una terrible urgencia, la necesidad apremiante de acelerar el paso, incluso de dejar atrás a Daisetsu; se sentía como el ahogado que va quedándose poco a poco sin aire y trata de volver a la superficie. Quería verlo todo y quería hacerlo ya, pero no, había contraido una responsabilidad con las dos personas que le seguían. Además, ¿acaso el bocado más delicioso no es el que se saborea lentamente?

El Árbol de la Vida -múrmuró con los ojos fijos en la alta copa dorada, verde y blanca-. Estoy convencido de que si probara uno de esos melocotones mi vida se alargaría diez mil años.

Mitsuomi bajó la vista. Al hacerlo una terrible sensación de pérdida se apoderó de él, también una promesa de futuros dolores. Continuó caminando, tratando de esquivar la visión del melocotonero.

En cierta manera teníais razón, Kazumi-san: cada mundo es un maravilloso y fantástico Reino.

Mitsuomi se detuvo y contempló con asombro el paisaje que de pronto se había presentado ante ellos al bordear el melocotonero. Se encontraban sobre un alto farallón de roca y frente a ellos... Frente a ellos, bajo ellos, se extendía un paisaje increíble: un bosque inmenso, salpicado de claros y colinas verdes, y un caudaloso río serpenteaba entre el verdor. La visión se extendía hasta el horizonte y sin duda aún más allá.

Era evidente... ya no estaban en el jardín del templo de la Dama Seppun... ya no estaban en Rokugan...

"Por qué me da la sensación de que ya hace mucho tiempo que no estamos en el jardín..."

Dijo Kazumi mientras observaba a su alrededor con una expresión de sorpresa pero no de miedo aunque puede que si de nervios, aunque suponíais que no era exactamente por no saber donde estais. Se acercó más a Mitsuomi y le cogió incluso de la manga, como si de una niña pequeña se tratara que no quería perderse.

"Algo que me dice que debería ser buena y no separarme de ti..."

Daisetsu no sabia mucho sobre la magia. Menos sobre la del Vacio. Habia escuchado incontables historias sobre el poder de los shugenjas, pero muy pero muy pocas sobre los Ishi.

Cuando poco a poco el entorno a su alrededor fue cambiando, una extraña sensacion recorrio su cuerpo. Estaba abandonando Otosan Uchi, muchisimo mas lejos de lo que habia estado nunca y al mismo tiempo, tan cerca de ella.

Su curiosidad lo movia a avanzar, pero su corazon y su deber lo ataban.

Ellos avanzaron, pero Daisetsu se quedo firme en su posicion.

"No puedo dejar Otosan Uchi.", dijo como dejando en claro algo que debia ser obvio.

"El tiempo y las distancias no parecen tener sentido aqui... Donde sea que estemos... Pero este no es mi lugar...", sus ojos posandose sobre Mitsuomi.

"No puedo acompañaros en este viaje sin saber donde estamos, a donde iremos y cuanto tardaremos... Hechos que parecen irrelevantes aqui y ahora, pero que no lo son en Otosan Uchi..."

Mitsuomi le dirigió una mirada casi paternal a Kazumi. Él era sin duda el guía, pues conocía más de aquellos territorios que los otros dos, pero habría momentos, no lo dudaba, que incluso él mismo se sentiría perdido o desorientado y tal vez, más adelante, sus caminos se separarían, aunque por un corto periodo.

En cuanto al Miharu, ¿era el miedo lo que lo llevaba a hablar así? Creía querer que era su sentido del deber, al fin y al cabo un Seppun de su categoría no querría separarse de sus numerosas responsabilidades, pero tampoco de su ciudad, del terreno firme y seguro, con unos límites claros, donde transcurría su vida. Ahora se encontraban en un lugar nuevo y, Mitsuomi lo sabía bien, sin límites, era lógica la inquietud del Seppun. Pero en estas cosas se requería paciencia, no se podía forzar nada, pues las consecuencias del apresuramiento podían ser fatales; sin embargo, Mitsuomi sabía que era el momento de dar algunas respuestas, pues aquella era la primera etapa del viaje.

Oh sí, Kazumi-san, seguimos en el jardín -dijo Mitsuomi, al tiempo que se acercaba hacia el borde del precipicio-, igual que seguimos en Otosan Uchi. Porque aquí están todos los lugares. Rokugan está en la corteza de cada árbol, en el envés de cada hoja, tan sólo hay que buscar. Estamos en un imperio, pero no un imperio como Imperio Esmeralda, sino uno mucho más vasto, un Imperio, un inmenso Reino, que lo abarca todo: ciudades, bosques, llanuras y todos los jardines.

Aquí es donde los elementos cristalizan en formas físicas, donde la obra que se inicia con el primer chispazo de la creación llega a su término. He aquí el poema, he aquí el palacio, que el poeta ideó y empezó a escribir, que el arquitecto planeó en sueños y que edificó. Este es el último paso del Todo, cuando la materia física llega a ser finalmente, quien sabe tras que titánicos esfuerzos y enormes tragedias.

Mitsuomi dió un paso hacia el vacío, pero no cayó, pues en la pared rocosa habían aparecido escalones que descendían en un amplio zigzag. ¿habían estado ahí siempre o habían aparecido cuando Mitsuomi quiso dar el paso? Han estado aquí siempre, decidió Mitsuomi, porque yo siempre he estado aquí queriendo bajar, dando este paso.

Hizo una señal a Kazumi y a Daisetsu para que le siguieran en el descenso. No suponía un esfuerzo muy grande, pues los escalones eran amplios y la pendiente no muy pronunciada.

Entiendo vuestra angustia, Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi mientras bajaban-, al fin y al cabo sé que tenéis deberes ineludibles que atender, pero no debéis preocupar por el tiempo: nuestro viaje transcurre por la Eternidad, donde todos los momentos son uno solo, así que lo más probable es que nusetro viaje no dure más que un segundo en el mundo que podríamos llamar real. Llegaréis a tiempo a vuestras citas. No, no os voy a engañar. Es posible, aunque supongo que improbable, que no volváis nunca, tanto porque no podáis volver como porque no queráis volver. Y en cuanto a dónde estamos y hacia donde vamos...

Habían llegado a una pequeña terraza. Mitsuomi se había detenido frente a un extraño diagrama tallado en la pared de roca. Era un símbolo grande, pero muy sencillo, a base de líneas y círculos.





Mitsuomi había estado esperando encontrar aquello y por fin estaba ante sus ojos. Había llegado el momento de empezar la explicaciones.

Aquí lo teneis: el mapa de nuestro viaje. Pero antes de que alguno me pregunte qué es esto, os lo explicaré. Más allá de las Arenas Ardientes existe un pueblo que tiene unas creencias religiosas muy interesantes. Creen en un dios único, omnipotente, omnipresente, creador de todo -la voz de Mitsuomi estaba cargada de una ligera mezcla de incredulidad y burla, como si estuviese contando algo propio de niños, un imposible-. Otorgan ese dios (cuyo nombre, por cierto, significa Yo soy, algo muy curioso) diez atributos correspondientes a los 10 primeros números (piensan que su dios creó el universo mediante esos diez números y las 22 letras de s alfabeto, que consideran sagrado). Esos diez atributos son a la vez emanaciones, momentos en la creación, partes del cuerpo, momentos del crecimiento humano... En fin, crearon un símbolo capaz de representarlo todo, desde el movimiento de las estrellas al de las motas de polvo que gravitan en la luz del atardecer. Lo llamaron el Árbol de la Vida o el Árbol de los Sefirot, pues sefer en su lengua significa número y su plural es sefirot.

Nosotros nos encontramos en la esfera más baja, en la décima, y nuestro objetivo es la primera, la número 1, atravesando todas las demás en nuestro camino -el dedo de Mitsuomi fue recorriendo las líneas entre las esferas marcando el itinerario de su viaje-. Bienvenidos a Malkuth, la décima Sefirah, que significa "Reino" y que representa a toda la materia física.

Kazumi hizo un gesto como para asomarse a aquella terraza, pero despues de lo que habías dicho quedó inmóvil unos segundos, primero asombrada, luego pensativa y al final con un gesto meditabunda.

"Bueno... los caminos del conocimiento nunca han sido realmente seguros... Aunque siempre en mi opinión divertidos... He aquí claramente el ejemplo de ello... Estamos ante todo y la nada, a la entrada de los reinos espiritulaes de más allá de las Arenas Ardientes... por encima, abajo o mejor dicho a la vez que todos los nuestros... supongo que esa es la esencia del vacío... Es todo... No entiende de otras religiones ni de conceptos..."

Y mientras Kazumi iba hablando empezó a notarse como de por seguro la aniñada estaba quedando atrás, puede que fuera lo mejor después de todo era un viaje peligroso... Sería interesante ver la faceta más calmada más de varios segundos...

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 4:22 pm

El camino hacia el conocimiento nunca es seguro -dijo Mitsuomi y dirigió su mirada hacia el símbolo grabado en la pared, hacia un punto muy concreto y, por un instante, su rostro se ensombreción-, no sólo por los peligros del camino, sino también por los peligros que esconde la meta. Nuestro clan sabe mucho al respecto y a veces hemos pagado un gran precio por ello. Pero si nos detenemos, si abandonamos el camino por temor a lo que pueda suceder, ¿de qué habrán servido tantos sacrificios? Habremos malgastado entonces el esfuerzo de nuestros antepasados y a quienes nos sucedan no podremos dejarles en herencia más que una terrible pobreza de espíritu. Y es que al final, por muchos fracasos que se padezcan, cualquier pequeño éxito hace que todo merezca la pena.

Y no es que el vacío no entienda de religiones ni de creencias, que no entiende, obviamente, es que los símbolos, por muy arraigados que estén en una cultura, al haber nacido del corazón humano son universales. El corazón siempre permanece y todo lo que brota de él es eterno, porque ha estado siempre ahí, en lo más profundo del alma de toda la humanidad. Y más adelante...

De nuevo Mitsuomi fijó la vista en un punto del "mapa", pero esta vez su rostro parecía extrañamente iluminado.

Este símbolo proviene de una tierra lejana y de una cultura completamente diferente a la nuestra y, sin embargo, nos resultará conocido a cada paso, como si lo hubiéramos ideado nosotros mismos. Porque es una herramienta y los martillos se sostienen igual aquí que más allá del desierto, ¿verdad? -dijo Mitsuomi con una sonrisa.

Mitsuomi volvió la vista hacia el itnerminable paisaje que se extendía por debajo de la terraza, todavía a unos cuantos tramos de escalera. Como esperaba, la geografía había cambiado. Ya no era un bosque interminable. En el horizonte se divisaba la lejana silueta de una cordillera. ¿Aquella mancha azul de la derecha podría ser un lago, o tal vez el mar?

Mirad, Daisetsu-sama, aquí está Otosan Uchi. Algunos de estos árboles sirvieron para edificar el palacio Imperial. Aquellas hiedras traparán por el propio palacio cuando no sea más que ruinas. Si deseáis volver, no tenéis más que caminar y al final terminaréis encontrando el jardín del que partimos. Pero... -Mitsuomi se volvió y miró directamente a Daisetsu, con una sonrisa ligeramente burlona, como lanzando un desafio-, ¿no queréis ver que hay más allá de este bosque? Esto es sólo el principio del viaje, quién sabe que veremos, qué maravillas nos aguardan. Y cuando por fín volváis a Otosan Uchi tal vez seáis más sabio o más valeroso o más intelegente o quién sabe... Pero os aseguro que es una oportunidad única.

Daisetsu llevo sus manos a su espalda, contemplandolo todo, sin prestar atencion a las infinitamente sabias incoherencias de los Fenix. Mas una palabra del Ishi lo hizo centrarse nuevamente. Otosan Uchi. Sus ojos celestes como el hielo mismo se posaron sobre el shugenja, para luego ver lo que atisbaba a describir el sujeto.

"¿Desear?", pregunto con una sonrisa maquiavelica en su rostro. Bajo su mirada y camino hacia donde estaba el Ishi.

"Desear es un pecado, Mitsuomi-san...", su sonrisa tornandose mas jocosa y amable.

"Ademas, aun no ha terminado el regalo que me habeis ofrecido... Debeis entender que es dificil dejarse anonadar luego de haber visto el rostro del mismo Sol cara a cara...", como intentando hacerle entender que por muy extraño y fantastico que pareciera todo esto, no era algo que al Seppun pareciere encantarle demasiado.

"Mas algo si me intriga... El proposito de este viaje... ¿Teneis las respuestas, Mitsuomi-san?"

Si el deseo es un pecado, me confieso un pecador constante -dijo MItsuomi, devolviéndole la sonrisa al miharu.

Ya no quedaba nada que decir sobre el símbolo grabado en la piedra. Sus acompañantes ya lo habían visto y esperaba que pudieran grabarlo en su mente, aunque realmente no iba a ser de mucha ayuda, tan sólo un pequeño consuelo cuando se enfrentaran a las enormidades que les aguardaban más adelante; él, por supuesto, lo conocía de memoria.

Continuó el descenso que habían interrumpido. Quedaban pocos peldaños para llegar a la base del farallón. Casi se encontraban al nivel de las copas de los grandes árboles que formaban aquel bosque. Ya se podían distinguir las diferentes especies: había frutales y grandes árboles como el roble y las hayas, con largos tallos de bambu ascendiendo por entre sus ojos. Todo parecía demasiado grande, demasiado espléndido, como si la naturaleza en aquel luga rno conociera las limitaciones del mundo normal.

Es posible que un samurai no conozca ni el miedo ni el arrepentimiento -continuó Mitsuomi mientras bajaban-, aunque dudo mucho que tal cosa sea posible, pero sin duda siempre estará manchado por el deseo. Porque, desengañaros, Daisetsu-sama, todos deseamos, continuamente, con toda la fuerza de nuestro espíritu. Nosotros, los seres humanos, las plantas, los animales, las criaturas de más allá de Ningen-do, los shiryo, los oni, incluso los propios Reinos Espirituales, incluso las Fortunas, incluso el Sol y la Luna... todo aquello que tiene mente, desea, aunque sólo sea el fortísimo deseo de seguir existiendo. ¿Acaso no deseais servir a vuestra señora lo mejor posible? ¿acaso no deseais honrar a vuestros ancestros? ¿acaso no deseais proteger al Emperador y a todo el Imperio?

El pecado no es el deseo en sí. El deseo se convierte en pecado cuando brota de una fuente impura, como pueda ser el miedo y, sobre todo, cuando en vez de dominar nosotros nuestros deseos, ellos nos dominan a nosotros. Las pasiones, los deseos, casi palabras sinónimas que tantos males han causado y que tantos buscan rechazar, reprimir y soterrar bajo una apariencia estoica y digna... pero el samurai se nutre de sus deseos y pasiones, la vida es pasión y deseo y ni siquiera la muerte los apaga. Pero ya hablaremos de esto más adelante.

Habían llegado por fín al final de la escalinata. Se encontraban al nivel del bosque. El majestuoso panorama que se alzaba ante ellos era sin duda vástago de la cópula entre un bosque y un jardín. Plantas ornamentales crecían bajo árboles inusitadamente grandes; flores gigantéscas desplegando sus pétalos sober las hiedras; arbustos ornamentales y salvajes convivían en una armonía bárbara, primigenia. Por un momento, Mitsuomi pensó que el mundo había sido así en un principio, o que al menos aquella había sido la idea del mundo que tenía quién lo creó. La majestuosidad del paisaje resultaba algo aterradora, porque los tres se sentían empequeñecidos ante tanto esplendor vegetal.

Pero... no se divisaba ningún animal, ni tampoco se oían sus ruidos.

El último escalón terminaba en un sendero de grava blanca que serpenteaba internándose entre la fastuosa vegetación.

Me preguntáis por el propósito de este viaje -dijo Mitsuomi, dirigiéndose a Daisetsu-. Sólo os diré que esa misma pregunta os la haré yo cuando regresemos, porque sólo entonces podréis darme vos la respuesta. Y en cuanto a ver el rostro del sol... No, mejor no adelantar acontecimientos...

Y con una sonrisa, Mitsuomi echó a andar por el sendero.

La mente del Ishi era compleja. A veces bufonezca, a veces intrigante y otras blasfema.

"Un hombre desea aquello que no puede conseguir por sus propios medios, Mitsuomi-san. Un samurai debe ser capaz de lograr lo que sea por su señor, y sino, morir en el intento.", su faz tornandose mas seria.

"Debo admitir que pense que eran solo los Dragon quienes respondia a preguntas con acertijos...", brotando la sonrisa en su rostro nuevamente.

"Aunque no nos vendrian mal algunas certezas, Mitsuomi-san."

Kazumi dejó escapar una leve risilla y mientras ponía un tono exageradamente serio dijo para sus dos acompañantes, con un cariz comico que no pasaba desapercibido (al parecer una niña pequeña):

"Nos adentramos en un mundo en donde la no-mente nos será de mucha utilidad, la filosofía del Fénix, después de todo parte de una base muy similar a la de los hermanos Dragón... por lo que, en este reino de nada preconcebido deberemos ser como niños que todo han de aprender... Seguro que así esta experiencia es todavía más única..."

En las puertas de Shinden Asahina hay grabada una historia -dijo Mitsuomi tras escuchar las palabras tanto de Daisetsu como de Kazumi-. Un maestro le pregunta a su sensei cuanto tiempo de estudio es necesario para alcanzar la iluminación. El maestro ofrece una cifra de años. ¿y si estudiase el doble que eso?, pregunta el alumno. Y el sensei responde duplicando el número de años. ¿Y si estudiase el doble que eso?, vuelve a preguntar el alumno. Y el sensei de nuevo aumenta la cantidad de años. El aspirante a iluminado inquiere sobre la razón de esto y la respuesta del sensei es demoledora: cuando un ojo está puesto en la meta, solo queda un ojo para preocuparse por el camino.

El sendero atravesaba ahora un campo de trigo verde. Como un mar esmeralda, los jovenes tallos ondulaban. ¿Qué viento los movía si no soplaba brisa alguna? Esto es una promesa, se dijo Mitsuomi, una promesa de los campos que nos aguardan más adelante.

¿Entendéis mi reparo en contestaros claramente, Daisetsu-sama? -preguntó Mitsuomi al tiempo que se paraba, dirigiéndose hacia el miharu-. Sí, podría contestaros directamente, podría detallaros lo que sé sobre cada etapa del viaje y deciros lo que podéis esperar a cada momento y al final de la travesía. Pero entonces la experiencia no sería tan grande, tan estremecedora y vuestros pensamientos estarían puestos en metas más altas y tal vez os perdiérais. Es como dice Kazumi-san: debemos aceptar lo que llegue mientras viajamos y aprender de ello, como niños pequeños que ven por primera vez el mundo y en el fondo es que se trata precisamente de eso. Limitaos a sentir, Daisetsu-sama y olvidaos tanto de lo que os aguarda como de lo que habéis dejado atrás...

Porque lo que habéis abandonado a vuestras espaldas es lo que os espera al final del camino.

Quien había hablado se acercaba a través de las verdes espigas. Se trataba de un anciano vestido con un hábito marrón y con la cabeza cubierta por un jingasa. Era de pequeña estatura y caminaba ligeramente encorvado, como abrumado por algún peso. Se apoya en un bo dorado de ocho anillos. SIn duda se trataba de un monje. Mitsuomi se sorprendió al ver que rodeándole de vez en cuando aparecía una sombra, fugaz, muy esquiva a los ojos y que aparentaba la forma de un... cuervo.

¿Podría ser...? Ciertamente, nada era imposible en aquel lugar.

Eso mismo era lo que iba a decir -dijo Mitsuomi, al tiempo que se inclinaba ligeramente a modo de saludo-. Mi nombre es Isawa Mitsuomi, ishi del Clan del Fénix.

En otras circunstancias me presentaría -dijo el monje-, pero sólo he venido a haceros una advertencia.

¿Advertencia?

Sí. No debéis seguir adelante. Ninguno de los tres está preparado para llegar más allá de este Reino. Incluso los territorios lunares de Yesod serían un peligro para vuestros espíritus.

Es posible que no nos hayamos entregado a una preparación espiritual intensa, pero yo he estudiado mucho sobre todo esto, puedo guiarles. No niego que haya peligros, pero confio en nosotros mismos.

No se trata de saber o no saber -Se dirigió entonces el monje hacia Kazumi-. Niña, la balanza está en un precario ekilibrio, pero su eje tiembla y amenaza con romperse; aún no sabes como inclinarla hacia uno de los lados. -Le tocó el turno a Daisetsu-. Guardián de la Rosa Dorada, me temo que habéis olvidado por qué caen los pétalos de las flores y por mucho que los recojas del suelo no podréis restaurar el esplendor de la corola; simplemente recuerda -Los anillos tintinearon cuando el monje se volvió hacia Mitsuomi-. Y tú... tú porque no eres solo tú.

Por supuesto que podéis seguir adelante, no tengo poder alguno para impedíroslo, pero si en mi mano estuviera convocaria a todas las legiones de Yomi y Tengoku para deteneros, incluso derramaría Jigoku sobre el camino para que sus monstruosidades os llenaran de terror y abandonaseis el viaje. Ishiken, dices que puedes guiarlos, lleválos entonces al lugar donde deben estar.

...

El pétalo se posó sobre la superficie del riachuelo y dejó que la corriente lo arrastrase, como una frágil embarcación de papel.

Se encontraban sobre el puente del jardín de Dama Seppun, con Kazumi subida sobre la barandilla. Era como si nunca hubieran abandonado aquel lugar, ni se hubieran adentrado en reino místico alguno.

Ha sido... perturbador -dijo Mitsuomi en un susurro mientras contemplaba el pétalo alejarse, hasta que lo perdió de vista tras un macizo de azaleas.

De repente el aniñado rostro de Kazumi cobró un cariz maduro, serio, comedido, acercándose a sus compañeros con una mirada decidida, taimada pero a la vez con cierto recelo.

"No hace falta decir que en estos reinos son más que desconcertantes estas visitas... sobretodo de... los que no deberíamos poder ver...

Vos sois el guía... Mitsuomi-kun... y aunque la travesía aquí termine por esta advertencia... me gustaría que supierais que... querré hablar más adelante con vos de esto... Puede que la mente de algunos nunca estén abiertas a la verdad, al conocimiento, estancados en un mundo de humanos, mundanal... pero creo que es necesario comprender este tipo de regalos... Y ya que me veo privada... creo que deberemos compensarlo..."

En ese momento de nuevo volvió su rostro a sonreir aniñadamente.

"¿Me lo permitiréis no Mitsu-kun?"

¿Compensarlo? -pregunto Mitsuomi con amargura-, ¿compensar el qué? Yo deseaba entregar un regalo y al final todo ha quedado en nada, porque en cuanto escuché las palabras de aquel hombre supe que tenía razón, que no debíamos seguir adelante. Fue algo completamente irracional, era una necesidad imperiosa que nacía de mi interior, una potentísima certeza de que el monje tenía razón y qué debíamos volver lo antes posible.

Tú... porque no eres sólo tú...


Si a alguien hay que compensar es a Daisetsu-sama. Le prometí un regalo y no he podido entregarselo. Supongo que lo dejaré en suspenso. Tal vez algún día, cuando yo sea más sabio y sea digno de continuar adelante, entonces seré capaz de llevaros hasta la Corona, más allá de los territorios del Sol.

Debía pensar en lo que se le había dicho, en las razones de su supuesta incapacidad para alcanzar esferas más altas. ¿Por qué no era sólo él? Pero no podía pensar en eso ahora, ¿acaso no estaba ofreciéndole una cara demasiado amarga a Kazumi que se esforzaba por animarle y ayudarle? ¡maldito ingrato!, dijo una voz en su interior.

Pero, disculpadme, Kazumi-san -la sonrisa volvió a su rostro, no demasiado amplia, pero sí desde luego más luminosa que su expresión anterior-, simplemente estoy desconcertado; tendré que reflexionar a fondo sobre todo esto. Me olvido de que realmente estamos en Malkuth, el Reino, aunque no podamos ver todo lo que vimos antes. Y aquí están las promesas de todo lo que hay en esferas más altas, tan sólo se trata de buscar y encontrar. Supongo que sí que hay maneras de compensar la ceguera -terminó Mitsuomi con una sonrisa.

Daisetsu aun intentaba reaccionar ante todo lo sucedido. Por un momento creyo en ver al mismo Shinsei y se sintio mas pequeño de lo que se habia sentido jamas.

Sus ojos parpadearon y nuevamente estaba en el jardin del templo de la Dama Seppun. Alli estaban Kazumi y Mitsuomi hablando entre ellos.

Esta era un leccion, una leccion de humildad. Por mas poder que uno posea, los Cielos siempre nos recordaran cual es nuestro lugar en este Imperio.

Escucho las ultimas palabras de Mitsuomi, y una leve sonrisa se asomo en su rostro.

"Quizas a la gente mas simple como yo, Mitsuomi-san, logreis sorprender con un regalo mucho mas humilde que este que se nos ha escapado. Aunque es el don de los genios el convertir lo complicado en simple...", con una sonrisa de satisfaccion en su rostro.

"Esperare con ansias la muestra de vuestra genialidad, Mitsuomi-san, mas debo recordaros que hay alguien a quien no debeis ni siquiera pensar en hacer esperar."

Hacer esperar a cualquier es una grave falta de cortesía -dijo Mitsuomi, dirigiéndose a Daisetsu-. Me habéis intrigado. ¿A quién no debo hacer esperar por ninguna razón?

"Pues a la Emperatriz, Mitsuomi-san.", respondio Daisetsu con una sonrisa afable."Os habia comentado que tenia un viaje para usted como ninguno aquel que hubiese realizado antes."

MItsuomi guarda silencio por unos instantes al escuchar la respuesta del Seppun. ¿Lo esperaba? Ciertamente. En el fondo era lo más obvio, al fin y al cabo Daisetsu es el capitán de la Guardia de la Rosa. Pero aún así era inevitable estar sorprendido. ¿Qué podía querer la Emperatriz Madre y gobernadora de facto de Rokugan de él? Todavía no era una pieza importante en el juego y ni siquiera siendo Maestro del Vacío podía serlo realmente.

No mostró sorpresa. Lo que hizo fue petrificar su expresión, revelando el asombro que sentía y su desconcierto a través de su mutismo momentáneo.


- No sabía que ya se había escogido a una Emperatriz para sentarse al lado del Trono Esmeralda, Daisetsu-sama -dijo entonces Mitsuomi con tono desapasionado. Si el error de Daisetsu hubiera sido otro, probablemente lo hubiera obviado, como había hecho momentos antes con el del Soshi, pero había cosas que Mitsuomi no iba a tolerar, viniesen de quien viniesen.

"Sin duda que no se sienta al lado del trono, Mitsuomi-san.", sonriendo cortesmente ante las palabras del Ishi. Caminando un par de pasos sobre el verde cesped con majestuosa calma y seguridad.

"Cada uno posee un lugar en este Imperio, lo importante es saber reconocerlo. Mi mejor obsequio es este consejo. Recordad quien sois, con quien hablais, y no tendrais mas problemas que los que los Cielos os deparen. Id fuera de este camino, y seran las consecuencias de vuestros actos de las cuales os deberais preocuparos."

Agradezco vuestro consejo, Daisetsu-sama, capitán de la Guardia de la Emperatriz Madre -dijo Mitsuomi con tono amable, imitando la sonrisa del Seppun- y para agradeceroslo os ofreceré otro: las palabras son un poder muy grande, uno de los más grandes de este mundo, con ellas se pueden cometer crímenes contra el orden del mundo y tarde o temprano se sufren las consecuencias. Al fin y al cabo, como bien decís cada uno tiene su lugar en el Imperio.

Mitsuomi era plenamente consciente de que aquel juego podría continuar indefinidamente, pero sabía que por mucho que le gustasen los intercambios dialécticos de aquella índole, a la larga se arrepentiría, precisamente por la vacuidad de sus discursos. Sí, era un esfuerzo inutil que no beneficiaba a nadie. Mejor avanzar un poco.

Pero contadme, ciertamente me habéis intrigado -dijo entonces, si bien no había realmente asombro en su voz; mantenía el mismo tono que en sus palabras anteriores, pero tal vez, ya no estaba la punzante ironí-. ¿Qué puede querer una persona de tan encumbrada posición de un simple shugenja como yo? Es un honor tan desmedido que me alegra y asusta a un mismo tiempo.

"Que os deseen ver hoy, Mitsuomi-san, es completamente mi culpa. Espero que os traiga mas recogijo que preocupacion. Mas no soy quien para entender los designios mas alla de mi alcance, seria como intentar mirar el rostro del Sol...", respondio con calidez.

Afirmáis que no podéis comprender el por qué, pero después de haber dicho que tal por qué es en parte causa vuestra... Una contradicción digna de un koan -dijo Mitsuomi divertido. Se preguntó qué papel habría jugado Daisetsu en todo aquello, aunque realmente lo que más le preocupaba era la razón de que Hantei Yukirohime quisiera verlo. Quería terminar pronto con aquella conversación, pues todos sus interrogantes podría responderlos mejor la Emperatriz Madre que el miharu. Cuando habló de nuevo lo hizo de forma más seria-. Por lo que entiendo de vuestras palabras, la Emperatriz Madre, Hantei Yukirohime-dono, ha decidido concederme el inmenso honor de una audiencia privada. No indagaré más en el por qué, pues en el fondo como bien decís, es inútil indagar en designios tan elevados. No me resta sino inclinar la cabeza a modo de aceptación y prestarme a cumplir ese deseo. Decid pues.

"Pues...", con una sonrisa algo malvada en su rostro, pero mas juguetona que malvada realmente."Vuestra presencia era esperada tras la obra, vos vereis cuando creais conveniente llegar a la Ciudad Prohibida.", con un tono alegre y jugueton, realizando una larga pausa, contemplando la expresion de Mitsuomi al respecto.

Daisetsu espero que el Ishi estuviese justo a punto de hablar, para ganarle la iniciativa.

"Mas no os preocupeis por el tiempo que ha pasado. La Emperatriz esta al tanto que estarias conmigo antes de estarlo con ella."

vMItsuomi miró sorprendido a Daisetsu. Era muy probable que el miharu interpretase aquel asombro como una reacción a su mensaje, pero no era del todo así. Mitsuomi se extrañaba del comportamiento de Daisetsu, de esa obsesión por ser una especie de cortesano cuando no debía serlo, de retorcer las palabras en situaciones completamente inapropiadas. Parecía como si en todo el tiempo que había residido en la Ciudad Prohibida, Daisetsu sólo hubiese apreciado la parte superficial del comportamiento cortesano y tratase de imitarlo, pero sin un verdadero entrenamiento y, tal vez, sin verdadero talento. Menos mal que aquel hombre realmente carecía de poder real y cuando las cosas volvieran a su cauce normal, sería relegado a una sombra muy oscura.

Kazumi-san, creo que deberéis disculparnos -dijo Mitsuomi dirigiéndose a la tensai y entonces se volvió hacia el Seppun-, puesto que no me gustaría demorarme más todavía, aún estando en vuestra compañía, Daisetsu-sama. ¿Creéis que sería buen momento ahora?

"Como os dije, no debeis preocuparos por demoraros, Mitsuomi-san. Mas entendere que no quieras dedicarme unos minutos a solas e ir en pos de visitar a la Emperatriz de inmediato.", esta vez, no habia expresion alguna en el rostro de Daisetsu.

Si la Emperatriz Madre -dijo Mitsuomi recalcando lo de "Madre"- sabe que estoy en vuestra compañía y me perdona cualquier demora debido a eso, sería muy descortés por mi parte no atenderos a vos. Si Kazumi-san nos perdona, estaré a vuestra entera disposición.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 4:34 pm

"No habra nada que perdonar mientras yo sea la causa, Mitsuomi-san. Y lamento profundamente poner a Kazumi-san en tal situacion, pero hubo debe ser precavido con el uso del tiempo tambien.", sonriendole a ambos.

Mitsuomi le devolvió la sonrisa al Seppun. Fracamente, apenas había entendido la segunda frase del miharu, pero poco importaba, pues la vacuidad de aquellas palabras era evidente. Ahora era el turno de Kazumi de retirarse y tal vez comenzase una conversación más interesante entre el Seppun y él, aunque si Daisetsu tenía intención de jugar a los cortesanos o de entablar una confrontación dialéctica, Mitsuomi no pensaba seguirle el juego.

"Yo no tengo que perdonar nada."

Dijo la más joven de los candidatos.

"Que cada cual siga su camino, yo en principio... sis alimos de esta tengo un pequeño compromiso peeero, no es nada que no pueda ser aplazado unos minutos si queremos charlar un poco."

Kazumi-san, por sus palabras, deduzco que el Capitán de la Guardia de la Rosa desea hablar conmigo a solas. ¿Me equivoco, Daisetsu-sama?

"Eso seria mas que gentil de vuestra parte, Mitsuomi-san. Si nos disculpais, Kazumi-san...", esperando la aprobacion de la Tensai para poder conversar con el Ishi a solas.

"Sin problemas, la noche es joven y... si consio salir de aquí sin problemas... aún tengo cosillas que hacer"

¿Problemas para salir de aquí, kazumi-san? -dijo MItsuomi riendo-. Pero si esto es una jardín normal y corriente, aunque por un momento haya sido la puerta hacia lugares más altos.

Mitsuomi se despidió de Kazumi con una inclinación de cabeza. Tras verla alejarse, y preguntándose qué asuntos podría tener entre manos la joven shugenja, se volvió hacia el miharu.

Vos direis.

"No hay secretos tras mis intenciones, Mitsuomi-san. Como los otros candidatos con los que supongo ya sabreis que he hablado, vengo a acercarme a vuestro persona con el afan de conoceros y que me conteis sobre la magia de vuestro elemento. Y viendo las ya contadas conversacines sostenidas, creo que por ahora solo me queda por conocer vuestra vision sobre la magia del Vacio, Mitsuomi-san. Soy todo oidos.",d ijo Daisetsu con una afable sonrisa.

MItsuomi respondió con una sonrisa igual de afable.

Me honra que alguien de vuestra posición desee conocerme, Daisetsu-sama -dijo al tiempo que inclinaba la cabeza en agradecimiento-, pero me ponéis en una situación complicada. Al fin y al cabo, ¿cómo puede mi opinión sobre el Vacío aportar algo a lo que os haya podido decir el Maestro del Vacío? Si os dijese menos de lo que ya se os ha dicho mis palabras resultarían inútiles y no serían más que una pérdida de tiempo para vos; y si, por el contrario, os dijese más, quedaría como un presuntuoso arrogante.

Y por otra parte, me tratáis como un candidato más, pero ¿acaso no existe ya un Maestro del Vacío?

"Exactamente...", sin decir a que se referia Daisetsu ante las dos interrogantes y sonriendole a Mitsuomi.

"Como humildemente proclamais, vuestras palabras no superaran a Sanzo-sama. ¿No es el mejor premio que un alumno supere a su Maestro? Fuera o no Sanzo-sama vuestro sensei, supongo que estaria orgulloso de saber que el Fenix cuenta con semejante erudito sobre el Vacio. Ademas, vuestra vision sera diferente de la de el, ni mejor, ni peor, tan solo otra faceta del Vacio y siendo el Vacio todo y nada a la vez... ¿Es realmente una vision suficiente para definirlo?", apoyando ambas manos sobre su espalda, tras su cintura.

"¿Deseais que nos os vea como un candidato, Mitsuomi-san, aunque tarde o temprano lo serais?", sus palabras dejando un doble sentido muy patente.

Mitsuomi rió con alegría.

De acuerdo, de acuerdo, Daisetsu-sama, hablaremos del Vacío -dijo Mitsuomi con tono alegre mientras buscaba un lugar donde tomar asiento. Cerca del puente donde estaban vió unos cuantos asientos de jardín hechos en porcelana y adornados con dibujos de crisantemos. Mitsuomi se sentó en uno de ellos de color azul-. Por favor, tomad asiento. Bastantes quebraderos de cabeza parece que os da mi persona, como para que además deba cargar sobre mi conciencia con el cansacio de vuestras piernas. Y en cuanto al tema del Vacío, comenzar es sencillo. Si yo os digo: El Vacío es el Todo y la Nada a la vez, ¿qué es lo primero que pensáis nada más oír semejante frase? No a nivel filosófico ni intelectual, sino lo primerísimo que viene a vuestra mente al escuchar esas palabras.

Daisetsu acompaño a Mitsuomi y se sento a su izquierda, sin mediar palabras y prestando atencion a lo que el Ishi tuviese que decir.

"En una paradoja, en un imposible. Como que exista un candidato para Maestro del Vacio, cuando aun existe un Maestro en aquel puesto, neh?", sonriendo con la misma alegria que Mitsuomi mostraba.

MItsuomi no comprendía la actitud de Daisetsu. ¿Qué era lo que pretendía el miharu con aquellas palabras e insinuaciones? Al parecer no se daba cuenta de la posición de Mitsuomi. El ishi sabía perfectamente que cualquier que debiera saber lo de su candidatura extraoficial lo sabía (sin duda todos los Embajadores y cualquier cortesano de suficiente rango e interés), pero no por ello debía abandonar su discrección en un asunto que atañía únicamente a su Clan. Para toda persona ajena al Clan Fénix (y para la gran mayoría del propio Clan) Mitsuomi no era más que un ishi, enviado a la Capital por sus habilidades diplomáticas y mágicas, nada más, por mucho que Mitsuomi supiese que la persona con la que hablaba era plenamente conciente de su candidatura. Debido a esto se creaban situaciones curiosas, ya que se trataba a Mitsuomi con una deferencia que hubiera sido inaudita en alguien de su posición "real"; todos aquellos con lso que había tratado, eran sumamente corteses con él y le atendían con más o menos disposición, aunque siempre con amabilidad, sabedoresd e que podían estar hablando con el que en un futuro muy cercano podría ser un miembro del Consejo Elemental de los Isawa.

Por ello,l a evidente falta de tacto de Daisetsu era sorprendente. El Seppun se empeñaba en lanzar indirectas continuamente, ¿con qué propósito? MItsuomi no podía (y no quería) aceptar aquellas insinuaciones, porque sería trasgredir las normas de disccreción que se había autoimpuesto. Si estuviera ante una pregunta directa, su propio código de honor respecto ad ecir siempre la verdad, sin duda le obligaría a hablar claro, pero no podía hacerlo tal y como se comportaba Daisetsu, así que decidió hacer caso omiso de las palabras de Daisetsu no referentes al tema del Vacío, de nuevo.

Habéis acertado plenamente -Daisetsu no era el único que podía dar respuesta a dos afirmaciones con una sóla frase-. La frase: El Vacío es el Todo y la Nada a la vez, es completamente imposible (no insultaré a vuestra inteligencia dandoos las razones de esa imposibilidad). Podríamos afirmar que estas palabras conforman algo parecido a un koan y que, como tal, podemos tomar como uno de los múltiples caminos para iniciar una investigación sobre el Vacío. A su vez, resolver esta frase abre numerosas posibilidades, pero me decantaré por una forma que aún no había expuesto, si me permitís tomaros en cierta medida como sujeto de mi experimento didáctido; así al terminar podréis decirme si sirvo de algo como sensei y si mi explicación os ha satisfecho.


Se trata de una vía matemática. Veréis, para definir la Nada de forma matemática se usa el número 0. 0 = 0 sería una forma de definir la Nada de forma matemática. Pero, pensad un momento, ¿acaso no hay otra manera de conseguir un 0 en matemáticas? Sí, me refiero a la siguiente operación: +1-1=0. De esta manera obtenemos un 0, una Nada, por así decirlo, como resultado de la anulación de dos números.

Mirad estas afirmaciones numéricas:

0 = 1
0 = 2
1 = 2

Esas tres expresiones las podemos reducir de la siguiente manera:

0 = 1 = 2

Y esta, Daisetsu-sama, es para mí la más perfecta definición del Vacío. ¿Qué os parece? ¿Os atrevéis a extraer alguna conclusión antes de que yo os ofrezca más explicaciones?

"Un imposible que es posible. Eso es lo que puedo pensar al primer intento. Mas supongo que vuestra explicacion es mucho mas profunda."

Qué manera tan brutal de turbar mis humildes designios, Daisetsu-sama -se quejó Mitsuomi con afectado enfado-. Me ponéis en una situacióin difícil, pues había abrigado la idea de responder a vuestra petición con un diálogo, de manera que vos también fuérais parte activa de la explicación. Y es que considero que la educación es un acto recíproco, en el que el maestro enseña al alumno, pero a su vez, el discípulo puede enseñar también mucho al maestro. Pero no importa, me limitaré a continuar con la explicación.

Por un momento consideró la posibilidad de no ofrecerle a Daisetsu la larga explicación que había planeado. ¿Valdría la pena el esfuerzo de exponerle de manera comprensible para un profano aquellas ideas metafísicas tan abstractas? ¿Sería capaz el Seppun la explicación que iba a ofrecerle el ishi? Mitsuomi pensaba que realmente no, pero aún así exponer en voz alta los argumentos que tan sólo había formulado para sí mismo, podría ser bastante instructivo, especialmente después de tanto tiempo sin reincidir en aquellos temas. Además, ¿acaso el arrepentimiento no era un pecado?

Mitsuomi se relajó por un momento para poner en orden sus ideas. Su mirada derivó por el jardín que les rodeaba hasta posarse en un macizo de azaleas. Las flores blancas se teñían de un cierto tono broncíneo por la luz de aquel ocaso incipiente. Mitsuomi se sintió hechizado al instante. A pesar del color que habían tomado, las azaleas parecían mostrarle su blancura a Mitsuomi aunque de una forma sutil y velada, como la nieve sucia que al poco que se aparta la de la superficie se descubre la nieve pura que yace debajo. La belleza de aquellas flores eran enorme, pero se mostraba delicada y serena.

Mitsuomi torció su expresión por un momento. De pronto, se había dado cuenta que había algo en aquellas flores que le molestaba. Creía saber lo que era pero no estaba seguro. Cerró los ojos y cuando habló lo hizo con un tono neutro, como si recitara una lección aprendida. No habló con demasiada rapidez, pero tampoco hizo demaisado largas las pausas, dando la sensación de que el discurso salía todo seguido, aunque perfectamente comprensible en su forma, si bien no tanto en su contenido.

Dos maneras matemáticas de definir la Nada. La primera: cero igual a cero. Pero esta expresión es absurda, no aporta nada; además, el elemento definido nunca puede formar parte de una definición para que ésta sea válida. ¿Y la otra? Cero igual a uno menos. La Nada como resultado de algo y su opuesto. En los niveles de Absolutos en que nos movemos ese "algo" seria el Todo. ¿Y qué es el opuesto del Todo? SImplemente, aquello que no es el Todo. ¿Y qué no es el el Todo? No puede ser la Nada porque la Nada es el elemento a definir. ¿Yo soy el Todo? ¿Seppun Daisetsu es el Todo? ¿Esas azaleas, esa grava del camino, ese polvo sobre las hojas del cerezo son el Todo? Pero tampoco es el Todo un Todo distinto, en el que por ejemplo, Seppun Daisetsu sea un ishi, mientras que Isawa Mitsuomi sea un miharu. Todas las cosas se oponen a todas las cosas, porque no son esas otras cosas. Solo el Todo puede oponerse al Todo, un Todo diferente, en el que a lo mejor simplemente, una gota de lluvia caiga un mílimetro a la derecha de donde cae en el otro Todo. Sólo por eso, solo por esa insignificante diferencia, ya es un Todo distinto que se opone a otro. Pero que se generen todas las diferencias posibles necesitamos Todos infinitos, porque las diferencias son infinitas. Sólo con contar los actos, las diferentes posibilidades de cada accion, o mejor dicho, de cada efecto, deberías concebir todas las causas de esos efectos y las causas de esas causas, asi que deberíamos generar un número infinito de Todos solo para las diferencias de los actos y a eso sumarle los Todos infiitos generados de la diferencia de las diferentes cosas materiales. Infinitos Todos opuestos entre sí que coexisten, que se superponen. ¿Cuál es el resultado? Que se anulan mutuamente, provocando... No, no es la Nada, es algo distinto, un espacio en blanco formado por infinitas posibilidades del Todo que se anulan mutuamente. Es el Vacío, donde coexisten las ilimatadas posibilidades de la existencia. El Vacío es un todo por llegar a Ser, un Todo en potencia. El Vacío es Uno formado por dos opuestos que se anulan mutuamente. Cero igual a Uno igual a Dos.

Mitsuomi terminó de hablar y abrió los ojos, fijando la vista de nuevo en el macizo de azaleas. Las flores se movían casi imperceptiblemente, acunadas por la débil brisa crepuscular. Sus pétalos se habían vuelto ligeramente más oscuros, pero la serea blancura permanecía siempre por debajo.

Mitsuomi suspiró resignado y se encogió de hombros. Se incorporó y se acercó a las azaleas. Tomó una flor y la sostuvo con su mano derecha, acariciando ligeramente los pétalos con las yemas de los dedos.

Olvidadl todo -dijo Mitsuomi, sin mirar a Daisetsu. En su boca había una sonrisa entre divertida y resignada-. Olvidad cada palabra que ha salido de mi boca. Preguntad a los poetas, ellos saben más del Vacío que yo. El Vacío es la fuente de la que brota la poesía, el interior de la flor del a que surgen los estambres.

Las azaleas le habían derrotado, le habían humillado al mostrarse indiferentes ante su sabiduria. Tantas horas de lectura, tantas noches contemplando las estrellas analizando, razonando, salvando dificultades lógicas y ahora las azaleas no le hacían caso; permanecían imperturbables en su indiferencia. Las flores no necesitaban los razonamientos de su compleja metafísica, nada sabían de cosmología ni de ontología y muchos menos de ética. Las azaleas simplemente existían, se limitaban a ser, al margen de toda hazaña intelectual o física. ¿De qué servían entonces las grandes palabras? Mitsuomi había sido claramente derrotado.

- La próxima vez que os dispongáis a escribir un poema, Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi con una sonrisa. Se había girado y se dirigía a Daisetsu. Había dejado que la azalea se escurriera lentamente entre sus dedos-, contemplad por un momento el papel en blanco antes de mancharlo con el pincel. Eso es el Vacío.

"Es habilidad de los genios, convertir lo complejo en simple. Vuestra sabiduria es grande, Mitsuomi-san. Recordare vuestras ultimas palabras, cuando necesite explicarle a alguien sobre el Vacio...", haciendo una leve reverencia con su cabeza al shugenja.

"Mas una curiosa pregunta me ha surgido...", sonrio Daisetsu con amabilidad.

"¿Quien de los dos es el afortunado?¿Vos, por haber tenido el tiempo para estudiar y meditar sobre el Vacio? ¿O yo, carecer de lo mismo?"

No debeis atribuir sabiduría alguna a mis palabras, Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi, mientras tomaba asiento de nuevo-, pues son fruto de una derrota. Mirad esas azaleas de ahí. Ellas no necesitan comprender la naturaleza del Vacío, no requieren de razonamientos ni de la más compleja de las metafísicas, se limitar a Ser. El Todo en su ilimitada extensión se limita a existir. La simple frase "Yo soy" es más valiosa, más potente, por decirlo de alguna manera que cualquier argumento filosófico. Nada tiene necesidad de saber que existe para existir.

Mitsuomi suspiró, pero no había perdido su sonrisa. Había aprendido una lección, al menos en teoría, pero su mundo intelectual no se había tambaleado realmente. La azalea no necesitaba referencias externas para existir, pero Mitsuomi sí, ¿acaso eso era un problema?

Lo curioso es que esto que os digo está muy relacionado con vuestra también curiosa pregunta -dijo entonces Mitsuomi, dirigiéndose a Daisetsu con un tono distentido, a pesar de que sus palabras no eran precisamente intrascendentes-. La felicidad no es más que una acumulación de deseos cumplidos. La naturaleza de esos deseos viene dada por la tendencia natural del individuo. Una persona egoista, a la que le importan únicamente los bienen materiales, sólo tendrá deseos de amasar riquezas, de poseer oro, perlas y jade; por el contrario, una persona de naturaleza más generosa y amable, es probable que sus deseos tengan relación con actividades más humanas, más nobles, por decirlo de alguna manera. Lo mismo pasaría con alguien de temperamento artísitico o marcial, o con quienes buscan expresarse a través de la espada, como los duelistas. Por eso, para cada persona, la felicidad (y, por lo tanto, considerarse afortunado o no), depende de las metas y objetivos que se marque debido a las inquietudes de su alma. Yo me siento afortunado por haber podido estudiar sobre el Vacío y todo tipo de cuestiones... digamos, filosóficas. En vuestro caso, si vuestra naturaleza no os llama a realizar esos estudios, no teneis por qué sentiros afortunado o desafortunado a este respecto, porque no tiene nada que ver con vos. Os sentiréis afortunado si habéis cumplido los deseos que os marca vuestra naturaleza y no otros. En cierta manera, yo soy afortunado por haber podido estudiar el vacío y vos sois afortunado por no haber podido estudiarlo (si tal era vuestro deseo, claro)

"Se aprende mas la derrota que en la victoria, Mitsuomi-san. ¿No es el aprendizaje un paso para alcanzar la sabiduria?", sonriendo levemente, y sentandose junto al Ishi.

Sus ojos se posaron sobre el jardin, sobre las flores mencionadas, sobre el sol aun en el cielo.

Un samurai no debia de desear nada para si mismo...

¿Era realmente feliz? Esa era una pregunta que no necesitaba hacerse. Como la flor, el no necesitaba hacerse esa pregunta.

"Es parte de la naturaleza del hombre, el cuestionarse a si mismo, el cuestionar su alrededor. Las veces que no me he cuestionado, ni cuestionado mi alrededor, fue cuando senti paz verdadera. Como decis, solo necesitaba existir y ser uno con el mundo que me rodea. Detalle curioso, esa paz puede ser interior, como tambien producida por alguien. En mi caso, son mas veces las que una particular compañia fueran las causantes de dicha paz, porque debo admitir, que poca paz conocen mis dias en Otosan Uchi.", sonrio Daisetsu como recordando algo, o alguien.

"No se si considerarme afortunado por no haber podido estudiar al Vacio con tanta profundidad. El tiempo es tirano y el deber esta primero que tales cuestiones. El deber me ha llevado a recorrer el Imperio y mientras poco he podido aprender sobre el Vacio, mucho ha sido lo que he aprendido de cosas, digamos, mucho mas mundanas, mas humanas.", abriendo la palma de su mano que estaba apoyada contra su propio muslo, como si quisiese sentir el roce de la brisa que acaba de surgir.

"He conocido felicidad en cosas que jamas he deseado ni jamas se hubieran ocurrido que fuesen jamas a acaecer en mi vida. ¿Como puede ser vuestra definicion completa entonces, Mitsuomi-san?", su mirada posandose en direccion hacia el Palacio Imperial.

Algunas de las palabras del Seppun las había esperado Mitsuomi, otras no tanto. Al parecer el miharu tenía alguna pasión amorosa, cosa que podía deducirse por sus palabras finales y el tono de su voz al pronunciarlas. La pregunta era, ¿tenía Mitsuomi algún deseo amoroso?

No he pretendido decir que todos los deseos inspirados por nuestra naturaleza aparezcan nada mas nacer -dijo Mitsuomi tratando de seguir la mirada de Daisetsu. ¿Dónde estaría mirando de aquella manera? Para alguien extraño a Otosan Uchi era imposible decirlo-. Los deseos van surgiendo a medida que se nos presenta el objeto de deseo. Pensad en el amor, no nos enamoramos de alguien nada más nacer, sino que el amor surge en determinado momento cuando damos con la persona idónea. Pero tened por seguro que ese deseo amoroso tendrá por objeto una mujer que tenga las carácterísticas dictadas por las preferencias del espíritu.

Los deseos no están tallados en nuestro corazón como una escripción en la roca, sino que van surgiendo. Lo que pretendo decir es que sólo surgirán aquellos deseos que sean acorde con vuestra naturaleza. Esos deseos que decís que nunca habríais pensado que podriais tener, ¿acsao podríais haber tenido deseos diferentes?

Todo está en vuestra naturaleza, Daisetsu-san, en aquello que os define a vos y sólo a vos, en lo que os hace único. Luego, cuando ese alma se enfrenta al mundo es cuando lo interpreta según su punto de vista y es cuando surgen los distintos deseos, vuestras fortalezas y vuestras debilidades, pero siempre acordes a la forma de vuestra alma.

Y si el deber os ha impedido estudiar el Vacío y deseais hacerlo, no os preocupéis, ya llegará el momento, sea en esta vida mundana o más allá.

"Aun no conozco la mujer cuyo amor me de paz, Mitsuomi-san...", sonriendo en complicidad.

"¿Habeis conocido el amor que siente un padre por un hijo?", pregunto Daisetsu casi retoricamente.

"Ver a un niño con anhelos y esperanzas. Verlo crecer y saber que sera un hombre justo y honorable. De un corazon generoso y compasivo, mas puro que el mismo jade. Ver el futuro y saber que sera brillante. De esa paz os hablo, Mitsuomi-san.", sonrio Daisetsu con paz en su mirada, si como el mero hecho de evocar tales recuerdos, inundaran su cuerpo de serenidad.

Daisetsu se percato de que Mitsuomi miraba en la misma direccion que el y no pudo evitar largar el comentario.

"¿Tan ansioso estais de vuestra entrevista con la Emperatriz que deseais alcanzar el Palacio Imperial con vuestra mirada, Mitsuomi-san?", su sonrisa algo picara en aquel momento.

¿No lo estaríais vos, Daisetsu-sama? -preguntó Mitsuomi divertido, aunque internamente se reprochaba haber sido tan indiscreto. Así que el Seppun miraba hacia el Palacio Imperial, ¿estaría su deseo relacionado con alguna dama en concreto que allí residiera? ¿tal vez...? Y eso de que ninguna mujer le había traído la paz todavía cuando era evidente que deseaba alguna mujer... Era curioso, pero Mitsuomi no era quien para meterse en esos asuntos, por mucho que desease enterarse-. Pensad que alguien como yo pisaría los recintos Imperiales sólo como algo muy excepcional y una audiencia con la Emperatriz Madre es todavía más excepcional, uno de esos deseos que como decías nunca pensasteis que desariais.

Ah, pero una cosa, ninguna mujer os traerá la paz, Daisetsu-sama -añadió con tono complice.

"Excepcional es una palabra que carece de valor en Otosan Uchi, Mitsuomi-san...", dijo con una leve sonrisa en su rostro.

"Otosan Uchi es una ciudad que jamas que deja de sorprenderme a pesar de conocerla como la palma de mi mano.", mirando el interior de su mano diestra.

"Me pregunto que es mas complejo de entender... ¿A las mujeres o al Vacio?", intentando distender a Mitsuomi ante de la cita que obviamente deberia pesar en el y en su pensamiento.

Mitsuomi rió ante la pregunta del seppun. Le agradaba ver que el tono de la conversación cambiaba de aquella. Claro está, que siempre podría tratarse de algún tipo de maniobra por parte del miharu con quién sabe que intenciones, pero Mitsuomi esperaba que no fuera ese caso.

Una pregunta aún más sorprendente que la anterior, Daisetsu-sama -respondió Mitsuomi divertido-. El Vacío como supongo que os parecerá evidente después de mi concisa exposición, es un concepto susceptible del análisis intelectual; sin embargo, las mujeres... No las creo susceptibles de análisis -Mitsuomi volvió a reír, mirando a Daisetsu con cierta picardía- al menos no de un análisis intelectual. Aunque reconozco que mi experiencia con mujeres es muy escasa. Tal vez vos podaís darme algún consejo sobre como comportarme ante el sexo opuesto.

¿El sexo opuesto? Sí, por supuesto, pero sólo ante un miembro concreto de ese grupo: la Emperatriz Madre, Hantei Yukirohime. ¿Se habría dado cuenta Daisetsu de la verdadera intención de su pregunta? Mitsuomi esperaba que sí, eso aumentaría la diversión y es que una conversación en el que las palabras tenían no sólo dobles sentidos, sino triples o cuádruples.

"Partiendo de una base muy simple, las mujeres son susceptibles, Mitsuomi-san...", intentando contener su risa.

"Otosan Uchi esta provisto de una de las mas peculiares clases de mujeres, de aquellas de acabar con un vida, un linaje, con tan solo una mirada o un susurro. Un error, puede ser fatal, o costaros demasiado en esta ciudad.", obviamente no decia nada que el Fenix no supiera, pero de alguna manera tenia que iniciar el tema.

"Es un grave error subestimar a las mujeres en general, en Otosan Uchi, es un crimen. Pensad que hablais con un igual o alguien mejor que vois y probablemente esteis en lo correcto. Pero si sois demasiado flojo con vuestras palabras, pasareis desapercibido y es un destino poco deseable para alguien con una carrera tan ascendete. Hay que ser valiente pero cauteloso, astuto pero sabiendo disimularlo. Y nunca hay que revelarlo todo, porque sino, perderan el interes en uno. Siempre aseguraos de dejar en claro que sois mas de lo que mostrais, que aun hay misterios para revelar en una futura conversacion y asi os habreis asegurado de conseguir el interes de una mujer. Eso si, aseguraos de ser alguien realmente interesante, Mitsuomi-san. Desafortunadamente, Otosan Uchi esta llena de charlatanes."


Sin saber porque el nombre de Onnamura habia vuelto a su mente.

El Seppun no le había informado de nada nuevo. Para el hombre, la mujer es un misterio (a veces muy gozoso de resolver) y Mitsuomi no era una excepción; sin embargo, por comentarios, sus lecturas y sus propias experiencias estaba al tanto de ciertas carácterísticas femeninas y las palabras de Daisetsu habían confirmado sus impresiones.

En el fondo, las admoniciones del miharu ya habían sido aprendidas por Mitsuomi hacia mucho porque no eran muy diferentes de ciertas recomendacinoes a la hora de ser un buen cortesano. Mitsuomi creía saber muy bien como "hacerse el interesante", de hecho ya había puesto en práctica ciertos planes siguiendo ese objetivo. Lo dicho por Daisetsu le infundía ánimos: no sería tarea fácil lidiar con la Emperatriz Madre, pero al menos ya sabía que sus posibilidades de salir airoso no eran nulas.

Os agradezco vuestros consejos, tened por seguro que los pondré en práctica -replicó al tiempo que dirigía la vista hacia la dirección en la que antes mirara Daisetsu y que parecía ser la dirección en la que se encontraba el Palacio Imperial. Pero, casi inmediatamente, volvió a mirar al Seppun con fingido estupor-. Daisetsu-sama, ¿me creéis uno de esos charlatanes?

"Para nada, Mitsuomi-san. No suelo cruzarme en el camino de los charlatanes, sino que estos vienen hacia mi.", sonrio Daisetsu levemente.

"Me habeis hablado sobre el Vacio, Mitsuomi-san. ¿Podrias ser tan amable de explicarme de que es capaz la magia de este elemento?", su mirada nuevamente hacia el Palacio Imperial.

Tal vez eso debería ser un halago -comentó Mitsuomi divertido-, pensad que los gusanos siempre acuden primero a las frutas más sabrosas.

¿Había doble sentido en aquellas palabras? Sí, aunque no había mala intención sino todo lo contrario; en ralidad se trataba casi de una advertencia, muy adecuada, por cierto, pues aquella misma tarde los escorpiones habían hecho sus acercamientos hacia el Seppun. Pero Mitsuomi confiaba en que alguien que residía en la Ciudad Prohibida y que estaba tan cerca del nucleo del poder de Rokugan supiera esquivar las posibles trampas que le tendisen.

Mitsuomi se dio cuenta de que Daisetsu volvía a fijar la vista en dirección hacia el Palacio Imperial tras hacerle la pregunta sobre la magia del Vacío. Esta vez evitó mirar él también en aquelal dirección. Obviamente, su pregunta estaba relacionada con aquella "dirección". ¿De qué se trataría?

Esta es una pregunta más sencilla de responder -dijo Mitsuomi. El tono alegre se había perdido ligeramente, pero tampoco había adoptado la seriedad de la pregunta anterior.-; sin embargo, dar una respuesta clara tiene sus complicaciones. Y es que la magia del Vacío es mucho más compleja que la magia que tiene como fundamento a los restantes elementos. Para empezar, los kamis del Vacío son escasísimos y unas criaturas ciertamente extrañas (y precisamente por eso enormemente interesantes), son casi como seres individuales con su propia personalidad. Esto hace que la magia del Vacío no sea propiamente una plegaria a los kami para que realicen ciertas cosas, sino más bien un conjunto de técnicas para lograr abrir los sentidos normales a un tipo de percepción diferente... Es difícil de explicar para un profano. Sería algo así como abrir una puerta y tras ella estaría el Vacío. Se trata de ver el Vacío, por decirlo de otra manera.

Una vez que se ha conseguido "conectar" con el Vacío... Bueno, imaginaos como si el Vacío fuera un gran estanque, pues lo que hay que hacer primero es saltar a él; una vez en el interior del estanque, rodeados de agua, es decir, dentro del Vacío, es cuando se pueden empezar a aplicar una serie de técnicas para aprovechar ese don de poder sentir el Vacío a tu alrededor. Esa serie de técnicas son los distintos hechizos de Vacío, pero si profundizais en el tema veréis que no hay tantos ehchizos de Vacío como de los restantes elementos; y es que no es facil "codificar" las diferentes acciones que se pueden realizar una vez que se pone uno en contacto con el Vacío. Además que precisamente por la naturaleza tan amplia y tan voluble del Vacío, no todos los ishi hacemos lo mismo de la misma manera, aún así, hay algunas técnicas básicas que son comunes y es lo que habitualmente se conoce como los hechizos de Vacío. Los ishi a menudo experimentan, buscando nuevas vías de comprensión y penetración del Vacío; sin embargo, hay que decir que muchas veces esos experimentos terminan en tragedia.

Personalmente, opino que aún nos queda mucho por aprender sobre el Vacío y las posibilidades que nos ofrece, pero oso informaré de lo que podemos hacer los ishi habitualmente. El control sobre el Vacío nos permite afectar a los sentidos, tanto propios como ajenos, bien sea ampliandolos o... arrebatándolos. Y a un nivel más profundo podemos afectar a la mente o al alma, cortando la conexión con el Vacío o sumergiendo la mente en él (imaginad lo que sufriría una mente no entrenada si se la sumerge de pronto en el Vacío). Y sí, podemos ver el futuro.

Mitsuomi sonrió al tiempo que hacía una pequeña pausa, pero casi inmediatamente volvió a hablar, pues preveía las objecciones y preguntas siguientes que le formularía Daisetsu.

Os he hecho un brevísimo resumen de aquello que puede llegar a realizar un ishi, no quiero profundizar tampoco demasiado porque tal vez... Bueno, digamos que no se le considera en vano al Vacío como el elemento más poderoso, aunque siempre me ha parecido absurdo hablar de "poder" refiriéndose a la magia, al fin y al cabo dependemos de la voluntad de los kami. Los "poderes" de los ishi pueden llegar a ser enormes y aterradores para quienes no los comprenden, lo reconozco, pero debéis saber que los ishi corren siempre un peligro terrible. El Vacío no es un elemento sencillo de controlar. Se tiene constancia de muchos ishi que vieron su poder reducido bruscamente o cortado del todo sin razón alguna o a otros que les pasó justo lo contario. Y luego están aquellos uqe no pueden controlar el elemento y son absorvidos por el, quedando como cáscaras sin alma. No creo que deseais que os hable de algunos de los registros más trágicos uqe se guardan en Kyuden Isawa. Incluso a pesar de todo nuestro entrenamiento, sumergirse en el Vacío es siempre una experiencia peligrosa, muy peligrosa y a veces, para algunos, no compensa. Es por eso que muchos ishi se recluyen, incluso algunos viven como hermitaños, lejos de la gente, buscando un mejor control de sus habilidades con el fin de salvarse de los peligros que todos percibimos en la infinita majestuosidad del Vacío.

¿Deseais que profundice más?


"Dos preguntas, me han surgido, Mitsuomi-san.", volcando su mirada sobre el Ishi.

"¿Que veis cuando ves en el Vacio, en aquel estanque de agua en el cual os sumergis? Y la otra...", haciendo una leve pausa.

"¿Cuanto sois capaz de aumentar vuestros sentidos?"

Me resulta casi imposible responderos a vuestra primera duda -contestó Mitsuomi, frunciendo el ceño. Intentaba encontrar las palabras adecuadas para describir algo que parecía indescriptible para el lenguaje humano-. Creo que no sería capaz de encontrar las palabras para ofreceros la descripción que me pedís; aún así intentaré complaceros.

La metáfora más adecuada es la que ya os he ofrecido, es decir la de un estanque al que salto y me surmerjo en sus profundidades. ¿Habéis abierto alguna vez los ojos cuando os habéis encontrado sumergido en el agua, ya sea en una piscina, en el mar o en un río lo suficientemente profundo? Es una sensación curiosa, verse así, rodeado en todas direcciones por por superficie de un azul uniforme. Os reconozco que en ocasiones me resulta algo aterrador. Pero a lo que iba. Imaginaos pues en esa situación, pero ahora no penséis que estáis rodeado de una superficie uniforme, pero vacía de todo contenido, sino que estaís rodeado de todas las cosas. Por supuesto, la mente humana, por mucho que nos esforcemos, no podemos percibir cosas simultaneamente, por lo que es una sensación muy extraña. Me giro hacia la derecha y está sucediendo algo, me giro a la izquiera y suceden cosas distintas que nada tienen que ver con lo anterior, pero además percibo por el rabillo del ojo o por mi propia piel, que algo está sucediendo a mi espalda, bajo mis pies, sobre mi cabeza, incluso dentro de mi mismo y de alguna manera se lo que está sucediendo; sin embargo, percibo lo que quiero percibir, aun sabiendo que estoy rodeado de Todo. ¿Y qué es lo que puedo percibir? Pues muchas cosas, depende de lo que desee y el nivel de penetración en el Vacío que quiera utilizar. Por poneros un ejemplo, puedo limitarme a ver como es la habitación en la que me encuentro, igual que si la viera con mis sentidos normales, pero sin tener que depender de mis sentidoso físicos, lo que hace que aun estando en la misma posicion sea capaz de ver a mie spalda o el techo sin levantar la cabeza; o, incluso, podría, penetrando más profundamente, ver lo que hay dentro de un cajón situado en esa habitación sin necesidad de levantarme y abrirlo. Espero que os satisfaga este ejemplo.

Y en cuanto a vuestra segunda pregunta... Pues si os soy sincero nunca lo había pensado. Supongo que podría extender mis sentidos con un poco de concentración lo soufciiente para abarcar una provincia de longitud moderada. Se han documentado casos de ishiken que han podido percibir el territorio entero de un clan y supongo que con un poco de ayuda de otras técnicas del Vacío podría lograrlo con cierta preparación. Me habéis picado la curiosidad, tal vez algún día lo pruebe.

Daisetsu parecia cada vez mas interesado a medida que Mitsuomi proseguia con su explicacion.

"Asi que podeis mirar a traves de las cosas...", como realmente sorprendido ante tal hecho.

Daisetsu conocia de Seppun de mas rango de el que podian con su mirada atravesar hasta ilusiones, sin embargo, el poder del Ishi parecia traspasar hasta lo fisico.

"Decidme, Mitsuomi-san, que veis cuando ves a traves de una persona. ¿Su cuerpo?¿Su mente?¿Su alma?"

Mitsuomi no podía extrañarse de la dirección que estaban tomando las preguntas del miharu. Mucha gente le había preguntado eso mismo en numerosas ocasiones. El poder de los ishi siempre despertaba el mismo tipo de curiosidad. Sin embargo, tratándose de alguien de la posición de Daisetsu, ¿tendrían sus preguntas alguna intención concreta? De momento no importaba, satisfacer su curiosidad no haría ningún daño.

Depende del grado de penetración que se desee. Pero sí, esos tres niveles son accesibles a un ishi medianamente competente. De hecho, más de una vez se ha usado el poder de un ishi para diagnosticar dolencias físicas que eran invisibles por cualquier otro medio, pues permite ver el interior del cuerpo sin tocarlo, además de permitir percibir todas las alteraciones físicas o de otra índole en ese mismo cuerpo. En cuanto a la mente y el alma es más complicado, muchísimo más, especialmente si la "inspección" se realiza sobre un individuo que no se presta voluntariamente a ello. En teoría, para un ishi con la suficiente habilidad, cualquier pensamiento es perfectamente perceptible y el alma se vuelve un libro abierto. Sin embargo, hay muchos peligros para el shugenja, dependiendo también de las cualidades del alma o la mente observadas. Y, por supuesto, y a mi entender lo más importante, están las objeciones morales, por supuesto.

Y entonces Mitsuomi miró inquisitivamente al Seppun, como preguntándole sin palabras a dónde quería llegar.

"Si la privacidad es un bien tan preciado...", dijo Daisetsu ante las palabras del Ishi.

"Si vos supieras que una persona perteneciente a un grupo selecto ha cometido un horrendos crimenes en contra del Imperio y de sus habitantes y lo continuara haciendo a menos que sea detenido y con esto, destruir la vida de muchisimas personas, incluso de generaciones. Mas peor aun si esta persona poseyese una posicion tan alta que no podria ser alcanzado a menos que se presentasen irrefutables testimonios de sus crimenes, pero al mismo tiempo, no se puede acusar a la ligera, puesto esta persona es una de un grupo y su identidad os es desconocida, mas sabeis que es uno de ellos. ¿Creerias que usar vuestro don para ver el alma de otras personas y asi identificarlo, como algo injustificado?", deseando por sus adentros poder decirle mas al Fenix, pero especificamente le habian pedido que no involucrase a gente de su clan en esto.

Habia pesar y frustracion en la mirada de Daisetsu. Odiaba sentirse con las manos atadas.

¿Qué estaba pasando en la Ciudad Prohibida? ¿Se trataría simplemente de las intrigas del nuevo Gozoku de las que Mitsuomi tenía constancia que se estaban realizando o era algo más terrible? Daisetsu había dicho "horrendos crímenes", ¿a qué se refería? La expresión del ishi se tornó seria, pues la conversación había tomado un rumbo bastante preocupante. Obviamente, no podía preguntarle a Daisetsu directamente, asi que la preocupación de Mitsuomi había empezado a aumentar.

Independientemente de lo que yo hiciera -dijo Mitsuomi-, ningún dato obtenido por medios válidos sería válido ante ningún tribunal.

"Por supuesto que no, conozco las leyes, Mitsuomi-san. Es mas facil saber donde buscar lo que condene al asesino, si se sabe quien es este.", dijo con algo de tristeza en su mirada.

"Os aseguro que me resultaria mucho mas facil prevenir cualquier daño de este persona y demostrar su culpabilidad, si estuviese totalmente seguro de que esta persona es quien atenta contra todos nosotros.", preguntandose si Mitsuomi podria leer entre lineas.

¿Qué le pasaba a Otosan Uchi? ¿qué le pasaba al Imperio en sí? Llegado el mediodía se había encontrado con un asesinato en la propia embajada Fénix y ahora al parecer se encontraba con otros crímenes (porque sin duda se trataba de algo de esa magnitud) dentro de la propia Ciudad Prohibida y su ayuda era requerida de la misma forma en ambos casos.

Comprendía la discrección del Seppun, pero obviamente quería saber más. Era evidente que sospechaba de alguien y que ese alguien era una persona poderosa, muy poderosa, por las propias palabras del miharu. ¿Tal vez alguien de la familia Imperial o un miembo de las familias imperial de más alto rango? Y decía además que quería evitar futuros daños de ese criminal "contra todos nosotros". Mitsuomi no quería atreverse a pensar en que el objetivo de aquel criminal fuera el propio Emperador. Cada palabra de Daisetsu no hacía más que aumentar la preocupación de Mitsuomi y eso se reflejaba en su expresión, que se iba oscureciendo cada vez más.

Mis humildes talentos están a vuestra disposición, Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi con tono solemne-, si hay algo que pueda hacer por el Imperio solo teneis que ordenármelo. Este tipo de investigaciones no es mi fuerte, pero no es la primera vez en este día que se me pide algo semejante, supongo que podéis imaginaros cuando y por qué. Pero, se me plantea una duda, yo solo soy un ishi y en esta ciudad está el Maestro del Vacío, ¿habéis recurrido a él o pensáis hacerlo? Dos ishi verán más que uno está claro, aunque comprendo que queráis el menor número de gente implicada, pero entonces, ¿por qué me comentáis todo esto a mi y no al Maestro del Vacío?

"Por esa misma razon, Mitsuomi-san. Porque vos no sois el Maestro del Vacio.", dijo con una sonrisa algo astuta.

El saber que podia contar con el Ishi devolvio la seguridad al Seppun.

"Se me ha sugerido explicitamente que no involucre al Fenix en esto, mas nadie puede negarme que entreviste a los candidatos a Maestros Elementales, a fin de poder informar al Emperador sobre ellos antes de la cena de mañana y aportar el pequeño entendimiento que alguien como yo pudo haber obtenido sobre la magia que profesa cada uno.", porque estas eran sus intenciones verdaderas, mas un ojo astuto encontraba oportunidades donde otros las dejaban pasar.

"Sanzo-sama me hablo de vois, Mitsuomi-san. Quizas por vuestros meritos, quizas porque queria que nuestros caminos se cruzasen, quizas fue solo casualidad. La senda de Shinsei a veces escapa a mi entendimiento.", dijo con algo de humildad.

"Hay otros que tambien me ayudan en esto, mas ninguno con vuestros dones y no me gusta dejar nada librado al azar, mas si puedo contar con alguien de vuestro potencial. Mas quizas si supiera mas sobre la capacidad de vuestra magia podriamos evitarnos involucrarnos en la intimidad de otras personas.", con una leve sonrisa en su rostro.

"Ademas creo que seria mucho mas facil que os dijera que necesito saber. Dijisteis que podrias detectar enfermadades que no son vistas por el ojo humano.", midiendo sus palabras.

"¿Sois capaz de detectar la infeccion de Jigoku en un hombre, Mitsuomi-san?"

La pregunta había dejado estupefacto a Mitsuomi. Había pensado que se trataba de algo diferente, más "mundano" y tal vez menos grave, una conspiración palaciega llevada a cabo por individuos crueles y sin escrúpulos, pero la pregunta de Daisetsu no dejaba lugar a la duda: la Mancha se había infiltrado al parecer en el mismo corazón de Otosan Uchi y del Imperio. Pero, ¿cómo había sido posible eso? Que el supiera, el recinto de la Ciudad Prohibida estaba protegido con salvaguardas ante cualquier intrusión de personas corruptas o de otras criaturas de las Tierras Sombrías y la Guardia Oculta de los Seppun se dedicaba únicamente a este tipo de cosas. Además, estaba el agravante de que por las palabras de Daisetsu se podía deducir que el corrupto era alguien pertenenciente a la élite del Imperio, lo cual era ciertamente aterrador. ¿Qué estaba pasando?

Mitsuomi abrió la boca, dispuesto a lanzar una retaila de preguntas al seppun, pero se contubo a tiempo. No era su momento de preguntar. La situación era muy delicada y él debía dedicarse a clarificar su propio papel antes de poder hacer más preguntas.

Sí, puedo -contestó Mitsuomi con seriedad-. No lo he hecho nunca, pero sé que puedo, porque los ishi podemos detectar cualquier alteración en el estado de un ser humano y alteraciones tan graves com la Mancha no pueden ser escondidas de nosotros. He leído que la presencia de la Mancha puede esconderse de los métodos mágicos de detección más ordinarios, pero yo no incluiría el Vacío dentro de esa categoría, teoricamente al menos. Aún así, sería capaz de detectar esa protección, que a todos los efectos sería casi como evidenciar la presencia de la Mancha.

Ya tenia todo lo que queria, pero no podia poner la vida de Mitsuomi en riesgo, aunque quedaba una pregunta mas.

"Mas importante aun, entonces. ¿Sois capaz de hacerlo sin que nadie se entere?"

Por definición, la magia del Vacío es indetectable, salvo para otro ishi. Se puede dar incluso el caso, que si ese otro shugenja del vacío no tuviera un control muy grande sobre el elemento, tampoco pudiera percibir la magia. Tampoco descarto que alguien con una conexión especial con el Vacío aun no siendo shugenja podría detectar simplemente que "algo" sucede, como un presentimiento, como cuando tenéis la sensación de que alguien os mira y os giráis pero no veís a nadie a vuestra espalda. Pero esto serían excepciones muy excepcionales y fáciles de preveer y de subsanar. Lo más habitual sería que fuese completamente indetectable para cualquier persona normal, incluso para los shugenjas más poderosos de los otros elementos.

Daisetsu medito con cuidado las palabras de Mitsuomi.

"He descartado ya a varios de entre los mas altos, mas hay seis a quienes me es incapaz de someter a prueba alguna. Una de estas seis serpientes tiene que ser las culpables, porque es su ignorancia sobre ciertos asuntos, las que los hace culpables. Necesito que me digais cual de estas seis serpientes es el maho-tsukai que ando buscando, Mitsuomi-san. Se lo que os pido, y no os lo pediria si no fuese absolutamente necesario y estuviese completamente fuera de mi alcance."

Daisetsu no se atreveria a mencionar aquellos nombres, Otosan Uchi estaba lleno de demasiados ojos y oidos, mas para Mitsuomi ya deberia ser suficiente pistas para saber de quien estaba hablando.

Seís serpientes...

Era evidente para Mitsuomi de quién estaba hablando Daisetsu: los Seis Consejeros del Daimyo Otomo. El propio Mitsuomi había conocido a una de ellos: Otomo Asano, y conocía los nombres y atribuciones de los demás por las notas de Arousou. Daisetsu daba a entender que no podía indagar directamente en ninguno de ellos, evidemente por sus elevadas e intocables posiciones, si bien había ciertas formas sutiles, como alguna especie de regalo de jade que debería provocar una clara reacción en un corrupto. Sin embargo, Mitsuomi era capaz de entender como se sentía Daisetsu: la posición de aquellas personas las volvía intocables a todo interrogatorio formal y acaso también a cualquier indirecto, tan sólo una habilidad discreta, casi invisible, como la de Mitsuomi podría obtener la información que Daisetsu deseaba.

Mitsuomi se resistió a calcular las implicaciones de aquella monstruosidad, del hecho de que uno de los dirigentes del imperio fuera un maho-tsukai. prefería dejar aquel vértigo para Daisetsu, él sería los ojos del seppun, el dedo acusador que señalaría al culpable, luego sería el miharu quién debería actuar, aunque no era necesario decir que Mitsuomi haría todo lo que estuviera en su poder para favorecer la misión, como de hecho ya estaba haciendo.

Comprendo a la perfección todo lo que desais decirme, Daisetsu-sama -dijo Mitsuomi con una mirada de cierta complicidad, dándole a enteder al Seppun que sabía de quienes estaban hablando-. Si el círculo de vuestras sospechas es tan limitado es posible que sea muy sencillo averiguar loq ue solicitais, simplemente debería tener una ocasión para poder "examinarlos" cuando estuvieran minimamente juntos y yo estando lo más cerca posible. pero no está en mi mano generar esa ocasión.

"Muchas personas importantes atenderan a la cena de mañana, Mitsuomi-san.", dijo Daisetsu con una sonrisa medio cargada de tristeza.

"¿Me harias el honor de recibir a los invitados conmigo?"

Yo mismo soy un invitado de la cena de mañana -dijo Mitsuomi. Tras decir esto calló durante unos instantes, valorando la sugerencia de Daisetsu.- Creo, Daisetsu-sama, que no podré aceptar el honor que me hacéis. Pensad que para las importantes personalidades que acudirán el que un simple ishi (sí, un simple ishi, no digáis nada al respecto ahora) reciba a los invitados junto a vos sería un detalle muy llamativo y levantaría suspicacias en muchos sentidos y eso no nos conviene... en muchos sentidos. Otro detalle a tener en cuenta es que mi "observación" implica dejar mi cuerpo físico completamente inmóvil, como inconsciente, por lo que yo no podría estar junto a vos. Como véis, vuestra invitación no carece de dificultades.

Daisetsu penso un instante las palabras de Mitsuomi.

"Desconocia ese aspecto de vuestra magia, Mitsuomi-san. Mas nunca dije que deberias estar a la vista de todo los invitados. ¿No habeis dicho que la magia del Vacio os permite ver incluso a traves de los objetos?", dijo Daisetsu alzando una ceja.

"Estoy a cargo de la seguridad de la cena, como tambien de la organizacion de la misma, solo que he dejado que los menesteres mas mundanos esten a cargo de Otomo Nishi-sama. Dijisteis que podeis ver a traves de objetos y que la distancia de vuestro poder es muy grande. Simplemente necesito que esteis en alguna habitacion cercana esperando dentro del Palacio Imperial y desde alli hacer uso de vuestras artes. Sereis el primer invitado en llegar, por lo cual nadie sospechara de vuestra presencia tampoco. Y mientras seais mi invitado, nadie osara molestaros."

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 4:37 pm

Sí, mi poder puede salvar cualquier barrera física y considero que también cualquier mágica, aunque eso es ciertamente discutible. Pero veo mucho problema hacerlo durante la cena. Ciertamente, es una ventaja que todos esos personajes estén juntos, pero el tipo de evento creo que presenta grandes dificultades.

A mí también me parece lo más adecuado que yo me encuentre en otra habitación mientras "examino" a los distintos implicados, pero hacerlo durante la cena no me parece viable. Es un evento que se rige por un protoco muy rígido, donde cualquier alteración, por pequeña que sea será mirada con enorme suspicacia.

¿Acaso no van a llegar los clanes en un orden determinado? Si yo apareciese el primero, al margen de mi clan sería muy comentado. Es posible que si me vieran con vos nadie dijera nada, pero tal vez pondríamos sobre aviso a quien queremos descubrir.

Permitidme una sugerencia. Durante la cena todo se desarrolla con naturalidad, es decir, yo llego con los demás Fénix y tomo mi sitio asignado. Sin embargo, se puede hacer algún tipo de "descanso" en el que los invitados puedan salir a pasear por los jardines. Tengo entendido que los Jardines Acuáticos de la Ciudad Prohibida cubren una gran cantidad de terreno y son el lugar perfecto para conversar en privado, oculto a los ojos de los demás. Yo podría "ocultarme" en alguna de esas pequeñas islas apartadas y aparentar que converso con mi joyimbo, Akemi-san, mientras que en realidad estaría empleando mis poderes para cumplir la misión que me habéis encargado. ¿Qué os parece?

Daisetsu se mostro sorprendido ante las palabras de Mitsuomi.


"No esta en mis planes dejar vagar libremente a los invitados por el Palacio Imperial, Mitsuomi-san. Sin embargo, todos deberan abandonar el salon principal para poder presenciar los fuegos artificiales que se han traido especialmente como parte del evento, por lo cual, creo que ese seria un momento ideal para que aprovecheis la distraccion y averigueis lo que necesito saber. Tambien habra una competencia de arco que no creo que Nishi-sama tenga planeado hacer puertas adentro. Creo que ambas pueden serviros como perfectas oportunidades, ya de que seguro, no creo que seais el unico intente realizar cosas lejos de los ojos de todos en aquellos instantes de distraccion."

Daisetsu se tomo el menton y se quedo pensando en algo.

"Explicad a vuestra yoyimbo que vuestros actos son autorizados por mi persona, pero ella no necesita saber mas que esto, por su propio bien."

No pretendía deciros que dejárais "vagar libremente a los invitados por el Palacio Imperial". Es muy común en las grandes fiestas, dejar momentos de distensión para los invitados, de manera que estos puedan moverse un poco a sus anchas, pero siempre dentro de unos límites, los cuales suelen ser el jardín o los terrenos exteriores al lugar donde se celebra el banquete o la fiesta que sea. Por eso pensaba que tras la cena se permitiría a los invitados airearse en los jardines del Palacio Imperial, siendo los Jardines Acuáticos un lugar idóneo para tal fin. Pero si me decís que habrán fuegos artificiales todo se vuelve perfecto, porque como decís es una gran distracción para la mayoría, lo que me permitirá actuar con la máxima discrección; los pocos que no estén pendientes del cielo, sin duda tendrán sus propias intrigas que llevar a cabo y no están pendientes de mis acciones.

No debéis preocuparos por mi yojimbo. Informaré a Akemi-san de lo que debe hacer para garantizarme una cohartada a mis acciones, de manera que éstas no levantan la más mínima sospecha. NI siquiera le informaré de lo que pretendo, solo sabrá lo que debe hacer.

Mitsomi calló por un instante, pero volvió a hablar en seguida y es que una pregunta se había ido formando en su mente desde que Daisetsu mencionara a los seís consejeros de Otomo Nishi. Cuando habló de nuevo, lo hizo bajando el tono de voz y con cierto aire vacilante, consciente de la complejidad de su pregunta, pero se pensaba obligado a a hacerla.

Disculpadme, Daisetsu-sama, pero tengo que haceros una pregunta delicada. No sé hasta que punto querréis responderla, pero creo que es una cuestión que puede ayudarme en mi tarea de mañana por la noche. Y es que no puedo evitar pensar que vos ya tenéis cierta dirección concreta en la que orientar vuestras sospechas. Lo diré algo más claro: creo que ya sabéis cuál de los séis es aquel a quién buscáis y que mi actuación servirá como confimarción de vuestras sospechas. Si estuvierais dispuesto a darme ese nombre podría dirigir mis atenciones en primer lugar a dicha persona y probablemnete actuar más rápido y por tanto con menos psibilidad de ser descubierto o de generar sospechas. Entiendo que no queráis decir nada de momento, solo os pregunto por facilitar nuestra labor. De todas maneras, ese nombre lo terminaré sabiendo mañana por la noche, no creo que perdáis nada adelantandomelo.

"Los nombres son como las hojas de las espadas, hay que tener muchisimo cuidado con ellas, o uno puede terminar cortandose a si mismo.", dijo Daisetsu con su mirada perdida por un instante.

"La persona que buscamos es una con un brazo herido o lesionado que no le permita escribir con una caligrafia perfecta para alguien de su posicion. Debo permanecer imparcial, incluso en mis sospechas, Mitsuomi-san.", dijo Daisetsu con una sonrisa leve en su rostro.

"Estais listo, Mitsuomi-san?", esperando la respuesta afirmativa para pararse e indicar a Mitsuomi el camino mas corto hacia la Ciudad Prohibida.

¿Vos lo estariais en mi situación? -respondió Mitsuomi con una ligera sonrisa.

Daisetsu había actuado de forma bastante inteligente. Era evidente que Diasetsu tenía un claro sospechoso, pero no quería pronunciar en voz alta su nombre, puesto que al parecer se trataba de alguien con una posición muy elevada. Sabia medida, pensó Mitsuomi, porque aunque no se lo había dicho si que había ofrecido un dato importante. No le sería difícil a Mitsuomi saber cual de los "Seis" tenía algún defecto físico en uno de sus brazos.

MItsuomi se incorporó y se alisó el kimono con las manos.

Creo que estoy tan listo como puedo estarlo. Lástima que mi atuendo tal vez no sea demasiado adecuado para una cita tan señalada.

"Si deseas cambiar vuestro atuendo, sois libre de hacerlo, como ya os he dicho, cualquier tardanza estara justificada por el tiempo que dedicareis a mi persona. Ni siquiera hara falta que deis explicaciones. Pero el humor de las mujeres es impredecible...", dijo con una media sonrisa en su rostro.

"Y en caso de que la infima posibilidad de que algo sucediese catastroficamente mal en vuestra reunion o tuvieses algun problema antes de la cena, haced saber a quienes pongan en riesgo vuestra vida que estais bajo mi proteccion.", dijo con una sonrisa gentil pero firme al mismo tiempo.

Daisetsu estaba parado con una mano ofreciendo el camino a Mitsuomi. Seria la Ciudad Prohibida o la Embajada Fenix su destino, solo Mitsuomi lo sabia

Una tardanza, por muy justificada que esté, siempre es una tardanza y, como bien decís, el humor de las mujeres es un misterio para nosotros. ¿Qué sentido tendría arreglarse más si nunca se podría satisfacer plenamente al futuro anfitrión? Lo más conveniente será que seáis vos ahora quién me guíe hacia tierras más altas -concluyó Mitusomi con una sonrisa, invitando a Daisetsu a que le invitara a seguirle hacia la Ciudad Prohibida.

El camino hacia la Ciudad Prohibida era literalmente en subida, hacia el noroeste mas especificamente de Otosan Uchi. Si uno conocia el camino, no era dificil de llegar, mas era muy facil perderse en la ciudad mas grande de todo el Imperio. Quien sabia con que se encontrarian camino a la Emperatriz?

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