Preludio: Edificando

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Nov 28, 2010 4:19 pm

Kashiwagi no respondió inmediatamente. A tu pregunta siguieron unos largos segundos de silencio. Casi pudiste notar como el ambiente se relajaba. El estallido de ira había pasado y, al parecer, aquella misteriosa entidad se estaba calmando de nuevo.

Y de pronto, del interior de la pérgola cubierta empezarón a surgir oleadas y oleadas de algo que sólo podías definir como "poder", poder puro y simple. No había una luz radiante ni otros efectos majestuosos, simplemente notabas aquella emanación con cada célula de tu cuerpo.

Como una ola inacabable, el poder de Kashiwagi se derramaba sobre ti, haciendo que todo tu ser se estremeciera. Tus piernas te fallaron y caíste al suelo. Te costaba respirar, abrumado por aquella energía invisible que amenazaba con aplastar no sólo tu cuerpo, sino también tu espíritu, que de pronto parecía tan pobre en comparación con aquella presencia apabullante.

Tu existencia misma quedaba en entredicho. Ante aquello, tu vida parecía algo insignificante, menos aún que una mota de polvo. Eras un ser miserable, un insecto.

Aquella energía fue desapareciendo poco a poco, liberándote de esa presión abrumadora sobre tu persona. Finalmente, desapareció del todo.

Y, bien, Hida Genbu -escuchaste la calmada voz de Kashiwagi desde detrás de las cortinas de mimbre-, ¿aún dudais de que pueda pagar vuestro precio?

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Hida Genbu
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Mensaje por Hida Genbu » Dom Nov 28, 2010 6:39 pm

- Grrrr - fue la respuesta del general, con sus manos apoyadas en el suelo aún de rodillas, alzando ligeramente la cabeza para contemplar detrás de aquella pergola la fuente de ese inmesurable poder. O aquello que se dejara ver.

Nervioso y asustado en parte, con entereza y confianza en su semblante por su caracter e ideales, se incorporó lenta y suavemente, aún costandole volver en sí. Sus musculos estaban agarrotados, sus extremidades tardaban en responder y un pitido reverberaba en su cabeza haciendole consciente de los resultados de una comparación de poder entre este ser y el Cangrejo. Era ahora cuando lamentaba haberse saltado todas las clases del Tao y de religión por ir a cazar mujinas con el joven Kenchi. ¿Contra qué demonios se enfrentaba? ¿Un ser legendario, espiritus, un dragón? No sabía responderlo y no daba crédito a ninguna de las leyendas de la escasa mitologia rokuganí que conocía para hallar una respuesta, no creía en esos viejos cuentos de matrona.

- No, no pongo en duda tu inmenso poder - dijo seco y simple mientras se terminaba de incorporar y ajustaba su katana una última vez a su obi. Contra él no le servirían las espadas. Maldijo por lo bajo al no poder hacer cumplir hoy su promesa: matar a esa joven kozue y su señora*. Se detuvo unos segundos con los brazos en jarra para estudiar su posición y razonar si sería posible.

- Pero no me has dado una garantía ni se porqué he de hacerlo yo y no otro. Aquí, que me has traido a tu trampa, tu poder será grande. Pero no puede serlo tanto fuera de estos muros y menos en aquella ciudad. Si no no recurrirías a mí para quemar un árbol. Negarme puede que implique mi muerte pero perderás tiempo en buscar y convencer a otro - busca a otro con menos ideales se guardó de decir -. Si eres capaz de convertirme en el próximo Emperador vivo de Rokugan durante al menos muchos años y me das una garantía de ello, cumpliré mi parte - respondió socarrón. Era labor del ser percibir cuanto era ironía y cuanto verdad en sus palabras. Si no le hubiera amenazado con su muestra de poder el Hida hubiera sido mucho más manso.

OUT: * Percepción más Batalla DF 30 = 42.
A la menor señal de peligro Agilidad + Atletismo y salgo por patas, con Vacío y aumentos si es necesario.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Lun Nov 29, 2010 9:05 am

Por supuesto que hay otros -replicó Kashigawi con tono irritado, pero sin llegar a mostrar realmente enfado y, probablemente, esa irritación no iba dirigida contra ti, sino contra la situación en general-. Mikan Mura va a ser un lugar muy visitado esta primavera y, por primera vez, no solo por ese maldito árbol. Pero de entre todos ellos, tú, Hida Genbu, eres quien más cercano puede estar a mis deseos. Sí, se de la misión que se te ha encomendado, una misión que sin pretenderlo sirve a mis propósitos. ¿Entiendes ahora por qué te he elegido a ti? Tan sólo tienes que hacer el trabajo que tus superiores te han encargado, asegurándote, simplemente de que en la conflagración final, sea cual sea el estado en el que quede la ciudad, el árbol sea destruido para siempre. No se trata de que tú mismo destruyas la ciudad, basta con que no entorpezcas la tarea de quienes sí desean hacerlo. Tú misión más importante, la que te ganará mi recompensa es la muerte del árbol. En cuanto a tu precio...

Viste como Kozue apareció a tu lado, caminando hacia la pérgola. Entre sus manos llevaba un pequeño cojín de seda púrpura. Cuando estuvo junto a la cortuna frontal, ésta se movió ligeramente por el lado izquierdo. Viste como la larga manga de un kimono grande y de apariencia antigua se posaba por un momento sobre el cojín para retirarse a continuación de nuevo a la penumbra tras las cortinas.

Kozue se giró y avanzó de nuevo hacia ti. Cuando estuvo a un par de pasos de ti se detuvo. Su mirada era igual de inexpresiva. Te estaba tendiendo el cojín, invitándote a coger el objeto que ahora reposaba sobre él.

Se trataba de una llave dorada lo suficientemente grande como para abrir la puerta principal de un gran recinto.

Toma esa llave -escuchaste decir a Kashiwagi con solemnidad-. Cuando termines tu trabajo encontrarás la puerta para la que ha sido creada y entonces... te convertirás en el Emperador de Rokugan.

No había doblez alguno en aquellas palabras. La certeza de que eran ciertas acudió a ti como antes lo había hecho el inmenso poder de aquel extraño ser.

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Hida Genbu
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Mensaje por Hida Genbu » Mar Nov 30, 2010 1:26 am

Daba igual su veteranía o experiencia, Genbu se quedó petrificado. Su socarronería y altivez se verían traicionados por la aceptación demasiado literal de sus palabras. Observó la llave incredulo, intentando entender a que podría dar lugar. Un sueño, un futuro de sueños. O algo así. No podía estar ofreciendoselo en serio:

- Esto no es garantía. La llave podría dar a cualquier lugar, a otros reinos incluso y hacerme regente de un trono vacío. Os diría el nombre de esos lugares si entendiera de ellos. Haced que en Mikan Mura mi visita sea considerada como una especial de la familia Imperial, un invitado, un héroe de guerra o un lejano familiar, me da igual si Seppun, Otomo o Miya, y además de facilitaros vuestro objetivo al permitirme más facil acceso me demostraréis de que sois aquí capaz, en esta tierra, de cumplir mi deseo. Entonces, por supuesto, cogeré la llave - dijo el Cangrejo aparentemente honesto. Parecía estar convencido de aceptar.

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mar Nov 30, 2010 11:34 am

Desde el interior de las cortinas de mimbre surgió un pesado suspiró, semejante al rumor de las hojas de un árbol movidas por el viento.

Mortales -dijo Kashiwagi-. Tratar con vosotros es como hacerlo con una plaga de termitas. Pero debo reconocer que ahora me eres necesario, Hida Genbu y por ello debo armarme de paciencia.

Hagamos una cosa. Puedo hacer lo que me pides, pero, obviamente, no puedo mostrártelo aquí, pues se trata de ejercer influencia en tu Reino. Así que toma la llave, no entrarás en ningún compromiso por ello. Una vez que hayas dejado mi presencia esta última petición tuya se cumplirá. Y si a pesar de ello, no estás dispuesto a cumplir mis deseos, simplemente deja caer la llave sobre la tierra. Si esa es tu decisión final, no volverás a saber de mi, a no ser, claro está, que te interpongas...

Y, bien, general del Cangrejo, ¿cuál es tu decisión?

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Mensaje por Hida Genbu » Mar Nov 30, 2010 5:52 pm

Genbu se limitó a mostrar una cumplida sonrisa, se sentía orgulloso de su comparación con una plaga de termitas. Fuera lo que fuera estaba claro que hasta presuntos seres superiores se debían limitar a aceptar las capacidades de los más pequeños, fuera para resolverles sus problemas o para crearlos. Y eso implicaba también aceptar su capacidad de cambiar los planes. Lo que el Hida consideraba éxito en la negociación – y en este caso un cortesano le llamaría aprendiz – se translucía en que el propio Kashiwagi le estaba permitiendo tomar una opción una vez comprobara la veracidad de sus palabras. Por supuesto este era un pensamiento válido si el Cangrejo se fiará de su contertulio, caso que no era. Podía hasta estarle engañando desde el momento en que llegó aquí pero, sin saber cómo, se había visto envuelto en un asunto del que no encontraba forma de salir igual que llegó, es decir, sin saber nada del asunto:

- Así que si cojo esta llave y salgo de aquí, tendré esa oportunidad. Y si cumplo serás capaz de cumplir mi petición haciéndola realidad en este Reino – aguardó una confirmación final, aunque fuera por un simple suspiro o un movimiento arrítmico de la pérgola -. Bien, trato hecho - sentenció el general suspirando fuerte y tomando con calma la llave.

Acababa de firmar un trato con el Jigoku. Lo sabía.

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mié Dic 01, 2010 10:03 am

El alivio de Kashiwagi fue casi palpable cuando aceptaste por fin su petición.

Sea, Hida Genbu -dijo con un tono casi alegre tratándose de una voz tan áspera y extraña como la suya-. Toma la llave y en breve cumpliré mi primera parte del acuerdo. Tu llegada a Mikan Mura será recibida con gran regocijo.

Esa extraña niña, Kozue, seguía sosteniendo el cojín sobre el que reposaba la llave. Al tomarla notaste una abrumadora sensación de... ¿realidad?, como si la llave existiera de una forma más cierta, más potente que todo lo que habías conocido hasta ahora, incluido tu mismo. Sin embargo, el peso de la llave no contradecía su apariencia.

Bien -dijo Kashiwagi una vez cogiste la llave-. Es hora de partir. La Ciudad de la Mandarina te espera. Ah, pero antes permiteme aconsejarte que en un futuro no muestres interés alguno en las máscaras Noh, aunque sea cierto ese interés.

Y, sin más, te encontraste en una calleja. Reconociste la fachada que se alzaba frente a ti: era la misma casa donde ¿minutos? ¿horas? ¿segundos? antes la niña, Kozue, había abierto una puerta que te había conducido al reino de Kashiwagi; sin embargo, dicha puerta ya no existía.

Como evidencia de tu extraña reunión tan sólo quedaban tus recuerdos y la pequeña llave dorada en tu mano.

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Hida Genbu
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Mensaje por Hida Genbu » Lun Dic 06, 2010 1:57 pm

La misma sensación de realidad que pesó sobre él cuando tomó la llave fue la de pesadumbre que pesó sobre su cabeza al aceptar conscientemente el trato. No trataba con onis, era un primer paso. Esperaba que tampoco con seres del otro lado. No tenía muy claro como sería ahora su llegada a la ciudad pero, posiblemente, el hacerle ver llegar a Mikan Mura como alguien relativamente conocido acabaría siendo a largo plazo más una maldición que una bendición para su persona. Siempre me queda la opción de recurrir a la diplomacia Cangrejo se contentó pensando.

Guardó la llave, pesada y fría, en su obi de forma inaccesible y oculta y echó un vistazo a su alrededor, confundido. Como pensaba este era un lugar de sueños o una puerta a otro mundo. Hasta tal punto que ahora, amablemente, le habían echado de allí.

Miró al cielo de manera soñadora y escupió al suelo. Así que así comenzaba su viaje. Rechistó a la nada y se dirigió a la casa de sake más cercana. Ya después de media jarra podría por fin volver a dedicarse a sus compras antes de salir mañana de viaje. Necesitaba un trago.

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mié Dic 08, 2010 1:00 am

¿Te sorprendía que la gente siguiera con sus quehaceres diarios con toda normalidad? Ninguna de todas aquellas personas sabía de tu encuentro con aquella extraña entidad, Kashiwagi, ni de la llave que llevabas oculta bajo tus ropas. Era aquel un día sin nada de especial para el común de los habitantes de la ciudad y, sin embargo, tu sabías que nada volvería a ser igual, al menos para ti.

En busca de una buena casa de sake, caminabas por una de las grandes avenidas de la ciudad. De pronto, algunos metros por delante de ti, viste como un palanquín pasaba bajo un gran torii rojo, la entrada de algún importante templo de la ciudad (¿cuál? Lo ignorabas: había tantos templos en aquella maldita ciudad...). El palanquín estaba escoltado por dos hileras de cinco samurais Seppun y sobre sus blancas cortinillas distinguiste las cuatro serpientes enroscadas del mon Otomo. Al parecer algún distinguido miembro de aquella familia había acudido a aquel templo y ahora lo abandonaba, una vez concluidas sus plegarias.

Y, de pronto, tu mente se vio asaltada por una certeza tan absoluta que casi dolía, un pensamiento que no podía pertenecerte pero que ahí estaba, aferrado a tu cabeza como un aguila que clavara sus garras en una presa.

El torri se va a romper y caerá, aplastando el palanquín.

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Mensaje por Hida Genbu » Mié Dic 08, 2010 11:05 am

Ignoré el templo pero no su torii. Mis conocimientos hacían que ni me preocupara en reconocer la imagen de a quién estaba dedicado el templo pero los mismos conocimientos y una rápida percepción notaron la debilidad en la estructura del torii, de su arco, y la fragileza con la que este se sostenía.

Ni una misera gota de sake, mierda tuvo como pensamiento principal mientras eran sus reflejos y agilidad quienes actuaron por el resto de su cuerpo.

¡SEPPUN -SAMA! ¡Protegedle, el torii va a caer! gritó exultante mientras por inercia saltó con todas sus fuerzas hacia el palanquín, con la sana intención de desviarlo de la trayectoria del arco de piedra por caer.

Por segundos ni se le ocurrió pensar que todo esto fuera destino.

OOC: Pues lo que sea + Atlétismo. Sin reparo alguno gasto Vacío o hago Aumentos si es necesario.

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mié Dic 08, 2010 9:18 pm

OUT: No se si lo has entendido bien. El pensamiento de que el torii va a caer no es una deducción que hayas podido hacer en base a tu conocimiento, sino un pensamiento que de pronto surge en tu cabeza, como si alguien te lo hubiera dicho de pronto (guiño, guiño, codazo, cozado XD)

IN

Al escucharte gritar, todos los Seppun se volvieron en tu dirección con una expresión sobresaltada. Pero no hicieron más.

Habías escuchado muchas historias sobre la lealtad de los Seppun y sobre su fabulosa capacidad de reacción a la hora de hacer frente a cualquier amenaza o acontecimiento inusual que sucediera cerca de cualquiera de sus protegidos; sin embargo, los diez Seppun que hacían de escolta del palanquín no parecían haber reaccionado en absoluto, puesto que se limitaban a mirarte mientras te acercabas a toda velocidad. Parecían completamente congelados.

Justo cuando llegabas junto al palanquín, apartando a un par de Seppun que parecían completamente atontados, escuchaste con toda claridad como se quebraban los dos pilares del torii. Fue un sonido terrible, que resonó en el silencio que se había apoderado del momento como un trueno que retumbara en una clara mañana.

El torii empezó ha desplomarse y su sombra se hacía cada vez más intensa sobre la seda blanca de las cortinas del palanquín; sin embargo, el torii caía con sorprendente lentitud. Te diste cuenta de que tenías el tiempo suficiente para salvar como quisieras al dignatario que se hallaba en el interior del palanquín.


IN
Tú dirás como "salvas" a quien está dentro del palanquín.

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Mensaje por Hida Genbu » Jue Dic 09, 2010 10:53 pm

Genbu se sorprendió. Razonó que hasta preveía el momento en que el torii se rompería, cómo y de qué manera.

Saltó con ligereza sobre el palanquín. Con todas sus fuerzas, adrenalina hinchando sus venas, dispuesto a coger entre sus brazos el hombre allí dispuesto, con la cortesía mínima que un torii asesino requiere, ajeno a su alrededor pues no tenía sentido preocuparse por unos miharu incapaces.

Cogió al hombre y sonrió. Le golpeó fuerte en el estomago. Y después en la cabeza. Por la izquierda, por la derecha, hasta ver su bilis imperial rezumar por su piel. Golpeó varias veces con fiereza, también crudeza, dispuesto a no desaprovechar esta oportunidad. Por fín podria cumplir sus máximas aspiraciones de desquitarse con la sociedad rokugani haciendola pagar con sangre de responsables. Y Kashiwagi tendría que de alguna manera taparlo para después seguir cumpliendo su palabra y esperara que yo hiciera su papel.

Abrió los ojos confuso. Se había dormido dos segundos encima del palanquín y frente a sí tenía a su pasajero. "Gentil" y con una sonrisa le cogió y saltó lejos del radio de acción de la amenaza que se cernía sobre ellos. Le apoyó suavemente en el suelo y trás un rápido vistazo, Hida Genbu se inclinó:

- Disculpadme por la rudeza de mis acciones -sama, pero vuestra vida corría peligro.

Dicho eso el arco torii por fin impactó al palanquin, hundiendolo sonoramente hasta el suelo. Genbu, caprichoso, sonrió. Esto era extraño. Realmente extraño. Ya lo pensaría mejor esta noche.

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Lun Dic 13, 2010 11:05 am

Te resultó muy sencillo coger al ocupante del palanquín y apartarlo de allí, pues se trataba de un enclenque anciano vestido con un exquisito kimono ocre con serpientes estampadas de color esmeralda. El mon Otomo brillaba, dorado, sobre su pecho.

Una vez que pusiste a salvo al viejo, el torii pareció acordarse de la velocidad a la que debía caer y se desplomó sobre el palanquín, haciéndolo pedazos. Al mismo tiempo, los Seppun parecieron recobrarse de su ensimismamiento. Los viste parpadear un par de veces, como si se despertaran de pronto de un sueño.

Tuviste que reconocer que entonces sí reaccionaron como su reputación decía. Rápidamente, nueve de los miharu os rodearon a ti y al anciano, adoptando una formación defensiva, mientras otro se acercaba a inspeccionar con ojo profesional los restos del infortunado palanquín.

¿Qué.. qué ha pasado? -balbució en Otomo. Su delgado pecho subía y bajaba con rapidez. Sus ojos estaban muy abiertos, mientras tu aterrada mirada permanecía clavada en la roja madera del torii.

Un terrible accidente, mi señor -respondió uno de los Seppun-. El torii de la entrada del templo se rompió y...

¡Muerto! -chilló el Otomo tan enfadado como aterrado-. ¡Yo estaría muerto!

El anciano se incorporó y dio un par de pasos tambaleantes en dirección a los restos del accidente.

Sama... -musitó el Seppun.

¡Calla! -le espetó el Otomo. La ira al parecer se había hecho más fuerte que el terror-. Mira como ha quedado mi precioso palanquín. Solo la seda de esas cortinillas ya vale más que vuestras miserables vidas. Y yo tendría que estar debajo... muerto... muerto...

Los Seppun, como un solo hombre, se arrodillaron frente a lo tomo, con las cabezas gachas y los rostros llenos de vergüenza.

Excelencia, os hemos fallado. Permitidnos entregaros nuestras insignificantes vidas como pago por nuestra imperdonable falta.

El Otomo pareció ignorar las palabras del miharu y se volvió hacia ti. En su rostro había una expresión que casi parecía... agradecimiento.

Yo tendría que haber muerto -te dijo-, haber quedado inerte bajo esa puerta de madera, pero no lo estoy y eso es gracias a ti, joven. Deseo conocer el nombre de mi salvador. Pero antes me presentaré, soy Otomo Yaju.

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Mensaje por Hida Genbu » Lun Dic 13, 2010 10:49 pm

Otomo Yaju. A Genbu le pitaba la cabeza: simplement le sonaba el nombre pero no caía en quien era. Daba igual. Era un Otomo, anciano y con diez guardaespaldas para una simple visita al templo. Para Genbu eso significaba que era alguien bastante importante:

- Es un honor conoceros mi señor, y el placer no es por ser vuestro salvador sino por tener la oportunidad de poder intervenir por vos - dijo acompañándolo de una menuda genuflexión -. Mi nombre es Hida Genbu, general de las huestes del Cangrejo, defendiendo siempre lo más importante del Imperio - mencionó con un tono cargado de idealismo -, como ahora, como siempre - musitó.

Incorporó la cabeza al terminar el saludo pero mantuvo la postura arrodillada.

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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Mar Dic 14, 2010 10:14 am

El Otomo estaba visiblemente complacido. De ser un gato habría ronroneado al escuchar aquello de "lo más importante del Imperio". Su expresión de enfado y angustia había desaparecido, siendo sustituida por una sonrisa de complacencia. Y tú eras el objeto de toda su atención.


Hida Genbu...
-el Otomo pronunció tu nombre como si lo paladeara-. La tortuga posee un caparazón muy duro. Un nombre muy apropiado para un Cangrejo, para un protector.

El anciano se volvió hacia los Seppun que aún permanecían arrodillados en el suelo, con sus frentes casi tocando la tierra de la calle.

Id a traer dos palanquines dignos -les dijo, cada una de sus palabras como un latigazo o, aún peor, como un escupitajo en plena cara-. ¿Sabeis cumplir una tarea tan sencilla?

Notaste que los Seppun se agitaron, aunque no pudiste saber a ciencia cierta si a causa de la rabia o de la vergüenza; sin embargo, tal reacción tan sólo duro un segundo, puesto que ante la orden de Yaju se incorporaron y dos de ellos salieron corriendo en busca de los medios de transporte adecuados para su señor y su acompañante.

Vendreis conmigo a la Ciudad Prohibida -te anunció Yaju con una sonrisa-. No, no, ni siquiera penseis en contradecirme. Deseo conocer más profundamente a mi salvador y es mi obligación agasajaros como os mereceis.

A pesar de la amabilidad que desprendía su voz, te quedó claro que cualquier negativa estaba fuera de cuestión. Aquel anciano estaba acostumbrado a dar órdenes y a que estas fueran obedecidas de inmediato. Te asaltó el temor de que tratar con Yaju te fuera a resultar más difícil de lo que ufe con Kashiwagi.

Los Seppun volvieron, acompañados por un elegante carruaje. A ti te pareció más que digno para trasportaros a ambos, de hecho "demasiado" digno, pero el Otomo murmuró un venenoso "incompetentes" que revelaba su disgusto por el hecho de que los miharu no hubieran traido dos palanquines, como él había solicitado.

Pero no hizo ningún comentario en voz alta, limitándose a asesinar dolorosamente a los Seppun con la mirada. En cambio, a ti te dirigió una sonrisa al tiempo que te invitaba con la mano a subir al carruaje por delante de él.

¿Habéis estado alguna vez dentro de la Ciudad Prohibida, mi querido Genbu-san? -te preguntó el anciano una vez estuvisteis acomodados dentro del vehículo. Los bueyes que tiraban del carruaje habían empezado ya a moverse con su paso lento y pesado-. Es un lugar remarcable, lleno de enclaves deliciosos. Estoy deseando mostrároslos todos.

Y Yaju se lanzó a una descripción verbal del interior de la Ciudad Prohibida, una descripción tan llena de detalles y anécdotas que cuando el carruaje se detuvo ante las puertas de la morada del Hantei, apenas te había hablado del Palacio Otomo y de los Jardines Acuáticos.

Yaju decidió que iriais andando hasta sus dependencias en la residencia de los Otomo y así podría enseñarte todos esos lugares de los que te había estado hablando.

Vosotros -dijo con frialdad dirigiéndose a los Seppun- podéis ir a vuestro señor a contarle lo que ha pasado y a pedirle que os deje hacer eso que tanto os gusta... abriros el vientre...

Detectaste un brillo de malicia en los ojos de Yaju al decir aquello. Los miharu no dijeron nada; hicieron una profunda reverencia con los rostros tan inexpresivos como los de una piedra y se marcharon.

Yaju te indicó que le siguieras. De nuevo continuó la prolija descripción de las maravillas de la Ciudad Prohibida, solo que esta vez los innumerables detalles y anécdotas históricas iban acompañadas de algunos lamentos por lo que podría haber pasado si el torii hubiera llegado aplastarle. Aquel anciano tenía un miedo horrible a la muerte.

Y a ti, ¿te estaba impresionando lo que veías? Conocías algún que otro Kyuden pero nunca antes habías estado allí, en el centro del poder del Imperio.

Mientras pensabas en aquellas cuestiones a la sombra del parloteo de Yaju, llegasteis finalmente al Palacio Otomo. Presurosos criados se inclinaban profundamente al encontrarse con vosotros en los largos pasillos y galerías. Incluso algunos Otomo que se cruzaban con vosotros se inclinaban ante el anciano. Estaba claro que fuera quien fuese, aquel hombre era una personalidad importante.

Al llegar a las estancias privadas de Yaju, fuisteis recibidos por una marabunta de chambelanes y criados que se apresuraron a seguir los deseos del Otomo. Os condujeron a una gran habitación que daba a una galería exterior. Un espléndido jardín te llenaba la vista. Dos bellas heimin dispusieron un servicio de te de exquisita porcelana de diseño exótico, probablemente de los Reinos de Marfil. También os sirvieron numerosos cuencos a modo de refrigerio.

Bueno, Genbu-san -dijo Yaju cuando estuvisteis sentados y el té se hubo servido-. Contadme. Quiero saberlo todo sobre mi salvador. Su historia, sus deseos, sus planes de futuro... todo...

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Hida Genbu
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Mensaje por Hida Genbu » Jue Dic 16, 2010 12:28 pm

Genbu asintió desde el principio al anciano Otomo. Cumplidor cuando hizo referencia a su nombre y la estrella bajo la que nació y más suave a medida que el Otomo recobraba confianza en si mismo e iba dictaminando el curso a seguir, por todos. No tenía sentido contradecirle y tampoco tenía intenciones de ello: agradeció con gestos su invitación y su propuesta a unirse a él y sin duda se mostró interesado por su invitación a la Ciudad Prohibida. Yaju se movía y hablaba con tanta carrerilla que el general Hida, más discreto, sencillo y pausado, se limitaba a seguir su ritmo permitiéndole hacer. El silencio, aparte de ser un arma en la cortesía y en la etiqueta, era también la mejor forma de no levantar sospechas ni problemas.

Su entrada en la Ciudad Prohibida tras el paseo en carruaje en el que absorbió todas y cada una de sus palabras fue lento y armonioso. Así que iba soltando las siguientes perlas de sabiduría en respuesta a todas y cada una de sus preguntas aisladas:

- Así es. Mi nombre se debe a la noche en la que nací, la noche de la constelación de la Tortuga Negra.

- No, nunca he estado en la Ciudad Prohibida Otomo Yaju-sama, pero será un honor hacerlo a vuestro lado.

- Que interesante. Sabía de las grandezas y maravillas de la Ciudad pero no que tantos secretos y joyas se escondieran a ojos vista. En verdad la vida aquí debe ser cuanto menos interesante – un pensamiento relativo para el Hida, quien no soportaría toda su vida encerrada entre cuatro paredes por mucha riqueza que le rodeara.

Después llegó la llegada. Y la marabunta de criados, acompañantes, guardaespaldas más la suma de su sequito abrumaron a Genbu quien, un par de veces, estuvo tentado de dirigir su diestra a su espada para la defensa del Otomo. Hasta percibir que tanta presencia desconocida, inmediata y de forma tan abrumadora parecía norma aquí. O al menos alrededor de su acompañante.

No evitó una curiosa mirada a las bellas heimin que les sirvieron, a quienes siguió con la mirada mientras observaba absorto la taza de porcelana en la que iba a beber su té. “Probablemente esta taza cueste más que las posesiones de toda mi familia viva” meditó. Y entonces Yaju se “sinceró”. O al menos pidió que así lo hiciera el Cangrejo. No se lo tomó a mal y de hecho se prestó a responderle tras un corto trago al brebaje, que más que té parecía maravilla reconstituyente con aroma a hierbas:

- Os lo agradezco Otomo Yaju-sama. No tengo secretos para vos así pues os responderé con gustos vuestras preguntas. Disculpadme si aún me siento un poco descolocado aquí: este lugar me abruma tanto como me impresiona a pesar de no tener claro si estoy abrumado por toda esta situación o por vuestra presencia. Probablemente ambas – sugirió con una leve sonrisa que elevó su mostacho.

- De mi creo que hay poco de contar para vuestro interés, o al menos mi vida no ha transcurrido en palacios, no en palacios como este. Nací cerca de la frontera Hida con tierras Kaiu, bajo el auspicio de la Tortuga Negra habiendo mi madre muerto durante el parto. No exactamente por el parto pero no os interesaran los motivos oscuros de los enemigos que luchamos a diario en nuestras tierras. Simplemente su último acto en vida fue asegurarse que mi vida continuaría. Fui criado y adoctrinado en tierras Kaiu por el maestro Kaiu Tsuru de quién aprendí prácticamente todo lo que he usado más tarde en mi vida. Mi gempukku en kyuden Hida fue lo poco que me separé de él dónde mi vida comenzó a seguir los caminos más marciales: las Tierras Sombrias y sus constantes batallas. Poco a poco iba dirigiendo desde pequeñas escuadras hasta más grandes comitivas. Aquellos lugares son oscuros, tenebrosos y sobretodo peligrosos. Ningún ser vivo debería internarse allí nunca sin un guía apropiado. No si quiere volver vivo. E igual que entró.

- Y entonces hubo un momento en que mi nombre debió relucir en alguna placa o pergamino. Me redestinaron a Kyuden Kaiu donde a manos de mi antiguo señor serví como su chico personal o como escolta de sus mensajeros aparte de instruirme en todas las artes propias de un general Kaiu o al menos capacitado para entrar en la batalla: desde la estrategia hasta el asedio, pasando por todas sus vertientes. Es muy habitual en nuestras tierras conocer en detalle todo. Nunca sabes qué te salvará la vida. Y mi vida como escolta de los Hiruma me llevó a muchas cortes y palacios, suficientes como para conocer la opinión de otros sobre la cortesía Cangrejo. Y probablemente de ello aprendí.


Genbu vació la taza de té de un trago en ese instante, probablemente soñador o ensimismado:

- Hay algún detalle más, como he dado caza a onis o vencido batallas en el sur de nuestras fronteras contra enemigos surgidos de las pesadillas de nuestros monjes. Después de mi adiestramiento mi destino fue siempre proteger nuestro terreno o, más habitualmente, avanzar en él, dirigiendo las incursiones. Si recientemente estoy aquí es… por casualidad. Me concedieron un año de permiso para recorrer Rokugan y aprender de sus dojos y leyendas. Para que mis habilidades como general… mejoraran. Pero no, no será así. Mis señores me han reclamado esta mañana para una invitación, en Kyuden Mura. Un estreno formal de un jardín zen o algo así. Como veréis, encajo apropiadamente en el perfil de la representación Cangrejo. Sonrió. Un pequeño pueblo de charcuteros se guardó de decir.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Vie Dic 17, 2010 5:12 pm

Fascinante -murmuró Yaju. Tenía la mirada perdida, tal vez evocando las historias que le habías contado sobre tu vida.

Viviendo en este recinto sagrado uno a veces olvida que existe el resto del Imperio -dijo con una sonrisa que no pudiste interpretar-. Una negligencia por nuestra parte, pero, ¿quién podría culparnos? Por ello mi agradecimiento es doble.

Habeis salvado mi vida. Me habéis librado de la terrible desgracia de ser aplastado por ese torii y morir de una forma ignominiosa, si ya de por sí indigna para cualquier samurai más aún tratándose de alguien tan cercano como yo, disculpadme si peco de arrogancia, a la cúspide de nuestro amado Imperio. Si hubiera muerto
-su voz se quebró por un momento- muerto... aplastado... mi cuerpo roto entre los restos del palanquíon...

Yaju calló durante unos segundos. En su rostro había una expresión aterrorizada y sus ojos estaban fijos en algún punto indeterminado. Al parecer estaba evocando de nuevo el accidente y las consecuencias que hubiera tenido de llegar a completarse el funesto acontecimiento. Aquel anciano le tenía demasiado miedo a la muerte.

Pero bueno, afortunadamente estabais vos allí para salvarme -dijo sonriéndote y librándose al menos durante un rato del terror que le había provocado el recuerdo de lo sucedido en las calles-. Y así podré seguir contemplando las maravillas de la Ciudad Prohibida por muchos años más.

Esa es la primer razón por la que debo daros las gracias. La segunda es por traer a mi pequeño, aunque maravilloso mundo, un pedazo distinto del Imperio.


Hermosas palabras, pero te diste cuenta que hablaba con el mismo tono de un coleccionista que encontrara una nueva pieza exótica para su colección. Tal vez habia dicho lo mismo al hacerse con aquel juego de té de rara porcelana gaijin.

Así que ahora vais a Mikan Mura -continuó diciendo con aire pensativo-. Bien, bien... Una ciudad curiosa. Hasta hace unos días no me parecía más importante que cualquier otra ciudad de provincias cuyos impuestos deben ser controlados; sin embargo, recientemente he oído hablar mucho de ella. Arashi-san tiene intención de ir junto con su hermano a la inauguración de ese jardín, el cual por cierto no es un jardín zen, sino un jardín poético, un tipo de jardín muy caro a los Asahina y a algunos Dragón.

Yaji se perdió por un momento en una breve conferencia sobre los jardines poéticos en Rokugan, su historia y sus características. Afortunadamente, se trató de un soliloquio breve, no parecía que el tema le interesa demasiado. A ti lo que te parecío interesante fue el momentáneo brillo que pudiste percibir en sus ojos cuando pronunció aquel nombre, "Arashi".

He oído que Kazutaka-san también irá -siguió diciendo y esta vez al pronunciar aquel nuevo nombre, Yaju frunció ligeramente el ceño y su en su tono detectaste un matiz de... ¿asco?-. Creo que será un evento muy interesante, aunque no sé si será digno de vos. Como bien habeis dicho, muchos no reconocería la valía de un Cangrejo.

No como yo, te parecío que hubiera querido decir para completar la frase. Lo que Yaju hizo entonces fue levantarse y pasear durante unos largos segundos arriba y abajo con expresión pensativa.

De pronto, llamó a un par de criados y solicitó material de escritura ("el de los documentos importantes, los verdaderamente importantes" le escuchaste decir) y su sello personal.

Cuando todo lo que había pedido fue traido y colocado sobre la mesa, Yaju tomó un papel y con cuidado empezó a escribir.

No vais a ser tratado de forma incorrecta en Mikan Mura, Genbu-san -dijo sin mirarte, concentrado en la caligrafía que adivinabas elegante y perfecta, aunque de gusto anticuado-. Mediante este papel os nombro mi hatamoto y cualquier que trate con vos es como si estuviera tratando conmigo. Tendreis poderpara tomar decisiones en mi nombre, aunque supongo que eso no será necesario en un evento de esa índole, ¿verdad? También enviaré un mensaje al gobernador de la ciudad que precederá a vuestra llegada. No, por supuesto que nadie se atreverá a ofenderos en Mikan Mura.

Por supuesto que esto es una minucia comparado con lo que vos habeis hecho por mi, cuando volvais de esa ciudad podremos hablar más detenidamente de cómo saldar mi deuda con vos.

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Hida Genbu
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Mensaje por Hida Genbu » Sab Dic 18, 2010 2:48 pm

Genbu no sabía enmascarar su expresión, no era un cortesano pero sí un guerrero. Sabía no expresar sus pensamientos, no traicionar su próximo movimiento con la mirada. No es que le sirviera de mucho contra trasgos y mujinas pero había sido útil más de una vez en sus practicas contra otros samurai. Y así hizo con Otomo Yaju. Mantener cara de poker.

Frío y penetrante, más bien por sus caracter perceptivo, sintió lastima por Otomo Yaju. Era un hombre frágil en una mente frágil. Esperaba de un samurai Otomo de alto rango un valor más elevado incluso aunque su campo de batalla fueran palacios y consejos. Su temor a la muerte era exagerado y aún un buen rato después lo mostraba cómo una debilidad. Pensó hasta que punto este hombre haría cómo Shinsei le dijo a Hida: haz fuerza de tu debilidad.

Olvidó esos pensamientos agradeciendo su segundo agradecimiento y escuchando hablar sobre los jardines poéticos. Poética basura pero interesante de conocer. Sería su destino. Le observó levantarse y sirvió té a ambos mientras pensaba y pedía su equipo de escritura.

Después se quedó estupefacto mientras le nombraba su hatamoto y escribía, sin mirarle, cosa que agradecía. En realidad el puesto podía ser también un castigo, por suerte solo en función de las ordenes dadas.

- Otomo Yaju-sama - dijo dejando el té a un lado e inclinandose ante él. Y más si ahora le estaba haciendo su hatamoto y ende señor -, os agradezco más de lo que soy capaz de expresar vuestro gesto de gratitud, pero mi húmilde y campechana presencia sería una representación demasiado pobre para vuestra persona.

Genbu no estaba seguro de si en esto había que seguir también el protocolo de los regalos pero sus palabras fueron honestas. No es que no aceptara pero por lo siguiente le parecía algo peliagudo.

- Como vuestro hatamoto solo tomaría las decisiones necesarias para llevar a cabo vuestras ordenes, mi señor. Representaros, incluso en la teoría, me envolverá en temas y situaciones políticas en las que no estoy versado ni envuelto. Puedo responder por mis palabras pero no por las de otros que busquen vuestro consejo en mí. Dijo aún inclinado y servicial.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Dom Dic 19, 2010 8:55 pm

¿Y si mi única orden fuera que disfrutarais de vuestra estancia en Mikan Mura lo máximo posible? -te preguntó Yaju con una sonrisa-. Toda esta situación debe ser sin duda fruto del destino, Genbu-san. ¿Creeis que, mientras salía del templo, podía llegar yo a pensar en todo lo que iba a acontecer en escasos minutos? Desde luego que no. Poco podía yo imaginarme que iba a estar a punto de ser aplastado por un torii. Pero ahí estabais vos, más rápido que mi escolta, dispuesto a ser el duro caparazón que me protegiera. Debeis comprender el alcance de vuestra heroicidad...

La egolatría Otomo en acción. No es que tu rescate hubiera carecido de todo mérito (aunque sabías perfectamente por qué estaba sucediendo todo aquello y no precisamente por voluntad del destino, habías jugado con ventaja desde luego), pero Yaju trataba el hecho de que hubiera salvado su vida como si se tratara de una hazaña digna de figurar en los anales del Imperio. Era evidente que en días sucesivos hablaría de este asunto una y otra vez, probablemente exagerándolo todo aunque eso te haría quedad como un verdadero héroe ante sus oyentes (los que decidieran prestar atención a Yaju, claro).

Nombraros mi hatamoto no supondrá ninguna responsabilidad demasiado gravosa para vos -continuó diciendo el anciano con una sonrisa levemente pícara-, aunque me temo que tendreis que soportar las de seguro exquisitas atenciones de los notables de la ciudad. No penseis que nadie irá a consultaros, no estando Arashi-san en la ciudad y la sorprendete presencia de Kazutaka-san no hará más que colocaros aún más en un segundo plano salvo en lo que a honores se refiere.

No, no, no, definitivamente os prohibo negaros
-ahora su sonrisa se había vuelto casi paternal-. Ireis a Mikan Mura como mi hatamoto, padecereis con una sonrisa todos los lujos y placeres que os ofrezcan y si alguien os plantea alguna cuestión compleja estoy seguro que las visistas a diversas cortes que me habeis relatado os permitirá afrontarlas con total eficiencia. Al lado de lo que habéis hecho hoy, cualquier diminuta intriga política que os encontreis será una minucia.

Por otra parte
-el gesto de Yaju se volvió pensativo-, tal vez sí tenga una misión concreta que encomendaros. Se trataría simplemente de mantener los ojos abiertos. Es bastante sorprendente que una ciudad cuyos principales ingresos son el arroz y el mijo (no cuento las donaciones de los peregrinos pues realmente son para el monasterio no para la ciudad) pueda permitirse auspiciar un evento así. Os pediré, pues, que tengais los ojos bien abiertos y que me informeis del funcionamiento de la ciudad, pero, cuidado, no pido que os convirtais en un espía, tan sólo limitaros a mantener los ojos y los oídos bien abiertos. No os parece una tarea interesante, mi querido Genbu-san, mi hatamoto?

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Hida Genbu
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Mensaje por Hida Genbu » Dom Dic 19, 2010 10:15 pm

Sin duda que Yaju hablaría de este hecho los días después. Tendría que explicar como un samurai Cangrejo era ahora su hatamoto. Y le compensaba explicar la heroica acción por mucho que para los cortesanos elitistas esto no fuera considerado más que un capricho del viejo. Pero eso era algo que el Hida no sabría.

¿Un Cangrejo en nombre de un Otomo? ¿En qué momento se me ocurrió plantear esto?
En un día en la capital ya tenía que destruir un roble símbolo y guía espiritual de la ciudad, elaborar un plan de asalto de la ciudad para sus señores Esc... Cangrejo y de paso investigar de donde sacan tanto dinero estos bastardos. Como hatamoto. No se a que atenerme con el seiyaku pero sus palabras no presagian trigo limpio.

- Tener los ojos bien abiertos se me dá precisamente bien - dijo sin orgullo -. No soy capaz de negaros nada y agradezco vuestro gesto de confianza hacia mí y llevaré a cabo vuestra orden hasta el fín. Sólo espero que tantas atenciones y placeres no sean capaz de despistarme. No estaré tan habituado como vos a los lujos de palacio - añadió de forma distendida, en el mismo caracter que el Otomo.

- Seguiré vuestros consejos y confiaré en la habilidad de Otomo Arashi y Otomo Kazukata en asuntos que pudieran superarme - a Yaju no se le pasó por segunda vez el acompañar el nombre de Kazukata con algún adjetivo. Esta vez era 'sorprendente'.

- Quisiera pediros también señor, si no es molestia, si pudierais introducirme un poco más a lo que vos os dedicais en la Ciudad Prohibida y vuestros quehaceres habituales. Deseo conocer mejor a mi señor y serviror y representaros mejor al conocer vuestras habituales competencias.

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Isawa_Mitsuomi
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Mensaje por Isawa_Mitsuomi » Lun Dic 20, 2010 11:11 pm

¿Confiar en Arashi-san y en Kazutaka-san? Qué posibilidad tan... interesante.
El tono sibilino con el que había hablado por fin revelaba al Otomo que había dentro de Yaju, más allá de su inmensa egolatría. Sus labios se habían curvado en una sonrisa artera y te miraba intensamente, como si calibrara algo.

Estoy seguro de que Arashi-san se acercara a vos en cuanto se enteré de vuestro nuevo cargo -dijo con un tono más normal, aunque parecía estar encontrar la situación bastante divertida-. En cuanto a Kazutaka-san me temo que ignoro como reaccionará. Supongo que dependerá en la medida en que le seais util para el propósito que le haya llevado a la ciudad. Tened cuidado. No confieis en ellos más que en cualquier de los otros que os rodearán durante esos días. Tratadlos con la cortesía debida pero nada más. Ah y no perdais el tiempo saludando a Tôda-san, ni tan siquiera le hableis, no os contestará.

En cuanto a mi trabajo... Una actitud que os honra querer conocerme más en profundidad para poder servirme aún mejor -Yaju volvía a ser la máxima personificación de la arrogancia-. No cometeré el error de intentar parecer humilde. Eso dejemoselo a todos esos sicofantes que pueblan la corte. Para explicároslo de forma sencilla os diré que sirvo directamente a mi señor, Nishi-sama, el cual me ha encargado la árdua tarea de llevar las cuentas de nuestra familia. Además, Su Alteza, en nombre de Su Majestad, me encomienda de vez en cuando trabajos parecidos pero a una escala más... global.

Pudiste leer entre líneas claramente: Yaju era el encargado de las finanzas no sólo de la familia Otomo, sino también de todo el Imperio.

Pero, mi querido Genbu-san, no tengo intención de permitir que sigais escuchándome a mi durante todo el día -dijo el anciano con una sonrisa-. Me he decidido a celebrar un banquete en vuestro honor esta noche. Será una pequeña fiesta: un banquete, un pequeño concierto; algo sencillo pero exquisito, tampoco quiero excederme demasiado, ya que no quiero que os sintais violento. Pero os aseguro que es una gran oportunidad para vos, pues invitaré a lo más selecto del Imperio...

Y a partir de ahí, Yaju empezó un rápido soliloquio sobre las personalidas a las que iba a invitar y sobre los preparativos que tenían que hacerse y a toda prisa. Lo que más te preocupó fue su insistencia en encontrarte un "vestuario adecuado". ¿Por qué de pronto te sentías como si toda la Horda estuviera preparada para caer sobre ti?


OUT
Por mi el preludio está finiquitado, pero puedes hacer todo lo que consideres oportuno.

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Hida Genbu
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Mensaje por Hida Genbu » Mar Dic 21, 2010 1:18 am

OUT
Está bien, por mi también cerramos, ese "vestuario adecuado" es el que me llevaré a Mikan Mura xD

Así, lo único importante es al día siguiente preparar mapas de la zona e historía y documentación mínima pero precisa. No tengo problemas en perder una mañana o un día copiando mapas o apuntes concretos y estudiando la zona. Los papeles mínimos en esencia de todas formas. Para prepararme para mis misiones, no creo que allí el gobernador me dé mapas tan facilmente e imagino que los que haya en la capital serán más bien de la provincia o región que detallados de la ciudad. Pero esos son también importantes para un ejercito xD

Si Yaju tiene alguna curiosidad importante que destacar, adelante.

El resto, un poco lo de siempre: raciones, el equipo habitual, equipo de escritura y un par de libros en blanco (se que son caros, si son asequibles los prefiero a muchos pergaminos).

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