Día 2.- Noche.- La Ciudad Prohibida

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Isawa_Mitsuomi
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Día 2.- Noche.- La Ciudad Prohibida

Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 5:32 pm

Isawa Mitsuomi y Seppun Daisetsu




La Ciudad Prohibida siempre encoje los corazones de aquellos necios que sueñan para crearla o que creen poder atisbar lo que realmente es. Con sus enreversados jardines imposibles, colgantes donde no lo deberían, con estatuas de mármol y cristal en cada recoveco escondido, el titileo de las luces de los diferentes castillos a los que da cobijo y la marea de corrientes de agua y aire perfumado que salen de los baluartes y de las habitaciones de tantas doncellas de elegancia infinita.

De noche, bajo el amaparo de la luna y de las estrellas, de las antorchas que crean pasillos invisibles en los jardines dormidos, que aún a la luz de los ojos de los kamis titlean en pequeñas velas el porte glorioso del entramado de palacios sobrecoge a la vista a cualquiera.

La Ama Emperatriz posee para sí sola todo un ala de la gloriosa residencia del Emperador, el Ala Oeste, también conocido como el Ala de la Rosa Dorada. Estancias que desde la lejanía huelen a crisantemos, en donde el aire mueve cortinas de sedas transparentes y el murmullo del agua se confunde con el lejano sonido de un koto o la voz melodiosa de una mujer tras fusamas y fusamas en alguna lejana estancia.

No se sabría decir si de noche la Ciudad del Emperador posee más magia, con aquellas colores acallados por las sombras que muestran rarezas con el color del rojo de las velas. Los guardianes de la paz son silenciosos y sus charlas dispares son meros sonidos de pájaros. Sus pisadas acalladas por la etiqueta y el decoro, por el no importunar, pero sin llegar a ser vergonzosas.

Os cruzáis más de una patrulla y de lejos podéis contemplar a algún Capitán dar órdenes de redistribución de los efectivos. El Capitán de la Guardia de la Rosa reconoce a cada uno de los soldados, suyos o no es su deber saber cada cara, cada nombre, cada familia, cada historia...

Por fin, tras cruzar despacio y en un leve silencio todos aquellos jardines y dejar atrás las lujosas estancias de los Clanes Mayores y de las redindencias Imperiales os adentráis por el Jardín del Crisantemo, un jardín que hace tres años mandó la Ama a plantar como jardín principal de su pabellón. Toda una muestra de dónde estaba el poder de los Cielos... Este conduce a varias entradas al pabellón oeste. Justo antes de hacerlo una figura se cruza en vuestro camino, una mujer.

Pronto Daisetsu la reconoce, su nombre es Otomo Hanashirusato, un nombre complejo para una mujer compleja (Hanashirusato significa la aldea en donde caen flores como si de lluvia se tratara). Hana, como es habitualmente conocida, es una mujer de unos treinta años, su belleza aún no ha sido eclipsada por la edad ni por ser madre ya de dos hijos. Su pelo es negro reluciente y siempre va peinado de la manera tradicional, con orquillas doradas y peinteas de márfil y una siempre de coral en el lado derecho. Su tez es redonda y empolvada y sus labios pequeños y rojizos. Su cuerpo es pequeño pero bien esculpido, de hecho es poco lineal, más bien lleno de curvas sugerentes que aunque distan del canon de perfección no la afean en absoluto. Lo más destacable de su figura, no sólo las ricas ropas que lleva y que están bordadas con rosas doradas denotando su posición de Dama de Compañía, son los ojos enormes que posee de un gris azulado que destaca la presencia más que notable de agua en su esencia.

Todo aquello no es más que la apariencia, por supuesto, lo que Daisetsu realmente sabe es que Hana es una de las mujeres más fiel a su Señora, pues han sido amigas desde pequeñas. Ha estado siempre ahí, incluso haciendo de doble encubierta cuando iba en palanquines cerrados, estando más que dispuesta a morir por ella si era necesario. Su segunda cualidad es la facilidad de mente que posee para amoldarse a las situaciones, como el agua, nunca hay un callejón sin salida para ella. Y, como tercera ventaja, como dama de Compañía es la más experta en temas amorosos, y no sólo en lo referente a la intimidad, sino que pocos matrimonios que ella orquesta no están destinados a la dicha para sus familias... El amor... es bien conocido para ella.

"Buenas noches... Seppun daisetsu-san... Isawa-sama... ¿Puedo ayudarles en algo? ¿Tienen acaso cita con la Ama?"

La Ciudad Prohibida era lo que Mitsuomi había esperado y más, pero, aunque la noche dotara de un hechizo especial el lugar, Mitsuomi aguardaba con mayor emoción ver el recinto a la luz del sol. Aunque, por supuesto, el encuentro que iba a tener en breves momentos superaba con creces cualquiera que pudiera tener a la mañana siguiente.

Decir que no estaba nervioso sería faltar a la verdad. Por muy preparado que estuviese, tener una audiencia privada con la gobernante de facto de Rokugan era algo para lo que nunca había preparación suficiente. Veía aquel encuentro como un combate, en el que si él vencía su contrincante no perdería nada, pero si él era derrotado sin duda le aguardaba la muerte o algo peor. Aunque tal vez la solución era la misma que había atisbado aquella mañana en el templo de Akodo: renunciar a la lucha, decidir ser derrotado antes de empezar y dejarse llevar simplemente.

Detestaba a la Emperatriz Madre, no podía negar ese sentimiento en su corazón, pero a la vez se sentía incapaz de negarle algo de su compasión. Trataría de ayudarla, incluso de sí misma, como pretendía hacer con Kondou o con Kaisha. Esó sí, siempre en la medida que fuera razonable: nunca se debe forzar, nadie debe ser curado a la fuerza. Realmente, planteaba aquel encuentro como una toma de contacto y si salía bien, lo más probable es que se viera más veces con Hantei Yukirohime.

Cuando por fín llegaron al pabellón de la Rosa Dorada, Mitsuomi se mantuvo, como siempre desde que entraran en la Ciudad Prohibida en un discreto segundo plano, detrás de Daisetsu. El miharu era el que conocía aquella ciudad dentro de Otosan Uchi, era el guía y por tanto sería él quien abriera o cerrara las puertas hasta que Yukirohime o alguien en el camino se dirigiese a él directamente. De momento que hablara Daisetsu, él callaría y observaría y, esperaba, no olvidaría nada.

Era siempre refrescante. Yurikohime tenia la costumbre de ordenar cambiar todo cada tanto. Nada perduraba, todo se renovaba. Tambien, era por una cuestion de seguridad, pero eso dejarlo para los expertos.

Daisetsu hizo leves comentarios durante el tramo al Ishi. Un poco de historia, un poco de artes, el mero arte de la conversacion para llenar el vacio interminable hasta llegar a la Emperatriz.

En algun momento seria inevitable cruzarse con alguien hasta llegar a ella, solo esperaba que fueran encuentros casuales, pero cuanto mas se acercaban a ella, menos probabilidades habia de que eso fuera cierto.

Daisetsu se detuvo ante la aparicion de la Otomo y sonrio con cortesia.

"Konban wa, Otomo Hanashirusato-san. Os presento a Isawa Mitsuomi-san, Ishi del Fenix.", haciendo una leve reverencia y dando pie para que se presten cortesias entre ambos.

"Es asi. Quien me acompaña ha sido agraciado de estar en la presencia de la Dama Emperatriz y yo tan solo soy su guia en el recorrido hasta su presencia. Mas quizas vois seaias tan amable de informar a la Dama de nuestra llegada."

Como si de una casualidad se tratara la Otomo alzó con "sorpresa" sus perfiladas y depiladas cejas, recortadas como la moda de esta primavera de manera que quedaban como dos pinceladas negras en su cara blanca.

"Un placer Isawa Mitsuomi-san..."

Su voz cortés se abrió como la pequeña sonrisa en la comisura de sus labios.

"Por favor... síganme... La Ama ha mandado hoy a que lo cambien todo de lugar... y puede resultar un poco... complicado para aquellos que no están al tanto de la nueva disposición... Ahora mismo toma el "té de media noche" que es como a la Ama le gusta llamar a su última taza de té antes de la cena y de la hora de abandonar este reino para acomodarse en el Yume-do..."

De nuevo una media sonrisa en aquella faz teñida de blanco impoluto y las sedas crujiron sobre su piel cuando la mujer emprendió la marcha delante vuestra.

Entrasteis en uno de los pasillos interiores en el que se olía un leve olor a rosas frescas recién cortadas y donde las fusamas eran de color rosado donde se reprensetaban escenas de amor y de tragedias devenidas por este. Lentamente el color se fue volviendo rojizo a la vez que el olor igualmente variaba tan sutilmente que en ningún momento se mezclaron desafortunadamente los perfumes y comenzó a olor a la única planta que es capaz de florecer en el agua... y en la sangre... el kempi... En aquellas salas que se entreveían a través de las fusamas pintadas con historias de grandes duelos entreabiertas se veían mujeres charlando en voz baja y riendo tras abanicos. Cuando el color se empezó volver amoratado las paredes hablaban de sueños bucólicos y de kamis que hablaban con el hombre de su grandeza... pues todos eran Emperadores... El olor a lilas fue desde lo más sutil de los recovecos de las habitaciones hasta el olor más nítido... agudizado por la música de un kentai lejano.

Y, entonces, al doblar una esquina, de repente el pasillo se volvió con rudeza del color del oro y de la negrura más profunda... (los únicos colores que sólo al Emperador le estaban reservados...)

Ahí esta vez es donde Yukirohime había decidido poner sus habitaciones más importantes, el corazón del Pabellón Oeste...l

La Sala de Recepción "Amanecer" era lla primera de las estanciasmás destacadas para las visitas que eran capaz de adentrarse tanto en los intereses de la Ama.

Hanashirusato pidió que esperáseis un segundo, mientras ella entraba para ver si su Alteza estaba en condiciones de recibir visita. Un respiro de aquella mujer, que aunque no desprendía la tensión que solían hacer los Otomo, no podía negarse que era alguien cercano a la Ama.




-Espacio por si deseáis deciros algo-




Un sonido os llamó la atención cuando una fusama se abrió lentamente y la Otomo apareció con una leve sonrisa.

"La Ama os espera... pasen... por favor..."

Y tras ella abrió una fusama que en un primer momento sólo llevo a una pequeña antesala de apenas dos metros de ancho por dos de largo. Sólo alguien avezado y que disponía del conocimiento necesario como Daisetsu se dio cuenta que era una habitación falsa antes de la verdadera en donde, tras la fusama de por seguro había dos soldados apostados, por si se debía dar muerte a un intruso inesperado que tratara de pasar.

Y por fin la sala de recepción... En esta ocasión la sala había sido construida de manera que parecía un trapecio, con una parte ancha por dónde ustedes habíais entrado y una más pequeña al fondo. Casi en la última tercera parte de la sala la habitación tenía un escalón que desnivelaba los sitios. Había una mesa redonda a diez pasos de dicho escalón y unos cinco más hasta una pequeña mesa un poco más grande que una individual que había allí arriba. Los shojis estaban delicadamente pintados con escenas de un amanecer en la Ciudad Prohibida y justo detrás de donde estaba el sitio que presidía la sala salía la diosa Amaterasu, con su vestido rojizo y sus bellísima faz y sonrisa... Una gran mujer... que respaldaba a otra que se sentaba cómodamente delante...

Hantei Yukirohime descansaba en un mar de cojines, recostada de lado dejando que su traje de calidad excepcional callera cual cascada por su cuerpo y se derramara por el suelo hasta el escalón que había en la sala, callendo incluso por él. Era un kimono negro, pegado en la cintura con un obi dorado, que caía su falda como si de una flor invertida se tratara, en campara, con plieges y sobretelas, con capas de colores dorados y rojizos y de flores bordadas en hilos de oro. La parte de arriba era más como un kimono tradicional, con la leve diferencia de que estaba algo abierto por la parte del cuello, de manera que, estando apoyada en uno de sus brazos todo su peso se resbalaba sutilmente dejando ver tan sólo el inicio del hombro. La mujer, con una larga pipa en la mano os observaba tras esos ojos de color de irrealidad y esa sonrisa rojiza ladina en una faz demasiado hermosa para ser de este mundo. Desprendiendo de sus larguísimos cabellos un olor a rosas... y a crisantemos perfectamente engarzados, como si fuera una nueva especie vegetal creada sólo para ella.

La mujer más poderosa del Imperio semirecostada delante de aquella mesita baja de caoba en la que había una taza de té descansaba bajo un dosel que colgaba del techo, como si se tratara de una jaula de seda transparente, de color dorado, de manera que el reflejo de las velas y de los candelabros a través de la tela hacía que al mirarla su imagen brillara justo delante de Amaterasu... como si de otra diosa se tratara... el Nuevo Sol...

Delante vuestra la mesita de caoba para cuatro comensales estaba servida con una tetera y dos tazas, algo que justo os disteis cuenta cuando una criada, de una esquina en donde no la habíais visto, se acercó casi de rodillas y os pidió que os sentárais para serviros.

La Ama Emperatriz aún no dijo nada... esperó a que os acercárais a la mesa y os inclinárais ante ella antes de dejar que os sirvieran. Entonces, la voz de Hanashirusato sonó a vuestars espaldas:

"Su Alteza Imperial... tal y como me habéis ordenado aquí están... Seppun daisetsu-san e Isawa Mitsuomi-san... Y si me disculpa ahora... estaré esperando sus nuevas órdenes..."

Tras lo cual se inclinó para marcharse en aquella postura. La Ama aún guardó un segundo más de silencio...

Cuando la Otomo hubo partido, Daisetsu le comento algo por lo bajo al Fenix.

"Se que os parecera insultante que os recuerde esto, pero es mi deber hacerlo y advertiros. Nada de magia dentro de la Ciudad Prohibida sin autorizacion de al menos de uno de los Capitanes y muchisimo menos delante de la Emperatriz.", esperaba que el Ishi no se ofendiese por sus palabras. No creia que fuese necesario aclarar las consecuencias de tal proceder.

Al ingresar Daisetsu se vio sorprendido por la recepcion. Mas cuando la sirvienta ofrecio servir el te a ambos. Honestamente creia que solo estaba cumpliendo la funcion de mensajero en esta ocasion, sin embargo, al parecer, Yurikohime tenia pensado algo diferente para esta ocasion. ¿No habia sido suficiente que lo torturase Onnamura por el mediodia para ahora intentar ser humillado otra vez frente al Ishi? ¿Que planeaba la Rosa?, se pregunto el Seppun.

En otra ocasion hubiera roto el hielo con un comentario, mas esta vez, se remitio a sentarse en el cojin para luego arrodillarse en suma reverencia ante la Dama Emperatriz.

Espero que Mitsuomi hiciese lo mismo y que fuese Yukirohime quien iniciase la conversacion.

Ahora volvia a ser simplemente un yoyimbo mas a su servicio...

Mitsuomi no podía evitar sentirse fascinado por todo cuanto veía. Kyuden Isawa no era un palacio austero y pobre, pero en él, Mitsuomi nunca había encontrado tanta belleza, tanta delicadeza en a elección incluso de los detalles más nimios, tanto gusto en la disposición de muebles, adornos, biombos y pinturas. La parte de dentro de él que anhelaba abandonar la senda de la magia y vivir ya siempre en la corte vibraba como una polilla que se acerca a una llama embriagada por la luz del fuego.

Asintió imperceptiblemente a las palabras del Seppun. Aquella advertencia estaba de más, pero en cierta manera era necesaria en un lugar como aquel. No se lo tomó a mal, de hecho casi ni le prestó atención.

Cuando llegaron ante Hantei Yukirohime, Mitsuomi ni se planteó alzar los ojos para mirar a la madre del Emperador. Mantuvo la cabeza gacha y la vista fija en el suelo, aunque por el rabillo del ojo vislumbraba los plegues del kimono, algún cabello que se deslizaba sobre la seda...

Se sentó junto al Seppun en la mesa de té, con la cabeza gacha tal y como prescribía la etiqueta. En una audiencia más... "formal" se hubiera arrollidado hasta tocar el suelo con la frente tres veces, pero en aquella situación tanta ceremonia parecía estar de más, algo ridículo.

Se extrañó de que la Emperatriz no hablara y de que el Seppun, habituado a hablar si duda con la Emperatriz en ambientes informales y sin duda también con cierta confianza, también callara. Había cierta tensión y Mitsuomi ignoraba la causa. Pero de momento su único papel era silencio. Y también su única fortaleza.

Oh, pero como deseaba que ella la derrumbase.

Los fríos ojos de la Emperatriz quedaron fijos en los del Guardia de la Rosa al terminar su genuflexión y le señaló que se levantara y que se colocara en un cojín, más allá de la mesita en la que había dos sitios. Al lado de su estrado, pero fuera del velo, de manera que quedaba sentado lateralmente justo al lado del escalón donde ella estaba alzada y un poco alejado de Mitsuomi. Esto te desconcertó un poco, pero ella no dijo aún nada, sólo te limitastes a obedecerla, colocándote en ese lugar tan militarmente preparado, como lo que eras un Capitan de la Guardia, no un invitado.


Un nube de humo salió de la boca de la Emperatriz mientras esperaba a que la criada sirviera las dos tazas de té, una la cual ya se sabía pero... ¿y la otra? y abandonara la sala por una pequeña puerta en el lateral por donde había aparecido, entonces, tras dejar un par de segundos de espacio empezó a hablar:

"Es todo un placer para mí... Teneros hoy aquí... Isawa Mitsuomi-san... Sobretodo tras el día de ayer y de hoy que llevo... Escuchando los murmullos de la Ciudad... pero, sobretodo, no he podido resistirme al deseo de un buen amigo... una guía para todos nosotros... que parece tenerle en tan buena consideración que ha despertado incluso mi atención..."

En ese momento sonó la puerta y al descorrerse levemente se vio la figura de Hanashirusato.

"Mi señora... vuestro último invitado ha llegado..."

La Emperatriz Yukirohime con un gesto de la mano hizo que ella le dejara pasar, y entonces se oyó el retintinear de unos aros de metal. Y lentamente, con una amplia sonrisa, entró en la sala... Sanzo.

"Maestro Sanzo... Cuántas veces le he dicho que no le hace falta traer hasta mi presencia todo vuestro acompañamiento... aquí, en mi presencia estáis más que a salvo... Sino observar cómo le he pedido a Seppun Daisetsu-san que se quede..."

Dijo la Emperatriz divertida al ver al monje entrar con su báculo, que nunca parecía abandonar, con su eterna sonrisa y sus ropajes más que simples. El monje se inclinó mucho al entrar y tomó posición. Una vez allí, tras dedicar un par de sonrisas a los otros dos invitados, contestó con tranquilidad:

"Mi señora, es en vuestra presencia cuando MÁS se necesitan estas "supercherías"... Recordar que no somos dignos de estar ante una diosa en la tierra... esta es sólo mi forma de no perturbar mi humilde karma con vuestra grandísima presencia..."

Un comentario que pudo sonar con sorna pero que sólo hizo que la Emperatriz sonriera de medio lado con tranquilidad.

"Bien... podéis hablar todo lo libremente que creáis oportuno en este momento, señores, después de todo... una charla "trascendental" no sería tan divertida si nos encorsetáramos con demasiadas reglas de cortesía..."

Demasiadas... pero no dijo que no a todas... ¿pero cuales sí y cuales no?...

"Supongo que estaréis ansiosos saber del motivo de esta reunión... y es que más bien debería ser Sanzo-sensei el que lo dijera... él mismo es el que me ha intrigado con sus quehaceres diarios turbados por un... joven Ishi..."

"Nos tenéis en demasiada buena estima, mi señora... Después de todo... lo único que yo os he contado es que este joven... es de los que faltan en estos tiempos... como shugenja y persona... Nada más."

La mujer sonrió con cureldad y añadió:

"Y qué debéis decirme ambos de esa visita privada al Templo de los Siete Kamis... no suele ser usual en esta mi Ciudad..."

Las palabras y la actitud de la Emperatriz Madre no hacían sino poner a Mitsuomi más a la defensiva aún si cabe. ¿Qué entendería ella por una "conversación trascendental"? Además al parecer le había invitado por lo que de Mitsuomi le había contado Sanzo. ¿Le habría contado la visita a los templos de los Kami o también lo de la Copa de Jade?

Apareció Sanzo entonces, portando su bo, con los tintineantes anillos aportando un curioso contraste al voluptuoso silencio de la habitación, sólo empañado por la voz de la Emperatriz Madre. ¿Qué tenía en mente Hantei Yukirohime? Había "invitado" a Sanzo y a Mitsuomi, mientras mantenía apartado al Seppun (¿Castigo?, ¿sadismo?). Osea que la conversación "trascendental" era con el isawa y el monje (de nuevo excluyendo al miharu, ¿ tal vez para insinuar su poca capacidad de llevar una conversación trascendental?). Además, al parecer ambos tenían una especie de propósito en común que Sanzo debía explicar.

Lo que no sabía era qué podía decir, cómo romper su silencio y dirigirse por primera vez a la Emperatriz Madre. Había pensado en lo que hubiera sido la salida lógica: inclinarse aún más profundamente y agradecer el inmenso honor que Yukirohime le hacía ("no soy digno de estar ante vuestra presencia", hubiera sido lo lógico a decir). Pero algo así había dicho Sanzo y había sonado a sarcasmo, como una broma privada entre ambos. El orgullo de Yukirohime no necesitaba aquellas palabras de parte de Mitsuomi en aquel contexto privado.

¿Qué decir entonces?

Fluye, Mitsuomi, se dijo a sí mismo, fluye como el agua. Sabes lo que tienes que decir, todas las palabras están en tu corazón.

El mundo entero, Alteza -dijo Mitsuomi con voz serena-. Esta mañana hemos visto el mundo entero.

¡Por Amaterasu! ¿En que estas pensando, Mitsuomi?, Daisetsu pensaba para sus adentros. Aunque claro, una frase como esa tan solo llevaba a mas preguntas, lo importante ahora es saber si Mitsuomi estaba a la altura de las respuestas que la Rosa esperaba.

Aun no era momento de actuar, por ahora debia callar. Su papel siempre era el mismo en tales situaciones, solo que no habia pensado que esta vez su presencia fuera necesaria. Menos aun con Sanzo presente.

¿Que juego es este, Yurikohime?

La Ama Emperatriz sonrió ampliamente mientras llevaba la pipa a la comisura de sus labios y dejaba escapar el aliento de su boca. Sanzo, mientras tanto, tentó el vaso con el té y lo olió un segundo antes de probarlo, tras un asentimiento largo a las palabras del Ishi.

"Así que observando mi mundo..."

Dejó escapar con aquella sonrisa malévola en la que se decía mucho más que en discusiones enteras, sobretodo con ese "mi" tan poco proununciado y tan sonado...

"Sanzo-sensei me decía hacía unas semanas lo aburrido que estaba, aún con todo lo atareado... por pensar que la corte perdía a sus mayores pensadores con tanto clima... de... ¿nerviosismo? Sí... de intranquilidad por ser o no ser y mantenerse o caer... Y, de repente... encuentra a alguien que le saca de nuestras charlas matutinas acerca de la religión del Imperio y del cuidado de los templos, de las profecías o falta de ellas... Con una emoción... que si no fuera porque le conozco bien... diría que es casi pueril... Como comprenderéis no he podido más que pensar que dicha persona debía ser... cuanto menos... peculiar..."

"Su Majestad exagera, como siempre... Yo lo único que le dije es que por fin el cielo empezaba a abrirse, y que hasta las estatuas de los templos sonreían esta primavera al ver tan resurgida la ciudad... Y aunque bien es cierto que vuestro nombre sonó... Creo que su Majestad es altamente perceptiva pues, aunque es cierto que en el poco tiempo que lleva en la ciudad hemos... congeniado... No somos ninguno tan dignos, creo que en eso todos estaremos de acuerdo, en llamar su atención de tal manera..."

O lo que era lo mismo, que era una controladora in extremis, pero eficaz, eso sí, pues debía haberse dado cuenta del leve cambio de humor de sanzo en un segundo, algo os lo decía... Y su expresión, sin quitar aquella sonrisa tranquila y calculada no decía menos. Entonces, tras tomar una calada larga prosiguió la mujer más poderosa del Imperio.

"Siempre tan humilde... Pero no me negaréis que es más que casualidad que mi Capitan de la Rosa y vos hayáis coincidido con un nuevo llegado a la ciudad en tan corto periódo de tiempo siendo... ambos... tan diferentes... Creo, que son dos personas a las que le llamó la atención a mi favor... Bueno... Dos... ¿O eran tres, Isawa Mitsuomi-san? Puesto que... juraría... que os han visto entrar en el Loto y el Pétalo... y a esa casa hay que ser invitado... por alguien muy rico y poderoso... Que reconfortado debéis sentiros al llegar a esta ciudad y en cuestión de días... estar... dónde no muchos han estado... Debéis sentir vértigo..."

De la caída, fue lo que no dijo pero... se entendió...

Abismo que llama al abismo,

en el fragor de tus cataratas,

todas tus olas y tus crestas

han pasado sobre mí.

Palabras de Doji Akikonomu en la obra Noh, Arashi, que pronuncia cuando se dispone ha saltar por un acantilado a causa de la muerte de su amor.

La voz de Mitsuomi se había vuelto menos tensa. En su rostro había una expresión serena, aunque mantenía la cabeza gacha, por supuesto, no podía si quiera plantearse en alzar la vista y contemplar a la emperatriz madre. Se limitaba a observar el reflejo de la habitación en el oscuro líquido dentro de la taza de té.

Desde que llegué a esta ciudad yo también estoy al borde de un acantilado, contemplando el abismo, las aguas oscuras y turbias que me aguardan si caigo. Lo estoy ahora y lo estuve ante Otomo Asano ayer por la tarde. Porque no existen las coincidencias, sino tan sólo lo inevitable. Soy un candidato al puesto de Maestro del Vacío de los Isawa, eso, en una conyuntura como la actual, me convierte en un peón valioso para muchos que intentan tirar de las cuerdas esta primavera. Reconozco estar sorprendido por todo lo que está sucediendo pero por otra parte comprendo la lógica detrás de la necesidad de lo que está sucediendo.

Daisetsu-sama, ¿acaso no os habéis interesado en mí por el puesto que puedo alcanzar? -dijo Mitsuomi, dirigiéndose al Seppun-. Dudo que en otras circunstancias llegaráis incluso a escuchar mi nombre, siendo como sería un simple ishi, otro shugenja más dentro de un clan de shugenjas. El encuentro con Sanzo-sama sí que parece más obra de la casualidad -Mitsuomi se volvió al monje y le dedicó una sonrisa y una inclinación de respeto-, pero después he llegado a dudarlo. No existen las casualidades, sólo la Necesidad.

Respira, Daisetsu. Respira hondo. Usa todo tu control mental para no levantarte e ir y estrangular a Mitsuomi.

Por fuera, Daisetsu simplemente dejo salir un leve respiro por su nariz y sonrio cortesmente.

Maldita seas, Yurikohime. Siempre retorciendo los hechos. Tan solo le habia contado lo que Sanzo le habia contado a el. Mas al parecer, la Emperatriz tenia ojos puestos tanto en el, como en Mitsuomi.

Curiosamente, gracias a Yurikohime, ahora sabia del encuentro de Mitsuomi con los Ojos. Y a su vez ahora, Yurikohime se enteraria del porque de la charla con Mitsuomi.

"Espero que mi visita no os haya llenado de falsas expectativas, Mitsuomi-san. Vuestro nombre era uno en una larga lista. Como a vos, tambien he entrevistado a otros candidatos a Maestros Elementales, como terminare de hacer mañana con el resto. Mas si debo admitir que algo me ha dado curiosidad de vuestra persona y es el hecho de que seais un candidato a Maestro Elemental del Vacio, cuando ya existe uno en ese puesto.", su rostro, impasible.

"¿No os resulta realmente curioso, mi Dama?", devolviendo el mando de la conversacion a la Emperatriz y proponiendo un juego diferente ahora, un juego sobre politica, uno que a ella de seguro le encantaria.
Tras las palabras del miharu, Mitsuomi miró al Seppun con una sonrisa. ¿Por qué era tan obtuso Daisetsu? Ël había dicho que Daisetsu se había interesado por el por "el puesto que puedo alcanzar", es decir por ser candidato a Maestro Elemental y Daisetsu había admitido entrevistarse con todos los Candidatos, es decir, había ratificado las palabras de Mitsuomi, pero en teoría pretendiendo contradecirle. Por eso Mitsuomi no había podido evitar la sonrisa.

Se pregunto por esa lista que mencionaba al Seppun. ¿Quién la habría confeccionado y por qué? Porque su aparición en ella era un detalle curioso, al fin y al cabo su candidatura se diferenciaba de las demás en que en teoría no era "oficial", pero claro en esta ciudad no había secretos y sin duda todos sabrían (como de hecho ya parecían saber) quién era Mitsuomi y qué podía llegar a ser. Probablemente aquella lista hubiera sido un requerimiento del Seppun al Fénix, tal vez a uno de los Embajadores. Intentaría averiguar al respecto.

Que por cierto ahora le debía un favor al Seppun, puesto que había desviado el tema de la conversación y Mitsuomi no se sentía nada cómodo teniendo que tratar el tema de Otomo Asano y la conversación que había tenido con ella. Hablar de los entresijos de su propia candidatura era algo mucho más sencillo, un terreno seguro, especialmente porque no ocultaba ningún tipo de secreto ni intriga especial.

Pero, ¿qué haría Hantei Yukirohime?

La Emperatriz no dejó de sonreir ni un segundo mientras parecía distrída mirando por una de las fusamas semi abiertas hacia uno de los patios, pero cada palabra volvía levemente el rostro.

"Sin duda..."

Comenzó diciendo.

"Estamos en tiempos extraños... Pero no es la Primera vez en esta primavera que oigo algo así... Después de todo juraría que hay una especie de Maestra del Fuego en funciones y un joven... más que prometedor buscándo el puesto... ¿Cómo se llamaba?... Isawa... ¿Seiryo-san quizás? Creo que sí..."

De nuevo aquella sonrisa calculadora, parecía que disfrutaba de aquello, pues en cada palabra no dicha es cuando se la veia más atenta, mirando desde el rabillo de sus enormes ojos del color de lo imposible.

"Pero lo cierto es que motivo de curiosidad es... Creo que lo extraño atrae a lo extraño... ¿verdad Sanzo-sensei?"

"En mi opinión, mi Dama, lo curioso lo atrae todo, creo que Mitsuomi-san y yo somos una muestra palpable... Puesto que aunque es cierto que hemos podido atraer nuestro karma... Creo que el joven Ishi estará de acuerdo en que no sólo atraemos personajes como nosotros mismos... Aunque... en una ciudad como esta donde hay ojos en todas las esquinas... ¡¿Quién pasaría inadvertido?! Sobretodo... a vos..."

A este comentario la sonrisa de la Hantei se amplio con un sordo "cierto".

"En casos como los de esta ciudad... Creo que fue Doji Yashiko-san la que una vez dijo... "No sólo los bushis están al borde del abismo"..."

La lengua, después de todo, era el arma más poderosa

Tanto Seyrio-san como yo aspiramos a un cargo ya ocupado; sin embargo, hay diferencias entre los dos casos.

Mitsuomi no quiso entrar en detalles al respecto. Las diferencias eran evidente y estaba seguro de que tanto Daisetsu como la Hantei estaban al corriente, y era muy posible que Sanzo también. No ahondaría más en el asunto mientras no se le preguntara más al respecto.

Y sí, lo curioso llama a lo curioso y a lo que no lo es. Hace cosa de un siglo, un monje adepto del Vacío, un antiguo Togashi, llamado Ippen postuló una curiosa teoría. Según él todas las cosas (personas, animales, plantas, incluso piedras) emiten lo que el llamó "radios". Esos varían en forma, tamaño y color, incluso en densidad. Surgen de todas las cosas y se conectan con aquellos otros radios que tienen alguna característica en común y por tanto se crean cruces, tangentes, nudos... Y dos seres o cosas conectados por un radio quedan irremediablemente destinados a encontrarse, desearse, en resumen que sus destinos quedan unidos. Imaginad una inmensa telaraña que lo abarca todo. Los llamó radios porque según Ippen son los radios de la rueda del mundo.

Mitsuomi calló un momento y tomó un sorbo de té. Sentía la boca algo seca, aunque poco a poco se iba relajando, pero nunca demasiado.

Personalmente, la teoría de los radios de Ippen no me convence demasiado. La veo demasiado artificiosa y abstracta y tan sólo para decir algo que muchos otros han expresado diciendo simplemente: Todo está conectado. Yo, como ya he dicho, prefiero creer en la Necesidad, que no en el Destino, donde las cosas suceden porque tienen que suceder, aunque sin que haya una voluntad que dirija las causas. Era inevitable que Sanzo-sama y yo nos conocieramos y que Daisetsu-sama recibiera una lista con mi nombre en ella, y que ambos os hablaran a vos, Alteza, de mí. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Para quién? Lo ignoro, aunque a menudo pienso que no hay ni siquiera un sentido para la Causa Primera y que la Historia tiene su propio e independiente movimiento, como una piedra que cae rodando por una pendiente. Tal vez, sí, hacia un precipicio.

Daisetsu no emitio comentario alguno esta vez. Demasiada filosofia para su gusto. Si alguno le preguntaba sobre el abismo, seguramente su respuesta no seria la que esperaban, por lo que prefirio callar y dejar que continuanse dando vueltas sin sentido.

Se pregunto cuanto tiempo perderia con esta charla y si Yurikohime queria castigarlo con semejante aburrimiento. Al fin y al cabo, hoy era su dia libre y esto estaba completamente de los deberes que hoy le correspondian. ¿Pero como negarse a una orden de la Emperatriz?

"¿Y ese antiguo erudito de tu Clan también tenía preparativos para sus teorías? Pues he oído que los Elementos se hayan revueltos en la capital...y que cada cual busca su teoría... Como que el orden ancestral está siendo manipulado... que las tradiciones son tales porque con el tiempo se ha demostrado su eficacia... Ese tal Ippen perdió una gran batalla en los lirbos de historia al no tener el carisma suficiente, o la convicción... como para conseguir imponerse... ¿No lo cree? Espero que el Fénix haya curado ese tipo de heridas desde el tiempo de tal sabio... sino me temo que muchas de sus teorías serán tomadas como abstractas y se perderán en el tiempo... ¿una pena no le parece?"

Dijo la Emperatriz con una lobuna sonrisa mientras dejaba la pipa en un soporte con forma de Dragón. Entonces Sanzo intervino:

"Me temo, mi señora, que no sólo cuenta la fuerza de uno para perdurar... sino la de cientos... o... la de una MUY poderosa..."

Dejó caer. Entonces sanzo miró a Mitsuomi y este notó como si su mente sufriera un golpe, un impacto que nadie fue capaz de ver, pero que desde detrás de las tranquilas orbes de sanzo le avisaban de qué era él, de que trataba de decirle algo... De que la Emperatriz iba a alguna parte... y que debía tener cuidado porque se acercaba...

Entonces... de repente, la Emperatriz cambió su expresión a una mucho más dura y dijo friamente:

"Hum... Sanzo-sensei... siento ser tan descuidada... pero... ¿Acaso no os dije esta mañana quese prepararan todos los templos para apartir de dentro de una semana oficiar ceremonias en honor a los Kamis... Después de todo tendremos... una...gran competición en breve..."

El monje fue a decir algo pero esta le interrumpió, claramente no quería escuchar respuesta.

"Espero que mañana tenga un informe completo..."

Eso era mucho trabajo si ya no estaba hecho, por lo menos llevaría una noche entera en vela o... salir corriendo a mandar a sus pupilos a que le ayudaran...

El monje respiró hondo y sonrió.

"No pensé que tuviera tanta prisa... Vaya... ese es mucho trabajo me temo... Si quiero mañana por la mañana a primera hora tener nuestra pequeña sesión... me temo que debería irme ahora mismo pero... qué desconsiderado por mi parte!"

La mujer sonrió amablemente y negó con la cabeza.

"En absoluto... Siento ser tan despistada pero es que ayer mi astrólogo me dijo que debía de atar bien las cosas hoy mismo porque a aprtir de mañana las cosas cambiarían mucho y muy rápido..."

"Claro... las estrellas... son signos divinos después de todo..."

Añadió Sanzo antes de levantarse lentamente. ¿A dónde iba todo esto? Sanzo miró a Mitsuomi un intenso segundo antes de decir:

"Bueno... jovencito... nos veremos pronto... estas son las cosas de palacio... Cuídese..."

Los dos no salíais de vuestro asombro, cuando de repente...

"Sanzo-sensei... aguardad... mi dama de compañía no está ya en la sala contigua... y hemos cambiado toda la disposición... será mejor que alguien con una mente lúcida le acompañe o se perderá y terminará en el guardaropas..."

Bromeó, a lo cual sanzo sonrió sabiendo lo siguiente...

"Daisetsu-san... sería tan amable de acompañarle... ya que le veo algo... distraído..."

Y en un segundo... todo había cambiado... ¿pero hacia donde?

"Disculpadme, mi Dama. Mi obsesion por vuestra seguridad seguro que me ha hecho perder fragmentos de tan exquisita conversacion.", dijo tras luego levantarse, girarse hacia la Emperatriz.

"Vuestros deseos, son mis ordenes.", una frase demasiado comun y corriente, pero no entre ellos dos.

Se acerco hasta Sanzo y realizo un leve gesto con su mano.

"Por favor, acompañadme, Sanzo-sama.", y una vez cuando el monje hubo dado un paso hacia la salida se giro hacia Yurikohime con un rostro impasible y carante de emociones.

"No os preocupeis, mi señora. No hace falta que lo mencione. De inmediato enviare a una dama de compañia para que este a vuestro lado."

Ante lo cual hizo ahora una mas que profunda reverencia sin palabras de despedidas y una muchisimo menor hacia Mitsuomi.

¿Alguien debia preservar el honor de la Emperatriz, neh? Eso le pasa por llamarlo distraido. Como se habia atrevido, encima delante de Mitsuomi.

Esperaba que los astrologos pronosticaron una buena noche para la Emperatriz, porque algo demasiado importante deberia pasar para dejarle pasar semejante comentario.

¿A qué jugaba la Emperatriz Madre? Le invitaba a una audiencia privada nocturna, en la que no solo dejaba a un Seppun ligeramente apartado, sino que además invitaba a Sanzo. Después, tras algo de conversación "trascendental" cambiaba bruscamente y despedía al monje con una torpe excusa y acto seguido al Seppun con otra excusa, pero esta vez claramente hiriente, de manera que Mitsuomi se quedaba a solas con la Hantei. ¿Para qué? ¿Con qué propósito había orquestado Yukirohime todo aquello?

Intento relajarse un poco sumergiéndose en la cortesía.

Buenas noches, Sanzo-sama -dijo con una sonrisa despidiéndose del monje-. Ha sido un honor encontraros de nuevo. Gracias por todo lo que habéis hecho por mi -y metalmente le dijo Gracias por vuestra advertencia- y espero que si considerais que mis pobres cualidades puedes serviros de algo no dudeis en llamarme.

Se dirigió entonces a Daisetsu, algo más cortés, menos sonriente, más formal.

Buenas noches, Daisetsu-sama, ha sido un honor conoceros y espero que nos volvamos a encontrar -Por supuesto que se encontrarían, al día siguiente de hecho, pero la cortesía era la cortesia.

En breve se quedaría a solas con la verdadera soberana de Rokugan, ¿qué haría ella? ¿y qué haría él?

Al salir de la sala Sanzo suspiró profundamente mientras sus hombros parecían relajarse, entonces mientras andaba hacia el pasillo te dijo:

"Parece que la Hantei anda muy enfadada... Creo que nuestra actitud hoy ha despertado sus ansias... vengativas... Y siempre estáis vos en el centro..."

Suspiró de nuevo y se encogió de hombros, luego le dio un golpecito en el del seppun.

"Esto me pasa por defenderos... Esta tarde al parecer se ha corrido la voz de vuestro "numerito" con el Shosuro... Nunca debisteis rebajaros a ese nivel... Y más si hay Otomos escuchando... o pensando que os estáis dejando vapulear... No es mi opinión, por supuesto... por eso intercedí por vos en mi charla con la Emperatriz de esta tarde... Esta muy inquieta por los astros últimamente y las predicciones, al parecer lleva teniendo malos sueños unos días y como los astros no le dicen nada mejor esta altamente irascible... Eso unido a que fue una mala idea mostraros como hombre protector con alguien que había sido llamado personalmente... Supongo que esta es la forma de decirnos que en SU imperio entra y salen quien y cuando ella quiere... ¡Qué le vamos a hacer! A mi me esperan muchas situaciones semejantes... después de todo hace tiempo Ella me dio la libertad para actuar como quisiera... es una suerte que mi cabeza no ruede por ello..."

Bromeó. Entonces te cogió del brazo y añadió:

"Pero te daré un consejo si quieres mantener tu cabeza fría... Para actuar como siempre lo has hecho vas a tener que dejar de mentirte, porque si piensas que "lo haces por su seguridad" cuando en realidad hay otro porqué... Las situaciones como estan van a ser muuuuchas..."

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Oct 26, 2008 5:33 pm

"Gracias, Sanzo. Es realmente un regalo de las fortunas el tenerte como amigo.", sonrio como casi avergonzado.

"Fue todo una trampa de ella y cai estupidamente en ella. Este sujeto hablaba como si me conociese toda mi vida y lo peor, me deje llevar, deje que las palabras de otro tuvieran poder sobre mi...", moviendo la cabeza de un costado para otro como negando que hubiera sido tan idiota de actuar de aquella manera.

"Mas no os preocupeis, amigo. Esta noche todo llegara a su fin y todo habra de comenzar otra vez. Para bien o para mal, ya no habra mas necesidad de que intercedais en nombre.", sonrio levemente con un atisbo de esperanza en su mirada.

"Mas cuentame viejo amigo, que le preocupa a Yurikohime-sama. ¿Que sueños son estos de los que me hablas? ¿Que profecias acaparan su atencion?", dijo como un amante preocupado, pero en ningun momento, dejar de observar que no hubiese nadie a su alrededor, ni remotamente cerca.

"Quizas, deberiamos hablar de esto en otro lugar."

"Veréis niño... Yo conocí a la Emperatriz antes de su ascención... Gracias a los Kamis... Hantei Okucheo nunca... se fijó en mi y por eso creo que aún sigo con vida...

Pero Ella siempre ha sido muy religiosa, aunque muchos no lo crean, por eso el Fénix puede permitirse aún estar sin consejo Elemental, sólo que le gusta asustarles... Según sé... su familia fue atacada generaciones atrás por un gaki que les trajo muy malasuerte hasta su nacimiento... pero la Emperatriz nació bajo un signo como el filo de una katana... con doble filo... podría empuñarla o ser cortada con él...

Por eso siempre ha tenido mucho cuidado con los astros y por eso todas las mañanas hablamos... Porque, la mayor benefactora de los templos de TODO el Imperio... es Su Alteza... aunque muchos no lo crean... Y desde hace años vive con más... ¿como decirlo? ¿Puede decirse que un dios tiene miedo?... Escapó de aquel invierno de muerte con maña y con ayuda divina, ella debe saber que nada es casual, aunque muchos no lo piesen...

Más... desde que su hijo es el Señor del Cielo en la Tierra está más... "inquieta" que nunca...Y debe ser porque el que más alto está más abajo puede caer... Un amigo mío hace muchos años lo llamó en broma "la psicosis del Emperador"... Y... sin embargo... cuán atroz fue lo del anterior reinado... es para pensar que es cierto que puede existir esa anomalía... ese miedo...

Al parecer... La... adivina personal de la Emperatriz ha debido decirle algo hoy que no le ha gustado nada... No sé que es, puesto que a esa mujer sólo se llega a través de ella... Y se niega a contarlo, sólo sé que lleva un día haciendo ofrendas y ordenandome que haga rituales para alejar a los malos espíritus... ¿Supercherías? Bueno... eso depende de quien lo piense... aunque yo no soy uno de ellos... pero si que es cierto que puede que sea exagerado... Es posible que su Majestad se encuentre estresada por los acontecimientos, esta primavera es muy importante... Todos sus... esfuerzos se resolverán ahora... Y aunque nadie sepa qué es lo que ella desea no dudo que está trabajando para que se consiga su objetivo, aunque sea en la sombra...

Hum... aunque siempre puede ser cualquier cosa... esa mujer es MUY complicada... debe ser realmente una diosa porque ese pensamiento rebuscado no es mundano!"

Rio el monje

"Lo cual es ironico puesto que en uno de esos templos os conoci. Para luego volver a vernos junto a la Emperatriz. ¿Casualidades? No lo creo. Cada uno forja su propio destino.", hacia tiempo que a Daisetsu habia dejado de importarle el destino que los Cielos tenian pensado para el. Desde que un Hantei le habia fallado a todo el Imperio, se habia jurado que algo asi jamas volveria a suceder. Desde que aquel momento, su destino siempre habia estado en sus manos.

Al parecer, Yurikohime temia a mas de una cosa. ¿Miedo a que Kiyasu se convirtiese en otro Okucheo? Eso era imposible. El joven Emperador era el alma mas bondadosa que habia conocido luego de Kakita Notatsu, a veces juraria que parecian hermanos de verdad. No, el miedo de la Emperatriz era de perder ese poder que habia construido hasta este momento, de no poder controlarlo todo, como el vil tiempo que escapaba de su alcance.

"Si no es mucho pediros, Sanzo, agradeceria que os reunais con Otomo Nishi y agregueis a la decoracion lo que considereis necesario para alejar los malos espiritus y otros simbolos que atraigan la buena suerte. De seguro, eso pondra a la Emperatriz de un mejor humor y hara que el evento le sea mas ameno.", sin contar la sorpresa que el le tenia preparada.

"No conozco los planes de la Dama, sin embargo, con saber su principal objetivo, es lo unico que basta.", sonrio Daisetsu levemente.

"Dudo que exista una persona que no pueda encontrar en esta ciudad. Veremos cuan bien la ha escondido."

Una vez hubiese terminado su conversacion con Sanzo, se iria directo a revisar los registros Seppun. Sin duda el nombre de una desconocida llamaria altamente su atencion y dudaba que Yurikohime le prestase atencion a algo tan mundano como un protocolo de seguridad, datos que serian mas que utiles, puesto que se aseguraria de investigar a todos los que hubieran visto a dicha adivina.

En el camino de todo eso, se encargaia de enviar a alguna doncella para que acompañase a Yurikohime.

Sanzo asintió con la cabeza mientras hablabas y dijo:

"El destino, con o sin amuletos, seguirá imparable su curso... sólo espero que no nos arrolle... Así pues... me marcharé a ver qué tal le va a la lengua de oro..."

Luego tu marchastes hacia el Registro, buscabas un nombre... ¿Pero cuál? ¿Qué es lo que pensabas hacer? El Registro era una enorme Sala en el Palacio de los Seppun, que ocupaba uno de los edificios que lo formaban en su planta baja por completo. Teniendo unas altísimas estanterías que llegaban hasta el techo lleno de papiros ordenados con un extraño sistema que pocos entendían y que requería de mucha práctica, pues aunque cualquier Seppun podría entrar no era lo habitual.

La guarda del registro estaba sentada medio adormilada leyendo un volumen enorme y polvoriento cuando entrastes en aquella sala rectangular en donde su centro era la recepción de la custodia, y a su alrededor había un par de mesas alargadas en donde se podía ojear los volúmenes y estudiarlos más a fondo. El resto... eran pasillos y pasillos rectos de estanterías que tocaban el techo con casilleros cuadrados de donde salían pergaminos enrollados y apelotonados de diez en diez. Encontrarlo sería... ¿Fácil?

Hizo una leve veña a los guardias y siguio como si nada ocurriese.

La unica manera de hacer esto lo mas rapido posible, era saber donde buscar.

Primero, la seccion que concernia a la Emperatriz. Luego la fecha del dia hoy. Y por ultimo, las horas de la mañana. Sino, empezando por el dia, las horas y luego la Emperatriz. Sin duda encontraria el nombre de quien se hubiera entrevistado con la Emperatriz. Luego seria cuestion de entrevistar a los guardias durante ese turno, como tambien ver los registros de quienes coincidian su entrada a la Ciudad Prohibida unos momentos antes.

Una lástima que fuera ya tan tarde para emprender la búsqueda de los que de por seguro ya dormirían, puesto que en las citas encontrastessólo un indicio de que aquella cita podría haberse dado, y era que entre la hora de después de la comida, su Alteza había pedido que nadie la molestara y había cerrado el Pabellón Oeste a cal y canto. Pero ni un nombre... Empezabas a pensar que aquello era más que extraño... ¿Y tu sin saberlo? La Emperatriz era capaz de mantener a alguien en la Ciudad Prohibida sin llamar la atención y mucho más... Lo cual no dejaba de ser otra exentricidad...

Pero ya era tarde y tus siguientes que haceres se cernieron en tu cabeza...
El pabellon cerrado... Ningun nombre... Deberia entrevistar a cada Seppun para obtener una descripcion de dicha persona... ¿Tan solo una descripcion?

Sin darse cuenta, habia tomado demasiado tiempo y tenia algo mucho mas importante por hacer. Mañana tendria a todos los Seppun bajo su mando, quizas mañana seria una buena oportunidad para averiguarlo. Claro esta, si sobrevivia a esta noche.

Cerrado

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