Conoce a los Clnes: El Clan Mantis

En rokugan hay muchas tradiciones, y detalles que aprender.<br>¿Que mejor que hacerlo de la mano de uno de los maestros?.
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Shosuro_Onnamura
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Conoce a los Clnes: El Clan Mantis

Mensaje por Shosuro_Onnamura » Jue May 13, 2010 3:58 pm

(Se recuerda que en esta crónica el Mantis es un clan menor. Para que no haya confusión, no he metido la historia de Yoritomo)


La senda de la Mantis
"Sé cual es mi lugar en la historia. Mi destino es derrotarte".
- Kaimetsu-uo –



Una vez, el hijo de Hida trató de vencer a las Tierras Sombrías antes de que su poder creciera lo suficiente como para suponer una amenaza para Rokugan. Osano-Wo llegó a ser una de las leyendas más famosas de la historia del Imperio Esmeralda. Se convirtió en una Fortuna por derecho propio y algunos dicen que también en la encarnación verdadera de la misteriosa criatura conocida como el Sexto Dragón.

Se dice que Osano-Wo era el hijo del Dragón del Trueno y que por las venas de su padre kami y de su madre Serpiente corría la sangre de los paraísos celestiales. Destruyó el reino de los Trolls y alejó del Imperio las Tierras Sombrías de manera tan aplastante que los demonios de Fu-Leng tardaron siglos en recuperarse.

Cuando decidió casarse, Osano-Wo eligió a la daimyo de la familia Matsu y, al poco tiempo, esta anunció su embarazo. Él lo celebró con sake, demasiado sake. A la mañana siguiente, se despertó en una choza junto a una campesina que le tendió su tetsubo con una sonrisa.

Nueve meses después, nacieron dos niños... en el mismo día. Osano-Wo reconoció formalmente al bebé de la campesina y lo trajo al palacio Hida para que se criara con su hermanastro León. Cuando hubo que elegir al sucesor del Cangrejo, el honor recayó sobre el primero.

Llena de furia, la esposa del Hijo de Hida se cortó los cabellos y los dejó en el suelo de su dormitorio. Después cogió a su hijo y se lo llevó a otras tierras para vivir su propia vida. Viajando a través de los grandes lagos de la bahía del Cangrejo, llegaron a una lejana hilera de islas conocidas como las Islas de la Seda.

El nombre del hijo era Kaimetsu-uo. Ésta es la historia de su clan.


Kaimetsu-uo

"Nunca temas hablar. Las palabras de los verdaderos samurai quedarán grabadas en la historia de los paraísos celestiales, aún cuando las gentes de este mundo sean ciegas a la verdad."- Doji Satsume –

Kaimetsu-uo, hijo de Osano-Wo, nació en el palacio del Cangrejo y, durante su juventud, vivió rodeado de lujo. Si bien no se conoce este clan por sus riquezas, Kaimetsu-uo recibió todo lo que necesitaba: comida, armas y el entrenamiento que le convertiría en uno de los mejores soldados del Imperio. A su modo de ver, le correspondían todos los derechos por ser el hijo del Campeón y era lógico esperar que un día sustituiría a su padre al frente del Cangrejo.

El día que Osano-Wo tenía que entregar Chikara, la espada del clan, a su heredero, Kaimetsu-uo sabía que no sería el elegido. Su padre había ido a verlo la noche anterior para la ceremonia. Ambos pasaron horas hablando de batallas y del deber y, al amanecer, el joven supo cuál sería su destino.

Cuando fue a la habitación de su padre, encontró a su madre sollozando y cortándose los cabellos. Él la ayudó a levantarse. "En pie, madre", le dijo, "Eres una Matsu."

"Soy una Matsu", contestó, "pero tu eres un Cangrejo".

"No, madre", dijo contemplando su daisho. "No sé qué soy, pero sí sé lo que no soy."

Entonces, madre e hijo abandonaron las tierras del Cangrejo. Kaimetsu-uo reunió a los pocos hombres que le eran fieles y se estableció en las islas del este.

Diecisiete años después, Kaimetsu-uo abía construido un pueblo y un gran palacio en un saliente escarpado y había reclutado una legión creciente de soldados. Un día recibió una carta de su hermano, ahora Campeón del Cangrejo. Su padre había encontrado la muerte, envenenado por un traidor que huyó hacia el territorio del Fénix.

"No puedo vengar a tu padre", había escrito el hermano de Kaimetsu-uo. "Debo permanecer aquí y defender el Imperio de la amenaza de las Tierras Sombrías".

Clamando venganza, Kaimetsu-uo llevó a sus hombres a luchar contra los Fénix. Las familias del gran clan oyeron rumores de que se aproximaba un contingente y rieron tras sus abanicos mientras bromeaban con sus aliados Grulla. Nadie había tomado precauciones cuando llegó la tormenta.


Solo diez naves siguieron a Kaimetsu-uo a la costa septentrional, diez barcos kobune llenos de hombres leales. Cuando se acercaban a la ribera de Kyuden Isawa, el cielo enegreció y la oscuridad les hizo llegar desapercibidos ante la mirada de los poderosos hechiceros de las murallas Fénix.


Los rayos los guiaron a través del mar y el viento golpeó las caras de los soldados enemigos. Aunque los Isawa llamaron a los espiritus del aire y el agua, ninguna magia fue capaz de disipar la poderosa tormenta. Los hombres de Kaimetsu-uo ganaron la costa y, sin miedo alguno, se abrieron paso hasta los muros encantados del palacio. A pesar del viento, los Féniz arrojaban lanzas de fuego e hicieron que las columnas de piedra se desplomasen al paso de los invasores. Algunos hombres de Kaimetsu murieron tragicamente, pero de sus labios no salió sonido alguno mientras avanzaban junto a su señor. Ningún sonido advirtió de su ubicación.

Cuando llegaron a las puertas de Kyuden Isawa, sólo quedaban en pie quince valerosos samurai. Kaimetsu vio las gigantescas defensas de roble firmemente sujetas en la piedra y elevó las manos al cielo tempestuoso. Empapado por la lluvia y el granizo y extenuado por la agotadora ascensión, espero un instante, tomó aire y aulló como un loco en medio de la tormenta.

"¡PADRE!", grito, "¡Permíteme vengar tu muerte! ¡Dame una señal de tu voluntad y removeré las montañas para encontrar a tu asesino! ¡Ábreme las puertas; no fallaré!". Dicho esto, el hijo de Osano-Wo alzó la espada y abrió un enorme surco en las puertas de madera. Tras el golpe se oyó un ensordecedor estruendo, y del cielo cayó una gran llamarada azul que hizo explotar las puertas, sacándolas de los goznes de hierro. Los guerreros tenían el camino despejado.

Los Isawa, abrumados por la flagrante intervención de las Fortunas, ofrecieron un pacto a sus atacantes pese a su insignificante número, les entregaron al asesino de Osano-Wo y les ofrecieron, como compensación, plata y joyas. Exhaustos, pero satisfechos, Kaimetsu-uo y sus hombres volvieron a las tierras del Cangrejo con la cabeza del culpable. Una vez allí, el y su hermano llevaron el cuerpo de su padre a las llanuras que lo vieron nacer y lo incineraron.

Desde aquel día, los descendientes Mantis de Kaimetsu-uo han sentido siempre cerca el espíritu de su antepasado y la influencia que tiene éste en sus vidas. Sus corazones siguen con el cangrejo, pero sus almas permanecen junto al hijo que siempre estuvo allí.

En las Islas de la Seda y Especia vivieron los descendientes de Kametsui-ono y sus familias. Al principio no eran nada nada, sólo comerciantes, piratas y barcos, pero no eran clan hasta hasta que llegó Gusai…


Acero y Palabras (Gusai)

Gusai fue el primer gran daimyo del Clan Mantis, el clan de marineros y mercaderes que viven en las costas de nuestro gran Imperio. Gusai era un poderoso daimyo y un gran señor, y fue llamado a la corte del Emperador para que fomentase el comercio por el Imperio, ya que en aquellos días, los Mantis eran ricos.
Pero Gusai se quedó sentado en la corte y no pronunció palabra alguna, mientras todos los cortesanos del Imperio hablaban y negociaban. Pasaron los días, y Gusai sin hablar con nadie que no fuese el Emperador.
“Diálogos y acciones,” le dijo al Hantei, “son las bases del gobierno. Pueden mover el cielo y la tierra, pero no son tan fuertes como el acero.”
El Emperador le dijo a Gusai, “Muéstrame que el acero es más fuerte, y te haré un señor de mi corte.”
Con el movimiento de un guerrero, Gusai sacó una daga escondida entre sus ropajes, y la puso al lado del cuello del Hantei. “No hay nada que pueda quitarte la vida tan fácilmente como el acero. Si no conoces el miedo, entonces no respetas el acero.”
El Emperador sonrió, y Gusai apartó la daga. “Muy bien, Gusai-san,” dijo y llamó a la guardia. “Has demostrado lo que querías decir. El acero es lo suficientemente fuerte como para hacerte señor.” Con un movimiento de la mano del Emperador, Gusai fue nombrado primer daimyo del Mantis, de mar a mar. “Tus hijos llevarán tu nombre, y tu clan será bienvenido en mi corte.”
“Pero, Señor Gusai, antes de irte,” sonrió el Hantei, “deja que te muestre como pueden ser más fuertes las palabras.” Con un movimiento de su pincel, firmó la orden de ejecución de Gusai, y ese día el sol se hundió en un mar ensangrentado.
Datos sobre el clan Mantis:

La Mantis era el clan menor más poderoso de Rokugan, debido a su gloriosa y consolidada historia y, aunque no es el más rico, obtiene numerosos recursos a cambio de las apreciadas sedas que producen sus islas. Esto ha permitido que se entretengan inventando técnicas y creando un estilo de lucha propio.

A menudo son los sirvientes de la Mantis, maestros indiscutibles de la navegación, quienes llevan los barcos kobune. El conocimiento de los rokuganeses a cerca de esta materia es bastante limitado, por no hablar del peligro que suponen los tsunami o grandes olas oceánicas, así que nunca se ha podido dominar el arte de la navegación en alta mar. Ésta es la razón por la que los Mantis han preferido concentrarse en el uso del viento, las mareas y otros recursos de las aguas costeras, y por la que, por todo el litoral Doji, pueden verse barcos que transportan plata del territorio Fénix, seda de la Mantis o hierro y acero de las montañas Cangrejo.


Territorio

El clan vive en un fértil archipiélgao al este de la ribera del Cangrejo (y cerca de Kyuden Doji) formado por islas tan bellas como peligrosas. Muchas de ellas son de origen volcánico y sus cumbres nevadas se elevan por encima del horizonte hasta arañar las nubes. No todos los volcanes están activos, pero todos los años numerosos terremotos sacuden sus playas.

Una de las montañas, llamada Nemuiyama (la Montaña Dormida), se ha formado por la superposición de miles de capas de lava y ceniza alrededor de un enorme cráter. A lo largo de los siglos, el volcán, situado en una pequeña isla junto a Toshi no Inazuma, ha ido recogiendo el agua clara de la lluvia para formar un lago cristalino en su obertura. Los Mantis consideran que éste es un lugar sagrado y han llenado la ladera de pequeños santuarios.

Cuando se produce un terremoto, los campesinos suelen decir que se trata de los ronquidos de Osano-Wo que, años después de haber dejado de ser Campeón del Cangrejo, viajó hasta las Islas de la Seda para morir con su verdadero hijo. Esta claro que no es más que una superstición plebeya, pero incluso algunos de los samurai Mantis mejor situados creen que el espíritu de Osano-Wo vive en el archipiélago y vela por los descendientes de su hijo exiliado.

Y así el Clan Mantis fue Clan Menor, hasta que llegó Yoritomo… Este Daimyo de la Mantis unió a varios clanes menores (Mantis, Avispa, Ciempiés) Y creó la Alianza de Yoritomo, que tomó parte en la gran batalla contra Fu-Leng el Segundo Día del Trueno..
La apreciación de la belleza es el comienzo de la sabiduría

Bajo el cielo de la noche silbo sin canción, trazando constelaciones con los dedos

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