Dia 5. Noche. Las amistades peligrosas

Ciudad imperial, morada del Hantei, la ciudad más grande e importante del imperio esmeralda.<br>Aqui se narran los hechos dentro de los distritos exteriores y los distritos interiores.
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Miya Nadesiko
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Dia 5. Noche. Las amistades peligrosas

Mensaje por Miya Nadesiko » Lun Ene 25, 2016 6:05 pm

AVISO DEL MASTER

** Los sucesos narrados a continuación NO son de carácter público, al menos en su gran mayoría, salvo lo obviamente ostensible que no hará mucho para saber a lo que me refiero.
Esto está escrito simplemente como parte del trasfondo de OU, para que más o menos se vayan viendo algunas cosas, se vayan uniendo cabos y sobretodo porque.... me da la gana y me gusta escribir XDDDD

Este tema se irá escribiendo poco a poco y para mi será un placer que comentéis en el foro general de lo que se dice, si os place, ya que, como siempre, hago esta clase de cosas con el fin de darle aún más profundidad a la ciudad y tramas y siempre se agradece poder comentar estas cosas con los jugadores.
"Oye mi voz, pues es la del Emperador"


"El arte de la guerra es la manera de conservar la paz"

Miya Nadesiko, heralda del Imperio Esmeralda

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Mensaje por Miya Nadesiko » Mar Ene 26, 2016 6:51 pm

Palacio Otomo
Ciudad Prohibida.
En las amplias estancias de la planta superior del palacio en donde reside Otomo Nishi y su consorte.



El cuerpo de Otomo Kairi yacía inerte en el suelo delante de La Lengua de Seda del Crisantemo, de Otomo Nishi, desparramada como una flor a la que han deshojado, hermosa hasta en la fría muerte, pálida como jamás había estado... y con una mueca de victoria que Nishi creía que le había conseguido arrebatar para siempre a esa mujer.

Pero.... qué había pasado...





Todo había comenzado mucho antes, tanto que realmente los años no podían contarse con claridad.
¿Cuándo empezó todo?
¿Con su amistad con el Crisantemo de Hierro?
¿Cuando se aseguró su supervivencia a base de la muerte de sus hermanos y de sus allegados?
¿Quizás cuando tentó al cielo al poner en peligro el paradero del hijo del Hijo de los Cielos?
Puede que fuera cuando él mismo estuvo presente en la ideación de cómo mantener al Imperio a salvo de un criajo recién llegado a la ciudad...
Puede que fuera tras ocultar tantos y tantos secretos oscuros que si alguno se supiera más de un alma clamaría venganza...

O quizás... puede que todos aquellos hechos que realmente le perseguían no fueran nada comparado con aquella sonrisa fría y superior de la única mujer que ni aún aprensándola entre sus manos había conseguido nunca tener.


Recordaba perfectamente la primera vez que la había visto, apenas había pasado su gempukku, y visitaba la ciudad con sus padres, unos cortesanos grullas que estaban quizás en trámites de decidir si se quedarían en la Embajada Grulla.

Era hermosa como un rayo de sol en una fría tarde invierno, tenía los ojos de las profundidades marinas y unos labios sonrosados que denotaban una sonrisa con una altivez que se contradecía con sus sumisos ojos.

Él le sacaba muchos años, pero eso poco importaba para apreciar la belleza.

La vio varias veces tras aquello, su familia realmente se quedó en la ciudad y en poco tiempo aquella niña creció en belleza y en atenciones de todos.

Podría haber tenido a cualquiera, sin ningún problema, pero era justamente la desgana de aquella chiquilla hacia su persona y hacia su poder lo que le molestaba, y destacar en aquella ciudad no siempre era bueno.

Se había acostumbrado a mirarla desde lejos, a observar sus movimientos y como ascendía poco a poco en el poder de la ciudad siempre mostrando una especie de utópicos ideales altos que le molestaba en sobremanera.

Aquella chiquilla no sabía que no se podía vivir así, y menos en aquella ciudad, esa ciudad maltrataba a los más suaves y buenos.... y en su interior crecía lentamente un deseo imparable de castigar aquella bondad que a cada día que la veía era más insoportable. En cada encuentro, cercano o lejano, podía imaginarse mejor cómo rompería su alma a trozos, la dejaría sumisa y llorosa hasta que comprendiera que en una ciudad como aquella... sólo las personas como él sobrevivían, y lo que es más, que si deseaba seguir siendo una dulce corderita no le quedaría otra que sumirse ante el poder de alguien como él, porque esa clase de "altos" principios sólo los podían tener aquellas personas que delegaban las verdaderas acciones, las reales, a personas como él.

Siempre lo había sabido, no era nada nuevo en él, tenía un lado sádico que hacía que a cada persona noble que conocía quisiera darle un escarmiento. La nobleza de corazón realmente no existía, al menos eso se repetía una y otra vez. No soportaba el hecho de tanta luz... la odiaba sobre toda las cosas, porque le recordaban a su hermano gemelo al "bueno" de Yabu, ese obtuso mentecato que sólo sabía hablar de honor cuando no era capaz de enfrentarse a la verdad, que el Imperio moriría por causa de ese honor si gente como él, los Otomos, no hicieran bien su trabajo.

Aquella chiquilla, aquella dulce chiquilla le enervaba tanto como su hermano, o quizás más...

Por eso entonces.... ella encontró a su "príncipe azul" y no pudo evitarlo. Debía romper aquella figurita de cristal con sus propias manos, era un imperativo que le obsesionaba y con el cual no descansaría hasta verlo hecho realidad.


Lo que tiene la verdadera corte es que cuando un idiota enamorado con principios cree que el mundo es de color de rosa, entonces es cuando es más sencillo de atacarlos.

Las trampas son sencillas de poner a aquellos que se creen que caminan bajo la luz.

Un evento público, juegos para todos los públicos, un acercamiento inapropiado a la chiquilla, un celoso príncipe azul, una cólera sencilla de manejar y un desliz mortal....

Recordaba los ojos de ella cuando le suplicó que no le mandara matar, atesoraba aquel momento en su retina, aquella desesperación, aquel momento crucial en donde su perfecta historia se veía abajo... era realmente sublime...

Él le "hizo caso" le daría ese placer a ella, le demostraría que sólo alguien con su poder podía hacer algo semejante. Aunque.... Quizás se equivocaba, su realmente momento favorito no era el anterior, había sido cuando le había dicho el precio por la no muerte de su amorcito... debería casarse con él a cambio.

Si, aquellos ojos... aquella expresión aturdida, apabullada y destrozada... ¿No tenía altos ideales? Pues era hora de demostrar si estaba dispuesta a sacrificarse por amor...

No negaría al decir que le molestó que lo hiciera, es cierto que él salía ganando, pero en cierto modo quería pensar que aquella nieve blanca podría no haberlo sido tanto, que con su pureza no le habría molestado, que había oscuridad en ella, como en él... una oscuridad que le permitiera seguir en paz...

Pero no.

Ella no era así.

Ese acto de altruismo le costaría caro, más caro de lo que ella pensaba, pues a cada acto noble sus ganas de someterla crecían.

Nishi se decía a si mismo muchas veces que la muerte de aquel estúpido bushi había sido culpa de su esposa, podría haber dejado que luchase en un duelo justo, habría muerto a manos del campeón que Nishi había elegido y que era obviamente mejor (nadie podía decirle que no a Nishi cuando elegía campeón, era un gusto que se reservaba para él) y todo quizás habría terminado allí en una trágica historia de amor...

Pero al haber pedido su salvación... y al haberlo hecho de aquella manera... casarse con ella no era suficiente... No, porque entonces ella podría amarle por siempre en la distancia y quien sabía si algún día no tan en la distancia... Y eso era intolerable.

No. Aquel bushi debía morir.

Es irónico que alguien tan involucrado en tu propia historia ni siquiera siga en tu mente con un nombre.... No lograba recordar su nombre, pero si su expresión bobalicona de enamorado, una que odiaba profundamente y que con gusto sustituiste en tu mente por una de dolor, sufrimiento y derrota cuando lo asesinaron a tu orden, no sin antes haberlo hecho torturar.

¿Por qué motivo? Bueno, quizás hubieras sido un poco extremista pensando que aquel patán podría haber desflorado a su Doji, pero el sólo hecho de pensar que hubiera sido tocada por otro hombre le repugnaba. Una suerte que no fuera así, sino hubiera tenido que repudiarla, y habría terminado todo el juego años antes de lo esperado... aunque claro... si hubiera hablado antes aquel idiota quizás se hubiera ahorrado algo de sufrimiento... O puede que no, quién sabe, en aquellos días estaba de muy mal humor.


Toda una lástima...

El cuerpo de Otomo Kairi no se desangraba, se erigía como pilar de muerte ante sus ojos, casi dormida, a causa de el veneno que esta misma se había tomado. Bella hasta en la muerte. Ideal hasta el final. Una utopía que le molestaba hasta muerta.

Toda una lástima... había ido a visitar a Enma-Oh tan inmaculada como llegó al mundo, pues Nishi tenía una malsana obsesión por las vírgenes, una obsesión de la que él no se podía librar.

Toda una lástima.
La observó mientras se oían las pisadas aprisa ya de la guardia que había mandando a llamar.

Aquella idiota había muerto sin decirle para quién trabajaba, pero aquello no iba a quedar así...
Aquella mirada desafiante llena de luz y pureza que le había dedicado antes de morir había inflamado su oscura alma como hacía años que no lo hacía nadie, como tras aquella mirada pidiendo la salvación de su amado.

Kairi sacaba lo peor de él sin duda...
Y también lo mejor...
Y ahora... ahora tenía que encontrar a otro idiota, como aquel bushi, al que destripar y torturar hasta la muerte por aquella traición.

Fuese quien fuese quien estuviera tras aquello merecía sin duda la peor de las muertes que pudiera darle... y a la vez el mejor de sus juegos. Reconoció mentalmente con una cruel sonrisa en sus labios.


"Papel y tinta"

Ordenó a un criado que estaba en la esquina de la sala callado, que los había encontrado primero.

"Tengo una misiva que enviar."
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