Día 6.- Mañana Ikoma Goroku

Ciudad imperial, morada del Hantei, la ciudad más grande e importante del imperio esmeralda.<br>Aqui se narran los hechos dentro de los distritos exteriores y los distritos interiores.
Responder
Avatar de Usuario
Isawa_Hiromi
Dominatrix in WonderRokugan
Mensajes: 6834
Registrado: Lun Sep 08, 2008 2:09 pm
Ubicación: En la Biblioteca de la Ciudad Prohibida... posteando!!

Día 6.- Mañana Ikoma Goroku

Mensaje por Isawa_Hiromi » Lun Ago 29, 2016 11:33 am

Día 6º.- Mañana Ikoma Goroku
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
Isawa Hiromi, Dominatrix in Wonderland

Avatar de Usuario
Isawa_Hiromi
Dominatrix in WonderRokugan
Mensajes: 6834
Registrado: Lun Sep 08, 2008 2:09 pm
Ubicación: En la Biblioteca de la Ciudad Prohibida... posteando!!

Mensaje por Isawa_Hiromi » Lun Ago 29, 2016 11:39 am

El primer día en la ciudad había resultado ser sin duda todo un mar de nuevas experiencias, y que fueran tantas y tan nuevas para alguien de tu edad... era una mezcla de extraño y reconfortante en un sentido que no esperabas. Puede que después de todo no lo hubieses visto todo y tuvieras mucho más que vivir, que sentir...

Cuando la luz de la mañana entró por las fusamas tu te estabas desvelando. En el patio oías la voz amortiguada de Tetsu. Bendita juventud, a la niña le daba igual a la hora que ayer os acostasteis, porque ya parecía estar en planta practicando con la espada.

Te levantaste despacio, pusiste tu cubrehakama y saliste al patio para ver como efectivamente, mientras el olor de la cocina encendida anunciaba el desayuno pronto, tetsu estaba en el patio practicando.

Aunque la imagen fue justamente la misma que la de ayer, notabas algo diferente, Tetsu parecía llena de energía, no sonreía sin embargo la comisura de sus labios mostraban una media sonrisa satisfactoria, sin duda parecía muy animada.

Al notar tu presencia paró en seco, corrió hasta estar delante tuya y te saludó muy formalmente.

"Buenos dias Goroku-sensei!
Cuando quiera podemos desayunar, ya he hecho todos mis katas matutinos y estoy lista para ir de compras con usted y con Matsuhiro-sama antes de la reunión con las Damas de la Emperatriz."


Su tono sin duda parecía mucho más motivado, dirías que hasta contento, sin duda estaría sintiendo que su vida tenía mucho más valor y que su día iba a ser mucho mejor que tener que enfrentarse una vez más a lo que el dôjo al que iba le suponía.

"Matsuhiro-sama mandó una misiva esta mañana diciendo que en una hora vendría a por nosotros... nos da tiempo de desayunar y prepararnos."
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
Isawa Hiromi, Dominatrix in Wonderland

Avatar de Usuario
Ikoma Goroku
Viejo León Solitario y su Cachorro
Mensajes: 141
Registrado: Mié Nov 07, 2012 9:27 am

Mensaje por Ikoma Goroku » Lun Ago 29, 2016 3:50 pm

El sol del amanecer se colaba en la habitación como un ladrón furtivo a quien nadie ha invitado. Poco a poco los recuerdos del día anterior fueron llegando a su mente. Un día intenso de muchas emociones. Un día en el que habían conocido a numerosos aliados y a posibles enemigos.

Pero también empezó a recordar algo más. ¿Había sido un sueño? Había un bosque, estaba seguro. Aún podía olerlo. La humedad en el aire que mecía hojas de otoño… Intentó recordar algo más, pero igual que la arena se escapa entre los dedos, igual que la nieve que se derrite en las manos, el recuerdo corría más que su mente.

Aún estaba en ese estado de semi-inconsciencia, cuando el alma está viajando de vuelta del plano de los sueños, cuando escuchó sonidos afuera. Sonidos reales, físicos, tangibles. Sonidos que conocía muy bien. Cerró los ojos un momento y, tan sólo por la cadencia de los mismos, podía saber exactamente que kata estaba ejecutando.

Curioso… ¿sería posible? Terminó de abrir los ojos y asomó la cabeza al exterior. Aquella kata era muy avanzada. Ya su mente estaba asimilando a aquella joven, así que no añadió “para alguien de su edad”. Muchos bushis ni siquiera eran capaces de dominarla y Tetsu parecía hacerla de forma instintiva. La forma de poner los pies, la cadera, los brazos a ambos lados del cuerpo… era EXACTAMENTE igual a la de su padre.

Aún no tenía mucha fuerza y le costaba mantener el ritmo, pero no paró a tomar aliento hasta haber terminado todas las repeticiones. El sudor empapaba el kimono, dejando la tela pegada a su piel. Se podía ver una musculatura muy desarrollada, desde los brazos a las piernas. Se veía claramente que no dejaba de entrenar todo su cuerpo, sin faltar a largas sesiones de marcha.

Aquella bushi era formidable. No dudaría en llamarla a filas en ese mismo instante si fuese necesario.

Volvió adentro y terminó de vestirse. Masajeó sus rodillas. Parecían aún dormidas y todavía tendrían que entrar en calor. Los primeros pasos siempre son los más duros del camino. Una verdad aún más dura para un anciano.


Cuando salió al patio, la pequeña Tetsu estaba terminando sus rutinas.

Cuánta energía” pensó. Una vez más, la comparación con su madre era inevitable. Aquella fuerza indomable, ese espíritu salvaje…

Además, parecía… ¿feliz?

La joven le saludó, indicándole que aún quedaba una hora para que Matsuhiro pasase a buscarlos. Eso le daba unos minutos para…

-Tetsu.-Dijo con voz firme. –Veo que las katas las tienes muy bien aprendidas. Por desgracia, en la batalla, el enemigo no se va a quedar quieto esperando que le golpees… Veamos qué tal se te dan los blancos en movimiento…

Mientras hablaba iba recogiendo algunas pequeñas piedras del jardín, del tamaño de pequeños higos. Cuando terminó, lanzó una en una ligera parábola hacia Tetsu. Esta, rápidamente, se puso en posición y ejecutó un golpe rápido, desviando la piedra.

-Muy bien, muy bien. Vamos a hacerlo más complicado…

Fue lanzándole piedras, algunas más rápidas, otras fuertes, incluso alguna directa al cuerpo. Ella desvió todas. Incluso, una que caía lejos, consiguió devolverá después de lanzarse con una grácil voltereta.

Sólo quedaba una piedrecilla.

-Esta va con fuerza, ¡prepárate!.- Y la lanzó hacia la joven. Directa, hacia su cabeza.

Parecía que no la había visto, que no se movería. Cuando en un solo movimiento, completamente fluido desde la cadera hasta la cabeza, levantó rápidamente el bokken. La piedra salió silbando, despedida, rozando la cabeza de Goroku, colándose por una ventana y estrellándose contra algo produciendo un sonido de cerámica rota.

La joven se quedó pálida, mientras de dentro de la casa se oía alguna maldición. Con la cabeza gacha se acercó a Goroku.

-Disculpa, Goroku-sensei.- Dijo con aspecto compungido.

La risa, profunda, sincera, cargada de sensaciones, se debió oir en todo el barrio.

-¡No te preocupes, Tetsu-chan! ¡Nuestros enemigos temerán que una piedra les golpee! ¡JAJAJAJAAJJAAJAJAJA!

La joven, ruborizada, no pudo evitar unirse a aquella risa.
-I'm too old for this shit.

Avatar de Usuario
Isawa_Hiromi
Dominatrix in WonderRokugan
Mensajes: 6834
Registrado: Lun Sep 08, 2008 2:09 pm
Ubicación: En la Biblioteca de la Ciudad Prohibida... posteando!!

Mensaje por Isawa_Hiromi » Mar Ago 30, 2016 3:55 pm

Tetsu corrió a tu lado, mientras los dos reíais y se unió a tu marcha hacia el interior de la casa, de pronto aquella escena te pareció tan familiar, tan cálida y tan natural que hasta te sentiste culpable.

¿Qué habría sido de tu vida si hubiera sido así años antes? Con alguien como tetsu como hija... con alguien como...

Quitaste aquel pensamiento de tu cabeza mientras la niña te decía que iba a bañarse antes de ir a desayunar, así te daba tiempo a ti también para cambiarte y ponerte el kimono antes de desayunar y esperar a que Matsuhiro apareciese.

El desayuno fue muy tranquilo, cómodo, de nuevo comida regia león, suficiente, sin florituras, con los nutrientes oportunos y una nula tensión en el ambiente que era totalmente diferente a la que habías sentido ayer mismo.

Ver a Tetsu comer delante tuya, parecía hambrienta y feliz, no de una forma radiante como una cria de su edad pero si en el aura, en el brillo de sus ojos. Charlasteis de algunas cosas de lo que pasó ayer, una charla liviana, no porque necesitarais hablar y llenar los huecos sino porque realmente quisisteis comentar aquel tenderete de la noche, aquella comida tan rica del restaurante o incluso la diferencia de ambientes de Emabajadas que experimentasteis cuando estuvisteis en la León y la Grulla.

De nuevo con una naturalidad que no te dejaba de sorprender, de pronto, la nula conversación que podrías pensar que pudieras tener con una niña de su edad había desvanecido, porque realmente era hablar con un adulto. No había algo de lo que ella no quisiera dar su opinión si le preguntabas y fuera una respuesta más madura o más idealista por su edad, ambas opciones te hacían sonreir en el interior.

Así pues el desayuno pasó muy adradablemente hasta que llamaron a la puerta, haha, la vieja heimin os avisó que un apuesto Ikoma había venido a por ustedes en un rickshaw y así salisteis.

Matsuhiro, con su aspecto de galán vestido con ropas simples pero delicadas y aspecto de bardo imperecedero, con su media sonrisa encantadora os saludó.

"Buenos diías, sensei, hime-chan, espero que hayan descansado, hoy tenemos un programa completo de actividades juju así que espero que tengan ganas y energías!"

Os dijo mientras os indicaba que os subierais al rickshaw de dos partes de asientos (mirando hacia el frente y hacia atrás ya que era más grande y lo porteaban tres heimins) para luego subirse él.

"Vamos a ir de nuevo al distrito Gatto, que es donde están las mejores tiendas de kimonos y accesorios, y además en estas fechas hay muchas ofertas debido al festival en el distrito, como ya imaginaréis, será divertido y será muy adecuado debido a la cita que luego tendremos y a vuestras clases con lady Rokujo."

Os comentó mientras el carro salía hacia donde debíais ir.

"Bueno, bueno bueno... sonrió este de medio lado mientras miraba el paisaje pasar, la mañana se había despertado muy clara y el cielo despejado con una agardable temperatura fresca matutuina ¿Qué vamos a comprar?"

Preguntó al aire, por un segundo pensate que era una pregunta retórica mientras Matsuhiro miraba los cerezos que estaban floreciendo de las calles, sin embargo al poco te diste cuenta que bajaba su mirada hacia ustedes.

No, me temo que no era una pregunta retórica, más bien era una de sus lecciones o puestas a punto, y te daba la sensación y estabas bastante seguro porque no lo estaba ocultando, que quería hacer un primer contacto con vuestras ideas con respecto a la moda antes de ver si debía intervenir con sus lecciones o no...
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
Isawa Hiromi, Dominatrix in Wonderland

Avatar de Usuario
Ikoma Goroku
Viejo León Solitario y su Cachorro
Mensajes: 141
Registrado: Mié Nov 07, 2012 9:27 am

Mensaje por Ikoma Goroku » Mié Ago 31, 2016 9:49 am

Aquel sentimiento extraño, huidizo, se escurría entre su mente. Era una mezcla confusa de sensaciones. Estaba la melancolía del tiempo perdido, de un tiempo que nunca podría recuperar. Una etapa en la que, mientras su hijo había crecido, él había estado lejos, siempre lejos. Luchando batallas que nunca, a la larga, cambiaban nada. Pero el Honor, el Deber hacia su Clan es lo que le hacía un Samurai. “El que sirve”. Y siempre había servido a su Clan, al Imperio. Y siempre había pensado que así servía a su familia.

Pero, ¿de qué habían servido todos aquellos años de barro, sangre, miseria y victorias pagadas con las vidas de sus compañeros? Todo aquello se había perdido, como la nieve con la llegada de la primavera.

Se miró sus manos, sus viejas manos, cubiertas por pequeñas manchas que habían ido apareciendo con la edad. Incluso, en alguna ocasión, las había visto temblar por cuenta propia. Achaques de la edad. Las manos, las rodillas, la espalda… Pero lo peor eran, siempre, los fantasmas del pasado. Como estatuas vigilantes podía ver cómo le observaban, juzgando cada paso. “No les falles, viejo”.

Todo Samurai debe honrar a sus Ancestros. A aquellos quienes han servido al Imperio antes que él, a sus familiares que han servido de forma tan honorable que se han ganado el ascenso a un plano superior de existencia, saliendo por su propia virtud de la rueda de la reencarnación.

Pero él tenía mucha sangre entre sus manos. Sangre de enemigos que, no por serlo, dejaban de ser honorables. Y sangre de amigos, familiares. Sangre de padres que no volverían a ver a sus hijos, de hijos que nunca se reunirían con sus padres. Sangre de hermanos, de amantes. Todos ellos hijos del Imperio. Y sentía que todos ellos le observaban. A cada paso.

Pero había algo más. El sentimiento que le embargaba no era sólo ácido, ni amargo. Había algo más. Un regusto… dulce. Esperanza. ¿Y si ahora podía enmendar sus errores? El pasado ya no volverá. Las horas que debería haber pasado con su hijo, con su esposa nunca ocurrirían. Los hermanos de batalla que habían quedado atrás no se levantarían.

Pero el futuro aún no estaba escrito. Al menos, no si su voluntad era fuerte. La voluntad del hombre mortal puede cambiar el destino. Sólo había que dar los pasos en la dirección adecuada, con decisión y coraje. Y la risa de Tetsu, que en un momento volvió a ser niña, le decía que aquello era posible.

Apretó los puños, con fuerza. El temblor había desaparecido. Se puso firme. La espalda no le molestaba. Empezó a andar hacia la casa, en pos de Tetsu. Las rodillas le obedecían sin queja alguna.


El desayuno fue agradable. Agradable como se supone que debe ser un desayuno. Agradable como hacía años que no lo tenía. Sólo en algún permiso, cuando su hijo aún ni siquiera era capaz de andar, había tenido un desayuno como aquél.

Estuvieron charlando distendidamente, compartiendo anécdotas, algún comentario gracioso, alguna observación perspicaz. La joven volvió a dar muestras de ser una persona mucho más profunda de lo que podría parecer a simple vista. Una vez más, la primera en el día, pero sin duda no la última, le recordó a su madre. Con ella podía estar horas hablando, de los asuntos más mundanos y sencillos hasta de las complejidades más místicas de las enseñanzas de Sinsei.

Le gustó especialmente la forma que tenía ella de ver el mundo. Siendo tan pequeña el mundo le debía parecer mucho más grande, la luz más luminosa y la oscuridad más profunda… Pero en ocasiones le sorprendía con reflexiones que en nada se correspondían con su edad. Pensamientos más propios de un filósofo experimentado que ha reflexionado mucho sobre el mundo.

Y, probablemente así había sido. Había tenido mucho tiempo para pensar, a solas, mientras su madre languidecía de su enfermedad. Había llegado a conclusiones que muchos adultos tardaban en aceptar. La inevitabilidad de la muerte, la aceptación del destino, la capacidad de lucha por aquello que es lo debido.

Esto se podía ver en pequeños comentarios, dichos de pasada, con la sencillez de un niño, pero cargadas de sentimiento. Pequeños comentarios que dejaban entrever un alma profunda, sólida, digna de un linaje tan honorable como el suyo.

Ojalá aquel instante, aquel desayuno, se pudiese prolongar toda una vida… Pero el destino del Samurai es servir, no a uno mismo sino a un objetivo superior. Y había mucho que hacer para poder prepararse para ello.


En aquel momento anunciaron la llegada del cortesano. Como siempre, elegante pero sencillo, con un aura de distinción que llenaba la estancia. Sin la pompa propia de un Grulla, en un estilo propio, un estilo León, conseguía hacer que con una apariencia sencilla, de corte clásico, cualquier mirada apreciase su compostura.

Cada vez le caía mejor aquel muchacho… para ser un cortesano. Cierto que no era alguien a quien poner en primera línea de batalla, demasiado “blando” para una carga frontal. Pero aquello sería tan absurdo como poner un arado a un cuervo. Aquel joven estaba preparado para otro tipo de batallas, y su experiencia en la Corte podría llegar a salvar sus vidas o, más importante aún, su Honor.

Le acompañaron fuera, donde les esperaba un rickshaw para llevarles hacia el distrito Gatto. Se sentía extraño en aquel transporte. Estaba acostumbrado a andar de un sitio a otro, o a montar a caballo si las distancias eran demasiado largas. Nunca había tenido la necesidad de que le llevasen en uno de aquellos. Pero, a pesar de producirle cierta incomodidad lo entendía, desde un punto de vista práctico. Un cortesano no puede llegar a su cita sudando después de haber estado andando varios kilómetros ni, por supuesto, oliendo a caballo.

En su vida militar era algo que carecía de importancia. Nadie veía deshonorable que un guerrero hubiese sudado después de caminar 20 kilómetros. Pero allí, en la corte, sería algo impensable. Un mal olor era algo que podía llegar a considerarse, no solo molesto, también ofensivo para aquellas sensibles narices. Y una ofensa trae deshonor a ambas partes. Así que sería mejor seguir su modelo. Matshuhiro, como siempre, enseñaba lecciones con su mera presencia.


Cuando estaban ya montados les comentó que irían de compras al distrito Gatto. Después de lo visto el día anterior no le extrañaba que sus tiendas tuviesen lo mejor de la ciudad. Aunque podía llegar a dudar de que sus gustos fuesen a coincidir con lo que podían encontrar, bastaba un vistazo a Matsuhiro para quedarse tranquilo. No parecía que aquel hombre quisiese envolverlos como pavos reales.

Eso sí. Le pareció… curioso que Matsuhiro dijese que sería “divertido” ir de compras. ¿Divertido? Jamás había hecho algo por ser divertido y encontraba la diversión como una distracción del deber. Cierto, podía llegar a divertirse cumpliendo con sus obligaciones. Esa misma mañana, con Tetsu, había disfrutado del entrenamiento. PERO siempre en cumplimiento del deber.

Además, ¿cómo podría ser divertido comprar cosas? Se adquieren los artículos necesarios, se resuelve el siempre incómodo asunto del pago y ya está. Fin de la historia. Entendía que, al igual que las espadas y las armaduras, habría ropas de diferentes diseños y calidades, pero sería cuestión de elegir lo más funcional. ¿Qué hay de divertido en ello?

Miró de reojo a Tetsu. Y no consiguió entender su mirada. No sabía si estaba confusa por aquello, emocionada o concentrada. Había ocasiones en las que era incapaz de saber en qué pensaba. Tal vez en todo ello a la vez…

-¿Qué vamos a comprar? – Preguntó Matsuhiro de pronto.

Pensó que era una pregunta al aire y que pronto la contestaría. Sería como si el preguntase a un soldado raso qué formación debían adoptar. ¡Él debía saberlo! Pero claro, él lo sabía.
Sabía que debían comprar. Sólo quería saber si ellos lo sabían. Una nueva lección.

Miró detenidamente a Matsuhiro, a los ojos, durante dos segundos enteros. Reflexionando. Después fue bajando la mirada, recorriendo todas las prendas que él llevaba. Si hubiese sido una mujer se podría decir que le estaba “desnudando con la mirada” pero nada más lejos de su intención.

La sonrisa de Matsuhiro parecía decir que él había pensado exactamente lo mismo.

Fue revisando el kimono, el hakama, las gettas. Desde el obi a los tabi. Y fue comparándolo con lo que él mismo llevaba. La calidad de la tela era lo primero que llamaba la atención. Mientras la suya era de buena calidad y duradera, algo dura para aguantar las inclemencias del tiempo, las de Matsuhiro eran de altísima calidad, mucho más suaves y flexibles. A simple vista se podía ver que eran también mucho más nuevas. Mientras que las de Goroku se veían usadas, aunque no viejas y bien cuidadas, las del cortesano se veían mucho más nuevas. Uno se preguntaría si estrenaba kimono en cada ocasión.

Lo mismo ocurría con el calzado. El de Gorku era robusto, pesado, sin ningún adorno. Limpio pero claramente usado. Muy diferente al de Matsuhiro. Este era sencillo pero con una ligera ornamentación floral en las tiras de tela. Y mucho más ligero y liviano.

Así fue repasando todo su vestuario, comparando las pequeñas diferencias que encontraba. Y también recordando el vestuario de la dama Kuronuma, a quien consideraba un buen ejemplo para Tetsu.

Casi avergonzado, como el soldado novato que apenas sabe sujetar una lanza, dijo:

-Creo que debemos renovar nuestro vestuario por entero, Matsuhiro-sensei. Igual que adecuamos nuestras tácticas a nuestro enemigo, debemos adecuar nuestro vestuario al escenario. Por suerte contamos con usted para guiarnos en la que, para un viejo servidor, sería una tarea casi imposible.
-I'm too old for this shit.

Avatar de Usuario
Isawa_Hiromi
Dominatrix in WonderRokugan
Mensajes: 6834
Registrado: Lun Sep 08, 2008 2:09 pm
Ubicación: En la Biblioteca de la Ciudad Prohibida... posteando!!

Mensaje por Isawa_Hiromi » Mié Ago 31, 2016 7:25 pm

Matsuhiro, con su abanico en la mano, mientras miraba distraidamente el paisaje por el que avanzabais asintió despacio a tus palabras con un leve "hai hai".

"Vamos a mostrar por fuera lo que somos por dentro y a la vez vamos a dejar dentro lo que no queremos que se vea por fuera."

Dijo mientras os guiñaba un ojo.


La ciudad a cada momento del día era diferente y especial, te dabas cuenta que cambiaba con las luces, con los olores, con las personas que andaban por ella. Los gloriosos distritos interiores, espaciosos, llenos de jardines y de vida sosegada en comparación con el bullicio de los distriros exteriores en donde se permitía que estuviera toda clase de ciudadanos del Imperio.

Las calles principales se entrecortaban con las secundarias, con los carromatos, con los palanquines, los caballos y los viandantes en un colorido sin igual que jamás habrías podido ver salvo...

"Es como un jardín ¿verdad?"

Dijo de pronto Matsuhiro como si te leyese la mente.

"Uno que espantaría a un maestro del ikebana."

Dijo de pronto Tetsu haciendo que Matsuhiro estallase en una carcajada.

"También es verdad, es una cacofonía de colores, un disparate... pero hermoso ¿verdad?"

Tetsu asintió.

Con la rapidez que esos transportes os daban llegasteis de nuevo al distrito exterior Gatto, engalanado en plata y azul, con sus calles llenas de farolillos, tiendas con sus banderas y su cuidado ambiente, a una de las calles principales que se veía llenas de tiendas.

"Iremos a una tienda muy amplia que la patrocina una buena amiga... tiene de todo, será mejor para una primera incursión en esta nueva senda, menos mareos y más tranquilidad."

Os dijo mientras llegabais justo al lado de una tienda que parecía bastante grande y con toques en plata, azul y gris.
Una mujer, con el mon Yasuki en el pecho, de aspecto recargada y mirada dievrtida estaba en la puerta esperando.

"Matsuhiro-san!"

Dijo la mujer al veros aparecer, saludandoos de forma efusiva.

"Que alergría veros esta mañana, cuando recibí vuestra misiva ayer me sorprendió mucho, así que he cerrado el establecimiento de cara al público mientras estáis aquí para que os sea más cómodo."


Mientras Matsuhiro se bajaba te distes cuenta que aquella muestra de generosidad sin duda era excesiva, pero también lo era la mirada de la Yasuki hacia Matsuhiro, algo que si este notaba parecía hacer perfectamente como si no existiese.

"Querida siempre sois demasiado amable conmigo...
Oh, dejad que os presente... Yasuki Ginko-san os presento a mi pequeña princesa Akodo Tetsu y a Ikoma Goroku-sensei, su tutor."


[Foto en el archivo]

La Yasuki os miró tras sus largas pestañas, dejó una delicada sonrisa al ver a la niña, casi como si dijera "que adorable" y una más escueta y apropiada para ti.

"Los amigos de Matsuhiro-san son mis amigos... por favor... pasad...."

Os indicó mientras abría la tienda para ustedes.

"¿Tenéis lo que os pregunté en la misiva?"

Preguntó Matsuhiro mientras entraba en la tienda.

"Oh, si, claro claro."

Respondió esta mientras entrabais y veíais un enorme local, de una planta, que se abría hacia ustedes de forma rectangular. En el frente estaba el mostrador, justo detrás había una enorme vitrina llena de adornos para el pelo, collares, anillos... todo lo que puede desear una mujer para engalanarse. En la derecha nada más entrar una sección entera de obis y a la izquierda kimonos, más kimonos de los que jamás habías visto en tu vida juntos y al fondo, gettas, tabis, parasoles... Era como.... excesivo.... en todos los sentidos.

"¿Qué tal, Ginko-san, si me sacas lo que te pedí?"

La mujer, con un bamboleo de pestañas asintió rápidamente mientras ordenaba a una heimin que estaba tras la barra que sacara el pedido de "matsuhiro-dono" y ambas se perdieron en los quehaceres de sacar los diferentes objetos.

Mientras Tetsu miraba por las estanterías en tanta conmoción casi como tu mismo Matsuhiro se acercó, te puso una mano en el hombro y dijo:

"Tranquilizáos... hay mucho, pero yo ya he preparado una selección, no os estreséis... esto es simple y llanamente para que entedáis "el ejército enemigo".... ahora mismo estáis en la tienda de los generales rivales, podéis ver sus planos y sus estrategias... ¿No es un privilegio?"
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
Isawa Hiromi, Dominatrix in Wonderland

Avatar de Usuario
Ikoma Goroku
Viejo León Solitario y su Cachorro
Mensajes: 141
Registrado: Mié Nov 07, 2012 9:27 am

Mensaje por Ikoma Goroku » Jue Sep 01, 2016 9:08 am

El paseo hasta el distrito Grulla fue realmente agradable. El frescor de la mañana ayudaba a la activación de su cuerpo y mente después del descanso nocturno. Además, la charla de Matsuhiro, amena y a la par interesante hacía que su atención fuese de un punto a otro, como hace un sensei al enseñar una nueva lección a sus alumnos.

Cada palabra, cada comentario, ayudaba a entender un nuevo concepto, una nueva estrategia o una nueva idea. Cada paso que daban se sentía más seguro a medida que sus conocimientos aumentaban. El conocimiento era, siempre lo había sido, su arma más poderosa. Se podía contar con el mayor de los ejércitos que, si se desconocen las tácticas más básicas, la derrota es inevitable.

Por eso mismo intentaba absorber todas las lecciones como si su vida dependiese de ello. En el fondo, es muy probable que así fuese. Asuntos que nunca le habían interesado, que nunca había necesitado dominar, eran ahora de vital importancia. La moda era su nueva armadura, la etiqueta su nueva espada, las posturas sus nuevas katas, la entonación su nueva voz de mando.

Por suerte, lo mejor del Imperio y, por tanto, del Clan León, se encontraba en aquella ciudad, así que podría aprender de los mejores. Cada palabra, cada gesto, era una nueva lección.


Así llegaron a su destino, una hermosa tienda epítome de la elegancia Grulla. Hay que reconocer que, a pesar de la pompa que se dan, de lo que gustan de adornarse para esconder sus defectos, eran quienes mejor dominaban la moda en el Imperio. Si en algún rincón de la ciudad podían encontrar las ropas que buscaban (sus nuevas armaduras) sería en aquel distrito. Matsuhiro sin duda sabía lo que hacía llevándoles allí.


La joven que les atendió era hermosa. Hermosa como sólo una Grulla sabe serlo. Piel clara y cabello oscuro, de una finura y delicadeza que hacen que el corazón de cualquier hombre acelere su pulso. Sin duda, si hubiese tenido algunos –muchos- años menos, podría llegar a sentirse atraído por alguien así.

El recibimiento fue cordial. Incluso algo más que cordial para con Matushiro. A Goroku no le extrañaba que el joven causase ese efecto en las mujeres. Joven, apuesto, de alma sensible y siempre rodeado por ese aura que cautivaba a mujeres y hombres por igual. Lo que le extrañaba era la elegante indiferencia que mostraba este por la muchacha. Según podía imaginar, sólo había una razón para que no mostrase más interés: había otra mujer.

Recordó algún gesto, algún comentario del día anterior, cuando Goroku mencionó a Lady Rokujo. ¿Estaría realmente enamorado de ella? Eso explicaría por qué no se interesaba por la joven Yasuki. Y, aún y todo, a pesar del nivel del joven, aquella presa le parecía inevitablemente grande. Conseguir que se arreglase aquel matrimonio requeriría de muchos favores… suponiendo claro que realmente estuviesen interesados.

De todas formas, los matrimonios por amor son tan raros y preciados como la primera flor en primavera. Sólo podemos esperar que el matrimonio que nos toca nos sea llevadero. El amor es un regalo que un samurái no puede pedir. Sólo soñar en las largas noches de invierno, junto a la hoguera de un campamento.


Con el gesto más educado del que disponía, y recordando las enseñanzas que había ido recopilando durante el último día, devolvió el saludo a la joven.

-Es un honor venir a su establecimiento.

Estuvo a punto de añadir algo. A punto de hacer un comentario sobre la elección de Matsuhiro de ese preciso local. Pero tampoco quería crear problemas al joven creando una situación incómoda… aunque divertida. Así que sonrió para sus adentros y entró en el local.

Lo que vio estuvo a punto de abrumarle. Pero recordó la similitud que había hecho hace unos instantes y ya solo vio una gran armería. Sí, nunca había visto tantos kimonos, obis gettas… pero sí había visto centenares de armaduras, espadas, botas… en una disposición similar en cada gran Castillo en el que había estado. Viéndolo así, no resultaba tan excesivo, pensó.

Fue recorriendo con la mirada cada estantería, cada pieza, intentando discernir las diferencias en sus utilidades. Si era de fiesta o de diario, si pretendía realzar u ocultar, si su intención era sugerir algo o, por el contrario, llevar a engaños…

Cada pieza era única, de muy alta calidad. Incluso la más modesta era muchísimo mejor de la que nunca había utilizado. Se sintió… pobre. Nunca había vivido en el lujo ni lo había deseado. Su familia había podido costear sus estudios en la célebre academia Ikoma y eso es todo lo que él podría haber pedido. Nunca había necesitado nuevos trajes ni abalorios. Todo lo que había podido necesitar para el desarrollo de sus deberes se lo había proporcionado el Clan.

Y entendía que ahora también sería así. Para poder triunfar en la corte no bastaba con actuar como un cortesano. Debía convertirse en cortesano. Y ser aceptado como cortesano. Y, el primero de los pasos era, sin duda, tener la presencia de un cortesano.

¿Qué armadura ponerse? ¿Qué espada, que gunbai utilizar? Estaban en una de las mejores armerías de la ciudad, así que tenían por dónde elegir. Por suerte, contaba con uno de los mejores asesores que el Clan podía proporcionarle.

Matsuhiro, viendo la mirada de Goroku entendió sus razonamientos internos. Vio como el anciano analizaba cada detalle, de la tienda, de la joven Yasuki, incluso de él mismo y de sus movimientos. Vio como entendía que estaban ante los elementos más básicos de la estrategia cortesana. Y vio como estaba dispuesto a aprender y desentrañar sus misterios.

Lo que le sorprendió, lo que le llegó a cautivar, es que la niña –la joven- Tetsu tenía exactamente la misma mirada.
-I'm too old for this shit.

Avatar de Usuario
Isawa_Hiromi
Dominatrix in WonderRokugan
Mensajes: 6834
Registrado: Lun Sep 08, 2008 2:09 pm
Ubicación: En la Biblioteca de la Ciudad Prohibida... posteando!!

Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue Sep 01, 2016 11:08 am

Mientras Yasuki Ginko se ocupaba de sacar lo que Matsuhiro le había pedido este dejó que inspeccionárais la tienda, casi parecía ver a dos niños que de forma curiosa miraban el mundo por primera vez. Iba un paso o dos por detrás vuestra y cuando parecía detectar, como si os leyese la mente, que teníais alguna pregunta, la respondía sin ser formulada.

Aaí supisteis que aquellas sedas que resplandecían más de lo normal eran de unos raros gusanos de seda de las tierras altas de las montañas de los ise Zumi dragón, que aquella plata bruñida de los camafeos había sido traída desde tierras Grullas, que aquellos complementos de vidrio soplado eran de procedencia Kaiu, en ediciones muy limitadas, y un sin fín de detalles el cual el cortesano parecía conocer a la perfección.

"Lo que más me gusta de estos bordados..."

Llamó vuestra atención mientras os enseñaba un cubrehakama en color burdeos oscuro con bordados en dorado que parecían espigas de trigo puestas al sol.

"Es lo esquemático del bordado... nada recargado... es como una buena obra de Noh... no necesitas un decorado escesivo, sólo un bailarín tan bueno que sea capaz con el movimiento de su cuerpo de representar el baile de las estaciones...."

Y sin duda tenía razón. De hecho, ahora que te fijabas la ropa de Matsuhiro, su cubrehakama era muy similar al estilo, de un tono profundo siempre y con pequeños bordados o pintura en la tela que era más intuitiva y evocadora que figuras clásicas.

"Me gusta mucho este tipo de composición en estas piezas de la ropa o en los obis..."

Añadió mientras caminaba despreocupadamente hacia donde estaban las gettas.

"Estas gettas suelen ser mis preferidas... el material digo...."

Dijo mientras os enseñaba unas de un tono marrón muy claro que casi parecía tener un cierto veteado en rosado.

"Es Mindi, el árbol del mindi, uno bastante común en la región isawa. Lo que más me gusta de esta madera no es sólo su bello color claro, perfecto para el día en la corte sino lo robusta que es su composición, esto aguantaría intacto cien cortes de invierno."

Sonrió entonces.

"Sé que muchos pensarán que la caoba es el material más perfecto para unas buenas gettas de un cortesano... es cierto que su calidad es asombrosa... pero esa ostentación.... dejo un leve siseo me gusta más el mindi porque es inesperado... tiene una calidad inesperada en todos sus sentidos, es resistente, es hermosa, es noble... y es poco común."

Anotó mientras guiñaba un ojo a Tetsu.

"Para la noche me suele gustar más el cerezo, tiene un color vibrante en marrón más oscuro con vetas rojizas..."

Dijo mientras miraba unas sandalias justo de cerezo.

"Tiene un tacto suave a la vez que firme, hace que tus pasos en la noche no provoquen un alboroto pero a la vez un samurai no se oculta, y estas gettas sin duda no te ocultarán...

Tiene esa mezcla perfecta de compostura y presencia... como un bushi León."


Añadió al final.

Mientras estabais hablando Ginko apareció indicando que ya estaba todo listo, y os pidió que la siguierais a la parte trasera de la tienda donde estaban los probadores.

Allí un par de criadas esperaban para ayudaros. De la misma forma había un tatami alzado, con una mesa de té servida con algo de beber y de picar, con hermosos cojines azules esperándoos.

"Empezaremos primero con ella."

Dijo mientras te indicaba que le acompañaras a sentaros en aquella mesa, mientras Tetsu era vestida con las ropas que este había elegido.

"Me ocuparé personalmente de su invitada."

Dijo Ginko mientras esta se adentraba entre los biombos para ayudar a que vistieran a Tetsu más rápidamente.
Matsuhiro, con toda naturalidad se sentó, sirvió té para los dos y lo saboreó en silencio, como si te permitiera todo el espacio que necesitaras para digerir todo aquello.

Estabas justo en eso cuando de pronto dijo:

"¿Sabéis? Una de las estrategias que más me gustaron de sus batallas es su maniobra de de pinza real tras la falsa pinza."

Matsuhiro bebió despacio.

"Me pareció cuando la leí por primera vez una maniobra muy interesante... hacer pensar al enemigo algo, que descubra que es mentira, pero la mentira es que es mentira... recargado para ser León pero MUY efectivo con ejércitos que tienen a sobrepensar en todo y que la paranoia puede jugar en su contra... como la Grulla o el Escorpión."

Te comentó este despreocupadamente.

"No hay muchos que pueden aplicar ese tipo de control de las desventajas mentales de los demás en su propio beneficio... y más en grandes movimientos... por eso me encantó desde la primera lectura."


Estabais justo hablando de aquello cuando Ginko apareció sonriente y muy entusiasmada y dijo:

"Creo que este primer conjunto es totalmente adorable y sorprendente."

Matsuhiro asintió justo antes que la propia Tetsu apareciera, como si ya lo supiera de sobra.
Entonces apareció Tetsu, llevaba un kimono de color naranja terracota de un color oscuro muy vibrante que hacía brillar su piel y sus ojos del mismo color, iba con un obi color mostaza también oscuro pero intenso, anudado con una cuerda marrón con un adorno de cabeza de león en este. El mon Akodo en marrón del color del mirin destacaba entre el color anaranjado. No tenía ornamentos salvo en la parte más baja del kimono en donde parecía una leve y difusa franja como si fuera un espejismo de la tierra y que todo el kimono en si fuera el cielo color anaranjado de una puesta de sol, un sol el cual era el mon León.

Sus pies estaban vestidos con unos lindos y finos tabis blancos y las gettas eran del color claro del mirin.

Tetsu llevaba su cabello recogido en una cola alta, dejando ver su larga cabellera morena que normalmente iba recogida en moños o trenza, con una cinta de color mostaza en esta.

La expresión de la niña era terriblemente adorable, no por el hecho de que ella supiese que lo estaba, sino por la confusión en su cuerpo al vestir de aquella forma y el no saber que pensar.

Matsuhiro sacó su abanico y lo puso este sobre sus labios que se curvaban en una sonrisa.

"¿A quién vais a recibir?
A una niña y bushi León...."


Dijo despacio mientras no paraba de observarla.
Estrategia

"¿Cómo se presenta el León?
Así...."


Adorable. Fuera de lugar. Inesperado. Seguros que jamás podría ser lo que aparentaba ser....
Falsa pinza.

"¿Cuál es la realidad?
Que esa león, esa niña, no es cualquier niña... es nuestra Tetsu..."


Y ahí es cuando venía realmente la pinza...

Matsuhiro una vez más sonrió.
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
Isawa Hiromi, Dominatrix in Wonderland

Avatar de Usuario
Ikoma Goroku
Viejo León Solitario y su Cachorro
Mensajes: 141
Registrado: Mié Nov 07, 2012 9:27 am

Mensaje por Ikoma Goroku » Mié Sep 07, 2016 10:01 am

Kaiu Daichi había pasado en aquella estancia la mayor parte de los últimos cincuenta años. Aquel anciano, pequeño, arrugado no parecía para nada un Cangrejo. Con movimientos lentos se desplazaba tranquilo de un sitio a otro, bajo la atenta mirada del joven León.

-Estos jóvenes de hoy en día no saben apreciar el trabajo bien hecho.- Decía entre dientes.

Siempre estaba de mal humor, siempre que no le dejaban trabajar. Y mucho más cuando le obligaban a enseñar su taller a las visitas. ¡Y mucho más cuando eran esos orgullosos Leones! Al menos los Grulla entienden de arte… Pero no, lo Leones se creen mejores que el resto y no apreciarían una buena obra ni aunque les golpease en la cabeza.

-Esta es una de mis últimas obras, digna de un Daimyo. Mira cómo las vetas recorren la hoja. Utilicé seis barras del mejor acero. Cinco de ellas dobladas sobre si mismas. ¡Dos veces! Y la restante en el centro. ¡Un total de veintiún capas! Nadie en todo el Imperio hace nada semejante. ¡Veintiún capas forjadas durante veintiún días! Y mira las vetas. El mejor acero sí.

Pero qué podía entender un joven del arte que había aprendido durante toda una vida. Seguro que sólo veía aquella espada como una herramienta. ¡Ja! ¿Y aquella armadura?

Dejó la katana sobre el soporte. Aún quedaba trabajo allí, capas de aceites y pulido. ¡Veintiún días! ¡Ja! ¡Nada igual en todo el Imperio!

Se acercó a la armadura que tenía en el centro de la sala, bajo la atenta mirada del joven León. Al menos sabía estar callado y no interrumpir a sus mayores.

-Mira, mira aquí. Esta armadura es capaz de detener el golpe más fuerte que pueda dar la más fuerte de vuestras primas Matsus. Pero mira también el grabado… nada recargado… Pero hermoso, fluido, tranquilo. Como el agua del río donde vivimos los Cangrejos. Capaz de resistir el ataque de un Oni y el examen más minucioso de la dama Doji. ¡Ja! La mejor armadura del imperio.

Miró al joven. De rostro serio pero mirada abierta. Al menos sabía estar en silencio. Parecía mirar a cada detalle, intentando aprender de cada palabra…

-A ver joven, ¿qué has aprendido de mi armería?

Siempre le gustaba ver lo que contestaban sus visitas. Como unos intentaban adularle con palabras vacías o admirar sus obras más ostentosas.

El joven se detuvo ante una espada mucho menos recargada que la que le había mostrado, de empuñadura sencilla.

-Creo que este es uno de sus mejores trabajos, maestro.- Dijo con una inclinación de cabeza. -Y creo que esta fragua no sirve de nada sin un capataz que la dirija.

Pareció que la respuesta gustó al anciano herrero. Sí, era su mejor trabajo. Sencillo como un junco y fuerte como un roble. Algún día sería su regalo más preciado… Y por supuesto, aquella fragua no sería nada sin él. ¡Ja! El mejor herrero del Imperio.

------------------------------------------------------------------------

OUT
Había pensado que, de joven, y como si de un “programa de Erasmus” se tratase. Goroku había podido pasar un tiempo en la Muralla. Aprendiendo nuevas técnicas de combate, luchando junto a sus primos Cangrejo.
Si te parece bien, claro.

------------------------------------------------------------------------

Esa tienda le traía recuerdos lejanos. Pero, al fin y al cabo, la esencia era la misma. Él miraba con ojos atentos, desgranando cada elemento en sus partes esenciales, evaluando, catalogando. Intentando discernir siempre un paso más allá. Su utilidad aparente, su utilidad real. La utilidad que se le puede dar detrás de esa utilidad. Una pinza detrás de otra.

Le sorprendió que Matsuhiro hubiese leído su tratado. No era de fácil lectura ya que no gustaba de adornarse en elegantes frases ni hacerlo cómodo a legos en la materia. Era muy técnico e, incluso, había recibido cuestiones al respecto por maestros de su escuela, con la intención de explicarlo en el Dojo.

Que el joven hubiese leído el tratado y, más aún que lo hubiese entendido, su esencia misma, denotaba mucho de él. Primero, que tenía interés en lo que estaba haciendo. Había querido conocerle mejor y, para ello, había pedido documentación al respecto. Que era tenaz, y no se acobardaba ante una lectura que, de por cierto, le tendría que parecer tediosa. Y que era inteligente, muy inteligente. Sin apenas conocimientos en la materia había comprendido un texto técnico de alto nivel.

Cualidades muy útiles en un aliado y muy peligrosas para un enemigo. Suerte que lo tuviesen a su lado, guiándoles entre el laberinto de la Corte.

Estuvieron hablando un rato sobre la maniobra. El joven Matsuhiro la había comprendido a la perfección y había sabido aplicarla a la Corte. Emplear movimientos de tropas en un ambiente tan diferente… aquel joven tenía mucho potencial. ¿Buscaría algo más para su futuro o se contentaría con su posición actual? Tal vez esperase recuperar algún día el favor que les estaba prestando. Por supuesto, aquello no sería un problema. Como el propio Matushiro les había señalado en el caso de los cortesanos de la Grulla, no sentiría que estaba haciendo un favor, sino saldando una deuda de honor.


En aquel momento salió Tetsu de los vestidores. La joven parecía otra, pero la misma a un tiempo. Como la mano derecha se parece a la izquierda. Seguía teniendo el mismo aire inocente a la par que feroz. Fuerte pero sutil. Pero aumentado. Se habían potenciado sus rasgos. Adorable, sutil. ¿Una bushi León? Realmente podía ser algo desconcertante.

Lo más hermoso era la cara de la joven. Como una Hachiko en miniatura. Dulce, amable, delicada. Pero con la fuerza del trueno en su interior. Como la nube, blanca y suave en el cielo de verano, que en momentos puede convertirse en una poderosa tormenta.

Una pinza real detrás de una pinza falsa.

-Tetsu-san.-Dijo con una inclinación de la cabeza.- Os veo preparada para la conquista de la Capital Imperial.

La joven se ruborizó ante aquel comentario. Seguramente no estaba acostumbrada a ser el centro de atención ni a recibir ningún halago. Dulce como una tarde de verano.

¿Y qué podía esperar él? Con suerte ningún cambio radical. El esperaba unas ropas como las que ya llevaba, sencillas y robustas. Nada recargado. Lo mismo… pero nuevo. Aunque claro, esa no era la idea. Necesitaba una nueva armadura, una preparada específicamente para aquella batalla. Por suerte, estaba en la mejor armería del imperio, con un experto en la materia. Debería dejarse asesorar, dejarse en sus manos.

En silencio, se puso en pie y dirigió una inclinación de cabeza hacia su guía. Señalando que estaba preparado para enfrentarse a una prueba más en aquel campo de batalla.
-I'm too old for this shit.

Avatar de Usuario
Isawa_Hiromi
Dominatrix in WonderRokugan
Mensajes: 6834
Registrado: Lun Sep 08, 2008 2:09 pm
Ubicación: En la Biblioteca de la Ciudad Prohibida... posteando!!

Mensaje por Isawa_Hiromi » Mié Sep 07, 2016 5:28 pm

Matsuhiro asintió ante tu cumplido y pareció complacido con la forma de tomarte aquello, cuando te levantaste te hizo una seña para que siguieras a la criada y te pusieras lo que te había preparado.

¿Qué esperaban de ti?
¿Qué esperabas de ti?
¿Qué podría mostrar aquella armadura?
Mientras te veían tenías una extraña sensación, casi de nauseas, te recordaba un poco al momento de tu boda, esa incertidumbre, miedo, esos pensamientos de si harías lo correcto, de si serías capaz, de si eras lo suficientemente bueno... Una sensación aterradora a la vez que electrizante porque aunque fuera totalmente diferente de cómo te habías imaginado la corte esto empezaba a sentirse como un campo de batalla.

Saliste sin que te dejaran mirarte al espejo, tu apenas habías visto los colores, y la tela, de una calidad increible, suave y fresca, te envolvía y te abrazaba, apenas sonaba al caminar pero ondeaba con elegancia.
Al salir Matsuhiro tenía un enorme espejo de cuerpo entero al lado suyo para que te vieras, pudiste ver antes que nada su sonrisa de aprobación, la cara de Tetsu de sorpresa y alegría a partes iguales a la vez que cierta vergüenza extra por el hecho de veros los dos tan raros, pero había algo de emocionante en todo aquello que ni tu ni ella podías negarlo.

Vestías con unos pantalones de la hakama color marrón muy oscuro, del mismo color que las sandalias de cerezo veteadas que llevabas, un tono robusto pero no apagado, con un leve destello rojizo por la tonalidad de marrón empleado en ambas prendas. La parte de arriba era de un color mostaza muy intenso y oscuro que hacía destacar el mon león en marrón y el Ikoma en tu pecho. El obi era de color naranja oscuro, con hilos de oro había bordados leones que parecían correr por el obi de derecha a izquierda, hacia tus espadas, donde estaban colocadas, como si la fuerza del León fuera a lenar aquellas armas para tus manos. Y llevabas una última prenda, un crubrehakama de general, con hombreras puntiagudas de un color marrón tan oscuro que casi parecía negro en donde destacaba el mon ikoma en su pecho en color oro y el león en la espalda con el mismo hilo de oro bordado de enorme calidad. Y al final te habían repeinado tu cabello y anudado bien, para que mostrase pulcritud y tus canas con orgullo.

"Eres un general León. Dijo Matsuhirodemosle lo que quieren prosiguió hablando pero no sólo les vamos a dar eso, lo que esperan ver, sino lo que significa ser un general León, lo que implica llevar en tus hombros el honor del Clan, las victorias de este por y para el Imperio, la pesada carga de saber que la vida es más pesada que la muerte...

¿Quieren hablar contigo de la muerte? Dejemosle claro que no saben nada de la muerte como un general León puede saberlo...
¿Quieren hablar contigo de la vida? Dejémosle claro lo que es no tener ni idea de la vida habiendo vivido un millar de años en el campo de batalla..."


Matsuhiro sonrió mientras andaba hacia tu lado y te ponía una mano en el hombro:

"Goroku-sensei... ser un General León es una carga muy pesada... es hora que todos esos pretensiosos de la corte sepan lo que pesa realmente, que lo sientan en sus hombros, que sientan cómo caen al suelo por la realidad y cómo su belleza, su juventud, sus tretas... no son nada...

Y cuando estén en el suelo, rendidos y sólo puedan mirar hacia arriba...
Quiero que contemplen lo que una vez pensaron que era chistoso y que ahora es la única realidad que puede contemplar...

Un verdadero general León."
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
Isawa Hiromi, Dominatrix in Wonderland

Avatar de Usuario
Ikoma Goroku
Viejo León Solitario y su Cachorro
Mensajes: 141
Registrado: Mié Nov 07, 2012 9:27 am

Mensaje por Ikoma Goroku » Mié Sep 14, 2016 9:29 am

“Un verdadero general León”

¿Qué significaba aquello? Él llevaba toda su vida en los distintos campos de batalla. Había comenzado aprendiendo lo que es ser un bushi, un guerrero al servicio del clan. Aprendiendo a obedecer, mucho antes que a mandar. Pues hasta el más poderoso Daimyo no es más que el primero de los siervos del Emperador. Ser Samurái significa ser sirviente.

¿Pero qué significaba ser un General? Un general León, general de generales. Significa poder. Poder de controlar el ejército más poderoso del Imperio. Poder de destruir fortalezas, ciudades enteras. Convertir en un erial el hogar del enemigo. Poder de mandar a la muerte a cientos, miles de hombres y mujeres.

Significa muerte y vida. Decidir sobre el futuro de todas aquellas personas. De aquellas bajo su mando, pero también implica poder sobre el enemigo. Y algo más. Implica incluso poder sobre los grandes señores. Goroku nunca había lo había visto de aquella manera hasta ese momento. Sus acciones, sus decisiones sobre el campo de batalla, habían llegado a afectar a los Señores de todos los Clanes. Sus victorias habían alterado los planes de los Clanes enemigos en formas que él nunca llegaría a comprender. Alguien tan pequeño como él había cambiado la vida de los hombres y mujeres más poderosos del Imperio.

Él, que conocía la vida y la muerte, que había vivido entre barro y sangre; había cambiado el curso de la Historia. Eso significaba ser un General León. La fuerza del rugido, la distinción de su melena. Ser un General es el epítome de ser León. Y ser León es el epítome de ser Samurái.

Y parecía que aquel atuendo, aquel… uniforme realzaba cada una de aquellas ideas.

Era como si hubiesen destilado la esencia del significado de aquellas palabras y las hubiesen tejido para confeccionar aquella vestimenta.

Se pasó la mano por su cabeza. Hacía ya tiempo que no tenía ya pelo. Le gustaba la sensación que le reportaba, se sentía limpio, despejado. Los pocos pelos que le aparecían, hacía años que de un gris claro, los cortaba con dedicación cada mañana, con la ayuda de un tanto. Así, fresco, parecía que pensaba con más claridad. Mientras, seguía mirándose en el espejo, evaluando su aspecto. No sólo la vestimenta. Postura, gestos, expresiones faciales. Se notaba más enderezado que los últimos días, las rodillas no le molestaban y no notaba temblores en las manos. Se sentía más… poderoso.

Un verdadero General León.
-I'm too old for this shit.

Avatar de Usuario
Isawa_Hiromi
Dominatrix in WonderRokugan
Mensajes: 6834
Registrado: Lun Sep 08, 2008 2:09 pm
Ubicación: En la Biblioteca de la Ciudad Prohibida... posteando!!

Mensaje por Isawa_Hiromi » Jue Sep 15, 2016 4:02 pm

Matsuhiro ando a vuestro lado, entre los dos mientras ordebana empacar varios trajes más que había preparado para ustedes, cuatro más en total, incluyendo uno de gala para festejos y un atuendo de calidad para entrenamientos, uno de día discreto y uno de noche más solemne, más que el llevábais, con todos los complementos y asintió satisfecho.

"Estamos tan acostumbrados a ser lo que somos, a seguir en este camino infinito hacia la perfección del cuerpo y de la mente, del alma, que a veces olvidamos todos los pasos que henos dado y toda la gente que hemos dejado atrás en nuestra ardua tarea de luchar contra nosotros mismos...

Es hora de volverse hacia atrás y mirar las caras de aquellos que ven nuestras espaldas de lejos...

Para ayudar a unos...
Para demostrar nuestra superioridad a otros..."


Sentenció al final.
Luego ordenó que llevasen todo a vuestra residencia mientras este se despedía de la yasuki y os pedía que volvieseis al rickshaw que seguía esperándoos en la puerta. Después de todo teníais una importante cita en un rato en el Loto y el Pétalo con las damas de la Emperatriz.


De camino hacia allá, ya más distendidos y subiendo de nuevo hacia los distritos interiores nobles Matsuhiro sacó una especie de magazine diario, un periódico local y te lo tendió.

"Ayer te dije que si era importante lo que había hecho que se marcharan precipitadamente las damas de nuestra cena lo sabríamos a primera hora...

Era esto..."


El magazine tenía un único e impactante artículo inicial como apertura...
Otomo Kairi, esposa del daymio Otomo... muerta.

Matsuhiro sacó su pipa mashikanshiha y comenzó a prepararla para fumar mientras leías la poca información que contenía el panfleto. Se decía que el Daymio otomo se la había encontrado, que parecía un suicidio pero que no había revelaciones al respecto, que la Ciudad Prohibida no había hecho declaraciones al respecto ni el Señor de las Serpientes y que junto a la muerte también al día anterior de uno de los sobrinos de un Miembro del Consejo de los Seis la Ciudad Prohibida estaba de luto preveyendose el entierro e incineración para aquella misma noche tras todos los rituales de purificación oportunos.

Matsuhiro encendió la pipa.

"Las implicaciones políticas de este hecho........ van a ser descomunales...."

Murmuró.

"Me extraña que la Dama Kotoko y la Dama Kuronuma no hayan querido cancelar la cita...
Pero supongo que todo esta medido en esta ciudad... y tanto si ha sido un suicidio poco adecuado como si ha sido algo más.... ahora mismo les conviene mantener la calma..."


Matsuhiro le dio una larga calada a la pipa mirando al cielo con ojos taciturnos y perdidos y murmuró:

"Ha vuelto al ciclo del karma una de las mujeres más dulces que jamás han tocado la faz de esta tierra... Espero que Enma-oh haya sido piadoso al recibirla en su Morada y la haya conducido de vuelta al ciclo del karma con los beneficios que ha obtenido en esta vida o la haya hecho cruzar al otro lado...."
"Nací con el mar
Libertad del estío
y profundidad."


"Los caminos no están para llegar a nuestro destino sino para recorrerlos"

"NOSOTROS somos Otosan Uchi, el resto son sólo palabras."
Isawa Hiromi, Dominatrix in Wonderland

Responder

¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 1 invitado