PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Ciudad imperial, morada del Hantei, la ciudad más grande e importante del imperio esmeralda.<br>Aqui se narran los hechos dentro de los distritos exteriores y los distritos interiores.
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Isawa_Hiromi
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KYUDEN BAYUSHI


El inicio de la primavera se había retrasado aquel año, aún hacía frío y algunas de las flores tardarían en florecer, pero no te sentías ansioso, después de todo el paso del tiempo te había enseñado a que la naturaleza siempre seguía su curso y que esto mismo era una misma lección que aprender, sobre lo inevitable.

Lo inevitable como de haber sido criado por otra familia. Por un conflicto que no empezaba contigo pero al que tu si que le dabas solución, con tu propia vida. Ser criado como un grulla en la corte de los escorpiones no había sido más que un esperpento en si mismo, aunque no te diste quizás cuenta de ello hasta que con el gempukku todos los que te rodeaban de tu edad comenzaron a portar máscaras. Si, puede que fuese aquel momento cuando te diste cuenta que las rosas eran muy hermosas pero llenas de espinas.

Aún así en tu casa nunca se te trató mal, te dieron una educación digna de la familia en la que estabas y pudiste dedicarte al arte que era para lo que parecías haber nacido. Para las flores. Para la belleza perecedera. Para estos haikus que daban la naturaleza.

Kyuden Bayushi era uno de los lugares más hermosos en cuanto a flores se tratataba, junto con Kyuden Doji o Kyuden Kakita así que todo lo que deseabas lo tenías, además que en el clan escorpión se estilaban invernaderos para hacer crecer toda clase de flores de la zona o no, de la época en otro momento y para usos dispares.

Aquella parecía una mañana como cualquier otra cuando tu "padre" te mandó llamar.
Bayushi Hideo era un alto cortesano de la familia, que en su mayor parte había estado de dedicado a labores de mediación con otros clanes, en especial con la Grulla, de ahí que fuera el elegido para realizar el intercambio de rehenes. Era un hombre serio y severo, no podrías decir que era alguien cariñoso, pero no para contigo, sino en general con su familia, aunque bien era cierto que en la intimidad solía mirar a su mujer con devoción.

Bayushi Suyen había sido Soshi, era shugenja, una mujer de intelecto afilado y artes aún más que desde hacía tiempo se dedicaba a su familia, a apoyarla en todo lo que necesitara con sus múltiples habilidades. No se movía nada en la casa sin que ella lo supiera, de una u otra forma... y en general esa era la tónica en su vida y todo lo que la rodeaba. Podrían decirse muchas cosas de ella pero era una buena madre, o al menos una totalmente volcada con su hijo, el que le quedaba en casa, el mayor, Kazuhiko.

Por tu parte tu podías entender que el cambio por su hijo pequeño era normal que creara cierta distancia contigo, puede que de pequeño aquello te hubiera supuesto más de un llanto pero jamás te había tratado mal, de hecho siempre usaba muy buenas palabras para contigo, incluso cuando te señalaba tus faltas, las cuales, al parecer por las de veces que te las señalaba, eran muchas. Pero es que claro... es normal cuando parte de tu vida te han criado de una forma y tienes que volver a empezar de cero ¿verdad?

El hermano que ahora tenías y que no era el de sangre era Kazuhiko, tres años mayor que tu, bushi, un ágil duelista que aterraba a sus compañeros de promoción porque no era de provocación, sólo de actos. Era temperamental y algunos decían que despiadado, pero lo cierto es que contigo se comportaba de manera diferente. Puede que muchas veces le fueras una molestia, podías entenderlo, después de todo eras torpe a la hora de entender la forma de relacionarte con los escorpiones aunque pasase tiempo (ya que tu educación incluso allí había sido grulla, te habían traido a un tutor de tus tierras) y a veces fuera airado contigo, pero sin embargo, incluso criado en el núcleo de los pinzados jamás nadie hizo nada contra ti pues Kazuhiko te protegía delante de todos. Un orgullo extra para sus padres, que entendían aquella forma de existencia, la tuya, como parte de su lealtad hacia su clan, una que debía ser cumplido de forma impecable.

Toda la familia estaba al completo cuando entraste en el salón de té. El matrimonio sentados uno al lado del otro en la mesa y en frente, al lado del sitio vacío, tu hermanastro.

"Siéntate Sora."

Señaló tu padre hacia el sitio libre.

"Tenemos una noticia que daros."

Suyen sirvió té para todos y esperó a que te sentases para que su marido comenzase a hablar de nuevo.

"Se nos ha pedido por parte del Clan que vayamos a la capital para servir en los intereses de este y para que..."

Hideo os miró a ambos.

"Empecemos con ciertos trámites para con ustedes dos, que ya tienen cierta edad para que nosotros comencemos a buscaros una pareja adecuada y que traiga gloria y honra a la familia."







Bayushi Hideo
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Bayushi Suyen
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Bayushi Kazuhiko
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Doji Sora
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Mensaje por Doji Sora »

De todas las estaciones, el invierno era la preferida por Sora. Aunque el mundo ocultara su rostro tras una máscara blanca, también era la época en la que florecían sus flores preferidas. Estaba acostumbrado, de alguna forma, a la presencia de aquella barrera entre él y cuanto le rodeaba pero durante los meses fríos Kyuden Bayushi acogía embajadores y diplomáticos de lugares lejanos del Imperio que aportaban un toque de color al permanente rojo y negro en el que había crecido.

También era la época en la que más ocupado estaba entre sus estudios y algunas demostraciones prácticas para entretener a los invitados pero, siempre que tenía algo de tiempo libre y la oportunidad, salía al jardín de invierno para ver las camelias.

En eso andaba esa mañana, agradecido porque el frío había alargado un poco más la vida de aquellas pequeñas maravillas unos días más. Había recibido el retraso del buen tiempo como una pequeña bendición personal. Tal vez fuese un buen presagio. Sin el ajetreo de la corte de invierno, paseaba entre algunas de sus variedades rosadas preferidas de ese año cuando le avisaron de que su padre le esperaba en el salón de té. Ojalá fuese bueno.

Era el último en llegar. Dócilmente asintió y tomó asiento junto a su hermano. Era la nota discordante en aquella mesa de cuatro pero, sin necesidad de haber firmado un pacto, todos evitaban desde hace mucho mencionar aquel detalle. Más máscaras.

Sólo el susurro del té rompía el silencio en la habitación y Sora buscó los ojos de la mujer a la que llamaba madre, intentando adivinar alguna pista sobre el asunto que requería una reunión formal de toda la familia. Como de costumbre, nada podía leer en aquella expresión dulce de santa y amante esposa.

Bajó sus ojos al té y los mantuvo en su propia taza hasta que su padre habló.

¡¿La capital?!

Las cejas del chico grulla se levantaron levemente y sus ojos se abrieron un poco más, impactados con la noticia. Sería la primera vez que dejase aquel palacio desde que era un niño, único hogar que podía recordar.

La capital...

Se corrigió agachando la cabeza de nuevo y asintió en una profunda reverencia.

"Se hará como usted diga, Hideo-otosan."

Un lugar nuevo, fuera de la cárcel de lujo que había sido aquel palacio.

Esperó a que su padre probara el té antes siquiera de tocar la taza.
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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi »

"Hai. La capital."

Asintió este antes de beber y hacer así que los demás pudieran hacerlo.

"Este año hay mucho movimiento allí, se están acercando grandes eventos y es importante estar en esa clase de momentos y más cuando se nos ha pedido nuestras presencia."

La suya en realidad, la de la familia entonces si él lo decidía.Para servir a aquella alianza y para determinar los siguientes pasos hacia el futuro.

"Me he estado carteando con Jubei-sama, el Embajador de la ciudad y tiene previsto algunos quehaceres no sólo para conmigo, el ocio sin contemplaciones es la peor de las enfermedades en aquella ciudad, espero que entendáis de lo que estoy hablando."

Comentó con seriedad. El ocio hacía que muchos terminasen diluyendo sus energías y malgastando su tiempo en lo que no era adecuado, de eso sabía bien el escorpión que era quien sacaba rédito de aquello. Eso lo decía sobretodo por ti, no lo mencionó de una forma determinada pero estaba claro que pensaba que si alguien podría ser más proclive a olvidar los peligros de la gran ciudad era el joven grulla.

"Un hombre prevenido vale por dos."

Dijo Suyen con una comedida sonrisa elogiando a su marido. Este asintió.

"Por eso mismo cuando lleguemos a la ciudad, Kazuhiko, quedarás a disposición no sólo de esta familia sino que he estado hablando con el Embajador para que puedas ayudar a una de sus ayudantes, Shosuro Murasaki, en los asuntos que competan y que requieran de tus habilidades."

Kazuhiko asintió.

"Es una joven dama encomiable que tiene un talento innato para saber moverse en la corte de la que espero que aprendas todo lo que puedas."

"Hai, otosan." 

"Por tu parte, Sora." Se volvió hacia ti. "La joven maestra de ikebana Shosuro Hatsuyo, está también en la ciudad y está haciendo una serie de encargos para la Embajada Escorpión y Grulla, estaba buscando a un ayudante para los grandes encargos que está teniendo así que te postulé para dicho puesto y el Embajador Jubei nos ha dado la oportunidad que te pruebes en este puesto en el que espero que puedas desarrollar tu arte y además mostrar las ventajas de la comprensión mutua."

Suyen asintió y añadió:

"La maestra Hatsuyo ha estudiado en Kyuden Kakita así que... Hideo-san y yo hemos visto muy conveniente esto debido a tu crianza, esperando que esto te sirva para estar a la altura de lo esperado."

No es que hubieras usado la excusa de haber estado en esta situación alguna vez para excusas tus faltas, no te atreverías, pero no era necesario para poder aplastar de aquella forma la leve posibilidad si te ofrecían una oportunidad semejante. 
¿No era considerado por parte de estos el buscar a alguien con semejantes características?

"Partiremos en dos días, así que necesito que comencéis a hacer ya vuestro equipaje y le digáis a los criados lo que necesitáis llevaros."

Anunció.Dio un pequeño trago al té.

"Si tenéis que despediros de alguien o comentar dónde pueden enviaros las misivas." Eso iba sobretodo por ti por el tema de cuando te escribías con tu familia. "Que lo remitan a la Embajada Escorpión en la capital que ella es la que se encarga luego de transferir la correspondencia."

"¿Alguna duda?" Preguntó Suyen a los dos.


Tras responder si hubo alguna o sin haberlo estado Hideo os dio permiso para levantaros e iros, en realidad no era un permiso era más bien una orden, así que tu hermano y tu os levantasteis para hacerlo.

"¿No piensas cambiar esa expresión?"

Dijo este caminando contigo hacia vuestras habitaciones que estaban casi contiguas.

No tenías claro a qué se refería cuando este se paró en seco y eso hizo que tu también lo hicieras como acto reflejo. Kazuhiko llevaba máscara en aquel momento, había venido de la calle y tan siquiera se la había quitado. Le recorría toda la parte superior con sombras negras de enredaderas que se tornaban de color plata. Sus ojos rasgados y negros te escrutaban y dio medio paso hacia ti, de manera que si ya de por si al caminar en el pasillo la distancia no era demasiada se hizo angosta de golpe.

"Deberías estar radiante por poder ir a una ciudad llena de "los tuyos"

Y de tanto otros claro, pero la separación de "ellos" y "nosotros" había supuesto una barrera para ti toda la vida, sin embargo aquello de pronto se sentía solitario como si te quitasen algo que no sabías que valía o que no querías asumir.
Kazuhiko volvió a andar hacia su habitación. ¿Sentías como si estuvieras abandonando a los que te habían acogido si te sentías de aquella forma? ¿o era sólo una ilusión?
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Doji Sora »

El calor que extendió el té por su cuerpo fue reconfortante y le ayudó a serenarse, paradójicamente también a pensar con la cabeza más fría.

Volvió a agachar la cabeza mostrando que comprendía las palabras de Hideo pero con la previsión inculcada desde siempre, la ociosidad no era un problema del que preocuparse. De hecho, era lo último en lo que pensaba. Una ciudad llena de posibilidades, contactos, artistas de todos los campos reunidos. La capital debía ser un enorme jardín y deseaba visitarlo.

Sintió una pequeña punzada de orgullo al escuchar que también su hermano tendría un papel importante dentro de la embajada, aunque le preocupaba que el carácter del que en ocasiones hacía gala pudiera causarle algún problema. No podía sino confiar en su buen juicio… y tal vez rezar a las fortunas.

Se sorprendió un poco cuando la conversación se volvió hacia él y sus ojos se encontraron con los severos, ahora profundamente serios, de su padre. ¿De verdad iba a poder ayudar a una maestra escorpión con sus arreglos? Era una oportunidad única, maravillosa.

“No le decepcionaré, Hideo-otosan.”

Dijo inclinándose en una reverencia. Era el mayor reto al que nunca se había enfrentado y, si conseguía impresionar a Hatsuyo y al embajador, algunos de sus arreglos podrían llegar a la embajada grulla. Sería lo más cerca de su hogar que habría estado desde que podía recordar.

No había tenido ocasión de moverse cuando Suyen contó que también Hatsuyo había estudiado lejos de su hogar. De pronto tenía muchas ganas de conocerla y de conocer sus circunstancias. Puede que su madre tuviera razón y aquel punto de unión les hiciera comprenderse.

“Gracias, padres, por su consideración.”

En dos días, todo lo que conocía cambiaría de nuevo. Esa vez tampoco sabía durante cuánto tiempo. Pero no, no había ninguna duda.

Tras despedirse, salió junto a Kazuhiko.

Quiso ignorar el comentario de su hermano, la habitación no quedaba tan lejos como para que el silencio tras ello se hiciese incómodo, pero cayó en la trampa de detenerse.

“¿Qué expresión es la que le gustaría, Kazuhiko-oniisan?”

Al volverse hacia su hermano, éste se había acercado suficiente como para hacerle retrasar uno de los pies. Aquellas enredaderas plateadas que enmarcaban sus ojos entre las sombras parecían prolongarse hasta el cabello del grulla, donde adornaban brillantes y luminosas algunos de los mechones de su cabello que se recogían hacia la parte trasera de su cabeza.

“Le guste o no, donde quiera que vayamos, sigo siendo parte de esta familia.”

Porque, a pesar de todo y aunque fuera de forma egoísta, aquella gente le había criado. Se mezclaban en un mismo punto la gratitud hacia las personas que habían cuidado de él todo ese tiempo y su deber con el clan de la grulla. Su vida nunca le había pertenecido y todo lo que se esperaba de él era que permaneciera en su posición como solución a un conflicto cuyos detalles tampoco conocía del todo.

“Estoy seguro de que tendrá muchos asuntos de los que ocuparse antes de que partamos.”
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Isawa_Hiromi
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Mensaje por Isawa_Hiromi »

Hideo asintió ante tus palabras en un movimiento regio y con sus oscuros ojos fijos en los tuyos.

"Igual que las katanas no han nacido para estar en un expositor, los samurais no han nacido para estar ociosos sin servir a su Clan y al Imperio, a su deber y a su cometido."

Así que eso era también para ti, refiriéndose en tú cometido para con la nueva ciudad.

"Será un momento muy propicio para demostrar que lo aprendido de tu maestría en nuestras tierras ha sido de provecho y has actuado conforme a lo que la familia espera de ti."

Comentó Suyen con cierto aire distendido, quizás pudiera notarse cierto deje, pero por supuesto, hablaba del esfuerzo que estos habían hecho para contigo, para traerte a alguien con quien estudiar de tu escuela por lejos que estuvieras y hacer honor al pacto entre las familias acordadas con vuestro intercambio.


No hubo preguntas, seguramente muchos anhelos, así que estos os dejaron marchar a los dos.
Kazuhiko estaba quizás demasiado cerca para alguien desconocido, no para un familiar, puede que eso fuera justo lo que te pusiera nervioso, que no debería.

"Me valdría con... alguna, que fuera real."

Dio medio paso más hacia ti, escrutando tu expresión.

"Se supone que dicen que somos nosotros los que llevamos máscara y sin embargo..."


Kazuhiko retiró con su mano su máscara y te miró a los ojos, con su tez blanca y sus ojos rasgados y profundos.

"¿No es de mala educación hacerlo con la familia?"

Retorció tus palabras.Torció el gesto con cierta molestia y dio un paso hacia la dirección de su cuarto mientras volvía a ponerse la máscara y te dejaba de espalda.

"Haz bien la maleta, no te dejes nada."



...

Vivir en una casa del Clan Escorpión supone entre otras cosas que las habitaciones no son cuadradas ni rectangulares, sino tienen formas dispares que desentonan y crean espacios y huecos extravagantes con posibilidades de crear confusiones a posta.

Tus habitaciones en cambio eran clásicas y rectangulares, un desentono más en aquel lugar que trataba de dar una normalidad, con las fusamas pintazas en tonos azulados, con flores, en un ambiente dulce y muy grulla que aún remarcaba más el hecho de lo que eras y dónde.

¿Habías llegado a acostumbrarte a aquello realmente? ¿O era una forma más de sentirte diferente y extraño en tu casa?

Había cosas que recoger y que mandar que te llevasen, una cantidad ingente de preciosos kimonos que la familia te había regalado, muchos de ellos con pequeños detalles en rojo y negro, con el mon Bayushi bordado en la zona derecha del pecho. Tenías todas las comodidades y joyas de un joven criado en una casa como esa, noble, rica y bien posicionada.
La decisión de qué llevarte podía ser sencilla en el sentido de saber lo que necesitabas y compleja por la cantidad de cosas que podrías llevarte, pero puede que lo primero que pensases fue en llevarte aquel libro, un libro de cuentos infantil que alguien de aquella casa te había regalado aunque era suyo, al inicio, cuando llegaste a aquel lugar hostil y no podías conciliar el sueño por las lágrimas.

Luego estaba aquello otro. Una pelota de hilo preciosa hecha, azul y plata, de un recuerdo de infancia de alguien al que apenas recordabas su cara, del único amigo que la corta infancia en tierras Grullas te había dejado hacer y del que ahora sólo era un nombre difuso. Daidoji Yasahiro.
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Doji Sora »

Kazuhiko era más alto y desprendía desde niño un aura de volatilidad que tenía a Sora en constante estado de alerta. Nunca sabía cómo podía reaccionar. Quedarse a solas acababa siendo siempre un poco… ¿inquietante?

Se colocó el cabello detrás de la oreja en un movimiento reflejo, mostrando sin querer su nerviosismo al tenerle todavía más cerca. Una vez más había caído en su trampa, esa vez la de aquellos ojos oscuros como un pozo de alquitrán en el que estuviera metido hasta las rodillas. ¿De verdad tenía la desfachatez de insultarle así, de acusarle a él de no mostrarse completamente? No debería molestarle tanto que lo hiciera pero la verdad era que dolía.

“¿De verdad Kazuhiko-oniisan quiere una expresión real?”

En su experiencia allí, la honestidad o la sinceridad rara vez tenían recompensa. Pero sí, si es lo que quería, eso mismo pensaba darle.

”Estoy preocupado por el trabajo con la embajada. Kazuhiko-oniisan puede llegar a ser temperamental en ocasiones.”

Y eso podía suponer un problema que afectara a toda la familia… pero sobre todo temía por su hermano. Era una presencia que se había acostumbrado a tener a su alrededor y que apreciaba sin saber por qué. La situación en la que vivía no era culpa de ninguno de los dos, se había forzado a pensar desde el principio, y puede que por esa razón estuviera más dispuesto a pasar cosas por alto o poner más en valor sus escasos detalles amables.

Suspiró al ganar espacio entre ambos y se dirigió hacia sus propios aposentos una vez Kazuhiko hubo desaparecido.



Aquella habitación era como una casa de muñecas dentro de una caja, un pequeño pedazo de palacio grulla concentrado y conectado a una casa con la que nada tenía que ver.

Entre esas paredes se había sentido como un animal enjaulado y también habían sido su refugio del mundo exterior. En ese momento se sentía simplemente en paz con su cuarto pero la idea de tener que abandonarlo le apenaba un poco.

Las fusamas de uno de los lados estaban pintadas de blanco y azul. Lo había hecho él mismo tiempo atrás, después de pedir permiso para ello, en un ataque de añoranza imitando las olas del mar. Más tarde se dio cuenta de que había elegido los colores no en su memoria sino a partir de las ilustraciones de una lectura reciente y que el arrullo que recordaba seguramente ya no se parecía en nada al que sonaba en la costa.

Se paró cerrando tras de sí. Una sensación de melancolía llenaba su pecho. Esa vez era un adulto y como tal organizaría su propio equipaje. Sabía que incluso en eso habría de ser juzgado.

Debía ser práctico, llevar aquello que fuera a necesitar de forma más inmediata y que no pudiera sustituirse fácilmente por algunas monedas. Los kimonos más gruesos para el invierno quedaban descartados. Las joyas eran importantes, pues debía mostrar que su familia de acogida era generosa con él.

Tampoco debía parecer desapegado, de ninguna de sus dos familias, y supo que se llevaría el cofrecito en el que guardaba la correspondencia con su madre y también aquel libro de cuentos infantiles que por costumbre todavía colocaba cada noche parcialmente cubierto bajo su futón.

En el armario estaba localizando ambas cosas cuando encontró casi olvidada en un rincón una pequeña pelota. Con ella en las manos, un nombre acudió a sus labios como un reflejo puramente muscular.

”Yasahiro-san.”

Había una sonrisa en su boca y por el rabillo del ojo captó el movimiento del dibujo en la fusama y un lejano sonido a mar que al parpadear y volverse a mirar… ya no seguían ahí. Aunque breve, aquel nombre había sido como una invocación. La que sí permanecía en la habitación era una sonrisa diminuta que introdujo la pelota dentro del cofre con las cartas para evitar preguntas acerca de tan insólito capricho.

Justo después y antes de empezar a pensar en su vestuario, dispuso todo para ponerse a escribir en un papel con el delicadísimo tono rosado de los pétalos de sakura.

“Estimada madre,

El invierno se resiste a abandonarnos en Kyuden Bayushi pero poco a poco el clima se está volviendo más gentil. Esta estación las camelias han florecido hermosas y creo que adornarán los jardines al menos hasta mediados de la próxima. Normalmente estaría emocionado con la idea pero me va a ser imposible continuar disfrutando de ellas.

Bayushi Hideo-sama ha sido requerido en la capital con efecto inmediato y toda la familia le acompañará. ¿Cree que las camelias de la capital serán igual de hermosas? Estoy deseando comprobarlo.

Ha sido una noticia inesperada pero muy emocionante. Bayushi Hideo-sama ha conseguido que el Embajador Jubei considere mi candidatura para el puesto de ayudante de una importante maestra de ikebana. Bayushi Suyen-sama dice que estudió en Kyuden Kakita a pesar de formar parte de la familia Shosuro. Tal vez sea el motivo por el que recibe encargos de ambas embajadas.

Estoy seguro de que va a ser una experiencia muy provechosa para mí e impaciente por partir, aunque no será hasta dentro de dos días. En adelante, le ruego que dirija la correspondencia a la embajada escorpión en la capital aunque volveré a escribir en cuanto nos hayamos instalado para relatarle mi viaje.

Trasmita mis mejores deseos a padre. Estaré deseoso de recibir noticias de ambos y compartir pronto las mías.”


Los trazos del pincel, aunque hermosos, delataban cierto nerviosismo y emoción para alguien que supiera leerlos. Terminó poniendo su sello personal y entregó la carta a un criado con las instrucciones para que, algunos días más tarde, su carta terminara en manos de Doji Shinju.
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Isawa_Hiromi »

El aura de Kazuhiko era totalmente intoxicante en su cercanía, era como una enorme luz o mejor dicho oscuridad que todo lo tragaba y que te hacía imposible apartar la mirada.

"¿Si no por qué lo diría?"

Alzo una ceja mientras levantaba la barbilla al mirarte. Alzó su mano y fue hacia el mechón que habías recolocado y de nuevo lo puso mal, donde estaba antes, imperfecto.

"Te dedicas a diario a hacer ver que existe la perfección pero es una ilusión. Sólo son mentiras hermosas."


El roce de sus dedos fue fugaz pero electrizante. Pero entonces le respondiste. Primero estaba serio pero al final esbozo una sonrisa ladeada y se inclinó un poco hacia ti, ya que era mucho más alto, quedando su rostros a tu altura.

"Puede que eso fuera lo mejor para los dos."

Que mi temperamento me pierda y...Se levantó en su posición despacio sin dejar de mirarte.

"Al menos para ti."

Dijo antes de marcharse.

...


Habías recogido casi todo y estabas ya preparado, llevabas tiempo de sobra aunque te habías parado un poco a pensar qué llevarte y que no. Al final te habías quedado obnubilado, con las fusamas de tus habitaciones que daban hacia uno de los jardines laterales, mirando a la nada cuando oiste una voz.

"Supongo que la forma de hacer las maletas los grullas es distinta a la de los Escorpiones."

Reconociste al momento la voz y subiste la mirada. En la casa de enfrente, justo a lado de tu tapia había un enorme arbol que sobrepasaba la linde entre las casas, era un árbol viejo de enormes ramas y tronco y en una de estas, sentado tranquilamente, más bien estando recostado esta tu vecino, Shoshuro Gei.

Gei era actor, se pasaba muchos meses en el año (ya que era de la edad de Katsuhiko) fuera y ni tan siquiera sabías que habías vuelto. De pequeño solía meterse mucho contigo, algo que tu hermano te había defendido, con el paso de los años dichos ataques habían ido remitiendo, aunque siempre tenía esa forma picajosa de hablarte.

"Eso o una vez más Sooora-chan está perdido entre sus nubes"


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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Doji Sora »

Te dedicas a diario a hacer ver que existe la perfección pero es una ilusión.

Con sus deberes terminados, la voz de Kazuhiko sonaba cada vez más fuerte dentro de su cabeza. Pensar en los kimonos favoritos de su familia y cuáles de los suyos podían estar más en armonía con ellos o recordar cuáles habían sido regalos más personales y sería adecuado mostrar más aprecio por ellos le había distraído de aquel horrible deje de desprecio en su voz… pero ya no.

Sólo son mentiras hermosas.

El arte poco o nada tiene que ver con la ilusión o la mentira. Siquiera con la perfección de nada que no sea el espíritu. Podría haber gritado de frustración ante una afirmación tan horrible como esa pero, ¿de qué serviría?

El ikebana, cualquier arte, no persigue una belleza falsa. Lo que hacía, lo que cualquier artista hace, es buscar la armonía. El arte habla del alma humana y del lugar del samurái en el mundo. Con ese objeto, es normal que sea percibido como bello pero se trata de un accidente, no de su cometido.

La perfección vacía es una línea recta pero el arte no tiene líneas rectas. La caligrafía, el baile, una espada. Todos ellos son movimiento. Una vara tiesa no habla del ser humano, es sólo un palo. Son los nudos, las bifurcaciones, las yemas y hojas las que dotan de expresión, las que colocan los elementos del universo en juego, las que colocan el cielo, la tierra, la humanidad y el yo. Y aunque el hombre no haya sido educado en el arte, el alma se reconoce y porque se conmueve lo encuentra bello.

Pero Kazuhiko no atendería a razones. Su único objetivo era enervarle… y no podía culparle por ello. En su lugar también Sora estaría molesto. Sus ojos recorrían las fusamas desde hacía un rato, entre las pinceladas arremolinadas de la espuma y las montañas del agua. ¿No podía ver que incluso las manifestaciones de los Kamis cuentan la misma historia? La diferencia entre una espada y un cuchillo.

Una voz le sacó de sus pensamientos. Se volvió hacia ella.

“¿Gei-san?”

Sabía perfectamente que era él, reconocería su voz en cualquier lugar. Sora se levantó delicadamente y salió al porche para verle mejor.

“Gei-san es la única nube que he visto hoy.”

Sonreía, con la cabeza ligeramente inclinada. Con el tiempo el shosuro se había convertido en algo parecido a un amigo o bien sus largas ausencias hacían que, de una a otra ocasión, olvidara su comportamiento impertinente.

“Entonces ya lo sabes. No imaginaba que podría despedirme de Gei-san en persona. ¿Cuándo has vuelto?”

Para Sora, la forma de vida de alguien como Shosuro Gei parecía increíble y apasionante. Siempre viajando, entregado a su arte y conociendo a otras personas. Podía soportar el sonsonete con el que se dirigía a él a veces a cambio del relato de algunas sus aventuras.

“¿Has pasado el invierno en otra corte? ¿Cómo ha sido? Esta vez tienes que contármelo más que nunca. Es la última oportunidad antes de que me marche y también yo conozca otros lugares.”

¿Le importaría acaso, incluso si no volvían a verse? Una parte de él quería pedirle que le escribiera de vez en cuando, aunque fuera para saber que se encontraba bien. La otra pensaba que Gei nunca se lo había pedido en ninguna de sus ausencias.

“Gei-san…”

Y si nunca lo había hecho, ¿no significaba eso algo?
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Miya Nadesiko »

Gei sonrió con amplitud. Aquel tipo era muy peculiar, desde siempre, bien era cierto que de joven se metía mucho contigo pero con el tiempo también te habías dado cuenta que eso era debido a que también estaba mucho contigo, no rehuía de tu compañía ni te miraba raro. Hacía las mismas bromas y te trataba de la misma forma socarrona que a cualquiera.

"Entonces... ¿qué tipo de formas has visto en esa nube?"

Te preguntó sonriente.De pequeños muchas veces jugabais a eso, a estar tumbados en la hierba contemplando el pasar de las nubes y jugar a qué formas os parecían tener.

Se sentó en la rama del árbol con las piernas colgando y asintió:

"Hai, me he enterado hace un rato. Yo en realidad no he vuelto, estoy de paso, mi grupo se marcha de nuevo de gira."


Dio un salto con agilidad felina, Gei siempre había sido muy hábil en cuanto a cabriolas se trataban y se puso en la tapia entre las dos casas para bajar de un salto.

"Terminamos lo que teníamos que hacer en la Ciudad de la rana Rica, la verdad es que fue un éxito."

Sonrió mientras se acercaba. Gei no tenía puesta la máscara porque estaba en su casa hasta hacía tan sólo dos segundos, el solía llevar enterizas de porcelana.

Se sentó en el pasillo exterior de tu casa y te hizo una seña para que te sentases a su lado.

"Pasamos el invierno allí, lo que me gusta de las ciudades para los inviernos es que son mucho más culturales que los palacios y las ciudades de los clanes, siempre hay más habitantes de otros clanes con otros gustos. Fue interesante, pasaron muchas cosas, como por ejemplo... duelos por amor, fantasmas, iluminación..."

Gei se rió, tendía a exagerar pero muchas veces en sus historias no estabas del todo seguro si era verdad o se metía contigo, a veces la historia por increíble que fuera sonaba tan real...

"Pero ahora te toca a ti volar ¿verdad? Bueno, tienes todo un cielo para ti."


Sonrió mientras se apoyaba hacia atrás en el pasillo y quedaba mirando relajado al cielo.

"Pero no me extrañes mucho, no voy a renunciar fácilmente a mi mejor oyente."


Se rio.

"¿No sabes qué es lo que dicen de los Shosuro?"

Ladeó la cabeza para mirarte al decirlo:

"Somos como las sombras, siempre estamos ahí"

Te guiño un ojo.

"Así que no llores por dejarme atrás, porque, quién sabe, puede que haya aspirado a conseguir papel en la obra que está a punto de comenzar en tu nueva vida"
"Oye mi voz, pues es la del Emperador"


"El arte de la guerra es la manera de conservar la paz"

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Doji Sora
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Doji Sora »

"Era..."

Volvió a inclinar la cabeza pensando una respuesta más que describiendo algo que estuviera a la vista.

“Se parecía mucho a la que vimos aquella noche después del festival cerca del río.”

Sin más detalles. No eran necesarios. El recuerdo tenía ¿cinco o casi seis años? y databa del último verano que Gei había pasado como niño. Se habían alejado juntos de los puestos y los farolillos con algo de comida para ver el cielo. Esa noche estaba atravesado por largos girones de nubes que ocultaban temporalmente las estrellas y discutieron sobre si su paso se parecía más a las telas teñidas en el río o el humo del té en invierno. Sora quería tener razón por una vez para que dejara de meterse con él por ser más pequeño y se metió en el río hasta casi las rodillas para ilustrar con la manga de su kimono cómo era el movimiento de la seda en el agua y lo poco que se parecía al de las nubes. No salió nada bien. Además de perder la brocheta que estaba comiendo, se había metido con las sandalias y salió sólo con una. Gei se pasó más de una hora ayudándole a buscar la otra, intentando no mojarse demasiado mientras el grulla lloraba desconsolado porque no quería volver a casa descalzo y ser castigado por descuidado. No mucho después, el shosuro comenzó su carrera y desde entonces se habían ido viendo cada vez menos a pesar de vivir en casas contiguas.

“Oh.”

Sonó un poco decepcionado al saber que no te quedarías, sin caer en la cuenta en ese momento de que, de todas formas, tampoco él iba a estar ahí.

“¡Oh…!”

Esa vez fue entre sorpresa y preocupación ante aquellas maniobras imprudentes, seguido por una mirada de reproche que invitaba a utilizar la puerta delantera de la casa en otra ocasión… pero acabó acercándose a acompañarte. Era fácil encandilarle con el relato de un lugar lejano, más si incluía duelos por amor.

“Qué terrible… Qué romántico…”

Desde luego no lo comentaba por los fantasmas o la iluminación.

Sora se quedó más recto, sentado de forma demasiado apropiada pero te acompañó en la contemplación celeste. Sí que le tocaba volar y se sentía preparado y con ganas de intentarlo. Los días despejados como ese eran más fríos en invierno pero los días nublados resultaba más difícil encontrar formas en nubes sobre nubes.

“Una de las cosas buenas que tiene el cielo es que, no importa dónde vayas, siempre va contigo.”

Fue lo que pensó el día que eligió su nombre. Quería evitar que su madre le olvidase como él había empezado a olvidarla a ella. ¿Funcionaría con Gei-san?

“¡No voy a llorar!”

Se quejó ofendido después de que hubiera hecho un comentario tan dulce como el de las sombras.

“Puede que sea Gei-san quien se entristezca al volver a casa y no tener a nadie a quien molestar infiltrándose en su jardín como un ladrón.”

Le recriminó aunque en realidad le parecía divertido.

“Acuérdate de mí si consigues al final ese papel.”
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Isawa_Hiromi
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Isawa_Hiromi »

Gei se rió bajo ante esa respuesta. Estabas pensando en si sería lo suficiente clara y a la vez ambigua.

"¿Y también me acarrearía una semana de fiebres por ello?"

Te preguntó divertido.
El final de aquel relato es que la sandalia nunca había sido encontrada y lloroso, Gei te cargó hasta casa en sus espaldas, mojado como estaba al tratar de haberte ayudado hasta las rodillas y con todo su cuerpo pingueando al, agarrarte a él y tener las mangas mojadas terminar empapado. Era verano, pero el final de este y a esas horas del final de la tarde ya refrescaba.

Aquello le había costado una semana en casa muy resfriado y con una madre realmente enfadada porque podía haber dañado su voz justo antes de las primeras pruebas para su gempukku. Aquello se había convertido en una de esas formas que tu vecino tenía de meterse contigo después de todo "los idiotas no se resfriaban" por eso tu no lo hiciste. Aunque puede que tuviera que ver que su cubre haori te lo puso sobre los hombros para luego cargarte hasta casa. Puede.

Sentados en el porche este se rió al oirte decir aquello, sabiendo que te referías al duelo por amor.

"¿No es acaso el amor el más terrible de todos los sentimientos que el corazón de un humano puede cargar? Es como una cadena pesada de metal que te asfixia y que te quita todo lo que es tuyo."

Te dijo con la cabeza medio gacha haciendo que por la sombra de los árboles no se le viera su expresión bien del todo, salvo una alargada sonrisa sibilina.

"¿Estás diciéndome que siempre vas a estar conmigo, Sora-chan?"

Te preguntó de pronto con tono burlón ante tu frase mientras se volvía hacia ti y se acercaba quizás demasiado.
Estalló en una carcajada ante tu queja sobre que no llorarías y se tumbó en el suelo de madera del pasillo, cruzando una de sus piernas por encima de la otra mientras te veía quejarte.

"Yo creo que si que lo harás."

Te picó haciendo que de nuevo protestases. Entonces cuando dijiste lo de que no podría colarse más de un salto se incorporó con una agilidad gatuna y se puso de cuclillas a tu lado.

"¿Y quién dice que no volveré a entrar en tu casa como un ladrón? ¿Acaso no vas a tener otra o planeas impedírmelo?"

Al estar de cuclillas y tu sentado en el pasillo exterior, siendo además alto y tener piernas largas su rostro estaba bastante por encima del tuyo en posición y eso te obligó a mirar hacia arriba. Iba a responder entonces sobre lo del papel cuando de pronto...

"Si entras de nuevo en nuestra casa así, como un vulgar ladrón, puede que si que no tengas más oportunidades de hacerlo si alguien se termina molestando."

La fría voz de Kazuhiko sonó a tu espalda en el pasillo exterior. Gei miró hacia arriba y se levantó despacio mientras se encaraba a la figura de tu hermano en este.

"Oha, Kazu-kun."

"Supongo que de viajar tanto entre empaquetar y empaquetar has debido dejarte los modales en alguna parte, Gei-san."

Dijo este andando hacia ti hasta ponerse al otro lado de donde se encontraba Gei, frente por frente. El actor sonreía divertido.

"¿Nunca vas a curar tu mal genio? Ya sabes que si no lo limas ninguna mujer querrá casarse contigo y le darás muchos problemas a Suyen-san para conseguirte un buen partido."

Kazuhiko frunció el ceño ante eso y dejó un "tsk" en el aire.

"Mi humor no es asunto tuyo."

"Oh, claro que no lo es, además yo no tengo la paciencia que Sora-chan para tolerarte. Me pregunto qué será de ti cuando no tengas a alguien tan dulce como tu ototo-kun para lidiar contigo."

Kazuhiko fue a responder algo cuando se oyo la voz de Suyen que venía preguntandole algo.

"Ora ora! Gen-kun, cuánto tiempo."

Dijo Suyen acercándose con una amable sonrisa en los labios, una de esas que podrían pasar por real, que tu pensabas al menos real.

"¿Has llegado hace poco?"

"Hai. He pasado a saludar a mis padres y bueno..."

Miró hacia sus hijos.

"Que buen hijo eres Gei-kun, todo buen hijo nunca se olvida de su madre, por lejos que esté o tiempo que pase."

Sonrió esta lanzando un puñal que quizás nadie más que tu sintieras, aunque era posible que tu lo percibieras así no que fuera lanzado.

"¿Te quieres quedar a cenar? En breve nos iremos pero..."

"No, Suyen-san, se lo agradezco mucho pero los pocos días que voy a pasar se los he prometido a mi madre."

"Lo entiendo...
Por cierto, Kasuhiko, tu padre te busca."


Kazuhiko que había estado todo el tiempo a tu lado miró a Gei y luego a ti un segundo antes de asentir hacia su madre y marcharse. Ella se despidió también y de nuevo os quedasteis a solas.

"Interesante..."

Dijo Gei mientras bajaba del pasillo exterior hacia el jardín y caminaba hacia la tapia que separaba las casas.

"Sora."

Te llamó justo antes de encaramarse con una facilidad pasmosa con una mano y ponerse de pie en esta.

"No hagas tonterías ¿de acuerdo? Si desde cualquier parte el cielo va conmigo eso significa también que el cielo puede verme desde cualquier parte."

Sonrió de medio lado y fue a saltar hacia su casa cuando hizo amago de que se le había olvidado algo, sacó un pequeño paquete de su obi y te lo lanzó.

"Un recuerdo."

Dijo. Gei siempre te traía recuerdos. Tras lo cual saltó hacia el interior de su residencia.
Era una pequeña figurita, de estas que se atan al final del abanico o del obi, de jade, de una ranita caricaturizada y muy adorable que se posaba sobre un koku de oro, símbolo de la Rana Rica.


+++


Era temprano en la mañana que íbais a partir, ya estaba todo previsto y era esa clase de momento de cuando alguien hace un viaje que ronda entre la ficción, el deseo, las ansias y la ansiedad.
Te habías despertado pronto, muy pronto y habías pensado en tomar tu ansiedad como un último aliento para dejar unas flores hermosas preparadas para aquella casa, que aunque se quedase sin sus habitantes no sin sus criados que la mantendrían en vuestra ausencia.

Todo estaba en calma mientras cortabas un tallo cuando se oyeron unos pasos por el pasillo y pasando por este, quedándose quieto al ver que en el salón hacía alguien se quedó tu hermano, el cual parecía que venía de entrenar. Llevaba la hakama algo abierta mostrando el sudor que corría por su cuello en el cual colgaba una toalla y con el cabello recogido en una cola alta de la cual salía una larga melena.

"¿Todo bien?"

Preguntó mientras entraba despacio en la sala.

"No ha vuelto Gei a molestarte ¿verdad?"
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y profundidad."


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Doji Sora
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Doji Sora »

"¡Espero que no!"

Respondió también cerca de reír al pensar más en aquella vez. Había sido tan bueno con él… a veces Gei parecía un segundo hermano mayor.

"Sin duda que es el más terrible de los sentimientos. Todas las grandes historias de amor son tragedias. De acuerdo, no todas... pero sí las más emocionantes."

Tarde o temprano el deber y el honor siempre entran en conflicto con el amor y ese es un duelo que sólo se puede perder. No existía una fuente mayor de suspiros en el mundo que pudiera ser tan contraria para una vida larga y próspera.

"Por eso es conveniente estar en buenos términos con Benten-kami-sama. Sería terrible acabar con un interés tan terrible."

Bromeaba sólo en parte. Ahora que se había mencionado por primera vez en serio el matrimonio en casa, era algo que le preocupaba.

Cuando preguntó lo que quería decir con eso, Sora desvío un poco la mirada y permaneció en silencio un poco. Las palabras habían salido de su boca sin que las pensara demasiado.

"Somos amigos, ¿no?"

Terminó respondiendo en un tono inseguro. Al volverse, estaba demasiado cerca... pero el momento de incomodidad pasó rápido. Sólo para dar un momento de incomodidad distinto. ¿De verdad pensaba que iba a llorar? Nunca lo había hecho, ¿por qué iba a empezar ahora?

"¡Claro que no lo haré!"

Pero protestaba en vano pues esa clase de provocaciones eran algo común del comportamiento de Gei.

Una parte de Sora quería pedirle que se asegurara de volver a irrumpir de ese modo en su casa en el futuro. No quería perder el contacto y la idea de tener que hacer nuevos amigos al mudarse le generaba cierta ansiedad. Aunque la verdadera culpable de esa inseguridad tenía nombre y apellido.

De pronto aquel momento íntimo en el que se había atrevido a pedirle que le siguiera la pista fue interrumpido por la fría voz de Kazuhiko.

"Kazuhiko-san..."

Le hubiera gustado reprender sus palabras pero desde luego ese no era su estilo, así que empleó un tono conciliador, rogando que rebajase el tono pues no había necesidad alguna para el alboroto.

Por supuesto, no surtió ningún efecto y Sora se levantó también intentando calmar los ambos interponiéndose parcialmente entre los dos escorpiones.

"¡Kazuhiko-san! ¡Gei-san...!"

Igual que si fuera invisible, sólo podía ver las chispas saltar entre ambos pero justo cuando parecía que iba a ponerse feo de verdad, la voz de su madre llegó y detuvo el conflicto de inmediato.

El grulla sintió un pequeño alivio. Ninguno de los dos osaría continuar aquella chiquillada con ella delante pero pronto echó de menos la discusión entre ambos.

Era imposible que Suyen supiera eso. Jamás se había atrevido a hablar de cómo se había diluido la imagen de la mujer que le había dado la vida hasta confundirse vagamente con el rostro de su maestra al ser lo más cercano con lo que había crecido. Por involuntarias que fueran, sus palabras atravesaron limpiamente su corazón y, sin ser consciente del todo, agarró a escondidas uno de los pliegues de la manga de su hermano. Sus ojos no llegaron a cruzarse, pues los de Sora terminaron en el suelo de madera, un poco por delante de sus propios pies. Oportunamente volvieron a la realidad justo a tiempo para volver a soltarle y se despidió de ambos.

¿Qué podía encontrar Gei tan interesante en todo eso? No pudo ver el claro interrogante en sus ojos, pues ya se estaba marchando.

"¿Hmm...?"

La pirueta fue fascinante e hizo que recuperase parte de la sonrisa, acercándose al borde del pasillo pero sin llegar a bajar. Asintió como respuesta. Eso sería fácil. No era él quien tenía tendencia a las tonterías.

"Hasta pron-"

Había empezado a despedirse, sin saber por cuánto tiempo, cuando su gesto le detuvo. Sin ser un prodigio de la agilidad, consiguió atrapar el paquete por los pelos y seguramente gracias a un mejor lanzamiento que la propia recepción. Cuando quiso mirar para darle las gracias, ya había saltado.

A solas en el porche, Sora suspiró y sólo entonces buscó el soporte de una de las paredes para apoyarse un poco. Desató la tela en la que venía envuelta y descubrió aquella rana de jade pequeñita.

“La ciudad de la Rana Rica…”

Volvió a sonreír observándola con más detalle y le pareció realmente linda aunque él solía llevar siempre abalorios relacionados con las flores. Pensó en ponérsela para el viaje del día siguiente pero sabía que eso molestaría a Kazuhiko así que sólo la llevaría consigo, como amuleto. Les esperaba un largo viaje y un pedazo de jade acababa de caer en sus manos. Ojalá sólo fuese una señal de que no habría incidentes importantes.

+++

Estaba sentado ante la mesa del comedor, con algunas de las herramientas que utilizaba para preparar las flores y las ramas de los arreglos. Le había costado empezar, encontrarse en el ánimo para el ikebana pero, una vez en él, las emociones que recorrían su espíritu parecían haber entrado en comunión unas con otras, alineándose y alienándole de cualquier cosa que sucediera más allá de la habitación. El mismo tiempo fluía de manera distinta.

No tenía por qué estar haciendo eso cuando la familia iba a marcharse ese mismo día pero había acordado consigo mismo que sería una forma de despedirse de la casa por el momento. Además, de haberse sentado únicamente a esperar, ya se habría vuelto loco de los nervios.

Estaba teniendo problemas para cortar una de las ramas cuando escuchó una voz dentro de la estancia y dio un respingo que le ayudó a terminar de cortarla. Menos mal que no había terminado en medio ninguno de sus dedos.

Al levanta la mirada dio con Kazuhiko y sonrió. Parece que ambos habían tenido la misma idea, aunque la de Sora no requeriría de un baño antes de partir.

“Todo bien.”

Bajó los ojos por el cuerpo de su hermano hasta devolverlos a su tarea en la mesa. Quería dejar aquello terminado.

“Gei-san sólo quería despedirse y yo le entretuve preguntándole por sus viajes. Se ha vuelto mucho menos molesto en los últimos años. Si Kazuhiko-san no le provocara estoy seguro de que los tres podríamos ser buenos amigos.”

Por mucho que intentara crear la armonía en aquella mesa, si las flores no querían colaborar, poco tenía que hacer. ¿Podían quedarse en su lugar en vez de rodar en otra dirección? Terminó por dejarlas. Podía volver a intentarlo después de un rato o, mejor, empezar a pensar en cómo trabajar con lo que tenía delante.

“Kazuhiko-san… Gracias por cuidar de mí.”
Última edición por Doji Sora el Lun Jul 05, 2021 11:08 pm, editado 2 veces en total.
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Isawa_Hiromi
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Isawa_Hiromi »

"Y aún así tendemos a querer buscar la nuestra. ¿Qué dice eso del ser humano?"

Preguntó sobre el amor mirando a la nada.

"Mi abuela siempre decía que el amor es para las clases bajas o para los amantes y que las tragedias vienen de no saber asumir el lugar que cada uno debemos tener y bueno..."

Era la forma que te evitaba problemas sin duda.

"Pero supongo que eso nunca daría una buena obra de teatro ¿verdad?"


Te miró de reojo sonriendo.

"Bueno, descuida, la Grulla nunca se ha llevado mal con Benten-kami-sama no vas a ser el primero."

Se rio bajo.

Dijiste "somos amigos ¿no?" Y él fue a responder algo pero entonces sólo sonrió y te puso la mano en el pelo, pareciendo que iba a peinarte pero al final hizo todo lo contrario riéndose.

"Claro que lo harás" Bromeó "Y entonces vendrás a llorarme como cuando eras pequeño todo el tiempo "Gei-chan oniichan me ha hecho esto" "Gei-chan oniichan me ha dicho lo otro"."

Se rio.

"Qué le vamos a hacer, no se te puede dejar solo."

Se encogió de hombros como si aquello fuera tan inevitable como que lloviera del cielo y no le resultase molesto.


+++


De pie en el pasillo la figura de Kazuhiko parecía aún más alta y atlética, el haori medio abierto dejaba ver el inicio del pecho definido con el resplandor del sudor mientras este con la toalla que tenía sobre los hombros se secaba. Sus ojos eran como los de un ave de presa sobre los tuyos.

"Hum..."

Dio un paso hacia dentro de la sala y se quedó apoyado en el marco de este mientras se cruzaba de brazos.

"No te fíes demasiado de él."

Te dijo de Gei.

"Cuando se trata de ti... con él nunca se sabe..."

Musitó sin dejar de mirarte.

"Eres demasiado bueno y no aprendes."


Suspiró mirando hacia otro lado, hacia el exterior del pasillo con aquella pose. Cuando le diste las gracias su mirada perdida en la nada pasó hacia el interior de la sala, desde las flores, pasando por tus manos hasta tus ojos.

"No lo olvides."

Dio un par de pasos hacia el interior y se acercó hasta donde estaba la mesa y tu, sentado en ella y se inclinó hasta coger una de las flores que habías dado por perdidas rozando tu mano que estaba casi sobre esta.

Se levantó con esta mientras se la llevaba a la nariz para oler su perfume.

"Cuando estemos en la capital... si no hay en el jardín, planta una glicina, puede que así lo recuerdes mejor..."

Se puso la flor en el obi y antes de marcharse te dijo:

"No estés ansioso, no pasará nada."

Tras lo cual salió.

Poco quedaba ya para mudaros a la capital... y así terminaron tus días en Kyuden Bayushi sólo el destino sabría hasta cuando o si aquella sería la última vez....




OUT
Responde sin problemas pero ya con esta escena se termina el preludio.
Aparece otro tema con tu nombre, atenta
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Doji Sora »

Sora rió sin responder, acompañando la mirada de Shosuro Gei. Sí que era extraño dejarse caer en una complicación así aún a sabiendas de que sólo puede complicarte la vida.

“Por eso la abuela de Gei-san era una mujer sabia pero no una buena dramaturga.”

Se encontró con sus ojos, dulces, cómodos de encontrarse en una situación de familiaridad así, de sentir una cercanía que poco tenía que ver con el deber de su familia. Aquello siempre había sido sincero, para bien o para mal. Y con una sonrisa breve inclinó la cabeza dándole las gracias por unas palabras que sintió tan amables.

“¡Gei-san…!”

Se quejó procurando no alzar demasiado la voz al ser repentinamente despeinado y tuvo que terminar de soltarse el cabello para que no pareciera que se había caído dentro de un arbusto o algún otro tipo de accidente absurdo. Al menos, el cabello a los lados de su cara ocultaba parte de los colores del escorpión floreciendo en sus mejillas a medida que Gei imitaba sus lejanas quejas infantiles. Al menos a él le parecían lejanas.

Sin darse cuenta había hinchado los carrillos un poco como si todavía fuera un niño que pudiera cogerse un rebote o como una ranita.

+++

Sora no entendía qué le había molestado tanto a Kazuhiko esa vez. Tampoco a él le parecía bien que una visita entrase en casa saltando por encima de una valla pero se conocían de toda la vida y sólo había sido un pequeño encuentro informal para despedirse y desearle buen viaje.

“Lo único que hace Gei-san es tratarme como a cualquier otro.”

Murmuró para defenderle, a pesar de saber que a su hermano no le gustaría escuchar eso. Kazuhiko se preocupaba por él pero no estaba bien que juzgase a su vecino por una persona que ya no era. Aun así asintió y agachó un poco la cabeza sintiendo que acababa de ser regañado.

Prácticamente le cogiste la flor de la mano y, algo confundido, la siguió hasta tu rostro. Estaba claro que no quería participar en el arreglo… así que le alegraba que al menos le hubiera gustado a su hermano. Al final, la espada también es un arte y en la delicadeza de aquellos movimientos estaba la prueba. El joven grulla sonrió para sí apartando la mirada para continuar con su trabajo.

“Una glicina… Es buena época del año para hacerlo.”

Y uno de los árboles más hermosos. ¿Pasarían tanto tiempo en la residencia que les asignaran en la capital como para verlo crecer? Podía ser un proyecto hermoso. No siguió tus pies hacia la salida pero tus pasos le indicaron en todo momento el lugar preciso que ocupabas.

“Claro que estoy ansioso.”

Dijo de nuevo solo, como si le hablara a las flores, que de pronto parecían querer colaborar.

“Pero Hiko-kun estará conmigo.”
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Re: PRELUDIO.- Subida al cielo.- Doji Sora

Mensaje por Isawa_Hiromi »

OUT
Fin del preludio
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